Fecha: 29 de Agosto del 2283
Lugar: Desconocido…
Antes del Asalto del Qliphoth.
Hora Zero…
"Recuerden… el fracaso, no es opción… regresen con las manos vacías y les esperará un destino peor que la muerte." Una voz Profundahablaba entre las sombras del abismo, ante una enorme horda de seres nacidos en la oscuridad, cuyo único propósito era llevar el miedo y la desesperación en los corazones de los humanos.
"Regresen con las manos llenas de sangre y serán recibidos como Héroes…" Allí frente a él se encontraban sus espectros más leales, los más fuertes y poderosos de su legión, aquellos que compartían la sed de sangre y la bestialidad del propio Espectro del Wyvern… Mismas que despedazaban todo a su paso, mismas que le otorgarían un final sangriento a todos aquellos que osaran detenerlos en su camino de violencia y destrucción.
―Sí, señor Aatriox. ―Su legión respondía en un coro de voces profundas y carrasposas, de sonrisas siniestras y colmillos afilados, representando a las criaturas mitológicas más aterradoras que la humanidad jamás había conocido.
Allí entre sus legiones se encontraban sus Espectros de rango alto… y entre ellos aquellos del rango medio se encontraban los que buscarían ganarse el favor del Juez del Wyvern.
Fecha: 31 de Julio del 2283
Hora: 5:55 P.M.
Lugar: Recclaimer20.
―Parece que las negociaciones no salieron como esperaba. ― Comentó una voz en el interior de una nave desolada, abandonada, despojada de toda vida y mancillada con la sangre de quienes alguna vez la habitaron.
―¿Que hacemos Vol? ―Interrogó a su compañero, quien sonrientemente apuntó directamente hacia el navío enemigo, sin duda querían probar de que eran capaces las armas de la nave que habían logrado usurpar.
―¿No dijiste que querías probar las armas? ―Preguntó como respuesta al espectro que se había hecho con el mando de la nave, observando atentamente hacia el horizonte, apreciando al enemigo frente a sus narices.
―Oh cierto, entonces… vamos a darles un pequeño regalo de bienvenida. ― Con eso una siniestra sonrisa se esbozó en sus labios, era el momento de derramar sangre, era el momento de dejar las palabras de lado y comenzar a atacar sin cuartel ni piedad al adversario.
Estaban aquí no para pactar la paz, estaban aquí para hacer la guerra y gracias a este cuerpo inmortal concebido por Hades, el miedo era prácticamente inexistente… aunque eso seguía siendo una mentira, pues el único miedo que existía en ellos, era el miedo al fracaso.
Pues lo que les esperaría si fallaban en la misión encomendada por el Juez Aatriox, sería peor que la muerte.
Mucho peor que cualquier castigo inimaginable concebido por mente humana alguna.
La razón por la que el inframundo era lo que era no se debía a razones arbitrarías, más que ser una prisión sin salida, más que ser el sitio donde las almas encontraban su segunda muerte, más allá de ser el castigo imperecedero de la humanidad.
La razón de existir del inframundo sencillamente era por qué la infinidad era eterna, porque el sufrimiento podía extenderse por siglos sin fin, por qué el universo estaba lleno de sufrimiento que se extendería por toda la infinitud.
Porqué aquello que yacía eternamente en un sueño eterno de total agonía no podía fallecer, incluso con el paso de los siglos que transcurrían y los que estaban por venir.
Incluso la muerte podía perecer…
Fecha: 5 de Agosto del 2283
Hora: 7:16 P.M.
El Cañón Electromagnético de la Enorme Nave de Acero había conseguido disparar, pese a sus esfuerzos por evadir el impacto, este logró dar justo en el casco de la nave, a un costado de la enorme instalación de acero que flotaba indefinidamente en la oscuridad del vacío espacial.
Consiguiendo atravesarla, como una aguja atravesando el papel.
Piezas de metal se desprendieron de la coraza del súper carguero, flotando a la deriva por el oscuro vacío del cosmos, perdiéndose entre los infinitos kilómetros de tinieblas que envolvían todo alrededor de la colosal nave.
Había sido un impacto directo, un descuido que resultaría ser fatal, pero… dentro el actual capitán sencillamente se descapotaba de la risa por los intentos de resistencia y contrataque que los tripulantes de la nave enemiga estaban haciendo después de haberlos golpeado con la misma fuerza.
Pese a que su nave fue la primera en recibir un impacto real en toda su cubierta exterior e interior.
― Ahhh nos golpearon de verdad… esos malditos bastardos no saben cuando rendirse. ―El Espectro del Vampiro recalcaba entre risa y risa, se estaba divirtiendo bastante con toda la sensación de emociones de riesgo que estaban experimentando, jamás imagino que comandar toda una nave con armas de destrucción masiva sería más entretenido que luchar con sus propios puños.
― Creo que viene siendo hora de que contrataquemos, ¡disparen los cañones de plasma! ―Exclamó el capitán de la nave, apuntando hacia el enemigo con intención de devolverle el favor a sus enemigos, lista para descargar todo el poder de su nave sobre el enorme titán de Acero.
―¿Están sordos o que? ¡Disparen los malditos cañones de plasma! ―Al no recibir respuesta de sus Ghouls o de las armas comenzó a fastidiarse, a menos que se hubieran liberado de su control, era imposible que no estuvieran acatando sus órdenes al pie de la letra como él lo indicaba.
―No creo que puedan hacerlo, el golpe nos dejó sin energía, deberemos esperar a que el escudo recargue para poder atacar de nuevo con los cañones pesados. ―El segundo espectro respondió observando el estado de energía de su navío, después de todo habían logrado hacer un boquete del tamaño de un edificio de 5 pisos, recuperar la energía perdida después de dicho impacto tomaría minutos sino que horas.
―Solo tenemos los sistemas defensivos, parece que ese disparo que hiciste los hizo enojar mucho. ―Las palabras del espectro del Vampiro ocasionaron que Albert suspirará agobiado, se estaba divirtiendo demasiado descargando rondas cinéticas y de plasma sobre su enemigo, que le cortarán la diversión de tajo lo había puesto de muy mal humor.
―¿Ahhh que más da? Es solo una nave, sin importar el tamaño podremos destruirla… o mejor aún tomarla por la fuerza como hicimos con esta. ―Respondió recargándose sobre el asiento del capitán, perdiendo momentáneamente el humor alegre y despreocupado con el que había comenzado el combate interestelar.
―Jeh, si tu lo dices Albert. ―Murmuró Volkolak jocosamente, aunque no tuvieran el poder de fuego de hacía unos minutos en verdad estaba pasando un buen momento.
―¿Que sucede Vol? ¿No te estás divirtiendo? ―Interrogó arrogantemente observando a su compañero, quien solo atinó reír levemente por la mención de su compañero.
―Oh no creas que no me divierto con todo lo que está sucediendo, es solo que desde que tomamos el control de esta nave te has proclamado como el único y autentico capitán de esta nave. ―Respondió sonriendo, dejando relucir sus pálidos colmillos, en realidad no le molestaba que estuviera al mando de la nave, pues su instrucción principal era ser el ejecutor de toda la tripulación dentro del Commonwealth para ser convertidos en Ghouls, un trabajo que había hecho espléndidamente.
―Cuando fui yo quien hizo casi todo el trabajo masacrando a toda la tripulación.
―¿Que sucede Vol, quieres amotinarte? Por que si esa es tu intención créeme que el único que saldrá afectado de toda esta situación serás tú. ―La Advertencia parecía amenaza, Albert en verdad estaba dispuesto a disputarse el mando de la Commonwealth, pero prefería no tener que hacerlo, ya que una pelea entre espectros solo resultaría en destruir aún más el interior de la nave.
―Oh No tranquilo, no pienso interponerme entre tú y tu liderato― Aseguró el espectro del Vampiro, en verdad no tenía razones para oponerse a su compañero, lo único que a él le gustaba era masacrar gente y beber su sangre.
―Simplemente me limitaré a ver y escuchar, yo cumplí con mi parte del plan, ahora es tu turno de cumplir la tuya. ―Justo como se lo imaginaba, esto era un asunto de poder, todos los espectros de cada legión buscaban ganarse el favor de los Jueces del inframundo, para escalar entre posiciones y así dominar el juego de poderes que existía entre las legiones del Rey Hades. Solo los elegidos estarían a su lado por toda la eternidad, gobernando el universo con puño de hierro.
―Si fracasas en proteger esta nave será tu responsabilidad y no la mía. ―Las palabras de Volkolak poseían un significado aún más poderoso revelando sus verdaderas intenciones.
Todo se trataba de ganar, ganarse un favor, ganarse un estatus, ganarse el reconocimiento de los dioses, ganar esta guerra contra la humanidad, ganar había pasado de ser un objetivo a ser la prioridad.
Solo los que cumplieran con sus órdenes al pie de la letra sin fracasar, serían aquellos que ascenderían en los puestos dentro del inframundo, convirtiéndose en los nuevos dioses del nuevo reino de Hades.
―Uhhh hiriente, ¿de verdad crees que fracasaré Volkolak? ―Preguntó recargando su rostro sobre su mano, apreciando las expresiones faciales del espectro del Vampiro, quien solo posó su mirada sobre el radar, captando con la mirada una figura que avanzaba rápida y discretamente hacia ellos.
―Eso está por verse, mira allí…―Apuntó a la pantalla de datos, donde el artefacto de la nave detectaba la presencia de un objeto pequeño que viajaba velozmente a ellos, con la suficiente precisión y versatilidad como para ser un simple pedazo de escombro que volaba hacia ellos.
―¿Huh? ―Murmuró apreciando la señal que captaban las antenas de movimiento, aquel punto blanco en pantalla no tenía un movimiento torpe y descontrolado, más bien era firme cambiando el curso cada cierto tiempo.
―¿Una señal de movimiento? ―Preguntó observando como el mismo comenzaba a adentrarse en el rango de alcance, lo suficiente como para estar cerca de sus bahías de manteamiento.
―¿Y se dirige justamente hacia acá, que vas a hacer Albert? ―Cuestionó nuevamente el Espectro del Vampiro con una sonrisa arrogante, observando con atención a su compañero, quien sencillamente chaqueó la lengua, aunque sus cañones principales se encontrarán desactivados, aún tenían las armas defensivas.
―Hummm… parece que unos invitados inesperados llegaron para arruinarnos la diversión. ―Apenas estuvieron lo suficientemente cerca del Comonwealth las armas comenzaron a apuntar hacia los intrusos, con intención letal de destruirlos antes de que pudieran acercarse más.
―Creo que es menester darles una cálida bienvenida. ―Cuando los sensores de proximidad comenzaron a detectar la amenaza, las armas fijaron la nave invasora como objetivo, listo para hacerla un ataúd flotante más en este espacio muerto.
―Mátenlos…―No tardó mucho para que su orden se concretará, causando que todas las armas cercanas a la nave intrusa comenzarán a lanzar cargas de plasma una tras otra.
Acribillando a la pequeña nave de transporte con pesadas cargas de plasma que fácilmente podrían aplastarla sin misericordia, aunque la propia nave comenzó a maniobrar agresivamente, evadiendo los disparos de Plasma con la felicidad que le otorgaba su tamaño, los motores y por supuesto las habilidades del piloto.
Que convertían este ataque sin cuartel en un baile evasivo, donde cualquier paso en falso resultaría en una muerte rápida y sumamente desafortunada.
La nave maniobró entre los pesados disparos de plasma por lo que parecieron ser horas dentro del vehículo de transporte, hasta que finalmente la nave desapareció en las entrañas de la nave anteriormente conocida como el Commonwealth.
Perdiéndose dentro de la oscuridad de la Bestia.
―¿Los destruyeron, están muertos? ―Interrogaba el usurpador, observando a los radares, tanto del exterior como del interior de la nave esperando a que la señal de vida hubiese sido extinguida por completo…
Hasta que se toparon con una señal de movimiento inusual dentro de los pasillos del súper carguero, y al buscar lo que producía dicha señal, se toparon con la sorpresa de que dentro de su nave, se encontraban los intrusos que habían logrado adentrarse a la titánica nave.
Recorriendo los pasillos tratando de hacer el menor ruido posible.
algo que no pasó por alto de parte del Espectro del Vampiro y menos aún el fantasma de Upyr, quien se veía decepcionado y molesto por que esos intrusos siguieran con vida.
―Lograron entrar.― Murmuró Volkolak en un tono burlón, al parecer el liderato de Albert no era tan infalible como él lo creía, causando que el capitán de la nave mirará con odio a su compañero..
―¿Oh, en verdad? No tenía idea Sherlock. ―Respondió el espectro observando con disgusto la pantalla, donde podía ver el avance de los infiltrados a través de su nave, enfocándose en ellos, podía percibir su presencia en su nave, más allá de que fueran intrusos podía sentir un poderoso cosmos emanado de ellos.
―Kgh… bueno ya sabes lo que dicen, si quieres algo bien hecho tienes que hacerlo tú mismo. ―Si su intuición era correcta no solo estaban siendo asediados por intrusos, estaban siendo atacados por caballeros de Athena.
―Espera, deja que deambulen por la nave. ―Pidió Volkolak deteniendo a su compañero de seguir adelante.
―Oh y después yo soy el que fracasa defendiendo la nave. ― Añadió casi hilarantemente al espectro del Vampiro quien sencillamente negó con la cabeza.
―Je je jeh, no espero que lo entiendas, alguien que no posee una mirada de cazador jamás podría comprender las tácticas de uno. ― Al decir eso su mirada se puso sobre las cámaras de seguridad de la nave, apreciando cada uno de los movimientos que efectuaban los caballeros de bronce infiltrados en la nave.
―Si quieres comprender a tu presa, tienes que observarla, analizar sus movimientos, sus acciones, debes observarlos fijamente durante horas, comprender sus motivaciones. ―Aclaraba, mostrando un evidente interés en sus nuevos objetivos para asesinar.
―Para así cuando sea el momento de golpear, seas preciso y letal.
―Hummm… creo que entiendo a lo que te refieres Volkolak. ―Comentaba Albert con un cierto rastro de interés en su voz, aunque no era tan aficionado como lo era su compañero para cazar, tenía sus reservas en cuanto a elegir objetivos, pero cuando lo hacía él no se detenía hasta que el otro se encontrará en el suelo bañado en su propia sangre.
―Muy bien, dejaré que te diviertas, pero si perdemos esta Nave y el Qliphoth por tu culpa, tu serás a quien castiguen, no a mí.
―De cualquier forma, no estoy dispuesto a perder contra ti. ―Reveló el Soldado de la oscuridad, sediento de sangre, aunque fueran caballeros iba a aplastarlos con sus propias manos, dándose un festin con su sangre.
―Sí quiero ganarme el favor del señor Aatriox debo demostrar que soy mejor que todos en la legión, incluyéndote a ti. ―Las palabras hacían enfurecer al capitán de la profanada Commonwealth, pero también lo hacían sentirse tan vivo y eufórico.
Lo suficiente para hacer que un hombre se volviera loco.
―Oh ahora solo estás alardeando. ―Mencionó tono burlesco pero a la vez retador, buscando que le mostrará lo que un rango como el suyo podía hacer por su cuenta, si en verdad podía entregar un espectáculo digno estaba más que dispuesto verlo con sus propios ojos.
―Muy bien señor cazador, demuéstrame de lo que eres capaz. ―Con eso dicho, Volkolak sonrió, nuevamente, mostrando sus enormes colmillos, lo suficiente para hacer pedazos la carne y los huesos de sus enemigos.
―Oh no te preocupes, tu siéntate y disfruta del espectáculo. ―Sus palabras se recubrían por una poderosa sensación de peligro que iba en aumento, él no era de los que se retratarán o retrocedieran una vez tomaban una decisión.
―Voy a demostrarte a ti y a nuestro señor como es que caza un Lobo. ―Sus palabras causaron que su compañero reconociera el terror que le infundía así como una enorme fascinación y alegría por verlo en acción.
―Ahhh, eres un tentador hijo de puta. ―Alrbert se levantó eufórico, observando cara a cara a su compañero, aún si esta batalla estuviera perdida, quería ser espectador de la masacre que estaba a punto de hacer.
―Entonces ve Volkolak, ve y muéstrame como es que caza una verdadera bestia. ―Ordenó anhelando ser el espectador de la sublime masacre que él llevaría a cabo.
―Ohhh, créeme. ―Él colocó sus manos sobre las puertas de acero que dirigían al pasillo por donde habían llegado, lugar donde se encontraba una legión de Ghouls, hambientos y listos para seguir al Espectro del Vampiro hacia la matanza.
―¡Eso haré! ―Amenazó saliendo del puente de mando, azotando las puertas gracias al sistema automatico que aún se encontraba disponible.
El Espectro De Upyr observó cómo su compañero se marchaba, hasta finalmente perderlo de vista, aunque estaba entusiasmado por la idea de ver como despedazaban a los intrusos vivos, algo le llamaba la atención o más bien le incomodaba… era un sentimiento que no podría explicar a ciencia cierta.
Pero que podía reconocer que era algo que no cuadraba, algo incluso desesperanzador para él, algo que no entendía pero que sabía que le costaría ala vida a él como a todos los que se encontraban en este sector en especifico… pero apenas podía comprender que era.
―Hummm… aún así, toda esta situación es… preocupante, que un montón de infiltrados hayan logrado alcanzar el S.S. Hades significa que están planeando algo…―Comenzó a decir analizando toda la situación frente a él, algo estaba terriblemente mal y no comprendía que era o que provocaba este sentimiento de inseguridad en su ser.
―Ghouls asegúrense de que la nave recupere el 100% de su poder y de paso manténganme al tanto del avance de los infiltrados en la nave…―Añadió buscando con la mirada asquello que lo incomodaba, buscando tanto en el puente de mando recubierto de sangre, como en la distancia, observando detenidamente a la nave enemiga que aún se encontraba oculta tras el planeta.
―Huh, esto es extraño… es como sí… algo más se me estuviera olvidando, pero no sé que…―Pensó observando detenidamente la enorme esfera verde a lado de su nave, sin duda era un mundo bello.
El cual se volvería aún más hermoso cuando estuviese recubierto de sombras oscuras, tan poderosas y demenciales que serían capces de doblegar el espíritu del hombre más fuerte.
Pero había algo allí, algo que no debía estar, la sombra del Qliphoth inconfundible se viera a la distancia donde se viera había mermado, hasta el punto de desaparecer completamente… algo estaba ocurriendo allí abajo y sin importar como o cuando hubiera sucedido.
El porqué era aún más importante, pues si el Qliphoth caía, aunque lograrán ganar la batalla estelar, sus cabezas rodarían por el suelo, al haber fracasado en proteger el objetivo más importante en este mundo.
―¿Eh? ¿Que sucede allí abajo? ―Se preguntó apenas logrado despegar la vista de la enorme ventanilla, sus ojos no lo engañaban, la barrera que defendía el Qliphoth se había desvanecido completamente.
―¿Porqué… la sobra del Qliphoth se Está Desvaneciendo? ―Ahora comprendía cual había sido el detonante para sentirse tan preocupado y consternado a la vez, el árbol estaba en peligro y de perderlo, ninguna fuerza en el universo sería capaz de protegerlo de lo que le harían los dioses si se enterarán de su caída.
―Esta batalla ya ha durado suficiente, creo que es hora de traer la artillería pesada…―Añadió devolviendo su mirada hacia la Titán de acero, era más que ovbio que esa nave no les permitiría hacer nada mientras aún estuvieran en su presencia, por lo que la única opción que tenían a la mano era acabar con ella de una buena vez.
―Ahhh… bueno ya sabes lo que dicen, si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo…―Se dijo retomando el control de la nave, haciendo fluír su propio cosmos a travez de la nave, comenzando a tomar el control de todo gracias a su cosmos de oscuridad, impregnando toda la nave con el poder de las tinieblas esta vez cambiando la dirección de los motores y retro propulsores.
Iba a hacer pedazos esa nave, costará lo que costará, ofreciéndole al señor Aatriox no solo este mundo, sino otra de las naves más poderosas del universo, con la cual asegurarían la victoria de los espectros y del señor Hades para siempre.
Mientras que por su lado Volkolak se acercaba hacia los caballeros de Bronce que se habían infiltrado a su nave.
Logrando localizarlos, gracias a sus sentidos amplificados, podía ver sus venas, sus arterias,,, pero sobre todo sus corazones y el como estos comenzaban a latír cada vez más rápido, se estaban poniendo nerviosos, podía sentirlo en el aire, podía apreciarlo en sus almas, sin importar la razón por la que estaban aquí podía sentir como sus voluntades se doblegaban ante la oscuridad, como el miedo se acumulaba.
Guiando a sus poseídos por todos los caminos disponibles de la nave hacia ellos, podía sentir su miedo a travez de los pasillos, sus inseguridades, la forma en la que trataban de tranquilizarse mutuamente, el pavor que les ocasionaba observar la muerte a su alrededor.
El Terror era un arma poderosa para dominar los corazones de los guerreros más fuertes, para hacerlos, dudar, palidecer y caer, eran las sensaciones que más disfrutaban, las que más le gustaba causar.
Esas sensaciones eran las que más disfrutaba, como la confianza se iba perdiendo a cada paso que daban, como el miedo se intensificaba, como perdían la compostura, al igual que perdían la seguridad, causarles terror los desconcentraría, intimidarlos haría que perdieran los estribos, desorientarlos harían que se separáran.
Todas estas técnicas eran necesarias, para asegurar una buena cacería y por ende… otorgarles las muertes que ellos se merecían.
Disfrutaba de la muerte y más aún otorgárselas a los demás, este era su trabajo favorito y era bueno en lo que hacía.
La tortura Psicológica era parte de dicho trabajo y era el momento de comenzar a causar terror en sus envalentonados corazones.
Envíando a una enorme horda a por ellos, obligándolos a forzar su entrada violentamente para ponerlos aún más nerviosos, haciendo sentir su propia presencia levemente por los pasillos, provocando que su paso lento pero firme se convirtiera en una amenaza latente y certera.
Podía sentir sus cosmos al pelear, su fuerza resplandecer, pero nadie podía prevalecer ante el rostro de la muerte, con cada paso sus ansias crecían, la sed de Sangre Pululaba y el animal dentro de él se hacía más y más fuerte.
Con cada paso dado, con cada metro de proximidad su presencia se volvía cada vez más fuerte y agresiva, lo suficiente como para ocasionar que los corazones de los guerreros se vieran aún más afectados, aunque al estar frente a la puerta pudo percibir una presencia familiar… algo que había visto y sentido tantas veces en el inframundo, la presencia de un usuario que empuñaba el cosmos de la oscuridad…
Pero aunque ese fuese el caso, sin importar que o quien fuera, destruiría a todo aquél que se interpusiera en su camino.
El terror era el arma más poderosa, la más persistente y la que más rápido podía romper a un ejercito, el miedo era el arma más poderosa de todos, el arma más efectiva, para un enemigo tan persistente como lo eran los caballeros de Athena.
Finalmente frente a la Sala del reactor, él sonrió ya comprendía que habían venido a hacer, no era una retoma de poder… era una destrucción total de la nave comprometida, ellos no lo harían… No frente su presencia.
―Pequeños cerditos, pequeños cerditos… salgan a jugar. ―Habló tomando las puertas con sus manos, forzando su entrada como lo había hecho desde que entró a esta nave, abriéndolas de par en par, mostrando sus colmillos ante todos los presentes.
―Antes de que el gran Lobo Malo los Venga a Cazar.
Caballeros del Zodiaco: Guardianes del Universo.
Libro 2: El Reino de Hades.
Capítulo 25: La Gran Derrota.
Fecha: 5 de Agosto del 2283
Hora: 8:03 P.M.
Sin la barrera acercarse al árbol se había vuelto ya no una misión suicida, sino una prioridad.
Pada destruir el Qliphoth era necesario reagruparse y pensar un nuevo plan de acción, tenían a menos de la mitad de todos los escuadrones que habían descendido al planeta y aún así la misión persistía.
La poca luz del sol que aún se filtraba a través del horizonte y de los árboles permitía ver el árbol, el cual casi parecía tener luz propia, contrastando enormemente con la enorme sombra que lo envolvió anteriormente, pero una vez esa sombra se despejó Un Destello Cuasi divino envolvía sus alrededores, yendo desde las hojas hasta las ramas, pasando por todo el tronco casi hasta llegar a sus pies, donde esperaban no tener que encontrarse con más raíces del mismo estilo con las que se habían topado anteriormente.
Estaban cansados de las raíces, destruirlas había sido todo excepto placentero… pero ahora que el árbol revelaba su forma real debían ponerle fin a este ser que se alimentaba de la vida, propagan do la muerte y miasma a donde quiera que su sombra se posará.
Pero ahora la pregunta era: ¿Como iban a destruirlo? Después de haber aniquilado las raíces solo quedaba el propio árbol, pero ellos comprendían que esas eran partes débiles del mismo y que por ende habían logrado destruirlas prácticamente sin mucho esfuerzo.
Pero ahora e desafío real se encontraba frente a ellos… Y poco o nada sabían de como iban a cortarlo, habían llegado muy lejos por supuesto pero… ahora el gran reto era hacer que esta cosa Cayese.
Sonaba sencillo destruirlo cuando lo único de lo que tenían que preocuparse de las raíces.
Pero ahora que se encontraban frente a frente… no estaban seguros de como destruyeran el Qliphoth.
Podrían intentar diferentes tácticas, diferentes formas de derribarlo fuera como fuera, pero la verdad sea dicha, ninguno de los presentes estaba seguros de que funcionaría si quiera, tratando con las fuerzas del inframundo y del propio Hades siempre eran complicado…
Descifrar el método de ejecución era extremadamente dificl, no podían simplemente evaluar la situación y hacer las cosas, siempre había algo que los frenaba o no les permitía avanzar, había pasado cuando se enfrentaron a los espectros por primera vez, había sucedido la primera vez que atacaron las raíces…
Y ahora con el verdadero árbol requerían analizar todas las variantes para poder si quiera intentar destuírlo, o minimamente hacerle un daño considerable para comenzar a tirarlo abajo, nada nunca era sencillo con los espectros y seguramente no lo sería con el Qliphoth.
Pero llegados a este punto, lo único que deseaban era terminar con esto de una buena vez para poder darse el lujo de descansar.
Al llegar al punto de reunión, tanto John, Danny Seinma y Mary ya se encontraban en el punto de encuentro, esperando a que sus compañeros del Dragón, Cisne y el caballo llegarán, de lo contrarío tendrían que ír a buscarlos.
Pero antes de que dicha idea cruzará por sus mentes ellos observaron a un mombtón de arbustos que se movían levemente, dejando entrever las armaduras de sus aliados, los cuales ya habían sido atendidos y vendados por el caballero de Equuleus, quien los ayudaba a caminar.
Se veían mal pero… seguían vivos y tal vez eso era lo que importaba más
―¿Muchachos, están bien? ―Preguntó Seinma acercándose junto con los demás a sus compañeros, quienes observaban preocupados las heridas que les habían provocado los poseídos.
―A penas… Kiva nos salvó…―Respondió Benjamín siendo respaldado por Shinryū para mantenerse de pie, sus piernas se encontraban bien, pero su costado como cadera se encontraban lastimados después de que varias manos como dedos hubieran atravesado y desgarrado su carne así como su piel en un solo instante… por suerte no habían logrado arrancarle ni un solo pedazo o el dolor que sentía ahora lo habría dejado prácticamente inmóvil.
―Sabía que vendrías Ki…―Comentó el caballero de Pegaso, posando su mano sobre el hombro del caballo menor, quien sencillamente atinó a sonreír con orgullo y confianza al santo del Pegaso, quien había apostado todo a que él vendría a ayudarlos.
―Bueno… no podía faltar a mí palabra…―Respondió el Jovencito sonriendo apenadamente, mientras que tanto Benjamín como Shinryū eran asistidos por sus amigos, ayudandolos a mantenerse de pie, con dos guerreros heridos las cosas podían ír un poco más lento pero, confiaban plenamente en sus amigos y en que pronto lograrían recuperarse para volver a la batalla.
―Además… Necesitaba compensar por mi, falta de valor allí atrás. ―Añadió Kiva desviando su mirada al suelo avergonzado… en verdad odiaba ser débil, más cuando sus amigos necesitaban de él.
―Pues lo hiciste Kiva, en verdad lo hiciste, el maestro Shiki debe estar orgulloso de ti…―Aseguró Seinma reconociendo tanto su valor mostrado como su fuerza en batalla, aunque Kiva no tuviera una alta estima sobre sí mismo, él sí que la tenía, de la misma forma que poseía una fuerte confianza sobre él y lo que podría llegar a lograr junto a sus amigos.
―Eso espero…―Murmuró el caballero del Caballo Menor asintiendo levemente, sin dudas las palabras de Seinma le llegaban al corazón, nadie más allá de su maestro había tenido tanta fé en él antes y se aseguraría de que cumpliría dichas expectativas, sin importar lo que el futuro le deparará.
―¡Shush…!―John silenció a todos, captando un sonido extraño cercano a su posición, un ruido peculiar que se iba haciendo más fuerte mientras más se acercaba.
―¿Que es eso? ―Preguntó John siendo incapaz de distinguir que clase de vehículo causaba dicho sonido, se le hacía familiar aunque… no estaba completamente seguro de donde lo había escuchado con anterioridad.
―Suena como algo pesado como una máquina. ―Murmuró Shinryū mirando hacia todas direcciones.
No fue hasta que un enorme cañón salió de entre los arbustos, apuntando directamente hacia ellos directamente, por un momento se paralizaron pero al siguiente todos ya se encontraban en posición de Ataque, listos para evadir el fuego del arma antes de que si siquiera disparará… No fue hasta que la escotilla del enorme vehículo blindado se abrió que un hombre salió de dentro.
Alguien que reconocieron al instante pues jamás podrían olvidar su rostro, era el inconfundible Sargento Martín, y con él podían notar la presencia de los Soldados de acero, como de los soldados republicanos.
―Hola muchachos. ―Habló ante todos los presentes, mostrando su característica sonrisa, cosa que los tranquilizó al instante.
―¡Sargento Martín! ―Seinma exclamó sorprendido y alegre de ver nuevamente al comandante de la misión, se sentían como años desde que lo había visto por última vez, pese a que habían pasado 5 días desde que lo vieron y un par de horas desde que hablaron con él.
―Nos alegra verlo con vida. ―Las palabras del joven hicieron que todos alrededor compartieran la alegría del muchacho, aunque era un sentimiento que poco a poco se iba desvaneciendo al recordar todas las bajas que se habían sufrido en esos días.
―El sentimiento es Mutuo muchacho. ―Afirmó el Sargento haciendo que sus soldados movieran el cañón del Tanque, lejos de los jóvenes guerreros, quienes agradecieron que su guía siguiera vivo y en una sola pieza.
―¿Donde están los demás? ―La pregunta de Danny ocasionó que todos guardarán un largo e incomodo silencio, era innecesario decir lo que había ocurrido con la mayoría de los soldados que habían sobrevivido al descenso, cuyas voces habían quedado atrapadas entre las tinieblas para toda la eternidad.
―Esto es todo lo que queda de nosotros….―Al decir eso, los Santos de Athena se miraron entre sí, observando en silencio los restos de todo el pelotón, tanto de la compañía Delta y Zeta, sabían que muchos iban a morir hoy pero… jamás creyeron que el coste sería tan alto.
―Pero no se preocupen, en mis tiempos teníamos que enfrentarnos a cosas peores, solo teníamos palos para y una piedra para defendernos, y siempre teníamos que compartirnos la piedra entre todos. ―Añadió el Sargento tratando de levantarle la moral a los muchachos, quienes alzaron sus miradas hacia él curiosos por lo que les decía.
―No teníamos máquinas refinadas y pesadas como estas para luchar, la mayor parte del tiempo teníamos que hacerlo con nuestros propios métodos, incluso si teníamos que utilizar nuestros propios puños.
―¿Es… en serio? ―Preguntó John incrédulo por lo que él les relataba, aunque fuese verdad, no creía que en verdad hubieran logrado ganar una batalla o peor aún, una guerra con tan poco o nada de su lado.
―Siempre hablo en serio hijo, cuando diga una broma será espontánea y sumamente divertido. ―Martín Sabía que siendo simples humanos no podían hacer cosas tan increíbles y fantásticas como los caballeros, pero por qué seguían siendo humanos debían ser ellos los responsables de ocasionar un milagro pese a la falta de recursos o alternativas para lograrlo.
―Pero este no es el caso, si antes pudimos lograr tanto con tan poco, ahora es cuando debemos demostrar que aunque seamos pocos, podremos ganar si lo hacemos juntos. ―Sus palabras llenas de determinación reforzaban el espíritu combativo, tanto de sus hombres, como de los envíados del santuario quienes asentían ante su liderato, después de todo, la esperanza era el lema del antiguo santuario.
―Vamos, suban, debemos dirigirnos al Qliphoth a prisa.
―Eh… ¿sí sabe que podemos ír caminando? ―Preguntó Benjamín recalcando lo ovbio, ellos habían hecho un recorrido de horas en sencillos minutos, gracias a su sobrehumana habilidad física, tanto en batalla como en exploración de campo.
―Cláro que lo sé, ustedes acabaron con la mayoría de las raíces del Qliphoth. ―Tal vez la Peor Parte de todo era que Martín no se equivocaba, él era un hombre que podía identificar las fortalezas y debilidades de otros solo con verlos detenidamente.
―Pero por eso deben guardar energías de reserva para destruir el objetivo más importante, sí que no se hagan del rogar y suban que veo que algunos de ustedes se encuentran muy magullados. ―Dicho sea de paso, ni Benjamín o Shinryū poseían la fuerza para seguir caminando por cuenta propia, tenían que depender de sus amigos lo cual decía mucho del doloroso castigo recibido, por lo que tenían la obligación de obedecer, por mucho que eso hiriera sus orgullos de caballeros.
―¿Que hacemos? ―Preguntó Seinma al grupo, esperando a que pudieran entablar un acuerdo mutuo para decidir el siguiente movimiento para desplazarse a travez del bosque.
―Pues no se equivoca… pero no creo que esa cosa pueda moverse igual de rápido que nosotros. ―Respondió Rápidamente John observando el enorme vehículo, sí era pesado, fuerte y resistente, pero lo que le sobraba de peso le faltaba en velocidad pero… cargar con dos personas en este momento haría más lento un proceso que ya se tendría que haber finalizado.
―Aún así no todos nos encontramos en nuestra mejor forma…―Shinryū añadió remarcando sus heridas y las de su compañero del Cisne.
―Tendremos que arriesgarnos. ―Murmuró Danny, ella no negaba que se sentía un tanto agotada pero… no estaba segura de que ese Tanque pudiera llevarlos a todos lo más rápido hacia la base del Qliphoth…
―Vamos niños que no tenemos todo el día. ―Aseguró Martín, recalcando aún más la situación en la que se encontraban, el sol ya se estaba ocultando, sus últimos rayos se comenzaban a desvanecer en el horizonte, pronto estarían totalmente a oscuras lo que significaba que tenían que apresurarse o nunca llegarían al objetivo.
―Bueno peor sería quedarse varados en medio de la nada, vamos…―Dijo John dándole la orden a su equipo de seguir los lineamientos del Sargento, todo esto era para bien después de todo él y Arkhamira lo habían dicho, debían luchar juntos o caerían separados.
―Ahhh… sí supongo que tienes razón. ―Benjamín suspiró asintiendo, la idea no le parecía favorable pero no se encontraba en posición de quejarse, estaba herido, cansado y necesitaba sentarse, un pequeño paseo por le bosque en un vehículo pesado le ayudaría a recuperar sus energías por más mínimas que fueran.
―¡Yo voy adelante! ―Exclamó Danny alegremente, ella quería ver el funcionamiento de un tanque por dentro y no perdería la oportunidad de hacerlo.
Todos los Guardianes sin excepción comenzaron a subir al Python, con la esperanza de que pudieran llegar todos antes al árbol del inframundo, dudaban que un vehículo que aún se movía por orugas pudiera ír más rápido de lo que ellos lo hacían.
Pero debían guardar sus fuerzas para el espectáculo principal
―Muy bien, ¿ya están todos? ―Interrogó observando a los muchachos, quienes se habían distribuido a lo largo y ancho del tanque para mayor comodidad, Danny estando encima de la parte delantera, John cerca de la escotilla, Shinryū y Benjamín en las protecciones traseras, Mary Sentada cerca del cañón y Seinma justo a su lado.
―¡Sí Sargento! ―Exclamó el caballero de Pegaso, dando la indicación a los conductores y al propio comandante para dirigirse hacia su destino.
―Perfecto, ¡En marcha! ―Con la orden del Sargento, el Tanque comenzó a moverse junto con el Panther que lo había estado siguiendo muy de cerca, adentrándose aún más en el tenebroso Bosque, con la esperanza de llegar hasta el terrible causante de todas las desgracias en este planeta y en el universo en general.
Poco tiempo más tarde todos ya se encontraban en la Base del Qlipoth, pese a los contratiempos habían conseguido asentarse bajo la sombra del árbol y al observarlo directamente era aún más grande de lo que esperaban, reconocían que su altura casi alcanzaba a tocar las nubes.
Pero el terreno que sus raíces próximas tenían abarcaban al menos 100 Yardas. A lo largo y ancho de todo el terreno que abarcaba.
Además de que al tocarlo en verdad parecía madera real, viva… pese a su tono esclarecido, el curioso brillo que adoptaba pese a que la luz corría por ciertas zonas, como si se tratarán de venas y arterias que conducían la luz, además de que en la parte superior el brillo parecía intensificarse gracias a la reflexión que las Hojas otorgaban, estaban totalmente seguros de que este "Ser" Podría considerarse parte de la fauna natural del planeta…
De no ser por que literalmente estaba matando a todo lo que tocaba.
―¿Ya colocaron las cargas? ―Preguntó el Sargento Por Radio, esperando a que sus muchachos hubieran terminado de llenar toda la base con explosivos de alto impacto.
―¿Está seguro de que funcionará? ―Preguntó la médica de campo, insegura de que un montón de explosivos pudieran lograr hacerle algo de daño… aunque las raíces habían sido prácticamente fáciles de destruir estaba más que segura que acabar con el árbol sería mucho más complicado.
―¿Funcionó con las raíces no? Debe funcionar con esto. ―Dijo, teniendo como referencia el noble sacrificio del equipo Zeta, pero eso no les aseguraba nada contra el verdadero enemigo a destruir.
―No estoy seguro de eso Jefe, estaríamos gastando valiosas minas en algo que puede que no nos de una certeza de que funcione como lo planeó. ―Comentó el muchacho de la armadura de Pegaso, compartiendo la misma incertidumbre que su compañera, tenía fé en que tal vez lo conseguirían pero de no ser ese el caso estarían gastando recursos valiosos en una posibilidad poco viable.
―Ese es un riesgo que debemos afrontar, debemos probar todo lo que tengamos a la mano, así podremos asegurar nuestra victoria en futuros enfrentamientos con estas cosas. ―En cierta forma Martín decía la verdad pero en otra forma se equivocaba… Nada podía asegurarles que en efecto, esta fuera la mejor forma de actuar.
―Toda inteligencia que podamos recabar será necesaria, además de los fracasos se aprende. ― Aún así toda la información que pudieran recabar sobre los Qliphoth sería esencial para destruirlos en el futuro, debía agotar las opciones de una vez para que en el futuro supieran donde y cuando atacar.
―Sí… creo que ya hemos fracasado mucho… lo único que me gustaría sería, ganar por primera vez… solo una vez. ―Seinma comentó bajando la mirada al suelo, aunque había probado el dulce sabor de la victoria en varias ocasiones, quería sentir lo que significaba ganar una de las millones de batallas importantes para el futuro de la humanidad.
―Hijo, créeme que todos queremos eso. ―Murmuró Martín observando levemente a su lado, apreciando al joven caballero del corcel alado, quien poseía la misma mirada de desconcierto y duda que muchos de los soldados de su reducido pelotón.
―Si hacía unos años me hubieras dicho que nos enfrentaríamos a dioses de la mitología Griega yo te habría dicho que eras un loco de remate. ―Afirmó alzando sus ojos hacia el Qliphoth, apreciando que la realidad era aún más cruda y poco adulterada de lo que en algún momento pudo haber imaginado en su vida.
