El ES-11D identificó rápidamente los blancos hostiles y la información fué compartida entre todas las aeronaves del escuadrón de ataque. Hikaru observó la composición del grupo enemigo y su cabeza comenzó a trabajar rápidamente en una solución de ataque.
Tal y como decía el informe de inteligencia, había dos grandes naves similares en forma y tamaño a las Clase Quiltra Queleual, aunque a diferencias de las naves de desembarco, estas contaban con estructuras adicionales a ambos lados del fuselaje, probablemente relacionadas con su tarea específica. Las dos enormes naves de más de tres kilómetros de largo se encontraban en medio de la formación protegidas por una docena de otras naves de batalla, una mezcla de naves de tamaño mediano no mayores a los destructores Zentran y Meltran, remanentes de la otrora invencible flota de Gol Boddole Zer
Los VF-1 del Escuadrón ESV-789 montaban suficientes cabezas de Reacción como para borrar aquellas naves de la faz de la galaxia con un solo ataque sorpresa, desafortunadamente la misión fracasaría si hacían eso y Hikaru estaba allí precisamente para garantizar que la operación se desarrollara sin fallo alguna… pero también debía garantizar la seguridad de todos sus hombres… y la de Minmay.
—¿Esas son las naves en donde se fabrican los Zentradi? —preguntó la joven mirando por encima del hombro del piloto.
—Afirmativo. —respondió mecánicamente el Capitán Ichijyo.
—Entonces… hay niños a bordo de esas naves. —observó Minmay.
El comentario hizo que Hikaru perdiera la concentración y se volviera hacia su copiloto. —¿Niños? Pero… ¿No se supone que los Zentradi son creados ya como adultos? —preguntó confundido.
—Creo… creo que si. —respondió no demasiado segura la cantante. —¿No es algo horrible eso? Ser creado con el solo propósito de luchar y que tu infancia e inocencia sean sistemáticamente borradas… que destino nefasto.
—Supongo que ellos no lo saben y por eso no se quejan. —observó Hikaru.
—Y sin embargo reaccionaron a nuestra cultura, a nuestra música… algo dentro de ellos les hizo saber que había algo mejor, que les habían quitado algo.
—Supongo que es algo inherente a todos los seres vivos. —respondió el piloto. —No importa en que lugar de la galaxia hayas nacido; la cultura y la necesidad de compartirla con otros surge igual, sean cual sean las cadenas con las que intentaron apresarte.
Por la radio principal se escuchó el mensaje de confirmación del resto de las alas del escuadrón.
—Estamos listos, Capitán. —confirmó uno de los sargentos.
—Entendido, comenzaremos la operación de inmediato. Recuerden el entrenamiento y mantengan los ojos abiertos; hay cosas que no sabemos de estos tipos.
Las comunicaciones volvieron a cerrarse y Hikaru se volvió hacia Minmay. —¿Estás lista?
—Si. —respondió la joven respirando hondo.
Hikaru accionó los controles y el VT-1 se separó del grupo, elevándose por sobre el plano en el que se aproximaba la formación enemiga. Tras aumentar la separación en varios kilómetros, detuvo la aeronave en el mismo camino de las naves que se aproximaban y apagó por completo los motores de su nave.
—Desplegando transmisores. —dijo activando la secuencia automática.
Dos enormes antenas de radar se desplegaron desde los pilonos de armamento fijados en cada una de las alas mientras las computadoras dedicadas realizaban los ajustes de potencia necesarios.
De inmediato la computadora comenzó a analizar las frecuencias que eran transmitidas desde las naves que se aproximaban. La inteligencia de la UNSpacy había descifrado todos los protocolos de encriptación de los remanentes de la flota de Gol Boddole Zer y Britai, por lo que podían acceder a sus sistemas de comunicaciones con relativa facilidad. No habían pasado ni dos minutos cuando tenían ya un canal completamente abierto a las comunicaciones enemigas y podían escuchar y transmitir por ella en forma impune.
—El canal de audio está asegurado. —informó Hikaru. —Solo falta levantar el telón y encender las luces… ¡Ahora!
La señal se transmitió al resto de las aeronaves y cada una lanzó dos pequeños misiles desde unos lanzadores especiales en las alas. Los proyectiles giraron dejando una estela caprichosa en la negrura del espacio y tras separarse por todo el campo de batalla explotaron dejando tras si una esfera de luz, como una bengala cegadora con la potencia de un pequeño sol.
