Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.
17 - FORKS EN NOVIEMBRE
BPOV
Me senté junto a Edward y me rodeó con un brazo. Mientras sintonizábamos el Canal 4.
Jadeé y Edward me abrazó con más fuerza mientras veíamos en pantalla al oficial Whitlock y el titular "Los Masen han llegado a Forks."
"Los residentes de Forks están obviamente conmocionados por esto. ¿Tiene algún comentario al respecto?", preguntó la periodista a Whitlock.
"El asunto ya no está en nuestras manos, pero te puedo asegurar, a ti y a todos, que el FBI está ocupándose. No hay nada que temer."
"¿Y qué hay de los rumores que afirman que Aro Avellino está en la ciudad? ¿Está aquí para la boda del Sr. Cullen y la Srta. Swan?" continuó la periodista, y la pantalla parpadeó con un nuevo titular para los que no sabían quién era Aro
Avellino.
"Esto es solo un rumor infundado, pueden estar seguros de que el FBI lo sabría de ser cierto."
Sí. Sí, claro.
"Última pregunta, oficial Whitlock. ¿Qué opina el Jefe Swan sobre el hecho de que su única hija se casará con Edward Cullen?"
"Que no podría haberle importado menos", solté una risita sin gracia mientras pasaba mis manos por el cabello de Edward. Eso hizo que se relajara.
"Esa no es una pregunta que yo pueda responder, señora", respondió Whitlock, y entonces la entrevista terminó, pero la reportera continuó, ahora mirando a la cámara.
"Ahí lo tenemos. Los Masen han llegado, y hasta ahora corría el rumor sobre el vínculo existente entre las dos familias, aunque no había sido comprobado. Pero con los últimos acontecimientos creo que lo estamos confirmando, y la una vez muy respetada familia Cullen está ahora, por supuesto, inmediatamente asociada con los infames Masen de Chicago. Soy Emily Young, informando en directo desde Forks. De vuelta al estudio en Port Angeles."
"¿Estás bien, cariño?" Edward suspiró en voz baja.
"Estoy bien", respondí con sinceridad, porque realmente no me afectaba nada de aquello.
"Gracias, Emily, por ese reportaje, y con nosotros aquí en el estudio, tenemos al Agente Especial Black. Gracias por venir", dijo una mujer, y rápidamente comprendí que esto, también, sería sobre nosotros.
"Ese es el padre de Jacob Black", me informó Edward, frunciendo profundamente el ceño, pero estaba confundida, porque no tenía ni idea de quién era Jacob Black. "Creo que lo conociste como Sidekick hará hace un par de meses, nena", aclaró Edward con una risita, y sí, a ese pendejo lo recordaba. "Joder, esto no es bueno." Sacó su teléfono Vertu. Mierda, ¡ahora qué!
"¿Algo va mal, jefe?" Alec preguntó.
"Sí", murmuró Edward, desplazándose hacia abajo en su teléfono. "Parece que Billy Black está sustituyendo a Siobhan."
Alec asintió con la cabeza en señal de comprensión antes de volver a concentrarse en el televisor y, una vez más, me llamó la atención lo inteligente que era para su edad, pero también... "No lo entiendo", dije en voz baja.
Edward se pellizcó el puente de la nariz mientras volvía a guardarse el teléfono en el bolsillo.
"La Agente Especial Siobhan McKenna está de nuestro lado, por así decirlo, y es la que se asegura de que mis registros y los de Emmett no salgan a la luz. O al menos, así era antes. Si Black está ahora a cargo de nuestro caso, lo más probable es que haga públicos nuestros expedientes."
"Que estuviste en prisión", terminé.
"Exacto, y hubiera estado bien tener nuestra mierda clasificada. Hace las cosas más fáciles ante la sociedad."
Puse los ojos en blanco.
"Bueno, esa mierda pasa cuando te atrapan, Edward. Pensaría que lo sabrías mejor."
¿Verdad? Quiero decir, si son tan estúpidos como para ser atrapados...