―Pero ahora… mis ojos apenas creen lo que ven. ―Esas palabras dejaban entrever que Martín sin duda era un hombre que solo creía en lo que veía y lo que veía en estos momentos era algo que difícilmente podía creer, pese a que pudiera observarlo con sus ojos y tocarlo con sus propias manos.
―Creo que todos de alguna forma nos sentimos así Sargento.― Respondió la médico de campo suspirando levemente, toda esta situación era lo suficientemente abrumadora como para mantener incomodos a cada uno de los presentes, incluyendo al Respetable Sargento.
―¡Están puestas! ―Exclamó John corriendo de regreso al Tanque, después de haber colocado los explosivos en los puntos clave del árbol, asegurando que por lo menos el radio de las explosiones coordinadas logrará hacer un considerable daño alrededor del árbol.
Aunque esa era la idea principal, la ejecución en sí sería aún más compleja de lo que podrían anticipar, lo único que podían hacer era cruzar los dedos y esperar a un resultado favorable, lo suficiente como para evitar más bajas en su escuadrón.
Una vez lo hicieron todos buscaron una cobertura en el Tanque, el cual retrocedió hasta una distancia lo suficientemente segura para evitar que el radio de la
―Sí, bien estableciendo enlace con las cargas. ―Habló tomando el detonador, pulsando el botón de encendido, haciendo que todas las bombas alrededor del Qliphoth comenzaron a brillar con un particular tono verde, que indicaba su activación remota
―Pónganse a cubierto, en 3, 2, 1…
―¡Fuego en el hoyo! ―Exclamó John, cubriéndose los oídos junto a sus compañeros herederos y soldados republicanos como de Acero.
Finalmente al pulsar el gatillo de ignición las bombas comenzaron a estallar una tras otra, provocando que el suelo comenzara a temblar violentamente, sintiendo incluso a través del metal el poderoso fuego que envolvía la base del Qliphoth, elevando una enorme nube oscura de polvo, que se alzó frente a ellos obstruyendo la vista del resultado.
―¿Funcionó? ―Preguntó uno de los Soldados de Acero, aturdido pero con la esperanza de que eso le hubiese hecho algo de daño a la criatura, pero poco a poco la nube de polvo comenzó a disiparse.
En efecto había hecho algo pero no lo que esperaban, las bombas habían dejado un enorme rastro de hollín oscuro alrededor del árbol, reafirmando lo que todos ya sabían desde el inicio, esto no iba a ser sencillo ni de lejos.
Lo cual era decepcionante y obligaba a todos a pensar en mejores opciones para destruir a la criatura.
―Bueno eso fue decepcionante. ―Murmuró Martín diciendo lo que todos pensaban, ahora sí debían comenzar a pensar en mejores alternativas, más factibles, pero al mismo tiempo más arriesgadas.
―Al menos sabemos que no podemos destruirlo desde el tronco…―Mencionó Benjamín, casi de manera irónica, muchos sabían que sería imposible pero por intentarlo habían logrado comprobar una teoría que aunque no fuese la mejor de todas, podía permitirles avanzar a otras opciones.
―¿Pero que tal por otra parte? ―Murmuró Martín buscando con la mirada algún punto débil en el árbol, parecido a las raíces que los herederos habían destruido anteriormente aunque, siendo sincero no tenía idea de cómo se veían.
―Opciones? ―Prácticamente estaba dependiendo de los caballeros de Athena para encontrar un punto débil en la estructura de la criatura, inseguro de que pudieran encontrar algo.
―No se me ocurre ninguna…―Murmuró el caballero del Dragón siendo incapaz de encontrar una debilidad en la estructura del Qliphoth, con las raíces había sido sencillo en cierta medida encontrar su debilidad… pero ahora que estaban frente al árbol no sabían como proceder desde este punto.
―Hummm… ¿huh? ―La Joven Saintia de Andrómeda Murmuró Fijando su atención sobre el brillo del árbol, pese a que el mismo parecía tener una luz Propia, el origen de la misma se encontraba casi en la cima, esto era aún más evidente con todas las hojas que brillaban a su alrededor, proyectando la luz que fraguaba el centro del árbol.
―¿Que observas Danny? ― Preguntó Seinma notando el evidente interés que había desarrollado su compañera en la cima del árbol, cuando se trataba de Danny cualquier cosa que tuviera que decir, incluso la más mínima era digna de ser escuchada.
―La luz que proviene del Qliphoth se concentra en una parte en específico…― Ella apuntó a decir, señalando hacia arriba donde el destello del árbol era aún más fuerte, resaltando la manera que la luz se reflejaba sobre las hojas, ocasionando un brillo multicolor sobre su vegetación casi cristalina.
―Es… cierto…―Murmuró el Caballero de Pegaso percatándose del resplandor que emitía lo que parecía ser la cima del Qliphoth, aunque en realidad era el punto divisorio donde sus ramas se alzaban.
―Esto solo es una teoría, pero tal vez sea verdad… ¿y si nos acercamos para ver que es puede que encontremos una forma de destruirlo? ―No era una mala idea en sí, pero tener que subir requeriría de mucho esfuerzo y paciencia, además de que… ninguno de ellos estaba seguro de que sería lo que encontrarían allá arriba una vez lograrán llegar hasta la cima.
―No hay forma de saber que nos deparará allá arriba, nada nos asegura que sea verdad. ―Aseguró Benjamín poco convencido de que allí arriba encontrarían la respuesta para cómo acabar con el Qliphoth, pero a falta de más ideas o indicaciones estaba dispuesto a descubrir que se encontraba allá arriba.
―No, pero ya llegamos hasta aquí y… escalar es nuestra única opción. ―Afirmó Danny, así como nada era sencillo con los espectros, reconocía que tal vez el reto no sería subir, sino encontrar aquello que proyectaba dicha luz y destruirlo, esa sería la dificultad impuesta ahora.
―Deberíamos intentarlo, de otra forma no sé… no se me ocurre otra forma de destruir el Qliphoth. ―Como a ella a los demás tampoco se les ocurría otra forma, podrían intentarlo aunque, la verdad sea dicha, estaban faltos de ideas claras para acabar con este ser hecho de luz y sombras.
―Bueno si algo me han enseñado los juegos de video es que si algo brilla en un enemigo debe ser su punto débil. ―Johnathan afirmó rememorando lo que había experimentado durante tantas aventuras interactivas, puede que fuera un fundamento pobre, pero era la mejor apuesta que tenían, además… ¿que más podían perder a parte de sus preciadas vidas?
―Bueno si no hay otra opción yo digo que lo hagamos. ―Respondió Seinma con Determinación.
―Es un hecho. ―Añadió Shinryū recuperando un poco sus ánimos y sus energías.
―Yo también iré, debo verlo con mis propios ojos. ―Danny pidió, esto era algo que ella necesitaba hacer, más que por sí misma por sus compañeros por las futuras misiones, si ella conseguía ver esa cosa con sus propios ojos, podría idear un plan para acabar con ella y así hacer que todas las misiones después de estas fuesen más sencillas en el futuro.
―Debes de, después de todo eres qa quien se le ocurrió el plan. ―El Caballero del Fénix asintió, dándole permiso a su prima de ír con ellos, necesitaban al cerebro de su equipo de su lado, si alguien podía encontrar la forma de destruir al Qliphoth sin duda alguna era ella.
―¿Que opina usted sargento? ―Interrogó Danny mirando hacia el comandante Martín, quien solo atinó a encogerse de hombros.
―Hummm… es un plan arriesgado, pero si lo logramos, tendremos la oportunidad de volver a casa. ―Con eso dicho él alzó la mirada hacia la luz que centelleaba desde la cima del Qliphoth, sin lugar a dudas sería una misión peligrosa, aún más de lo que ya era desde un inicio, pero con la victoria tan cerca de sus manos, era imposible no querer tomarla así fuera por la fuerza.
―Lo apruebo, lo único que les pediré es que tengan cuidado. ―Les pidió a los presentes, quienes serían la punta de esta majestuosa lanza que lograría perforar la luz corrupta con su propia luz de esperanza.
―Hecho. ―Seinma Asintió, parecería una locura tener que escalar todo el trayecto hasta la cima, pero si algo había aprendido de escalar árboles era que al inicio podía ser complicado, pero una vez se acostumbraba al ritmo, todo lo demás se volvía fácil.
Poco tiempo después, Danny, John, Seinma y Mary habían comenzado su largo trayecto hasta la cima del Qliphoth, apoyándose de las cadenas de Danny como sus habilidades naturales para escalar, tratando de apresurar el paso a travez del empinado cuerpo del árbol.
Gracias a la habilidad de extender las cadenas hasta el infinito, la escalada se había vuelto menos complicada.
La parte más compleja sin embargo, era tratar de subir con una bomba tan cerca de ellos, eso sin duda era algo que los incomodaba enormemente, pero la misión exigía que al menos llevarán una, en caso de ser necesario.
"Lleven una Mina CR-44 con ustedes a la cima del Qliphoth." Pedía el Sargento Martín, colocando la bomba sobre la espalda del caballero del Fénix.
"¿Que por qué?" Los cuatro caballeros observaron con curiosidad y poca confianza al artefacto que era acoplado sobre la armadura del caballero del ave eterna, no comprendían como los soldados republicanos podían llevar eso sobre sus espaldas o en sus mochilas sin sentir un escalofrío recorriendo sus cuerpos a cada instante.
"Digamos que es su seguro de vida, una vez lo planten lo haremos estallar desde abajo, eso les dará tiempo de escapar y regresar al suelo, una vez destruyamos el Qliphoth llamaremos a la caballería y nos largaremos de aquí." Dicho eso los caballeros miraron hacia la cima, el objetivo se encontraba allí, estático, sin moverse, lo cual les daría la ventaja que el Sargento había mencionado, podrían subir y descender sin entrar en conflicto contra nadie, solo debían entrar colocar el explosivo y bajar lo más rápido que pudieran antes de la explosión.
"Bueno si no hay otra forma de hacerlo." Respondió Seinma mirando a sus compañeros de bronce a su lado, si esta misión fuera fácil no sería un trabajo para ellos, pero si fuera fácil… tal vez habrían evitado tantas muertes innecesarias.
"La hay pero dependerá de que tan rápido puedan descender sin romperse en mil pedazos… y amenos que esas armaduras resistan impactos de 800 metros de altura creo que sus probabilidades son bajas." La segunda opción que se planteaba era un escenario que ninguno de los presentes buscaba imaginarse, descender desde más de 10,000 pies de altura había reafirmado que nadie quería volver a tener que hacer un aterrizaje forzoso de la forma que lo hicieron en aquel momento nuevamente.
"¡Entonces lo haremos! " Exclamó Seinma mirando a sus espaldas, observando al Sargento Martín con la misma determinación que todos sus compañeros poseían.
"Así se habla muchacho." Respondió Martín observando a sus muchachos, lleno de orgullo por cada uno de ellos, reconociéndolos como aquellos que lograría terminar esta misión con el mayor éxito posible, siendo ellos los que le otorgarían a la humanidad su primera gran victoria.
Los recuerdos de Seinma lo llevaron nuevamente a la realidad, cuando John resbaló hacia abajo, logrando recuperarse a tiempo, dejando caer pedazos de escombro hacia el vacío, al mirar hacia abajo su compañero ya se había recuperado, subiendo el tramo que había perdido por tal descuido.
―¿Cuanto creen que falta? ―Preguntó el caballero del Fénix respirando pesadamente, aunque parecía que ya estaban a la mitad, el final se veía aún muy lejos aún, necesitaban apresurarse pues el sol ya se estaba ocultando más allá del horizonte.
―No lo sé… pero por cualquier cosa no miren abajo. ―Respondió Seinma utilizando la habilidad que tanto había refinado desde que era un niño, escalar árboles… ¿Quién diría que una habilidad tan poco práctica habría llegado a ser tan útil en estos momentos?
―Uh… ya miré hacia abajo. ―Murmuró Danny temerosa, aferrándose con aún más fuerza a su cadena.
―Pues evita hacerlo de nuevo. ―John pidió tratando de tomar las mismas rutas que Seinma estaba tomando, no entendía como él lograba escalar con dicha facilidad, más que un Pegaso, parecía una ardilla humana, lo cual de cierto modo le impresionaba bastante-
―Aunque en realidad no sé si eso es igual… o mucho peor que llevar una bomba sobre la espalda…―Mencionó mirando levemente a su espalda, observando el explosivo que le habían colocado, aunque sin un detonador era muy improbable que el mismo volará en mil pedazos, el mismo lo seguía incomodando, siendo él quien portaba el elemento que fácilmente podría activarlo.
―Sí, yo también me sentiría incomodo llevando eso…―Mencionó Seinma sonriendo levemente, aunque comprendía a John debía apreciar la ironía, siendo él el capitán del equipo era su responsabilidad cargar con el peso de la victoria o de la derrota, simbolizado en la Mina CR-44 en su espalda.
―Tranquilo Sein, como dijo el Sargento Martín es solo cuestión de llevar esto hasta la cima una vez lo hagamos, llamaremos refuerzos y regresaremos a casa. ―Mary comentó observando ligeramente a su lado, alcanzando a ver a Seinma por el rabillo del ojo.
―Todo en un largo día de trabajo…―Añadió el caballero Fénix, suspirando cansadamente, aunque no habían peleado aún contra un espectro de rango alto o medio, todo lo que habían hecho durante esas horas de larga labor los estaba agotando física y mentalmente a todos.
―Aunque… me pregunto cómo les irá allá abajo. ―Murmuró desviando sus ojos suavemente hacia el suelo, esperando que tanto sus compañeros que se habían quedado como los soldados se mantuvieran bien hasta su regreso.
―Traten de no preocuparse, Ben, Shin y Ki están allí con ellos, sujétense fuerte, aún tenemos un largo camino por delante y…―Danny no pudo terminar su oración cuando una poderosa explosión los sacudió a todos, obligándolos a aferrarse a la madera petrificada del árbol del inframundo, para que una vez la ráfaga los pasará de largo todos observarán hacia abajo.
―¿Que fue eso? ―Preguntó Danny observando una enorme nube de humo negro a varios metros debajo de ellos, presagiando el peor de los escenarios…
Nadie sabía que ocurría, pero una vez empezaron a escuchar las armas sabían que la horda se había abalanzado sobre sus compañeros en tierra, volviendo aún más urgente la necesidad de plantar el explosivo para asistir a sus amigos en el suelo.
―Vamos sigan adelante no miren hacia atrás. ―Exclamó John obligando a sus compañeros de escalada de seguir hacia adelante, si se detenían en este momento lo que estaba pasando abajo sería un desperdicio, tanto de balas como de vidas valiosas que se podrían salvar de llegar rápido a la cima.
―Sobrevivan chicos, ¡sobrevivan! ―Exclamó con la esperanza de que el mensaje logrará llegar a todos los que se encontraban debajo, solo un poco más, debían seguir empujando con fuerza para evitar que otro amigo más sufrierá el mismo destino que muchos otros el día de hoy.
Momentos antes… En Tierra.
Las fuerzas restantes del Equipo Delta, Gamma y parte del Equipo Alfa se encontraban montando un pequeño refugio a las cercanías del Qliphoth, lo suficientemente cerca como para albergar a todos y ofrecer ayuda médica a los heridos por el asalto, la mayoría se encontraban bien pero otros necesitaban ayuda urgentemente, sobre todo aquellos que habían sido afectados directamente por los poseídos, Siendo un soldado de la brigada Gamma y ambos caballeros del Cisne y el Dragón, desde que el pequeño grupo de caballeros había ascendido el objetivo había dejado ser destruir el Qliphoth a intentar sobrevivir y resistir aquí mismo hasta que ellos regresaran.
Hasta entonces, solo debían esperar a una actualización de estado de los muchachos, a que descendieran y podían dar por finalizada la misión una vez plantarán el explosivo en la cima, sonaba sencillo, pero cuando se trataba del ejercito del Rey del Inframundo algo sencillo podía volverse tan complicado que necesitarían toda la ayuda que los dioses que estuvieran de su lado pudieran ofrecerles, una buena dosis de suerte y una pizca de ventaja, sin importar que tan pequeña o miserable fuera.
―¿Están seguros que se quedarán aquí abajo?―Preguntó el respetable Sargento Martín a los dos caballeros de bronce que habían optado por quedarse con él y los demás muchachos.
―Si, no podremos subir con nuestras heridas, seríamos un estorbo más que una ayuda. ―Benjamín respondió suspirando pesadamente, en verdad quería subir y ver lo que suponía era el corazón del Qliphoth, pero en su estado y en el de Shinryū ninguno de los dos lograría ser de utilidad, estaban prácticamente fuera de combate, por lo que debían asistir a los compañeros del suelo para evitar que murieran.
―Además necesitan toda la ayuda posible, si quieren regresar a casa vivos. ―No mentía pero decirlo así sonaba feo, más teniendo en cuenta todas las bajas que habían ocurrido antes, durante y tal vez después de la misión.
―No te equivocas, pero tampoco estamos tan desprotegidos, aún tenemos un Panther y El Phython tiene energía de sobra. ―Respondió el Sargento confiando en sus equipos militares pesados, puede que estuvieran cortos en munición y en armas, pero las opciones aún seguían en pie.
―¿Y municiones? ―Interrogó Shinryū rápidamente, ocasionando que al menos la mitad de los presentes arqueará una expresión de molestia, sin duda ese era un recurso valioso que se había terminado demasiado rápido.
―Eso es lo único que nos falta. ―Murmuró apartando su mirada, sabía que no lo decía por malicia pero… en verdad serviría tener más municiones a la mano, al menos un poco para compensar la falta de personal militar presente con ellos.
―Y allí tienes tu respuesta. ―Añadió Benjamín tan frío como siempre, si ese muchacho fuera uno de sus novatos lo reprendería duramente por echarles la sal, aún no estaban perdidos, mientras uno de ellos siguiera en combate, pelearían hasta que no hubiese nadie más de pie.
―Además el apoyo médico de Kiva resultará muy útil. ―Respondió el caballero del Dragón observando los vendajes que le había puesto el caballo menor, sin duda era una bendición tener a un curandero en el equipo, más en estos instantes.
―¿Eres médico de Campo? ―Preguntó la segunda doctora de combate, observando al muchacho a unos metros lejos de ella, en verdad le costaba comprender como alguien tan joven tuviera tantos conocimientos en medicina y arreglar heridas leves o graves.
―Mi maestro es doctor y me ha enseñado un par de cosas… así que podría decirse que sí. ―Respondió el joven caballo menor observando a la segunda médica en turno, mientras vendaba el brazo del soldado que había sido herido anteriormente.
―Bien, por que tenemos un par de heridos que necesitan ser atendidos. ―Al decir eso señaló a sus otros compañeros, quienes no presentaban heridas tan graves como su compañero cuyo brazo había sido casi completamente devorado, pero también sufrían males físicos que degradarían su situación fisica en el siguiente encuentro inminente contra poseídos.
―Oh, ¡en camino! ―Exclamó corriendo a ayudar, siempre que alguien necesitará ayuda, Kiva estaría allí para ofrecerle su mano amiga.
―Me recuerda mucho a la Cadete Hayley. ―Comentó el Sargento Martín tomando un puro de uno de los bolsillos de su gabardina militar, para acto seguido encenderlo con su mechero y tomar una profunda calada, dejando salir todo el humo acumulado en sus pulmones.
―Oh cierto la chica muda…―Murmuró Benjamín rememorando a la cadete, aunque habían pasado poco tiempo juntos relativamente hablando era una persona de la que no podría olvidarse fácilmente, aún más, por su singular condición.
―Les pediré un favor y es que cuando regresen a la nave… sean más gentiles con ella. ―El Sarngento Martín Apuntó a decir, observando levemente tanto al cisne como al Dragón, comprendía que la confianza era un voto sagrado que debía ganarse.
―Puede que no la conozcan bien aún, pero ella ha visto cosas horribles…―Pero el respeto era un derecho de todos y para todos, tal vez ella aún siendo una cadete era la persona a quien más respetaba siendo que no pertenecía a ningún rango militar alto aún.
―Como ustedes lo único que quiere es ayudar… así que… trátenla como una más de su equipo, ¿bien? ―Todos habían visto cosas horribles, cosas indescriptibles… pero… tal vez ella era la única que había visto tanto horror, tanta desesperación y tanto sufrimiento y pese a ello seguía sonriendo con gentileza como si la dulce llama de la juventud jamás se hubiese extinguido.
―Entendido Sargento…―Asintió Benjamín, aunque no era el mejor entablando lazos con otros… en verdad quería intentarlo, la vida le había dado nuevamente una segunda oportunidad para enmendar muchos errores… y no quería desperdiciarla nunca más.
Las cosas comenzaron a tomar un tono más agradable, tal vez incluso más tranquilo del infierno que habían tenido que soportar horas atrás, tal vez… demasiado tranquilo, no habían visto poseídos durante un tiempo y tal vez, solo tal vez los habían exterminado a todos finalmente…
O eso creyeron cuando una sombra comenzó a caminar hacia ellos, cargando consigo una Mina CR-44 entre sus manos y un detonador en la otra.
―Esperen… ¿ese es Kyle, el capítan Kyle? ―Preguntó uno de los soldados de Acero observando como este comenzaba acercarse lentamente, levantando su rifle de asalto en dicha dirección.
―Oh mierda…―Martín al dirigir sus ojos hacia él lo reconoció al instante, era él, nen verdad era él, en cualquier otra situación él estaría feliz de verlo de pie caminando hacia ellos, hasta que al mirar hacia sus ojos estos estaban cubiertos por una esencia oscura en toda la esclerótica, con sus ojos brillando en un rojo intenso.
―¡Cúbranse todos! ―Exclamó corriendo detrás el Python para evitar lo que sabía que estaba a punto de ocurrir.
Sin previo aviso él presionó el Detonador haciendo estallar el dispositivo, provocando que todos los que se encontraban cerca fueran golpeados por la onda expansiva, incluyendo a los vehículos de ruedas y orugas presentes.
Dejando a todos confundidos, aturdidos y sumamente desorientados, eso había sido terriblemente asfixiante para todos, pero esto no era sino el preludio para peores cosas por suceder.
―¿Están todos bien? ―Preguntó el caballero de Dragón levantándose pesadamente del suelo, tratando de recuperar todos sus sentidos rápidamente, aunque el que más le costaba era el sentido del oído… sintiendo un molesto silbido en sus oídos.
―Define Bien…―Murmuró Benjamín tambaleándose en el suelo al tratar de reincorporarse en sus pies, este día no podría ponerse peor… excepto de que pronto iba a ponerse mucho peor.
La mayoría se levantaba del suelo pesadamente, pero todos los demás aún se encontraban confundidos por lo acontecido.
Aquella explosión había llegado tan de la nada y había sido tan fuerte que los vehículos donde habían logrado ocultarse habían sufrido serios daños.
Sobre todo el Tanque quien fue el más afectado por el impacto de la explosión.
―Multiples contactos, ¡atentos! ―Exclamó Willem, observando en su radar millones de puntos rojos acercándose a su posición a toda velocidad, estaban completamente rodeados otra vez y esta vez tal vez no tendrían ninguna vía de escape disponible.
―Nosotros los cubriremos, ustedes manténganse a cubierto. ―Shinryū exclamó recuperándose casi por completo, junto a Benjamín y Kiva, quienes iban a ser la primera línea de defensa contra los poseídos, pese al casación y el entorpecimiento causados por la bomba, debían cumplir con su deber como caballeros de Athena.
Los soldados republicanos por su lado trataban de reagruparse, haciendo que tanto el Panther como el Python se movierán, pero todos los circuitos del acorazado habían sido completamente incinerados por la explosión, haciendo más que imposible que tanto el vehiculo, como su cañón principal pudieran moverse nuevamente.
―Carajo el Python está frito… ¡los controles ya no sirven! ―Exclamó uno de los soldados de acero retirándose de la cábina, por suerte sus escudos de energía lo habían logrado cubrir de la explosión a su alrededor, pero ahora debía salír de esta tumba de hierro antes de que se convirtiera en la suya.
―¿Y el Panther, cómo está? ―Preguntó Martín esperando que al menos uno de los dos vehículos de combate aún siguiera en línea.
―Este gato resiste, pero ya no le queda mucha energía o balas…―Respondió la soldado de Acero Petra respondió checando los controles de manejo de su vehículo, notando leves fallas en los paneles de control, pero todo lo demás aún funcionaba.
―Me lleva la… vamos a tener que apañárnosla aquí entonces, ¡prepárense para pelar! ―Exclamó Martín tomando de su espalda el Cañón de Plasma, cargándolo de energía listo para soltarla una vez más sobre sus enemigos.
―¡Este será nuestro último frente! ―Dicho eso todos los guerreros a su disposición se colocaron en posición de tiro, listos para dar una última resistencia contra el ejercito del rey del Inframundo.
―¿Listo parta un segundo Round Kiva? ―Preguntó Shinryu colocándose su casco de combate.
―Sí…―Respondió el jovencito sintiendo como la máscara de combate se acoplaba sobre su rostro.
―Muy bien… ― Benjamín murmuró, preparándose para lanzarse al combate, listo para dar todo de sí en esta batalla, si este iba a ser el último punto que defenderían lo harían, nunca más iban a ser puestos en duda de sus capacidades de combate nuevamente.
―¡Vamos allá! ―Exclamó encendiendo su cosmos al igual que todos sus compañeros caballeros al unísono.
―¡Dragón NACIENTE! ―Una exclamación tan poderosa que se proyectó a lo largo y ancho del campo de batalla, convocando una ráfaga poderosa de agua que golpeó fuertemente a todos aquellos que se le acercaban a gran velocidad, con la furia y violencia de un río latente.
La última batalla por la victoria de la humanidad había comenzado… era el momento de demostrar que tan fuerte era un puñado de hombres y mujeres ante el horrible rostro de la violencia, el caós y la muerte.
Ellos contra todo el poder del inframundo, una batalla para sobrevivir, una última resistencia contra el destino, una última batalla para definir quienes ganarían y quienes perderían en esta larga y sangruenta guerra alrededor del universo.
Los Elegidos de Athena o los Poseídos por Hades…
La batalla por el Qliphoth ya había dado inicio.
Entonces… En las Fronteras interestelares de Recclaimer…
El aire se había vuelto aún más denso, el ambiente se volvió pesado y el ruido que provocaban los poseídos más aterrador, tal vez porque aquél hombre de casi dos metros había atravesado la puerta de acero sin ningún problema.
No eran capaces de discernir que era lo que más los aterraba de su presencia, su porte amenazante, sus ojos de color carmesí que brillaban con una luz antinatural, porque su sapuri fuese imponente e intimidante o sencillamente porque solo su presencia era suficiente para imponer terror en los corazones jóvenes de los seis guerreros de Athena presentes en la cámara del Reactor.
Por un momento pareció que la horda había dejado de ser la mayor amenaza dentro de la Nave, ahora ese hombre, ese… no podían denominarlo como una persona, la forma más acertada a la que podían relacionar su presencia era a la de un monstruo, una criatura salida de los fosos más oscuros y aberrantes del inframundo, donde ningún alma humana podía escapar siendo consciente de su propia identidad, reducida a una de las bestias más violentas y salvajes de todas.
Reducidas a uno solo instinto: Matar.
Ese ser que parecía ser cubierto por tinieblas se presentaba mostrando sus afilados colmillos ante todos.
Analizando con la mirada lo que se encontraba frente a él.
Podía sentirlo… el miedo, la desesperación, la confusión, la ira… todo, podía saborearlo el dulce aroma del miedo apoderándose de su nariz, el excitante sabor del sudor nervioso que se apoderaba de sus rostros y espaldas.
Pero sobre todo podía ver sus corazones a través de sus armaduras y pieles, todos bombeando sangre rápidamente con la adrenalina subiendo por minuto.
Eso era lo que más le gustaba de la cacería, cuando el lenguaje corporal delataba los peores temores de los hombres y las mujeres, era un deleite para la vista como los sentidos, lo hacía estremecer con una ansiedad casi adictiva, ansiando más y más.
Solo una gota de sangre era suficiente para adentrarlo en un trance asesino y otorgarle el estremecimiento casi placentero de la agonía infringida en otros.
Un deleite casi imposible de resistirse.
Solo quería encajarle sus colmillos al cuello de uno de esos niños, para sentir nuevamente vivo y completo.
El único sentimiento que le permitía encender su fría sangre la única forma en la que volvía a sentirse vivo de nuevo, era mediante una sangrienta cacería.
―¿Quien es este hombre? No sé porqué pero… su presencia hace que todas mis alertas de peligro se disparen…― Kobu se decía observando detenidamente al espectro del Vampiro, su presencia imponente e intimidante era suficiente como para hacer que un miedo justificado comenzará a intensificarse sobre los corazones de los 6 caballeros de Athena en el reactor.
―Este hombre… tiene el olor de la muerte impregnado en él.― Al observarlo detenidamente pudo percatarse de una espesa aura de sangre que lo cubría, un sentimiento muy diferente al que estaba acostumbrado al luchar contra otros caballeros, tanto de plata como de bronce.
―Ahhh miren que presas tan maravillosas. ―Hablaba el espectro adentrándose en la cámara del núcleo de la nave, cuando él apareció por alguna razón todos los poseídos se detuvieron, hasta ellos parecían tener miedo del espectro que había entrado al combate… lo cual aumentaba aún más su nivel de peligrosidad.
―Caballeros del Santuario, Bronce y uno de Plata… preferiría que fuera un caballero de Oro, pero ustedes serán un buen aperitivo. ―Cuando dijo eso un escalofrío en general comenzó a recorrer las espaldas de todos los presentes, casi parecía que el espectro estaba jugueteando con ellos, alimentándose del temor creciente de cada uno de los guerreros de bronce y plata.
―Que es esta presencia? ―Preguntó Darrel observando con detenimiento al hombre de enormes colmillos afilados, no era solo su cosmos, todo en él parecía estar manchado de sangre, hasta su armadura, aunque estuvierá limpia, además esta sed de sangre que inundaba toda la habitación no podía ser normal.
―Los poseídos se detuvieron cuando él entró… además, ¿que es esa aura tan espesa que lo cubre? ―No era mentira que cuando puso un pie, el ambiente se volvió demasiado pesado para soportarlo, era el inconfundible olor del icor, combinado con un poderoso anhelo de causar dolor y muerte a todos a su alrededor.
―Parece que estuviera cubierto de sangre…
―Muy bien pequeños cerditos, díganme, ¿quien de ustedes será el primero en morir? ―Preguntó abriendo sus brazos de par en par,, mostrándose arrogante y altanero aunque carismático, ese hombre, mejor dicho ese ser transmitía el escabroso aroma a perdición del que tanto se hablaba últimamente alrededor del universo… La esencia del inframundo, la misma que los Qliphoth impregnaban en todo el suelo que pisaban.
―Veamos, ¿serás tú guerrero de Plata? ¿O quizá tu niñita? Tal vez será el noble guerrero que se encuentra defendiendo a esa sucia superviviente. ―Apuntaba a decir señalando a cada uno de los presentes quienes sentían una inmensa sensación de pavor al estar cerca de él, el miedo más antiguo y primitivo despés del terror a lo desconocido, el miedo a la muerte
―Tantas opciones, tanta formas de masacrar y tan poco tiempo. ―Incluso su forma de hablar era escabrosa, con ese acento tan marcado entre la r y la e, ese tono tan elegante entre sílabas y el como su lengua se deslizaba entre las palabras, en realidad no parecía ser humano por más que su imagen dijera lo contrario.
―Esto es cosa seria, deberíamos pensar en un plan de acción antes de que todo se comience a ír a la mierda. ―Albiuón murmuró retrocediendo lentamente, pese a que si primera derrota había sido contra John lo último que quería era que su segunda derrota fuera la última bajo las fauces de este ser hambriento de violencia.
―Yo me encargaré de él. ―Se apresuró a decir Kobu poniéndose en frente, llevando la batuta del combate, con toda la intención de llevar a su equipo hacia la victoria, siendo el primero en lanzarse al ataque.
―¡No espera Kobu! ―Exclamó Darrel anticipando el terrible descenlace de tan pobre toma de desiciónes
―¡Preparate Espectro! ―Exclamó Kobu haciendo arder su cosmos, llevando su energía luminicente hacia sus piernas, para lanzarse como una poderosa lanza de Luz hacia adelante, convocando toda la furia desmedida de su luz.
―¡Galope de Unicornio Tecnica Mejorada, Trote Fugaz! ―Exclamó lanzando su pie hacia adelante con la intención de atravezarle el pecho, pero antes de si quiera conseguirlo, él se logró mover a una milésima de segundo, esquivándolo rápidamente y tomándolo fuertemente del cuello, haciéndolo escupir sangre.
―Ahhh, un voluntario. ―Murmuró levantándolo hacia el cielo, mientras que Kobu trataba de forcejear intentando liberarse con todas sus fuerzas, pero el espectro era más fuerte aún.
―¿Sabes? Siempre que peleo me gusta jugar un poco con mis presas, y tu pareces bastante divertido. ―Aseguró sonriendo divertidamente, mientras seguía sujetando al caballero unicornio, quien se movía agresivamente tratando de liberarse de su captor.
―Khg… ¡Bastardo! ―Atinó a quejarse mientras seguia intentando forzar su escape, intentando respirar ak sentir que el oxígeno de sus pulmones poco a poco se iba agotando.
―Oh, no hay por qué ser tan serio, después de todo no es divertido si no se resisten. ―Comenzó levantando su mano hacia el rostro del muchacho, quien desvió el rostro instintivamente para evitar otra agresión, pero muy diferente a lo que imaginaba él solo comenzó a acariciar su mejilla delicadamente, sintiendo el calor que emanaba desde su rostro hacia su cuello.
―Aún así, no sería una buena cacería si la presa fuese fácil de matar. ―Fuee entonces que comenzó a bajar su mano hacia su pecho descendiendo lentamente hacia su vientre.
―Aunque mentiría si dijera que no me da curiosidad conocer el sabor de tu sangre. ―Fue entonces que se detuvo, colocando sus dedos justo sobre el abdomen del caballero de Unicornio, quien solo podía apretar los dientes ante lo que sabía que iba a suceder… sin duda esto iba adoler.
―Vamos a probar…―Sin previo aviso enterró sus dedos sobre la piel del caballero del Unicornio, haciéndolo gritar de agonía, la sensación agonizante de que cuatro dedos afiliados comenzarán a atravesar su carne, jugueteando con sus entrañas disfrutando de su dolor, fue una sensación imposible de comparar con algo experimentado anteriormente en su larga vida llena de batallas y duelos casi a muerte.
―¡Ahhh! ¡Maldita Sea...! Gahhhh! ―Casi con sus últimas fuerzas logró proyectar un griton de agonía, él estaba totalmente seguro de que haber sido partido a la mitad habría sido menos doloroso que el sentimiento de que sus órganos internos fuesen toqueteados por un enemigo que disfrutaba de causar este dolor.
Apenas obtuvo la suficiente cantidad de sangre, él sacó rápido su mano, revelando una enorme mancha carmesí cubriendo toda su palma, alzándola hacia sus labios para beber el delicioso elíxir recién extraído del cuerpo del joven unicornio,
―Tiene un sabor espeso, un tanto amargo, pero dulce en verdad, se nota que aún estás en la flor de la juventud, es casi una pena saber qué morirás tan joven…―Al decir eso la fascinación por estos guerreros se había extendido más.
Anhelando seguir probando más sangre de los demás jóvenes a su alrededor.
―No… yo no moriré, no sin antes demostrar que también puedo convertirme en una leyenda. ―Aseguró Kobu tratando de ejercer presión en el brazo de su enemigo intentando romper su sapuri y por ende su brazo.
―Awww, en verdad crees que te dejaré vivir, que adorable, me divertiré mucho arrancándote el corazón…―Añadió golpeando violentamente la zona que había dañado anteriormente, arrancándole un grito desgarrador de agonía, repitiendo el proceso una y otra vez hasta que desde las comisuras de sus labios observó como un espeso hilo de sangre descendía.
―Me pregunto cuanto aguantarás antes de romperte, mientras te desgarro tu cuerpo, pedazo a pedazo…―Finalmente dio un poderoso golpe que lo lanzó hacia el otro lado de la sala, rompiendo todos los ordenadores y computadoras al instante.
Kobu se encontraba herido, su cuerpo había recibido una enorme cantidad de daño y por si no fuera poco eldolor se iba intensificando segundo a segundo, al mirar a su vientre pudo ver las marcas causadas por el espectro bajo su piel, 4 enormes manchas de sangre que se estaban haciendo más grandes conforme pasaba el tiempo…
Este era le poder de un espectro… era aterrador, sumamente abrumador… pero, ya había pasado por experiencias dolorosas antes, él no lo iba a doblegar, ni utilizando toda su fuerza lo iba a romper…
Tendría que hacer su mejor esfuerzo si quería derrotarlo, esta herida, no era nada en comparación a todo lo que había tenido que sufrir a lo largo de su vida.
―Vamos… ¡enfréntame! ―Exclamó el caballero de Unicornio levantándose del suelo, dispuesto a dar la pelea de su vida contra este maldito espectro.
―Muy bien Jugaré contigo. ―Asintió Cambiando el color rojo de sus ojos a uno más brillante, un color tan siniestro y penetrante, que hprovocaba que el alma del caballero unicornio se estremecierá, pero esta pelea la iba a ganar, colocando su vida en riezgopara asegurar la victoria de su equipo.
―Vamos niño, divirtamonos. ―Kobu se lanzó a la batalla, atacando inmisericordemente al espectro del vampíro, quien a su vez lo recibía de brazos abiertos, listo para hacer del unicornio su juguete viviente.
La batalla había comenzado, la luz del unicornio se anteponía ante la oscuridad del vampiro, propinando ataques mortales hacia el enemigo, rápidos, potentes, agresivos y sumamente mortales, Kobu atacando con aún más agresividad que con la que había utilizado anteriormente.
Una cosa era un compañero caballero en un duelo, ambos por más que atacarán con todo su poder se contenían para evitar matar al otro.
Ahora estaban peleando contra un enemigo real que quería asesinarlos, los combates anteriores habían sido un entrenamiento, ahora estaban jugando con fuego real, una pelea a muerte de verdad donde la victoria se definía únicamente por la vida o la muerte, el fracaso era imperdonable y el fracaso se pagaría muy caro.
Recalcando lo que ya todos sabían, esto era una guerra tan terrible y cruel que las apuestas eran aún más altas, todo o nada.
La vida o la muerte, la extinción o la preservación, la salvación de la especie humana… o el eterno reinado de Hades sobre toda la galaxia.
―Ese imbécil hará que lo maten. ―Darrel comentó observando al capitán de su equipo luchando con todas sus fuerzas contra el espectro, quien solo se limitaba a esquivar y observar, con esa desagradable expresión de satisfacción y desenfreno con la que lo habían conocido.
Les causaba repulsión, pero también les daba miedo la forma en la que se presentaba, era un ser tan poderoso, que con solo observarlo podían percatarse de ello
Tan arrogante pero a la vez lleno de ira, lleno de violencia, en búsqueda de satisfacer sus más retorcidos deseos.
―Sí pero tal vez en su estupidez hay algo de brillantez. ―Añadió Ahiri reconociendo que la falta de movimiento en los poseídos, la misma que había comenzado desde que el espectro del Vampiro había ingresado a la habitación…
―Lo está distrayendo, debemos encargarnos de los Poseídos. ―Habló haciendo que todos los demás se percatarán igual, tal vez era la presencia del espectro o el terror que infundía en ellos lo que no les permitió percatarse de lo evidente, pero todos los poseídos se encontraban totalmente estáticos en el lugar donde se habían quedado con anterioridad.
No tardó mucho para que todos comenzarán a entender a donde iba Ahiri con eso, comenzando a acabar con una enorme concentración de poseídos, combinando sus ataques en conjunto para reducir el número de amenazas y así poderse concentrar en el enemigo pesado que tenían en frente, el espectro del Vampiro no se comenzó a percatar de la enorme baja en sus legiones poseídas, hasta que pudo sentir los cosmos de los guerreros de bronce y plata destrozándolas.
Causando que él tuviera que actuar en respuesta para evitar más bajas en su ejército.
