Ep. 4: El despertar de los sentimientos

- Deja ya de llamarme Kazekage.

- ¿Por qué?

- Porque no es mi nombre.

Y fin de la conversación. Por ello, como tenía que obedecerle, a Ino no le quedó más remedio que empezar a llamarle Gaara. Y no le gustaba, porque eso denotaba una cercanía entre ellos que en realidad no existía. Cierto que él la había llamado por su nombre desde el principio, pero es que ella no era kage de una villa oculta. ¿A qué había venido entonces semejante orden? Era incapaz de encontrar una respuesta.

Así, Ino comenzaba su segunda semana dando clases médicas, mientras que en Suna empezaron los preparativos de un festival. Se trataba de una celebración anual para conmemorar el nacimiento de la aldea ninja, tal como se hacía en Konoha, aunque allí se celebraba en verano y en Suna era en otoño. El evento tendría lugar dentro de una semana y durante tres días.

Al estar tan cerca la fecha, el despacho del joven Kazekage se vio abarrotado de documentos, tanto referentes a misiones ninja como de carácter civil. Gaara suspiró interiormente ante la imposibilidad de encontrar un sólo centímetro de su escritorio desocupado, aunque su cara no mostró ninguna reacción, y decidió valerse de la astuta treta que empleaba siempre. Su ex-sensei, Baki de la Arena, estaba en el despacho con él para informarle de todo lo necesario.

- Baki - le interrumpió el pelirrojo, fingiendo leer un papel - ¿Quiénes son el clan Watari?

- Son los que vienen del norte, Kazekage.

- Ya sé, vienen junto a los Takumi - apuntó Gaara.

- No, los Takumi vendrán del oeste.

- ¿Pero no eran los Watari quienes querían pintar un paisaje de Suna?

- Esos son los Rokusho, Kazekage - le corrigió Baki, contrariado.

- Sí, me acuerdo... y los Takumi son los que quieren comerciar con telas.

- ¡No, ésos sí son los Watari!

- Pero también vienen del sur - añadió el pelirrojo.

- Del sur viene el clan Rokusho... - Baki se llevó una mano a la cara en señal de frustración - Kazekage, creo que será mejor que me encargue yo de los visitantes, al menos hasta el final del festival.

- ¿Seguro? De acuerdo, si tú lo dices...

Y así, tan sólo dos horas más tarde, Gaara terminó de revisar todos los reportes ninja y dio su trabajo por concluido. Casualmente, justo a tiempo para ir a recoger a Ino...

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¿Fue un sueño o no lo fue? Gaara llevaba toda la semana haciéndose esa pregunta. Por simple sentido común, debía serlo, pero es que él NO soñaba, ni antes ni después de "la visión". Pero en caso de ser verdad, significaría que había una persona en el mundo para el pelirrojo, y eso tampoco le parecía posible. ¿Quién sería tan... algo (ni siquiera se le ocurría un adjetivo adecuado) como para quererle? Era sencillamente imposible, y sin embargo... sin embargo sentía un calor especial en el corazón al recordar su conversación con la estrella, no importaba si fue un sueño o no. Era apenas una chispa, algo minúsculo, pero aun así calentaba su corazón.

Y eso le aterraba, porque sabía muy bien lo que era aquella chispa, y si se apagaba... nunca más volvería a encenderse. Todo el calor que ahora pudiera sentir desaparecería para siempre, y todo por culpa de un deseo desesperado que pidió de niño. Se resistía a creer nuevamente en anhelos infantiles que apenas habían supuesto un frágil consuelo a su soledad. Al fin y al cabo, le había mentido a la estrella al decirle que ya había dejado de esperar, porque esa chispa... era una chispa de esperanza.

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- ¡¿QUEEÉ?!

Gaara miró fijamente a su aliada de Konoha, sin comprender su reacción. Ni que fuera para tanto.

- ¿Por qué gritas así? Sólo te pregunté si trajiste algún vestido en tu equipaje.

- No es por eso - replicó Ino - Es que no puedes decidir por ti mismo y sin consultarme que te acompañaré al festival.

- Creo que estás en un error, Ino - dijo él, tan tranquilo y serio como siempre - En este momento estás bajo mis órdenes. Y además, como invitada en Suna, debes representar a tu villa oculta al lado del Kazekage. Muchos visitantes estarán pendientes de nuestra relación.

A la rubia no le gustaron nada las palabras usadas por el joven líder para explicar la situación, aunque eran puramente ciertas. No tenía otra opción que asistir con él al festival.

- Muy bien, como quieras - aceptó, suspirando - Lo haré, Gaara.

Él asintió conforme, de modo que Ino se dio la vuelta y subió las escaleras, rumbo a su dormitorio. Nada más cerrar la puerta, apoyó la espalda contra ésta y cerró los ojos. Maldita sea, tampoco le gustaba nada cómo sonaba el nombre del pelirrojo cuando ella lo pronunciaba. Aunque intentaba evitarlo, le parecía que sonaba más suave, más cálido... igual que sus mejillas. Llevándose las manos a la cara, la médica no necesitó un espejo para saber que estaba sonrojada, y bien que conocía el motivo.

