Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
Capítulo final: Las Elecciones.
Dysnomia de Anarquía había vivido desde la era del mito. Había visto un sin fin de eventos, no sólo por su larga existencia, sino por la libertad que le daba su propia naturaleza, y aún con todo eso nunca pensó que vería el día en que la sosa diosa Athena decidiera seguir los lineamientos humanos y convertir su santuario en una democracia representativa. Era un hito, no sólo dentro de la historia de todo el Santuario, sino de todos los santuarios de todos los dioses.
Al enterarse de los planes de Athena, no dudó ni un segundo en solicitar ser observadora de tan curioso evento. Tenía que estar ahí para presenciarlo todo, como lo había estado en algunas ocasiones pasadas en los eventos históricos de la humanidad, en especial cuando supo que su maravilloso santo estaría encargado de organizarlas. Era una ganancia por dos, vería el ascenso y descenso de la democracia en el Santuario de Athena y pasaría tiempo con su humano favorito.
La mañana de las elecciones, Dysnomia de Anarquía estaba en pleno éxtasis. Era el momento que había estado esperando desde el anuncio, el final del largo camino, la culminación de todos esos meses de observación; sin hacer contacto con otro ser vivo, se acercó en silencio hacia uno de los lugares seleccionados como punto para votación, justo el estaba a un lado de la entrada de Rodorio, donde Shaka y Marín estaban como encargados. Ligeramente molesta por la presencia de la santo, pasó a su lado ignorándola para sostener al santo de Virgo del brazo, acercándose a él con la mejor expresión de inocencia que podía poner.
—¿No vas a darme mi beso de buenos días? —preguntó, logrando que Marín los volteara a ver, desconcertada.
—Pareces demasiado extasiada —ignorando el saludo, Shaka continuó acomodando las boletas con los nombres de los candidatos, también ignorando que su brazo estaba siendo apretujado contra cierta parte anatómica humana en la que era mejor no fijarse—. ¿Hay algo que debería saber sobre el día de hoy?
—Eso depende, ¿me dejarías ver tus hermosos ojos de nuevo?
—... Creo que podré vivir con la duda durante las próximas horas. Ve a tu esquina, la gente se pone nerviosa cuando te ve.
—Es tan romántico que digas lo que te hago sentir…
Sin decir nada, Marín se sentó en su lugar y fingió mirar su reloj de pulsera, esperando a que fuera la hora pactada para dar inicio a las elecciones. Detrás de su máscara, se encontraba una expresión de estupefacción ante lo que acababa de presenciar; sin moverse, Marín se hizo una nota mental de contarle sus nuevos descubrimientos a Aioria después, cuando terminara todo lo relacionado a las elecciones y su viejo amigo estuviera más tranquilo. Por lo mientras, intentaría grabarse lo más posible de esa extraña interacción.
Tal y como le habían sugerido, Dysnomia se sentó algo lejos, pero cerca, del puesto de votaciones, contando los segundos que faltaban para que todo diera inicio. Mientras esperaba hizo un vistazo rápido a sus réplicas esparcidas por todo el Santuario, quienes le daban una mirada privilegiada de todo el lugar. Como era de suponerse, según lo que había aprendido de todos los habitantes del Santuario en esos meses, la mayoría aún continuaban dormidos, acurrucados en sus cálidas camas, como cualquier otro día.
Durante la semana previa al gran día, todos los habitantes del Santuario habían sido bombardeados con comerciales informativos y segmentos televisivos acerca de cómo se llevarían a cabo las votaciones, además de que Shun amablemente se ofrecía con todo el mundo para explicarle detalladamente cómo serían las cosas, paso por paso. Además de los segmentos, Shura había decretado que el día de elecciones sería un día libre para todos, "para que pudieran atender sus necesidades democráticas", y Athena les había dado un largo discurso sobre lo importante que era votar según sus convicciones, sin dejarse convencer por alguien más o dejarse sobornar.
Teóricamente, todos sabían qué hacer. Todos sabían los puntos dónde podrían votar, tenían sus credenciales, estaban registrados, sabían el procedimiento.
Teóricamente, el noventa y cinco por ciento de los habitantes del Santuario y Rodorio iban a votar, según los resultados de la encuesta hecha el día anterior al gran día.
En los doce templos, el silencio reinaba entre sus pasillos. El día anterior el Gran Patriarca había hecho una cena para celebrar el éxito de la instauración de la democracia en el Santuario; el evento había estado lleno de comida, música, más comida y algo del alcohol de la vieja selección que Saga había dejado después de su gobierno. El exceso del evento dejó a los santos exhaustos, puesto que este terminó pasadas las dos de la madrugada.
Así que, agotados, los habitantes de los doce templos durmieron, algunos aún usando la ropa del día anterior, otros en medio del pasillo de sus templos, recuperándose de una larga noche de juerga, al menos por esa mañana.
El resto del Santuario había amanecido de manera normal, poco a poco los santos fueron despertando, e iniciaron algunas de sus actividades diarias y separadas de las tareas del Santuario. Antes de las elecciones, junto con los comerciales del Tribunal, aparecieron varias noticias que sólo estuvieron dedicadas para los santos de oro; además de la fiesta ofrecida en el Templo principal el día anterior a las elecciones, existieron varios eventos dedicados sólo a ellos que provocaron cierta molestia de parte de los santos de plata.
Se suponía que el trato hacia todos debía ser equitativo, pero a sólo un par de semanas para que las elecciones se llevaran a cabo ya se estaba mostrando cierta disposición por los dorados, dejando de lado al resto del ejército. Y que los candidatos fueran todos santos de oro agravó más la situación, o al menos así lo veían los santos de plata.
Mientras algunos de ellos apenas se levantaban, otros ya iban camino al comedor general, hablando sobre sus planes en su día milagrosamente libre. Ninguno se percató de que al lado del comedor estaba uno de los puntos de votación, con Shun y Hyoga como encargados.
Los amigos estaban disfrutando de un desayuno improvisado cuando vieron el pequeño grupo de santos de plata acercarse a paso lento, pero seguro. Con una sonrisa, Shun se levantó de su lugar y miró al grupo.
—¡Hola, chicos! —los saludó— ¿Vienen a votar? Serían los primeros del día.
Misty, que iba delante del grupo, borró su sonrisa matutina y evitó mirar a Shun al rostro, sabiendo que el adolescente pondría una expresión adorable a la que era difícil de negarse.
—Disculpa, Andrómeda —dijo—. No podría votar con el estómago vacío. Pero cuando terminemos nos damos una vuelta.
—Sí —apoyó Moses—. No se pueden tomar decisiones importantes si estás muriendo de hambre.
—Oh, claro —Shun asintió, sin borrar su sonrisa—. Es cierto, los veré más tarde, entonces.
Shun volvió a sentarse en su lugar y sostuvo su plato de Froot Loops con parsimonia. A su lado, Hyoga sólo alzó una ceja, intercalando su mirada de su amigo al grupo de hombres que acababa de entrar al comedor en el más absoluto silencio.