―Oh es verdad…―Fue entonces que él alzó su mirada hacia sus poseídos, causando que todos comenzarán a moverse de nuevo, dándoles la señal para comenzar con el contrataque.
―Ya pueden moverse. ―Sin más los poseídos comenzaron a atacar nuevamente al grupo de caballeros, quienes por un instante creyeron que esto sería sencillo, pero jamás creyeron que estarían tan lejos de la verdad como en ese momento.
―No los maten, quiero divertirme con ellos después de acabar con este. ―El espectro del Vampiro aseguró, obvservando atentamente al caballero del Unicornio, el cual se mantenía cauto, la herida en su vientre lo estaba haciendo más débil, torpe incluso pero aúnb así no se lo iba a dejar fácil, tendría que matarlo si quería detenerlo, pero eso también podría aplicarse justamente a la inversa.
―Maldición… ¿que le sucede a ese tipo? ―Preguntó Darrel enfrentándose nuevamente a los poseídos, quienes ya no atacaban tratando de masticarlos hasta la muerte, más bien… trataban de golpearlos o inmovilizarlos, tratando de sujetar tanto sus piernas como sus brazos.
―Encuentra satisfacción a través de causarle dolor a otros, eso es lo que sucede. ―Respondió Ahiri totalmente segura de lo que decía y como lo hacía, pues aunque le doliera, en algo se parecían ella y ese demonio con rostro de hombre.
―¿Como lo sabes? ―Interrogó Darrel observando como ella desgarraba las pieles de los poseídos, causando que estos comenzarán a caer al suelo inmovilizados por la poderosa tóxina de sus veneno, el cual lograría inmovilizar a un oso adulto.
La pelea continuaba mientras todos los integrantes del equipo Omega trataban de mantener a ralla a los poseídos de llegar hasta Dawn, quien se mantenía enfocada en provocar la explosión del Núcleo, no comprendía que pasaba por qué las cosas se habían vuelto tan tensad de un segundo a otro.
pero primero muerta antes que permitir que el sacrificio de los soldados que la estaban recatando y de sus compañeros hubiese sido en vano, debía poner todos sus empeños y conocimientos en hacer que todo lo que se había hecho hasta este momento valiera la pena.
Debía aprovechar todo el tiempo de ventaja que ellos tle otorgaban para que así esta nave que solía ser su hogar dejará de ser una amenaza para toda la Galaxia.
―Aunque me duela admitirlo… siento que esa… cosa y yo no somos muy diferentes. ―Ella reconocío, sin duda su mejor habilidad era causarle dolor a otros, dolor a aquellos que ella consideraba menos como gusanos insignificantes y pequeños ante ella, pero ahora ella era el gusano y se enfrentaban a algo que no solo los lastimaría por diversión sino que se divertiría arrancándoles la piel uno a uno para consecuentemente beber de su sangre.
―Pero él, disfruta asesinando y torturando, tal vez es no encuentra otro placer en la vida más allá de infligir dolor a otros. ―Cuando lo decía así jhasta el propio Darrel sentía un cierto rechazo hacia ella, pero más que a ella, lo sentía hacia el espectro frente a sus ojos que estaba peleando contra Kobu.
―Kgh… bueno al menos ahora sé que eres una maldita desquiciada, pero si no ayudamos a ese Tarado lo van a matar y después seguiremos nosotros. ―Darrel no quería aceptarlo, pero si Kobu fallaba y su poder no bastaba para detenerlo, entonces todos iban a morir aquí, atrapados en la nave sin poder escapar con o sin la explosión todos iban a estar muertos antes de que esta batalla finalizará.
―Sí… Carajo, ¡ataca conmigo Darrel! ―Exclamó Ahiri abriéndose paso entre la enorme fila de poseídos que los acosaba, atacando con todo su poder con el único objetivo de írle a salvar el trasero a Kobu.
―¿Qué, ahora? ―Preguntó exaltado, observando como ella se acercaba al enemigo con todas las intenciones de atacar, la iban a matar si no hacía algo, puede que parte de él la odiará enormemente. pero una parte aún más grande de él sabía que si no la ayudaba se arrepentiría para toda la vida.
―Maldita Sea… ¡Orión Devastador! ―Exclamó cubriendo su cuerpo de relámpagos los cuales comenzaron a chocar contra el suello y las paredes, creando una enorme concentraciuón de electricidad alrededor de de él, ocasionando que las computadoras pr´+oximas a él comenzarán a fallar, al mismo tiempo que las luces, cargando consigo la ira incontrolable de su Cosmos.
―¡Garras de Hidra! ―Así mismo los brazos de la hidra comenzaron a llenarse de una escencia corrosiva y altamente nosiva para el cuerpo huimano normal, consiguiendo dañar todo lo que se encontraba cerca de ellas, como un poderoso ácido que disolvía todo a su paso.
Esto por supuesto que no pasó desapercibido por el espectro del Vampiro, quien desvió su mirada de su enemigo por un solo instante observando a sus atacantes, aunque se estaba entreteniendo mucho con el Unicornio, pero si más querían unirse a la fiesta, quien era él para detenerlos, mientras más juguetes para jugar y romper mayor sería el disfrute.
―¿Tan ansiosos están por Morir? De acuerdo…―Fue entonces que de un solo golpe en el pecho logró alejar a Kobu haciéndolo caer al suelo adolorido, para que acto seguido él colocará sus brazos justo frente a él, cruzándolos en una posición de equis, para finalmente alzarlos hacia ellos abriendo sus palmas hacia ellos marcándolos como objetivos, para finalmente separarlos hacia los lados formando una T con sus brazos.
―¡Cruz De la Agonía! ―Ambos caballeros de bronce y plata se detuvieron, sus cosmos dejaron de arder con la misma intensidad que lo hacían, ambos calleron torpemente al suelo gimiendo de dolor.
Kobu no entendía que había ocurrido, hasta que al ver sus piernas y brazos ambos comenzaron a sangrar horriblemente, casi parecía que todo su cuerpo estaba sangrando, poco a poco comprendió que había sucedido, su técnica no los estaba haciendo sangrar, eran dos clavos hechos de un cosmos carmesí oscuro, los cuales habían sido arrojados por una fuerza que les resultó casi invisible, rápidos, letales…
Pero a la vez, lentos y dolorosos por cómo se incrustaban en sus pieles, como si uno a uno hubiese sido martilleado sobre sus extremidades lenta y dolorosamente, ambos estaban conmocionados, pues jamás pudieron ver la velocidad con la que dichos ataques fueron invocados, lanzados y el momento en el que comenzaron a perforar sus pieles.
―¿Que? No puedo moverme… Mis brazos y piernas… arden como si clavos de hierro hubieran sido clavados en mi piel al rojo vivo. ―Darrel explicaba en el suelo, sintiendo como un mar de llamas se apoderaba de cada nervio de su cuerpo, lo suficientemente abrumador como para que lo único que su garganta pudiera proyectar, fuese un grito ahogado de agonía.
―Este poder… es tan abrumador… que hace que mis entrañas se revuelvan. ―Ahiri trataba de mantener el contenido de su estómago dentro, pero era tan difícil con un dolor tan agudo, penetrante pero sobre todo, sobrecogedor.
―Si no los he asesinado aun es por que quiero divertirme un poco más con ustedes. ―Respondió observando como ambos caballeros se retorcían por el dolor que les desgarraba el alma, arrancándole la voluntad para gritar, pelear o para mantenerse cuerdos ante la sobrecogedora sensación de dolor que se apoderaba de ellos.
―Verán, masacrar a la tripulación de esta Nave fue divertido, pero no lo suficiente para mantenerme satisfecho. ―Revelaba sonriendo, como si masacrar a toda la tripulación de un súper carguero fuera algo de que sentirse orgulloso, sin duda alguna este era un monstruo, un monstruo al que le debían su odio.
―Como ya dije, las cacerías más entretenidas son aquellas en el que las presas más se resisten. ―Fue entonces que miró a Kobu en el suelo, quien intentaba levantarse pese al titánico esfuerzo que eso parecía conllevar.
―Y quiero divertirme con ustedes, al menos por un tiempo más.
Sin duda alguna los iba a matar, a todos, los iba a masacrar uno por uno… eso lo había hecho con la tripulación del Commonwealth y eso lo haría con cada persona a bordo de la titán de acero, aunque ellos en sí estuvieran actuando como una carnada ña verdad era que ningúno quería morir aquí.
Querían vivir para ver el final de esta guerra, sus anhelos de vivir, luchar y ver el día siguiente se sobreponían a los deseos macabros de ese espectro, aún tenían mucho por qué vivir, por qué luchar y aún tenían cuentas que arreglar… No se iban a morir… no iban a caer aquí cuando la guerra apenas había dado inicio.
Y por supuesto que no lo harían sin enfrentarse a los herederos una última vez.
Sobre todo Kobu, quien lo único que deseaba antes de abandonar este mundo era poder pelear una última vez contra Seinma y derrotarlo aún eso fuera lo último que hiciera.
― ¡Hijo de Puta…!―Exclamó Darrel, tratando de contener el dolor que lo acongojaba, haciéndolo caer de rodillas ante la agonía que su cuerpo y extremidades experimentaban, algo tan doloroso que era incapz de describirlo con palabras simples, era algo que sobrepasaba los límites del cuerpo humano como lo conocían.
―¿Oh la conoces? De no ser el caso, no te preocupes. ―Pregunto burlonamente, acercándose al caballero de Orión con esa misma sonrisa arrogante que tanto le molestaba ver.
―Pronto la conocerás, pero espera tu turno, aún no he terminado de jugar con esta cosa. ―Añadió desviando sus ojos hacia el caballero unicornio, quien había desaparecido en un solo instante, reapareciendo frente a los ojos del vampiro quien observó como una patada se dirigía hacia su rostro a toda velocidad, logrando golpear certeramente su rostro.
―¡Comete eso!―Exclamó Kobu aterrizando en el suelo, esperaba que aquello le hubiese hecho algo de daño… pero lo único que consiguió fue sacarle una tétrica Risa que se convirtió en una siniestra carcajada.
―Ja ja ja ja ja… ¿a eso le llamas un ataque? ―Preguntó manteniéndose de pie pese a que ese ataque hubiese conseguirlo desubicarlo por un solo instante, lo suficiente como para hacer que Kobu intentará lanzar un nuevo golpe.
―Esto es un ataque; ¡Empalamiento! ―De un fuerte pisotón en el suelo, una lanza de color rojo apareció al igual que los clavos incrustrados en las extremidades de sus compañeros, clavándose justamente en el abdomen de Kobu el cual fue alzado violentamente en en aire, escupiendo un enorme borbotón de sangre salpicando todo el suelo debajo de él.
―¡Kah! ―Exclamó el Unicornio adolorido, apretando fuertemente los dientes, esto no era una pelea era una masacre, los estaba masacrando a todos… solo se estaba divirtiendo con ellos, de quererlos muertos ya los habría asesinado con el primer golpe.
Kobu cayó al suelo junto a sus compañeros, quienes aún se retorcían en agonía por el ataque del Vampiro, si esta era una prueba de resistencia como la que habían tenido que experimentar con el caballero de Escorpio, sin lugar a dudas se acercaba al veneno que Jacko les había inyectado una y otra vez cuando ingresaron a su templo.
―Maldita sea… es muy fuerte, no podremos resistir por mucho…―Murmuraba Ahiri tratando de levantarse, incluso ella podía admitir que enemigo los estaba superando enormemente a todos, tanta era su fuerza y maña que el sencillo hecho de que aún estaban respirando era por que en verdad se estaba divirtiendo con su sufrimiento.
―Necesitamos un plan…―Murmuró Kobu respirando agitadamente, agradecía al dios que fuere por que sus entrañas siguieran en su lugar, de lo contrarío estaría total y completamente perdido hasta estepunto
―¿Oh ahora quieres un plan? ―Preguntó Darrel irónicamente, aunque en realidad no tenía la fortaleza mental para hacerlo como solía hacerlo.
―Este no es el lúgar ni el momento Darrel…―Kobu aseguró observando al Vampiro, quien solo les sonreía mostrando sus asquerosos dientes y colmillos, lo que más le repugnaba era el tono pálido que poseían, eran tan blancos que hacían que la sangre se vieraaún más roja.
―Tendré que utilizar eso, no sé cuánto pueda resistir, pero espero hacerlo lo suficiente para darle tiempo a Dawn.
―¿En serio crees poder resistirlo? ―Preguntó Ahiri insegura de lo que Kobu planeaba,m pero de poder salvarlos estaba dispuesta a seguirlo así fuese una locura.
―Si hay una mejor opción estoy dispuesto a escucharlo…―Comentó observando como ellso dos se quedaban completamente en silencio, no tenían ninguna respuesta válida, solo un silencio abrumador, que se contrastaba con la presencia amenazante que estaba frente a ellos.
―Muy bien, entonces… Hagámoslo…―Los ojos de Kobu se apagaron, dejando el color natural que ambos poseían, el espectro del Vampiro por un instante creyó que él se estaba rindiendo, entregándose a la muerte sin rechistar, eso lo decepcionó esperaba más pelea de un caballero ateniense, hasta que un aura oscura comenzó a envolver el cuerpo del caballero.
Una fuerza tan sombría y tenebrosa comenzó a envolverlo, cubriendo todo su cuerpo con la escencia de la oscuridad, para que acto seguido él abrierá los ojos mostrando una sombra en sus ojos, los cuales comenzaron a centellear con una luz corrupta de color amarillo, La misma que cubrió todo su cuerpo en un solo instante.
Otorgándole una fuerza renovada y un nuevo poder proveniente de las mismas Sombras.
―Esto es… curioso, ¿un caballero de Athena Ostentando el poder de la oscuridad? ― Sin lúgar a dudas su oscuridad era más fuerte que su luz, percatándose que este cosmos era lo que había sentido anteriormente antes de entrar al reactor, antes de darse cuenta un poderoso golpe impactó contra su pecho haciéndolo retroceder, antes de que si quiera pudiera darse cuenta el santo del unicornio estaba arremetiendo nuevamente en su contra, mucho más rápido que antes.
―Interesante, Parece que en verdad has logrado dominar el poder de las sombras…―Comentó genuinamente impresionado, recibiendo más golpes de los que anteriormente podía esquivar, siendo golpeado una y otra vez por el guerrero de Monoceros.
―Pero si querías atacarme con eso temo decirte que estás lejos del verdadero poder de un espectro. ―Habló reconociendo que el poder que le otorgaba el cosmos umbral era más poderoso en él… aunque antes de recibir otro impacto el espectro del Vampiro logró adelantarse bloqueando una última patada que iba directamente hacia su rostro.
―Observa, ¡así es como utilizas la oscuridad en Batalla! ―Exclamó golpeando violentamente su vientre nuevamente, causando que una vez más Kobu escupiera sangre, golpeando violentamente uno de los computadores a sus espaldas, destrozándolo casi de inmediato.
No podía concebirlo, aunque el poder de la oscuridad amplificaba enormemente tanto sus habilidades de pelea como su cosmos seguia estando lejos de derrotar al espectro, debía llevar cada una de sus habilidades más allá del límite que le permitía su cuerpo.
Aún si eso significaba entregarse completamente a la oscuridad de su alma, hasta perderse en el abismo, sabía que el cosmos de Oscuridad iba a consumirlo… pero tal vez era la única opción que tenían para derrotar al enemigo, haría hasta lo imporible para derrotar al enemigo.
Aún si con eso una muerte cruel y dolorosa le esperará prontamente.
―Maldita… sea….Murmuraba Kobu tratando de Levantarse, aunque lo había golpeado fuertemente el espectro había devuelto el ataque con el doble de fuerza, él estaba utilizando todo su poder para atacar y sabía que el espectro no estaba utilizando la mitad de la suya.
―Ohhh, no me digas que ya te has comenzado a cansar, aún no nos hemos divertido lo suficiente. ―Comentaba con cierto tono de aburrimiento y arrogancia, en verdad estaba colmando la paciencia de todos, pero más de Kobu, quien por más que intentaba alacar la fuerza del espectro le era imposible, estaba un escaño arriba de lo que él consideraba aceptable… si pelear contra un espectro era así… los caballeros de Oro debían estar a otro nivel más allá.
―Parece ser que el límite de los caballeros de bronce es muy bajo a comparación de un espectro del rango como el mío. ―Al decir eso Kobu se impulsó tratando de reincorporarse, lográndolo con un resultado poco más que aceptable, pese a que se tambaleaba horriblemente al tratar de mantenerse de pie.
―Parece ser que los sobreestimé, creía que serían un reto digno de mi fuerza, pero ese no parece ser el caso con ustedes. ―Sus palabras herían el ego de Kobu, quien toda su vida buscó el poder para enfrentarse a mounstruos como él, no iba a rendirse y no ioba a dejarle ganar, pelearía con todoa el alma, así tuviera que sacrificarlo todo por acabar con él.
―Malnacido…―Murmuró El caballero de Unicornio, alzándose para pelear junto a sus compañeros de Orión e Hidra, listos para dar la pelea de sus vidas.
―Te demostraremos de lo que somos capaces de lograr. ―Exclamó encendiendo nuevamente su cosmos junto a sus amigos, haciendo arder el poder dentro de sus corazones para poder abatir a esta bestia.
Un resonar de 3 cosmos que se elevaron al unisono, causando que el resonar de las almas de bronce se alzará aún más que sus propios límites les permit´pian, consiguiendo alcanzar una nueva forma de poder que jamás creyeron que podrían alcanzar.
Si iban a apostarlo todo a una única carta, entonces debían apostarlo todo, aún si eso requería dar sus propias vidas a cambio de la victoria.
―Bien entonces…―Fue con esas palabras que el espectro del Vampiro alzó su brazo, emanando una siniestra luz carmes oscura que comenzó a envolverlo por completo.
―¡AQUÍ LOS ESPERO! ―Exclamó listo para olver a luchar, observando como los caballeros nuevamente se ponían de ´pie para darle una última pelea por sus vidas.
―¡Vengan y Denme su Mejor Golpe! ―Los llamó hacia él, preparado para la masacre que haría con sus pieles y huesos.
―¡Orión Devastador!
―¡Garras de la Muerte!
―¡Ocaso de Unicornio!
Los tres exclamaron al mismo tiempo, lanzándose al ataque una vez más, con la esperanza de poder contrarrestar el poder de un enemigo tan abrumador como lo era el espectro del Vampiro.
Entre los pasillos oscuros de una nave mutilada, tres caballeros se enfrentaban a un ser nacido de la oscuridad del abismo, quien hambreaba la violencia el dolor y la miseria humana, la verdadera razón del porqué estaban en esta nave no era para destruírla y acabar con la amenaza.
La razón por la que habían venido era para acabar con estas criaturas, nacidas del odio y el desprecio del rey del inframundo hacia los humanos.
De los pecados de toda la humanidad, la encarnación de la violencia, el desprecio, la ira y el desapego a lo que era bello.
Estaban aquí no para salvar al mundo o al universo, estaban aquí para eliminar a estos seres que disfrutaban de hacer daño a otros, cuyo único objetivo en este universo era causar dolor y sufrimiento.
Estaban aquí para purgar al universo de seres como ellos, quienes sin ninguna razón atacaban a otros solo por qué podían hacerlo.
Estaban aquí para traer paz y justicia a toda persona que había sufrido bajo sus manos, para llevar el juicio divino a los impíos y a los ruines.
Para así llevar paz al mundo y de paso tal vez conseguir salvarlo.
Entonces… En El titán de Acero.
Finalmente todos los sistemas se encontraban en línea, preparándose para reanudar el combate interestelar, con la ventaja obtenida en los minutos que las celdas de energía se habían agotado habían recuperado algo deventaja estratégica, ahora que tenían un mejor puesto de disparo podrían cubrir al Commonwealth de tanto plasma que lo único que quedaría serían un montón de piezas desperdigadas a lo largo y ancho del espacio, pero el problema era que el equipo de asalto seguía dentro.
Una vez convirtieran el núcleo en una bomba de tiempo debían esperar a que el reactor estallará y si quedaba alguna resistencia sencillamente podían pulverizarlo con toda la artillería pesada a su disposición.
Por ahora la situación estaba tranquila, lo suficiente para evitar que el Commonwealth regresará al combate y llenará de plomo toda la instalación, sin embargo y aunque tenían la mejor posición de disparo aún seguían preocupados por el equipo de asalto que se había infiltrado en el súper carguero.
Eso aparte de que los signos vitales de algunos de los integrantes del equipo incluido el auto proclamado "líder" Estaban a niveles bajo, casi alcanzando niveles críticos.
No sabían que estaba sucediendo en la nave, pero podían asumir que lo mismo que había atacado y masacrado a toda la tripulación de la nave estaba tratando de hacer lo mismo con los caballeros de bronce y plata, el que sus señales de vida no se hayan perdido aún era una buena señal de que seguían resistiéndose.
Pero estaban inseguros de cuánto tiempo lograrían soportar antes de que todos y cada uno de los que se encontraban dentro de esa nave eventualmente comenzarán a perecer en batalla.
Confiaban en que al menos la mayoría lograrían volver… pero en caso de no hacerlo tendrían que pagar las consecuencias de su fracaso, no solo con el "Ministerio de Defensa Interplanetaria", sino que con el Santuario y Palestra mismas, perder soldados era una cosa, pero perder caballeros era otra muy distinta.
Ya tenían suficiente lidiando con problemas internos en las agencias de protección estelar por la cantidad de recursos, soldados y naves que se perdían día con día en las eternas batallas que esta guerra había comenzado, si le sumaban que cada caballero que moría hacía aún más tensas las delicadas relaciones que los gobiernos del universo tenían con el santuario este conflicto se deformaría lentamente hasta convertirse en una guerra civil, eso era algo que no necesitaban ni querían en estos momentos teniendo a un enemigo tan abrumador e imparable como lo era el ejercito del rey del inframundo.
Por eso debían asegurarse de que todos regresarán, sanos y salvos.
― La nave se encuentra en óptimas condiciones capitán. ―La sub almirante reportó confirmando que cada uno de los protocolos de reactivación se hubiesen dado como se suponía que debían haberlo hecho al resetear los computadores, finalmente la titán de acero estaba a su 100% de capacidad combativa.
―Excelente, ahora solo tenemos que esperar a que el equipo Omega salga del Commonwealth, después de eso, tendremos que esperar a la explosión del reactor. ―Aseguró el capitán Rehuel, observando a su segunda al mando.
―¿Pero y si eso falla, capitán? ―Preguntó la vicecomandante del Titán observando fijamente a su capitán, quien se mantenía al tanto de toda la situación dentro de su nave, aunque el titán estaba diseñado para una batalla espacial, la verdad era que una nave tan pesada como esta necesitaba depender más de sus cañones que de sus motores, pues el desplazamiento era y seguiría siendo el mayor problema del Titán.
―Espero que por tu bien y el mío eso no termine sucediendo. ―Aseguró Rehuel reestableciendo el enlace de radio con sus cazas interestelares.
―Equipo Beowulf Informe.
*Los estamos masacrando Señor, estamos arriba en el marcador y nuestras naves aún tienen energía y municiones por días.* La capitána del equipo B respondió satisfecha del desempeño y progreso que tanto su escuadrón como las naves de apoyo de otros equipos se habían desenvuelto venciendo a los espectros.
―Me alegra escucharlo capitana V. ―Respondió Rehuel con la misma sensación de satisfacción que su capitana tenía por el como había transcurrido la misión para su escuadrón de élite, sin duda el equipo Beowulf jamás fallaba una sola de sus encomiendas.
―Manténganlos a ralla y que nadie cruce las fronteras del Titán, ya casi los tenemos, resistan y elimínenlos. ―Ordenaba manteniendo la coordinación de todos sus cazas, la estrategia estaba funcionando, solo un poco más y ganarían esta batalla.
*Tómelo como un hecho.* V sin más trapujos reanudó la batalla, lista para darle de comer más plasma y balas a sus adversarios, tenían municiones por días y se las iban a dar gustosamente.
―¡Atención, recibo datos de la Commonwealth…! esto, no puede ser cierto…― La subcomandante observaba a su tableta holográfica y la información que le arrojaban los sensores de la nave.
―¿Que sucede? ―Interrogó el capitán de la nave observando atentamente a su subcomandante por el cambio tan abrupto en su estado de ánimo.
―Las lecturas de energía del Commonwealth van en aumento, algo está modificando los escudos y las armas de la nave. ―Decía mostrando en las pantallas holográficas algo que estaba recubriendo la nave de una energía oscura y sumamente siniestra.
―¿Como dijo? ―Preguntó uno de los operadores en el fondo observando a las pantallas, observando lo mismo que ella.
*Capitán, lo que dice la sub oficial es verdad, las celdas de poder del Commonwealth están en aumento, algo o alguien está manipulando el flujo de energía de la nave enemiga.* La I.A Personal del capitán se materializó en el proyector, tratando de analizar el tipo de energía que estaba alimentando la nave rival, lo que estaba ocurriendo justo frente al Titán era algo insólito.
―Dame un informe completo Cristopher. ― Pidió el comandante del titán, esperando
*No puedo decodificar el tipo de poder que está alimentando al Super Carguero Señor… Parece ser una especie de energía atómica que se está apoderando de toda la instalación.* Trató de decir, pero sus sistemas de análisis se encontraban confundidos, no podían determinar que clase de energía era, aunque si era sincero, esto tenía una similitud enorme con el cosmos de los caballeros atenienses.
*Si el núcleo se está sobrecargando entonces la energía que debería proveerle a los sistemas debería estar causando fallos en la nave, no debería estar regenerando sus armas o escudos.* Aseguró con total conocimiento en como funcionaban los reactores internos de las naves, como I.A. Esos protocolos eran base para mantener un mantenimiento constante en el motor, en el núcleo y por supuesto en los sistemas que llevaban la energía a todas las zonas de la nave.
*¡Mis sensores detectan un flujo de energía proveniente del Commonwealth!* En la radio uno de los pilotos del equipo B advirtió de que algo horriblemente malo estaba a punto de ocurrir.
―¿De donde? ―Interrogó rápidamente Rehuel alzando su mirada hacia la enorme ventanilla del centro de mando, logrando captar con su mirada un tenue brillo en uno de los cañones principales del Commonwealth que estaba apuntando directamente hacia ellos.
*¡Del cañón de energía concentrada! Malditra Sea…* V decía mirando lo mismo que su compañero y que el capitán, pero más que eso anticipándose para un golpe que afectaría a todas las unidades de combate espacial fuera del Titán, ese disparo aplastaría a todo aquél que estuviera flotando en el espacio aéreo de la titán como a un insecto.
*¡TODOS ACCIONES EVASIVAS!* Ella exclamó completamente aterrorizada obligando a todos los demás a seguir su liderato, pero apenas lo hicieron varias naves cazas fueron pulverizadas en un solo instante, dejando atrás pedazos y ecos de desesperación, perdidos para siempre en el vacío.
El disparo había sido tan rápido que muchos no tuvieron la suerte de esquivarlo a tiempo, aunque más aún seguían vivos, lo siguiente que pudieron observar era como aquél rayo de energía oscura había golpeado el escudo frontal del titán de acero, causando que este se desviará hacia arriba, perdiéndose en la infinidad del cosmos como un haz de luz oscura viajando más rápido que un meteoro.
―¿¡Que carajo fue eso!? ―Se interrogó la segunda al mando del titán, aunque el golpe había rebotado, habían sentido una leve sacudida que puso a todos en un estado de alerta y aturdimiento que se elevó aún más observando el haz de luz que había dejado detrás.
―¿Nos golpeó directamente otra vez? ―Preguntó el capitán de la nave esperando a que los escudos no hubieran decaído en potencial defensivo, perderlos sería dejar expuesto a la titán.
―No… fue un daño superficial, pero casi logró golpear a nuestro estribor. ―La vicecomandante respondió observando la integridad del casco, aún se encontraba a su 100% pero el escudo se encontraba a un 93% de capacidad.
―Hijos de…―El capitán pudo reincorporarse, colocando sus manos sobre la enorme mesa holográfica frente a él recargándose para ver mejor el estado de su nave, de sus equipos y del enemigo pero solo podía ver estática de la computadora que trataba desesperadamente de arreglarse.
―Equipo Beowulf, cuál es su situación. ―Preguntó esperando a una buena noticia y que ese rayo no los hubiera pulverizado a todos.
*Ese hijo de puta casi nos tiene, casi perdimos dos naves allí atrás señor.* V Habló por el comunicador lamentando la perdida de los compañeros que los habían asistido en batalla, pero al mismo tiempo aliviada de que ninguna nave del equipo B hubiera sido destruida junto a sus pasajeros.
*¡Señor el cañón de Energía está cargando nuevamente! * Cristopher advirtió oponiendo a todos en alerta de nuevo, un segundo disparo tan pronto solo podía significar problemas para todos en la nave nuevamente.
―¿Qué? Pero eso es imposible, no podría estar listo para otro disparo en menos de 30 minutos de enfriamiento. ―El comandante Rehuel reaccionó con incredulidad, usualmente un cañón tan grande como ese requería un tiempo en específico para prepararse antes de efectuar otro disparo, una nave como el Commonwealth no debía tener un sistema de refrigeración o mínimamente un sistema de enfriamiento lo suficientemente eficiente como para tener el arma preparada para un segundo disparo tan rápido.
*¡Colisión inminente!* Exclamó nuevamente uno de los pilotos del equipo B, obligando a todos a tomar acciones evasivas, consiguiendo que ninguna nave más se perdierá, pero la titán no corrió con la misma suerte, recibiendo un golpe directamente en el frente de la misma que solo pudo ser amortiguado por los escudos de energía.
―Maldita sea… eso sí fue un disparo directo a nuestros escudos. ― Comentó Rehuel aferrándose a la mesa holográfica, un disparo igual como ese en un sitio importante habría puesto a todos los equipos médicos en aún más prisa de la que ya tenían en este momento, por suerte no lo fue pero ese casi por poco se convertiría en una certeza.
*Señor recomendaría tomar acciones defensivas y reanudar el combate de nuestra nave y el Commonwealth.* Cristopher sugirió ante la baja del escudo de energía a un 76% debían devolver el fuego o los disparos de la nave enemiga los dañarían más allá de la reparación.
―No podemos hacer eso, el equipo Omega sigue allí dentro. ―Reconoció el Comandante del Tit´án, pensando primero en el bienestar de los muchachos a los que habían infiltrado en esa nave.
―Señor, lo comprendo… pero es eso o retroceder y no podemos dejar a Recclaimer desprovisto, debemos reanudar el combate espacial…―Su subcomandante trató de razonar con él, por supuesto que comprendía el riesgo de perder a los caballeros de bronce y plata dentro de la nave, pero existía aún más riesgo si se perdía una nave como la titán de esta forma.
―Usted lo dijo, ¿no? Si vamos a apostar, hay que apostarlo todo. ―ella así como había entendido las razones de su capitán para mandar al equipo Omega a las líneas enemigas, ahora él debía entender sus razones como las de Cristopher para querer devolver el fuego.
―Estás subvirtiendo esa conjetura… pero tienes razón…―Si se retiraban dejarían a Recclaimer a su suerte, pero si luchaban contra el Copmmonwealth podrían destruirlo con el riesgo de matar a los caballeros atenienses dentro de la nave, no podían perder la titán y por supuesto que no podían abandonar Recclaimer hasta que la Commonwealth dejará de ser una manaza para el planeta y para toda la galaxia, debían destruirla costará lo que costará.
―Todas las unidades de defensa del Titán prepárense para atacar, hagan caer esa nave, cueste lo que cueste. ―Dijo con total seguridad de que esto podría ser la perdición de los Caballeros, pero él no solo pensaba en ellos, él pensaba en su tripulación, en su gente y la del planeta, las vidas de un puñado no equivalían a las de toda una súper nave de combate.
*Entendido señor.*Respondió el equipo de artilleros a cargo de las armas del Titán, listos para devolverle el favor a la Commonwealth en muy poco tiempo.
―Si esos muchachos salen de allí tendremos que darles una buena explicación al santuario por esta misión suicida. ―Rehuel sabía lo que ocurriría si enviaban malas noticias al santuario por parte de ambos equipos de caballeros que les habían confiado.
Él Mejor que nadie conocía el peso del fracaso en una misión tan importante como esta, el peso de sus acciones y decisiones, pero él ya estaba más que decidido a aceptarlas.
Como el capitán de la nave más grande del universo, era su deber proteger los planetas colonizados por la humanidad, proteger su nave, pero sobre todas las cosas, el proteger a la gente tanto de tierra como de su estación.
Él era el capitán por que nadie más podía aceptar una carga como esta, él era un hombre que solo creía en una cosa: en la fuerza y en que las decisiones más difíciles deben ser tomadas por hombres fuertes.
Él estaba dispuesto a tomar las decisiones más difíciles, así supusieran un peligro para él como para su rango con el único fin de seguir preservando la humanidad que él tanto admiraba y por la que daría su vida sin esperar ningún reconocimiento a cambio.
Pues hombres como él no pensaban en lo que ocurriría si se fracasaba, hombres como él solo pensaban en cuántas vidas más se salvarían hoy gracias a su intervención y cuantas más salvarían el día de mañana.
Entonces… en el Commonwealth.
Dentro del reactor de la nave, la batalla continuaba los caballeros de bronce y plata trataban de destruír al enemigo, quien solo parecía divertirse con ellos mientras ellos estaban dando todo de sí mismos para derrotar a su enemigo.
Un ser que los superaba tanto en fuerza como en destreza, utilizando su cosmos y cuerpo como un arma, listo para asesinar a los caballeros de bronce que se oponían a él, pero en realidad solo se divertía con ellos, solo jugueteaba con los presentes obligándolos a tomar aún más agresividad e ír totalmente a la ofensiva.
Tratándolos como juguetes con los que solo se estaba entreteniendo y que en realidad no tomaba en serio por más que ellos estuvieran utilizando todas sus fuerzas para abatirlo.
No fue hasta una fuerte sacudida en la nave que la atención de la mayoría se centró en el estado de la nave y de lo que ocurría tanto dentro como fuera de la misma.
―¿Huh? ¿Que fue eso? ―Preguntó Dawn observando hacia arriba, aunque la sobrecarga ya estaba avanzando a pasos agigantados, la nave aún no estaba colapsando, algo más la estaba golpeando con aún más fuerza por el exterior.
―¿Por qué la nave se agita? ¿Es que a caso está funcionando la sobrecarga? ―Preguntó Mabel confundida, esperaba que la nave comenzará a actuar en respuesta a como se suponía que la sobrecarga estuviera haciendo efecto, sin embargo jamás esperó que fuese tan pronto y de forma tan brusca como ahora.
―No, no debería sentirse así, algo más está sacudiendo al Commonwealth. ―Respondió Dawn reconociendo que el reactor no era lo que ocasionaba los temblores, sino algo más en el exterior, algo que los estaba golpeando con mucha más fuerza, causando que la nave lo resistiera en sus entrañas de metal.
―¿Es que a caso están disparándonos?
―¿Que dijiste? ―Interrogó Albión sorprendido y asustado, si le estaban disparando a la nave donde estaban probablemente lograrían destruirla, lo cual solo complicaría aún más las cosas, así como su escape.
―¿El Titán está disparándonos? ―Darrel comentó volviendo a levantarse del suelo, tratando de llamar todo el poder de su estrella para darle más pelea al enemigo frente a ellos, abatirlo sería más complicado de lo que habían esperado, pero ahora debían poner más que sus cuerpos en combate, debían poner cada parte de ellos en la batalla que estaba ocurriendo justamente en estos instantes
―Pero seguimos aquí, esos imbéciles van a matarnos.
―Sea lo que sea, nada entra y nada sale hasta que cumplamos nuestro objetivo. ―Kobu respondió tratando de mantenerse consiente, por más difícil o imposible que hasta este punto pareciera, ellos necesitaban seguir peleando, no era necesario decir que ocurriría si dejaban de hacerlo pero la preocupación de que la nave cayera con ellos dentro era aún más fuerte.
―Hummm… ¿qué estás tramando Albert? ―Preguntó el espectro del vampiro, observando hacia el techo de la enorme cámara, si destruíran esta nave solo uno caería frente a los pies de Aatriox y no sería él, juraba por su propia alma inmortal que no iba a ser él quien caería ante el Juez del Wyvern.
―Será mejor que sea algo bueno, o de lo contrario será tu cabeza y no la mía la que ruede por el suelo. ― Volkolak murmuró apretando fuertemente los dientes, aunque se estaba divirtiendo con esta pelea empezaba a ser el momento de finalizarla.
No podías dejarle una misión como esta a un espectro como Albert y ciertamente no podías dejarle una misión así solamente a los poseídos.
Desde que el espectro de Upyr tomó el liderato todo pareció volverse incierto, Si Aatriox hubiera elegido a alguien más competente tal vez la taza de éxito sería mayor, pero por alguna razón lo eligió a él.
Aunque viéndolo en cierta perspectiva tenía sentido, si Albert lo arruinaba toda la responsabilidad caería sobre él.
Lo cual indicaría que en el momento en el que fuese un rotundo fracaso, él sería al único que culparían por dicho fracazo, dejando a los demás impunes, aunque siendo Aatriox y siendo el juez que no condonaba ningún tipo de errores, esa idea podría irse al demonio rápidamente apenas él fracasará en algo tan pequeño como era matar a los intrusos en la Commonwealth.
Sin duda el éxisto de la misión terminaría dependiendo de él y en que todos los caballeros presentes ya estuvieran muertos, como odiaba cuando le arruinaban la diversión.
Tanto por el lado de sus inútiles compañeros, como del propio lado de los caballeros.
Habría elegido otro tipo de misión de asalto por no ser por el hecho de que masacrar gente era su pasatiempo favorito.
Mientras Tanto… en Recclaimer.
Danny, John, Seinma y Mary seguían escalando el Qliphoth, escuchando la batalla que ocurría justo debajo de ellos, podían escuchar las rondas cinéticas y de plasma volando por debajo de sus pies, mientras ellos trataban de alcanzar la cima, ya se encontraban cerca, iban por la mitad pero podían sentir que ya estaban cerca, tenían que ayudar a sus compañeros, debían salvaguardar la vida de sus amigos.
Pero sobre todo debían protegerse a sí mismos.
Estaban bajo ataque, el enemigo había decidido contratacarlos cuando nuevamente se encontraban separados, los muchachos del suelo no estaban en condiciones para seguir peleando, Shinryū apenas le quedaban fuerzas y Benjamín no estaba mejor, Kiva no podría encargarse de todo solo y para acabar con la pila de problemas ni el sargento Martín ni los soldados que lo acompañaban poseían un cosmos que los ayudará a salir de esta situación.
La situación era terrible, más que antes, cuando estaban luchando contra los Poseídos para llegar a las raíces del Qliphoth.
En cualquier momento la situación se pondría aún más riezgosa y nadie los había preparado para este tipo de situaciones, tal vez habían sobrepasado situaciones similares, pero ninguna tan real y tan peligrosa como la que se les presentaba en esos instantes, debían contar con las habilidades de supervivencia de cada uno, ellos habían salido de situaciones más complejas a esta, estaban seguros de que iban a sobrevivir, pero de no conseguir ganar.
La única certeza era la muerte.
― Demonios… ¿Que sucede allí abajo? ―Se preguntó el caballero del Pegaso escuchando la batalla que ocurría bajo sus pies.
―No lo sé, pero no te detengas por nada, sigue avanzando. ―Respondió Johnathan tratando de acelerar el paso, pese a que sus dedos y manos comenzarán a doler terriblemente por el titánico esfuerzo que significaba subir por un árbol hecho de… lo que sea que estuviera hecha su madera.
―Demonios… esta es la peor situación posible. ―Seinma trataba de decír mientras al mismo tiempo intentaba seguir escalando, aunque sus habilidades ciertamente eran de mucha ayuda para escalar, las mismas no servían de mucho si sus compañeros no podían seguir el ritmo que el marcaba.
―Y se va a poner peor si no destruimos el maldito Qliphoth―John respondió haciendo un esfuerzo para continuar pese a que él no comprendía como era que Seinma podía hacer esto de la forma en la que lo hacía, casi parecía que era fácil para él y difícil para todos los demás involucrados.
