Annie observó a Finnick aparecer en el comedor de forma despreocupada por la mañana, alzando los brazos para bostezar una vez más. Vestía un traje negro, con una corbata ploma sin anudar cayendo desordenadamente por su pecho. Curioseó unos instantes por la ventana y luego le devolvió la mirada a su amiga, intentando con todas sus fuerzas regalarle una sonrisa auténtica, pero al estar camino al "matadero", no pudo más que alzar la mano y saludarla de aquella forma, sin sonrisas de por medio.

Se acercó a la mesa aún sin hablarle, tomando un tazón grande entre sus manos y haciéndose un café cargado. No había tenido una buena noche, era una exageración si decía que había logrado dormir más de una hora continuamente. En general, cada vez que lograba cerrar los ojos y dormir, se despertaba de un salto al soñar con Annie siendo atacada por alguno de los demás tributos que habían sido elegidos, ya sabía con quiénes se enfrentaría la joven.

Bebió calmadamente aquella deliciosa bebida, saludando a Mags cuando ésta entró a servirse un té verde. Al cabo de unos segundos también ingresó Alex, intentando parecer tranquilo a pesar de la incomodidad que le provocaba estar cerca de Finnick. Obviamente temía de él, éste era un vencedor de los Juegos del hambre, había asesinado a muchos y en el Capitolio lo adoraban. Si al salir vivo de los Juegos lo tenía como amenaza, no le quedaba nada más que asumir que moriría igualmente. Finnick le sonrió con suficiencia.

El desayuno fue tranquilo, no habían intercambiado palabras más que unas cuantas preguntas sobre los demás tributos de los Distritos. Si acaso había profesionales, si hubo voluntarios, las más típicas preguntas. Esto tenía bastante nerviosa a Annie, a quien muchas veces el silencio le parecía el peor ruido que alguien podía soportar. Tosió fuertemente para hacer que alguien le preguntara si estaba bien, ¡que emitieran palabras! Pero nada. Optó por hablar ella misma.

—Finnick —llamó, obligándolo a soltar el tazón con el que fingía beber café; ambos sabían que hacía un buen rato se lo había acabado—, ¿quién te pareció el más fuerte de los demás?

—El chico del 2 parece bastante musculoso —opinó Finnick meditativo. Afirmó sus codos en la mesa—, pero la fuerza no es lo mejor en algo así, tal vez lo es la estrategia.

—De cualquier forma, ahora llegaremos al centro de renovación —habló finalmente Mags, bebiendo lentamente su té—. Les ayudarán con la apariencia, recuerden que es importante a la hora de conseguir patrocinadores.

—No olviden hacer caso en todo a los estilistas —recomendó Finnick apoyándose más en el respaldar de la silla. Miró a Annie con una sonrisa amable—. Dudo que hagan muchos cambios en ti, siempre estás hermosa y llamas la atención de todos —luego miró a Alex de forma despectiva—, así que el problema serás tú. Tendrás que soportar unas cuantas horas más ahí, pero te dejarán como un humano.

—No seas antipático, Finnick —pidió Annie rodando los ojos. Posó una mano en el hombro de Alex, quien la miró—. Tenías a muchas de mis compañeras de curso tras de ti, así que no te preocupes, eres muy guapo.

El mentor puso los ojos en blanco. Debía admitir que no le gustó el comentario de Annie. ¿Lo decía sólo por ser amable o porque de verdad pensaba que era guapo? Intentó recordar el gusto de la chica, pero nunca hablaban de esas cosas. A ella le avergonzaba contarle cualquier cosa que tuviera que ver con hombres, incluso no había querido hablar cierta vez en que él la encontró besando a un chico cuatro años mayor. Bueno, él a ella. Prácticamente había tenido que obligarla a decirle si había llegado a algo más que ese beso.

Era invierno, las olas rompían fuertemente en las grandes rocas ante semejante viento. Finnick observaba desde su ventana la lluvia chocando contra los vidrios. Recién venía llegando del Capitolio tras el "préstamo" de servicios de compañía a una mujer de casi treinta años. Aún no se acostumbraba a todo eso, a ser de quien pagaba a Snow una cantidad de dinero. El hecho no estaba en si le gustaba o no conocer gente nueva, le afectaba más el hecho de tener que hacerlo obligado y que esa gente nueva que iba conociendo no se conformaba con simples besos adolescentes.