—Si sabes que no van a volver, ¿verdad? —Hyoga no quería mantener ilusionado a Shun, pero él había visto las expresiones de los santos de plata, esos hombres no iban a volver a pasar por ahí.
Así mismo, Hyoga sospechaba que esa sería una imagen que se repetiría varias veces. Al final de la veda había escuchado varias cosas que lo hicieron sospechar que algo ocurriría ese gran día. Sólo tenía una sospecha, pero sus años de entrenamiento con Camus lo habían preparado para eso; sospechar de cualquier cosa, estar preparado para cualquier eventualidad y no tener ningún problema a la hora de darse la vuelta y abandonar el barco si la situación lo ameritaba. Hyoga no iba a abandonar ese barco, no cuando estaban por terminar, pero sí había detectado que todo sus trabajo se iría a la basura, en especial al observar la postura de huida de los santos de plata y los últimos dichos.
Las fiestas del Patriarca, ex santo de oro, a favor de los santos de oro eran llamativas, incluso se habló de una reunión pasada donde participaron algunos de los ejércitos enemigos, para "fortalecer las relaciones diplomáticas", según les habían dicho. Todas reuniones donde fueron excluidos, sin posibilidad de al menos disfrutar de las sobras. Al joven acuariano toda esa actitud de parte de Shura le había extrañado, en especial considerando que el español no acostumbraba las fiestas o los excesos, a menos que él supiera. Cómo no había convivido con el español lo suficiente, no podía asegurarlo.
Quien sí podía era Camus; al igual que su alumno, el mago del agua sospechaba de alguna movida extraña de parte del Patriarca, pero había decidido permanecer como un observador, en espera de averiguar qué estaba ocurriendo. Tampoco era que pudiera hacer mucho, con el final de las dichosas elecciones las tareas se habían acelerado y acrecentado. No había tiempo para pensar en más conspiraciones.
A Camus y Afrodita, que había insistido en estar en la parte más importante del proceso, les había tocado la entrada al Coliseo. Como el resto, se instalaron a temprana hora de la mañana, a espera de que alguien apareciera. Cuando Shura tomó el mando del Santuario los entrenamientos se volvieron la tarea primordial de todos, en especial en los últimos días de la veda; sin embargo, con el decreto de día libre, ambos santos de oro sabían que nadie se aparecería por ahí, al menos nadie en su sano juicio. Por eso habían escogido ese lugar, esperando no hacer nada por el resto del día.
Después de instalar su casilla Camus había sacado uno de los libros de su tocayo, Albert Camus, mientras que Afrodita pasó la mañana leyendo Aftonbladet, el periódico de su natal Suecia y que leía todas las mañanas para enterarse de las noticias más importantes de su país natal.
Sabiendo que la situación no estaba tan calmada como en los meses anteriores, y decididos a no hacer nada más que pasar el día sentados, concentrados en sus respectivas lecturas, Camus y Afrodita disfrutaron de una tranquila mañana. Ninguno se atrevió a participar en la salvaje fiesta ofrecida el día anterior, sabiendo el trabajo que tenían al día siguiente, así que estaban frescos como una lechuga, tan concentrados en sus propios asunto que no se percataron de que Aldebarán se acercó a ellos hasta que lo tuvieron al frente, saludándolos con una gran sonrisa.
—¿Cómo van las cosas? —les preguntó después de los saludos.
—Eres el primero en venir y espero que el único —dijo Camus mientras buscaba en su lista de votantes el nombre de Aldebarán.
—No hay problema para mi, ya había terminado el crucigrama del día de hoy —señaló Afrodita, entregándole a Aldebarán su boleta para votar—. Creí que dormirías hasta tarde, como todos.
—No bebí demasiado —murmuró Aldebarán algo avergonzado—. Además, imaginé que habría muchas personas aquí y no quería formarme por mucho tiempo. Quiero aprovechar el día libre para llevar a Ox a comer al centro de Atenas, para que conozca la ciudad moderna.
—Es una buena idea, se lo sugeriré a los demás —concedió Afrodita. Mientras Aldebarán iba a cumplir con sus tareas como ciudadanos del Santuario, Afrodita miró a Camus con una ceja levantada—. ¿Sabes? Ahora que lo pienso, la fiesta de ayer me da la impresión de que el Patriarca no quiere que los santos de oro voten.
—Eso no tiene sentido, Aldebarán acaba de hacerlo y no hay un motivo válido de parte de Shura para evitar que votemos —razonó Camus, viendo como Aldebarán regresaba con su boleta cerrada y lo ponía en la urna.
—Llámame paranoico, pero tengo esa impresión. Además, no puedes negar que sus acciones en las últimas dos semanas hicieron que los votantes disminuyeran.
Camus no pudo argumentar nada contra eso. Era cierto.
Para el atardecer, la afluencia de votantes tuvo una mejoría, pero no lo suficiente como para llamar al gran día de elecciones un éxito. La mayoría de los votantes se reducían a soldados primerizos que sólo querían ver más de cerca a los santos de oro o a los héroes del mundo, los santos de bronce, y algunos habitantes de Rodorio que se habían quedado con la efervescencia de los primeros meses de campaña.
El resto de los habitantes vivió un día tranquilo, un poco más ajetreado en el pueblo debido a que los santos de plata decidieron pasar su día libre ahí, ocultándose de los puestos de votación.
Todo parecía normal, incluso algunas personas estaban comenzando a animarse ante la idea de votar por su santo preferido, o el más atractivo.
Al medio día, caminando entre los puestos del mercado dominical, una mujer de edad avanzada se abrió paso, cargando una cesta y apoyándose en un bastón de madera. Su apariencia no era agradable, pero como buenos santos, algunos plateados que rondaban el lugar se acercaron a auxiliarla con lo que parecían sus compras.
Pronto, y olvidándose del mercado y sus motivos para estar ahí, todos rodearon a la anciana, que hablaba y hablaba, cuestionando, criticando, haciendo rumiar a todos.
—... tendrán que disculparme, queridos, pero su gobernante no ve por ustedes, pobres muchachos…
—Pero… —Jamian miró a la anciana con una expresión de congoja— Por eso debemos votar, ¿no? Para elegir a alguien mejor, alguien que vele por la seguridad del pueblo, alguien que nos lleva hasta la gloria de entre todos los santuarios.
—Por supuesto, pero ten en cuenta, cielo, que los hombres que quieren gobernar el Santuario son amigos del gobierno actual. Sólo se están pasando el poder unos a otros, fingiendo que hay democracia, que ustedes tienen opciones, que pueden elegir a alguien más cuando en realidad todos salieron de la misma coladera.
—¡Sabía que estas elecciones eran un engaño! —molesto, pero cuidadoso de no arrojar sus cacahuates salados al suelo, Dio se levantó de un salto —¡Igual que en mi México! ¡Y yo que creí que por estar en Europa no vería estas cosas aquí!
—¿Qué haremos entonces? —preocupado, Sirius dejó de comer su helado y miró a la anciana como si ella tuviera todas las respuestas.