- Gaara... - se escapó de sus labios, mientras se escurría hasta quedar sentada en el suelo.

¿Por qué le pasaba esto? No dejaba de repetirse que debía ser cautelosa; respetuosa, pero sin bajar la guardia. En cambio, todas sus emociones se alborotaban cuando se encontraba con los ojos aguamarinos de Gaara. Sentía algo removerse en sus entrañas, un impulso de ir hacia él y revolver sus cabellos, acariciar su pálida piel... y no sabía por qué, ya que nunca antes había sentido algo así. Había una atracción casi irresistible a abrazarse a él y que la estrechara entre sus brazos.

Ino se levantó, se desvistió y tomó una ducha. Luego abrió el armario y sacó el único vestido que había traído (a fin de cuentas vino para ayudar en el hospital, no para irse de fiesta). Ni siquiera tendría que tenerlo, suerte que era previsora y por si acaso se lo había llevado a Suna. En cuanto se lo puso, decidió recogerse el cabello; no era un vestido muy complicado, pero era coqueto y cómodo de lucir.

Traidoramente, el corazón de Ino se preguntó cómo reaccionaría el Kazekage al verla...

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La cita con Gaara era a las 20.00h, pero Ino bajó las escaleras (ya vestida y bien peinada) un rato antes para no encontrarse con él esperándola. Lo último que quería era hacer una aparición estilo Cenicienta delante del Kazekage, de modo que cuando él regresó a la torre tras finalizar unos asuntos, la halló lista para irse.

Y aun así, valiosos minutos se perdieron (¿fueron segundos, tal vez horas?) cuando Gaara la vio allí, acodada sobre la barandilla y resaltando su bien formado cuerpo... de kunoichi, por supuesto. Es decir, estaba bien que tuviera un rostro angelical para despistar al enemigo, unas delicadas pero hábiles manos para hacer sellos, unas hermosas y largas piernas para correr, un firme trasero para saltar con fuerza, y unos generosos pechos que... seguro también tenían su función ninja, aunque al pelirrojo no se le ocurriera ninguna en ese momento.

Por alguna razón, notó que no le llegaba suficiente aire a los pulmones al verla, así que dejó de hacerlo (pero no a tiempo para que Ino no se percatara). Además, la imagen de la chica quedó flotando en su mente: con ese vestido morado, de escote redondo quizás un poquito exagerado, de tirantes múltiples en cada lado que no tapaban casi nada de sus delgados hombros, y con un corte oblicuo en la falda que mostraba su pierna derecha casi hasta medio muslo.

- ¿Gaara? - escuchó la voz de la rubia detrás de él - ¿Te sucede algo?

- No, nada - carraspeó - No esperaba que ya estuvieras lista. Según lo que he oído, las mujeres siempre se retrasan.

Demonios, definitivamente algo iba mal con él. Gaara no creyó haber dado jamás una respuesta más estúpida.

- Y entonces... ¿por qué no me miras?

Una mano se apoyó en su codo, y no tuvo más remedio que girarse y encararla.

- Gaara, estás colorado - comentó Ino, y entonces algo se le vino a la mente - Dime, ¿estoy bien así? - inquirió, dando una vuelta sobre sí misma.

- Sí, estás... hermosa.

La chica se sonrojó tanto o más que él. Lo había preguntado como broma, no esperaba que la respuesta de Gaara la afectaría tanto.

- Gra-gracias...

Estupendo, y ahora tartamudeaba. ¡Como si no supiera ella ya que estaba hermosa!

- Esto... será mejor que salgamos ya, antes de que se haga tarde - sugirió el joven líder.

Ino asintió, sin dirigirle la mirada, y ambos se marcharon.

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A las 21.00h se inauguraba oficialmente el festival. Gaara e Ino se sentaron juntos en la tribuna principal, desde la que se podía ver toda la fiesta. Al principio, antes de que comenzaran los diversos juegos que se desarrollarían, pasaron unos cuantos carritos llenos de flores cerca de ellos. La rubia los miró extasiada, extrañando repentinamente su casa.

- ¡Qué preciosidad! - exclamó al ver que muchas mujeres compraban coronas de flores - ¡Ojalá pudiera comprarme una!

- ¿Qué? - dijo algo sorprendido Gaara, que la había oído - ¿Estás segura de que la quieres, Ino?

- ¡Claro que sí! - sonrió ella - Adoro las flores, lo sabes. Lástima que no haya traído dinero...

Dudando un poco, el chico hizo una señal a uno de los carritos para que se acercara, y eligió una corona de hermosas flores azules. Cuando la pagó y se la ofreció a Ino, ella se percató de que varias personas observaban la escena muy asombradas, susurrando entre ellas y mirándoles fijamente.

- Gracias Gaara, te la pagaré cuando pueda - dijo con una sonrisa, cogiendo la corona y poniéndosela - ¿Y puedes decirme por qué todos nos miran así?