Decidió ir a buscar a Annie al colegio, donde de seguro le estarían enseñando cosas con respecto a la pesca y el mar. Se puso una chaqueta poco abrigadora y se protegió de la lluvia con ayuda del gorro de la misma. Corrió hacia allá, sabiendo que ya había salido de clases, pero tenía la esperanza de encontrarla camino a casa. Sin embargo, su velocidad descendió bruscamente al reconocerla caminando con un chico mayor que ella. Lo conocía, éste tenía diecinueve años igual que él, ¿qué hacía con Annie?

La respuesta no llegó de la forma que hubiera esperado, preguntándoles, sino con el acto mismo. Pudo ver que éste dejaba de caminar y detenía a la quinceañera por el antebrazo, girándola con cierta fuerza para apegarla a él y besarla. Finnick tragó saliva, pero en vez de ir hacia ella, simplemente volvió por sobre sus pasos con cierto enojo. Había ido de gusto a buscarla, estaba claro que ella prefería al idiota que estaba besándola.

—¡Finnick! —escuchó. Se giró extrañado y la vio correr hacia él, a la vez que el "idiota" comenzaba a alejarse yéndose por el lado contrario. Annie se detuvo—. ¿Qué haces caminando por aquí bajo la lluvia? Te saldrás resfriando.

—¿Qué hacías besuqueándote con él bajo la lluvia? —alzó una ceja el chico, observando el notable sonrojo en Annie—, también podrías pescar un resfriado.

La interrogada tardó unos segundos en responder, continuaban avanzando y Finnick no la presionó. La observaba cada cierto tiempo, ella movía levemente sus labios, como si hablara consigo misma algo.

—Me enseñaron a hacer unos nudos geniales —habló repentinamente, cambiando el tema de forma notoria. Finnick rodó los ojos—, te los mostraré al llegar a tu casa.

El de cabello broncíneo salió de sus pensamientos en cuanto llegaron a la estación, siendo llevados de forma inmediata al centro de Renovación. Sabía que se demorarían ahí dentro, que tampoco podría entrar a mirar como quisiera. Le interesaba bastante el cómo dejarían a su Annie, aunque de verdad creía que no la cambiarían mucho, ya era perfecta como era. Sin embargo, recordó que debía ir acorde a su Distrito. Él había sido vestido con un traje de pescador, un pequeño short y el torso al aire, pero, ¿cómo iría ella?

No tuvo que esperar mucho tiempo más. Sintió que las horas habían pasado muy rápido y muy pronto ya estaban desfilando los primeros distritos. Al llegar al 4, vio a su Annie simplemente hermosa, y saludando con una sonrisa afable a todos los presentes. Ella lucía un vestido hecho de sogas muy delgadas, anudadas y ajustadas de tal forma que lo hacían simplemente bello. Lo que se veía de su piel había sido decorada con dibujos de olas, unas olas verdosas que lograban replicar el color de sus ojos. Ojos verde mar, como también los tenía él.

Sabía que estaba sonriendo tontamente cuando ésta pasó frente a él, y también sabía que varias mujeres a su alrededor estaban de la misma forma, sólo que no mirando a Annie, sino al mentor que la ayudaría. Finnick se giró unos segundos hacia el público y una fingida pero bastante convincente sonrisa se formó en su rostro cuando saludó, lanzando un beso hacia un punto, que podría interpretarse que era hacia cualquiera de las muchas mujeres que estaban mirándolo desde aquella dirección. Luego simplemente volvió a mirar a Annie.

—¡Te adoran! —exclamó una mujer que llegó antes que él hacia donde estaban los tributos del distrito 4. Era la estilista de Annie, quien estaba extasiada—. ¡Te veías hermosa ahí!

—Y claro que su guapo acompañante logró desmayar a algunas mujeres —comentó otra mujer, algo más entrada en edad, quien obviamente era la estilista de Alex—. Estuvieron fantásticos, chicos.