Escuchar los disparos, sentir el cosmos de sus compañeros, ver como la distancia no parecía achicarse por más que sbieran los estaban poniendo a todos en un estado de desesperación enorme, querían ayudar a sus amigos, querían asistir al sargento Martín y a todos los soldados que luchaban por sus vidas.
Deseaban estar junto a ellos en este momento para afrontar esta crisis, pero la misión había tomado un rumbo totalmente diferente al que esperaban.
Su primera misión, más que como equipo, más que como caballeros, como soldados estaba siendo tan desastrosa, que aún se preguntaban cómo era que seguían con vida, la mayoría habían muerto en el descenso orbital, solo tenían restos de las compañías de apoyo, las naves de extracción no llegarían hasta destruír el árbol y por si fuera poco dos de sus compañeros estaban heridos siendo un milagro en sí que pudieran seguir peleando gracias a las heridas causadas por poseídos.
Sencillamente estaban impresionados por que hubieran logrado sobrevivir tanto tiempo pese a haber caído en un planeta donde el único apoyo terrestre que tenían eran los vehículos pesados que habían logrado robar devuelta de sus enemigos,, más allá de eso solo un puñado de soldados cansados, heridos y hambrientos y sus voluntades para seguir en la lucha pese a haber perdido a casi todos sus compañeros.
Al seguir avanzando la textura del árbol comenzó a hacerse peculiar, de alguna forma al seguir escalando podían sentir que habían más aberturas y guecos donde podían introducir sus manos con mayor facilidad, lo cual era extraño, siendo que el árbol parecía tener una textura raspoza, parecido a la de los árboles ordinarios, pero la forma en la que se estaba tornando hacía que todos se preguntarán que sucedía, no fue hasta que Seinma observó detenidamente que pudo notar algo fuera de lagar.
―¿Pero que demo…?―Al poner su mano sobre una de las salientes pudo percatarse de que había enormes formas pétreas que chocaban contra la palma de su mano, no fue hasta que miró detenidamente a los objetos entre sus manos que pudo comenzar a percatarse, de que estaba agarrando una mandíbula y al mirar hacia adelante finalmente se percató de que esos eran rostros humanos que gritaban silenciosamente, estirado y que se había fusionado horriblemente con otros rostros de igual o gran magnitud cuyas gargantas no podían producir el mismo sonido que sus expresiones perpetuas de dolor sí podían expresar.
―¡Ahhh! ¿Que carajo es esto? ―Exclamó asustado casi resbalándose por el sobresalto.
―Son rostros, rostros humanos, ¿como es que…?―Danny se había dado cuenta al igual que Seinma que lo que escalaban no era madera, era algo más, algo un tanto más siniestro, ella había escuchado que los Qliphoth estaban hechos de Sangre y almas humanas, pero nadie estaba seguro de como habían tomado forma, hasta este preciso instante que tenían dichos rostros agonizantes frente a ellos.
―Son las almas atrapadas en el Qliphoth…―Murmuró John observando como los rostros se hacían más grandes o pequeños a medida que más se iban acercando a la cima, era como si, las almas torturadas de cada una de las personas asesinadas se hubieran petrificado, formando esta estructura hecha a base de dolor, sangre y sufrimiento.
―Si la sangre es lo que le da vida al árbol… las almas debieron ser lo que le dieron forma. ―Danny trataba de analizar la situación, de lo poco que sabían de los árboles, comprendían que eran como los verdaderos árboles, nacidos de la naturaleza, con semillas que les dieron forma, alimentados por sangre y almas, de alguna forma habían logrado fusionarse para crear la forma que poseía el árbol del inframundo.
―Estas, son las almas atrapadas dentro el Qliphoth…
―Y lo que sea que se encuentre en la cima es lo que mantiene todo esto unido. ―John recapacitó, pensando en la posibilidad de que esta criatura, fuese mucho más de lo que imaginaban a primeras.
―Es una suposición acertada, o al menos lo que más se le acerca. ―Danny respondió, pese a que sabían muy poco sobre los Qliphoth, estaban seguros de que eran seres sentían, se alimentaban de vida, tenían mecanismos de defensa poderosos y además estaban seguros que eran seres consientes y autónomos.
Estudiarlos sería la mejor forma de entender su funcionamiento, el como actuaban, como respondía y como se adaptaban a ciertos entornos, no eran simples catalizadores del poder de hades, eran algo más, algo digno de ser comprendido y estudiado a detalle, pero sea como fuere eran enemigos a los que debían destruir.
Ellos amenazaban toda la vida en el universo, por ende debían acabar con ellas, pese a que invitaban a una exploración y un análisis más meticuloso, aunque fuese solo por simple curiosidad humana, debían ponerles fin, por que de seguir existiendo la humanidad entera perecería bajo su yugo e influencia, al igual de aquellos seres sin voluntad que los defendían como lobos hambrientos buscando presas para masacrar.
Aunque al avanzar un poco más, todos pudieron concebir algo… una presencia que no estaba allí con ellos momentos antes, un cosmos oscuro y amenazante que los estaba siguiendo.
―¿Sintieron eso? ―Preguntó John alerta a aquél cosmos que se había hecho presente, lo cual alertó también a sus compañeros, colocando cada uno de sus sentidos en advertencia.
Una advertencia que venía desde arriba, representado como uno de los espectros del Juez del Wyvern, alguien que se encontraba aferrado con sus garras a la dolorosa madera del Qliphoth, observándolos a todos desde un puesto elevado, arremetiendo a toda la escuadra de caballeros en un asalto fugaz que por poco no lograron evadir a tiempo, sobre todo John quien sintó que el golpe le había arrancado algo importante de su espalda, observando como el Explosivo descendía hasta el fondo, perdiéndose entre la larga caída.
Para que de un segundo al otro el mecanismo interno que había sido dañado estallará, obligándolos a todos a sujetarse con aún más fuerza ante la atronadora y abrumadora fuerza explosiva que sacudió nuevamente sus alrededores.
Aturdidos pero firmes miraron hacia la dirección de aquél ataque, encontrándose con el artífice de dicho ataque traicionero.
―¿Que es esto? ¿Un montón de pequeños caballeros merodeando por los alrededores? ―Preguntó un hombre de armadura oscura y ojos amarillentos, los cuales se posaban sobre todo el equipo de caballeros de bronce frente a él, analizándolos uno a uno deseoso de acabar con todos en un solo instante.
― El señor Aatriox me recompensará muy bien si los asesino uno a u…― No pudo terminar de hablar cuando sus ojos perdieron de visa a uno de los caballeros de bronce que escalaban.
―¿Eh? ―Murmuró sorprendido cuando notó que un poderoso fuego se alzaba a su alrededor, para que acto seguido un ave hecha de fuego apareciera frente a sus ojos, buscando incinerarlo vivo.
―¡Ave Fénix! ―Exclamó John lanzándose al ataque antes de que él fuera el primero en arremeter, tomando la iniciativa del combate bajo sus propias manos, desatándose de las cadenas de su prima en un solo instante.
El Espectro logró esquivar milagrosamente, aunque antes de que pudiera contratacar el caballero del Fénix ya tenía su cuello agarrado con fuerza, preparado para hacer lo impensable con tal de proteger a sus amigos.
― ¿John que crees que estás haciendo? ―Danny preguntó observando como su primo empujaba al enemigo lejos del árbol precipitándose hacia el suelo junto a él.
―Les estoy dando la ventaja, ¡aprovéchenla! ―Exclamó en caída libre junto al espectro del Lyacon, descendiendo rápidamente hacia el bosque oscuro, donde la pelea continuaría o finalizaría abruptamente dependiendo de quién y como descendiera primero.
―¡Johnny! ―Danny exclamó observando como la silueta de su primo y del enemigo se hacían cada vez más pequeñas, hasta el punto donde desaparecieron de su vista, pero sus cosmos permanecían allí, ki cual le dio cierto alivio, pero esto solo había complicado aún más su tensa situación.
―Demonios, ¡demonios! ―Maldijo la joven guardiana de Andrómeda, se estaban separando como antes, pero ahora estaban más dispersados, las cosas iban a salír terriblemente mal si seguían separándose.
―Ya escucharon al hombre, debemos seguir adelante. ―Seinma respondió guiando a sus compañeras de equipo, sin el líder designado ahora él tenía que encargarse de la situación, no podía dejarle el peso de la misión a Danny, ella ya tenía la mente ocupada con todo el plan de acción.
Mary por su lado aún no se había terminado de integrar al equipo, ella apenas lo conocía bien a él y a Danny pero su relación con los demás, sin contar su iniciativa ante el conflicto dependía exclusivamente de si ella o él estaban en peligro., por eso elegirla como la segunda al mando quedaba completamente fuera de discusión.
Él había sido el líder elegido por el equipo, sus amigos lo habían otorgado el puesto más importante, el de capitán, él le había otorgado el puesto a John por considerarlo más apto para dicho puesto, pero sin él ahora debía hacerse responsable del éxito o del fracaso de esta encomienda, no era necesario explicarle las consecuencias del fracaso.
Ya las había visto y sentido en carne propia la vez que trataron de defender Neo King's Row, ahora en su primera misión debía dar la talla, demostrar de lo que estaba hecho, sin flaquear o retroceder.
El éxito de esta misión dependía de él ahora, debía poner en práctica todo lo que había aprendido durante todos esos meses de duro entrenamiento físico y mental, solo así obtendrían la victoria y así, nadie más tendría que morir hoy.
Al seguir avanzando un poco más una nueva presencia oscura se hizo presente, alguien que los había estado esperando al igual que su compañero en una de las ramas del Qliphoth. Comenzando a descender velozmente hacia ellos para atacar, corriendo cuesta abajo como una bestia sedienta de sangre, buscando clavar sus colmillos y garras en la carne de los jóvenes caballeros atenienses.
―¡¿Otro?!―Preguntó el caballero Pegaso observando como él corría por el árbol, en sus cuatro extremidades desafiando las leyes de la física, listo para atacar a los caballeros de bronce, lanzándose a la batalla como un animal rabioso y peligroso.
―¡Maldición! ―Seinma logró esquivarlo junto con Danny y Mary, quienes observaron como sus garras volvían a clavarse sobre los rostros agonizantes del Qliphoth para entonces comenzar a subir con la misma velocidad con la que había descendido.
―Este es mío, ustedes dos sigan adelante. ―Mary habló lista para pelear por sus amigos, quitándose las cadenas de Andrómeda para atacar a su enemigo.
―¡Ya hemos dejado a muchos atrás, no podemos dejarte ahora a ti Mary! ―Exclamó Seinma preocupado por su compañera.
―Sí lo harán, corran, ¡Me aseguraré de ir detrás de ustedes! ―A pesar de que iba a contratacar, ella no iba a dejar de acompañar a sus amigos, no tenía ese instinto precipitado y casi suicida que John si parecía tener, ella iba a llegar hasta la cima con sus amigos para ver como este ser hecho de dolor, sangre y dios era asesinado por las manos de sus valientes compañeros.
―Debes ser más estúpida de lo que pareces si crees que los dejaré pas…― Antes de que pudiera terminar su oración, la amazona de águila logró conectarle una poderosa patada en la quijada que casi lo hizo caer al vacío de no ser por que sus garras se aferraron fuertemente a la piel del Qliphoth.
―Ojos en la pelea cosa muerta. ―Dijo la amazona de Águila, Posando su mirada desafiante sobre el adversario, ocasionando que su casco de plata se acoplará sobre su cráneo, preparándola para una batalla intrincada mientras trataban de escalar el Qliphoth.
―¡Como gustes! ――Exclamó el espectro lanzándose al combate con las garras hacia el frente como un animal hambriento, listo para matar a la guerrera del Águila, quien estaba lista para la acción.
―Kgh… Maldita sea…―Seinma murmuró observando la batalla que ocurría debajo de él, aunque Mary había dicho que los seguiría, no podía evitar preocuparse por ella, un espectro como ese no sería un reto fácil de ninguna forma, menos estando a la altura en la que se encontraban, pero confiaba completamente en ella para encargarse de la situación…
―¡Vamos Danny! ―Exclamó Seinma con aún más urgencia de llegar hasta la cima del Árbol, ella no se dejaría derrotar por un simple espectro y ellos no se detendrían hasta que todos estuvieran seguros, debían acabar con esto antes de que la oscuridad se apoderará del mundo.
―¡Sí Sein! ―Respondió Danny con la misma urgencia de llegar hasta la cima del Qliphoth, si esta misión ahora solo dependía de ellos dos la completarían, todos dependían de ellos, no podían fallar.
Ahora tendrían que encargarse de la situación solos mientras sus compañeros luchaban la batalla más difícil de sus vidas, debían apresurarse para que ningún sacrificio, por grande o pequeño que hubiera sido fuese en vano.
Debían luchar como todos lo estaban haciendo ahora, era su deber como caballeros, como guardianes.
Fracasar o vencer solo dependería de ellos dos y que tan rápido pudieran alcanzar la cima del Qliphoth, el tiempo estaba en su contra, los enemigos eran crueles y persistentes.
Pero no se detendrían, nada podría evitar que ellos alcanzarán la cima del árbol, con tal que uno llegará al centro del árbol con eso bastaba y sobraba para que la destrucción de este ser fuese inminente.
Así como que la victoria le perteneciera a la humanidad, al igual que a los santos de la diosa de la Guerra.
No muy lejos de allí John había descendido en una aparatosa y dolorosa caída entre los árboles, aunque había logrado llevarse al enemigo consigo el forcejeo junto con la pelea en pleno descenso lo habían agotado, John trataba de levantarse sintiendo una poderosa sensación de entumecimiento en todo el cuerpo, la caída había sido dolorosa pero la armadura había absorbido la mayoría del impacto, pero aun así su cuerpo sentía los estragos de haber descendido de forma tan violenta y abrupta.
Al levantar sus ojos hacia el árbol frente a él observó como el cadáver de su enemigo había sido atravesado desde la espalda por la rama más alta, dejando su cuerpo suspendido a 3 metros, durante el descenso ambos pelearon salvajemente por matar al otro, buscando que al caer tanto uno como otro fuesen asesinados, pero por Suerte John logró lanzarlo justo a tiempo para que la punta del árbol le perforará el cuerpo,
Pero después de eso, su cuerpo se encontraba en, tal vez el peor estado que podía recordar desde el torneo galáctico, ser tan impulsivo sin duda le había costado caro, era una suerte que no hubiera muerto, le agradecía a su armadura, pero específicamente al entrenamiento con su padre que pudo sobrevivir a la caída, el cuerpo le dolía como el demonio, pero aún tenía un trabajo que hacer, debía apresurarse a subir de vuelta el Qliphoth de inmediato…
Se dio media vuelta para regresar con sus compañeros, aunque al hacerlo sintió una sensación de peligro apoderándose de sus sentidos, tan poderosa y abrumadora como una aguja enterrándose sobre la palma de su mano.
Justamente al darse vuelta se percató que el cuerpo de su enemigo no se encontraba en el mismo lugar donde lo había empalado, debía haberlo supuesto, esos malnacidos no morirían solo con eso.
Escuchó un movimiento fugaz en los arbustos a su lado derecho, encontrándose como solo hojas caídas, nuevamente un sonido veloz se hizo presente, obligándolo a apartar la mirada hgacia sus espaldas, observando como unas ramas se movían de manera insospechada.
Una vez más un ruido rápido llamó su atención, viniendo de diferentes direcciones, tratando de distraerlo, intentando tomarlo por desapercibido…
Sus ojos observaron con atención todo el terreno a su alrededor, esperando al enemigo, esperando a que apareciera, esperando al ataque…
No fue hasta que su Séptimo sentido se activó que pudoi verlo, a pocos metros cerca de él, con sus garras preparadas para atravesar su pecho, pero John logró interceptarlo con un fuerte golpe en el rostro obligándolo a retroceder.
Sabía que un espectro como él no se iba a rendir tan fácilmente, pero nunca se imaginó que tendría que pelear con la mitad de su fuerza y vitalidad contra un ser de este tipo de poder, fuerza y casi infinita resistencia, pero en esta guerra debía estar preparado para todo.
Por esa razón su padre y Arkhamira lo habían entrenado, para ser una llama infinita e irrefrenable, capaz de incinerar a todo el universo para salvar a sus eres amados.
Apenas sus golpes chocaron uno con otro, ambos desaparecieron de la vista del otro, parapoco segundos más tarde reaparecer chocando sus puños con fuerza, creando un estruendo ensordecedor.
Metal contra metal, luz contra oscuridad, el fuego del Sol contra el Fuego del Infierno, una lucha de voluntades que trataban de derrotarse mutuamente, los impactos se complementaban con destellos de luz y sombra que resonaban por todo el bosque, causando un fuerte choque de poder que estremecía la tierra.
Esto no era un combate entre caballeros, o una prueba de fuerza, era una pelea a muerte entre dos enemigos que se odiaban con toda el alma, deseosos de arrancarle la cabeza al otro.
―¡Ahhh! ¡Ave Fénix! ―Exclamó el caballero del ave de fuego, lanzando una ráfaga de fuego que comenzó a incinerar todo a su paso, creando un vórtice de llamas que comenzaron a consumir los árboles a su alrededor.
―¡Aullido Infernal! ―A su vez una onda de viento comenzó a despedazar el latierra y la vegetación a su alrededor, arrazando con todo a su paso con el único objetivo de despedazar al hombre frente a él, como una fiera sedienta de sangre.
Ambos cosmos chocaron con un poderoso rugido que hizo temblar la tierra donde estaban parados ocasionando que la tierra retumbará con el estruendo de sus ataques chocando, ceando una poderosa explosión que ocasiono una poderosa oleada de humo que se extendió más allá del sitio donde la batalla ocurría, alzándose por la copa de los árboles, donde el equipo de ascendía trataban de continuar con su ascenso hacia la cima del Qliphoth mientras que una de sus compañeras peleaba aferrándose a la madera de almas, saltando, esquivando y sujetándose, intentando subir junto con ellos.
Utilizando todas sus habilidades de pelea y dominio de sus propias habilidades físicas para lograr algo que parecía imposible a primera vista.
Pero aunque lo fuera, ella haría hasta lo imposible para proteger a sus enemigos en su misión de destruír este Ser que se había cobrado tantas almas humanas por el simple hecho de existir.
Los zarpazos del lobo pasaban demasiado cerca del cuerpo de la amazona de plata, que se defendía utilizando sus propios brazos y piernas para protegerse, haciendo gala de todo lo que su mentora le había enseñado, logrando mantener un paso firme en combate, elevando su cosmos para atacar a su adversario.
Concentrando todo su poder en sus piernas, focalizando el viento a través de sus extremidades para arremeter con toda su furia.
Evadiendo de forma precisa, saltando entre salientes y utilizando el ritmo rápido de sus movimientos, maniobrando su cuerpo a través del árbol para no perder altitud ni velocidad, atacando solo cuando era necesario
― ¡Águila Depredadora! ―Exclamó evadiendo rápidamente hacia arriba aferrándose como sus manos al Qliphoth, observando hacia abajo fijando su afinada visión sobre el enemigo, para lanzarse en un solo instante, convocando todo su poder en una única patada que tenía el objetivo de atravesarle el pecho.
―¡Garras del Lobo! ―El ataque del espectro fue lanzado hacia la dirección que la amazona de Águila, quien por un instante logró desviar el ataque de su adversario, golpeando severamente su brazo, desgarrando su piel y huesos.
Pero eso era justo lo que él buscaba, una vez su brazo izquierdo fue golpeado, el derecho tomó el tobillo de la amazona, para finalmente lanzarla lejos, sin la posibilidad de que ella pudiera regresar a la madera del Qliphoth.
Esperándole una dolorosa muerte a varios metros de altura.
La Guerrera del Águila miró como su enemigo se alejaba lentamente, mientras que ella comenzaba a caer hacia una muerte segura, pensando en una forma de evitar esto, tratando de encontrar una forma de evitar lo inevitable, intentando concebir una manera de engañar a la muerte…
Hasta que… un pensamiento, mejor dicho un recuerdo llegó en su rescate, para otorgarle una vía de escape del destino que le deparaba en el suelo.
"Debes entender una cosa Lizbeth." La voz de su mentora se hizo presente en su cabeza, haciéndola recordar uno de sus entrenamientos, uno en especial, en el que su cosmos de aire sería clave para evitar su propia muerte.
"Los usuarios del cosmos del viento tenemos que aprender a doblar el viento con propósito e intención, para que tome la forma que nosotros deseamos, desde la afilada hoja de una espada hasta la forma de una tormenta cruel y despiadada." Su mentora explicaba mostrándole la forma correcta en la que ella debía utilizar su elemento, cabalgar los vientos del cambio era igual que enfrentarse a la tormenta con sus propias manos, era abrazar la brisa y despertar la tempestad, la forma más pura del entendimiento del viento como lo conocían.
"¿Que es lo que hace que una leve briza se convierte en un huracán que arrasando todo a su paso? ¿Como es que un leve soplido puede convertir el viento en una hoja afilada que corta todo a su paso?" La pregunta en su momento no la entendió, pero rememoraba los secretos, recordaba las técnicas que le había enseñado, desde las más fuertes hasta las que no parecían tener ninguna utilidad en combate hasta este preciso instante, decisivo e implacable.
"Eso es, la forma en la que proyectes el aire a tu alrededor, los caballeros no utilizamos armas porque nuestra mejor arma son nuestros cuerpos y nuestro cosmos, estamos intrínsecamente diseñados para utilizar nuestros cosmos, los elementos que ostentamos como un arma para pelear." Era verdad el viento podía ser moldeado, al no tener una forma definida como el fuego, el agua o la tierra podía adoptar inumerables formas, desde un vórtice de viento, hasta un poderoso huracán, todo dependía de su usuario, de su ingenio y como no podía ser de otra manera, la creatividad al utilizarlo en combate.
En batalla todo valía, más aún en momentos críticos, donde el pensamiento rápido, la estrategia y el uso adecuado de las técnicas podía ser la línea divisoria entre sobrevivir o una muerte violenta.
"¡Pero que pasa cuando tu arma es tu única salvación? ¿que haces cuando alrededor de ti no hay nada más que viento y una caída de miles de metros de altura?" Preguntó nuevamente posando su mirada sobre su alumna, observándola detenidamente con esos ojos fríos que solo las máscaras de las amazonas poseían.
Una mirada inexpresiva, pero certeza, como un cuchillo atravesando su piel y venas, demostrando el coraje de aquellas que nacían bajo las estrellas más desdichadas, pero de igual forma de las más fuertes y brillantes de todas.
"No lo Sé Maestra Arkham, ¿que es?" Su pregunta era de esperarse, no había ninguna vergüenza en admitir la falta de conocimientos, ella estaba aprendiendo, su curiosidad tal vez sería lo que la salvaría en el futuro en el momento preciso donde solo una decisión cambiaría su destino, de una forma o de otra.
"Doblas el aire, para que se vuelva tu suelo cuando no hay nada debajo de ti." La respuesta causó una enorme sensación de sorpresa y desconcierto en la joven Águila, quien apenas podía concebir la idea de que algo así fuese posible, pero ella en esos momentos no comprendía una simple cosa, para los caballeros de Athena, nada era imposible.
"No es muy diferente a cuando atacas, tu intención es convertir el viento en una fuerza lo suficientemente sólida para que puedas tomar impulso y dirección en el aire, convertir el viento invisible en una pared o un suelo donde puedas impulsarte con propósito y dirección, solo así podrás alcanzar nuevas nuevas alturas… y tal vez… puedas engañar a la muerte." Engañar al destino, algo que parecía ser tan simple, pero tan complejo a la vez, hacer algo así requería de mucha energía práctica pero sobre todo habilidad con el cosmos.
Por suerte ella tenía todo eso de su lado, pues su mentora se había asegurado de darle tantas herramientas que le ayudarían a sobrevivir, que no iba a desperdiciar ninguna de sus enseñanzas en vano.
―¡Vuelo de Águila! ―Exclamó imbuyendo de poder sus propias piernas, haciendo que el cosmos fluyera libremente a través de sus extremidades, dirigiéndose a la planta de sus pies, maniobrando en el aire para quedar en la posición perfecta para saltar.
Provocando una fuerte ráfaga debajo de ella que la impulsó hacia arriba con fuerza, consiguiendo alcanzar una enorme altitud, lo suficiente como para elevarse después de haber descendido algunos pies de altura, dando un segundo salto impulsándose como una verdadera águila, alcanzando una altitud considerable.
Utilizando un último salto más para llegar hasta su enemigo, quien no esperaba que ella estuviera de regreso, atacándolo ferozmente con una patada que logró pasarle por centímetros al rostro, despedazando su máscara de combate, consiguiendo hacerle una profunda herida en la mejilla, para que acto seguido ella regresará a la misma posición elevada en la que se encontraba antes. Con ella por encima de su enemigo delimitando el paso para que sus amigos pudieran seguir subiendo.
―Impresionante, ¡pero te hará falta más que eso para derrotarme! ―Exclamó el espectro del Yokai, observando con incredulidad a la chica que creía haber lanzado hacia su muerte, enfrentándose a él una vez más.
―¡Entendido! ―Eso más que ser un reto era un objetivo, apreciando como la cortada que le había hecho en el rostro había desaparecido casi instantáneamente, el mensaje estaba más que cláro, no debía a contenerse, iba a asesinar a ese espectro aún si debía utilizar todas las técnicas que le había enseñado su mentora.
Con una habilidad casi innata en su ser, Mary se lanzó a la batalla apoyada por su elemento principal, el viento logrando imitar los movimientos gráciles de una verdadera fiera de los cielos, mientras atacaba inmisericordemente a un lobo espectral.
Aferrándose a la madera pálida del Qliphoth mientras continuaba sus feroces arremetidas con sus poderosas piernas.
Mientras que utilizaba su propio cosmos como un arma versátil que la ayudaba a pelear sujetada del árbol, como en el aire mismo consiguiendo una alcance mayor en sus técnicas gracias al doble salto, logrando impulsarse hacia cualquier dirección con intención y precisión, atacando a su enemigo desde diferentes direcciones a la ves siendo impulsada por su cosmos como un proyectil teledirigido, preciso, rampante y mortal.
Haciendo estallar su cosmos con cada arremetida, cada golpe que ella lograba conectar se sentía como una fiera tratando de desgarrar la piel y los huesos de su adversario.
Quien intentaba defenderse, utilizando movimientos y esquives agresivos, evitando los ataques violentos del águila, que se movía en todas las direcciones posibles, desde derecha a izquierda, de arriba abajo, como un verdadero depredador de los cielos, apenas otorgándole un momento para descansar entre ataque y ataque.
Demostrando su enorme variabilidad al momento de atacar, utilizando no solo su fuerza, sino su poropio ingenio para darle pelea al espectro, consiguiendo no solo hacer que este comenzará a perder terreno y altitud, sino que ahora
Su cuerpo era un instrumento de la batalla, al igual que el propio viento se moldeaba a las necesidades de su usuaria, otorgándole no solo vías para elevarse o lanzarse al ataque, sino entregándole una forma de arremeter con aún más fuerza gracias a los impulsos que le otorgaba la tridimensionalidad de su estilo de combate.
Utilizando cada movimiento no solo para atacar, sino para permitirle sujetarse o para volver a impulsarse, dando un salto en el vacío para regresar a la madera del árbol o sencillamente para continuar el ataque inmisericorde hacia el espectro.
Si él era un lobo ella sería un águila, que utilizaría el viento a su favor para despedazar a su adversario hasta que no quedará nada de él.
La batalla estaba siendo un infierno para el espectro, quien creía tener la ventaja en el terreno gracia a sus garras, pero pronto se percató de que ellas no funcionaban cuando el enemigo podía alejarse de él a conveniencia, atacando retrocediendo y saltando en direcciones imposibles para él de seguir.
Solo podía observar como la amazona de plata atacaba inmisericordemente, una y otra vez.
Utilizando sus piernas como su arma principal para atacar, como moverse a través del vacío sin un limitante terrenal que pudiera frenar su espíritu libre e imperecedero que al igual que su cosmos fluía sin detenerse, golpeando a su enemigo inmisericordemente, como los vientos del cambio azotaban la crueldad del viejo mundo.
En un momento de la pelea el espectro del Yokai ya había tenido más que suficiente, lanzándose hacia Mary con sus garras, tan veloz como una flecha que apuntaba hacia su corazón.
―¡Vuelo de Águila! ― Mary fue un tanto más inteligente logrando esquivar haciendo un giro brusco con su cuerpo, consiguiendo evadir el ataque quedando de espaldas contra el espectro evadiendo su golpe, haciendo un giro rápido con sus piernas, obteniendo la velocidad necesaria para convocar su siguiente técnica.
―¡Guadaña de Viento! ―Con una poderosa patada, el giro de 360 grados causó que la amazona del Aguila consiguiera rebanarle el cuerpo desde la cintura para abajo, causando que el espectro escupiera sangre, consecuentemente causando una lluvia de sangre a su alrededor.
El espectro apenas supo que había sucedido, cuando sus entrañas comenzaron a desprenderse de su cuerpo junto con sus piernas, no fue hasta que la gravedad hizo de las suyas que su cadáver comenzó a caer hacía el vacío.
―Muere… ―Murmuró una Mary exhausta, dando un último salto en el viento para aterrizar sobre una de las ramas del árbol, consiguiendo una victoria para ella y su equipo… aunque al hacerlo sintió una dolorosa sensación que se apoderaba de sus piernas, causándole una profunda sensación de agonía.
―¡Ah! ―Se quejó observando sus extremidades… notando que un pequeño hilo de sangre comenzaba a brotar de su bota izquierda, mientras que la derecha permanecía manchada por el corte que le había propiciado al espectro, sangre oscura que se estaba evaporando lentamente.
Ella miró con agonía sus extremidades, sintiendo una punzada de dolor que se iba extendiendo hacia sus caderas y espalda, rememorando lo segundo más importante que su mentora le había dicho sobre utilizar dicha técnica.
"Pero Recuerda Lizbeth… doblar el aíre de esa forma tiene consecuencias, si abusas de esta técnica, deberás afrontar las consecuencias." Explicaba su mentora, demostrándole los efectos secundarios de aplicar una técnica de ese estilo desmesuradamente.
"Así como el cosmos es la energía de la destrucción, la forma en la que doblas el viento sigue el mismo principio, para poder aplicar el 'Salto de Águila' Debes focalizar todo tu cosmos sobre la planta de tus pies, para darle forma y propósito, pero al no existir nada que destruír esa misma energía destructiva se redireccionará hacia tus piernas." El uso de técnicas que requerían de un control excepcional tanto físico como mental para realizarlas sin destruír el cuerpo del usuario en el proceso, el uso excesivo y desmedido de una habilidad como esta tendría consecuencias dolorosas.
"Al inicio no sentirás nada, pero proco a poco y mientras más abuses del doble salto lo sentirás, primero un leve hormigueo, luego una fuerte fatiga, finalmente experimentarás un ardor indescriptible para finalmente sentir como los huesos de tus piernas comienza a desgastarse y a romperse uno por uno." Al escucharla Mary sintió una sensación de incomodidad recorriendo su ser.
Ahora que lo experimentaba de primera mano, reconocía que se había excedido, porque no había prestado atención a las advertencias de su mentora, pero en el momento la necesidad fue más fuerte que la sensatez.
Un error por el que estaba pagando las consecuencias, pese a todo, su mentora era la persona más sabia que conocía, de haber recordado antes las consecuencias del uso imprudente del "Vuelo del Águila" ahora no estaría sintiendo esta agonía recorrer todo su ser.
"Debes asegurarte de que si utilizarás esta técnica, será única y exclusivamente en caso de emergencias, nunca para propósitos banales, o la próxima vez que intentes hacer el 'Salto de Águila' Expondrás a tus piernas a un dolor más allá de lo comprensible, caminar se volverá un tormento, cada paso se sentirá como clavos de hierro oxidado al rojo vivo clavándose en tus pies y caminar será la tortura más dolorosa que jamás experimentarás en tu joven vida." Como lo había dicho, ahora estaba experimentando un dolor que no estaba segura que podía explicar con palabras humanas.
Era algo que desafiaba su conocimiento del dolor como lo comprendía, una agonía que poco a poco debía subsanar.
―Entendido… maestra…― Aunque ahora que ya no había ningún enemigo cerca, podía dedicarse a aliviar su agonía utilizando una fracción de su poder sanador, lo suficiente para evitar caer abatida por el cansancio o por el dolor.
Tratando de curar las heridas auto infligidas por el "Vuelo del Águila" ella respiraba y suspiraba pesadamente tratando de llenar de oxigeno sus pulmones, manteniendo un ritmo tranquilo y constante, debía seguir adelante, debía alcanzar a Seinma y a Danny…
Hasta que al sentir una presencia enemiga ella esquivó haciendo una vuelta de carro hacia atrás, evitando un poderoso zarpazo que estaba dirigido hacia su cuello, consiguiendo evitar el ataque, al mirar al agresor se encontró cara a cara con el espectro del Yokai, quien estaba de vuelta en sus extremidades, con el corte que le había hecho la amazona del Águila completamente sellado observándola con la misma mirada llena de ira y sed de sangre con la que había comenzado la batalla.
―Eso estuvo muy cerca. Pero estuviste varios centímetros lejos de matarme. ― Decía Jadeando como una bestia, quería despedazarla, quería destrozarla a ella y a sus compañeros, iba a hacerla pagar por haberlo cortado en dos.
―Debo reconocer el esfuerzo, tuviste suerte al partir mi cuerpo a la mitad…― Habló señalando a la parte inferior de su cuerpo, gracias al poder del rey hades aquella herida había logrado sanarse, pero. Algo en el ardía con una ira asesina, por lo que aquella mujer le había hecho.
―Eso dolió como el demonio, pero necesitarás más que suerte para derrotarme. ―Dicho eso Mary tomó el desafío del espectro como un reto personal, esta vez… iría a por todas.
―Mi error fue atacar únicamente a tu cuerpo, mi próximo objetivo será tu cabeza. ―Había olvidado por completo ese pequeño detalle, debía cortarle la cabeza o despedazarlo para impedir su regeneración, pues si esa era la única forma de derrotarlo, iría a por todas y cortaría su maldita Cabeza.
―Y tu segundo error es creer que te permitiré hacerlo una segunda vez. ―El espectro reafirmó, , ella había tenido suerte en que él había perdido la ventaja, peroa hora que ella se encontraba cansada, herida y con su movilidad afectada por el dolor aprovecharía cada momento del segundo asalto para hacer sus últimos momentos en vida los más agonizantes de su vida.
Mientras tanto… en el suelo.
El escuadrón del equipo Martín seguía el combate, los poseídos los superaban en número, las municiones se estaban agotando cada vez más rápido y el cansancio se iba extendiendo, una guerra tan violenta como esta ya había tenido demasiados cadáveres, pero los soldados restantes resistían con valor para evitar convertirse en uno más de la enorme pila de restos que adornaba el perímetro del Qliphoth.
No querían terminar como sus amigos, querían sobrevivir, querían vivir para poder luchar un día más, aunque solo fuera un segundo más.
Pelear para sobrevivir, para ver este cruel y hermoso mundo aunque fuera una última vez, siendo aquellos que los guiaban los valerosos Soldados de Acero, el Imponente Sargento Martín y los Poderosos Caballeros de Bronce.
Pero aunque estuvieran peleando con tanto coraje, los poseídos no dejaban de llegar, seguían apareciendo, atacando cruelmente amontonándose como una horda de hormigas hambrientas en búsqueda de arrancarle pedazos de carne a todos los presentes.
Pero para hacer eso primero tendrían que pasar por encima del Sargento Martín que gracias a su poderosa Arma lograba disparar una enorme ráfaga de Plasma, cortando y despedazando todo aquel que intentará acercarse a él y a sus compañeros, haciendo girar los tres concentradores de energía consiguiendo pulverizar todo a su paso, descargando una oleada de ardiente plasma hacia sus enemigos, logrando cortar sus putrefactas carnes en solo cuestión de segundos.
Rebanando los cuerpos de sus adversarios como si estuvieran hechos de mantequilla, pero, aunque su arma fuese poderosa requería de mucha energía, por lo que sus tres cañones se sobrecalentaban, además que la batería siempre terminaba frita, por lo que necesitaba cambiarla constantemente.
En su último disparo había utilizado todo el poder de sus cañones, teniendo que optar por deshacerse de ellos, girándolos hacia la izquierda desacoplándolos del arma y desechándolos.
―¡Kgh! Esto se está volviendo más arriezgado…― Comentó el Sargento Martín acoplando de nueva cuenta un trío de cañones de plasma sobre su concentrador.
―¡Mantengan posición! ¡Mantengan la posición! ―Exclamó para acto seguido empujar el apoyo lateral de su arma, dejando caer la batería de plasma, colocando una nueva por debajo de la misma recargando finalmente el arma para hacerla escupir fuego una vez más.
―Eso intentamos pero nos rodean, estamos muy expuestos. ―Gritaba Benjamín tratando de contener a la horda, no podían retroceder, porque de hacerlo los poseídos comenzarían a escalar en dirección hacia sus compañeros, pero tampoco podían quedarse aquí puesto que los propios poseídos encontrarían la forma de atravesar sus defensas consiguiendo acabar no solo con ellos sino que con todo el pelotón que quedaba en el bosque.
Aún así estaban en ventaja, con Kiva ofreciéndoles muros de roca sólida podían resistir aunque fuera unos segundos más, solo un par de segundos más… Podían ganar, podían lograr derrotar a los poseídos en su terreno, solo debían resistir hasta que Seinma y los demás destruyeran ell Qliphoth, solo debían mantener la posición hasta que…
Un estruendo los hizo mirar hacia la dirección en la que provino dicha explosión una humareda de fuego se alzó en el bosque, cosa que llamó la atención tanto de Benjamín como de Shinryū y Kiva quienes pudieron sentir un cosmos familiar…
Pero más que eso, una sensación desagradable y poco tranquilizadora, una sensación que recordaban haber sentido durante el asalto a Neo King's row, había un enemigo en el campo de batalla, sino que más, un enemigo poderoso que no dudaría en asesinarlos a todos.
El caballero del Cisne miró con preocupación observando la humareda de fuego, pero más que eso… buscando la presencia enemiga que los acechaba con su mirada.
―¿Que fue eso? ― Se preguntó el caballero de Dragón, mirando a todas direcciones alerta del peligro que se avecinaba hacia ellos.
No tardó mucho en revelarse cuando uno de los muros de piedra de Kiva fue destrozado, un corte tan limpio y preciso provocado por tres pares de cuchillas afiladas que los desafiaba a los tres, cuando se dieron cuenta, el enemigo ya se encontraba frente a sus ojos.
Un ser que traía consigo violencia y muerte, vistiendo el manto de Fenrir otro de los lobos enviados a masacrar a los caballeros así como a los supervivientes, anhelando manchar sus garras y colmillos con la sangre de sus enemigos, para bendecir este bosque con el sacrifico de las almas de los caballeros Atenieses.
―¡Vamos pequeños caballeros! ―Pedía el enemigo anhelando por violencia, exclamando como una bestia sedienta de icor, ansiosa por cubrir el suelo con la sangre de los intrusos que habían osado poner sus sucias manos sobre un ser divino e imperecedero como lo era el Árbol del Inframundo.
―Muéstrenme, ¡lo que es una guerra de verdad! ―Exclamó llamándolo a él, preparado para darles fin a los herejes que habían osado enfrentar el juicio del Rey del inframundo
El mismo que había impuesto la condena de muerte a toda la raza cismática que lo habían desafiado, la raza demoniaca que se había resistido a su sentencia, la raza que le había arrebatado el mundo que tanto había anhelado para sí mismo y que ahora había tenido la osadía de conquistar otros.
Los caballeros de Bronce miraron al enemigo, aceptando el desafío, aunque sus cuerpos heridos, mallugados y debilitados por la batalla como por las heridas rogaban por un descanso, ellos no permitirían que dichas los detuvieran de dar el combate de sus vidas.
Si iban a sacrificarlo todo por una victoria, que fuera esta, la primera victoria que la humanidad vería en esta guerra sangrienta, sin sentido, debían demostrar que habían nacido para este propósito en específico en ser la lanza de luz que atravesaría las tinieblas.
Ser el rayo de esperanza en la larga noche, para así derrotar a las sombras imperdonables, aberrantes y crueles.