"¿En serio, princesa?", preguntó, muy divertido de repente. Se recostó en el sofá y dejó que su brazo descansara detrás de mi espalda. "Aquí estaba yo, pensando que mi hermosa novia iba a sermonearme sobre robar, y lo malo que es."
Yo... no entiendo.
"¿Qué?" Arrugué las cejas.
Tanto Alec como Edward se rieron mientras él continuaba. "Cariño, ¿te das cuenta de que acabas de hacer uno de tus descarados comentarios sobre lo estúpido que es que te pillen... y no sobre lo estúpido que es cometer el delito?"
A la mierda mi vida.
¿Qué demonios me pasa?
"Solo... cállate", murmuré, golpeando a Edward en el pecho, pero eso solamente lo hizo reír.
Cabrón.
*o*o*o*
"¡Vaya, Tush, estás a juego!" Alec se rio cuando salí de la
baño.
Estaba vestida y lista para la cena con Esme, Carlisle, Ed y
Elizabeth. "¿Qué quieres decir, niño?" pregunté, confusa. Entonces Edward apareció de la cocina y los dos nos quedamos paralizados mientras nos mirábamos. Llevaba unos pantalones de vestir grises, zapatos negros y un jersey negro, y sí, tenía buen aspecto como para comérselo. Luego estaba yo, que iba a juego con él con una falda lápiz gris, zapatos de tacón negros y, por último, un top negro con volantes.
"Las grandes mentes piensan igual, ¿eh?" comentó Edward, divertido... aunque seguía mirándome, así que chasqueé los dedos delante de él. Se limitó a encogerse de hombros antes de darme un suave beso mientras se dirigía a sentarse junto a Alec.
"Alec, ¿estarás bien aquí solo?" pregunté mientras sacaba una caja de mi bolso.
"No estoy solo, Tush." Sonrió. "Kellan está afuera, ¿recuerdas?"
Por supuesto. Probablemente conoce a los grandotes que están afuera.
"Sí, pero..." Me quedé sin palabras y me acerqué a Edward para pedirle ayuda.
"Estaré bien, cariño. Kellan y yo veremos un partido en la tele."
"Está bien", suspiré, volviéndome hacia Edward. "¿Podrías ayudarme con esto, cariño?" Levanté el primer artículo con el que usé su tarjeta de crédito y luego le di la espalda mientras se levantaba.
Fue una especie de sorpresa, pero sabía que le encantaría.
"Por supuesto", respondió, tomando el collar.
Aún no había visto el colgante.
Un dije con la letra "E."
"Um, ¿nena?"
Sin embargo, ahora sí.
"Mmhmm", contesté, sonriendo enormemente mientras miraba por encima del hombro, y ya sabes, hacia arriba, porque es alto.
Los ojos del chico irlandés estaban muy alegres.
"¿Quién te lo dio?", preguntó en voz baja, levantando el collar.
Claro, porque según él, es imposible que lo haya comprado yo.
"Lo compré yo."
"Oh", me dijo mientras me ayudaba a ponérmelo, y la sentí, a su respiración en mi cuello. Era superficial.
Una vez colocado el collar, se agachó y me besó el cuello.
"Gracias."
"No tienes nada que agradecerme", resoplé en voz baja, dándome la vuelta en sus brazos. "Ahora, bésame, Whistler."
Otra vez esa sonrisa.
"Sí, señora."
Demasiado pronto, fuimos interrumpidos por Alec, haciendo ruidos de besos.
*o*o*o*
"Dios, qué aburrido te ves, Edward", me reí entre dientes mientras nos dirigíamos a la mansión Cullen.
"¿Qué quieres decir?"
Eché un vistazo para ver a qué velocidad conducía mientras hablaba. "Esme nos habló a Rose y a mí sobre los llamados síntomas. Como se comportan tú, Emmett, y Carlisle para el caso, cuando no han 'trabajado' en un tiempo, se tornan inquietos... y más temerarios en la conducción. Necesitan sentir emoción. Y entonces... ¿qué tan rápido vas, Whistler?"
Edward no pareció sorprenderse, por lo que deduje que Esme le había contado lo mismo que a nosotros, pero sonrió tímidamente y dijo: "Lo siento, es que en Forks nunca pasa nada."
