Ep. 8: Compartiendo contigo
En cuanto Ino rodeó su cintura, Gaara se dejó envolver por el calor que emanaba de ella y buscó sus labios. Su boca sabía tan bien... era algo indescriptible sentir su lengua jugando con la de él, provocándole tantas cosas que apenas podía moverse. Sus manos soltaron la cinta que sujetaba su coleta y se perdieron entre sus largos cabellos rubios, liberando una ligera fragancia que él inhaló con gusto. Era el olor de Ino.
Por su parte, la Yamanaka sentía unas ansias que ella sí comprendía a qué eran debidas. El Kazekage la excitaba demasiado... ¿cómo era posible? Si hacía unas semanas le inspiraba miedo y cautela, y ahora lo único que sentía era lo bien que estaba entre sus brazos. Y no es que él besara especialmente bien... no era una queja, la rubia sabía que si se mostraba algo torpe era porque ella había sido la primera en besarle. Pero Gaara aprendía rápido, y bastaba un mero roce de sus labios para prender fuego en su sangre.
Estuvieron un rato besándose y acariciándose, hasta que Ino comenzó a preguntarse por qué la cosa no avanzaba. En fin, cuando le sugirió que durmieran juntos no es que estuviera pensando en sexo, lo había dicho en sentido literal. Pero ahora, al estar allí abrazados y con la cama tan cerca, podrían aprovechar la oportunidad, ¿no? Pero el pelirrojo simplemente le seguía el ritmo, sin ofrecer ni pedir más, por lo que la médica dedujo que una de dos: o le encantaba besarla... o no tenía ni idea de qué hacer a continuación. Puede que fuese un poco de ambas cosas.
- Esto, Gaara... - susurró cabizbaja, cortando el contacto de sus labios - Me estaba preguntando si... ¿no quieres algo más?
- ¿Algo más de qué?
Sí, definitivamente eso contestaba sus sospechas.
- Pues a que estamos los dos aquí solos, besándonos, creando calor... - trataba de encontrar las palabras adecuadas - ¿No sientes nada diferente en tu cuerpo?
- Sí, me siento algo... alterado - la soltó y se frotó un brazo en un gesto de timidez - Cuando estoy contigo siempre me siento así.
- Comprendo - se esforzó por no reírse, no era un momento apropiado para eso - Entonces necesitas calmarte, déjalo en mis manos.
Silenciosamente, Ino encendió la lamparita al lado de la cama, apagó la luz del techo para crear un ambiente algo más íntimo y suavemente empujó a Gaara contra la cama, hasta lograr que se acostara. Luego se puso sobre él, besándole con ternura al tiempo que desabrochaba lentamente la camisa de su pijama. Pronto la prenda fue desechada al suelo, mientras la kunoichi acariciaba la pálida piel que quedó al descubierto. Tenía un cuerpo firme, musculoso pero a la vez delgado, propio del gran shinobi que era.
- Ino, ¿qué haces? - preguntó dificultosamente Gaara cuando ella deslizó su boca por su torso, llegando cada vez más abajo mediante pequeños besos.
- Tranquilo, no te haré daño - susurró ella sobre su ombligo, estremeciéndole - Solamente intento que te relajes.
- Esto no me... no me relaja - dio un respingo cuando notó su mano rozar cierta parte de su cuerpo, mucho más sensible de lo que siempre le había parecido - Al contrario, hace que me sienta... ansioso.
- Confía en mí, Gaara, por favor - rogó ella - Ya verás que pronto te sentirás mejor, lo prometo.
Gaara asintió levemente, decidiendo confiar en ella, pero tembló de anticipación por algo que no sabía cuando la rubia le sonrió con picardía. Echó la cabeza atrás, tratando de controlar el ritmo de su corazón, que se había acelerado por los juegos de ella sobre su cuerpo. Notó que el pantalón de su pijama también era quitado, y volvió a preguntarse qué pretendería Ino con...
Y de repente, todo pensamiento racional (o irracional) murió en su cabeza. Sintió algo increíble en la parte baja de su cuerpo, una onda de sensaciones nunca antes experimentada que recorrió cada fibra de su ser, inundándole como una ola de mar. Cielos, ¿qué le estaba haciendo? Pasado el primer momento de shock, unas cuantas neuronas se reactivaron en su cerebro, apenas las necesarias para percibir algo húmedo sobre su miembro. Algo muy suave y delicado daba vueltas sobre esa parte suya, haciéndole sentir como si estuviera a punto de explotar.
- Mírame, Gaara - sonó la voz de Ino, con una huella de orgullo.
