Ep. 9: Un final feliz

Por unos segundos Gaara no pudo reaccionar, tratando de comprender qué era ese repentino calor en su mejilla. Se llevó una mano a la zona afectada y giró la cabeza, encontrándose con los hermosos ojos azules de Ino repletos de... ¿furia? Entonces lo entendió: ella le había abofeteado.

- ¿Por qué has hecho eso? - le preguntó confundido.

- ¿Que por qué? - susurró ella - ¿Todavía lo preguntas? Quizás esta carta te dé una pista, Kazekage - dijo, estrujando un papel entre las manos hasta convertirlo en una pelota.

Gaara era bastante torpe con las personas, pero no dejaba de ser inteligente, así que el hecho de que ella volviera a llamarle por su rango definitivamente no auguraba nada bueno. Sin embargo mantuvo la calma, se agachó a recoger el papel y lo desenvolvió para leerlo. Pero esto no le aclaró nada.

- ¿Cuál es el problema, Ino? - dijo como si tal cosa - No es una misión complicada.

Al escucharle decir eso, la rubia cerró los ojos y apretó los labios, repitiéndose que debía tranquilizarse. Lo cual era sumamente difícil, cuando apenas podía contenerse de gritar y volver a golpearle hasta quedarse satisfecha.

- Una misión - repitió ella - "Ino Yamanaka, del clan Yamanaka, jounin médica de Konoha. Por petición personal del Kazekage a la Godaime, has sido solicitada tú especialmente para llevar a cabo una misión en Suna de simulación y suplantación de identidad. A partir del momento en que recibas esta carta, deberás fingir que eres la novia del Kazekage, y actuar según lo que corresponde a esta posición. Esta misión adquiere rango A, a juzgar por las exigencias y necesidades del Kazekage, y se prolongará de dos a cuatro meses. Atentamente, la Godaime".

Era una misiva corta, pero aun así, el pelirrojo tampoco consideró una buena señal que la chica se la supiera de memoria.

- Eres una buena kunoichi, muy capaz de llevar a cabo... - comenzó a decir.

- Cállate, Kazekage - susurró Ino - No voy a escucharte, porque ahora mismo te notifico que rechazo la misión. La primera que rechazo en toda mi vida, y es por tu culpa. Y da gracias a que todavía debo cumplir dos semanas en el hospital, porque si no me largaría ahora mismo de Suna.

Varias personas en la calle se habían quedado mirando la escena, preocupadas por lo que ocurría, pero Gaara no se dio cuenta. Lo único que notó fue que Ino se dio la vuelta, y lentamente empezó a alejarse de él. Instintivamente llamó a la arena para detenerla, y unas manos surgieron del suelo para aferrar los tobillos de la chica, impidiéndole moverse.

- Suéltame ahora mismo, Kazekage - exigió.

- No - hizo que la arena la trajera de nuevo frente a él - Quiero que me expliques por qué has reaccionado así, Ino. Yo tan sólo... - dudó un momento - quería que estuvieras conmigo.

- Sí, ya lo veo. Lo querías lo suficiente como para pedirme en una misión.

- Realmente no comprendo...

- ¡ERES IMBÉCIL! - gritó la rubia, ya sin poder contener las dolorosas lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos - Después de todo lo que hemos compartido durante este mes... lo que compartimos anoche... ¡pensé que había encontrado tu corazón! Dijiste que yo realmente era tu novia, que no te importaba lo que pensaran los demás... ¡pero solicitaste que yo lo fingiera, y ni siquiera me lo pediste a mí! ¡No, tuvo que ser algo sin la menor importancia para ti, para que lo consideraras una simple misión que cualquiera podría cumplir! Supongo que al menos debería agradecer que me solicitaras a mí concretamente, ¿no? Pues te equivocaste, me heriste profundamente, porque yo sí te quiero de verdad. ¡Y YA SUÉLTAME DE UNA VEZ, MALDITA SEA!

Gaara no podía enfrentarse a su rostro surcado de lágrimas, así que lo hizo, y la médica pareció calmarse un poco. La gente a su alrededor era cada vez más numerosa, pero ni él ni ella escuchaban los murmullos curiosos que apuntaban hacia ellos.

- Ni siquiera... - sollozó Ino - ni siquiera has intentado detenerme por ti mismo, lo has hecho atrapándome con la arena. Yo... no soy nada para ti, ¿cierto? No soy una persona especial, simplemente soy una kunoichi aliada que está a tu servicio, por lo que veo - se pasó una mano por la cara, tratando de secarla, pues se había quedado sin fuerzas - He cambiado de opinión, me voy a Konoha ahora mismo. Se lo explicaré todo a la Godaime, y enviará a otro ninja médico para completar la formación de los alumnos del hospital.

Se dio la vuelta, dándole la espalda, y empezó a caminar. Lo hizo con la cabeza alta y a un ritmo normal, negándose a sí misma la debilidad de seguir llorando o gritando, pero tras recorrer unos metros escuchó la voz del pelirrojo.

- Ino, no hagas eso - su voz sonaba como la de aquel niño en que a veces se convertía al estar con ella - Por favor... me duele. Me haces daño, porque yo... yo te quiero.

La rubia se detuvo pero no se volteó, apenas se giró levemente para mirarle.

- Ya no es suficiente - dijo lo más fría que pudo, aunque se rompía por dentro - Adiós, Kazekage.

Y siguió caminando firmemente, sin vacilación ninguna. Gaara la vio alejarse, se iba... se alejaba de él, le abandonaba. Esa idea ocupó toda su mente, y un temblor casi imperceptible le recorrió de los pies a la cabeza. Algo se agitó en su corazón.

"Te traje la persona que querías... Ahora ya no depende de mí que logres ser feliz".