Ante su respuesta, empecé a pensar en nuestro futuro, y en el hecho de que en realidad nos íbamos de Forks en pocos días, y no tenía ni idea de a dónde íbamos ni cuál era el plan. Lo único que sabía era que justo después de la boda, nos iríamos de Luna de Miel, y luego de vuelta a Seattle, donde Edward tenía su propia casa... o mansión.
¿Pero después qué?
Me sentí muy curiosa y... emocionada.
"¿Tú y Emmett están planeando algo?" le pregunté, en voz baja.
"Sí", respondió, casi igual de tranquilo, sin apartar los ojos de la carretera.
Mi cuerpo zumbaba de anticipación.
"¿Puedes decirme algo al respecto?" Pregunté, dándome cuenta de que estaba observando mi mano... que estaba colocada sobre el muslo de Edward. Bastante arriba en su muslo, y sabía que él también era muy consciente de ello.
Se aclaró la garganta antes de contestar, todavía en voz baja. "En enero estaremos en Roma... para el próximo lanzamiento de Maserati."
Tragué saliva.
Mi mano subió más.
Roma. Nos vamos a Italia.
Edward aceleró y apenas podía ver los árboles que pasábamos. Eran un borrón.
La tensión cambió. Se volvió densa.
"¿Y luego qué?" pregunté, sintiendo que me inclinaba hacia él. Estaba de repente muy consciente de la humedad en mis bragas. "Una vez que estemos allí... ¿cuál es el plan?"
Mi mano alcanzó su prominente erección y me estremecí al sentirla; esto era lo emocionante. No sólo para él, sino también para mí. A mí también me pareció muy emocionante.
"Joder, nena, ¿qué estás haciendo?", ronroneó, agarrando con fuerza el volante mientras yo le acariciaba a través de los pantalones.
Y yo quería más.
Mucho más.
Mantuve mis ojos fijos en su polla mientras le desabrochaba los pantalones. "Responde a mi pregunta."
Estaba fuera de control y no tenía ni idea de qué era lo que se había apoderado de mí, pero descubrí que me encantaba; la tensión, la velocidad, el... hablar de Italia y de Maserati.
"Mierda", siseó en voz baja, mirando hacia abajo mientras su erección se balanceaba libre. Lo miré, diciéndole en silencio que contestara. Y lo hizo. Mientras lo acariciaba. "Um... tenemos órdenes... ungh... dos coches..."
Dos coches. Que robarán.
Me estremecí violentamente.
Mi cuerpo estaba al mando, y bueno, me incliné... hacia su polla.
"Bella", se atragantó, pero yo ya estaba bajo su brazo, y entonces le planté un beso con la boca abierta en la punta que goteaba. Eso también me encantó y no pude evitarlo.
Nunca habíamos hecho esto antes, pero como he dicho, no podía parar, y parecía que Edward tampoco podía. Porque sabía que lo haría si estaba concentrado. Así es él, y nunca aceptaría esto, por mi bien.
Pero lo hizo, y gimió ruidosamente mientras me lo metía en la boca.
Sentí su mano, mejor dicho, sus dedos, enredándose en mi pelo... mientras pisaba el acelerador... de nuevo.
Condujo más rápido.
"Oh Dios, princesa", gimió.
Mi coño estaba literalmente palpitando de deseo, y esto... Dios, nunca me había sentido así. Y ya lo ansiaba, me encantaba, me encantaba sentir su polla en mi boca, me encantaba la salinidad, su tamaño, su placer.
Tuve una arcada, por lo jodidamente novata que era en esto.
"¡Joder!" gruñó, moviendo sus caderas hacia arriba, lo que me provocó otra arcada. "Mierda, lo siento..."
No le dejé continuar porque gemí a su alrededor, le trabajé
más fuerte, lo chupé más profundamente, usé mis dientes... Yo estaba absolutamente fuera de control. La sensación era tan jodidamente poderosa, y la idea de no tener sexo completamente hasta nuestra noche de bodas me hizo sentir horrible. Lo necesitaba. Físicamente, de hecho, lo demandaba, y buscaba fricción frotando mis muslos, pero no era suficiente.