—No lo sé, hijo —dijo la mujer, alzando los hombros—. Todas las democracias conducen a esto, el completo caos —continuó con una pequeña sonrisa—. Todos los gobernantes hacen lo mismo, organizan fiestas para sus amigos igual que poderosos que ellos, ignoran las necesidades del pueblo, dejándolo abandonado, a la intemperie, pagando sus excesos. ¿Cuánto más están dispuestos a soportar?
La mujer los miró a todos, no sólo a los santos de plata, sino a los habitantes del pueblo que se habían detenido a escucharla. Toda la audiencia se quedó en su lugar, en silencio, hasta que Capella se levantó lentamente del suelo y miró a sus compatriotas.
—No podemos permitir que esto continúe así —sentenció, levantando la cabeza—. Si seguimos por este camino, ¿dónde terminaremos? Siendo gobernados por los mismos, siendo explotados…
—Sí…
—¡Es verdad!
—¡Te apoyo!
—...Nosotros no les importamos —continuó sobre los gritos de apoyo de la gente, que poco a poco se levantaba con él—. ¡Nosotros no les importamos!
—¡No podemos quedarnos aquí viendo cómo despilfarran los recursos por los que tanto hemos luchado! —gritó Sirius, abrazando a su amigo por los hombros.
—¿Y qué piensan hacer? —interrumpiendo los gritos de apoyo, la anciana los miró con curiosidad— Ya hicieron huir a un Patriarca, ¿acaso ahora piensan atacar los puestos dónde pueden votar? ¿van a quemar urnas, evitar que las elecciones se lleven a cabo?
—¡Eso también ocurre en mi México! —Dio miró a todos emocionado. Moviéndose a la velocidad de la luz, se fue y regresó cargando su trinche y su sombrero de paja de trigo— ¡Hagamos eso! Como el buen de Hidalgo cuando organizó una revuelta de clase alta para exigir que regresara Fernando VII al poder en España, y terminaron uniéndose un montón de la clase baja para hacer sus propias exigencias.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Shaina, al igual que los demás, desconocían por completo las personas de las que Dio hablaba.
—Estoy diciendo que hagamos un desmadre —tradujo Dio—. Un pinche desmadre más grande que cuando corrimos injustamente al anterior Patriarca.
La gente se miró entre sí en silencio. Después de un par de segundos comenzaron a corear, todos apoyando la idea.
—¡Quememos urnas!
—¡No queremos santos de oro en el puesto de Patriarca!
—¡Athena, súbenos el sueldo!
—¡Televisión de paga! ¡Queremos televisión de paga!
El pueblo, molesto pero sin saber exactamente por qué (fuera de las excesivas fiestas de las últimas dos semanas), se encaminó de nuevo hacia el Santuario, en lo que era la segunda turba furiosa en menos de un año.
El mercado poco a poco se fue desalojando, hasta que finalmente sólo quedó la anciana a la que nadie le preguntó cómo ingresó al pueblo en primer lugar, puesto que nadie la conocía. Sola y con una sonrisa, la mujer se levantó de su lugar y comenzó a caminar con toda la tranquilidad que podía mostrar, dejando de lado su andar lento y cansado, típico de la edad; frente a ella se abrió un pequeño portal que atravesó sin cuidado. Del otro lado del portal estaba una de las habitaciones privadas del Templo Principal, y después de atravesarlo, la anciana se convirtió en Atë de Ruina, quien se detuvo frente a Shura, poniendo una mano en su cintura.
—Han pasado años desde la última vez que provoqué una crisis. Es muy estimulante.
—No te emociones, recuerda que sólo es una situación extraordinaria —intervino Shura, entrecerrando los ojos y mirando con advertencia a la mujer.
—Aburrido, el novio humano de Dysnomia no le prohíbe nada —se quejó Atë, cruzando los brazos—. Hablando de eso no olvides nuestro trato. Yo ya cumplí con mi parte.
—Sabré si cumpliste cuando se acabe el día y me digan que las elecciones se vieron interrumpidas —señaló Shura—. Pero no te preocupes, tienes mi palabra.
—Y tú un gran problema.
Asomándose por una de las ventanas, Atë se recargó contra el borde y miró con una sonrisa hacia abajo, justo al inicio de las doce casas.
Frente a Aries estaba el cuarto y último puesto de votaciones. Como encargada estaba Shoko, quien, acompañada de Ikki, había tenido un día algo flojo. Algunos santos de oro se habían acercado para votar, ya entrada la tarde; Kanon, Aioria y Dohko fueron los más destacados, y algunos miembros más del servicio como el equipo de Leo, quienes claramente votarían por Aioros.
Sin tanto trabajo, los jóvenes no tardaron en relajarse y comenzar a charlar sobre sus experiencias, ambos eran hermanos del recipiente de algún dios, un dios enemigo, así que no tardaron en percatarse de que tenían varias cosas en común, y muchos consejos que darse mutuamente, en especial en el caso de Ikki hacia Shoko.
—... lo mejor es establecer límites. Hades tiene prohibido consumir algo que dañe el cuerpo puro de Shun de alguna forma, y un estricto horario de uso, por eso Shun tiene dos días de descanso.
—Claro, claro. Podría ser una buena idea —murmuró Shoko con la mano bajo la barbilla, pensando en los consejos recibidos—. Le diré a Kyoko que negocie un horario con Eris, aunque podría resultar complicado, sin un cuerpo, el ejército de Eris no tiene un líder bien establecido, Kyko me contó que lo de dejar a una comandante sólo es mero formalismo, en realidad todas las dryades hacen lo que quieren.
—No me sorprende —Ikki cruzó los brazos y negó con la cabeza, recordando a la mujer que prácticamente vivía con ellos en Virgo. Estaba por contarle a Shoko el papel que Pandora desempeñaba como la líder de los espectros (porque después de recuperar su cuerpo Hades lo encerró en un lugar mucho más fortificado) cuando escuchó algunos gritos a la lejanía.
Extrañado, Ikki miró a su compañera, quien también había comenzado a escuchar las exclamaciones, y juntos se levantaron de sus lugares para observar lo que ocurría. No tardaron en notar que, como si de un déjà vu se tratase, una turba furiosa se acercaba a los Doce Templos.
Sin decir nada, se mantuvieron en sus lugares, observando lo que ocurría. Ninguno había querido que Marín, Shaka o Camus los acompañaran durante las votaciones, seguros de que podían con el trabajo y nada extraordinario ocurriría; y a pesar de que algo extraordinario se acercaba a ellos, ninguno se mostró intimidado o dispuesto a consultar a los adultos. Convencidos de que podrían con el trabajo, como parte importante del Tribunal.
La turba se acercó a paso lento pero seguro. Tardaron, pero después de un par de minutos el pueblo furioso se paró frente a su objetivo: una casilla electoral dónde no estuvieran alguno de los santos dorados, o Shun, porque el chico podía ser muy adorable pero no dejaba de ser el recipiente de Hades.
—¿Qué quieren? —Ikki cruzó los brazos cuando se encontró cara a cara con los revoltosos pobladores y santos de plata.