—Y mi mentor también, al parecer —sonrió Annie observando directo a Finnick, quien negó con la cabeza—. Te vi saludarlas y vi que éstas se pelearon entre ellas por un beso volador invisible.

—¿Incluso entre tanta gente no pudiste dejar de observarme? —ronroneó seductoramente el aludido cuando la ayudó a bajar del carruaje, tomándola por la cintura. Annie rió—. No te pongas celosa, sabes que una parte muy grande de mí te pertenecerá cuando la reclames.

Eso fue lo más alegre que pudo estar en días, y es que era imposible estarlo al ver cómo los demás tributos se burlaban de la debilidad de Annie. ¿Cómo no? Si la única vez que logró clavar un cuchillo con fuerza en una pared de madera, su mano resbaló hacia adelante y se cortó la palma de ésta. Después de eso, simplemente se fue a practicar con nudos. Y Finnick también parecía estar en ello, con la diferencia que él hacía nudos entre sus manos sólo para aminorar los nervios que comenzaban a invadirlo cada vez que veía a Annie entrenar.

Al contrario de la tributo femenina, Alex destacaba con el lanzamiento de lanzas y la fuerza bruta. Quizás no era el mejor de todos, pero muy pronto llamó la atención de ciertas personas que comenzaron a verlo como alguien a quien asesinar de inmediato. Mucho más ante la gran puntuación, un magnífico 10, que logró cuando tuvo la sesión privada ante los Vigilantes y mostró su habilidad con las lanzas.

—Bien —murmuró Finnick observando el 3 que había obtenido Annie. Suspiró—. ¿Qué hiciste, Annie? Tuviste la peor calificación, por mucho.

—Me senté ahí y dibujé una mariposa —explicó la chica como si nada. Todo su equipo la miró impresionada—. Dije que no entraría a combatir, y las mariposas no combaten.

—¡¿Qué mierda tienes en la cabeza? —saltó Finnick perdiendo la paciencia. La chica se alarmó notablemente—. ¡Te pusiste como un blanco fácil! ¡Los patrocinadores no confiarán en ti, no apostarán por ti y…!

—Finnick —le calló Mags elevando un tanto más la voz de lo normal. Miró a Annie, quien se había encogido en su asiento—. Sólo te queda la opción de la entrevista, trabajaremos mañana mismo en eso. De seguro te ayudará a ganar patrocinadores si logras ganarte su corazón.

Tal cual había dicho, al día siguiente todo el tiempo antes de la entrevista había sido para planear cómo debía actuar frente a las cámaras. Le pidieron explícitamente que se muestre como alguien tierna, aunque Finnick muchas veces decía que no tendría que esforzarse demasiado. No tenía otra forma de ser, ya no podía fingir ser alguien ruda, con aquella calificación tan baja sólo quedaba ser alguien distraída sin querer, tal vez lo suficientemente linda y seductora como para encantarlos por completo.

Finalmente llegó el momento. Los primeros tres Distritos habían acaparado a unas mujeres hermosas, seductoras o calculadoras. Los hombres eran fuertes, quizás no tan atractivos como los demás, pero sí que daban miedo. El sarcasmo predominó entre ellos, como si fuera algo de moda el usarlo tan seguido. Sin embargo, Finnick comprendió que sólo querían verse más duros de lo que en realidad eran, más arrogantes. Daba una sensación de ser los más cercanos a ser ganadores.

—Y ahora vamos con una señorita, muy bonita cabe destacar, perteneciente al Distrito 4 —anunció Caesar Flickerman alegremente—. ¡Annie Cresta!

Los aplausos comenzaron a aturdir a la chica, a quien jamás le había gustado ser el centro de atención en los lugares. Se sintió intimidada cuando se sentó en aquel reconocido sillón. Su vestido verde mar nuevamente intentaba resaltar sus ojos. El peinado dejaba su rostro al descubierto por completo. Y su sonrisa hacía sonreír a quien la mirara, en especial a uno de sus mentores, que la observaba desde donde estaban los demás mentores.

