Finnick observó con dolor cómo ella se alejaba cada vez más de los tributos, pero todo el tiempo murmurando cosas sin sentido, no para quienes miraban la escena. Escuchó su nombre más de una vez, entremedio de todas las palabras que Annie soltaba. La vio meterse en un hueco, en una pequeña abertura de una montaña, seguramente la misma en que días atrás habían estado ocultos los dos tributos del distrito 4, con sus manos y todo su cuerpo sufriendo continuos estremecimientos, hasta que se sentó en el suelo y abrazó sus piernas, sin hacer nada más que eso en varios días, a excepción de cuando debía comer.
Desde ese momento, Odair se percató de que ella no estaba bien, pero mucho más tarde que los demás. Para cuando aceptó el hecho de que Annie había perdido la razón, ya todos la daban por muerta, ¿cómo podría seguir luchando en ese estado? Sin embargo, Finnick seguía confiado en que las cosas irían a su favor, al menos eso deseaba con todo su corazón. Le lastimaba mucho el verla mal, el notar que ella no estaba realmente ahí, sino en un lugar escondido de su mente. Suponía que los acontecimientos eran demasiado crueles para una mente tan ingenua y débil como la que esa chica poseía.
Se levantó de la silla aquella mañana dispuesto a buscar un café y a conseguir más patrocinadores, además de averiguar si ese tipo de heridas, las mentales, eran sanadas por el Capitolio. Sabía que Mags estaría vigilando, pero no alcanzó a llegar a la puerta para cuando su corazón le obligó a volver. Todos esos días había estado pensando en que harían algo para juntar a los muchos tributos dispersos, algo grande debía ser, puesto que estaban muy alejados los unos de los otros.
Entonces las cámaras que estaban ocultas en un árbol, sufrieron un estremecimiento. Un sonido gutural salió de la tierra y pronto todo empezó a moverse. Finnick y los demás mentores supieron que era un temblor, mas no pudieron prever que sería, literalmente, un cataclismo, sino hasta que los árboles empezaron a desplomarse, los animales a esconderse y la tierra a abrirse. Se escuchaban los gritos de terror de los tributos que iban quedando, mientras que el primer gong acompañó a los truenos que reventaban bajo la corteza terrestre, por poco pasando desapercibido.
—Un terremoto —susurró Mags mirando a Finnick—. ¿Crees que…?
—¡La represa se ha roto! —exclamaron los comentaristas de televisión—. ¡La represa se ha roto!
La avalancha de agua empezó a recorrer todos los caminos, creando nuevas rutas y arrastrando con ella cientos de vidas de animales que no alcanzaron a refugiarse. El gong empezó a sonar varias veces y la cueva de Annie, quien se tapaba los oídos con sus pequeñas manos, no tardó mucho tiempo más en verse afectada y anegada por completo. El cuerpo de aquella joven se perdió entre el oleaje, logrando que el corazón de Finnick empezara a latir con desesperación al no poder visualizar a la chica que amaba cuando los cañonazos seguían sonando. ¿Cómo podría él saber que Annie no había muerto?
—Annie… —dijo el de cabello broncíneo con dolor—. Annie no…
—¡Ahí!
La voz de Mags llamó su atención y siguió su arrugado dedo hasta poder ver los brazos de una persona, para luego descubrir aquel rostro que tanto quería ver. Annie luchaba contra el oleaje, desesperada intentaba no hundirse en las fieras aguas que la rodeaban. Braceaba con fuerza, repitiendo una y otra vez el nombre de su mentor, dándose ánimos a sí misma para nadar y no cansarse tan rápido. Si se cansaba, cedería y moriría ahí, pero quería y anhelaba volver a ver a ese hombre que tanto le protegía, que le había enseñado a nadar. Era el momento de demostrarle que sí había aprendido, al menos esos pensamientos eran lo único coherente que su mente dictaba.
Finnick apretaba sus puños, resistía la inútil sensación de lanzarse en contra la pantalla, quería ayudarla y sacarla de allí, protegerla en sus brazos. Sólo él podía obligarla a nadar, como cuando la molestaba y la ahogada para asustarla, pero esa vez era diferente, quedaban pocos tributos con vida. Solamente dos más seguían en la lucha por sobrevivir, un tributo del 2 y otro del 5, nadie más. Annie llevaba ventaja, había pasado la mayoría de su vida nadando junto a Finnick en el grandioso mar que rodeaba el distrito en que vivía, no podía perder en lo que había practicado tanto.
No necesitaba fuerza bruta, no requería armas, sólo la resistencia y el valor de continuar a pesar del cansancio y el dolor que le provocaba el continuo braceo que hacía. Escuchó otro gong, pero su mente seguía manteniéndose en el recuerdo de su mentor, aquel que de seguro sentía rabia de no poder ayudarla. Empezó a sentir agotamiento, ya respiraba de forma irregular y supo que no podía seguir mucho más, no sabía exactamente cuántos metros o kilómetros había recorrido bajo aquella gigante ola, esquivando todos los escombros que llevaba consigo, pero ya no podía más.
—¡Vamos, Annie! —gritó Finnick a la pantalla, caminando en evidentes círculos. Vio que se estaba rindiendo—. ¡No jodas! ¡Estamos a punto!... ¡Annie!
—Ella no te escucha —murmuró un hombre con poca paciencia—. El otro que queda es mi último tributo, él ganará….