La turba dió un paso hacia atrás, acobardándose por un breve segundo ante la figura imponente del Fénix. Al retroceder, el único que se quedó en su lugar fue Dio, quien al verse abandonado sólo miró de reojo a sus amigos, maldiciendo en español.
—Hemos decidido rebelarnos contra las estructuras antiguas que nos han oprimido por… poco más de un año. Decidimos no votar y decidimos que no permitiremos que otros habitantes menos mentalizados que nosotros participen en este penoso espectáculo —dijo, enderezándose para intentar mostrar algo de autoridad—. Hazte a un lado, santo de bronce, venimos por la urna.
—¿De qué rayos estás hablando? —desconcertado, Ikki descruzó los brazos y miró a todos los santos y pobladores.
—¡No te tenemos miedo, santo de bronce! —gritó uno de los pobladores, levantando su trinche.
—¡Sí, hazte a un lado!
Poco a poco las voces comenzaron a levantarse, todos volvieron a aglomerarse, dejando a Dio y su bolsa de cacahuates al final.
Desde su lugar detrás de la mesa, Shoko observó cómo las voces comenzaban a elevarse, todos exigiendo lo mismo, la entrega de la urna. Estaba a punto de intervenir para asegurar que los derechos de todos eran respetados, y que los santos de oro no eran una malvada mafia que iba por el dinero del pueblo porque ellos también eran asalariados mal pagados, pero entonces las amenazas comenzaron a resonar de un lado al otro, gritos de la gente y gritos de Ikki, este último alertando a Shoko de sobremanera.
—¡Pues si quieren tomar la urna tendrán que pasar sobre mí!
—¡Ikki, no!
Dicho eso, Ikki elevó su cosmos y se preparó para atacar. Detrás de él, Shoko sólo se estiró, intentando detenerlo segundos antes de que una llamarada de fuego apareciera y los rodeara a todos.
—¿Escuchaste eso? —en su puesto, algo cercanos a los templos, Hyoga bajó los pies de la mesa y miró a su alrededor— Sonó como una explosión.
—Sentí que el cosmos de Ikki explotó —completó Shun, también mirando a su alrededor—. Probablemente no fue nada, el cosmos de Ikki explota cada vez que se molesta.
Ambos amigos alzaron los hombros, conociendo el temperamento fuerte de Ikki, decidiendo no hacer nada, más que continuar en su trabajo, esperando a que alguien por fin llegara a votar.
Con un poco más de vista a sus alrededores, Camus y Afrodita miraban hacia el este, dónde una columna de humo se alzaba cerca de sus hogares.
—Algo se está quemando —dijo Afrodita, sosteniendo ahora el libro de Camus.
—Shoko no contesta el teléfono o la comunicación vía cosmo —Camus entrecerró los ojos—. Esto no me gusta.
—Hablaré con Shunny, tú habla con Shaka, pregúntale si tiene bien controlada a la dryade de la anarquía.
Shaka, con los ojos abiertos, también observa la columna de humo detrás de su puesto de votaciones. Hacía sólo dos minutos atrás todo había aparentado tranquilidad, y entonces, el cosmo de Ikki se había encendido y todo se había ido al diablo. Detrás de él, Marín estaba hablando con Camus por teléfono y podía sentir que Athena estaba aumentando su cosmo también, seguramente porque estaba averiguando qué ocurría. Sólo desvió la mirada cuando sintió que alguien se acercaba a él y lo abrazaba por la espalda para susurrarle lo que ocurría.
—... todavía no nos podemos comunicar con ellos, ¿qué le dijo Shun a…?
Marin se detuvo a mitad de su frase al ver cómo Dysnomia se acercaba a Shaka. Por un momento estuvo a punto de gritarle al santo de oro para advertirle del ataque por la espalda, en especial cuando la dryade se acercó demasiado, tanto que parecía que lo estaba abrazando. Después se dió cuenta de que sí, lo estaba abrazando, y él no estaba haciendo nada más que asentir con la cabeza un par de veces. Sin palabras, Marín se mantuvo con el teléfono pegado al rostro, sin escuchar lo que Camus le decía al otro lado de la línea; no reaccionó hasta que Shaka se dio la vuelta y caminó hacia ella, de nuevo con los ojos cerrados.
—La casilla de Shoko cerró temprano —le dijo a Marín—. ¿Estas hablando con Camus? ¿Podrías dejarme hablar con él?
Cuando todo el Tribunal se enteró de lo que había ocurrido, Shaka y Camus estuvieron de acuerdo con notificarle a Athena lo que había ocurrido, así como hablarle de su decisión de terminar con las elecciones, viendo la pequeña revuelta que había ocurrido y el riesgo que corría el resto de las elecciones. Sin embargo, cuando estuvieron frente a Athena y el Patriarca, se encontraron con una pequeña discusión.
—Diosa Athena, si me permite, creo que deberíamos cancelar las elecciones. Esto parece a punto de salirse de control —sugirió Shura, mirando a Saori caminar de un lado al otro.
—¡No! ¡Me niego a abandonar todo nuestro trabajo! ¡Hemos hecho muchos sacrificios este año para renunciar a todo sólo por un montón de alborotadores!
Al escucharla, Camus rodó los ojos y Shaka soltó un pequeño bufido. Ambos repasaron los meses de esfuerzo, estudio, tratar con jefes de campaña impertinentes, sospechas de movimientos bajo el agua, un exilio, la furia de Ikki porque Shun estaba estresado, hacer guiones, elaborar leyes, soportar presiones del pueblo y de los candidatos. Y durante toda esa tortura la joven diosa no había estado presente, más que para darles órdenes absurdas o hacer preguntas tontas.
—¿O me equivoco? —Saori detuvo sus pasos y miró a los santos de oro, después de su errática defensa a las elecciones había esperado que los hombres la respaldaran.
Por respuesta ambos negaron, si abrían la boca corrían el riesgo de soltar algún comentario sarcástico sobre todos los sacrificios que había hecho Athena por las elecciones, como sus numerosos viajes a Estados Unidos, las compras de ropa y accesorios, además de su falta de presencia en el Santuario, salvo para hacer preguntas incómodas y fotografiar a los hombres en su cotidianidad.
—Entonces está acordado, las elecciones continúan —sentenció.
—Pero… —frustrado por la resolución, Shura se levantó se su lugar— ¿qué hay de la seguridad de los encargados de las votaciones? Uno de los puestos de elección acaba de ser incendiado.
—Que apoyen los viejos santos de oro. No pueden vivir en el Santuario como si nada, tienen que pagar tributo de una forma u otra.
Con el asunto resuelto, Athena mandó a llamar a los hombres con el propósito de brindar seguridad, y le ordenó a Camus que dijeran en el noticiero que era obligación de todos los habitantes del Santuario votar.
Esas votaciones serían un éxito, de una u otra forma.
