Ep. 5: Eres mi deseo
Ante la pregunta de la kunoichi, Gaara simplemente desvió la mirada.
- No les hagas caso - contestó, nuevamente algo sonrojado por la radiante sonrisa de ella - Sé lo que están pensando, pero no tiene nada que ver contigo. Simplemente disfruta de la fiesta, Ino.
A Ino le incomodaban esas miradas, como si supieran algo que ella desconocía, pero obedeció al Kazekage y les ignoró. Durante las tres siguientes horas se divirtió mucho con los espectáculos del festival, de los que ella tuvo una vista privilegiada desde la tribuna, hasta que de repente se anunció la medianoche. Y entonces, la mayoría de las mujeres con coronas de flores se las quitaron, y se las colocaron a los hombres.
- ¿Qué hacen, Gaara? - le preguntó Ino, confusa.
- Les obsequian flores a los hombres que aman - respondió él, sin atreverse a mirarla - Para eso son las coronas, ellos las llevan durante los tres días que dura el festival. Te lo pregunté antes, pero noté que no lo sabías, por eso te dije que no les hicieras caso.
Ino palideció al escucharle. La corona de flores azules que lucía en la cabeza, la que Gaara le había dado... ¿era una muestra de amor? Varios habitantes de Suna, los que habían visto el regalo del Kazekage, les miraron expectantes; obviamente esperaban que... pero la rubia no hizo nada, y su mirada cambió a una de decepción. ¿Por qué les haría tanta gracia imaginarse a su joven líder enamorado? El caso es que, para bien o para mal, la pasividad de Ino alentó a algunas chicas a acercarse con la intención de ofrecerle sus coronas al pelirrojo.
- Maldita sea, otra vez no... - rezongó Gaara, llegando a oídos de Ino, que comprendió la situación de inmediato - ¿Por qué no aprenderán de los años anteriores?
Apoyó la cara cansinamente contra una mano, preparándose para las negativas que tendría que dar, pero cuando sintió el leve peso de una corona sobre su cabeza éste vino por la derecha, no por la izquierda. Se giró con curiosidad, viendo todavía a Ino con las manos sobre su corona, sonriéndole. Por el rabillo del ojo vio las expresiones asombradas y enfadadas de las otras chicas, que se habían detenido en seco al verles.
- Gaara, querido - entonó Ino con voz melosa - Estas flores son para ti, quiero que las luzcas durante el festival.
A un ninja menos avispado le habría parecido una encantadora escena de enamorados, pero conociéndola como la conocía Gaara, supo al instante que por una vez la rubia estaba fingiendo ese carácter tan abierto y desinhibido, y que por dentro temblaba como la hoja de la que procedía. Sin embargo, agradeció internamente la ayuda que le estaba brindando, y le siguió el juego.
- Gracias, Ino - dijo lo más amable que pudo, antes de inclinarse y besarle la mejilla - Las llevaré con orgullo, porque eres tú quien me las obsequia.
Ino no esperaba que él la correspondiera con semejante gesto, pero supo adaptarse a la situación como toda buena kunoichi (o debería decir como toda mujer XD) y le sonrió para disimular. Las otras chicas se retiraron farfullando, lanzando maldiciones con los ojos a la ladrona de Konoha que se había atrevido a robarles su Kazekage.
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Cuando el festival terminó por esa noche, a eso de las 3.00h, la gente se retiró rápidamente a sus casas para descansar y las calles pronto quedaron vacías. Tan sólo Ino y el Kazekage caminaban aún por ahí, ya que la torre estaba literalmente en la otra punta de la aldea. Había un silencio un poco incómodo entre ellos, Gaara caminaba un par de pasos delante de la médica, que no dejaba de darle vueltas entre sus manos a la corona de flores (él se la había quitado y devuelto en cuanto estuvieron solos).
- Lamento lo de antes - habló finalmente la rubia - En serio, de haber sabido para qué eran...
- No tiene importancia - contestó él, sin detenerse ni mirarla - Al menos, me sirvió para escapar de un momento ridículo.
- ¿Por qué lo consideras ridículo? Por lo que pude notar, a mucha gente de la aldea le hacía ilusión verte emparejado.
- Eso es precisamente lo ridículo. Yo no puedo estar emparejado, no hay ninguna persona que... - cortó repentinamente la frase - Lo que quiero decir es que en mi caso es impensable. En realidad, debería decir que más que ridículo, es doloroso.
Ino continuaba jugueteando con las hermosas flores azules, reflexionando sobre las palabras del pelirrojo mientras se dirigían a la torre por las silenciosas calles de Suna. Comprendía lo que él quería decir, pero para alguien con la forma de pensar de la kunoichi, sus ideas eran inaceptables.
- Creo que deberías darte una oportunidad, Gaara - le dijo - Alguna de esas chicas podría amarte realmente.
- No lo hacen, una de las que venían me lo explicó hace un par de años cuando le pregunté - le contó el chico - Lo que les atrae de mí es que soy el líder, el ninja más poderoso, el anterior contenedor de un monstruo... y creo que también dijo "atractivo" - su voz sonó un poco avergonzada en el último adjetivo, haciendo sonreír a Ino - Pero a ninguna de ellas les interesa realmente mi persona. Aunque no las culpo, me parece lógico.
