Ep. 7: Te necesito más que nadie

Al día siguiente, Ino les entregó los anti-paralizantes a Naruto y Sakura, que tras despedirse de sus amigos se marcharon a realizar su misión. Tras su corta visita, tanto la rubia como el Kazekage volvieron a sus respectivas rutinas de cada día en el hospital y en la torre. Aunque bueno, tanto como rutina... eso era lo último que se les pasaba por la cabeza cada vez que sus manos se rozaban, o cuando sus brazos se rodeaban, o cuando sus labios se juntaban. Todo iba bien entre ellos, aunque había una cosa que Ino quería averiguar.

Al finalizar su primer mes en Suna, la médica se decidió a preguntarle lo que rondaba su mente.

- Gaara - le llamó un mediodía mientras regresaban a la torre cogidos de la mano - Hay una cosa que... quiero decirte.

- Dime - dijo él medio sonriendo, ignorando las miradas asombradas que los habitantes de Suna les dirigían, al ver al Kazekage con compañía femenina.

- Pues es que... me gustaría que... - Ino sacudió la cabeza, molesta consigo misma por aquel tono dudoso, ni que ella fuese otra Hinata - Lo que quiero decir es que ya hace casi una semana que... estamos juntos, y hoy me gustaría dormir contigo - dijo de sopetón, encarándole con valor.

- ¿Por qué? - inquirió él sin comprender - ¿Le ocurre algo a tu habitación?

La chica suspiró profundamente, pero se recordó que Gaara todavía se mostraba torpe con las emociones humanas y los sentimientos, y que debía tenerle paciencia. En cierto modo, hasta resultaba adorable.

- No, no le ocurre nada, no lo decía por eso - trató de explicarle - Gaara, ¿en qué piensas cuando me miras?

- Pienso que... no, más bien que eres mía, Ino Yamanaka.

La kunoichi volvió a suspirar. Algún día tendría que averiguar a qué se refería él con eso.

- ¿Y nada más?

- Pienso que... me gusta besarte, tocar tu piel, y también que me siento a gusto cuando me abrazas - se sonrojó levemente - Eres la única persona que alguna vez lo ha hecho.

Si bien sus respuestas eran agradables y cariñosas, Ino apenas podía creer la inocencia que destilaban. Y pensar que el pelirrojo ya tenía 18 años...

- A mí me pasa lo mismo contigo - le dijo la médica - Eso sucede entre dos personas que se quieren de manera especial.

- ¿Tú ya me quieres de manera especial, Ino? - se sorprendió el Kazekage - ¿Tan pronto?

- ¿A qué te refieres con "tan pronto"? - se extrañó la rubia.

- No, nada - desvió la mirada de ella, con un (ya no tan ligero) sonrojo en sus mejillas.

- El caso es que dos personas que se quieren así, suelen dormir juntas. Por eso me gustaría.

- Bueno, como quieras. Aunque no sé si entraremos los dos en la cama.

- No te preocupes, si no entramos... - se sujetó de su cintura, haciendo que el chico la agarrase por los hombros - nos abrazaremos estrechamente.

De repente, Gaara pensó que debería comprarse una cama nueva, porque la suya resultaba demasiado grande...

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Ya en la tarde, justo cuando Gaara se disponía a ir al hospital para recoger a Ino como siempre, Baki de la Arena le informó de que la chica había avisado que hoy saldría muy tarde, porque debía corregir unos exámenes que les había hecho a sus alumnos. El pelirrojo asintió silenciosamente, aceptando el dato sin mostrar más expresión que una leve disconformidad, pero por dentro se sentía muy diferente.. Era algo incómodo no saber lo que estaba sintiendo, dada su escasa (y mala) experiencia con las emociones, pero ciertamente no le agradaba.

- ¿Cómo puedo llamar a estos sentimientos? - se preguntó mientras iba del despacho a sus habitaciones personales - Son demasiadas cosas... tristeza, soledad, furia, ¿anhelo? ¿Por qué ella me provoca esto?

Se quitó la capa de kage, se duchó y se puso el pijama. Luego se asomó al balcón y miró las estrellas un rato, pues ya había anochecido, pero por alguna razón no se retiró. Los minutos pasaron y se convirtieron en horas, pero Gaara seguía allí, esperando algo que no comprendía, hasta que la respuesta apareció por la calle. Una respuesta de largo cabello rubio y traje morado, que venía acompañada por un ninja del cuerpo de seguridad.

- Gracias por acompañarme, Yuura - decía Ino, sonriendo amablemente - Pero te repito que no hacía falta que te molestaras.

- No ha sido molestia - contestó el shinobi, sonriendo como un tonto y entregándole una gruesa carpeta repleta de folios - Es un verdadero placer escoltar a una señorita tan hermosa, sobre todo si es la novia del Kazekage.

Sin darse cuenta, Gaara apretó los puños al ver a la rubia reírse por algún comentario de Yuura, aunque no fuese más que para despedirse. Notó algo desagradable revolviéndose en su interior, similar a cuando tenía el ichibi pero mucho más doloroso. Sin apenas percatarse de lo que hacía, invocó a la arena y desapareció, reapareciendo ante las escaleras justo en el momento en que la chica cerraba silenciosamente la puerta tras ella.