Mientras esperaban las resoluciones, Hyoga y Shun hablaban sobre lo que había ocurrido, ya enterados de todos los hechos. Hyoga se lamentaba por no haber estado con Ikki para ver la explosión cuando las personas comenzaron a acercarse, alguno con expresiones molestas. Entre los susurros de la gente que se formó, los santos de bronce escucharon que Athena los había obligado a votar, bajo la amenaza de vacaciones sin paga. El pueblo estaba molesto, pero la irritación disminuyó cuando Shun amablemente les recordó que también tenían la elección de anular su voto.
Las cosas parecieron llevarse con tranquilidad entonces, al menos hasta que apareció una mujer con una máscara que nadie había visto con anterioridad. Su procedencia no tardó en perder relevancia cuando comenzó a hablar con algunas santos y pobladoras de Rodorio. La mujer misteriosa hablaba demasiado, sobre tantas cosas que era difícil captar todas las ideas que salían por su boca, a excepción de una sóla cosa: quienes eran los santos más atractivos del Santuario.
La competencia abarcaba todos los niveles, y varios nombres fueron nombrados. Las mujeres pronto se exaltaron y comenzaron a empujar a sus compañeros de armas y habitantes, todas ansiosas por llegar a las urnas y votar por el santo que consideraban el más atractivo de todo el Santuario, como si de repente hubieran olvidado cuál era el tema principal de esas votaciones.
—¡Atención! ¡Esta no es una competencia de belleza! ¡Son elecciones para elegir al Patriarca!
Al notar la exaltación femenina y lo que estaban haciendo, Hyoga se levantó de su lugar e intentó imponer algo de orden.
—¡Sólo estás celosos porque nadie va a votar por tí! —se escuchó al fondo de la fila, logrando que todas las mujeres rieran entre sí.
—¡Yo no estoy…! ¿De verdad nadie va a votar por mí? —la expresión molesta de Hyoga pronto cambió por una de desconcierto— ¿June? —le preguntó a la joven que estaba cerca de ellos.
—Hyoga, sabes que estoy saliendo con Shun —la santo de bronce señaló al peliverde al lado de Hyoga, quien sólo le sonrió a su novia.
—¿Y eso qué? Shun no es celoso.
La pequeña intervención de Hyoga no desanimó los ánimos de las mujeres, que continuaron abarrotándose sobre la pequeña mesa de las elecciones; sin quererlo, lograron quitar a Shun y Hyoga de su puesto y relegarlos a una esquina, viendo como su lugar era ocupado por Katya de Corona Boreal, quien le gritaba a las mujeres que apoyaran a Saga o se fueran del lugar.
—... Deberían decirle a Camus o Shaka —murmuró June, sentándose en el suelo, viendo el espectáculo decadente.
—Sí —afirmó Shun, sentándose a su lado, agarrándola de la mano.
—Definitivamente —concordó Hyoga, también tomando asiento al lado de su amigo.
Ninguno de los jóvenes se movió después de aceptar que debían hablar con los adultos, simplemente decididos a esperar a que la reunión con Saori terminase, sabiendo que la adolescente era capaz de crispar los nervios de la persona más tranquila y bondadosa del mundo. En su lugar, ambos esperaron a que los otros dos puestos pudieran mantenerse en pie.
Nunca habían estado tan equivocados.
Al quedarse sola, Marín se había mantenido alerta ante la situación caótica que había ocurrido frente a los templos. No había sido complicado suponer que fueron por el puesto sin santos dorados, suponiendo que sería sencillo quitarle la urna a un par de santos de bronce, sin considerar que uno de ellos era Ikki, un incendiario de primera. Viendo el panorama, Marín sabía que la siguiente era ella.
Y no se equivocaba, media hora después de que Shaka se fuera, el ambiente comenzó a oler a chamuscado y Marín se vio frente a frente con algunos de sus compañeros. Algunos se veían con rastros de hollín en el cuerpo, Alguethi, por ejemplo, había perdido las pestañas y cejas, mientras que Ptolemy parecía que se había quedado dormido en una máquina de bronceado.
—Marin, sabes a lo que vinimos —le dijo Nachi, a quien todavía le salía humo del cabello—. Esto es para salvaguardar la democracia del Santuario, es también por ti.
—¿Cómo se supone que atacar uno de los elementos más democráticos de una sociedad va a salvaguardar la democracia?
—Porque muestra que el pueblo sabe que esto no es democracia —señaló Ptolemy—. Estas elecciones son por demás sospechosas y violentan nuestro derecho cívico a rechazarlas.
—¿Violentar? Ustedes son los únicos violentos aquí —manteniendo la calma, Marín miró a su alrededor. Eran demasiados, no podría contra ellos por mucho tiempo. Estaba sola, o algo así si consideraba que Dysnomia estaba sentada en su esquina viendo todo con una sonrisa mientras comía de una bolsa de papas fritas—. Creo que han malentendido el concepto de lo que estamos haciendo aquí.
—Tú eres la que no entiende, Marín, danos la urna o prepárate para la pelea.
Ante el ultimátum de Ptolemy, Marín simplemente levantó los brazos, preparada para la pelea. Media hora después, Alguethi sostenía la urna mientras Marín intentaba quitársela al mismo tiempo que detenía los golpes de dos de sus compañeros de armas; había sido una pelea complicada, golpes se habían dado de un lado al otro, siendo los chicos los más golpeados, hasta que Marín había comenzado a mostrar signos de cansancio.
Los rebeldes comenzaba a celebrar su victoria cuando escucharon una voz detrás de ellos.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
Detrás de ellos estaban Death Toll, usando un par de tubos para el cabello en lo que le quedaba de melena, Kaiser y Cain, los tres usando ropa de civil.
—Parece que llegamos justo cuando estaba ocurriendo una de esas cosas llamada revuelta, de la que habló Athena —señaló Kaiser, cruzando los brazos.
—Escuchen, no golpeamos ancianos, así que será mejor que se vayan, suficiente tenemos con Athena obligándonos a hacer algo que no queremos hacer.
—¿Ese niño nos llamó ancianos? —preguntó Caín— Tal vez lo somos, pero el único que lo parece es Death Toll.
—¡Sí…! ¡Oye! —el mencionado miró a su amigo ofendido— Estoy tan molesto que ahora voy a tener que golpear a estos chicos.
Para mostrar su frustración, el antiguo santo de cáncer golpeó su palma izquierda con el puño derecho y comenzó a caminar hacia dónde estaban los santos de plata. Sus amigos sólo se asintieron entre sí antes de seguirlo; Athena los había enviado para proteger y cuidar las urnas, su primera misión directa de ella en más de doscientos años, querían lucirse. Además, era su primera pelea en el mismo periodo de tiempo, morían por unirse a una.
Al igual que la primera vez, todo lo que Afrodita percibió fueron varios cosmos aumentando y después la completa calma. Todo se había puesto demasiado extraño desde que Ikki había incendiado su propio puesto de votaciones para evitar que robasen la urna. Era como si de repente todos los buenos modales y la civilización que era el Santuario hubiera desaparecido bajo la sombra de la desinformación, ignorancia y falsa guía de candidatos vistos como algo divino. Tal vez Cardinale tenía razón, el pueblo no estaba preparado para la gran responsabilidad de elegir a su gobierno; tal vez les faltó enseñarles, hacerles ver lo que era la verdadera conciencia cívica, que cuestionan y no se dejaran guiar por el primer sujeto que les endulzara el oído, diciéndoles todo lo que querían escuchar, prometiendo resolver sus vidas sin que ellos tuvieran que mover un sólo dedo.