Aquello causó de inmediato la reacción de los recien llegados, quienes activaron sus radares de búsqueda y comenzaron a peinar toda la zona en busca de enemigos para repeler el ataque, pero ya antes que sus sensores devolvieran algo más que ruido, la canción de Minmay comenzó a sonar.
Ima anata no koe ga kikoeru
koko ni oide to
samishisa ni makesouna watashi ni
ima anata no sugata ga mieru
aruite kuru
me wo tojite matte iru watashi ni
Kinou made namida de kumotteta
Kokoro wa ima
Todas las voces enemigas que se habían escuchado por las comunicaciones intervenidas cesaron por completo. La flota Zentradi quedó paralizada y los cañones de artillería que habían comenzado a girar en su sitio en busca de blancos quedaron quietos y en silencio.
Oboete imasu ka me to me ga atta toki wo
oboete imasu ka te to te ga fureatta toki
sore wa hajimete no ai no tabidachi deshita
I love you so
—Está funcionando… ¡Está funcionando maldita sea! —exclamó Hikaru activando en enlace con la flota. —Aquí el ESV-789.. flota enemiga neutralizada, repito flota enemiga neutralizada.
—Recibido, Capitán. —Hikaru escuchó aliviado la voz de su señora esposa. —FOLD en proceso, llegaremos a su posición en unos minutos.
Varios gritos de júbilo provenientes de las otras aeronaves se escucharon por la transmisión de radio y Hikaru suspiró aliviado.
Ima anata no shisen kanjiru hanaretetemo
karada-juu ga atatakaku naru no
ima anata no ai shinjimasu
douzo watashi wo
tooku kara mimamotte kudasai
Minmay continuaba cantando mientras el resto del escuadrón tomaba sus posiciones formando un perimetro de seguridad alrededor de las naves silenciosas. Hikaru observó el monitor de datos y agradeció en silencio por el éxito de la misión.
—Capitán. —Uno de los Sargentos llamó por la radio y por el tono nervioso de su voz Hikaru supo que era importante
—¿Qué sucede? —preguntó.
—Hay… Hay una pequeña fuente de calor debajo de una de las naves en el centro de la formación. —dijo.
—¿Una fuente de calor?
—Ahora desapareció… pero estoy seguro que vi algo ahí.
—Voy a revisar.
Hikaru tomó los controles e hizo que su aeronave se zambullera en medio de la formación mientras la canción de Minmay seguía sonando por todo el campo de batalla.
Se acercó a la nave de babor y haciendo una maniobra de tonel invertido alineó su nave con el casco de la misma, pero no vio nada inusual. Se acercó a la otra nave y en ese momento una de las bengalas que flotaba cerca iluminó el enorme casco plagado de cicatrices de batalla y esquirlas de heridas recibidas en cientos de ciclos de operación.
—¿Pero qué rayos…? —exclamó al ver aquello.
Una armadura Meltran estaba de pie en el centro del casco y Hikaru rápidamente reconoció la figura de un Quimeliquola Queadluun-Rau… de un vibrante color rojo.
—Oh mierda. —exclamó deteniéndose en el sitio. —Esa es una maldita armadura de un As.
Hikaru era un excelente piloto, pero ni siquiera él se atrevería a entablar combate con una de esas cosas; era una verdadera sentencia de muerte… a menos que fueras un piloto de la talla de Max… o de su fallecido Sempai, Roy Focker.
—Tenemos que salir de aquí antes que… —comenzó a balbucear
De pronto sintió un escalofrío en la espalda. Desde hacía rato que había dejado de escuchar la voz de Minmay.
—¿Minmay? ¿Por qué has dejado de cantar? ¿Sucede…?
Por el espejo de la cabina vió la cabeza de su copiloto y a través del cristal del casco pudo ver el rostro pálido de la joven; su piel estaba blanca como la leche y varias gotas de sudor se habían formado sobre el cristal
—¿Minmay? ¿Estás bien? ¡Minmay, responde!
La joven pareció reaccionar momentáneamente a la voz del piloto y levantó con esfuerzo la cabeza.
—Hi-Hi-ka… —comenzó a decir en medio de temblores pero de pronto un coágulo de roja sangre salió de su boca y se estrelló contra el cristal del casco.
—¡MINMAY! —gritó Hikaru.
Todo se volvió caos a su alrededor en cuanto los Zentradi reaccionaron y las armas automáticas se bloquearon sobre los cazas del ESV-789.
Y el Queadluun-Rau rojo despertó.
