Ep. 3: Viviendo con el Kazekage

La había besado, por su propia cuenta, y se había sentido tan... No tenía ni palabras para describirlo, pero fue algo totalmente inesperado. Ino no dejaba de pensar en la escena, cuando le sonrió de aquella manera tan triste, y el momento en que sus labios se posaron sobre su mejilla...

- Claro que el Kazekage lo hizo para darme las gracias, igual que ese chiquillo - se decía a sí misma mientras paseaba por su habitación - Pero es que... él no es un niño, es un chico casi adulto, y además más atract...

¡Alto, detente! resonó en la mente de Ino. ¿Pero en qué demonios estaba pensando? Había estado a punto de decir que ese... ese desequilibrado mental le parecía guapo.

- Bueno Ino, deja de comportarte como una niñita tonta - se recriminó, sentándose de golpe sobre la cama - Vale que él te da un poquito de miedo, pero tienes que admitir que realmente es... hermoso, con sus cabellos de sangre, sus ojos de mar... En fin, tendrías que estar ciega para no verlo, y no significa nada. Recuerda que él es el Kazekage, tu jefe por el momento, y simplemente fuiste amable con él... ¡Y ya está, eso es todo!

La explicación era tan lógica que ella misma se la acabó creyendo, así que se acostó tranquilamente para dormir hasta el día siguiente. Sin embargo, esos tristes ojos aguamarinos la persiguieron durante toda la noche. ¿Por qué se veían así?

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Gaara también dormía, como todos en Suna. Secretamente era una de las cosas que más le gustaba hacer, porque había estado privado de satisfacer esa necesidad durante los primeros 16 años de su vida, y ahora quería disfrutarla. No importaba que nunca soñara nada, suponía que eso sería un eterno recordatorio de que había sido un monstruo, y no se podía añorar algo que nunca se ha tenido... pero estúpidamente, él lo añoraba. ¿Qué se sentiría al tener un sueño? Aquella noche, por primera vez en su vida, Gaara lo descubrió.

Las cortinas estaban echadas, al pelirrojo no le gustaba que las estrellas le persiguieran con su brillo cuando quería descansar. Dormía boca arriba, con la cabeza ladeada hacia la ventana, y tal vez por eso notó el soplo de viento que se introdujo en la habitación. Gaara se despertó al instante, ya que tenía el sueño ligero (secuela de 16 años sin dormir). Abrió los ojos en la oscuridad, únicamente para darse cuenta de que no había tal. La radiante luz de la Luna se colaba en su dormitorio, iluminándolo todo con un fulgor frío y calmante, porque las cortinas estaban abiertas de par en par. ¿En qué momento las dejó abiertas? Siempre las cerraba antes de acostarse.

Una sombra flotó ante sus ojos durante un instante, tan sólo un instante, pero fue suficiente para que Gaara se incorporara sobre la cama, atento a cualquier intruso que pudiera haber allí. Esperó un rato, pero no sucedió nada; tampoco percibió que hubiera nadie más con él. Justo cuando se relajaba, la sombra se movió nuevamente, pero por mucho que el Kazekage se esforzó, no pudo ver dónde se ocultaba.

- "¿Se mimetiza con el entorno?" - se preguntó - Quienquiera que seas, ¡muéstrate!

- En ningún momento he estado escondida, Gaara - respondió una voz tan tenue que el pelirrojo creyó imaginársela.

- ¿Quién eres? - dijo, mirando a todos lados - ¿Dónde estás?

- Estoy justo enfrente de ti - dijo la suave voz - ¿No puedes verme?

Gaara miró atentamente, y entonces se percató de que la sombra no era sombra, sino un reflejo de luz. Era al moverse entre la oscuridad cuando él percibía el movimiento, y por eso creyó que era una sombra. Pero resultaba tan difícil verla… Era apenas un leve contorno, menos que un fantasma, casi como un… una alucinación a través del hielo, no sabía ni cómo describirlo.

- ¿Qué… qué es lo que eres? - por alguna razón, se sentía extrañamente tranquilo - ¿Y qué haces aquí?

- No me recuerdas, ¿verdad? - flotó de nuevo, y el pelirrojo distinguió un rostro femenino - Hace ya mucho tiempo que nos encontramos, y sólo fueron unos segundos - una grácil risa se dejó oír, o tal vez no era más que el sonido de la brisa nocturna - Hace diez años, me pediste un deseo. ¿Me recuerdas ahora?

El joven líder abrió mucho los ojos al escuchar esto.

- ¿Pretendes decirme que estoy hablando con el espíritu (o lo que quiera que seas) de una estrella?

- Sí, así es - se movió de nuevo, cuando se quedaba quieta desaparecía - He venido a decirte que no te olvidé, recogí tu deseo y lo he cumplido.

- ¿A qué te refieres? - Gaara empezó a preguntarse si estaba bien de la cabeza, porque obviamente deliraba - Ninguna persona ha venido a mí. Pero para serte sincero, ya dejé de esperar. Con lo que tengo ahora, es más que suficiente para mí.