- Eres demasiado negativo - Ino se adelantó a él y se paró justo enfrente suya, haciendo que se detuviese - Creo que eres tú el primero que no se da una oportunidad. Yo... admito que cuando llegué aquí no sabía qué esperar de ti, pero... - miró hacia otro lado, estaba algo sonrojada - aunque te tenía miedo, pensé que debía conocerte antes de juzgarte. Y en estos días he descubierto que eres una persona tremendamente vulnerable, da igual qué tan poderoso seas. Y realmente... me gustas.
- Ino, no tienes por qué decir eso, el festival terminó por hoy - Gaara pasó a su lado con la intención de seguir andando.
- Pero qué tonto eres a veces, eso también lo acabo de descubrir - la chica le agarró la capa de Kazekage por la espalda, impidiéndole moverse - Soy una buena ninja, diría que buenísima, pero como supongo que tú eres mejor... te lo preguntaré. En este momento no percibo que haya nadie más aquí, creo que estamos solos, ¿verdad?
- Sí, eso es - se giró hacia ella - Yo tampoco noto que haya más gente.
- Entonces tienes que creerme si digo que lo hago honestamente y con toda la intención - Ino le quitó el sombrero de Kazekage y volvió a colocarle la corona - Quiero que lleves estas flores para mí, Gaara.
Tras ajustarle la corona en la cabeza, la mano de Ino se deslizó inconscientemente por la mejilla del pelirrojo. Él la sujetó por la muñeca, impidiéndole romper esa suave caricia, y contemplando sus hermosos ojos azules en los que veía el reflejo de las estrellas. De pronto un gesto de sorpresa se formó en su cara, un gesto que aumentó hasta convertirse en el más absoluto asombro cuando vio una estrella fugaz recorrer sus iris. Y no fue una, ni dos ni tres...
- ¡Oh, mira Gaara! - la chica miró al cielo nocturno, sin tratar de recuperar su mano - ¡Hay una lluvia de estrellas!
- Ya la veo.
Él continuaba mirándola fijamente, viendo las estrellas caer una tras otra, pero en su mente sólo había una cosa: una frase que resonaba en su memoria, una pequeña frase pronunciada por no sabía qué clase de ente extraño, y que era la culpable de que ahora se sintiera romperse.
La persona que querías... la he traído para ti.
La persona que quería... Un deseo inocente formulado entre lágrimas hacía ya diez años. ¿Sería posible que...?
- ¡Ino! - la llamó, tocándola en la mejilla para que volviera a mirarle - No puede ser. ¿Eres tú la...?
¿... la persona que me amará? Completó la frase en su corazón, pero no tuvo valor para expresarlo en voz alta. La rubia se sonrojó un poco ante la intensa mirada de él, advirtiendo repentinamente la poca distancia que había entre ellos. Pero no le importaba, es más, quería que desapareciera. Así que apoyó su otra mano sobre el torso de Gaara, que aferró aún más la mano de ella que retenía sobre su cara. Y lentamente, guiados por un impulso ancestral, sus labios se acercaron hasta encontrarse en un cálido beso.
Una intensa emoción hizo palpitar el corazón de Gaara, más fuerte que cualquier otra cosa sentida hasta entonces. Era ella... tenía que ser ella. Ino era la llave que abriría su alma, un alma que ahora mismo se desbordaba con las mil sensaciones que sus labios le estaban provocando. ¿Habría algo mejor que eso? Lo había, y lo supo cuando, guiados por una sabiduría tan antigua como el mundo, ambos abrieron la boca y sus lenguas se acariciaron, uniéndose más profundamente. Dios, ella era... tan suave, tan tierna... Su sabor prendía un agradable calor por toda su piel. Quería quedarse allí sintiéndolo por el resto de su vida.
Gaara e Ino estuvieron besándose un buen rato, sin apresurar las cosas, disfrutando de su contacto mientras la lluvia de estrellas caía sobre ellos hasta terminar. Finalmente, cuando ambos se sintieron satisfechos de esa maravillosa experiencia, se separaron y se miraron. Una atmósfera especial les envolvió, no de estar avergonzados o arrepentidos, sino solamente... unidos, unidos por alguna fuerza misteriosa. No sabían lo que era, pero ciertamente, tampoco les interesaba. Estaban los dos allí, juntos, y eso era lo único que importaba.
- Ha sido hermoso, Gaara - dijo ella, mirándole.
- También para mí - él seguía anonadado - Gracias, Ino.
Ambos se abrazaron, compartiendo el calor que había surgido entre ellos.
- ¿Qué significa esto para ti? - preguntó Ino, sonriendo de esa forma que a él tanto le gustaba.
Gaara lo meditó, apoyando su barbilla sobre la coronilla de la chica. Aún le costaba creérselo, pero dadas las circunstancias, solamente había una respuesta que podía darle.
- Ahora eres mía, Ino Yamanaka.
La florista no entendió qué pretendía decir él con eso, pero no quiso romper el encanto del momento para preguntarlo. Además, que Gaara la reclamara como suya no la molestaba precisamente...