Para así traer la luz del sol a una humanidad que rogaba por héroes que los protegieran de la barbarie, en un universo que en su infinita crueldad, forzaba a niños a convertirse en hombres y mujeres, que los obligaba a convertirse en víctimas o victimarios.
Ellos mejor que nadie conocerían lo que significaba el verdadero significado de la crueldad de la que este universo era capaz de ofrecer, pero que aceptarían no con miedo en sus corazones.
Pero con el valor de saber que por más imperdonable que esta guerra fuera, su causa era y seguiría siendo Justa.
Entonces en la Commonwealth.
La batalla estaba llegando a un punto sin retorno, los caballeros de bronce y plata ya se encontraban exhaustos, mientras que el espectro aún se veía tranquilo imperturbable.
Controlando la situación con total tranquilidad, en su rostro no podía percibirse ni cansancio o molestia, solo una profunda inquietud, lo que sea que su compañero estuviera haciendo con la nave no podía ser bueno, el combate contra los caballeros era fácil hasta cierto punto.
Pero si destruían esta nave, todo se iría al diablo, sobre todo porque el objetivo era destruir el núcleo, no sabía mucho de la energía atómica o de átomos.
Pero sabía que cuando se calentaban lo suficiente o se volvían inestables lo único que se podía esperar después sería una poderosa explosión que arrasaría con toda una nave de este tamaño.
Aunque se estaba divirtiendo, pero ya era hora de terminar con la batalla y exprimir la vida de cada uno de ellos para saborearlas a través de su garganta.
Mientras tanto los demás trataban de encargarse de los Poseídos. Siendo Mabel la última línea defensiva que se interponía entre los poseídos y la última superviviente del Commonwealth, quien trataba de sobrecalentar el núcleo para así, completar el objetivo del equipo Omega y que así la llevarán consigo a la seguridad del Titán de Acero, pero para ello debía ayudarlos a destruír el Commonwealth como con todo en su interior, con la reacción en cadena del núcleo tanto el interior como el exterior quedarían completamente pulverizados, dejando nada para el enemigo.
Ella siguió introduciendo comandos para seguir cerrando los ductos de ventilación uno a uno, dejando con pocas opciones al enorme reactor para que el calor no pudiera encontrar escapatoria, comenzando a colapsar por su propia energía inestable.
Siendo victima de sí misma, comenzando a freír cada uno de los circuitos internos que lo mantenían funcional.
Estaban desestabilizando toda la médula de la nave, pronto la misma colapsaría provocando una enorme explosión, explosión de la que ninguno de los presentes quería estar para ver como ocurría, era algo que solo les encantaría presenciar de lejos.
Muy lejos.
Dawn mantenía su mirada sobre los controles, mientras que Mabel estaba ocupada manteniendo a los Poseídos a raya, aunque no se pudo dar cuenta de que uno se había escabullido a sus espaldas, corriendo hacia Dawn quien pudo escucharlo en un último segundo descargando una ronda de plasma sobre la cabeza del espectro, logrando destrozarle la mitad del cráneo.
Pero, aunque el ardiente plasma logró destruir parte de su cerebro, el mismo no logró abatirlo, raudo el Espectro comenzó a reincorporarse hasta estar justo frente a ella.
―No, espera, detente, ¡detente! ― Dawn creía que su final se encontraría justo entre las pútridas mandíbulas de esa criatura no muerta.
Hasta que un pequeño puño llegó a su rescate, arrancándole la cabeza de un solo golpe, por supuesto y porqué no podía ser otra persona, Mabel había llegado a su rescate, aunque estas cosas le aterrorizaban no dejaría que se comierán a su nueva amiga.
―Descuida, te tengo cubierta. ― Dijo Mabel sonriéndole a Dawn alzando su pulgar, pese a que sintiera sensación de desagrado por tener la sangre de un poseído en sus manos, pese a que la misma estaba desvaneciéndose poco a poco.
―Gracias… pero esa cosa, casi, casi me…
―Lo sé… pero no te preocupes, estamos aquí para protegerte y llevarte al Titán, te lo prometimos, ¿no? ―Mabel respondía con total sinceridad y tranquilidad, mientras ellos estuvieran aquí, nadie más debía morir, ese era el deber de los caballeros atenienses.
―Sí… lo hicieron. ―Respondió Dawn agradecida por la ayuda que le estaban proveyendo, pese a que tenía sus reservas con los demás soldados por su comportamiento inmaduro e insoportable, le alegraba que al menos una de ellos fuese amigable.
―Disculpa, ¿cual es tu nombre?
―¿Ah? ¿Que cual es mi nombre? ―La pregunta la sorprendió Genuinamente, pues desde que arrivaron a la enorme nave nadie había preguntado su nombre, todos al parecer lo sabían de antemano y no les importaba.
―Sí, ¿como te llamas?
―Eh es curioso, es la primera vez que me preguntan mi nombre pero…―Era curioso en verdad que alguien mostrará genuino interés en quien era ella y que podía aportar a la batalla contra los espectros y dioses más que ser solo una herramienta más en esta cruel guerra sin fin.
―Mi nombre es Mabel, Mabel Armstrong. ―Respondió Humildemente como una Saintia.
―Es un gusto conocerte Mabel… Y si no es mucha indiscreción, ¿cual es tu edad? ―La segunda pregunta la sorprendió más, pese a todo ella seguía siendo solo una niña que no tenía la mitad de la edad de Dawn, pero al igual que su nombre a nadie le importaba más que lo podía aportar en batalla.
―Eh bueno… yo…― Mabel iba a ser honesta, aunque no pudiera creérselo por el cómo peleaba, por su fuerza física y por su complexión cuando regresarán al titán le explicaría todo, aunque eso tendría que esperar una vez escuchó un grito desgarrador cruzando por toda la sala.
―¿Eh? ¿Que sucede? ―Se preguntó la joven Ursa desviando su mirada hacia el origen de ese alarido, encontrándose con una escena difícil de presenciar, captando como sus compañeros eran victimas del brutal ataque del espectro del Vampiro.
―Muchachos…―Murmuró la jovencita, con un impulso de querer ir a ayudar, siendo detenido únicamente por el sentimiento desolador de terror que invadía todo su cuerpo.
El caballero del Unicornio, Saintia de la Hidra y el Santo de Plata de Orión trataban de mantenerse en la pelea, pero gracias a las heridas provocadas, sumado al cansancio y la falta de sangre en sus torrentes los estaba volviendo lentos, predecibles.
La batalla estaba encontrando un final anticlimático, ante el dolor, la fatiga y el enorme muro sólido que representaba el espectro del Vampiro cuya expresión de aburrimiento, lo cual solo podía indicar que la pelea iba a terminar pronto con todos los presentes muertos.
―Me avergüenza un poco decir esto pero… creo que me estoy cansando. ― Darrel murmuró respirando agitadamente, apenas consiguiendo mantenerse consiente, por desgracia en todo el combate no había podido utilizar ningúna de sus técnicas más poderosas con la que fácilmente podría derrotar al enemigo, "Su Orión Devastador" o su "Castigo" habían sido totalmente negados
―Sí, yo también y ese maldito aún no cae…―Murmuraba Kobu igual de agotado que su compañero, los tres ya estaban agotados, las opociones se les habían terminado y para colmo, el espectro se veía igual que cuando apareció por las puertas del reactor, sin duda este ser estaba a otro nivel que ellos.
―Kgh… sin importar con que lo ataquemos, sencillamente no podemos hacerle daño.― Murmuraba Ahiri apretando fuertemente sus dientes, cualquiera creería que después de utilizar sus mejores ataques en su contra, el enemigo estaría ahora retorciéndose de dolor en el suelo, pero no era así, ese maldito seguía de pie, sonriendo con esa expresión molesta que solo alguien que disfrutaba el dolor ajeno podía expresar.
―Sus heridas se curan al instante, su piel se regenera, expulsa el veneno como si fuera cualquier cosa… es como si estuviéramos peleando contra un verdadero vampiro…
―Que sucede? Ya se están rindiendo? ―Preguntó Volkolak aburrido por los torpes e infructíferos intentos de los caballeros de Bronce y plata por abatirlo, creía que esto sería más entretenido, pero al parecer se había equivocado.
―¿Este es todo el poder que ostentan los valientes caballeros de Bronce? ―Interrogó observando como los guerreros de Athena comenzaban a levantarse lentamente, aunque parecían valientes, la verdad era que ninguno de ellos estaba seguro de que hacer… el enemigo los superaba en fuerza, velocidad y en nivel, no podían derrotarlo, solo podían esperar a que el reactor comenzará a desestabilizarse para salír corriendo, eso si él no los alcanzaba antes.
―Sí es así, no me sorprende que muchos de ustedes mueran antes de pisar el campo de batalla, para un espectro de Rango alto como yo ustedes no son más que pequeñas cucarachas, a las que puedo fácilmente aplastar.
―Kgh… recuerden, esto es para darle tiempo a Dawn. ―Murmuró Kobu tratando de darles un ventaja a sus compañeros, aunque ninguno de ellos estaba seguros de poder hacer algo, por lo menos estaban ganando tiempo, el dolor que estaban experimentando no era comparación a lo que podían lograr si el plan inicial comenzaba a rendir frutos.
―Si el no se rinde nosotros tampoco lo haremos. ―Dijo el caballero de unicornio tratando de inspirar con sus palabras a sus compañeros, pero eso no parecía rendir ningún fruto más allá de darles una sensación de tranquilidad, los ponía aún más nerviosos.
―Claro. Pero no parece que lo estemos debilitando y tampoco que lo estemos entreteniendo lo suficiente, si esto sigue así… nos va a matar. ―Darrel decía siendo incapaz de soportar más la agonía que se adueñaba de sus extremidades, si esto era una verdadera pelea contra un espectro de rango mayor, no quería ni imaginarse lo que era un Juez del inframundo.
―No se equivocan. ―Murmuró otra voz al lado de ellos, no pudieron percatarse antes de tiempo, pero el Espectro del Vampiro ya se encontraba justo al lado de ellos, no pudieron verlo moverse o desaparecer, sencillamente apareció allí, frente a todos mostrando sus afilados colmillos, pálidos y amenazantes como el propio espectro.
―¿¡Que!? ―Exclamó kobu confundido de lo ocurrido, para que acto seguido el espectro del Vampiro lanzará a todos violentamente lejos de sus compañeros, para acto seguido tomar a Kobu del cuello listo para finalizar la batalla.
―¡Kagh! ―Kobu se quejó sintiendo nuevamente los dedos de ese ser despreciable apresándolo, arrebatándole el oxígeno de su cuerpo, tratando de destruir su voluntad con la misma violencia a la que lo había estado sometiendo a él y a sus compañeros.
―Ustedes fueron un buen entretenimiento pero ya me estoy aburriendo de este patético juego. ―Fue entonces que él comenzó a alzar su brazo derecho, moviendo sus dedos con evidente ansia, ya que ninguno había supuesto un desafío era hora de darse un festín, una excelente forma de darle fin a esta batalla, obteniendo lo que desde el principio tanto quería.
―Debo admitir que fue interesante, pero es hora de que reclame mi premio. ―Habló posando sus dedos sobre el pecho del Caballero del Unicornio, presionando lentamente, observando como se generaban grietas sobre la coraza de bronce, disfrutando cada segundo antes de llegar a su tan ansiado trofeo de caza.
―Kgh… no, voy a morir aquí, no puedo morir de esta forma…―Murmuraba el Unicornio tratando de forcejear, tratando de aferrarse a la vida, pese a que el demonio frente a él estuviera a solo centímetros de finalizar con su vida.
―Aún no…―Añadió dando su última pelea, antes de que la fuerza de sus brazos comenzar a desvanecerse por la falta de oxígeno, comenzando a ceder ante un enemigo implacable y sanguinario.
―No hasta que, haya derrotado a ese tipo… no hasta que…―Lo último en que su mente pudo pensar no fue en su padre, en su sueño de ser recordado, en el anhelo de que el mundo lo viera como un héroe, lo último en lo que él pensó… fue en su eterno rival, como en que algún día podría derrotarlo.
―Je je jeh, ¿que tanto balbuceas niño? ¿Alguna clase de rezo? ―Preguntó el Espectro del vampiro comenzando a atravesar su armadura, dejando enormes marcas sobre la armadura de bronce, empezando a escarbar profundamente hasta llegar a su piel.
―Aquí no hay ningún dios que pueda salvarte, solo yo y mi sed de sangre. ―Anunció tocando la suave piel del unicornio nuevamente, comenzando a atravesar su pecho, explorando sus costillas con sus dedos, en búsqueda de su trofeo.
―Fin del juego, aquí es donde termina tu camino caballero del Unicornio. ―Quería mantenerlo despierto gracias al dolor.
Quería que estuviera despierto en todo momento mientras le arrancaba el corazón del pecho y lo devoraba frente a sus ojos, quería ver su temor, su miedo, el como sus ojos perdían la luz, le encantaba ver como sus presas perdían la vida ante el horror y el miedo, hacía que una parte de él se regocijara, sintiendo una punzada de júbilo y ansia recorrer desde su espina dorsal hasta su paladar.
Una sensación pecaminosamente excitante.
Kobu por su lado apretaba sus dientes fuertemente, haciendo sangrar sus encías ante el dolor que estaba experimentando, este era el fin, lo sabía, podía sentirlo, esto no podía ser todo, todo lo que esta vida tenía que ofrecer.
No podía terminar así teniendo toda una vida delante de él, no podía ser el final de todo su largo recorrido para convertirse en caballero no podía ser por nada, pero ya no tenía más opciones, sus fuerzas le fallaban, era el final… ¿porqué tenía que ser este su fin, habiendo tantos hombres y mujeres valientes que lo habían dado todo siendo recordados por su entrega y convicción? ¿Porqué el final sabía a nada? ¿Por qué no había ninguna satisfacción en morir por nada?
¿Porqué tenía que compartir el mismo destino que su padre? ¿Porqué nunca podría derrotar a Seinma?
¿Porqué…?
―¡Detente! ―Exclamó una voz en la profundidad de su desesperación, una voz que él reconocía perfectamente, la voz de su compañera de equipo más joven y por ende la que más peligraba ante este monstruo con piel de hombre.
―¡No lastimes más a mis amigos enorme y tonto bravucón! ―Exclamaba imponiéndose ante el espectro, temerosa pero firme, aunque el miedo la inundará, no permitiría que este despreciable sujeto matará a sus amigos.
―¿Huh? Que es esto? ―Preguntó Volkolak, deteniéndose en seco, antes de que logrará introducír toda su mano en el pecho del Unicornio
―¿Una nueva presa para divertirme? ―Interrogo observándola con curiosidad, no era necesario romperla pues ya podía verla temerosa de él, pero quería escucharla gritar, las niñas tenían una forma de sufrir exquisita para un hombre sádico como él.
―Suéltalo ahora o me obligarás a patearte el trasero. ―Amenazó Mabel, lista para enfrentarse a ese espectro, lista para hacerlo pagar por herir a sus compañeros y amigos.
―Mabel… no… ¡Corre! ―Pidió Kobu tratando de evitarle la misma tortra física y mental que él y sus demás compañeros habían experimentado con este demonio irrefrenable.
―No, no voy a huír. ―La Joven Ursa afirmó, firme ante su convicción, aunque tuviera miedo iba a utilizar toda esa energía para arrancarle la cabeza a ese espectro, le demostraría lo que pasaba cuando alguien se metía con ella y con sus amigos.
―Seinma no huiría, él pelearía hasta el final, aún si sabe que perderá, aún sí reconoce que la batalla sería imposible de ganar. ―Las palabras de la jovencita hicieron que tanto Kobu, como sus demás compañeros sintieran un aire de esperanza recorriendo sus seres, ella no mentía, tenía razón pues, los verdaderos guerreros que luchaban hasta el final eran aquellos que ante la improbabilidad de la victoria no flaqueaban, luchaban aún si eso significaba morir, el miedo no los frenaba, pues ellos sabían que cuando había algo más importante por qué pelear la muerte era solo un paso más para alcanzar la victoria.
―Él no se rendiría sin pelear primero, ¡él no conoce el significado de Rendirse y tu tampoco!
―Mabel…―Kobu murmuró reconociendo la verdad tras las palabras de su compañera, aunque… hubiese preferido ser él quien inspirará ese valor por pelear y no Seinma.
―¡Ja ja ja ja ja ja ja! Que palabras tan más ridículas. ―Se burló el espectro del Vampiro arrojando a Kobu lejos, haciendo que su cuerpo se estrellará dolorosamente en una de las consolas cercanas.
―¡Kobu! ―Exclamó Mabel observando el cuerpo de su compañero, el cual escupió sangre ante el impacto, solo que para regresar su mirada el enemigo ya estuviera frente a ella.
―Bien, entonces jugaré contigo. ―Comentó el espectro, amenazante y firme, acercándose a ella con una expresión de satisfacción por lo que iba a hacerle a ella, sin duda se iba a divertir haciéndola gritar de dolor.
―Kgh… no te tengo miedo, ¡basura no muerta! ―Exclamó Mabel, preparada para reventarlo, no iba a permitir que la tocará, lo iba a derribar aún sí debía utilizar toda su fuerza física para lograrlo.
―Bueno, entonces enséñame lo que puedes hacer niñita. ―Él confiado de su victoria abrió sus brazos, esperando a ver que tan infructíferos y patéticos intentos de derrotarlo utilizaría, guerreros más fuertes que ella habían tratado de derrotarlo y todos habían fallado.
―Ohhhh, ¡enciéndete, cosmos!― Exclamó invocando el poder de su cosmos, aumentando la fuerza de su cuerpo más allá de su límite, amplificando enormemente la fuerza física de Mabel y su velocidad.
―Je je jeh, ¿En serio crees que con un cosmos tan débil podrás derrotar…― El espectro no pudo terminar su pregunta al momento que su enemiga había desaparecido de su vista… reapareciendo justo frente a él, con su puño alzado hacia su pecho.
―¿Eh?
―¡Puño Pequeño De La Estrella Polar!― El espectro no tuvo tiempo para reaccionar cuando el puñetazo de Mabel le atravesó el pecho de su sapuri, despedazándola por completo, logrando perforar sus costillas llegando hasta su corazón, haciendo lo estallar dentro de su cuerpo y no conforme con eso, el impacto lanzó al espectro hacia la pared detrás de él, destrozándola junto con las otras 50 paredes de acero sólido después de esa.
―¿Pero que…
―Chingados?
El caballero de Orión y la Hidra se preguntaron, observando como Mabel había dejado un enorme agujero en la pared del sitio donde se había encontrado el adversario, un enemigo tan poderoso y tan cruel como él había desaparecido de sus vistas en un solo instante, dejando la única prueba de su existencia en forma de un agujero hecho en el muro de metal frente a ellos, dejando atodos impactados por el despliegue del verdadero poder de la Saintia de la Ursa Menor.
Pero de entre todos el que más impresionado estaba era el Caballero de Unicornio, quien en todo momento utilizó sus mejores tecnicas no pudo acercarse a hacer el daño que ella sí.
La menor del equipo era una bestia de guerra en comparación a todos ellos, más que por su cosmos, por su pura fuerza física.
―Tu te lo buscaste…―Murmuró Mabel con el brazo lleno de sangre oscura, la cual comenzó a desvanecerse poco a poco, mientras ella desenfocaba su visión hacia sus amigos quienes tenían una expresión de sorpresa y sobresalto imposibles de ocultar.
―¿Están bien?― La pregunta en general hizo que todos regresarán a la realidad, lo que habían observado había sido tan impresionante que apenas eran capaces de razonaizar lo que había ocurrido justo frente a sus ojos.
―Eh… Sí, seguro…―Murmuró Darrel tratando de reincorporarse, aunque sus extremidades seguían doliendo por suerte la agonía estaba parando poco a poco, no estaba seguro si era por la impresión o porque el enemigo ya no estuviera presente, pero ahora se estaba sintiendo mucho mejor.
―Sí pudiste hacer eso desde el inicio ¿por qué demonios no lo hiciste…?―Preguntó Ahiri un tanto molesta y aliviada por que Mabel hubiese llegado a tiempo para salvarlos a todos. De no haberla traído con ellos no la habría contado.
―Es que… me, daba miedo…―Murmuró la joven Ursa Apenada, no era ningún secreto que desde el inicio ella se sentía aterrada tanto por la situación como por la misión que se les había encomendado, ella no sabía que hacer en estos casos, no tenía la misma saña de los demás en querer matar al enemigo, ella solo quería patearle el trasero a los malos y seguir al lado de sus queridos amigos.
―Pero, no podía dejarlos morir, no podía permitírmelo, por que pese a todo, ustedes… ustedes…―Ella titubeó, pero a la vez estaba segura de lo que quería decirles a todos, pues pese a lo sucedido en el pasado y aunque eran el equipo más disfuncional que podía existir ella los consideraba como…
―¡Son mi familia! ―Sus palabras hicieron que la mayoría sino que todos se conmovieran, no era común que alguien con una fuerza tan monstruosa e inigualable como la de ella mostrará sentimientos tan puros y genuinos, al menos no de aquellos que pretendían ser duros por el exterior.
―Jeh… recuérdame nunca hacerte enojar Mab…―Murmuró Darrel colocando su mano sobre el hombro de la joven Ursa, sin duda no dejaba de impresionarlo siendo que él creía que era el más poderoso del equipo.
―Sí, vaya que tienes una fuerza impresionante. ―Añadió Ahiri, sintiéndose aún más aliviada de que ella estuviera en su equipo y no en el de los enemigos.
―Ahhh… Ahhh… Seinma… ¡Kgh! ―Por su lado Kobu trataba de reincorporarse, al ver a Mabel él se sentía inútil, sentía que su poder no era nada en comparación a la de sus demás compañeros, o peor aún que estaba lejos de estar al nivel de Mabel o de Seinma… y que ella lo hubiera utilizado como ejemplo, hería aún más su ya debilitada confianza, Seinma era el héroe de su historia… mientras que él, solo era un espectador… quería desesperadamente ser el protagonista de su propia historia, sin importar el precio que tuviera que pagar.
―Maldita sea… mujer, ¿que tal va el sobrecalentamiento? ―Preguntó tratando de recuperarse, aún estaba dolorido, pero debía recuperar fuerzas y volver al juego, sino no podrían escapar con vida de esta bomba con fecha de caducidad próxima a ocurrir.
―75% solo un poco más. ―Respondió Dawn, dando buenas noticias a todo el equipo de caballeros, por lo menos algo estaba saliendo bien, era hora de juntar todo y comenzar a retirarse antes de que llegará a 87% el momento en el que el peligro sería inevitable.
―Bien… ya podemos empezar a movilizarnos, Kaz, Albión Aseguren la ruta de escape. ―Habló a sus compañeros quienes habían estado ocupados limpiando la zona de poseídos, habían logrado eliminar a la mayoría, aunque aún quedaban varios por eliminar, lo harían en el camino para escapar de este lugar abandonado por dios.
―¡De inmediato! ―Exclamó Kazuto corriendo hacia el ducto de desperdicios donde se habían logrado escabullir anteriormente.
―Nosotros nos quedaremos un momento más, solo hasta que la sobrecarga esté a 80% para salír de aquí. ―Dijo el caballero del Unicornio, con total seguridad de que tendrían tiempo suficiente como para salír de aquí cagando leches apenas llegarán a ese porcentaje.
―Entendido. ―Respondió Albión asintiendo con la cabeza, comenzando a acompañar a Kazuto, a través de los ductos de basura.
―Chica voladora, aquí el líder de escuadrón, tuvimos un problema pero ya lo resolvimos ya vamos de salida.― Kobu habló por el comunicador, contactando a la piloto que los había traído aquí quien al escuchar eso comenzó a preparar los motores de la nave para hacer justo eso, largarse de aquí.
―Ve preparando los motores y la vía de escape, nos vamos a la mierda de aquí.
―Jeh ya era hora, no se preocupen, los esperaré en el lugar de siempre. ― Respondió Faridah lista para hacerlo que Kobu había dicho, no los iba a dejar atrás ni por asomo, pero si algo salía mal sería ella quien cargaría con la responsabilidad de haber perdido a todos sus compañeros.
―Muy bien, solo necesito esperarlos a todos para poder largarnos de aquí…―Murmuraba la piloto reconociendo que la misión estaba yendo de acuerdo al plan, pero cuando algo iba tan bien significaba que todo podría volcarse en algo horriblemente mal.
―Por favor regresen en una sola pieza, con eso tengo más que suficiente.―Rogó a cualquier dios que la estuviera escuchando, que permitiera a ese grupo de niños a regresar en una sola pieza.
Mientras tanto en los recovecos más profundos de la nave, el cuerpo del Vampiro se encontraba totalmente inerte.
Cubierto por restos de metal y tuberías, su cuerpo estaba tratando de recuperarse pero la herida provocada en su pecho lo hacía imposible de regenerar sus huesos y órganos, la conexión del cerebro con el corazón provocaba que la inmortalidad ofrecida por el rey del inframundo regenerará las partes dañadas como si fueran una simple molestia, pero desde que la joven ursa había destrozado su corazón, la restablecimiento de su salud se había visto frenada, casi reducida por completo.
Teniendo que enfocar todas sus energías en regenerar su corazón, para así hacer que todo su cuerpo recuperará toda su vitalidad, que una niñita fuera capaz de derrotarlo era inaceptable, si alguien lo supiera, todo, todo le sería arrebatado de las manos y se convertiría algo menos que digno de portar una sapuri tan aterradora y poderosa como lo era la del Vampíro.
―Agh… ¡Kaghhh! Ahhh… ¿Como, como es posible que una simple niñita me haya destrozado el pecho de esta forma? ―Se preguntaba tratando de levantarse, creía que después de muerto no volvería a sentir una agonía como esta de nuevo.
―Esa pequeña mocosa, ¡kagh! ―Al ver a su pecho, los pedazos de su armadura oscura se combinaban con su sangre, la cual supuraba desde su pecho como una cascada tenebrosa, que iba extendiéndose desde su herida hasta el suelo, haciéndolo escupir aún más sangre, llenando su barbilla y dientes de dicha sustancia negra que representaba su vida.
―Lo pagará… la asesinaré, no, no solo la asesinaré, le arrancaré la piel, le destrozaré los huesos, esa pequeña bastarda, la voy a hacer sufrir de mil y un maneras posibles. ―Se decía, anhelando destruirla con sus propias manos, nadie le había hecho tanto daño, nadie… excepto…
―Esa mocosa, como se atrevió a dañarme de la misma forma que él…―Al pensar en ese, "Ser" Volkolak se detuvo.
Si ese "Hombre" se enteraba que una niña lo habría derrotado, lo que le había sucedido no sería nada en comparación a lo que él le haría, la muerte parecía aún más misericordiosa que lo que él podría hacerle… si había algo a lo que le temía, era al Juez del Wyvern… Ese Demonio como mejor podía denominarse podía hacerle a él, lo mismo que le hizo a toda la Commonwealth multiplicado por mil.
―Si el señor Aatriox descubre esto… no, no lo sabrá…― Nadie podía saber lo que había pasado aquí, nadie podía decirle, nadie escaparía de esta nave, se encargaría personalmente de que no existiera ningún testigo de lo sucedido.
―Por que todos estarán muertos antes de que la palabra se difunda…―La misión de esos caballeros era destruir esta nave, si eso era lo que buscaban hacer, entonces eso les daría, iba a despedazar esta nave con todos dentro de ella.
―Sí… todos estarán muertos. ―Eso sin duda incluía a su compañero, nadie sabría qué había ocurrido, ese secreto lo quemaría y lo enterraría junto con todos aquí.
Si perdían la nave o no ya no importaba, lo que le importaba era que nadie jamás supiera que uno de los Espectros más Fuertes del Ejercito de Aatriox había sido derrotado.
prefería dejar en ruinas el arma con el que castigarían a la humanidad, antes de que su orgullo fuese pisoteado por los caballeros Atenienses.
Mientras tanto, en el Titán de Acero.
La batalla espacial estaba legando a un punto sin retorno, las tácticas de combate habían surtido efecto, pero el enemigo era persistente, eficaz, la Commonwealth se estaba volviendo un objetivo prioritario, más que destruir el Propio Qliphoth, más que defender el planeta.
El objetivo primordial era destruír la Commonwealth sin importar el costo, la batalla espacial se estaba volviendo una pesadilla, el equipo B había logrado mantener las naves de asalto lejos del Titán, pero ahora se enfrentaban a un problema aún mayor, tener que esquivar los disparos pesados de plasma qiue iban dirigidos hacia el Titán de Acero.
Disparos de al menos un kilometro de anchura y de grosor.
Lo cual podía pulverizar una nave de asalto Skyrider en segundos, los demás escuadrones de combate trataban de evitar los enormes disparos de Plasma, pero al viajar a velocidades equiparables a la del sonido, sus naves podían ír a una velocidad que superaba el sonido, pero esquivar proyectiles de esa magnitud era aún más complicado.
Maniobrar en un campo de escombros, hacia que una batalla que ya era complicada se volviera aún más intrincada, causando que muchos de los pilotos que trataban de luchar y sobrevivir fuesen despedazados por los pesados disparos de plasma.
Matándolos al instante, sería un alivio creer que el plasma los pulverizaba rápidamente, pero había muchas personas que decían que ser golpeado por un proyectil de Plasma Pesado hacía que el cuerpo humano se desintegrará lenta y dolorosamente.
Era un alivio de cierto modo que nadie hubiera sobrevivido para refutar dicha teoría o al menos eso creían, el plasma pesado podía convertir vehículos completos en cenizas y a sus tripulantes dentro en pedazos de carne chamuscados.
Con eternas expresiones de dolor, horror y miedo impresas en sus rostros, por dicha razón existían teorías al respecto, pero solo eran teorías, nadie estaba dispuesto a comprobarlas si era una cruel verdad o una horrible mentira.
Debían volar con la velocidad máxima si querían evitar sentir el fuego en sus propias pieles.
― Maldita sea perdimos otra unidad. ―Murmuró la líder de escuadrón, observando su tablero de información apreciando como los pedazos de una nave aliada flotaban sin dirección hacia la oscuridad del vacío.
*Beowulf 1 a mando, Beowulf 1 a mando perdimos otra Skyrider del Equipo Kilo, Repito perdimos otra nave del equipo Kilo, solicitamos una retirada de emergencia. * V habló por el comunicador que se enlazaba directamente con el puesto de mando, quienes estaban demasiado ocupados tratando de idear una estrategia de como eliminar al Commonwealth.
― Negativo Beowulf, hasta que la batalla termine no podemos dejar que abandonen el perímetro de defensa. ―El Comandante Rehuel respondió manteniéndose firme, aunque la petición de la capitána.
Aunque reconocía que estaban perdiendo muchas naves en el asalto, debían mantenerlo defendiendo al Titán, si alguien accedía y causaba el mismo desastre que había acontecido en el Commonwealth perderían todo.
Tal vez incluso la guerra si esta nave caía en manos enemigas.
*Señor nuestros refuerzos están muriendo, si no nos retiramos esto se convertirá en un cementerio.* La capitana V trataba de contra argumentar, aunque también comprendía la situación del Capitán de Nave, pero sus compañeros estaban muriendo entre el fuego cruzado entre naves titánicas.
―Mantengan la posición, ¡si perdemos el Titán perdemos todo, no dejen de luchar!― Rehuel Apunto a decir certeramente, sin duda, el Titán de Acero era la nave más poderosa del Universo, el Commonwealth era sumamente peligroso en este estado, si esta nave cayera en manos enemigas, la guerra llegaría a un final pronto y sumamente triste para la Humanidad.
―Bajo ninguna circunstancia dejen que el enemigo atraviese el perímetro de defensa, es una orden. ―Pidió el Capitán Rehuel a todas sus unidades en batalla, esta contienda no iba terminar hasta que el Commonwealth y las naves de asalto dejarán de ser un peligro para la Titán, así que aunque estuvieran perdiendo a tantos soldados debían mantenerse en la lucha o todo se perdería en un solo instante.
*¡Kgh… entendido señor!* Este era un momento en el que deseaba tanto desobedecer las órdenes, pero ese no era el momento, perder el titán sería una tragedia enorme para la humanidad, casi tanto como perder uno de sus planetas colonizados.
―¿A cuanto estamos? ―El capitán ty comandante del Titán de Acero, esperando resultados favorables de su lado del combate espacial.
―Nuestros escudos resisten pero su potencia ha disminuido a un 72% de su capacidad, si recibimos un par de tiros más como ese estaremos expuestos. ―Su sub comandante respondió, estando atenta a los paneles de control, observando el estado de la nave a detalle.
―Sigan disparando, no dejen que nos golpeen de nuevo, ajusten todos los cañones para destruír el escudo enemigo.―Rehuel comandó a sus equipos, dándole la orden a todos de arremeter con aún más fuerza a la nave enemiga.
―¡Entendido señor! ―Exclamaron sus cañoneros al otro lado de las comunicaciones.
*Capitán recibo una señal de radio en el canal aliado desde el Commonwealth, identificación 0020115-HRG es de la nave de transporte que enviamos hace unas horas.* Cristopher habló interceptando comunicaciones desde el territorio del Commonwealth, una señal aliada que habían estado esperando con tanta anticipación.
―Transmítelo.―Pidió el Capitán adelantándose a recibir el mensaje de la nave que habían enviado hacia la oscuridad.
*Aquí la Piloto del Hornet C-07, ¿me reciben? El Commonwealth está a punto de explotar, repito, el Commonwealth está a punto de explotar, necesitamos apoyo para salír de aquí o todos vamos a morir cambio.* Faridah pidió al otro lado de la señal de radio, esperando a que el capitán Rehuel cumplierá con su parte del trato después de enviarla a ella y a su equipo en una misión Suicida.
― Recibido Hornet C-07, recibirán fuego de cobertura, apresúrense a salir de allí. ― El Capitán del titán de acero, respondió lo más rapído posible, asegurándole a la piloto de que ella junto con todos los caballeros de bronce que habían enviado a las entrañas del Commonwealth regresarían en una sopla pieza.
―Ya escucharon Equipo Beowulf, necesito que protejan esa nave, no podemos permitirnos perder a los caballeros.
*¡¿Que fue lo que dijo?!* Preguntó V incrédula de lo que el Capitán del Titán les estaba pidiendo a ella y a sus compañeros, ya era difícil pelear contra espectros que luchaban en Skyriders y esquivar disparos de plasma de kilómetros de anchura y de grosor, ¿ahora tendrían que proteger una nave de transporte con todo eso encima?
*Señor eso es una misión suicida, no creo que podamos acercarnos lo suficiente sin que nos despedacen a todos!* Respondió otro de los compañeros de la comandante, quien estaba empezando a sentir la poderosa fatiga que le estaba dejando el combate interestelar, sin duda algo que doblegaría el espíritu de cualquier hombre o mujer
―Beowulf enviamos a esos caballeros a una misión suicida desde el comienzo, ellos están arriesgando lo mismo que ustedes, si no es que más, si los abandonamos ahora perderemos una importante ventaja estratégica. ―Rehuel respondió tajantemente, la misión que se les había encomendado había sido una de las peores propuestas que habían sido puestas en la mesa, él había elegido mandarlos a hacerla porque pese a su índice de fracaso era la más factible, eso sumado a que el Commonwealth era un hueso duro de roer no les dejó otra opción, no podían fallarles ahora que la esperanza de que pudieran regresar era real, debía asegurarse de eso o el ejército, el gobierno y por supuesto el Santuario jamás le perdonaría perder otro equipo de caballeros como los que había enviado hacia Recclaimer.
―Deben salvarlos o podríamos perder información valiosa que podría salvar millones de vidas en el futuro, ¿quedó claro?
Sus palabras eran tan duras como el propio comandante, alguien que poseía el peso del mundo sobre sus hombros no tenía tiempo para pensar en el riesgo, solo en los resultados, él asumiría la responsabilidad por todos los equipos que morirían, las naves que se perderían y tanto el éxisyto como el fracaso de la misión, solo quería que esta victoria diera el paso más grande para la humanidad contra los demonios que los habían desafiado.
Así como el líder que los obligaba a enfrentarse a muerte para asegurar su extinción total del universo, la humanidad no perdería esta batalla, así tuvieran que sacrificarlo todo para asegurar su victoria.
―Como el cristal…― V murmuró, el equipo B era uno de los mejores equipos de combate interestelar que se tenía, la élite en un universo donde los mejores pilotos se definían por su habilidad al pelear volando a velocidades inconcebibles, pero hasta ella sabía que aun siendo los mejores no eran inmortales, un error, un minúsculo detalle para ganarse un boleto todo pagado hacia la tumba en el frío y desolador vacío del espacio.
― Carajo, ¡carajo! ―Ella comenzó a pensar rápido, no había momento para retroceder, debían acatar las instrucciones del capitán de inmediato, si una misión suponía ser fácil no era trabajo para Beowulf y ella bien lo sabía.
― ¡Ya escucharon al hombre, Beowul conmigo! ― Sin duda les iban a deber una buena ronda de cerveza por hacer todo el trabajo que al menos 60 escuadrones de Cazas podían lograr solo por esta misión.
― ¡Tengo un mal presentimiento de esto V! ―Comentó su compañero, preparado para seguir a su capitana hasta el infierno mismo, pese a que sintiera un frio escalofrío recorrer toda su espina dorsal.
―No rompan formación y estaremos bien, mantengan sus radares encendidos, no se distraigan. ― Pedía la Comandante del equipo B, cambiando la trayectoria de su nave y la de sus compañeros hacia el Commopnwealth, iban a rescatar a esos soldados, les iban a demostrar a esos espectros de que estaba hecho su escuadrón.
―Y por lo que más quieran, no se mueran. ―Finalizó empujando el acelerador con su brazo derecho, dando un poderoso impulso hacia adelante, volando hacia la oscuridad reptante que quería devorarlos a todos, con la esperanza de que con eso lograrían obtener una esperanza para ganar esta batalla de una buena vez por todas.
Mientras tanto en el otro lado de la batalla, Albert continuaba su arremetida hacia la nave adversaria, imbuyendo su cosmos de oscuridad en los cañones para potenciarlos y hacer más daño a los escudos del Titán, logrando destruir varias Skyriders en el proceso, algunas que le pertenecían al Commonwealth, pero eran bajas menores comparada con el enorme premio que significaría invadir o destruír la nave más grande del universo.
Él quería ganar esta batalla, solo así el poderoso Aatriox lo reconocería como uno de sus espectros y comandantes más importantes de su legión, otorgándole el honor de ser su mano derecha en esta guerra.
―Ahhh esa nave se está volviendo un dolor en el culo. ―Murmuró el espectro de Upyr, observando con furia la nave enemiga, se Estaba Hartando de la resistencia de esa nave, aunque la batalla no había durado más que unas horas podía sentirlo como si fueran días, además de que su compañero estaba perdiendo el tiempo matando a los intrusos cuando bien podía ayudarlo a destruír esa nave, con sus poideres combinados, el titán de acero en este momento sería menos que escombros.
― Espero que Volkolak ya haya terminado con esas molestias, el señor Aatriox no perdonará una derrota como esta… Además el Qliphoth…―Fue entonces que miró hacia las pantallas de su puesto de mando, apreciando una escena que ocurría justo frente a las cámaras de seguridad que lo sobresaltó, encontrándose con el espectro del vampiro destruyéndola nave con sus propias manos, haciendo pedazos la estructura interna con su poder siniestro comandando el cosmos de la oscuridad misma para despedazar la nave que habían logrado robar.
―¿¡Que!? ¿¡Que está haciendo ese idiota!? ―Se preguntó con rabia en su voz, golpeando el tablero con sus brazos, rompiendo la consola frente a él, como era posible, el objetivo era llevar esta nave como ofrenda a Hades, convertirla en la subyugación de la humanidad. La sombra más ocura que se posaría sobre cualquier planeta donde posarán su mirada, ¿y él la estaba destruyendo? ¿Por qué?
― ¡Estás tirando a la basura todo lo que conseguimos!
Albert miró con ira y decepción a su compañero, creía que estaba juntos en esto, que ambos disfrutaban de masacrar millones de personas, que eelobjetivo era asesinar a la mayor cantidad posible de gente tanto en este mundo como en otros utilizando este enorme instrumento para dar muerte a billones de almas.
Así que porqué, ¿por qué estaba destruyendo lo que tanto les había costado conseguir?
