Henry estaba completamente aturdido, además de cansado. No quiso contestar, quiso hacerse el sordo ante los cuestionamientos de Ryo, que él se diera cuenta solo.
Hubiera preferido estar solo en ese momento, sin un Takato que llorase amargamente, sin un Ryo que lo golpeara con furia, recriminándole el no haber protegida a Rika, sin Renamon, en un rincón alejado, derramando silenciosas lágrimas.. Y jamás pensó que su deseo se cumpliría tan rápido.
Ryo, Takato, Henry y los digimon miraron hacia arriba. La información liberada no lograba integrarse por completo. Pronto se formaron una vez más los cumulonimbos, negros y pesados, amenazando una terrible tormenta que no se hizo esperar. Pero algo más pasó..
- ¿Qué? ¿¡Rayos de luz otra vez!?
Ryo y Takato se desesperaron. Los rayos de luz volvieron a moverse sobre la superficie, como antes, cuando la data en el digimundo se veía afectada. Corrieron velozmente, con Cyberdramon, Guilmon y Renamon siguiéndolos, esta última cargando a un malherido Terriermon. Henry los seguía de cerca, pero cuando parecía que la tempestad cesaría, se detuvo en seco, aparentemente a propósito, siendo llevado por uno de los haces de luz.
- ¡Henry! – Takato gritó, corriendo hacia él, pero ya era muy tarde: La tormenta acabó en ese momento, la información ya se había reorganizado y su amigo estaba en otro sector del digimundo, probablemente lejos de ellos.
Ryo y él siguieron a pie por el lugar, intentando conectarse con Hypnos, pero aún no había suficiente señal. Además, no se sentían capaces de decirle a Tao Wong que habían perdido a su hijo. A Ryo parecía no importarle mucho; seguía enfadado con él o quizá, quería desviar su atención del dolor que estaba sintiendo en ese momento. Rika ya no estaba, su Rika ahora formaba parte del digimundo.. En su interior sabía que ella jamás habría permitido que uno de sus amigos se desintegrara, que ella había asumido el compromiso de arriesgar su vida por el digimundo y el mundo real como todos ellos.. Pero en ese instante, hubiese preferido que Shogakumon destruyera el digimundo, antes de que Rika hubiese desaparecido. Una ira estúpida lo embargaba.. No quería separarse de ella, no así. La amaba, no importaba si ella no quería estar con él o si él no apareciese más en su vida.. Siempre sería parte de él, nunca podría abandonarla..
En otro lugar, bastante alejado de la zona montañosa en la que habían terminado Takato, Ryo y los digimon, un joven Nyaramon intentaba despertar a alguien.
- ¡Hey! ¡Escucha! Tienes que despertar, te estás mojando..
Henry despertó apenas, viendo a la cara al pequeño digimon. Se sentó en el suelo, algo atontado aún, mirándolo y observando su entorno. Estaba en un lugar que nunca había visitado. Parecía una cueva, pero estaba muy iluminada y había musgo verde por todo el lugar. Cerca de ahí, había una cascada de agua clara y limpia, que desembocaba en una delicada gruta natural. Esa cascada era la razón por la cual se estaba mojando, pero no le importó. Necesitaba sentir ese frío, era una sensación que le recordaba que no estaba en un sueño.. Que no estaba en una pesadilla. Aunque eso lo hacía sentirse peor. Miró a su lado, y reconoció al pequeño Nyaramon. Jamás había visto uno en el digimundo, pero lo conocía por el juego de cartas y por su juego de computadora.
- ¿Cómo te llamas? – Le preguntó el dulce digimon, rascándose la cabeza con la cola.
- Eh.. Yo.. Mi nombre es Henry.. – Dijo él, tartamudeando levemente.
- Yo soy Nyaramon, mucho gusto – Le contesto de inmediato, con una pronunciada sonrisa, pero en seguida frunció el seño - ¿Qué te ocurre, amigo Henry? ¡Puedes contarme, soy toda orejas!
Henry se desconcertó ante la sonrisa amistosa del digimon. Le provocaba una sensación de ternura y cariño que lo asqueaba, por alguna extraña razón. Pero el digimon seguía sonriendo, demostrándole cariño y afecto a un completo desconocido.
- Yo.. Estoy perdido..
Nyaramon cambió su expresión y se volvió algo melancólica.
- Si estás perdido.. Quiere decir al menos que tienes un hogar, pero que no encuentras el camino de vuelta.. Yo no estoy perdida, porque no tengo un lugar al cual regresar.. Estoy sola..
A Henry se le deshacía el alma al escuchar esas palabras. Intentó endurecer su corazón, para no sentir más dolor, ya había sido demasiado con la desintegración de Rika, no quería sentir más. Pero el pequeño Nyaramon había despertado un sentimiento de empatía en él; lo levantó, acariciándola levemente detrás de las orejas
- Bien, pues.. Si quieres, podrías acompañarme a buscar a mis amigos, y así ya no estarías más sola..
A Nyaramon se le dibujó una sonrisa en la cara, y con los ojos iluminados asintió. Henry le devolvió la sonrisa y comenzó a caminar fuera de la cueva, con el digimon en brazos.