—... ¿y cómo están las cosas en el Inframundo? Cardinale me contó que a veces ibas a verlos.
Afrodita decidió que había tenido suficientes reflexiones políticas por ese día, así que se concentró en su charla con Orfeo. Después de que Camus se fuera, el santo de plata había aparecido para ejercer su derecho cívico y Afrodita lo había invitado a sentarse con él y tener una agradable plática.
—Todo va bien —comentó Orfeo con una sonrisa—. Hades y Shura nos dieron una casita cerca de su campo de flores, y sólo tengo que ir a tocar una vez por semana y acompañar a Shun cuando baja al Inframundo.
—¿Shura?
—El Patriarca, quiero decir —Orfeo rio ligeramente nervioso—. Nunca imaginé a Shura como Patriarca.
—Yo tampoco —puntualizó Afrodita, acomodándose en su lugar—. Volviendo al tema, ¿qué tiene que ver él con tu hogar en el Inframundo?
—Bueno…
—Hola, disculpen, todavía puede votarse aquí.
Interrumpiendo su charla, un grupo de saintias que ninguno conocía se acercó al puesto con claras intenciones de plasmar su voto, puesto que usaban broches de su candidato favorito.
—Oh, no, me temo que cerramos —dijo Afrodita con un tono falso de tristeza—. Pueden irse.
—Creí que iban a cerrar hasta las seis de la tarde —observó Orfeo cuando las jóvenes se fueron decepcionadas, golpeándose entre ellas por llegar tarde.
—Ellos iban a cerrar hasta las seis. Cuando Camus se fue dijo que yo estaba a cargo, y cómo el jefe a cargo elijo a qué hora cerrar —con una sonrisa astuta, Afrodita le guiñó un ojo a Orfeo antes de poner una expresión seria—. Entonces, tu casa.
—Ah, sí, bueno, Shu-el Patriarca dijo que quería crear algo así como una embajada. Y yo soy algo así como el embajador del Santuario en el Inframundo —comentó orgulloso—. Pero no te preocupes, no enviará a todos a vivir a otros santuarios, tengo entendido que es algo experimental, aunque creo que su siguiente objetivo es el ejército de Eris; le estaba comentando a Hades que una de las dryades se quedaría en el Santuario pero no presté mucha atención, Eurídice estaba gritando por nuestra nueva cocina.
Afrodita asintió mientras escuchaba a Orfeo hablar y hablar sobre su nuevo hogar. ¿Por qué Shura estaba creando un programa de embajadas? ¿por qué parecía que no quería que las elecciones se efectuaran? ¿cuál era el propósito de las fiestas antes del día de elecciones, fuera de parecer que quería enojar al pueblo? ¿por qué quería una dryade en el Santuario?
Era obvio que esa dryade sería Dysnomia, ya se quedaba ahí en primer lugar, ¿pero qué ganaba Shura al permitir que ella se quedara? Nada, absolutamente nada. ¿Y si él no era quien ganaba? ¿Y si era algo de otra persona?
—¡Hey! ¡Es un placer verlos, caballeros!
Al ver a Orfeo levantarse de su lugar, Afrodita dejó de crearse teorías de conspiración y vio a su compañero de armas saludar con efusividad a Écarlate, Shijima y Gestalt, quienes respondieron el saludo de igual forma.
—Athena nos ordenó ayudar con la vigilancia —le explicó Gestalt cuando todos se sentaron alrededor de la mesa, con la urna abandonada a un lado.
—Milo me enseñó un juego de cartas llamado póker —Después de las explicaciones, Écarlate sacó las cartas de Milo y las puso sobre la mesa—. Hay que pasar el tiempo, cómo dicen ustedes los jóvenes.
—Esa es la primera buena idea que escucho en todo el día —reconoció Afrodita, tomando el mazo para comenzar a revolver las cartas.
Con todos los sucesos aglomerados en tan poco tiempo, el resto de la tarde pasó lentamente para quienes se quedaron en las urnas. El Sol continuó avanzando en el cielo y cuando dieron las seis, todos soltaron un suspiro colectivo. Debido a las nuevas exigencias de Athena y la discusión sobre lo que ocurriría con los alborotadores, Shaka y Camus se habían quedado en el templo principal hasta que las votaciones cerraron; fue entonces cuando por fin pudieron bajar a Virgo, dónde sería el punto de encuentro, solos, debido a que Shura había insistido en estar presente al momento de hacer el conteo y ellos se habían negado rotundamente.
Cuando llegaron al templo, el Tribunal completo estaba presente, todos mirándose entre sí en completo silencio. Antes de comenzar, Camus le agradeció a los santos de oro pasados por su tarea tardía de vigilancia y les pidió que se retiraran.
—Shaka, me llevaré a tu antecesor a Las Vegas—anunció Afrodita apenas Shijima desapareció hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones privadas.
—¿Por qué?
Afrodita sólo cruzó los brazos y negó con la cabeza. No le diría a Shaka que Shijima había resultado ser hábil en los juegos de apuestas, su billetera todavía estaba algo resentida por esos doscientos once euros que le había ganado.
—Eso no es importante —intervino Camus, parándose frente a Shoko e Ikki—. ¿Qué ocurrió?
—La urna se convirtió en cenizas —murmuró Shoko, su cabello estaba hacia atrás y tenía algunas manchas de hollín en las mejillas. A su lado, Ikki, impecable, alzó los hombros.
Camus sólo negó con la cabeza.
—Marín, ¿dónde está nuestra urna? —preguntó Shaka cuando miró la mesa de la cocina y sólo encontró dos urnas.
—¿Por qué no le preguntas a tu dryade? —refunfuñó la pelirroja con los brazos cruzados. Sus nudillos estaban rojos y se le veían algunos moretones en los brazos que Shun estaba tratando con una pomada especial.
Al escucharla, todos miraron hacia la pequeña sala, donde Dysnomia se encontraba recostada en el sofá más grande y hojeando una revista sobre meditación, el número más nuevo para los buscadores de la iluminación.
—El antiguo santo de Géminis, Caín, la envió a otra dimensión con su técnica especial en medio del combate por ella —dijo Dysnomia, sin dejar de mirar la revista—. Fue una pelea muy entretenida, no me había divertido así desde las fiestas de Johnny Rotten y sus lindos amigos.
El grupo se mantuvo en silencio al escuchar esa revelación, pero pronto se recompusieron y se concentraron en lo que tenían.
—Bueno, todavía tenemos dos —dijo Shoko, optimista, mientras Camus agarraba la urna de Shun y Hyoga para abrirla.
—Sí… sí… —comentó Hyoga, mordiendo nerviosamente su labio inferior.
—¿Qué ocurrió con ustedes, Hyoga? —preguntó Camus al escuchar el tono vago de su alumno.