Salió disparado al menos un metro hacia atrás, tropezando estrepitosamente con una silla y cayendo sin poder evitarlo al suelo, todo debido al golpe con que Finnick le hizo guardar silencio. Inmediatamente los agentes de la paz los apartaron, sujetando a ambos por los brazos con tal firmeza que no pudieron más que dejarse llevar cada uno a un sitio diferente. Sin duda quedaron con ganas de pelear, de golpearse hasta que uno cayera noqueado o algo por el estilo, ambos estaban enojados y nerviosos.
Finnick fue llevado hasta una habitación que igualmente tenía una televisión, seguía respirando fuertemente, enojado por el momento en que aquel hombre había hecho un comentario semejante. Miró a Annie, la cual, incluso en su demencia, estaba intentando salir con vida de aquel lugar, esforzándose al máximo. Ella no era tan buena como Finnick al nadar, pero aún así podía superar al otro tributo. Se distrajo unos segundos al ver que se abría la puerta, momento en que sonó el cañonazo final, por lo que asustado buscó a su tributo…
Estaba bien, viva.
—¡Y tenemos ganadora! —exclamaron los comentaristas en cuanto aparecieron dos aerodeslizadores a buscar a los últimos tributos que en la arena estaban—. ¡Annie Cresta se corona como vencedora de los 70° Juegos del hambre! ¡Annie Cresta!
—Es increíble…
Finnick en ese momento soltó un grito de júbilo mientras sentía el abrazo de quien había ingresado, Mags, la cual parecía igual de contenta que él. Se abrazaron emocionados por el logro de Annie, mientras que se preguntaba cuánto tiempo más demorarían en llegar a ese lugar para poder verla, abrazarla y protegerla de la cantidad de admiradores que querrían tocarla en cuanto estuviera lista para volver a ser televisada, el día de la ceremonia de premiación. Supuso que, por la forma en que estaba, tardarían varios días; ella no estaba bien.
No la pudo ver en los días siguientes, por lo que debía pedir favores a las sanadoras que lo devoraban con la mirada para saber cómo estaba, aunque sólo conseguía escuetas respuestas para tranquilizarlo. Deambulaba en las cercanías del hospital, esperando el verla aunque sea desde la lejanía, con creciente miedo. No habían demorado tanto con él para entregarle la corona de vencedor, sólo dos días. En cambio, Annie llevaba ya una semana sin hacer aparición, que era lo máximo que, según sabía, se podía esperar para la ceremonia.
Entonces la vio caminando en unos pasillos con paso vacilante, cubierta por una bata de dormir, buscando algo con la mirada.
—¡Annie!
La muchacha alzó la vista justo en el instante en que Finnick había llegado a su lado, abrazándola con tanta dicha que la levantó completamente del suelo y giró con ella. No notó en ese momento que ella parecía ida, no vio nada que saliera de lo común porque no la miraba a los ojos, solamente la abrazaba y le decía al oído lo feliz que estaba de verla con vida. Entonces por fin tomó su rostro, queriendo hacer lo que había pensado desde que supo que volvería a tenerla en frente. Quiso besarla y saciar la necesidad de decirle que la amaba, mas no fue posible; fue cuando notó que seguía mal.
—¿Pequeña?
Ella no respondió al momento, estaba absorta en los ojos verdes de Finnick, hasta que alzó sus manos y con ellas acarició ambas mejillas del joven, sonriendo levemente al sentirlo una vez más. No parecía consciente de que él le hablaba, estaba concentrada en rozar su piel con sus manos, en percibir aquella sensación que por poco olvidaba. Se sentía en las nubes, en un lugar que no era la realidad. Simplemente lo abrazó y de él no se separó en un buen momento, no hasta que le indicaron que debía irse a la entrevista final.
Finnick quedó pensativo mientras observaba la monótona entrevista, la coronación y todo el escándalo que se formaba alrededor de Annie. Veía que no estaba tranquila, que muchas veces parecía espantada ante toda la atención, frente a los gritos y vítores de la gente. Se tapaba sus orejas y cerraba los ojos. Definitivamente, ella no se sentía cómoda estando en un lugar así. No sabía cómo ayudarla, incluso parecía no querer salir del cuarto del tren cuando viajaban de un distrito a otro; optó por darle lo que podía.
Aquella noche ingresó en la habitación de la joven con paso lento, sintiendo un dolor en el pecho al verla llorando abrazada a su almohada. Tragó saliva, intentó no hacer ruido alguno y entonces se tendió a su lado, atrayendo su pequeño cuerpo hasta él. Pareció asustarse, pero al percatarse de quien era, se giró y le correspondió. Ambos parecían no querer apartarse el uno del otro, ambos se aprisionaban con fuerza. Era duro para los dos, pues ambos habían pasado por un dolor similar, así que Finnick, en parte, la comprendía.
—Estaré a tu lado hasta que decidas volver del lugar en que estás —susurró el de ojos verdes, besándole la coronilla con cariño.
Luego simplemente la presionó con más fuerza hacia su cuerpo, sintiendo algo en su estómago; serían las mariposas, como decía la gente. Sonrió de forma leve y cerró los ojos, dejándose llevar por el sueño que lo invadió al sentirse tan cómodo en ese sitio.
Continuará...
Se viene el último capítulo u.ú xD será el próximo jueves, así que atentos. Ya está escrito, así que será sin falta. ¡Saludos!