- Nosotras no tenemos el mismo valor del tiempo que vosotros, piensa que vivimos siglos, miles y millones de años - la voz sonaba entre divertida y molesta - Diez años para mí no son nada, un instante en la eternidad, ¿puedes imaginártelo? - Gaara notó una caricia sobre su piel - Pero te he traído la persona que querías. Aunque dejaste de creer la he traído para ti, y por eso he venido a despedirme. Ahora ya no depende de mí que logres ser feliz.

Si Gaara pretendía decir algo más, perdió su oportunidad cuando el reflejo de luz desapareció. Dentro de la habitación, ya solamente estaba él.

Cuando despertó por la mañana, el chico se encontró mirando al techo como si fuera algo interesantísimo, pero es que todavía no se lo creía. ¡Había soñado! Por primera vez en su vida había tenido un sueño, y uno bastante agradable. No importaba que fuese totalmente irreal, los sueños no son más que una fantasía. Sonrió, se sentía tan bien... hasta que notó la claridad que había en su habitación. Normalmente la luz del Sol era mucho más opaca, más difuminada, porque... Todo pensamiento coherente murió en su cabeza cuando se giró hacia la ventana, esperando ver las cortinas echadas tal como las dejaba cada noche, y encontrárselas corridas de par en par. Un escalofrío subió por su espalda.

- Fue sólo un sueño... nada más que eso - murmuró para sí mismo, como intentando convencerse - ¿O tal vez... no?

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Había pasado una semana, y como cada mañana desde la primera, era Gaara quien acompañaba a Ino hasta el hospital, y también la iba a recoger. La rubia se preguntaba por qué, si debía tener mucho trabajo que atender, pero no iba a mencionárselo, él sabría lo que hacía. Además, no quería que nuevamente ofreciera a otro de sus ninjas la tarea de escoltarla. También podía hacer el camino sola, no se iba a perder, pero esto tampoco se lo iba a decir. Y la razón era (una razón que no admitiría más que para sí misma) que le gustaban esos pocos minutos que disponía a solas con el Kazekage.

En honor a la verdad, eran bastante incómodos. Ino era una chica de carácter abierto y risueño, y el pelirrojo era reservado y callado. El caso es... que en las pocas ocasiones en que la médica lograba sacarle unas pocas palabras, se sentía casi una triunfadora. Incluso ya en un par de ocasiones, había sido él el primero en hablar. Con la confianza que había tomado respecto a eso, se atrevió a preguntarle algo que había notado hacía un par de días.

- Kazekage - le llamó Ino esa mañana - Hay algo que quiero preguntarte, pero... es una pregunta algo indiscreta, así que no tienes que contestarla si no quieres.

- Adelante.

- Bueno, yo quería saber... - se acercó un poco más a él y bajó la voz - Tú no tienes novia, ¿verdad?

Se habría esperado cualquier cosa menos eso. Gaara se paró en seco, quedándose literalmente plantado en medio de la calle.

- ¿Por qué... por qué quieres saber eso? - estaba algo sonrojado, suerte que el sombrero de Kazekage le tapaba media cara.

- Bueno, es que ya que mi vida peligra al estar contigo... no estaría de más saberlo.

- ¿Cómo que tu vida peligra? - se puso serio al momento - ¿Acaso alguno de mis ninjas te está amenazando?

- No son exactamente tus ninjas, Kazekage - Ino miró a su alrededor - sino más bien las chicas de la aldea, las que parecen querer asesinarme con la mirada. Como paseo contigo cada día, deben de creerse que soy... algo tuyo.

El joven líder miró también, y se sorprendió al comprobar que la Yamanaka tenía razón. A esas tempranas horas de la mañana todavía había poca gente en la calle, pero las tres o cuatro muchachas que ya habían salido para hacer sus tareas parecían echas chispas por los ojos, y todas estaban enfocadas en la kunoichi de Konoha. Al percatarse de que Gaara las estaba mirando, giraron inmediatamente la cabeza e intentaron disimular.

- Lamento su comportamiento, Ino - se disculpó el muchacho, caminando de nuevo - No comprendo por qué lo hacen, pero les llamaré la atención. No puedo permitir que una invitada de Konoha, más una aliada, sea tratada con semejante falta de respeto.

- ¿Realmente no lo comprendes, Kazekage? Es porque están celosas, naturalmente - se rió feliz la chica - Casi se podría decir que tengo al Kazekage de Suna para mí solita, así que no te molestes en decirles nada, porque de todas formas sería inútil. Mientras estés aquí conmigo...

Se cortó en seco, porque su última frase había sonado demasiado cercana, casi íntima. Ino no pudo evitar sonrojarse y, para sorpresa del pelirrojo, se quedó callada de golpe. Luego ninguno dijo nada más hasta que llegaron al hospital.

- Por cierto, Ino - le habló Gaara una vez más antes de despedirse - Deja ya de llamarme Kazekage.