- ¿Qué estabas haciendo, Ino? - dijo con voz fría, sobresaltándola.

- ¡Gaara! - exclamó ella, llevándose una mano al corazón - ¡Santo cielo, no vuelvas a hacer eso! Me has dado un susto de muerte.

- Si no hubieras estado tan ocupada con Yuura, habrías notado enseguida mi presencia - contestó el pelirrojo, cruzándose de brazos.

- Sí, seguramente. ¿Qué haces despierto a estas horas? Es tarde.

- Es muy tarde - recalcó él - y tú todavía no habías llegado. ¿Dónde estabas? ¿Por qué venía Yuura contigo?

De repente, Ino se percató del extraño tono de voz del Kazekage. Estaba inmóvil delante de ella, mirándola fijamente como esperando algo. A pesar de su aparente tranquilidad, vio que tenía los puños apretados sobre la tela del pijama, y un músculo se tensaba en su garganta. No podía ser que... ¿acaso era eso un leve indicio de una escena de celos?

- ¿Yuura? - dijo la rubia, entornando los ojos - Me quedé en el hospital trabajando y me lo encontré al salir, él insistió en escoltarme como protección. No pude negarme, ya que todos en esta villa oculta creen que soy tu novia.

Ino pasó de largo junto al chico y comenzó a subir las escaleras, rumbo a su habitación para descansar.

- Eres mi novia - Gaara apenas lo murmuró y ni siquiera se giró para mirarla, pero el sonido de su voz la hizo detenerse de inmediato - Lo que crean los demás no me importa, porque tú... tú eres mía, Ino.

- ¿Por qué siempre dices eso? - inquirió aturdida.

- Eres la persona que pedí hace tanto tiempo - se dio la vuelta al fin, contemplando sus hermosos ojos azules mientras se acercaba - Por eso no... no me gusta ver que le sonríes a otro hombre. Quiero saber que solamente me miras a mí, que solamente me sonríes a mí... Que solamente yo puedo tocarte... - la acarició tiernamente, atrayendo su rostro - y besarte.

Sus labios se unieron en un beso cálido y sutil, delicado y suave como una pluma, y que sin embargo hizo latir sus corazones al compás.

- Necesito que seas únicamente mía, Ino Yamanaka - terminó con voz tenue.

Cuando la médica abrió los ojos, sintió un nudo en su alma. Él lo había hecho de nuevo. ¿Adónde se había ido el Kazekage? Como aquella vez con el helado, lo que tenía ante ella era un niño con pinta de haber sido abandonado y que estaba a punto de echarse a llorar.

- Gaara, escúchame - le habló ella, sujetando su cara con ambas manos y compadeciéndose del dolor que inundaba sus ojos aguamarinos - Cuando sonrío a otras personas no es más que por amabilidad. Pero cuando les sonrío a mis amigos, o cuando te sonrío a ti, es porque soy realmente feliz. ¿Entiendes la diferencia?

El joven líder tomó una de las manos que ella había posado sobre su cara, y pareció meditarlo un momento. Finalmente asintió, y entonces los dos se abrazaron de manera espontánea.

- No lo olvides, Gaara - susurró Ino contra su hombro - Yo sólo te quiero a ti y a nadie más - y le dio un pequeño beso en la frente, justo sobre el kanji - Buenas noches.

Continuó subiendo la escalera y Gaara fue silenciosamente detrás de ella, frotándose el lugar donde le había besado y esbozando una pequeña sonrisa. Pero cuando se separaron para dirigirse cada uno a su dormitorio, Ino sintió que algo se aferraba a su cintura: era un brazo de arena.

- ¿No querías dormir esta noche conmigo, Ino?

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Su habitación estaba limpia y bien ordenada, con muebles sobrios y cómodos, pero resultaba extremadamente fría. No por la temperatura, sino que Ino no vio más que lo justo y necesario para hacerla habitable, sin ningún objeto personal ni ningún adorno. Si le hubieran dicho que en vez de ser el dormitorio de Gaara era el de cualquier otra persona, no habría habido forma de negarlo.

- Resulta un poco... - la rubia buscó un término adecuado que no le hiriera - vacía.

Gaara intentó verlo con los ojos de ella, y supuso que tenía razón. La habitación de Kankuro siempre estaba hecha un desastre, pues el shinobi solamente se preocupaba por mantener cuidadas sus marionetas y a sí mismo; la de Temari solía estar en orden, pero a pesar de tener el dormitorio más grande de la torre, siempre parecía estar a reventar con todas las cosas que ella tenía (abanicos, armas, ropa, fotos...). En fin, eran muestras de sus personalidades, pero en su propia habitación no había nada que señalara que era precisamente la suya.

- Lo siento - se disculpó él, aunque sin saber muy bien porqué - No me había dado cuenta hasta ahora.

- No importa, no te preocupes, me adaptaré - le sonrió ella, abrazándose a su cintura - Si lo que esta habitación necesita es calor, ya sé cómo podemos dárselo...