Ep. 6: Lo que me haces sentir

Gaara e Ino regresaron a casa cogidos de la mano, en silencio, mirándose ocasionalmente y sonriéndose el uno al otro, disfrutando de los mutuos sentimientos que habían descubierto. Porque eran mutuos, ¿verdad? Por el momento ninguno de los dos lo podía asegurar, porque aún no sabían exactamente qué era lo que sentían, pero era algo especial. Ino notaba que era diferente de cuando creyó estar enamorada de Sasuke, con ese amor infantil típico de la edad, y que no podía compararse a lo que empezaba a nacer ahora en su corazón. Y en cuanto a Gaara... bueno, para él cualquier cosa que pudiera sentir ya era especial por sí misma.

Aquella noche, Ino dejó un tierno beso sobre su frente (y otro en sus labios) cuando se despidieron frente a la habitación de ella. Tras cerrar la puerta, Gaara se llevó una mano a la cabeza, tocando las flores azules de la corona. Al pensar en lo que había sucedido, posó la otra mano sobre la madera y cerró los ojos; casi podía sentir el resplandeciente calor de Ino en ese dormitorio. Ella sabía lo que esas flores significaban, e incluso así se las había ofrecido. Nuevamente, un pensamiento resonó en la mente del pelirrojo.

Mía. Sólo mía.

Gaara también se retiró a su cuarto, con aquella idea revolviendo en su cabeza. La había encontrado por fin. Ino Yamanaka, kunoichi de Konoha, era la persona que él había pedido a su estrella diez años atrás. La persona que le amaría, la que no le temería. Ya no estaría solo, ella era suya y de nadie más, le pertenecía.

Se dejó caer en la cama y se tocó los labios, rememorando el contacto con los de Ino. Fue lo más extraordinario que alguna vez había sentido, y cuando notó su lengua... ni siquiera tenía palabras para ello. Todo su cuerpo había reaccionado, inundándole de calor y haciéndole anhelar algo más que no sabía. Había querido fundirse en su boca, aspirar su aroma, absorber toda la esencia de ella. La rubia despertaba demasiadas cosas en él que no comprendía, pero no le importaba, porque ahora era suya y tendría todo el tiempo del mundo por delante para comprenderlo.

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Al día siguiente Ino se levantó de muy buen humor, y bajó a desayunar sintiéndose muy feliz. Fue más feliz todavía cuando vio a Gaara hablando con Baki de la Arena, y él llevaba puesta la corona de flores azules que le regaló la noche anterior. Sin pensarlo un instante, fue a lanzarse a su encuentro.

- ¡Buenos días! - exclamó bajando las escaleras, para luego saltarle encima al pelirrojo - ¡Hola, Gaara! - le sonrió.

Al antiguo sensei se le desencajó la mandíbula ante la escena que estaba viendo: su ex-alumno Gaara, el anterior contenedor de un demonio, estaba de cara al suelo con una mujer sentada tan a gusto sobre su espalda. Y lo que era más, a él no parecía molestarle en absoluto.

- Ino, no hagas eso - dijo Gaara tranquilamente, mirándola por encima del hombro.

- Oh, lo siento, no quería interrumpir - se disculpó sinceramente, levantándose.

- No es por eso - dijo él, sacudiéndose la capa - Has tenido suerte de que mi barrera de arena no reaccionara esta vez, o te podría haber hecho daño. Es extraño, nunca antes ha dejado de protegerme.

Ante su comentario, Baki no pudo contenerse y le lanzó un kunai al joven líder. Enseguida la arena evitó el impacto, confirmando las sospechas del sensei.

- No es que no reaccione, Kazekage - dijo, muy asombrado - Es que no percibió que hubiera ningún peligro del que protegerte. Yamanaka, tú... - le habló a Ino, haciéndole una reverencia - realmente te has ganado mi aprecio.

Y se marchó. Los dos jóvenes le vieron irse, confundidos por sus palabras y sin entender qué había querido decir. Al quedarse solos, Ino le cogió tímidamente la mano a Gaara, pero él se la sujetó con fuerza. La rubia se le acercó lentamente, apoyando su otra mano sobre la mejilla del chico para atraer su cara, y le besó en la mejilla. El joven líder cerró los ojos al sentir su roce.

- Buenos días, Gaara - repitió ella, susurrando esta vez en un tono más íntimo - ¿Has dormido bien?

- Sí, bastante - la aferró de la cintura y la abrazó, aspirando el olor de sus rubios cabellos - Recibí un mensaje de Baki. Al parecer, Naruto y Sakura pasarán hoy por aquí de camino a una misión.

- ¿De verdad? ¡Qué bien! - se alegró Ino, sonriéndole - Tengo muchas cosas que contarle a Sakura, y supongo que tú también querrás ver a Naruto.

Gaara no dijo ni que sí ni que no, pero sonrió un poco también antes de soltarla, contagiado del buen humor de la chica. Luego salieron juntos hacia el hospital, como cada mañana, pero con la diferencia de que ese día iban de la mano.