—Dime, Annie —comenzó Caesar de inmediato, acallando al público—. ¿Cómo te sientes en el Capitolio? —Annie abrió y cerró la boca varias veces, no salían las palabras. Se sintió mareada—. ¿Es tan extraño que no sabes cómo decirlo? Vaya, creo que la asustamos—rió el hombre para ayudarla. Varios rieron con él.

—Sí, son todos raros —admitió la chica encogiéndose de hombros. Arrugó visiblemente la nariz al mirar a ciertas personas—. No sé por qué creen que se ven bien así.

—¡Pero qué sincera eres, Annie! —exclamó Flickerman sorprendido—. No tienes pelos en la lengua, ¿verdad?

—Eso sería extraño —murmuró Annie pensativa—. ¿Algunas de las personas en este lugar tiene? Es que me han dicho que las cirugías pueden hacer de todo, y no me extrañaría saber que algunos se hayan puesto pelo allí.

Nuevamente el lugar estalló en carcajadas, esta vez Finnick también rió negando con la cabeza. Si había intentado hacer de Annie alguien tierna, tal vez ese tipo de humor la alejaba un poco, pero sabía que aún quedaba mucho tiempo de entrevista y que lograría sacar aquella parte de su personalidad que él tanto adoraba. Muchas veces se comportaba como una niña pequeña, en ese momento lo hacía, pero mostrando la parte burlona de niña. Si habían logrado ser tan íntimos amigos era por algo, y gran parte de ello era por el humor de ambos.

—¿Y tu puntuación? —Caesar llegó al punto que a varios había dejado confusos—. ¿Por qué tan baja la puntuación? ¿Te dormiste?

—Dibujé —contestó Annie—. Sólo eso. No sabía qué hacer allí.

—¡De seguro querías dejar lo mejor como sorpresa! —la acusó el hombre, ayudándola—. Sabiendo que vienes del 4, no me extrañaría que sepas utilizar lanzas y cosas así, ¿verdad? ¡Debes ser sorprendente!

Annie solamente sonrió, encontrándose con los ojos de su mentor en la lejanía. Parecía enojado, tal vez decepcionado. Al parecer no quería que esa parte fuera respondida con sinceridad, como había dejado claro cuando habían hablado, no le gustó lo que había mostrado a los Vigilantes. Tragó saliva, preguntándose si el enojo se le pasaría en algún momento. Nunca antes la había tratado así, pero había estado bastante enojadizo con ella desde que lo había visto por primera vez después de la Cosecha.

—Pasando de inmediato al tema de Los Juegos—preguntó Caesar acercándose un poco más—. ¿Crees que puedes ganar? ¿Cuáles son tus mejores atributos?

—Pues… —Annie jugueteó con sus dedos varias veces, dejando de hablar varios segundos, luego notó que Caesar estaba por volver a preguntar y optó por responder—, no creo que gane —sonrió en forma de disculpa. Finnick resopló ruidosamente, Mags negó con la cabeza y suspiró.

—No digas eso, lindura, claro que puedes —pidió Caesar poniendo una mano en su hombro. El público parecía entristecido ante la poca confianza que la chica se tenía—. Si te esfuerzas lo suficiente podrás ganas, ¡¿a poco no es cierto? —lo último lo gritó mirando al público, quienes respondieron con palabras positivas, gritos y aplausos.

—Pero para ganar hay que combatir —susurró Annie mordiéndose el labio—, y yo no quiero asesinar a nadie. No voy a jugar de verdad.

Caesar no supo qué decir en ese momento, pero no tuvo que esforzarse mucho, ya que sonó lo que indicaba que el tiempo de entrevista había terminado. La despidió deseándole suerte, sabiendo que el público no había quedado contento con su presentación. Después de eso llamó a Alex, el cual sí pareció bastante cómodo en la entrevista, mostrándose también como alguien excéntrico, sabiendo que en ocasiones anteriores algunos que eran así lograban ganarse al público.

Al menos a él le iría bien en cuanto a patrocinadores ganados, pensó Finnick. Claramente eso también beneficiaría a Annie, pues no le enviaría nada hasta que estuviera de nuevo junto a ella, cuidándola y compartiendo lo suyo.