Él lo hizo, y la vio masajeando su pene con las manos, al tiempo que su boca volvía a posarse sobre él. Una nueva ronda de esas misteriosas sensaciones corrieron veloces por su cuerpo, ocasionando que extraños sonidos salieran de su boca. ¿Era él quien los hacía? Al parecer sí y no podía evitarlo, pero la chica se veía complacida por ello.
Ino, aunque no lo pareciera, también estaba un poco nerviosa. No era su primera experiencia, pero tampoco podía decirse que tuviera mucha, pues solamente había estado con un par de chicos hasta entonces, y de todas formas NUNCA antes le había hecho eso a ninguno. Gaara era el primero y aún no entendía por qué se lo estaba haciendo, pero realmente quería verle relajado y complacido. Por la cara de él supuso que no lo estaba haciendo nada mal, pero aun así se detuvo, porque quería que disfrutara con ella.
- ¿Cómo te sientes ahora? - inquirió, volviendo a subir a la altura de sus labios.
- Muy bien, aunque... me siento raro, y de alguna forma me duele - dijo, respirando trabajosamente.
- No te preocupes, cuando terminemos no te dolerá nada - le aseguró.
- ¿Terminar? - la miró interrogante - Ino, ¿qué estamos haciendo exactamente?
- Mmmm... Gaara, ¿no te explicaron nunca lo que es el sexo? - se ruborizó un poco al ser tan directa, pero es que no había otra forma.
- Sí, es un proceso físico para la reproducción de las especies - el Kazekage pareció sorprenderse un poco - ¿Tú quieres... reproducirte conmigo?
Ahora sí, Ino no pudo evitar que se le escapara la risa, pero apretó los labios e intentó controlarse.
- Es una forma... muy científica de decirlo, pero por ahora la respuesta es no. Tal vez en unos años - quiso aclararle - Pero Gaara, ese "proceso" no sirve únicamente para reproducirse, sino también para sentir placer. ¿No lo sabías?
- ¿Qué es el placer? - realmente no comprendía, pero quería saber.
- Es lo que sientes cuando algo te gusta. En este caso... - deslizó nuevamente sus dedos por la hombría desnuda del pelirrojo, haciéndole respingar otra vez - se trata de excitación, lo que recorre tu cuerpo cuando las... hormonas se alborotan por los estímulos.
- ¿Tú sientes lo mismo? - preguntó con curiosidad, al parecer le resultaba un tema interesante.
- Bueno, en este momento no, pero podría... - no acabó la frase, porque Gaara se incorporó repentinamente hacia ella, haciendo que cayera sobre la cama - ¿Qué pasa?
- Enséñame - ahora era él quien estaba sobre ella - Quiero saber, quiero hacerte sentir lo mismo... - una idea repentina cruzó su mente - Quiero hacerte el amor, Ino.
Ahora fue Ino la sorprendida. ¿Gaara realmente había dicho eso? Al parecer, finalmente había despertado su libido, y estaba enfocada en ella. De modo que, sin dejar de mirarle a los ojos, la chica empezó a quitarse la ropa lentamente, desabrochando botones y bajando cremalleras, hasta exponer sus pechos a la vista del pelirrojo. Él la miraba en silencio, observando sus movimientos, y cuando vio esa parte de su hermoso cuerpo que siempre había estado oculta, un impulso natural le hizo llevar una mano hasta allí y acariciarla con cuidado.
Ino gimió cuando su pulgar frotó uno de sus pezones, y eso alentó a Gaara a continuar. Recordando cómo había actuado ella antes, estrujó suavemente esa carne blanda, llevando su boca hacia la cima rosada para lamerla y succionarla. Los gemidos de la médica sonaron muy sensuales en su oído, y no necesitó más indicaciones para ir desnudándola por sí mismo a medida que bajaba por su cuerpo, hasta alcanzar su parte más íntima. Cielos, incluso allí olía a romero, y él quería disfrutar de esa fragancia durante toda la noche.
- Ino, creo que mañana tus alumnos tendrán el día libre...
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A la mañana siguiente, y pese a las protestas de Gaara, Ino consiguió levantarse de su cama e ir a trabajar. Aunque lo suyo le costó, era incapaz de lidiar con la adorable cara del Kazekage recién despierto; incluso tuvo que evitar mirarle, porque si hacía otra de esas inconscientes muecas infantiles al refunfuñar como un niño pequeño, no resistiría el impulso de besarle durante horas.
- No me gusta tu habitación - le dijo ella de repente, mientras caminaban hacia el hospital - Necesita algún detalle personal... algo como eso.
Y en un segundo, se soltó de su mano y entró en la tienda que había justo a su lado. Gaara vio que era una tienda de regalos, y no tuvo más remedio que entrar con ella. Ino ya había comprado un osito de peluche, vaya que era rápida.