Mientras Shun explicaba con todo lujo de detalles su larga travesía, Camus terminó de abrir la urna y dejó que todo el contenido se vaciara sobre la mesa. Había cientos de papeletas dobladas y medio dobladas, incluso, enterrado entre los papeles, un sostén que tenía escrito el nombre de Mu en el lado derecho.
—Este dice Cassios —comentó Shaka, sosteniendo un humilde y pequeño papel.
Sin querer quedarse atrás, Cassios había escrito su nombre para tener algo de presencia en la competencia extraoficial por el santo más atractivo.
—Veamos… aquí hay uno… y otro… oh, y otro —Afrodita comenzó a buscar los papeles con su nombre, removiendo todos los de la mesa—... y, oh, no, este dice Aldebarán… uhg —murmuró haciendo el papel bolita y arrojándolo al suelo.
Viendo la montaña de papeles, Camus se talló el rostro y negó con la cabeza. No necesitaba mirar a Shaka a los ojos para saber que el rubio pensaba lo mismo, esa urna no les servía. Sin decir nada, ambos comenzaron a recolectar los papeles sin verlos y los regresaron a la urna, bajo las protestas de Afrodita que hasta ese momento había encontrado veintisiete papeles con su nombre, y un montón más con el nombre de Saga.
—Afrodita, ya que tanto estás hablando, ¿por qué no nos cuentas de tu día? —cuestionó Camus con una ceja levantada, mirando a su vecino.
—Fue productivo, terminé esa novela tuya de Albert Camus, tuve una charla muy interesante con Orfeo, le gané treinta y un euros a Gestalt y voy a irme a Las Vegas con Shijima a hacernos millonarios —tarareó.
—Sobre las elecciones, Afrodita —señaló Marín, extendiendo las manos para que Shun le curara los nudillos.
—Ah eso… —murmuró desanimado— Me fue bien.
Camus alzó una ceja al escucharlo, al levantar la urna notó que esta apenas pesaba. Después de abrirla y vaciar su contenido notó que sus sospechas eran ciertas, sólo había siete papeles sobre la mesa.
—¿Estos fueron todos los votos que pudimos salvar? —preguntó Hyoga, agarrando uno de los papeles—. Este está cancelado… creo que esta es la letra de Aldebarán.
—Supongo que la democracia no siempre tiene buenas cosechas —señaló Shun, tomando otro papel—. Aioros.
—Saga —leyó Shoko al sostener el suyo.
—Shion —continuó Marín, frunciendo el ceño, aunque nadie lo notara.
Cuando Ikki abrió la boleta más próxima a él, soltó una risa algo irónica. Sin decir nada le dió vuelta al papel y le reveló a los suyos que el nombre del candidato de Cáncer estaba tachado.
—Curioso.
"Pero con sentido", pensó Afrodita, recordando a quienes se habían acercado a su lugar: Saga, Aioros, Aldebarán, Deathmask, Shiryu y Shunrei, estos últimos poco antes de Orfeo.
—Este tiene mi nombre —murmuró Shaka, sosteniendo un boleta que anteriormente había estado doblada en una intrigada forma de lira. Detrás de la misma, Orfeo se había tomado la molestia de explicar que la única persona que le había preguntado cómo estaba y se mantenía en contacto con él a lo largo de ese año había sido Shaka, además de que le había dado su credencial oficial del Santuario y había oficializado su boda con Euridice (después de que Athena decretara que se aceptaban parejas en el Santuario). Le debía tanto que a la hora de elegir a alguien sólo había podido pensar en él, y tal vez en Shion, porque le había gustado su número musical durante su entrevista.
Afrodita anotó el nombre de Shaka debajo del de los candidatos oficiales y la leyenda de "Nulo". Después, junto con todos, miró a Camus, quien sostenía la última boleta cerrada.
Camus miró el papel doblado en cuatro con intensidad. La culminación de todo su trabajo estaba en él, doce meses, seis días, doce horas y veintiocho minutos se reducirán a una revuelta, la destrucción de una urna, la desaparición de otra, deseos femeninos puestos en otra y siete simples votos. Siete votos que definirían el futuro del santuario más importante de la Tierra.
El sudor comenzó a aparecer en las puntas de sus dedos y la de su nariz; sentía el peso del mundo sobre él. De repente el papel pesaba cientos de toneladas.
Idiotas. Todos en el Santuario eran unos idiotas. Incluido él, que por un segundo creyó que el pueblo finalmente tomaría conciencia y pensaría en el beneficio colectivo en lugar del propio, que tomaría las armas que ellos les habían dado para hacer lo correcto, lo sensato, manifestar que cuando se trataba de democracia, ellos tenían el poder para elegir el camino de la gloria o continuar estancados.
Sin ceremonia, Camus desdobló el papel y procedió a leerlo.
La suerte estaba echada.
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Eran las cuatro de la mañana. Una fría brisa hizo que Xiaoling se encogiera en su lugar y le diera un trago al café que sostenía, logrando que el calor del líquido la calentara superficialmente.
—¿Estás bien, Xiaoling? —preguntó Milo al verla temblar.
—Sí, hace algo de frío, pero no se compara con Acuario.
Milo asintió ante las sabías palabras de la chica. Una vez pasada el tema del frío, procedió a encargarse, junto con Tatsumi de que la cámara funcionara y el micrófono estuviera bien conectado. Hacía seis horas atrás el Tribunal completo había atravesado el templo para ir al principal; todos los miembros tenían expresiones serias y agotadas, muestra de un largo día de votaciones que se estaba extendiendo al día siguiente. Como el periodista principal del Santuario, apenas los había visto atravesar su templo, Milo había agarrado su teléfono para llamar a Xiaoling. Gracias a la fiesta del gran Patriarca se había perdido gran parte del día de las elecciones, incluida la revuelta, el incendio, otra pelea más y la presencia de Orfeo; no podía darse el lujo de también perder la exclusiva sobre el conteo y el ganador indiscutible de las elecciones. Por eso, así fuera de madrugada, él y el equipo televisivo acamparían afuera del templo principal, esperando la primicia.
Después de que Camus hiciera la gran revelación el equipo se había quedado en un extenso silencio de varios minutos que sólo se interrumpió cuando Dysnomia se acercó para saber qué los había impactado tanto. Posterior a eso el equipo había discutido, intentando llegar a un consenso sobre lo que debían hacer con ese resultado.
Al no encontrar respuestas, el grupo decidió subir los templos restantes y hablar con Athena, esperando a que la diosa de la sabiduría mostrara algo de sabiduría.
Así habían terminado en una discusión de varias horas. Para ese momento, mientras los periodistas acampaban, Shun y Hyoga ya se habían rendido al sueño, recostados a ambos lados de Marín, quien sólo miraba a Athena dar vueltas en la habitación.
La joven diosa le dio un leve masaje a sus cienes antes de volver a mirar al escritorio del Patriarca, donde reposaban los siete votos: uno para cada candidato, uno para Shaka y dos votos nulos.
Tres votos inútiles.