―¿Por que lo haces, por qué lo harías? ¡Se supone que estamos aquí para ganar, para llevarle la más gloriosa victoria al Rey Hades! Se supone que estamos aquí para ganar… a menos que… hayas perdido. ―Se dijo observando la sapuri de su compañero, enfocándose justamente en el pecho justamente donde una abertura enorme en el corazón, lo cual, solo hizo que pasará dela furia al regocijo.
―Je je je je jeh… ja ja ja ja ja ja ¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA! Estás dispuesto a sacrificar la victoria de nuestro rey, para que nadie jamás sepa que te derrotaron, bien jugado Vol, bien jugado pero…―Fue entonces que tomó nuevamente el control de la nave, ahora sí sería todo o nada, si los cañones no destruían esa nave, él mismo se encargaría de mandarlos a todos al infierno con él.
―Si quieres que nadie sepa que perdiste, ¡tendrás que evitar que yo muera antes que tu regreses al inframundo! ―Fue con esas palabras que el espectro de Upyr daría su última gran presentación, el momento más esperado por todos se llevaría a tantos como pudiera estrellando esta nave contra el Titán de Acero.
Por su lado Volkolak estaba ocupado destruyendo cables, tuberías puertas, consolas y todo tipo de mecanismos que pudieran evitar que la energía de la nave logrará encontrar una salida óptima para evitar el rápido sobrecalentamiento, él no entendía nada sobre la tecnología que estaba despedazando, pero sí sabía que si la nave dejaba de funcionar correctamente todo se vendría abajo eventualmente.
Aunque al sentir el movimiento de la masiva nave, el espectro del Vampiro miró hacia arriba, observando a las cámaras que registraban todos sus movimientos, sabía que Albert lo observaba, sabía que él sabía lo que estaba creando, tal vez el fracaso más grande que el ejército de Hades jamás vería.
O tal vez… el momento de triunfo más glorioso de todos, no importaba, lo único que realmente le importaba era que la verdad detrás de su caída jamás fuese revelada, no importaba si tenía que mentir frente a su Juez, ante los dioses del sueño y de la muerte o ante el propio Hades.
El peso de la derrota caería sobre los hombros de Albert, mientras que él saldría limpio, justo como siempre lo había hecho.
―No te preocupes Albert, tu ni siquiera llegarás al inframundo. ―Pues de eso él mismo se encargaría, aunque Aatriox se enfureciera por el fracaso de sus espectros, todo recaería en Albert, él había orquestado este ataque, él lo había traído hasta aquí… y él recibiría la culpa por el fracaso.
Volkolak seguiría sirviendo a su general con su honor de espectro intacto, un pequeño contratiempo como este no destruirían su espíritu, no cuando tenía un objetivo en mente, iba a encontrar a esa niña que lo había humillado.
La iba a destripar con sus propias manos.
Y finalmente en el Médula de la Nave…
La secuencia de Autodestrucción estaba comenzando, el sitio estaba tan caliente que podría considerarse un horno, lo cual era la mejor señal para comenzar a escapar todos de esta bomba de tiempo a punto de estallar.
los caballeros restantes en el área habían terminado con los últimos poseídos, sabían que debía haber más en otras áreas de la nave, corriendo hacia sus posiciones, pero pronto ellos serían reducidos a menos que polvo junto con el resto de la Nave.
Si tomaban el atajo estarían lejos de aquí pronto, solo debían apresurarse a salir, la cosa ya se había puesto mal solo para que fuera a peor, la tercera parte de la misión estaba completa ahora solo quedaba la cuarta y última que era salir de aquí para regresar al Titán de acero.
―Muchachos, el Nucleo está a punto de desestabilizarse, las explosiones están a punto de comenzar será mejor que nos retiremos o…―Dawn quería terminar su explicación pero un fuerte estallido cerca del puesto de mando la interrumpió, dejándola sorprendida y en Shock, eso no debía ocurrír al menos hasta que la sobrecarga comenzará a llegar a niveles críticos.
―¿Que carajo fue eso? ―Preguntó Darrel mirando hacia esa dirección, solo para que otra fuerte explosión a sus espaldas, lo obligarán a apartar su mirada, sorprendido y aterrorizado de lo que estaba ocurriendo en esos instantes.
― La reacción en cadena no debería haber comenzado tan pronto… No podría…―Dawn no se creía lo que ocurría, algo debía estar acelerando la sobrecarga del sistema, la Commonwealth no tenía un método más factible para que el núcleo se volviera tan inestable como en esos momentos, pero si esto estaba sucediendo era por qué alguien más estaba apresurando el colapso de la nave.
― Carajo… carajo, ¡todos corran a la salída! ―Exclamó Kobu desesperado marcando el paso para todos sus compañeros, quienes acataron las órdenes del líder corriendo hacia los ductos de residuos donde entraron, ahora ningun pero para entrar debido a que era arrastrarse nuevamente por los desperdicios de la nave o morir convertidos en polvo por la nave.
―¡De prisa, rápido, rápido, rápido! ― Uno a uno fueron atravesando las rejillas hasta que solo quedó Dawn, quien trataba de correr en dirección a los caballeros de bronce, pero el movimiento brusco que estaban haciendo las detonaciones solo la hacían temblar y caerse por cada paso que daba.
―Carajo, esta mierda se está poniendo demasiado arriesgada. ―Kobu observaba como el lugar se llenaba de escombros, el techo casi parecía caerse a pedazos, el cristal que contenía el núcleo comenzó a desquebrajarse y la misma esfera de energía nuclear comenzaba a tornar su forma a una menos definida, creando rayos de energía a su alrededor que chocaban con todas las paredes que poco a poco comenzaban a ceder ante el poder inconmensurable del corazón de la nave.
―¡Vamos no tenemos tiempo! ―Le gritó a la última superviviente del Commonwealth, quien seguía adelante pese al terror que infundía toda la situación sobre sus piernas.
―¡Ya voy, ya voy! ―Exclamó la científica, adentrándose a las tuberías una vez más, con la esperanza de que el colapso no cerraría los ductos, si había algo peor que morir por una explosión, sería morir atrapado en un lugar estrecho y sucio que se estaría calentando rápidamente hasta finalmente estallar en pedazos.
―¡De prisa! ―Exclamó el caballero una última vez para finalmente dar una última mirada al centro de mando del Núcleo, todo se estaba yendo al demonio demasiado rápido, no estaba seguro si saldrían de allí vivos, pero de algo estaba seguro.
Esta guerra era un renacimiento de Fuego, un momento de catarsis para todos, el momento de la verdad donde los niños se convertían en soldados, donde el valor de la vida era puesto en tela a cada momento, Kobu había entendido que la guerra desde su concepción era el momento donde se perdía la inocencia del desconocimiento para aceptar la dura y cruda realidad de la vida.
Pero este no sería el lugar ni el momento donde ellos iban a morir, no se iban a rendir, iban a continuar hasta que todo este caos y violencia encontrará su fin.
Esta guerra iniciada mucho antes de que cualquiera de ellos naciera debía hallar su final, ya fuera en los oscuros rincones del universo, ya fuese en este o en otro planeta, ya fuese en el lugar donde todo esto había dado inicio, este conflicto debía encontrar su final.
Kobu se dio media vuelta, adentrándose por los estrechos ductos, listo para escapar de este lugar, pues su muerte no se encontraba aquí, por un momento creyó que así sería.
Pero si la vida le estaba dando la oportunidad de regresar para convertirse en un héroe.
No la iba a desperdiciar, esta guerra encontraría su final y él estaría allí para verla terminar, convertido en ese héroe que siempre quiso ser, un héroe que la historia jamás olvidaría.
Entonces en Recclaimer.
Los muchachos en Tierra estaban dando todo para ganar la batalla, mientras que los soldados republicanos evitaban que los poseídos se cercarán al Qliphoth, los caballeros de bronce peleaban salvajemente contra el Espectro de Fenrir, creando un baile violento entre el agua, el hielo y la oscuridad, volviéndose un baile tan agresivo e intrincado que nadie tenía el control de la situación en realidad, solo pretendían tenerlo al tener a un enemigo tan fiero como al que se enfrentaban corriendo saltando y evadiendo hacia todas direcciones mientras atacaba.
En verdad parecía una bestia sedienta de sangre que aprovechaba cada segundo de ventaja para arremeter, que siendo dos caballeros de bronce contra un solo espectro la pelea se estaba convirtiendo en una competición para ver quien era el primero en derribar al enemigo o quien sería el primero en ser asesinado por las garras del Animal.
Mientras que John se enfrentaba al espectro de Lyacon en un combate a muerte, utilizando todo el fuego de su cosmos, tratando de incinerar al enemigo, utilizando toda su fuerza en combate para derrotarlo y acabar con él, pero como lo había intuido, el espectro era resistente, feroz, salvaje y sumamente impredecible.
Consiguiendo no solo despistarlo en un par de ocasiones, sino que había logrado herirlo, clavando sus garras en su carne, lo cual no evitaba que él hubiera conseguido devolver el favor con una poderosa y efectiva contramedida, pero mientras más duraba el enfrentamiento más empezaba a sentir los efectos del enfrentamiento en su piel, mientras que su enemigo no parecía sentir nada, de hecho cada herida que había recibido durante el enfrentamiento había logrado curarlas rápidamente, convirtiendo la batalla en un baile evasivo donde John debía anticiparse en la dirección del siguiente ataque antes de que nuevamente las garras del enemigo atravesarán su piel.
Finalmente en el cielo la Feroz pelea de Mary contra el Espectro del Yokai se desenvolvía con aún más fuerza que antes, la joven águila utilizaba cada habilidad enseñada por su mentora para desenvolverse con versatilidad y rapidez en el combate aéreo evadiendo fugazmente los zarpazos de su adversario que se mantenía aferrado al árbol gracias a sus poderosas garras.
Manteniendo un ritmo desmedido, constante, infranqueable, irrefrenable.
Lo cual no detenía el flujo elegante así como fiero de Mary, ella utilizaba cada habilidad de su lado para volver el combate lo más distante posible, utilizando sus piernas para dar saltos en el medio de la nada, para obtener una mejor posición y seguir arremetiendo, aunque dicho solo la seguía lastimando debía utilizar toda su fuerza con el mero propósito de defender a sus compañeros.
Quienes seguían su escalada, hasta el corazón del Qliphoth.
― Ya casi estamos, ¡aguanta un poco más! ―Exclamaba Seinma sintiendo como sus brazos y piernas apenas podían seguir aferrándose a la madera pálida del Qiphoth, pero más fuerte que el agotamiento físico era su fortaleza mental, no iba a dejar de escalar hasta llegar a la cima.
―Estoy más preocupada por los chicos de abajo…―Murmuraba Danny evidentemente preocupada por sus amigos, por los supervivientes de la dura batalla y por supuesto del sargento Martín, quien Esperaba que pudiera salir vivo de esta batalla tan dolorosa.
―Estarán bien… solo concéntrate ya casi estamos cerca. ―Pedía el caballero de pegaso,divisando lo que esperaba que fuera el final del trayecto, habían pasado miles de infortunios para llegar hasta este punto, solo quería llegar a la cima para ver el verdadero corazón del Qliphoth y poder perforarlo, consiguiendo finalmente pisar algo que no fueran almas cristalizadas y petrificadas de forma horrible.
―Ven dame la mano.― Pidió el muchacho inmediatamente después de haber alcanzado la cima en búsqueda de ayudar a su compañera más valiosa para que toda esta misión tuviera una mínima posibilidad de finalizar sin más bajas de su lado.
Ella trató de alcanzar a Seinma, una vez que habían llegado a la cima, su cadena comenzó a enrrollarse nuevamente en su brazo, segura de que no habrían más percances, al menos por ahora.
alzando su mano hacia el caballero pegaso para recibir su gentil ayuda, sin percatarse de que un traicionero ataque iba en su dirección golpeándola ferozmente provocando que ella comenzará a caer.
―¡Sein!—No se lo penzó dos veces, el caballero de Pegaso se lanzó hacia ella logrando sujetarla del brazo, aferrándose fuertemente con su otra mano a la superficie rocosa del Qliphoth, aunque en el acto ambos casi caían al suelo.
― Kgh! ¿Estás bien Danny?—Interrogó el caballero del Pegaso utilizando toda su fuerza para intentar subirla, sintiendo como las cadenas de Andrómeda comenzaban a cubrir su brazo, reforzando el agarre entre ambos, mientras que la cadena circular se disparó a todas direcciones buscando un soporte más estable para sujetarse.
―Sí…―Ella murmuró sintiendo el viento a su alrededor, no quería mirar hacia abajo pero quería hacerlo, el solo imaginarse lo que habría allí le causaba un enorme terror como una enorme curiosidad, pero no iba a hacerlo… al menos no ahora.
Seinma iba a Levantar a su compañera para que pudiera pisar tierra firme como él, pero fue entonces que nuevamente el espectro que había atacado a su compañera apareció listo para asesinar a la Saintia de Andrómeda y al Pegaso con un solo golpe.
Por suerte una patada voladora ascendente logró desviar su ataque, consiguiendo que el caballero del pegaso pudiera poner a su compañera a salvo.
Ante el costo de que suponía cargar a una persona completa con armadura de bronce que la hacía pesar el doble, terminando con Seinma en el suelo abrazado de Danny evitando que ella cayera al vacío, solo para que segundos más tarde ambos se alzarán para observar la pelea que ocurría en medio de las ramas del Qliphoth.
Observando como su compañera saltaba en el medio de la nada, provocando ondas de viento a su paso, el cual la impulsaba hacia atrás o hacia adelante dependiendo de lo que ella requiriera en su feroz combate.
―¡Mary! ―Exclamó Seinma preocupado por su compañera, observándola luchar con tal determinación con tal pasión, con tal entrega únicamente para defender a sus amigos.
―Sigan adelante, ¡yo los cubro!― Exclamaba la joven amazona del Aquila, dando nuevamente un salto en el viento, lista para volver a atacar a su compañero.
― Liz…―Danny susurró observando a su compañera desaparecer de sus ojos, solo para reaparecer en otro lado, arremetiendo agresivamente contra su adversario, quien se defendía y contratacaba con la misma agresividad.
―Vamos debemos movernos, veamos que es el núcleo del Qliphoth. ―El caballero del corcel alado le pidió a su compañera ayudándola a levantarse, no debían perder el tiempo, si no querían que el sacrificio de sus compañeros fuese en vano, si querían asegurar la victoria y si querían ver otro día debían apresurarse hacia el centro del Qliphoth.
Danny miró a Seinma corriendo a la dirección del corazón del árbol, comenzando a seguirlo aunque por un momento de detuvo para finalmente miró hacia sus espaldas, encontrándose con el precipicio de miles de metros de altura, lo suficientes para matar a cualquiera.
Debajo a sus compañeros, amigos y su primo peleando por protegerlos, junto con Mary quien se encontraba luchando utilizando toda su fuerza y cosmos en combate.
No podía ser en vano, todos los sacrificios hechos y por hacerse no podían ser en vano, debían destruí el Qliphoth no era el momento para dudar, era el momento de actuar.
―Buena suerte muchachos. ―Le dijo a cualquiera que la estuviera escuchando, en este momento debían pensar con la cabeza fría, como John lo había dicho, ya habría bastante tiempo para lamentarse, ahora debían encargarse del enemigo más terrible.
Por el que se encontraban aquí, tratando de proteger al universo del enemigo más persistente, aquél que los había cazado durante tantos siglos, el Dios del Inframundo y el tirano más terrible que jamás hubieran imagnado enfrentar.
El Rey de los Muertos: Hades.
―¡Ave FÉNIX!―En el suelo el caballero del ave eterna luchaba con todas sus fuerzas utilizando cada una de sus téncicas más poderosas, sin embargo el espectro al que se enfrentaba se movía erráticamente, lo suficiente como para que de cada 5 ataques solo dos acertarán, causando que el espectro utilizará esa ventaja a su favor para atacar ferozmente a su adversario, arremetiendo con sus garras, desgarrando parte de su piel y armadura en el proceso.
―¡Kgh…! Maldita sea…―John murmuró alejándose de su enemigo, tratando de poner la mayor distancia entre él y el espectro, sintiendo una enorme sensación de agonía yendo desde su costado hacia su espalda.
―Que sucede niño, ¿ya te estás cansando? ―Preguntó el espectro alzando su mano con sus garras recubiertas de sangre, manchas carmesís que resbalaban por todo el dorso de su mano, el cual procedió a lamer con una mirada desafiante y arrogante.
―Aún no hemos terminado, quiero ver qué tanto de tu carne puedo desgarrar, quiero ver como tus huesos comienzan a sobresalir de tu piel.
John no pudo evitar sentir una sensación de repudio y repulsión hacia ese hombre, se burlaba de él, odiaba que le recordarán que pese a tener la fuerza para derrotar a cualquier humano, independientemente de que utilizará una armadura o no, seguía siendo inferior a la de su padre, él sin duda habría terminado con este combate con un solo ataque pero… noiba a dejar que esas probabilidades lo abrumaran, debía pelear utilizando todo el poder de su cosmos.
―Ahhh… Si quieres asesinarme, tendrás que hacer más que eso, basura muerta. ―Además debía recordar que no estaba luchando contra un hombre, estaba luchando contra un ser revivido, un no-muerto que amenazaba su vida, buscando destruirlo, acabar con su confianza y hundirlo en las profundidades de la desesperación.
―Je je je je jeh... Vamos a ver cuanto puedes soportar antes de quebrarte ante mí. ―Pero aunque el espectro hablará con tanta seguridad, él no iba a romperlo, Johnathan tenía una determinación férrea y una fuerza abrumadora, podría doblegar a cualquiera con su nivel, solo debía encontrar un punto para atacar, exponer su debilidad para matarlo definitivamente.
―Quiero ver cuanta sangre puedes derramar antes de caer muerto. ―Sus amenazas no parecían causar efecto en el fénix, todo lo contrario lo hacían enfurecer más, ocasionando que el dolor de sus heridas fuesen amortiguadas por el odio que producía la adrenalina.
―¿¡Bueno, porqué no vienes a probarlo!? ―John llamó con despreció, provocando que las llamas de su cosmos se alzarán a su alrededor, ardiendo con la ira creciente que un sol joven a punto de estallar podía lograr, iba a incinerar todo a su paso, demostrando su verdadero potencial en combate contra ese espectro arrogante.
― ¡Así me gusta! ¡NIÑO MUESTRAME DE QUÉ ESTÁS HECHO! ―Llamó el espectro hacia él, con una terrible sed de sangre, que consumaría del cuerpo degollado del fénix, elevando su propio cosmos al mismo tiempo que las flamas del ave de fuego lo hacía.
―¡Rahhh! ¡Impacto Amaterasu! ―El poder del fénix concentrado en la palma de su mano se vio potenciado por una enorme bola de fuego que se proyectó en un impacto violento y brutal, golpeando poderosamente el suelo, sacudiendo los pocos árboles que quedaban a su alrededor, quemando e incinerando todo a su paso esperando que ese golpe pudiera hacerlo retroceder.
―¡Aullido Infernal! ―Exclamó el Espectro del Lyacon, provocando que su onda de viento chocará estruendosamente contra el indomable sol de Johnathan, despedazando el suelo debajo del impacto.
―Aún no es suficiente, todavía no es suficiente. ―John gruñó, apretando fuertemente sus dientes, tratando de empujar al enemigo con su propio cosmos, sintiendo como sus propios brazos comenzaban a sentir un calor inhumano, él estaba acostumbrado al fuego, a la temperaturas extremas a la que su cosmos era capaz de alcanzar pero ahora estaba llevando su propia resistencia al límite.
―Arde… al máximo, ¡MI COSMOS! ―Aún así seguiría arremetiendo con todo su poder, hasta que ese desgraciado fuera menos que cenizas.
―¿Crees que eso te ayudará? Crees que tus llamas podrán incinerar mi alma, ja ja ja ja ja, pequeño y tonto caballero de bronce. ― Su voz desapareció, junto con su fuerza, cuando el golpe de John dejó de ser empujado de vuelta hacia él, el santo del Fénix observó como su ataque estallaba en la distancia, obligándose a cubrirse con sus brazos para evitar que los pedazos de tierra que se alzaban a su alrededor obstruyeran su vista.
―¿¡De donde crees que vengo!? ―Fue entonces que la voz de su enemigo se presentó de nuevo por encima de él, listo para lanzar su siguiente ataque.
―¡Estallido del Infierno! ―Una bola de fuego oscura salió desde sus brazos, consumiendo el aire a su alrededor, convirtiendo la poca vegetación que quedaba en remanentes calcinados y deteriorados, ese maldito estaba tratando de pulverizarlo, mientras que John aún no había recuperado su energía después de su último ataque.
"Este malnacido tiene razón… su poder me supera enormemente, la única forma de derrotarlo es ír más allá de mi poder actual." El caballero del Fenix pensó oponiendo sus manos contra el ataque frenándolo, aunque no lo suficiente para sentir como la energía del espectro trataba de aplastarlo, haciendo arder aún más su cosmos para repeler el ataque
"Debo ír más allá, debo utilizar el poder del Sol… pero… Si eso no basta para derrotarlo, entonces…" Recapacitó, ideando un plan para derrotarlo utilizando una de sus técnica más fuertes, eso le permitiría ganar la pelea y le otorgaría ese momento de ventaja con el que podría acabar con su enemigo.
Aunque un recuerdo vino a su mente, algo que no había ocurrido hacía tanto tiempo, pero que podía rememorar tan claramente como en el momento que sucedió, un momento tan claro que aún seguía presente.
Una petición, más allá de eso, un ruego de parte de la persona más importante de su vida.
"Pero… debes prometerme, que nunca más volverás a utilizar el puño fantasma de Fénix…" Dijo la voz de su prima, ese momento tan claro como el agua aún lo llamaban, le recordaban que él no era un recipiente de odio, que él no era una sombra de su padre, no tenía por qué vivir despreciándose a sí mismo y a la gente de su alrededor…
Pero ahora debía tomar una decisión o de lo contrario iba a morir, debía poner su fuerza, su perseverancia, su ser… en ganar esta batalla, incluso si eso significaba aceptar la parte de sí mismo que más despreciarla y utilizarla como un arma para destruir el mal.
"Perdóname querida Hermana, tendré que romper mi promesa.… pero." Fue entonces que la fuerza de John logró superar finalmente a la de su enemigo, provocando que el ataque se desvaneciera entre sus manos, que heridas y quemadas, ahora tenían un nuevo propósito.
―Esta es una situación de Vida o Muerte. ―Ahora no contendía sus puños, utilizaría todo su arsenal de técnicas para destruir a su enemigo.
― Entonces que así sea, peleemos sucio entonces. ―Dijo abriendo sus ojos recubiertos por una llama voraz, que desbordaba desde sus parpados, convirtiendo su llama interior en el resplandor de un sol imperecedero.
La verdadera Ave Fénix estaba a punto de renacer, un fulgor poderoso lleno de ira y odio, un repudio que iba a desatar sobre sus enemigos, una llama eterna que castigaría inmisericorde a los ruines y purificaría esta tierra con el fuego infinito de su desprecio.
No habría cuartel ni tregua para los mezquinos, no habría misericordia para los ruines, los caballeros sagrados de la diosa de la guerra no debían tener piedad con ellos, pues sus manos manchadas de sangre inocente eran la prueba de sus crímenes.
Crímenes que debían pagar con una muerte dolorosa, no habría redención para los perversos, solo dolor.
Una furia que se compartía al otro lado del campo de batalla, donde los valientes soldados republicanos y de acero luchaban sin descanso, gastando sus últimas reservas de municion cinetica y de plasma.
Manteniendo la línea entre el Qliphoth y ellos, quienes se abalanzaban como una jauría de perros hambrientos, pero de entre ellos quienes más se destacaban eran los tres guerreros de bronce que trataban de contenerlos, mientras que al mismo tiempo peleaban contra un espectro consiente que aprovechaba cada descuido y punto ciego para atacar inmisericordemente, tratando de romper su formación solo para que con sus garras logrará arrancarle la cabeza al caballero del Dragón como al Cisne.
Por su parte ambos caballeros se encontraban espalda con espalda, tratando de contener a las hordas incesantes provenientes del inframundo, mientras que, a su vez, trataban de abatir al espectro que los acechaba y atacaba constantemente, como un animal rabioso, desesperado por arrancar con sus propios dientes la dulce carne humana de esos guerreros.
―¡La Colera del Dragón!—Exclamó Shinryū lanzando una poderosa ráfaga de agua, equivalente al golpe de un río furioso azotando fuertemente a una roca.
―¡Polvo de Diamante!—Clamó Benjamín causando una pesada ventisca que logró congelar todo a su alcance, aunque no pudo detener o mínimamente ralentizar al enemigo, solo consiguió cubrir de apresar en el hielo a todos los poseídos en su camino.
―¡Ja ja ja ja ja, demasiado lento niños! ― Se burló el Espectro, arremetiendo ferozmente contra Benjamín quien apenas pudo detener el ataque con su propio escudo, únicamente para que, al intentar contratacar, el espectro hubiera desaparecido de su vista de nuevo.
― Demonios es demasiado rápido.—Murmuró E caballero del Dragón sintiendo como un golpe pasaba cerca de su rostro, siendo amortiguado por su escudo.
―Y nosotros perdimos velocidad… la situación no nos favorece. ―Murmuraba Benjamín, respondió el caballero del cisne, sintiendo la pesadez de sus heridas recorriendo todo su cuerpo, provocándole una enorme impotencia por no poder pelear con la misma fuerza y velocidad con el que lo hacía antes.
―Cierto pero recuerda que aunque sean espectros, siguen siendo humanos… de cierta forma, si aún podemos ralentizarlo con hielo, podemos derrotarlo… debemos combinar nuestros ataques. ―Shinryū aclaraba tratando de proteger a su compañero con su escudo, apenas podía verlo moverse, era bastante rápido y sus ataques no estabn surtiendo efecto, por eso debían pensar mejor la situación y adelantarse al ataque de su enemigo.
―¿Como siempre lo hemos hecho? ―Interrogó el caballero del cisne mirando por sobre su hombro hacia su compañero, encontrando su mirada a través del casco que cubría sus rostros.
―Sí… pero debemos ser precisos, si podemos combinar nuestras habilidades sé que podemos ganar, solo necesitamos una abertura, una pequeña ventaja…―El muchacho de cabello oscuro pensó, reconociendo que las cosas no saldrían bien de no tener un plan de acción, él podía polanear una estrategia, no tan eficiente como la de Danny, pero podría conseguir una victoria solo si Benjamín estaba de acuerdo con ello.
―Y ganaremos.
―Suena arriezgado, pero… todo dependerá de cómo nos desenvolvamos… sabes a lo que me refiero, ¿verdad? ―Preguntó Mirando detenidamente a Shinryū, aunque sus planes no eran lo suficientemente buenos, de tener a Andrómeda podrían asegurar su supremacía, pero aún así debían confíar en ellos mismos como lo habían hecho tantas veces antes.
―Entendido, entonces me toca a mí elegir ese momento. ―Aseguró el caballero de cabello rubio asintiendo, reconociendo que aunque su estrategia no fuera perfecta al menos debía sacarlos de este apuro.
―Confío en ti, Benjamín-kun. ―Respondió Shinryū, colocando la misma confianza que había depositado en él durante la primera fase del torneo galáctico en la casa de leo.
La confianza era mutua, ellos conocían sus fortalezas y debilidades mutuas mejor que nadie, si ellos dos luchaban juntos serían prácticamente invencibles.
En este momento debían confiar más que nunca uno en el otro, la victoria dependería de que tan bien lograrán desempeñarse en combate, en cuanto estarían dispuestos a arriesgar y que estarían dispuestos a sacrificar para derrotar al enemigo.
―¿Que tanto murmuran entre ustedes niños?—Susurró al oído de ambos, ocasionando que los caballeros de bronce miraran hacia sus espaldas, nunca lo vieron llegar, cuando un golpe violento de viento los apartó, empujándolos fuertemente lejos uno del otro.
Él habría podido asesinarlos en ese momento, pero no lo hizo solo para poder jugar más tiempo con ellos, como si ellos fueran presas y él fuese un cazador imparable al que no podían hacerle ni cosquillas.
―¡Kgh…!—Se quejó Benjamín sintiendo una leve cortada en el cuello mientras que Shinryū pudo sentir que una poderosa cortada se formaba sobre su vientre, causando que la salúd de ambos se viese aún más comprometida.
―¡Tormenta de Garras! ―Exclamó el espectro provocando una poderosa onda de viento cortante a su alrededor, empujando aún más a los jóvenes caballeros, quienes pudieron sentir como una fuerza casi invisible comenzaba a abrir nuevas y viejas heridas sobre sus cuerpos, nuevamente su sangre comenzaba a teñír el suelo.
―¡Revolución Ígnea! ―Una voz convocó una marea de fuego que cubrió la tierra donde se encontraba el espectro del Yokai en un intento de incinerarlo hasta los huesos., provocando su huída rápida para evitar que las llamas lograrán atraparlo.
―¿Están bien Muchachos?—Interrogó Kiva llegando a tiempo para ayudar a sus compañeros de equipo. Tal vez no fuera mucho pero quería ayudarlos, quería ayudarlos a destruir a este cruel Espectro.
―¡Kiva! No interfieras, esto es entre él y nosotros. ―Pidió Shinryū adelantándose, encendiendo su cosmos para evitar un ataque traicionero en la espalda de Kiva utilizando su escudo para defenderlo mientras que Benjamín se apresuró a disparar un rayo de hielo que congeló el suelo donde el espectro se encontraba, consiguiendo lo primero, pero no lo segundo.
Nuevamente el sirviente de Hades desapareció, moviéndose una milésima más rápido que los caballeros de Bronce, ese desgraciado estaba jugueteando con ellos, estaba siendo arrogante, complaciente, esa sería su camino directo hacia su caída.
El momento donde ellos definirían la pelea, solo necesitaban hacerlo creer que los tenían bajo control, porque cuando su último golpe fuese efectuado, pero para eso Kiva debía estar fuera de la ecuación, no era porque no lo considerarán valioso o fuerte, sino por que necesitaban que el enemigo en verdad pensará que los tenía en sus garras.
No era la estrategia más eficiente, pero sin duda podrían ganar.
―¡Protege a los Soldados, ellos te necesitarán más que nosotros! ―Pidió Benjamín, mirando a sus espaldas, encontrándose con la mirada perpleja de Kiva, quien creía que ellos necesitaban ayuda, pero la forma en la que se anticipaban, en la que reaccionaban, no era de alguien que estuviera peleando por sobvrevivir, sino que se preparaban para contratacar.
―No necesitas demostrarnos nada, ya lo hiciste, ¡ahora haz lo que te decimos y ve! ―Por eso le parecía que algo no estaba del todo allí, siendo dos de los caballeros que habían llegado lejos en el torneo galáctico que un espectro los estuviera superando no parecía correcto, ellos estaban preparándose para dar todo de sí mismos, tenían esta pelea bajo control, pero el enemigo no lo sabía, estaban engañándolo para que cayera directo a su trampa.
Por esa razón, el caballero del Caballo menor asintió, permitiría que ellos pelearán, no interferiría más, a menos que ellos se lo pidieran, pues si era verdad que tenían la pelea bajo control, entonces sería mejor no estorbar y dejarles el resto a ellos dos.
―Sí, ¡sobrevivan muchachos! ―Kiva comenzó a retirarse rápidamente, aunque podía detectar cerca al espectro sabía que no lo atacaría, esta pelea era entre ellos tres, después de todo, sus lo reconocían y aceptaban como parte de su equipo.
No tenía porqué demostrarles su fuerza, ya lo había hecho salvándoles la vida, ahora tenía que demostrar que podía seguir instrucciones y proteger a otros menos poderosos que los caballeros, utilizando su cosmos para ofrecerles la oportunidad de salir vivos de este bosque tan curel.
―¿Listo Shin? ―Preguntó benjamín nuevamente espalda con espalda, observando a su alrededor con atención, anticipándose al siguiente ataque de su feroz enemigo.
―¿Contigo? ¡Siempre! ―Respondió el caballero Dragón asintiendo con determinación, ambos iban a pelear como uno solo, derrotarían a este mal que los hacechaba y juntos regresarían victoriosos con sus amigos.
―¡Vengan a mí guerreros!—Amenazó el Espectro del Yokai lanzándose nuevamente a ellos, arremetiendo con ferocidad, su objetivo era arrancarle la cabeza a sus enemigos.
Él deseaba manchar el suelo con la sangre de sus enemigos, matar a un caballero era algo que los espectros de Hades consideraban como un triunfo, algo que ellos podían alardear frente a todos.
No importaba que fueran de bronce, o de plata, las cabezas de los caballeros atenienses eran un trofeo, cualquiera podía decir que había asesinado a un santo de Bronce, pocos podían presumir que habían asesinado a un caballero de Plata, pero solo una contada cantidad de espectros habían logrado Dañar a un santo de Oro.
Era un distintivo que solo los espectros de la más alta estirpe habían logrado conseguir, véase los Jueces del inframundo, sus lugartenientes como sus generales y por supuesto, los dioses.
Estar tan cerca de matar a un dorado era solo un reconocimiento que los espectros que se encontraban entre lo más alto de la élite de Hades podía presumir.
Pero ellos no iban a ser otra marca en la larga lista de aliados que habían sido asesinados por los espectros, no iban a caer, si asesinar un espectro de rango bajo era algo de lo que había que sentirse orgullosos, entonces ostentarían del haber asesinado a un espectro de rango medio, nadie más iba a morir bajo sus crueles manos, no mientras ellos estuvieran aquí para detenerlo.
Mientras que más allá del cielo una batalla encarnizada se desataba entre las ramas del Qliphoth, el movimiento fugaz de la amazona del águila era rivalizado con la ferocidad y agresividad del espectro del Yokai, los saltos entre rama en rama eran acompañado con el sonido de golpes fugaces chocando ferozmente unos con otros.
Rompiendo el sonido, desatando un furor casi imposible de ser frenado, convirtiendo el combate en un infierno de ataques que se manifestaban en todas direcciones, causando un caós en todo el entorno, provocando enormes explosiones de poder, destruyendo los puntos frágiles de las ramas, provocando estallidos de energía con cada arremetida que era respondida con una violencia aún más desconcertante, el nivel de la pelea seguía incrementando y no iba a parar.
No hasta que uno cayera muerto a los pies del otro, los ataques firmes que eran complementados con la versatilidad aérea de la amazona del Águila se movía, con la que atacaba, con la que utilizaba cada empuje y esquive para obtener una ventaja clára. Pero su enemigo, un no muerto resucitado por hades para cumplir sus anhelos de aniquilar a la humanidad eran prácticamente imparable.
Los golpes que había logrado acertar se curaban a medid aquí el combate continuaba, no podía seguir así, debía cercenarle la cabeza.
―Ahhh me estoy cansando de este juego niña…―Habló el Espectro observando desde la distancia a Mary quien jadeaba pesadamente observaba con atención a su adversario, aunque él no estaba agotado físicamente la situación lo estaba molestando enormemente, nada había cambiado desde que el duelo había dado inicio, a excepción que ella a penas podía mantenerse de pie.
―Y veo que tu también… cuanto tiempo podrás seguir alzando el vuelto antes de que tus alas se rompan en mil pedazos?― Esperaba a que no se diera cuenta, pero había sido ingenua en ese aspecto… él no había dejado de prestarle atención a su cuerpo y movimiento desde el comienzo de la batalla, sobre todo a sus piernas, las cuales estaban completamente manchadas de su propia sangre, sangre que sobresalía de las separaciones de sus botas, dejando salir enormes manchas de sangre que comenzaban a cubrir toda la plata de su protección inferior.
―Lo suficiente para poder matarte…― Respondió Mary, pese a la enorme punzada de dolor que estaba experimentando sobre sus piernas en ese instante, ella no iba a dejar de luchar, pero su cuerpo no era como el de ese espectro, no tenía una regeneración inhumana, su cuerpo estaba decayendo y su energía se iba degradando segundo a segundo.
―¿Crees en serio que podrás conseguirlo?― Le preguntaba mostrando un semblante de arrogancia que la molestaba enormemente, ya había conseguido partirlo a la mitad, ahora solo tenía que apuntar más arriba para terminar con eso, fácil dicho que hecho…
―Mi fuerza crece mientras más peleamos, en cambio tu te vas debilitando poco a poco. ―No se equivocaba pero tampoco tenía razón, aunque su velocidad y habilidad combativa iban decreciendo ella estaba aprendiendo mucho sobre los espectros en esta misma batalla, algo que sin duda utilizaría en futuro combates a lo largo y ancho del universo.
―Esa técnica con la que te mueves por el viento te está afectando ¿verdad? No hace falta que lo ocultes.
―Puedo oler tu sangre a travez de la armadura, puedo sentir el dolor que abruma tu ser, ¿en verdad no pensaste que este combate duraría tanto verdad?
―Callate…―Mary murmuró haciendo arder su cosmos nuevamente, encendiendo la llama de su vida hasta el máximo, la pelea estaba lejos de terminar y aún tenía la suficiente pelea dentro de sí misma como para demostrarle a ese espectro arrogante lo que la más joven de las Arkhamira podía lograr.
―Oblígame. ―Desafió a la guerrera de Plata, sonriendo como un desquiciado anhelando arrancarle la cabeza a su presa, quería demostrarle el verdadero poder de un espectro de Hades.
―¡Depredación del Águila! ―Pero para ello, primero tendría que apagar el poderoso resplandor de plata que ella ostentaba, un poder que solo podía llegar a comparársele a la titánica fuerza de un Caballero de Oro.
La prueba de fuego definitiva para muchos, para otros un momento de catarsis donde todo lo que conocían, todo lo que se les había enseñado, para unos pocos otro día en otra guerra sin sentido, pero aquellos que apenas comenzaban a experimentar en el cruel mundo de las guerras este era el momento que habían estado esperando, todo lo que ellos habían comprendido sobre la batalla, la guerra, el conflicto y la supervivencia, todo lo estaban utilizando como un arma para proteger sus vidas y las vidas de aquellos que estimaban.
De aquellos que le daban significado a sus vidas, dando todo de sí mismos pór una minúscula pizca de esperanza.
Para que esta llegará árbol, donde los dos últimos caballeros atenienses atestiguaban algo, totalmente fuera de lo normal, algo que desafiaba todo lo que ellos conocían, algo que en pocas palabras no podía ser descrito con palabras humanas comunes.
Eso era mucho decir con todo lo que habían presenciado ese día, lo que se encontraba frente a ellos era algo imposible de ser concebido, algo que no podía ser llamado un ser, pero tampoco un objeto, algo que desafiaba a la lógica misma.
Un corazón enorme, eso podían afirmarlo con total certeza, no era un cerebro con pústulas que respiraban y palpitaban intermitentemente no eran varias raíces conectadas a un único núcleo que se movía por un ser que habitaba dentro alimentándose de él, ofreciéndole fuerza para seguir existiendo.
Era un corazón, de color transparente que producía una luz blanca, que palpitaba a un ritmo lento y pausado.
Limpio, constante, un pulso de vida, un pulso muy humano, un pulso intrínsecamente perteneciente a un ser vivo, cuya existencia amenazaba la realidad misma en la que vivían, el movimiento de la vida en el órgano más importante de un cuerpo, colgando desde lo que asumían era el techo, conectado a varias venas y arterias que suponían ser ramas, suministrándole litros y litros de sangre, los cuales se volvían transparentes, se purificaban ante la luz que envolvía el centro, cuya llama parecía engendrar algo más.
Algo producto del sufrimiento de todas las almas humanas consumidas, algo extraído de todos los cuerpos profanados y ultrajados, algo que iba infinitamente más allá de sus conocimientos.
Forjando el fruto que daría fin a la existencia misma como la conocían.
―¿Sein?―Danny mururó tratando de entender que era lo que ella veía por encima de ellos dos.
―¿Sí…?―Preguntó el caballero de Pegaso, observando lo que ambos podían asumir era, el núcleo del Qliphoth
―¿Que estamos viendo exactamente?― Muy pocas veces Seinma y Danny estaban en la misma sintonía, ambos tenían ideas y pensamientos muy diferentes aunque podían entenderse bastante bien mutuamente en ocasiones, pero ahora la pregunta hecha por Andrómeda era la misma que el caballero de Pegaso se estaba haciendo.