- ¿Desea que se lo envuelva, señorita? - preguntó una dependienta cincuentona sonriendo.
- No hace falta, gracias. Es para él - señaló al joven líder.
- ¿Dice que es para...? - la mujer abrió mucho los ojos por el asombro, pero luego su sonrisa se hizo más amplia - Me alegro de oírlo, sí que me alegro. ¡Vuelva cuando quiera, señorita! - dijo como si le hubieran dado una noticia estupenda - ¡Y usted también, Kazekage! ¡Traiga a su novia cuando quiera! ¿Es la muchacha del festival, verdad?
Ninguno de los dos escuchó más, porque ya estaban en la calle, pero Ino sonrió de esa forma especial en que solamente le sonreía a él, y le ofreció el osito de peluche.
- Toma, es para ti. Un regalo.
Por un rato, Gaara se lo quedó mirando sin reaccionar.
- ¿Para qué me lo das?
- Porque quiero que lo tengas - ella lo agitó un poco ante él, pero al ver que no lo cogía hizo que el osito le diera un beso, y se lo dejó en los brazos - Así, si cuando me marche quieres acordarte un poquito de mí, podrás abrazarlo.
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No quería ese oso. Gaara se lo repetía una y otra vez a sí mismo mientras miraba sus dulces ojos negros, o tocaba su suave pelaje castaño. Ni siquiera entendía por qué se lo había traído consigo al despacho, donde no hacía más que ocupar sitio y distraerle. Hasta Baki de la Arena se lo había preguntado.
- Kazekage, ¿me estás escuchando? - preguntó su ex-sensei.
- No, lo siento. ¿Qué decías?
- Hablaba de la reunión de mañana. Los visitantes de otras aldeas que asistieron al festival se mostraron muy sorprendidos por tu... relación con la kunoichi Yamanaka de Konoha, y por ello algunos de sus jefes han solicitado una reunión informal contigo y tu... novia.
Estúpido oso. Vale, era mentira que no lo quería, en realidad le gustaba, pero únicamente porque le gustaba todo lo relacionado con Ino. El problema era el motivo por el cual se lo había regalado... para que la recordara cuando se marchase.
- ¿Y eso supone un problema? - preguntó el pelirrojo al shinobi.
- No exactamente... depende de cómo se mire. Si bien tener un noviazgo te hace parecer más accesible, también supone un problema que la chica en cuestión se trate de una aliada y no una nativa de Suna. En fin, reforzará nuestra alianza con Konoha, pero al estar ella siempre fuera dará la impresión de que en realidad es mentira.
Incluso la señora de la tienda le había mirado raro. ¿De qué manera podía interpretar esa sonrisa? Ahora en Suna era alguien respetado, todavía temido pero apreciado, contaba con la confianza de todos. Pero esa sonrisa... era la primera de ese estilo que le dirigían: le había caído simpático a la señora, y sólo porque Ino le regaló un osito de peluche a él.
- No te preocupes por eso, Baki. Ya se me ha ocurrido qué hacer al respecto, y bastará con enviarle una carta a la Godaime...
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Ya era casi la una de la tarde, en unos pocos minutos la clase de medicina ninja terminaría. Ino se disponía a explicar la última cosa de la mañana cuando fue interrumpida por unos golpecitos en la puerta del aula, y la directora Suzume entró con un papel en la mano.
- Disculpa la interrupción, Ino - dijo mientras se acercaba a ella y le tendía el papel - Pero es que ha llegado una carta urgente para ti, viene firmado por la Godaime y el Kazekage.
Pues sí que tenía que ser importante, si venía urgente y sellado por dos kages. La rubia comenzó a leer de inmediato, pero al cabo de un momento no podía creer lo que estaba leyendo. ¿Sería una falsificación, una carta trampa? No, era totalmente auténtica y verídica, y aun así le costaba creer que fuese cierto.
- Se acabó la clase por hoy - dijo en voz alta, todavía mirando el papel y sin salir de su estupor.
Ningún alumno se quejó, y de todas formas Ino salió del aula no más lo dijo sin darle tiempo a nadie a detenerla. Una vez en la calle dirigió sus pasos hacia la torre del Kazekage, lugar donde había compartido tantas cosas con Gaara. A pesar de los agradables recuerdos, la furia desbordó su interior cuando vio al chico caminando hacia ella, pues venía a buscarla como cada día. El pelirrojo advirtió enseguida que algo no iba bien, cosa que confirmó cuando, antes de cruzar siquiera una palabra, la mano de la médica se estampó contra su mejilla.