Y antes de darse siquiera cuenta de lo que hacía, el pelirrojo se lanzó tras Ino. No lo pensó, no lo dudó, no la llamó; simplemente corrió como el viento, hasta lograr alcanzarla. La abrazó por la espalda, aferrándose a sus delgados hombros como si le fuera la vida en ello. Ino no hizo nada para evitarlo, pero tampoco correspondió el gesto.

- Por favor, no te vayas - la chica sentía su respiración contra el cuello - No me abandones... Quédate conmigo, quédate siempre conmigo. Yo... te necesito más que a nadie, quiero que nos besemos, que discutamos, que nos reproduzcamos... - una mueca que parecía sospechosamente una sonrisa cruzó los labios de la médica - porque yo... te amo, Ino.

La lágrimas volvieron a brotar de los ojos de la chica, pero eran muy distintas a las de hacía un rato. Ino llevó una mano a las del Kazekage para que aflojara su agarre y le permitiera girarse para verle.

- ¿De verdad me amas, Gaara?

- Con todo mi ser - sin saber por qué, él también comenzó a llorar - Por eso... no te vayas.

- De acuerdo, no me iré - sus manos se enredaron lentamente en sus cabellos de sangre - Porque yo también te amo.

Gaara la miró fijamente, sumergiéndose en la mirada de ella. Algo se desató en su alma al saberse amado por fin, después de tantos años esperando, y delicadamente atrajo sus labios. Su bocas se fundieron en un beso mostrando ternura, pasión, deseo, amor... felicidad, una felicidad que desbordaba sus corazones. Habrían estado besándose durante horas, pero un clamor ensordecedor llegó a sus oídos, y cuando se separaron se encontraron con que toda Suna estaba allí mirándolos y aplaudiendo.

- Cielo santo, ¿de dónde ha salido toda esta gente? - preguntó Ino entre los brazos del joven líder, ruborizándose un poco.

- Creo que están dándote la bienvenida a la familia, Ino - sonrió, para luego ignorarles completamente y reclamar de nuevo los suaves labios de la mujer que amaba.

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Tres meses después

- Dijiste que no me abandonarías - dijo cierto pelirrojo, enfurruñado como un niño pequeño.

- No te estoy abandonando, Gaara - la kunoichi siguió recogiendo sus cosas - Sabías que no podía quedarme aquí eternamente.

- ¿Seguro que volverás? - nadie hubiera dicho que ese inseguro muchacho era el poderoso Kazekage de Suna.

- Naturalmente - ella le abrazó para confortarle - Allá donde tú estés, es donde yo también querría estar... aunque sea un infierno ardiente sin sombra ni flores como Suna.

- Si quieres flores, puedes plantarlas en la torre.

- ¿En serio? - él asintió - Me aprovecharé de eso. Ahora suéltame, que ya me tengo que ir.

Pareció que Gaara lo iba a hacer, pero apresó su boca en un posesivo beso que Ino, lejos de rechazar, devolvió con ganas.

- Cuando regrese, continuaremos con esto - rió pícaramente, deteniendo una mano que había bajado hasta su trasero - Te amo, Gaara.

- Y yo a ti, Ino.

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Doce años después

Ya era hora de acostar a los niños, pero ellos parecían opinar lo contrario. ¿Cómo demonios lo hacía Ino para lograrlo en un minuto, cuando él llevaba casi una hora intentándolo? Y parecía que la cosa todavía iba para largo. A este paso, su esposa volvería de su guardia en el hospital y se encontraría a sus hijos aún levantados.

- ¡Aki, haz el favor de terminar de ducharte de una vez! - gritó, dando golpecitos en la puerta del baño - ¡A este paso acabarás con las reservas de agua de toda la aldea!

Aki era su primogénito, un chico de diez años con cabello rojo y ojos azules, que estaba a un paso de graduarse como genin.

- Natsu, cierra de una vez ese libro y ve a la cama. Te aseguro que el paciente no se desangrará durante la noche.

Natsu era su segunda hija, una chica de siete años con cabello rubio y ojos aguamarinos, que no podía sacar la nariz de los libros médicos de su madre.

- ¡Haru, no le tires de las coletas a tu hermana! - dijo, sujetando las manos del pequeño - Y Fuyu, no le tires arena a la cara a tu hermano.

Haru y Fuyu eran mellizos de cuatro años, con el cabello castaño. Eran idénticos excepto en el color de los ojos, Haru los tenía aguamarinos como su padre y Fuyu azules como su madre.

Gaara cogió en brazos a la chiquilla, y justo entonces se abrió la puerta y apareció su querida esposa, como caída del cielo. En cuanto Ino vio el panorama, supo enseguida lo que tenía que hacer.

- Aki, como no salgas del baño en diez segundos, ya puedes despedirte de ver a Naku-chan mañana - era la hija de Naruto y Sakura, una niña de ocho años; el ruido del agua se apagó al instante - Natsu, sube a tu habitación ahora mismo, o te tendré repasando la descomposición de los cadáveres toda la semana. Haru y Fuyu...

El resto de las instrucciones no llegaron a oídos de Gaara, porque dejó a su hijita menor en brazos de Ino y se escabulló al balcón. Las estrellas estaban realmente hermosas esa noche, aunque fuese con el alboroto de su familia a sus espaldas. Ya no recordaba cuándo fue su último momento de tranquilidad.

- ¿Qué hice yo para merecer esto? - se dijo apesadumbrado, acodándose sobre la barandilla y apoyando la cara contra una mano.

En ese momento, una estrella fugaz cruzó veloz el firmamento, trayendo muchos recuerdos a la mente del Kazekage. Sonriendo, más para sí mismo que para la estrella, una única palabra brotó fervientemente de su boca.

- Gracias.

F I N