―No estoy seguro pero… De aquí proviene el poder del Qliphoth, puedo sentirlo. ―Seinma respondió tratando de darle sentido a lo que sea que sus ojos estuvieran viendo., entendían que era un corazón, sabían que lo era, aunque su forma fuese diferente a lo que un órgano humano o animal pudiera representar en realidad.
Esto era totalmente distinto a lo que conocían, pero desde que entraron al bosque, todo lo que ellos de alguna forma podían haber esperado de lo que sería su primer misión se había desvanecido completamente.
―Yo también… Aunque no estoy segura de que lo sea, con los espectros siempre hay una treta, algo que nos obliga a cambiar nuestra perspectiva de las cosas. ―Danny recapacitó, tal vez esto fuera lo que de cierta forma esperaban ver, pero la realidad era que no estaban seguros de cómo proceder frente a este ser, o como respondería el árbol a su destrucción
―Un engaño que nos hace bajar la guardia―Danny no se equivocaba, no recordaba la primera o última vez que lo hubiera hecho, pero ella siempre tenía la razón, de una forma u otra.
―No lo sé, no estoy seguro, creo que por un momento en verdad estamos viendo…―No habida duda, a diferencia de las raíces, este órgano del árbol era muy diferente, más diferente que las raíces, que su madera o incluso sus hojas, las cuales no habían visto de cerca pero podían presumir que si las observaban detenidamente también presentarían una forma viviente y a la vez no.
―El verdadero corazón del Qliphoth. ―No cabían dudas, lo que sea que fuera esa cosa debían acabar con ella, si apuñalaban el corazón todo lo demás caería con él, solo tenían que destruírlo y todo terminaría, pero aún existía una pregunta muy importante que debían hacerse:
―¿Como lo destruímos?
―Estoy pensando… dame un segundo o quizá dos…―Respondió Danny dejando caer las cadenas de Andrómeda al suelo, las cuales comenzaron a explorar todo el interior del núcleo con detenimiento, causando que las cadenas se apegaran a las paredes, arrastrándose por ellas como serpientes, buscando un punto débil que explotar.
―Es como un corazón, parece vivo pero el tejido con el que está hecho no parece como sus raíces… o como su exterior, parece blando, necesito verlo a detalle. ―Con eso dicho Danny trató de hacer que sus cadenas se acercarán más hasta el centro del techo, donde su objetivo se encontraba, era el momento perfecto para terminar la batalla y tal vez darle un giro de 180 grados a la guerra.
―¡No Danny espera! ― Seinma la trató de detener antes que sus cadenas tratarán de perforar el corazón, ocasionando que el mismo activará su último mecanismo de defensa, una barrera de oscuridad cuya similitud y poder se comparaban a la que había rodeado al Qliphoth pero en menor medida, cubriendo solo alrededor del centro del corazón de las tinieblas.
―Lo sabía, siempre hay algo que nos previene de alcanzar nuestro objetivo, si tuviéramos más tiempo podríamos observarlo detenidamente, analizarlo, ver de que está compuesto, comprenderlo incluso, si conseguimos entender de que y como están hechos lo Qliphoth tal vez podremos encontrar maneras más efectivas de destruirlos en el futuro…―La joven guardiana de Andrómeda estudiaba al Corazón con fascinación y curiosidad, al mismo tiempo que con urgencia y desesperación, era verdad que si comprendían a este ser, podrían combatirlo eficientemente en el futuro, pero ahora su principal objetivo era encontrar una forma de destruirlo.
―Aunque… debido a nuestra situación no podemos quedarnos mucho tiempo analizándolo…―Como dijo John en algún momento, debía escuchar su instinto táctico antes que su curiosidad insaciable por conocimiento más allá de su alcance, algo que aunque le doliera en lo más profundo de su ser, debía hacer.
―Pero de esto depende nuestro futuro… y el futuro de la guerra santa. ―Ella no tenía dudas, tenían que acabar con esto de una buena vez, todos contaban con ellos, con esta victoria, debían entregárselas a sus compañeros caídos, a sus amigos que peleaban por sobrevivir, a la humanidad que necesitaban desesperadamente héroes que los salvaran, al santuario que confiaba en ellos pero por sobre todo, por el futuro.
― No te preocupes, estamos juntos en esto, ¿recuerdas? ―Le preguntó posando su mano sobre su hombro, rememorándole que ella no estaba sola en esto, ambos iban a salvaral mundo juntos como equipo.
― Sí. ―Danny asintió, la situación no parecía favorable. No estaban seguros de a que se estaban enfrentando, que era ese ser o que más les haría una vez intentarán atacarlo de nuevo.
A penas tenían información sobre estos seres, cuya existencia desafiaba todo lo que podían afirmar que era "real", necesitaban más datos, recopilar información para futuras batallas, comprender a estos seres magníficos y aterradores, entender de que estaban hechos y como habían sido concebidos, pero de lo único que estaban seguros, es que esta entidad era lo que le daba fuerza al Qliphoth, lo que le daba vida al árbol.
Lo que le otorgaba su fuerza y poder, si apuñalaban el corazón de la oscuridad, esta batalla encontraría su fin, todos los sacrificios hechos y por hacerse ese día tendrían sentido, todo habría valido la pena, debían apuñalar el corazón.
Esta batalla así como esta guerra pronto acabarían.
Pero la batalla no terminaría, seguiría hasta que el último hombre o mujer cayera, pues eran acosados por criaturas antinaturales que desafiaban toda lógica humana que hubiera existido.
Destrozando y despedazando las esperanzas de salír de aquí vivos.
Pero no se iban a rendir, no dejarían de pelear, aunque el plasma dejará de arder, estuvieran inundados en un mar de casquillos de balas.
Con cada vez menos munición para resistir la batalla no dejarían de pelear por sus vidas, aún si debían utilizar palos y piedras para defenderse, sus propias manos, pieles y huesos para pelear lo harían, porque en este, el último bastión del equipo de asalto de Recclaimer, preferían irse peleando en lugar de irse muriendo devorados por poseídos.
Pues ante ellos el Sargento más valiente que pudieron haber necesitado, un hombre que ante e horroroso rostro de la muerte en lúgar de rogar por piedad y salvación se enfrentaba a esas probabilidades, las encaraba, luchaba con una determinación inquebrantable digno de un hombre que no veía el mundo con miedo, sino con la valentía que alguien que desafiaba al propio rostro de la perdición con total confianza en que al final de la larga noche, el sol volvería a brillar.
Siendo apoyados por uno de los caballeros de Bronce que había decidido pelear a sus lados, apenas podían verlo moverse de un lado al otro, observando como los poseídos eran golpeados por una oleada de distintos elementos que los despedazaba casi al instante, mientras que sus compañeros se encargaban de peces aún más gordos.
Pero mientras peleaban más podían percatarse de algo más, la cantidad de poseídos que se abalanzaban a ellos había disminuido drásticamente, de los miles y cientos que habían estado arremetiendo contra ellos, ahora solo un puñado de poseídos corrían con el objetivo de devorarlos.
Algo que en un inicio parecía imposible se había hecho realidad.
―¡Sargento! ― La soldado de Acero Petra exclamó tratando de llamar la atención de su sargento, quien se mantenía disparando enormes y largos rayos de plasma sobre sus enemigos, partiéndolos en pedazos calcinados que caían desperdigados por todo el suelo, quienes seguían apareciendo uno tras otro aunque en menor medida.
―¡Ahora no soldado, ¿que no ves que estoy ocupado pateando culos de poseídos?! ―Exclamó después de que su penúltimo cartucho de plasma se desplomará en el suelo, depositando en su concentrador de plasma su última carga, otorgándole la energía a su arma para seguir escupiendo fuego.
―Sí pero… ¿no nota algo diferente en esas cosas? ―Preguntó nuevamente Petra apuntando a lo obvio, algo de lo que casi nadie se había percatado por la presión, pero después de meditarlo tranquilamente, observar el panorama y sobre todo al analizar la cantidad de enemigos presentes.
―¡De hecho estaba a punto de decir lo mismo! ―El soldado de acero Carlo repsondió, elevando el espíritu junto con el coraje de sus compañeros ya fueran de acero o los republicanos, los poseídos finalmente estaban siendo reducidos por sus intentos por sobrevivir.
―¡Ya no están apareciendo tantos como antes, ya no son una enorme horda como lo eran cuando entramos al bosque! ―Anunció la médica de campo, con la certeza de que si seguían peleando aunque fuera unos minutos más lograrían ganar esta cruel batalla.
―Eso quiere decir que… ya no están apareciendo más. ―Martín murmuró, tal vez esta sería la oportunidad dorada que necesitaban, el momento más importante tanto de la misión, como de la guerra misma, el momento del todo o nada, la última resistencia humana contra él último batallón de Poseídos, ¿quiénes ganarían, quienes perderían? Eso solo dependería de ellos, y de su supervivencia, para contar la historia de este momento a las generaciones por venir.
―No se rindan, ¡sigan empujando hasta que acabemos con todos ellos! ―El sargento Martín Lideraba a todos con determinación, un hombre que era incapaz de ver el fracaso de una misión cuasi suicida como esta.
Sino la victoria que la humanidad obtendría contra los Espectros de poder liderar no solo a sus soldados, sino a los caballeros del santuario hacia su primer gran triunfo.
Caballeros que en este preciso instante luchaban para detener a las fuerzas de la oscuridad lideradas por hades, caballeros que estaban en el frente del asalto y que luchaban con valor para proteger este mundo del poder del Qliphoth.
Un equipo de caballeros peleaban por un universo en paz, tratando de detener el poder de la oscuridad que despiadadamente azotaba el cielo y la tierra con gran inmoralidad, un poder que destruía todo lo que tocaba con sus crueles manos.
Matando, mancillando y violando las vidas allá donde su larga sombra se posará.
―Vamos niño, ¡demuéstrame de que estás hecho!—El espectro del Lyacon atacaba inmisericordemente al caballero del Fénix, quien seguía tratando de aumentar su poder mientras más duraba el combate, esquivando los furiosos ataques de su rival, tratando de mantener el paso de la batalla mientras subía su nivel de cosmos.
―¡Kgh! ―John se quejó, este combate estaba durando más, aunque sus flamas prácticamente estaban devorando el bosque aún no eran lo suficientemente potentes para derrotar al espectro, el poder del sol contenido en su alma aún no se acercaba al poder de Ikki, en comparación John solo era un aestrella pequeña contra el imponente sol del Santo original del Fénix.
―Aún no es suficiente, ¡todavía no es suficiente! ―Exclamaba con su poder incrementando a niveles aún más altos, llevando su vida al máximo, a un alcance que jamás creyó posible, su padre seguiría lejos de su alcance… pero, pronto estaría al nivel de un Legendario caballero de Plata, más aún, pronto estaría ante las puertas de un verdadero caballero de Oro.
Él no era su padre y jamás sería su padre, él brillaría por su propia cuenta y deafiaría a la oscuridad convirtiéndose en un sol, hermoso radiante y perfecto.
Él no era un ave que nacía de las cenizas de alguien más, él sería su propia llama eterna que renacería una y otra vez de sus propias cenizas, el ave de fuego que incineraría un mundo entero, solo para proteger a sus seres amados.
La ira de sus llamas incrementaría hasta volverse un fulgor atómico, el estallido de una estrella solemne, imperecedera que sabía que algún día se volvería su poder, pero ahora debía derrotar a esta criatura, con toda su fuerza disponible.
―¡Aullido Infernal!―Exclamó con ira, creando una onda de choque que viajó a través del viento golpeando severamente el cuerpo de John, quien cruzando sus bazos frente a su rostro logró cubrirse antes de que el mismo logrará golpearlo.
―Todavía no… solo tengo una oportunidad así que no puedo desperdiciarla. ―John murmuró soportando el ataque de su adversario, adquiriendo aún más poder de dicha arremetida, consiguiendo elevar el nivel del fuego que cubría su cuerpo acrecentándola y proyectándola a través de sus brazos como de sus piernas.
―¿Que tanto murmuras niño? ¿Alguna clase de rezo? ―Le interrogó acercándose para golpearlo de nuevo, podía sentir su cosmos incrementando segundo a segundo, por esa razón había hecho su principal objetivo abatirlo antes de que esa fuerza llegará a horizontes inalcanzables para un espectro de su nivel.
―Aquí no hay nadie que venga a rescatarte, solo yo y una lenta y dolorosa muerte para ti. ―Sus palabras no eran más que amenazas vacías, no significaban nada, cuando tenía un objetivo aún más importante frente a él.
―No necesito ayuda de nadie… solo necesito mi fuerza y mi poder para abatirte. ―John aclaró, intensificando aún más su energía, esta batalla le estaba costando mucho más de lo que imaginaba, pero debía concentrarse pues su siguiente golpe definiría toda la pelea, tanto para bien como para mal.
―Entonces ven niño, muéstrame lo que es una lucha de verdad. ―Exclamó lanzándose a la batalla con sus garras de frente, siendo su único objetivo arrancarle la cabeza a John de un solo golpe, deseaba aplastarlo y lleavarle su cabeza como trofeo a su Dios.
―¡Muéstrame como puede arder este mundo! ―Exclamaba con la ferocidad de un perro Rabioso, un perro que solo respondía con violencia, una violencia tan salvaje e inhumana que lo hacían recordar a los verdaderos perros con rabia.
Un perro que debía ser sacrificado.
―¡Rahhh! ―Gritó John lanzando una oleada fuego, lo suficientemente intensa como para hacer que el suelo debajo de ellos comenzará a derretirse, cosa que el espectro del Lyacon logró esquivar a tiempo abalanzándose a él, logrando conectar un golpe al costado de John.
―Kgh…―Su enemigo era más rápido, mucho más agresivo en sus acomedidas, pero eso no lo iba a detener, acabaría con ese maldito, costará lo que costará.
―¡Jah, fallaste! ―Se río arrastrando sus pies sobre el suelo dejando una enorme huella por el anterior impulso, retrocediendo unos instantes solo para que al momento de recuperarse, volvierá sobre sus pies para con un nuevo impulso, logrará saltar hacia adelante, listo para cortarle el cuello al Fénix.
―¡Ahora tu cabeza será mía!
―¡Grrrraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh! ―John en un movimiento furtivo logró girarse velozmente, encarando a su enemigo lanzando su puño hacia él, el cual contenía una energía diferente, desconocida, algo que no había utilizado durante toda la batalla hasta este momento.
Solo un golpe bastó para que la pelea culminará…
El espectro se encontraba de pie, con su brazo derecho totalmente cubierto de sangre, mientras que a sus espaldas, se encontraba el cadáver del caballero del Fénix, cuya cabeza se había desprendido de su cuerpo, reapareciendo nuevamente golpeando el suelo y rodando unos centímetros hasta sus pies, con una expresión de sorpresa y desasosiego grabada en toda su expresión.
―Je je jeh, fin del juego, niño…―Murmuró el espectro del Lyacon, riendo levemente observando como el cuerpo de su enemigo se resistía a desplomarse en el suelo manteniéndose firme, como si de alguna forma ajohn se estuviera resistiendo a la muerte.
―El fina de la batalla fue fácilmente predecible… Ahhh aún no caes, no te preocupes, eso se puede arreglar fácilmente. ―Se burló alzando nuevamente sus garras al nivel de su rostro, listo para arremeter nuevamente.
―¡Lluvia de Garras! ―Exclamó lanzando una ráfaga de viento afilado que terminó despedazando el cuerpo del caballero del fénix por completo, dejando en el suelo menos que restos sanguinolentos de un cuerpo humano totalmente destazado hasta la deformidad.
―Je je jeh, ahhh que hermosa pila de restos, muy bien donde están los demás, espero que los muchachos hayan logrado eliminarlos ya. ―Se decía esperando a que los demás lobos hubieran terminad con su cacería, justo como él lo había hecho.
―Ohhh, mis garras aún tienen sed de sangre… uh…―Él estaba más que dispuesto a contimnuar con la cacería junto a sus hermanos lobos, pero algo llamó su atención, una presencia a sus espaldas, la cual lo obligó a desviar sus ojos hacia sus espaldas, observándola sombra del hombre que había asesinado, nuevamente en pie y con todas sus extremidades y partes reacopladas a su cuerpo.
Él no comprendía que ocurría, no entendía las razones del porqué su enemigo seguía de pie, él no era un espectro, no pertenecía a las legiones oscuras de los 3 Jueces del inframundo como para poder regenerar sus extremidades como si fuera una herida superficial, más allá de eso…
Solo con cortarle la cabeza a un espectro su capacidad regenerativa se vería completamente nulificada gracias a la desconexión entre el corazón y el cerebro, dos órganos que permitían que el cuerpo de los espectros siguiera funcionando después de ser resucitados.
No tenían hambre o sueño, no dependían de las necesidades humanas para vivir, solo que el corazón siguiera conectado al cerebro, así que aunque ese muchacho de alguna forma casi milagrosa hubiera logrado sobrevivir al ataque sin su cabeza, no comprendía como su cuerpo se mantenía en una sola pieza.
―¿Eh? ―Murmuró confuso, apenas podía creerse lo que veía, era imposible que él pudiera seguir de pie, era imposible que un simple humano pudiera seguir peleando más sin su cabeza.
―¿Como… como es que estás de pie de nuevo? No… ¿como es que tu cuerpo se regeneró, no eres un espectro, eres un simple humano? ―Le preguntó comenzando a ponerse nervioso, la sombra del fénix parecía moverse, pero sus pies se mantenían plantados al suelo, tornándose hacia el espectro que le había cortado la cabeza, mostrando su extremidad superior más importante nuevamente acoplada a su cuerpo.
―¡Kgh… no me veas así, desaparece! ―Exclamó iracundo lanzando nuevamente una ráfaga cortante, golpeando al guerrero de Athena nuevamente rompiendo su cuerpo en miles de piezas que se desvanecieron en la nada, nuevamente el espectro del Lyacon sonrió.
Pero un sudor frío comenzó a recorrer su espalda cuando una presencia a sus espaldas y al posar su mirada sobre la persona que se encontraba allí, nuevamente la silueta del caballero se alzaba, imponente, sin rasguño aparente en su piel, mostrándose justamente como un ser hecho de sombras.
Tinieblas tan oscuras que solo un espectro sería capaz de proyectar.
―¿Como? ―Murmuró tratando de retroceder, pero mientras más trataba de alejarse más parecía acercarse, con esos ojos rojos que miraban al interior de su alma, observando sus peores temores, sus mayores defectos, apreciando su rostro el cual cada vez más perdía esa confianza que le había otorgado su victoria, tornándose en el horror de sus peores temores volviéndose realidad frente a él.
― Estás muerto, tú… como es que sigues de pie, estás muerto, quédate así. ―Nuevamente lanzó sus garras hacia John pero este respondió tomando su brazo, para que dé un tirón logrará arrancarle el brazo sin mucho esfuerzo.
Causando que el espectro del Lyacon cayera al suelo, totalmente aterrorizado, siendo incapaz de regenerar su brazo, el poder de Hades ya no estaba surtiendo efecto, nadie tenía el poder de hacer algo como eso, excepto el mismísimo rey del inframundo, sus fieles consejeros… y los jueces del inframundo.
―¿Crees que puedes matarme? ―Le preguntó, pero había algo extraño en su tono, su voz ya no le pertenecía al caballero del ave eterna, su voz tenía la profundidad y el tono de un hombre, título que le quedaba demasiado pequeño al demonio que causaba un terror indescriptible en el corazón tanto de los caballeros Atenienses, como de los espectros de su propia legión.
―Tu, ¿un gusano insignificante? ―No fue hasta que miró atentamente el cuerpo del hombre frente a él que se percató que este se estaba deformando.
Tomando una forma aún más grande e imponente, con una armadura tan negra como la noche que brillaba con el lustre de una de las gemas más hermosas al mismo tiempo que terribles del inframundo, extendiendo sus seis pares de alas, mostrando la verdadera forma del demonio, del hombre que había renunciado a su humanidad, de la bestia nacida del odio y del desprecio hacia la vida.
La forma de uno de los jueces más despiadados de todos, la forma, del espectro que causaba terror allá, donde su larga y oscura sombra tuviera la desgracia de posarse.
―Tu no eres el caballero Fénix… tú, tú eres…―Finalmente la sonrisa llena de colmillos afilados se hizo presente, acabando con toda la confianza del espectro, enfrentándose al peor miedo que jamás hubiera imaginado, el miedo a confrontar una fuerza de la naturaleza imparable, brutal e imperecedera.
―Se-señor Aatriox…―Ahora se enfrentaba a la ira del Rey Wyvern, el hombre convertido en Demonio.
―Pagarás tu traición, con tu vida…―Dijo alzando su brazo, cuan largo e imponente que era, decidido a ponerle fin a su desgraciada vida.
―-No… espere señor Aatriox, yo soy leal, soy su humilde servidor, seré bueno, se lo prometo se lo prometo, no, no… ¡NOOOOO! ―No pudo evitar gritar de horror al sentir como sus entrañas eran pulverizadas de un solo manotazo del espectro del Wyvern, como su piel era desintegrada con el mero rugir de su cosmos, como la agonía de un millón de almas torturadas era impuesta sobre él, y como su cuerpo se hundía en la desesperación más absoluta que jamás hubiera imaginado experimentar.
John observó detenidamente a su enemigo, con su dedo índice aún apuntando hacia su frente, la cual tenía una pequeña abertura del tamaño de una pequeña canica, goteando un oscuro y espezo liquido negro, con sus ojos completamente en blanco, su postura paralizada, sus manos las cuales aún poseían el poder de su último ataque desvaneciéndose, atrapado dentro de su mente, luchando contra una pesadilla viviente.
Se había arriesgado demasiado al contratacar de esa forma, el espectro había conseguido rajarle un pedazo de la armadura, pero más allá de eso se sentía ileso, sentía algo húmedo a su costado pero no le dio la suficiente importancia, después de todo el enemigo estaba justo frente a él, totalmente despojado de su movilidad, totalmente inerte.
Casi podría decirse que estaba muerto en vida, de no ser por la parte obvia, el Puño Fantasma había surtido efecto, ahora estaba bajo los efectos de la técnica más aterradora del fénix, titulo bien merecido para una técnica que destruía la mente del enemigo con algo tan sencillo como una onda eléctrica enviada directamente hacia el cerebro que desataba las peores fantasías de cualquier ser, estuviera vivo, o muerto como este hombre, que ahora ya no suponía ningún peligro para él como para sus amigos.
Sin más dilación encendió nuevamente su cosmos, esa ilusión no duraría mucho, así que iba a terminar con esto de una buena vez, encajando su puño en la espalda del enemigo perforándola y atravesando todo su torso hasta que su puño sobresalió por su pecho, totalmente manchado de sangre oscura y ardiendo en las llamas de su ira.
―No sé qué clase de infierno estés experimentando en estos momentos y ni me importa, ¿en serio creíste que ibas a derrotarme con eso? ¿En verdad es lo mejor que tienes? Porque si eso es lo mejor que tienes no bastará para derrotarnos. ―A este punto no sabía si lo estaba escuchando o no, pero siendo completamente honesto consigo mismo no le importaba, esperaba que cualquier pesadilla viviente que estuviera experimentando fuese peor que todo el dolor que le había hecho pasar a todos los hombre y mujeres que él había asesinado con sus propias manos.
― Estás entre lobos ahora y este es nuestro bosque. ―Con eso dicho comenzó a hacer arder su puño cubriendo el cuerpo del espectro con sus llamas, que poco a poco lograron envolver todo el interior de su enemigo, quien indefenso e inmóvil solo pudo sentir como el fuego comenzaba a devorar sus entrañas, incapaz de correr o esconderse de su destino final.
―¡Amaterazu! ―Exclamó convirtiendo el cuerpo del enemigo en una hoguera, que comenzó a consumirse rápidamente, apagando todos los gritos que su garganta pudiera haber contenido, desvaneciéndose en una oleada de fuego rebelde imposible de apagar, siendo devorado, hasta las cenizas.
―Uno menos… quedan dos…― Murmuró John observando los destellos de energía que sobresalían del bosque y en el cielo, sus compañeros no dejaban de pelar, debía alcanzarlos.
Por un instante pudo sentir un frío recorriendo todo su cuerpo, podría ser el cruel sentimiento de la muerte acercándose, o tal vez el dolor producto de dicha batalla.
La verdad sea dicha, había utilizado todo su poder en un único ataque final, le había dado a ese espectro una muerte menos que dolorosa, una muerte digna de para un ser despiadado alguien sin derecho a una redención, cruel y dolorosa como aquellos quienes despreciaban la vida y se regodeaban en la muerte.
Un castigo para los perversos, por la ira de la diosa Athena que dictaba los pasos de sus guardianes para darle el golpe de gracia, llevando justicia a todas aquellas almas que habían sido asesinadas cruelmente por sus asquerosas manos.
Ellos eran la lanza y la espada, ellos eran su justicia y su ira, una ira que se extendería hacia los impíos, castigando sus acciones con la misma violencia que ellos predicaban, otorgándoles fines ruines y dolorosos, de la misma forma con la que ellos castigaban vidas inocentes sin reparos.
Esta era una guerra cruel y para sobrevivirla debía abrazar esa crueldad, todo el dolor, la ira y el temor, todo para derrotar al enemigo más persistente y voraz.
Pero en la cima del Qliphoth, la lucha se hacía más complicada, especialmente para aquellos que intentaban atravesar la barrera del árbol, trataban de destruir el corazón del mismo para derribarlo por completo, pero las sombras que protegían el corazón eran demasiado gruesas y espesas como para que la luz del propio caballero de Pegaso fuese capaz de atravesarlo.
Causando que ambos comenzaran a frustrarse por la situación.
―No puede ser, nada está funcionando, ¿qué estamos haciendo mal?― Se preguntó Danny observando con atención el corazón del Qliphoth, habían lanzado sus ataques más fuertes combinados pero nada estaba dando resultado, a pesar de sus esfuerzos la barrera permanecía imperturbable, como si nada la hubiera estado atacando, los caballeros de Pegaso y Andrómeda se encontraban exhaustos, estaban utilizando sus mejores ataques y aún no lograban nada.
―Es la parte más importante del Qliphoth. ―Murmuraba el caballero de Pegaso respirando y suspirando pesadamente, no habían conseguido hacer ningún progreso significativo, mientras que la batalla bajo sus pies continuaba, el tiempo siempre parecía estar en su contra pero ahora parecía no favorecerlos en nada.
― Es evidente que no será fácil de destruir aunque, aun así debe existir alguna forma, digo las raíces tenían los parásitos, la barrera estaba alimentada por el poder de las raíces. ―Si esta parte fuese como sus raíces habría sido más factible la destrucción del árbol, pero creer que solo por llegar a la cima cumpliría su misión señalaba que los jóvenes caballeros seguían siendo aún muy ingenuos en lo que respectaba al poder de Hades.
―Si las raíces pueden ser destruidas, entonces el corazón del árbol también, es solo que no estamos viendo con claridad algo, algo que falta… algo con lo que podríamos destruirlo. ―Aclaraba el muchacho, reconociendo que un ser tan poderoso como el Qliphoth no se dejaría morir así de fácil, una entidad capaz de aniquilar la vida solo por el mero hecho de existir era algo que no podían tomarse a la ligera, menos en este instante.
―Sí… ¿pero como? ―Se preguntaba el joven caballero del Corcel Alado, observando con atención el órgano vital que seguía palpitando en el centro del árbol, como si en ningún momento la presencia de ellos dos representara una amenaza, engendrando debajo de él un ser igual de abominable y terrible con el que los Espectros planeaban darle fin al mundo.
Necesitaban encontrar una forma de destruirlo… ¿pero como? Mientras más lo pensaban menos encontraban una solución, no podían irse con las manos vacías sin intentar todo de su lado, pero… tampoco podían regresar por ayuda después de la odisea que había sido llegar hasta aquí.
Necesitaban actuar… pero, ¿como?
*Por eso se me hacía raro… los medios son diferentes pero los fines son los mismos.* Seinma escuchó la voz de Aria en su cabeza, lo cual causó que él llevará su mano hacia su sien, tratando de escuchar lo que su alma Guardiana le decía.
―¿Eh que sucede? ―Le preguntó a Aria, inseguro de lo que ella se refería, ella no había dicho ni una sola palabra desde que descendieron al planeta, pero ahora su voz se hacía presente, lo cual llamó totalmente la atención del Pegaso, él sabía que si Aria decía algo sin lugar a dudas debía ser importante.
*Con razón, los reactores de Marte y los Qliphoth comparten tantas similitudes, pero esta es la más evidente, ¿cómo no pude darme cuenta antes?* Aria seguía hablando pero Seinma no comprendía, si ella tenía una forma de destruir a los Qliphoth debía decírsela ya por que de no hacerlo todos iban a morir aquí.
―No entiendo ¿a que te refieres Aria―Respondía el Pegaso confundido a lo que su alma guardiana le quería decir, él no comprendía sus palabras, hasta que… al mirar hacia arriba una serie de recuerdos pertenecientes a su alma guardiana comenzaron a llenar su mente, con visiones de un pasado distinto… pero igual a la situación que se presentaba en esos instantes.
*Solo escúchame Sein, esto es lo que ustedes dos harán.* La voz de aria junto con sus recuerdos le ofrecieron a Seinma la Clave para darle fin a esta cruel batalla, al mismo tiempo que le otorgaban el secreto detrás del Qliphoth.
―Ya veo… espero que funcione. ―Murmuró con la determinación de ponerle fin a esta batalla y a las consecuentes que vendrían gracias a este invaluable conocimiento.
―Que sucede Sein, ¿se te ocurrió algo? ―Preguntó Danny confundida de la última reacción por parte de su compañero, quien miró a su dirección seguro de que esta nueva alternativa funcionaría no solo para destruír a este enemigo en particular, sino a todos los que siguieran después en esta larga guerra
―A mí no pero…―Seinma ya lo tenía,no había tiempo que perder y si esto fallaba podían dar la misión por fallida, pero como habían dicho, no se iban a ír de aquí, hasta destruir el Qliphoth.
―¿Danny confías en mí, así como yo confío en ti? ―Le interrogó esperando a que ella depositará toda su fe en él, aunque ella tenia un intelecto prodigioso, incluso ella podía ver que la situación los superaba.
Además de que si Seinma había logrado llegar a una resolución más efectiva antes que ella, entonces debía escucharla, bajo dicha premisa formular un plan en base para asegurar su supervivencia y consecuente victoria.
―Sí. ―Asintió la Saintia de Andrómeda con determinación, lista a escuchar el plan en el que su compañero había llegado a maquinar.
―Entonces haz lo que yo te diga. ―Él ni corto ni perezoso comenzó a contarle su estrategia, aunque no era algo que a él se le había ocurrido y menos una invensión suya, no iba a desperdiciar el susurro de Aria en vano, ella le estaba dando sus memorias como herramientas para afrontar esta crisis.
Sería un completo necio si en lugar de utilizarlas y ponerlas en práctica las desperdiciará, dejando vendida no solo a sus compañeras que estaban peleando a su lado, sino a todos sus compañeros y al pelotón que luchaban por sobrevivir en este día tan violento.
Aunque no tuvieran la certeza de que funcionaría, además de que tal vez todo se vendría abajo una vez puesto en marcha este plan, al menos debían intentarlo, por que de no hacerlo, todos los que habían caído en este día lo habrían hecho en vano si aquellos que habían sido elegidos para guiarlos no los lideraban hacia la victoria.
Mientras tanto en el bosque, los caballeros del Dragón y el Cisne continuaban con la batalla, tratando de abatir a su enemigo, peleando con ferocidad para mantener a raya a su adversario, conduciéndolo a la trampa que habían maquinando para él.
Conduciéndolo hacia su Perdición.
Las arremetidas del espectro de Fenrir aún no paraban, así como era veloz era provocador, atacando una y otra ve con una violencia casi imposible de eludir o contratacar, pero esto no era sino una estrategia con la que planeaban darle fin a esta batalla, habían pensado paso a paso el final de este combate desde que había dado inicio.
El Espectro de Fenrir se desenvolvía con la gracia de una fiera salvaje, atacando con las garras de frente, utilizando toda la fuerza de sus piernas para arremeter con fuerza a sus enemigos, quienes a su vez se cubrían utilizando sus escudos, la danza del Río y el Hielo contra la Sombra más Voraz del inframundo.
Un ataque vino por detrás de Shinryū siendo rápidamente bloqueado por Benjamín quien intentó lanzar una ráfaga helada hacia su enemigo, quien desapareció de su vista en un solo instante, reapareciendo al lado de Benjamín buscando cortar su cuello, pero el caballero dragón se adelant´´o lanzando un poderoso golpe de agua que sacudió todo el terreno, obligándolo nuevamente a huír.
Lo que el espectro no se daba cuenta era que mientras más duraba la batalla, el ambiente se volvía cada vez más frío, los árboles se estaban llenando de escarcha, la tierra se volvía menos suave y más resbaladiza, dándole pocos espacios para aterrizar y correr como lo había estado haciendo, causando enormes dificultades al espectro de Fenrir, para continuar arremetiendo.
La combinación de la humedad que dominaba el campo de batalla, junto con el frío que provocaban los vientos helados provocados por Benjamín, estaban creando el peor escenario para moverse a la misma velocidad que él lo estaba haciendo, no lo notaba pero sus movimientos con cada arremetida y retroceso se estaba volviendo más predecibles, menos sorpresivos ocasionando que ambos caballeros de Bronce por fin comenzarán a prepararse para contratacar.
Solo debían esperar a su siguiente golpe, solo debían adelantarse a él, tenían que engañarlo, debían ponerlo en una situación de desesperación en la que si el combate duraba más su fracaso sería inequivoco.
Algo que no podía ni quería permitirse, pues el fracaso, sería recompenzado con un destino mucho peor que la propia muerte.
El espectro de Fenrir se hartó de lo juegos, arremetiendo de frente contra el caballero del Dragón, quien ya lo estaba esperando, preparando su escudo para el impacto, pero algo cambió en su postura, él cambió su posición defensiva a una ofensiva.
―¡La Cólera del Dragón!―Exclamó Shinryū lanzando su puño hacia adelante, convocando una poderosa corriente de agua, cuyas similitudes solo podían encontrarse en un río que había desembocado violentamente en una represa, despedazando todo lo que se encontraba a su paso, el espectro tuvo pocos segundos para reaccionar, deteniendo sus garras en un último momento, saltando hacia atrás esquivando el ataque con una sonrisa maliciosa, nuevamente había evadido el golpe de sus adversarios… o eso creyó, pues… el ataque aún no había terminado
―Técnica Mejorada…― Al escuchar eso el espectro miró detenidamente a su enemigo, en una fracción de segundo pudo notar que el brazo del caballero dragón no formaba un puño, sino… que su palma estaba abierta, con los cinco dedos de su mano apuntando al frente, para entonces girar su muñeca adoptando una posición de agarre para finalmente tirar hacia atrás, causando un fuerte escalofrío en la espalda del Espectro.
―¡Golpe de Marea!―Como una ola que al golpear con las rocas regresaba al mar, sintió como una presión enorme se abalanzaba sobre su espalda.
―¿Que? ¡Kahhh!― El mismo ataque que el caballero del dragón había convocado ahora lo golpeaba furiosamente de regreso, causando que el salto que había dado segundos atrás fuese acompañado por la agonía de un impacto tan doloroso, que sintió como su armadura y los huesos de su cuerpo eran aplastados por la fuerza de una corriente acuosa que arrasaba con todo aquello que estuviera frente a ella.
No conforme con que su espalda fuese pulverizada, el ataque lo arrojó de vuelta hacia los caballeros de Bronce, eso no importaba, apenas pudiera recuperarse sanaría sus heridas y regresaría a la batalla sin importar su descuido, pero eso no iba a suceder pues Benjamín aprovechó para hacer su movida, arrojándose a él, con las palmas de sus manos abiertas, decidido a darle fin a la batalla.
―¡Te tengo! ―Exclamó posando sus manos sobre el pecho de su enemigo, lo cual obligó al espectro de Fenrir a responder tratando de utilizar sus garras para cortarle el cuello al Cisne, pero algo lo detuvo, sus brazos, sus brazos no respondían, peor aún su cuerpo estaba siendo invadido por hielo, el agua que cubría su cuerpo combinado con el poder de Benjamín causaron que el espectro ya no pudiera correr o esconderse.
―¡Golpe Invernal! ―El poder de Benjamín envolvió todo el cuerpo del Espectro en una capa de hielo lo suficientemente fuerte como para apresarlo pero al mismo tiempo lo suficientemente delgado como para romper su cuerpo en mil pedazos.
―Cae…―Murmuró finalmente golpeándolo fuertemente en el pecho creando una grieta sobre la superficie helada, empujándolo fuertemente al suelo causando que su cuerpo se fragmentará en miles de piezas sanguinolentas, sin posibilidad alguna de regenerarse o revivir.
Finalmente con el enemigo abatido tanto Benjamín como Shinryū se desplomaron en el suelo, rendidos ante el cansancio, el agotamiento físico y el dolor, esa batalla los había llevado al límite, respirando difícilmente, sintiendo como sus pulmones trataban de matarlos.
―Lo tenemos…―Murmuró Shinryū jadeando pesadamente.
―Sí, ahora todo depende de los muchachos…―Aclaró Benjamín mirando hacia arriba, encarando las ramas del Qliphoth.
Un espectro más, un enemigo más que caía ante su fuerza en conjunto, ambos comenzaron a levantarse de nuevo apoyándose el uno al otro, ahora que la gran amenaza había sido abatida quedaba en manos de sus compañeros en la cima del Qliphoth.
Ya estaban cerca, solo un poco más y la victoria sería suya, pero eso ya no dependía de ellos, ya no dependía ni de los soldados ni del propio Sargento Martín, ahora todo dependía de Seinma y Danny, estaban cerca del primer gran triunfo contra el Rey del Inframundo.
Pero para que ellos dos pudieran lograr el objetivo deseado, Mary debía comprarles todo el tiempo posible, peleando contra el espectro del Yokai que seguía moviéndose a travez de las ramas del árbol con una velocidad imposible de seguir con sus capacidades humanas.
Aún así ella tenía la ventaja del aire, maniobrando ágilmente
Tratando de evitar los ataques del espectro, consecuentemente utilizando sus propias habilidades ofensivas para hacerlo perder más y más terreno arremetiendo ferozmente como un ave poderosa que cazaba inmisericordemente a una presa debajo de ella, una presa que se movía con la misma agresividad, con la misma fuerza y determinación con la que ella lo estaba cazando.
Inmisericordemente y con la barbarie de un animal salvaje.
Mary trató de seguir, pero poco a poco la fuerza en sus piernas comenzaron a ser menos, causando que las manchas de sangre que sobresalían de sus botas comenzaran a manchar cada lugar donde ella aterrizaba, volviendo cada aterrizaje más doloroso que el anterior, estaba utilizando toda su fuerza en combate y se notaba.
―Te estás cansando pequeña avecita, por qué yo me estoy entreteniendo bastante con esto. ―Le decía con una mirada burlona, mientras que Mary trataba e respirar, sus piernas la estaban matando, a pesar de que el enemigo apenas hubiera rozado su piel ella misma se había auto infringido lesiones que la estaban torturando física y mentalmente.
―Ohhh que sucede? ¿Ya no puedes hacer tus milagrosos saltos?― La pregunta la hizo pensar, ¿es que a caso fue demasiada la fuerza a la que había sometido su cuerpo…? ¿o realmente se había precipitado en la cantidad de cosmos que había utilizado?
―Como dije… ¡Mi siguiente objetivo será tu Cabeza! ― No importaba, en realidad lo único que le importaba era abatirlo, costará lo que costará, su maestra no había entrenado a una debilucha, había entrenado a una amazona orgullosa de portar el manto de plata.
―Je je jeh entonces ven niñita, quiero escucharte gritar. ―Las palabras del Espectro la enfermaban, ella no era ninguna niña débil y él no iba a escuchar sus gritos, ella lo iba a enviar de vuelta al infierno, para comprobar quien de los dos gritaría de horror.
Nuevamente el combate se reanudó desembocando en un duelo de voluntades aún más feroz que el anterior, esta vez desatado entre los largos dedos del Qliphoth.