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Mientras Ino daba su clase esa mañana, controlando y supervisando los avances de sus alumnos, una cabeza rosa llamó su atención. Recordando lo que Gaara le había dicho, no tuvo ninguna duda de a quién pertenecía.

- ¡Sakura, frentona! - chilló feliz, abrazando a su amiga - Sabía que vendrías, pero no esperaba que Naruto y tú ya estuvierais en Suna.

- Bueno, es que insistí para que se apresurase - respondió ella, abrazándola también - Sentía curiosidad por verte impartir lecciones médicas como maestra.

- Es algo interesante, deberías probarlo también - le recomendó la rubia - Una no se da realmente cuenta de cuánto ha aprendido, ni de cómo se ha esforzado, hasta que ve a otros haciéndolo. Cuando me llaman shishou y escuchan lo que les estoy enseñando... es indescriptible.

- Se te ve muy feliz, Ino. Apenas llevas tres semanas aquí, y pareces bastante distinta - dijo sospechando - ¿Seguro que tu trabajo es el único motivo?

- ¿Q-qué? Pues claro que... - intentó decir, pero la mueca de incredulidad de su amiga se lo impidió - De acuerdo, también hay algo más, pero no pienso decírtelo aquí. Por cierto, ¿qué os trae a Suna?

- Naruto y yo vamos a una misión cerca de la Villa Oculta de las Rocas. Esperamos no encontrarnos con enemigos, pero por si acaso hemos venido a pedirte ayuda - Sakura sacó una botellita de su bolsillo trasero y se lo dio a la Yamanaka - Allí hay varios clanes que utilizan insectos, por eso Shino me dio esto para ti. Yo ya he hecho varios antídotos para venenos, que es mi especialidad, pero para crear anti-paralizantes prefiero que lo hagas tú, ya que es la tuya.

- Ah, está bien - dijo Ino, mirando a través del cristal - No te preocupes, con mis medicinas no tendréis que preocuparos de la parálisis. Con una tarde me bastará, mañana podréis continuar la misión.

- Gracias Ino, sabía que podía contar contigo.

- ¿Y dónde está Naruto? No me digas que todavía le tiene miedo a las inyecciones.

- Naruto siempre será Naruto, y me gusta que así sea, aunque a veces me enfade con él - las dos chicas se rieron - Pero no tenía ninguna intención de venir al hospital, se moría de ganas por ver de nuevo a Gaara.

- Espero que no le moleste. En fin, es el Kazekage y tiene mucho trabajo que hacer, y ya sabemos lo hiperactivo que es Naruto...

Pero las jóvenes médicas ni se imaginaban que el futuro Rokudaime empezaba a replantearse su sueño, dado todo el papeleo que el pelirrojo le había pedido amistosamente que revisara. Todo referente a informes de la academia ninja, no había visto ni un solo reporte de misiones porque claro, eso era información confidencial de la aldea.

- ¡Argh, demonios! - se quejó Naruto, echándose hacia atrás en la silla - ¡Esto no se acaba nunca, qué aburrido! ¿En serio tienes que hacer esto todos los días, Gaara?

- Sí, todos los días - contestó seriamente, omitiendo el hecho de que cuando se hartaba (igual que el rubio ahora) siempre confundía de alguna forma a Baki de la Arena para que lo hiciera por él - Deberías ir haciéndote a la idea, Naruto. Tú también quieres ser kage.

- Sí, pero no esperaba algo así - gimoteó el Uzumaki como un niño pequeño - Esto es demasiado trabajo de oficina, y es demasiado aburrido para un gran ninja como yo. No me extraña que la Godaime esté siempre bebiendo sake y dejándole los informes a Shizune.

El joven líder se abstuvo de responder y continuó trabajando, tratando de mantener en su mente una imagen lo más respetable posible de la Godaime, aunque fuese difícil con los comentarios de su amigo hacia la mujer que era su igual.

- Oye Gaara, hay algo que me estoy preguntando desde que te vi - dijo Naruto, mirándole con curiosidad - ¿Por qué llevas esa corona de flores azules en la cabeza?

- Es por el festival de Suna, me la regaló Ino - al pronunciar su nombre, un ligero sonrojo cubrió sus mejillas.

- ¿Ah, sí? - no se le veía muy interesado, pero hablar de cualquier cosa era mejor que trabajar - ¿Para qué son las flores?

Gaara dejó de revisar documentos por un momento, dudando si contarle o no a su atolondrado amigo. No estaba seguro todavía de lo que sentía, porque era algo que experimentaba por primera vez y podía estar equivocado, pero Naruto tenía novia y pensó que a lo mejor podría ayudarle. Así que se lo contó, sintiéndose cada vez más incómodo a medida que los ojos y la boca del rubio se abrían por el asombro. En cuanto terminó, hubo silencio durante unos segundos, hasta que un estruendoso grito se oyó por toda la torre.

- ¡¿QUE ESTÁS QUÉ DE QUIÉN?!

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Exactamente al mismo tiempo, pero en otra parte de Suna, una voz femenina también resonaba entre los inmaculados pasillos de un hospital.

- ¡¿QUE ESTÁS QUÉ DE QUIÉN?!