Un virtual empate.
—Esto no puede ser posible —repitió la joven, tal y como la primera vez que se enteró.
—Pues ocurrió —murmuró Ikki, sentado al lado de la ventana y viendo cómo debajo de la misma Milo intentaba hacer una fogata para calentarse.
—No, no puede ser posible —Saori se talló el rostro con ambas manos y miró a todos los prestines—. No puede haber tan pocos votos, incluso si las otras tres urnas no nos sirven. ¿Ustedes votaron?
Al escucharla, los tres santos de oro dejaron de mirar a distintas partes de la habitación y se tensaron. No, no lo habían hecho, y el resto del equipo tampoco, fue obvio cuando Shoko discretamente le dio la espalda a su diosa para no tener que mentirle en la cara.
—¿Nosotros? ¿Usted lo hizo, diosa Athena? —acusó de inmediato Afrodita. El único dispuesto a mentirle a Athena en la cara y disipar su culpa culpando a otros— ¿Gran Patriarca?
—No sabía que yo también tenía que votar.
Shura alzó los hombros y miró las boletas sobre el escritorio. Como desde la primera vez que se enteró, intentó resistir una sonrisa victoriosa; sólo siete votos habían sobrevivido al caos, y de alguna extraña forma todo había terminado en un empate. Aioros no iba a ser el Patriarca.
Por su parte, Saori mordió su labio inferior y desvió la mirada. Tampoco había votado, en realidad había olvidado que eso era ese día, sino hubiera sido por la explosión de Ikki probablemente ni enterada hubiera estado.
—¡Ya sé que hacer! —optó por decir, con una sonrisa— Repitamos el proceso.
—¡NO! —gritaron todos los presentes, incluido Shura.
—Saori, fue un proceso muy largo, y obligar a la gente a que lo viva otra vez sería como presionarlos para que inicien otra revuelta sin esperar a que sea el día de elecciones —comentó Shoko—. Como le dijimos, creímos que tal vez usted podría ayudarnos a… elegir un ganador.
—¿Quieren que yo elija al Patriarca?
—Fuera de que es su obligación al estar presente y en pleno uso de sus facultades mentales —intervino Camus—. Esto es una teocracia, después de todo, su palabra es la última.
—Pero yo no sé… —Saori rápidamente juntó sus manos y miró al santo de Virgo— Shaka, dime que hacer.
—No puedo ayudarla en eso, Athena —se negó el rubio.
—¿No creamos ninguna ley sobre el tema?
—No.
—¿No hay alguna cláusula en su libro de reglas?
—No creímos que terminaríamos así.
—¿Y qué tal si regresamos al Patriarca anterior a Shura? —sugirió Ikki— A menos que Shura quiera…
—No, no quiero.
Shura negó varias veces con la cabeza y pasó a también mirar a Shaka, al igual que todos los presentes.
—Teóricamente yo era Patriarca interino, Shura es el Patriarca interino del interino.
—¿Eso significa que el verdadero Patriarca es…? —dijo Shoko, deteniendo su pregunta cuando se percató sobre quién hablaban.
—Sí.
*-..-*-..-*-..-*-..-*-..*
Eran las seis de la mañana cuando las puertas del Templo Principal se abrieron y el equipo periodístico se abalanzó dentro del templo, lanzando preguntas, tomando fotos y video de todo lo que veían. Estaban emocionados, tanto que Xiaoling no se fijó que Shoko iba corriendo hacia donde estaban ellos hasta que chocaron.
La saintia de Caballo menor miró a su equipo con alivio y los apresuró a adentrarse al templo para preparar la cobertura especial del final de las elecciones. Saori estaba en su trono frente a su estatua, ensayando el discurso que se había preparado para esa ocasión especial, escrito esa madrugada.
—Saori, el equipo acaba de llegar —le avisó Mii acercándose, llevando consigo una taza de café.
Por respuesta, la joven diosa asintió y se levantó de su lugar. Desde dónde estaba podía ver parte del Santuario. Su santuario. Sabía que la mayoría de sus hombres la consideraban torpe por tomar una decisión tan precipitada como dejar que ellos eligieran al Patriarca, pero Saori había tenido contemplado casi desde el inicio que las cosa fracasarían; sus soldados no estaban preparados para una tarea tan pesada, pero era el inicio, y había logrado que sus hombres tomaran conciencia de su papel dentro del ejército. Además, nunca antes todas las ramas de su ejército habían trabajado codo a codo tan profundamente como hasta ese momento; santos de oro, de plata, bronce y saintias habían colaborado no sólo para organizar las elecciones, también para apoyar a su candidato y para mostrar su descontento.
El ejército se había unido, y eso fue suficiente para ella.
—Gracias, Mii —agradeció—. Vamos a saludar a los chicos antes de anunciar que Shion es el ganador.
—¿Estás segura de que lo correcto es decir que él ganó las elecciones en lugar de decir la verdad?
—¿Y arriesgarme a que alguien incendie por completo el Santuario? No, mejor que piensen que ellos lo eligieron y no que nosotros lo impusimos. Además, Dohko prometió una fiesta en Libra si ganaban.
Dicho eso, Saori le dio un sorbo a su café y caminó hacia dónde Xiaoling y Milo se habrían paso para poner sus cámaras.
Ese sería el inicio de una nueva era. Una nueva y larga era porque nadie se había molestado en decir cuánto duraría el período del nuevo Patriarca.
Fin.
Comentarios:
¡Gracias por leer!
Antes que nada, dos datos importantes:
*Aftonbladet. Es un periódico diario sueco en formato tabloide. fundado en 1830 por Lars Johan Hierta, cuenta aproximadamente con 1.400.000 lectores diarios, siendo el periódico más vendido del país y de los de mayor circulación en los países nórdicos.
*Johnny Rotten es el vocalista de Sex Pistols, banda punk británica del siglo pasado.
Oficialmente hemos llegado al final de esta larga historia. No tengo palabras para agradecerle a todos quienes me acompañaron en este extenso año, a quienes comentaron y quienes sin decir nada estuvieron presentes mes con mes; particularmente a Nyan-mx, Terpsicore de Geminis y Trisha Kaambl, por sus constantes mensajes (gracias :3). Estas últimas semanas fueron complicadas y llenas de cambios, pero me alegra poder haberle puesto el punto final a esta loca aventura que, espero, haya sido de su agrado.
He de confesar que ya llevaba un tiempo queriendo escribir un drama político sobre los tiempos de elecciones, algo más serio y en un universo alterno, pero el aniversario del año pasado por mis cien entradas me pareció una mejor oportunidad para ponerle algo de comedia, bajarle al drama, y adentrarme al mundo del fanfic por completo, escribiendo sobre el universo en el que nacieron estos personajes en lujar de sólo tomarlos prestados.
Quiero aprovechar también para comentar que espero poder escribir de nuevo sobre el Santuario muy pronto, ya tengo un par de ideas que definitivamente debo plasmar en papel y compartirlas con ustedes, si me permiten.
Todavía no nos despedimos por completo, falta el epílogo ;)