Ardiendo en la ira del combate, enemigos mortales que luchaban a muerte, enfrentándose en un duelo a muerte, luchando por la supremacía de sus respectivos estandartes.
Athena contra Hades, una batalla tan antigua como la humanidad misma.
Mary saltaba de rama en rama, utilizando su destreza como guerrera y su flexibilidad para evadir los ataques de su adversario, ahora que sus piernas estaban indispuestas para saltar en el vacío debía improvisar, utilizando sus técnicas de ataque más versátiles para esta ocasión, pero el espectro aún seguía teniendo una clara ventaja en combate.
Ventaja que poco a poco se vería reduciendo gracias al dolor que la estaba sobrecogiendo, una agonía tan intensa que casi no le permitía moverse con la misma velocidad con la que su enemigo atacaba y retrocedía.
Ella aún no estaba acabada, pero el dolor que la sometía era aún mayor, una idea llegó a su mente, pero para efectuarla debía engañar al espectro, tal vez sus piernas estuvieran casi completamente destruidas.
Pero su cosmos aún era fuerte, si sus piernas no podían hacer el trabajo, sus brazos tendrían que ser suficientes, le daría a ese espectro una probada de su propia medicina, si lo que él quería era destruir a su enemigo debía ser más inteligente, ir 10 pasos delante de él.
Ponerlo en una situación donde su confianza se combinará con su arrogancia, donde la victoria pareciera estar a un solo movimiento de distancia.
Para que, al momento de contratacar, la victoria solo dependiera de un último golpe, lo demás dependía de su resistencia al dolor su perseverancia y su fuerza de voluntad para derrotar a su enemigo.
Ella comenzó a evadir con aún más agilidad, pero sus piernas no le permitían hacer los saltos acrobáticos a la que estaba acostumbrada.
Pero ahora estaba dependiendo más de su habilidad utilizando sus brazos, tanto para evadir como para atacar, pero el espectro era aún más feroz, el hedor de su sangre lo intoxicaba, haciéndolo más violento, arremetiendo hacia ella con aún más agresividad, yendo de un lado al otro tratando de cortarla en pedazos.
Mary por su parte se mantenía enfocada, elevando su cosmos, el espectro cabía que ella estaba tramando algo pero sin sus armas más poderosas ella no podía hacer nada.
Debía asesinarla antes de que lo que sea que ella estuviera tramando fuese manifestado, la iba a masacrar allí mismo con sus propias manos.
El espectro del Yokai desapareció de la vista de Mary desvaneciéndose en un instante, para que cuando el mirará hacia arriba él ya se encontrará solo a centímetros de ella.
―¡Te tengo!― Exclamó abalanzándose contra ella, con una poderosa sed de Sangre palpalbe en su mirada.
Ella ya había utilizado casi todos sus trucos, pero aún le quedaban los trucos de Seinma gracias al haber entrenado con el por tantos años.
Concentrando todo su cosmos en su brazo derecho adoptando la pose de su mejor amigo, lista para desembocar la furia del Pegaso proyectada a través de su puño.
―¡Meteoros del Águila! ―Una ráfaga de luz fue proyectada a través de su puño, liberando miles de golpes proyectados a la velocidad del sonido, arremetiendo cruelmente al espectro en el aire, quien no logró esquivar las arremetidas de la amazona, quien logró sacarlo de su transe asesino, negándole el ataque y suspendiéndolo en el aire, completamente indefenso.
―¿Que?― Fue lo único que su garganta pudo proyectar antes que la fuerte ráfaga de golpes arremetiera brutalmente contra él, golpeándolo inmisericordemente, uno tras otro, elevándolo en el aire aún más, colocándolo en una posición en donde no podía defenderse o atacar, perfecto para su último ataque.
―¡Guadaña de Viento, Técnica Modificada!― Ella se preparó, arrodillándose en el suelo, extendiendo sus brazos, como un águila, colocando todo su cosmos sobre sus piernas, lista para dar un último salto.
―¡Guillotina Aérea! ―Exclamó lanzándose como un relámpago hacia arriba a una velocidad impresionantemente impredecible, alcanzando a su adversario en un pestañeo, dando una patada hacia arriba con tal velocidad que logró, haciendo honor al nombre de su técnica, apuntando directamente a su cuello, ascendiendo fulminantemente hacia arriba como una guillotina, separando la cabeza del cuello de un solo corte limpio.
―¡Muérete y quédate así!― El cuerpo del espectro y la cabeza del espectro comenzaron a descender rápidamente al suelo, sin posibilidad de reunirse de nuevo, separados por metros de distancia que se harían aún más extensos.
Con su enemigo neutralizado Mary finalmente descendió hasta una de las Ramas del Qliphoth cayendo sobre sus piernas, pero al momento de hacerlo ella se desplomó en el suelo, agotada, adolorida y sintiendo como el cansancio combinado con el dolor trataban de arrebatarle la conciencia.
Estaba a punto de desmayarse, pero no podía caer aquí, aún debía reunirse con sus amigos, aún debía reunirse con Pegaso y Andrómeda.
―Kgh… ahhh, ahhh… maldición…― Murmuró la amazona de Águila tratando de reincorporarse, aún no podía rendirse, él no se rendiría, él seguiría peleando a pesar del dolor, debía seguir su ejemplo para poder reencontrarse con él.
―Vamos… levántate, aún no has terminado. ―Se dijo tratando de recuperar la compostura, tratando de levantarse pese a que sus piernas ya no podían seguir.
―Tienes que ir, con Seinma y Danny… Vamos, levántate…―Con rodillas temblorosas, ella colocó nuevamente sus pies sobre la tierra, tratando de mantener el balance, tratando de caminar lentamente, cojeando en un intento por avanzar.
―-Así es, un pie frente al otro…―Murmuró con cada paso que daba, sintiendo clavos de hierro ardientes clavándose sobre sus extremidades, dejando a cada paso una mancha carmesí a su paso.
―Un pie… frente al otro…
En su estado actual ella no podía utilizar su Habilidad Curativa, estaba a nada de perder la conciencia y hacer eso en territorio enemigo sería una sentencia de muerte, aunque el último espectro había caído aún no estaban a salvo, hasta que el Qliphoth no estuviera destruido tenían prohibido bajar la guardia.
El peligro seguía acechándolos, y mientras más avanzaba, los susurros se hacían más fuertes, estremeciendo su cosmos, obligándola a adentrarse en un mundo de horrores inexorables, un mundo de dolor, de horrores más allá de la comprensión humana.
Pero ella caminaba valientemente, enfrentándose a ese dolor, a esas posibilidades por que en sus adentros comprendía que no estaba sola, estaba luchando junto a los hombres y mujeresmás valientes del universo.
Que observaban al horror de esta senda dolorosa, por que detrás de ella,un futuro lleno e esperanza aguardaba.
Listo para ser tomado por sus propias manos.
Finalmente en el centro del Árbol, El Caballero de Pegaso y la Saintia de Andrómeda daban una última Resistencia, tratando de disipar la barrera del Qliphoth.
Tratando de destruirla utilizando sus cosmos Combinados.
―¿Estás seguro de que esto funcionará? ―Interrogó Danny Con sus manos alzadas Hacia la barrera del Corazón, tratando de proyectar su cosmos hacia el vórtice de oscuridad frente a ella.
―Confía en mí, solo concéntrate, solo… concéntrate…― Declaraba el caballero del Pegaso, a espaldas de Danny Concentrando su propio cosmos a través del cuerpo de su compañera, posando sus manos sobre sus hombros, concentrando el poder de su luz, fusionándolo con el cosmos de su compañera.
―Ahora es tu turno Aria…―Murmuró cerrando sus ojos, listo para dejar todo en manos de su alma Guardiana.
*Hace tanto tiempo que no hacía esto… este universo tan hermoso, pero a la vez tan brutal, posee ambos aspectos de este ser.* Aria decía, utilizando su propio poder Divino condensándolo a través del cuerpo del Pegaso, otorgándole a ambos el poder para acabar con las sombras.
*una criatura de enorme belleza, pero al mismo tiempo capaz de una infinita crueldad.* Las cadenas de Andrómeda comenzaron a manifestarse, envolviendo el capullo de la oscuridad, comenzando a purificarla, neutralizando su fuerza, aplacando su poder, desvaneciendo las sombras con su luz incandescente que perforaba incluso las sombras más oscuras.
*Aún así no existe ningún otro lugar donde se puedan admirar cosas tan sublimes y a la vez tan trágicas, pero para preservar esa belleza debemos acabar con la oscuridad que desea devorarlo todo.* La unión prohibida entre la luz y la oscuridad, la vida y el conocimiento, la creación y la muerte, el resultado siempre sería calamitoso pero, cuando dos fuerzas de la naturaleza luchaban solo una podía prevalecer y la otra debía perecer.
―Desaparece… ¡ya! ―Exclamaron al mismo tiempo, ocasionando que la poderosa barrera comenzará a tambalearse, tratando desesperadamente de mantenerse en pie, solo para que cuando las cadenas comenzaron a resonar con los cosmos de los caballeros de Bronce, las sombras que eran apresadas finalmente cedieron, rompiéndose en mil pedazos desvaneciéndose en un doloroso gemido de sufrimiento.
Ambos observaron como la barrera sombría se desvanecía dando paso al punto débil del Qliphoth
El corazón de las Tinieblas.
―¡Ahora Danny!—Exclamó Seima dándole la orden a su compañera de darle fin a esta batalla-
―¿¡Ah!? ¡Sí!― Respondió un tanto desubicada, sorprendida por que el plan de Seinma hubiera funcionado, aún seguía sin entender como era que él había conseguido maquinar un método como ese, pero si había funcionado quería decir que ahora tenían la oportunidad de darle fin a este día lleno de infortunio y dolor.
―Muchachos… ―La voz de una persona se hizo presente en el interior del Qliphoth, al mirar en dicha dirección Seinma se percató de que se trataba de Mary, quien avanzaba lentamente hacia ellos.
―¡Mary! ¿Como estás?― Seinma interrogó feliz de volver a ver a su compañera, pero al mirar a sus pies la alegría pasó a preocupación al percatarse de que ella estaba sangrando, desde sus botas dejando un denso rastro de sangre a su paso.
―Tus piernas, ¿que te pasó?― Preguntó corriendo a ella para auxiliarla, ella al sentir los brazos de Seinma sujetándola finalmente pudo darse el lujo de desplomarse, siendo sujetada firmemente por Seinma.
―No es importante, ¿que…?― Ella trató de responder, pero al mirar al centro del árbol se encontró con la enorme sorpresa de que allí, en medio de todo se encontraba un corazón transparente de lo que podía asumir era un material parecido al de la madera, aunque más delgado, más frágil y por supuesto más sencillo de apuñalar.
―¿Que es esa cosa? ―Preguntó sintiendo una sensación Ominosa apoderándose de su cuerpo, prestando total atención a los murmullos, los cuales se habían intensificado al entrar a la enorme cámara, murmurllos que había logrado ignorar gracias al dolor pero que ahora le susurraban directamente al oído.
―Es el núcleo del Qliphoth, Danny lo destruirá, tranquila todo estará bien…―Respondió Seinma sonriéndole con total confianza, ahora todo iba a salir bien, pero Mary, solo podía observar al corazón, tanto con sorpresa, como con un horror palpable en su mirada, ahora podía comprender que era este lugar… No era solo el Corazón del Qliphoth. Era la entrada a algo peor.
―Las voces…―Murmuró la Amazona escuchando cada uno de los sususrros con atención, no solo era una puerta, era el que procrearía el objeto para la destrucción de la humanidad como la conocían, el portal hacia el infierno y la salida de todos sus fantasmas hacia el mundo de los vivos.
―Ya me parecía extraño que las voces se acrecentarán y decrecieran…―Declaró sintiendo un fuerte escalofrío apoderándose de su cuerpo.
―Este árbol, este… ser. ―Mary miró hacia Seinma, quien podía notar ese terror, más que en su lenguaje corporal, en como sus brazos temblaban más que por el cansancio… lo que ella sentía era un terror absoluto hacia lo que este monumento al sufrimiento significaba.
―El Qliphoth es…
Mary trató de articular palabras, pero su garganta enmudeció por un instante, instante que Danny aprovechó para elevar su cosmos al Máximo, provocando que sus cadenas comenzarán a recibir el poder de las tormentas, una poderosa descarga eléctrica que recorrió todo el terreno, preparada para caer como la ira de los propios dioses sobre la Tierra.
―¡Cadena Nebular! ―La punta de la cadena triangular se lanzó a toda velocidad contra el corazón del Qliphoth, perforándolo en un solo movimiento fugaz de la cadena, atravesándolo ocasionando que el mismo dejará de emitir su brillo sobrenatural, causando que el entorno se apagará casi por completo, siendo el único sonido presente el de las cadenas revolviéndose en los brazos de Andrómeda y el goteo constante de sangre proveniente del corazón.
―¡Lo logré, el núcleo esta destruido ahora podremos…!― Danny trató de hablar, pero un grito ensordecedor la interrumpió.
Un alarido de dolor tan agudo y escabroso que todos los presentes solo pudieron cubrirse los oídos, ante el doloroso y sobrecogedor llanto que inundaba sus oídos, un sonido tan fúnebre que no fue algo que pudieran sentir solo con sus oídos, lo sentían en sus pieles, en sus huesos.
Incluyendo sus cosmos, una agonía tan sobrecogedora que era capaz de sacudir por completo, tan opresora y tan triste que casi podían sentir que los aplastaba.
En un momento el gemido ceso, dejando a los tres en estado de shock ante la desagradable agonía que los había invadido.
―Eso no se escuchó bien…―Murmuró Seinma sintiendo un leve zumbido en los oídos, poco después un poderoso terremoto que se apoderó de toda la estructura.
―¿Que está pasando? ―Preguntó Mary observando hacia arriba, observando como las arterias del árbol se movían sin control, comenzando a desquebrajarse y a caerse en pedazos.
―El árbol, se está desmoronando…―Murmuró Danny, tenían que salir de aquí pronto, ella se apresuró hacia Seinma y mary para ayudarla a caminar, los tres comenzaron a salir a prisa, aunque Seinma sintió algo más, y al mirar a sus espaldas, pudo ver que le causaba tanta incomodidad, aunque el corazón había dejado de latir, el fruto que se estaba creando debajo de él no había dejado de hacerlo.
De hecho, estaba latiendo mucho más rápido, frenéticamente si se podía decir así, pero lo que estaba pasando era algo aún más aterrador, el fruto al dejar de recibir la valiosa energía creada por el Qliphoth que necesitaba para estabilizarse y crecer, este a su vez estaba muriendo y al no existir nada que contuviera todo ese poder en bruto, la única salida de dicha potestad era desgarrarse en mil pedazos…
De forma violenta y estruendosa, de la misma forma que el propio Qliphoth había sido creado.
― ¡Mary, Danny Cuidado! ―Exclamó Seinma en total desesperación aterrorizado por lo que sabía que iba a suceder a continuación.
Ellas no pudieron reaccionar a tiempo, cuando una explosión que provino desde el centro del Qliphoth que cubrió completamente a los tres.
En el suelo los Soldados trataban de resistir, aunque los enemigos eran pocos aún seguían llegando como Lobos hambrientos, atacando sin piedad, pero cuando un grito ensordecedor se hizo presente en toda la periferia del bosque los Poseídos se detuvieron observando hacia la cima del Qliphoth, uniéndose al coro de la agonía en un grito desgarrador de agonía, acompañado de una fuerte explosión en la cima del Qliphoth.
Pedazos del Qliphoth comenzaron a desmoronarse al suelo, comenzando a caer duramente a los alrededores, una explosión de luz y oscuridad que se dispersó a lo largo del cielo, provocando que las ramas se desplomarán sobre la tierra. Causando un estruendo abrumador que solo significaba que un fragmento caería sobre alguien pronto.
―No puede ser… lo lograron…―Murmuró Kiba anonadado por lo que estaba sucediendo, apenas era capaz de creerse lo que ocurría frente a sus ojos, el Qliphoth había sido destruido, pero… Sus compañeros todavía se encontraban allí arriba.
―Sein, Danny, Mary… ―Shinryū murmuró, sintiendo como sus cosmos parecían desvanecerse… presagiando lo peor.
―¿Que carajo? ―Murmuró Benjamín escuchando un ruido a sus espaldas, un ruido rápido y mecánico provocado por una máquina poderosa que corría a una velocidad impresionante pese a estar en sus últimas.
―¡No se queden allí parados, suban al Panther nos vamos a la chingada de aquí! ― Exclamó el Sargento Martín dentro del brindado, aunque ya no le quedaba energía y estaba en sus últimas, este gato debía dar una última carrera o serían aplastados por los escombros del Qliphoth.
―¡Sí! ―Exclamaron los caballeros de Bronce, asintiendo subiendo al vehículo blindado para salir de allí antes de que la situación se volviera más riesgosa.
―Salgan de allí muchachos, no importa como sea pero salgan de allí. ―Murmuró el caballero del Cisne subiendo al Panther, ansioso de salir de este lugar pronto.
Ahora que habían completado la misión podían volver, pero la misión no sería un éxito a menos de que todos volvieran a su hogar, debían retornar costará lo que costará, sus compañeros debían estar vivos, pues esa fue la promesa que se hicieron aquella larga Noche de Consuelo.
Con sus armaduras o sobre ellas, todos regresarían a casa juntos.
Como un equipo… como los Guardianes de este Universo.
Entonces… En Las Fronteras Celestes de Recclaimer.
La batalla Interestelar estaba cambiando sus reglas, ambas naves estaban al borde de la desesperación, el titán de Acero necesitaba destruir el Commonwealth para que esta dejará de ser una amenaza para el universo, mientras que la nave enemiga esta buscaba destruir a su objetivo costará lo que costará.
Con los infiltrados habiendo interferido en los planes del nuevo capitán de la nave, mostrándose molesto por dicha razón, esta era su oportunidad de demostrar su valor como Espectro del Rey Hades.
Su liderato, quería demostrar que podía comandar legiones e espectros y poseídos hacia la guerra, pero ahora sus planes se habían visto completamente frustrados por la traición de Volkolak que estaba destrozando su nave por el interior.
Pero como ya lo había dicho, si esta nave no podía ser de él, no será de nadie más.
Iba a estrellarse directamente contra el Titán de Acero como muestra de su entrega a la causa de su Rey.
Los Espectros de Hades vivirían eternamente, en las llamas infernales de su señor, el todo poderosos dios del reino de los muertos, el amo supremo de este universo, cuya sombra se extendería para siempre y lo único que interfería entre ese noble objetivo y ellos eran estos Humanos que se resistían con garras y dientes por detener su propia extinción.
―Esos bastardos no se rinden, quieren arrastrarnos a la sumisión absoluta. ―Respondió el Capitán de la Nave, enfrascado en la batalla que ocurría frente a sus ojos, todas las estrategias, todas las contramedidas, todos los protocolos de defensa estaban fracasando… Los espectros eran más poderosos de lo que esperaban.
Ahora más teniendo en su poder una de las naves más poderosas del universo, se estaban quedando sin recursos… y peor aún sin opciones.
Los estaban colocando en una situación de riesgo que nadie quería llegar a afrontar, aún estaban lejos de estar arrinconados, pero con la constante arremetida de la nave contra sus escudos, ser precavido había pasado inmediatamente a segundo plano para que tacar inmisericordemente se convirtiera en la prioridad.
Mientras que las naves de caza sobrevolaban el perímetro del Commonwealth acercándose arriesgadamente a sus perímetros defensivos, tratando e mantener el paso siendo constantemente acosados por los sistemas de defensa, quienes los estaban acribillando con plasma tan pesada que era casi imposible esquivarla a tiempo.
―No se detengan sigan disparando, debemos llegar hasta el Commonwealth. ― La comandante trataba de mantener la moral entre sus compañeros, pero hasta ella podía ver que la situación era arriesgada y desesperada.
―V esto se está poniendo demasiado arriesgado, debemos regresar ahora. ―El Lerroy habló, sintiendo como los pesados disparos incandescentes pasaban solo a centímetros de ellos, casi podía sentirlos quemando su el, aún teniendo sus escudos al máximo, sabía que uno solo de esos golpes los desintegraría a ellos y a sus naves por completo.
― No, no lo haremos, debemos sacar a esos caballeros de allí. ―V respondió segura, ella también podía sentir el infierno justo debajo de ella, disparando fuego por sus miles de gargantas, pero ya habían enfrentado crisis parecidas a estas antes, ahora no podían darse el lujo de flaquear o rendirse, por que si lo hacían entonces en verdad habrían perdido.
―¡Vamos no se detengan ya casi estamos allí! ―Exclamó navegando a través de las flamas de la nave, esquivando, una misión tan peligrosa como esta debía serpuesta en manos de profesionales y por suerte, ella era una profesional.
Junto con su equipo eran uno de los mejores pilotos del Universo, habían pasado misiones peores que esta, pero ahora que en verdad se estaban enfrentando al infierno, el miedo que no había sentido desde que era una cadete lo sentía a flor de piel.
Un sentimiento tan humano que había olvidado cuando volaba, pero que ahora se presentaba ante ella, rememorándole que ella al igual que sus compañeros era humana, no como las criaturas a las que se enfrentaban, muertos en vida que buscaban apoderarse del universo en nombre del dios Hades.
Pero por eso debían salvar la esperanza dentro de esa nave abandonada por los dioses, por qué si los caballeros no podían derrotar a estos seres que peleaban incluso después de haber sido asesinados una y otra vez, entonces ni ella ni los pilotos más valientes del universo podrían detener lo que ocurriría si sus planes llegarán a concretarse.
Todo lo que amaban y conocían desaparecería en un instante, ella lo vio, como el árbol acabó con cientos de habitantes en un instante y si solo un par de árboles fueron suficientes, no quería saber que ocurriría si el Dios del inframundo se presentará ante sus puertas.
―Maldición esa nave aún nos está pisando los Talones.― El capitán rehuel observó a través de las ventanillas la gran batalla que seguía aconteciendo, casi parecía que la misma había durado días incluso años ante sus ojos, pero habían pasado solo un par de horas, el enemigo era resistente, determinado e implacable, combinaciones peligrosas par aun enemigo que buscaba eliminar toda la vida en el universo.
―Cristopher, Dame Buenas Noticias. ―Pidió el Comandante del titán de acero, esperando que al menos su I.A Personal pudiera darle algo de alivio ante la dura y costosa batalla que afrontaban.
*Lamento decirle que no hay noticias alentadoras, el Commonwealth está cambiando su dirección y está apuntando hacia nosotros.* El pequeño holograma respondió analizando el movimiento de la enorme nave de combate.
―¿Cómo? No tiene el suficiente poder de fuego en el frente. ―A pesar de tener cañones cinéticos y de plasma que fácilmente podrían despedazar una nave grande no podían destruir al titán, como ellos si podían hacerlo con su cañón frontal, ¿cual sería la siguiente estrategia que adoptarían para aplacar su fuerza combativa?
*Pero tiene Maza…* Las palabras de Cristopher helaron la sangre de todos los presentes, nadie quería creer que Cristopher estaba sugiriendo se haría realidad, pero al ver como la nave estaba cambiando su dirección, como su proximidad se hacía más evidente y los posibles daños de un impacto inminente… el peligro era más real que antes, ahora debían eliminarlo en este instante o el Titán de acero sería completamente destruido por el Commonwealth.
―Oh no…―Murmuró la segundo al Mando del capitán, observando con terror como la silueta del Commonwealth se volvía más y más grande.
―Preparen el Leviathan, vamos a destruir esa nave. ―Declaró el Capitán rehuel en un acto de desesperación intuitiva, ahora que el enemigo estaba
*Pero señor a este distancia y con este ángulo no podremos atravesarlo, sin contar que con su trayectoria y velocidad aún si logramos atravesarlo, no podremos evitar el choque, además el equipo Omega sigue en la nave.* Cristopher respondió evitando que su Capitán tomara decisiones drásticas, este era un momento de peligro inminente pero aún así debían tener la mente fría ante el peligro.
*Sé que es una situación desesperada, pero reconsidere, estamos sacrificando elementos militares irremplazables.* Cristopher no se equivocaba, pero de no tomar acciones rápidas y decisivas, todos iban a morir atrapados dentro de esta Nave.
―Dame opciones…―Se apresuró a decir el Capitán, esperando una mejor opción algo que los ayudará en este momento donde cada segundo contaba, donde las decisiones debían tomarse en el momento, ni un segundo antes o después.
*Entendido, corriendo simulaciones de combate* La I.A comenzó a simular situaciones en las que el titán podría salvarse de esta situación, pero todas las simulaciones de combate sin importr si contratacaban, escapaban o volaban hacia otra dirección todas terminarían en desastre inminente, tanto fuera como dentro de la nave.
*Corriendo… Corriendo…*
―Los motores de la Commonwealth se encendieron… ¡Están a punto de saltar hacia nosotros!― Uno de los operadores de sistemas y análisis pudo detectar la acumulación de energía en los motores de salto interestelar, lo que significaba que ahora que estaban en su mira, iban a saltar hacia ellos, para destruírlos.
―¡Cristopher!―La desesperación en la voz del Capitán de la nave era palpable, , un salto espacial como ese en en esa dirección no les daría muchas oportunidades se esquivar o evitar el impacto, El titán sería completamente destruido por el Impacto del Commonwealth.
*Lo intento Señor, ¡lo intento!* Cristopher intentó ír lo más rápido que sus bases de datos podían pero no podía, incluso una inteligencia artificial tan avanzada como él no podía hacer milagros.
―Impacto en tres, dos… ¡uno! ―La segunda al Mando contaba, observando como los datos de navegación del Commonwealth aseguraban una trayectoria fija hacia las entrañas del Titán de acero.
Todos se sujetaron donde pudieron, aunque no habría ninguna diferencia, una vez esa nave chocará contra ellos, lo único que quedaría sería un desastre de piezas y partes.
―Señor… ¡Mire! ―Pero antes de que la pesadilla se volvierá realidad, un rayo de esperanza se hizo ver en el horizonte, llamando la atención de todos, una poderosa explosión que se apoderó de todo el lomo de la nave, despedazando toda la zona, causando que más piezas se desperdigarán a su alrededor.
―¿Lo Lograron? ―Preguntó Rehuel Incrédulo de lo que veía frente a sus ojos, el casco de la nave había colapsado casi en su totalidad, dejando expuesto un brillo inestable en el centro, el cual comenzó a destellar poderosamente frente a ellos, lo que dejaba en claro que pronto iba a estallar en mil pedazos.
― ¡Núcleo expuesto detonación inminente! ―La segunda al mando exclamó al observar detenidamente los datos que su consola arrojaba, junto con la imagen aterradora de un núcleo inestable a punto de colapsar.―Misión… cumplida…― En un solo instante El Commonwealth estalló en una poderosa ráfaga de energía nuclear
La tripulación restante a bordo del Titán de Acero miraba con asombro y horror la destrucción total del Commonwealth. El estruendo ensordecedor de la explosión logró atravesar las barreras del vació infinito del cosmos, causando un chirrido monstruoso que resonó en sus oídos, y las luces intermitentes y el junto con el anillo de energía causado a su alrededor y los escombros que llenaban el puente de mando. Sin embargo, a pesar del caos que los rodeaba, una sensación de triunfo y alivio se apoderó de ellos.
El capitana del Titán de Acero y Cristopher, miraron el panorama desolador con determinación en sus ojos.
Sabía que habían conseguido una victoria crucial, pero también entendía que la guerra aún no había terminado. Se volvió hacia su segundo al mando, Rehuel, quien todavía estaba atónito ante la magnitud de la explosión.
―Lo… lo logramos.― dijo Cristopher en tono grave. para que de un segundo al otro el mismo estallará en una poderosa ráfaga de energía nuclear Quiero decir, realmente lo lograron…
Su segunda al mando asintió lentamente, recuperando la compostura.
―Por dios, esto es un milagro… un verdadero milagro, la destrucción del Commonwealth es un golpe significativo para los espectros, pero seguramente intentarán responder. Tenemos que prepararnos para cualquier eventualidad. ―
Ambos oficiales sabían que la batalla no había terminado. El Commonwealth era una potencia formidable en manos de los enemigos y seguramente no se daría por vencido tan fácilmente, aún tenían que destruír el cliphoth,Aunque habían logrado una victoria importante al destruir uno de los pilares de su estrategia contra la humanidad, el enemigo aún tenía recursos y fuerzas considerables a lo largo del universo como comprensiblemente eran los árboles del inframundo.
Cristopher se volvió hacia los restantes miembros de la tripulación en el puente de mando.
*Todos, escuchen.* Pidió la I.A personal del capitán llamando la atención hacia él.
*Nuestra prioridad ahora es reparar los sistemas dañados y restablecer las comunicaciones. Pero no olvidemos que el enemigo aún está ahí abajo. Prepararé reparaciones de emergencia, alerta y preparados para ayudar a los muchachos en tierra."
Rehuel no podía estar más de acuerdo, dándole la orden a su centro de mando de seguir trabajando en las comunicaciones.
La tripulación por su parte asintió con determinación, consciente de la tarea que tenían por delante. Se pusieron manos a la obra, trabajando en equipo para reparar los sistemas cruciales del Titán de Acero y restablecer la comunicación con las otras naves aliadas así como en tierra.
En medio de la destrucción y el silencio que los rodeaba, el espíritu de lucha y la convicción de la tripulación no se vieron afectados. Sabían que habían logrado un avance significativo en la batalla, pero también eran conscientes de que aún les quedaba mucho por hacer.
La victoria final aún estaba lejos, pero estaban dispuestos a luchar hasta el final por la libertad y la supervivencia de la humanidad, por las republicas Aliadas de la U.R.E y por supuesto por los caballeros que estaban sacrificando todo para ganar esta guerra, aunque al pensar en ellos ciertamente hubo una pregunta alrededor de los guerreros que se habían aventurado hacia la nave que había estallado solo minutos antes.
―Espera… ¿y el equipo Omega? ―Interrogó el capitán del Titán preocupado por los muchachos, que se habían enviado a las entrañas de la ahora machacada Commonwealth, cuyos pedazos flotaban sin rumbo, la primera crisis había sido abordada, ahora debían evitar que otra acaecierá evitando que dichos pedazos cayeran sobre el planeta.
―Las comunicaciones están bloqueadas, la explosión nos dejó a oscuras…―Pero primero debían asegurarse de que esta había sido una misión exitosa.
*Reiniciando sistemas de comunicación.* Cristopher comenzó a escanear, reiniciando los sistemas de comunicación de la Nave, tratando de reestablecer conexión con todos los puestos de radio de la nave, así como las naves fuera del titán de Acero.
*Buscando Señales de Vida…*Todos quedaron en silencio esperando a buenas noticias por parte de los escuadrones de caza fuera del Titán.
*Buscando…* El silencio sobrecogedor hacía que la espera por saber lo que había ocurrido con todos sus equipos, más tortuoso que la propia batalla que había acontecido momentos antes, más tenso que no saber el momento en el que la nave iba a aplastarlos a todos, tan silencioso y doloroso como un cuchillo cortando la suave carne de una pobre víctima.
*Buscando…*Muchos ya temían o mejor, habían ganado… pero.
*¡Señales de vida encontradas!* la voz de Cristopher se hizo presente nuevamente causando un suspiro de alivio en todos los presentes, quienes observaban a sus pantallas con sorpresa y alegría, agradecidos de que nadie más haya muerto este día tan siniestro.
―¿Cuantas son? ―Al ver que el número de balizas iba en aumento Rehuel por un momento sintió alivio de que no fuesen solo un par de naves sino cientos, casi todas las flotillas que habían enviado a pelear en la oscuridad.
*Señor, se acerca una nave de transporte es la que enviamos a la Commonwealth, es el equipo Omega.* Al decir eso el capitán de Nave observó con aún más alivio hacia el localizador cósmico, apuntando a dos naves que se dirigían hacia el Titán, una de caza y la otra de transporte, ambas aún cubiertas de las cenizas dejadas por el Commonwealth.
―¿El Equipo Omega? ―Preguntó anonadado, incrédulo de lo que veía o escuchaba.
*Mensaje entrante.* Cristopher anunció recibiendo una transmisión directa desde la nave de transporte.
―Señor…―La voz del líder de escuadrón se hizo presente en los altoparlantes de la nave, causando conmoción y alegría pese a que el tono de voz del unicornio fuese tan lúgubre y deprimente.
―¿Unicornio? ¿Cual es tu situación? ―Preguntó rápidamente, esperando una respuesta inmediata del caballero de bronce.
―La perdimos señor… perdimos a… La perdimos… ¡y todo fue mi culpa! ―A pesar de que la estática de las comunicaciones dañadas no le permitía escuchar bien a quien o que habían perdido sí pudieron oír un fuerte golpe a través del radio, el cual fue producto del puño del caballero del unicornio abollando una de las paredes cercanas a él, el cual estaba totalmente recubierto de la sangre de una de sus compañeras.
―¿De que hablas unicornio? ―Preguntó Rehuel preocupado, no sabía que había ocurrido dentro del Commonwealth, pero debió haber sido traumático para todos y sumamente doloroso.
―¿¡Que fue lo que pasó allí adentro!? ―Preguntó en apuro, al no recibir respuesta del caballero de Unicornio.
―Nos dieron una Paliza… eso pasó…―Respondió desganado, reconociendo que su primera victoria tenía un sabor amargo al no haber podido salvar a una persona que había hecho tanto por ellos.
―Bien, regresen a la nave, necesitaré un reporte completo y…
*Mensaje Entrante.* Interrumpió Cristopher recibiendo otra transmisión que no provenía del vació o de alguna nave de asalto, esta misma provenía de abajo, en tierra firme.
―Ahora no Cristopher… no es el momento de…
*El Qliphoth ha Caído* Su segunda interrupción causó que el capitán de la nave observará con más sorpresa en su mirada, bajando sus ojos hacia Recclaimer, solo para percatarse que la sombra del Qliphoth se había desvanecido por completo.
―Muéstrame Imagen…―Le pidió a la I.A, apenas creyendo lo que sus oídos escuchaban, solo para que en las pantallas del centro demando mostrarán el cadáver del árbol, ruinas que se extendían por kilómetros de distancia, de un ser que se consideraba divino, desvaneciéndose en cenizas oscuras volando por el viento sin rumbo o dirección aparentes.
―Lo Lograron…
―Ganaron.
―¡Destruímos el Commonwealth y al Qliphoth!
No podían llamar a esto una victoria, pero tampoco podían declararla una derrota, aunque fuese una victoria tambaleante, llena de altibajos, llena de bajas por ambos bandos.
Con tantas perdidas de material militar como humana, no podían desprestigiarla, diciendo que había sido menos que una victoria, habían sobrevivido y ese era un logro en sí mismo en esta guerra tan cruel.
La primera gran victoria de la Humanidad contra los Espectros de Hades.
El triunfo de la humanidad sobre el miedo invencible que suponía la Muerte.
―Señor, ¡ganamos! ―Uno de los técnicos habló, con las lágrimas apenas siendo capaces de ser contenidas de sus ojos, toda esta masacre, todas esas vidas perdidas, todo ese sufrimiento no había sido por nada, habían ganado, en verdad habían triunfado ante la larga noche.
Todos los presentes se unieron a un único coro de victoria, aclamando a los valerosos caídos, que habían entregado sus almas para preservar el futuro del universo y la humanidad en el que sería conocido como un momento histórico, como: La Caída del primer Qliphoth.
―Nuestros compañeros, no murieron en vano… ellos… no murieron…―La subcomandante del Titán de acero, dijo sintiendo una enorme alegría al mismo tiempo que una amarga tristeza, esta batalla por más vidas que se había costado había culminado con la victoria más anhelada por la humanidad.
―Sí, tienes razón… ―Murmuró el capitán Rehuel finalmente dándose un momento para sentarse, desplomándose en el asiento del capitán, exhausto mentalmente de toda la situación, él compartía el mismo regocijo que todos sus subordinados, pero… al mirar fuera, mirando los escombros dejados por la batalla, observando todas las naves que flotaban sin destino hacia la oscuridad aquella pregunta persistía en su cabeza.
―Ganamos pero…―La victoria no siempre significaba sobrevivir, un logro no era una confirmación de que lo siguiente que vendría sería sencillo, todo esto significaba que pronto las cosas iría a peor, que pronto el baño de sangre seguiría escalando en intensidad y esta guerra no terminaría hoy, al menos no hasta que el último espectro fuese aniquilado.
―¿A que costo? ―Con esas palabras, lo único que quedaba era observar al horizonte el cementerio que había quedado, un enorme cementerio que quedaría registrado para la posteridad.
Un recuerdo amargo de la primera gran batalla por la supervivencia.
La Primera Gran Derrota del Ejercito de Hades.
La primera Batalla, el primer triunfo, un renacimiento de fuego digno de aquellos que portan el manto de aquellos que pelearon como héroes de un pasado olvidado.
Un renacimiento digno de aquellos que cuya determinación logró superar a los demonios que los acosaban, pero en estos mnomentos de incertidumbre y victorias a medias no podemos olvidar que la guerra no terminará hasta que el último espectro caiga.
Por que sobrevivir no significa ganar, sobrevivir solo significa que habrá más batallas en el futuro, dolorosas, imperdonables, crueles e insoportables.
Humanos contra dioses, soldados contra no muertos, santos contra demonios.
Y el destino de todo el universo en manos de niños, que hoy han renacido en las violentas llamas del conflicto como Hombres y Mujeres.
¿Y Tú Has sentido el Poder del Cosmos?
Tres meses, tres meses me tomó terminar este episodio, y vaya que fue un largo viaje, hubiera preferido tardarme menos, pero las responsabilidades de Eddy nunca terminan, ahora que tengo un mejor trabajo que me paga mejor y que abusa menos de mí tengo que estár a 100%
Eso o morir en el intento.
Me encantaría decir que este episodio habría terminado pronto de no ser que más infortunios llegaron sin avisar, casi me quedo sin computadora y este episodio habría terminado perdido como muchos otros proyectos.
Por suerte los Guardianes se mantienen vivo y los contratiempos no lo detendrá, ¡este tren no tiene frenos nena!
Eso y que aunque las cosas se hayan vuelto complicadas, no dejaré de escribir esta historia hasta el final de la Saga de Hades.
La saga más importante de esta historia que contará el inicio de la última gran leyenda, la leyenda de los santos guardianes de Athena del siglo 23.
Así como la última gran batalla por el universo.
No les voy a mentir me llena de alegría llegar a este punto pero aún estamos lejos del final, aún hay mucha guerra por contar, muchas batalla por luchar, muchos personajes por debutar y morir.
Y de nuestros muchachos en aprender lo que en verdad significa ser Caballeros de Athena.
Un salut et un gros câlin à ma chère Lectrice : Shaina Cobra pour m'avoir suivie pendant toutes ces années, c'est un honneur et c'est toujours un honneur de pouvoir partager cette histoire avec vous, c'est et c'est toujours un honneur de vous dédier un espace dans mes remerciements et mes pensées même si cela me coûte chaque jour un peu plus de terminer un épisode, je donne le meilleur de moi-même pour consacrer une partie de ma vie à écrire cette histoire que j'aime tant.
Grâce à vous et à votre soutien, Saint Seiya Guardians connaîtra une fin aussi optimiste que tragique, selon les spectateurs.
Ce qui me remplit d'espoir, c'est de regarder en arrière et de penser au long chemin que j'ai parcouru pour en arriver là et regarder cette histoire avec tant de fierté, et tout cela grâce à vous.
Otro saludo especial a mi seguidora: Princesa del Tikal, por siempre apoyarme, darme sus buenos deseos y por alentarme a seguir adelante, no hay palabras para expresar lo mucho que significa para mí, muchas gracias querida amiga.
Gracias por todo y perdón por tan poco.
Para todos los demás, solo mis mejores deseos, si llegaste hasta aquí te lo agradezco tanto, espero que hayas disfrutado de este trabajo imperfecto que le hace pulir muchos detalles, pero que voy a seguir puliendo y puliendo hasta que se convierta en la obra maestra que tanto deseo que se vuelva.
Gracias por todo y lo único que te deseo es que tengas un buen día, noche o lo que corresponda.
Cuidense mucho y como siempre, aquí los verdaderos artistas son ustedes.
Hasta siempre:
Eddy B.