"Estoy cerca, nena", gimió, pero no me detuve.
La necesidad era demasiado grande y pensé que iba a arder. Estaba bastante segura de ello, de hecho.
Edward se tensó y, con un fuerte gemido, se corrió a chorros calientes en mi garganta, haciendo que casi me ahogara al tragar. Aunque no podía decir que disfrutara del sabor, sin duda disfrutaba complaciendo a mi hombre, y joder, me ponía más cachonda. Me hizo sentir reivindicada de alguna manera.
"Joder... mierda", jadeó cuando le solté. "Sólo... joder."
Le ayudé a subirse la cremallera del pantalón con desgano, porque mi coño seguía palpitando, dejándome sin aliento y jadeando por esa maldita necesidad.
"Jesús, Bella", jadeó, mirándome con los ojos muy abiertos. "¿Qué demonios fue eso?"
No tenía respuesta para eso. Bueno, fue una mamada, estoy segura, pero no tengo idea de dónde vino. O por qué. Pero sabía que quería más.
"Te necesito", fue mi respuesta implorante, y ahora estaba jodidamente desesperada.
Creo que Edward lo notó porque detuvo rápidamente el coche a un lado de la carretera antes de empujar su asiento hacia atrás. "Ven aquí, preciosa."
Prácticamente me lancé sobre él, y aunque era un coche pequeño, logré colocarme a horcajadas sobre él. Fue frenética la forma en que me lancé sobre él, besándole con fuerza, hundiendo mi lengua en su boca, pero cuando se dio cuenta de mi desesperación, se mostró igual de ansioso.
"Dime qué necesitas, nena", jadeó entre besos mientras sus manos se metían bajo mi falda. "Joder, ojalá..."
"¿Ojalá qué?" gemí, echando la cabeza hacia atrás mientras me chupaba el cuello.
"Maldita sea, ojalá pudiera saborearte", gruñó contra mi cuello. "Hace meses que quiero saborear ese dulce coño tuyo."
"¡Oh, joder!" Gemí. Sus manos... bajo mi falda... más cerca, más arriba... "Por favor, Edward... por favor..."
Por fin sentí cómo me apartaba la tanga y sus largos dedos me acariciaban la raja mojada. Necesitaba más, así que me sacudí contra él, haciéndole entender... ¡ungh! Sí...
"Tan jodidamente caliente, nena", susurró... y entonces su voz cambió, en una orden. "Cabalga mis dedos, cariño. Déjame sentir tu coño."
Volví a gemir, enterré mi cara en el pliegue de su cuello, y entonces él empujó dos dedos dentro de mí. Con fuerza. Era todo, pero no suficiente, porque sabía... Maldita sea, quería su polla.
"No puedo esperar a nuestra noche de bodas", dije entre gemidos, cabalgando sus dedos cada vez con más fuerza, gimiendo cada vez más fuerte mientras sus dedos me acariciaban.
Seguía sin ser suficiente porque no profundizó mucho.
"¿Ah, sí? ¿Y eso por qué, nena?" Me besó el cuello.
Sentí su pulgar en mi clítoris y me tensé a su alrededor, respirando erráticamente, sintiendo que por fin se acercaba mi orgasmo. Joder, un tercer dedo, estirándome... los dos gemimos. Más fuerte. Más rápido. Quiero más. Necesito más. Más rápido. Por favor.
"Oh... porque... ungh... lo quiero todo", prácticamente sollocé.
"Joder", gimió con fuerza. "¿Es eso, nena? ¿Quieres todo de mí? ¿Quieres mi polla?"
¡Sí! Me apreté a su alrededor. Palpitante. Se dio cuenta y sabía lo que yo quería.
"Dios, eres una chica sucia, ¿verdad, Bella?", gruñó, mordisqueándome el hombro mientras redoblaba sus esfuerzos. "Lo sabía... ¿recuerdas? Te lo dije. Te lo dije, joder."
Sabía lo que quería decir. En nuestra primera cita. Dijo que probablemente yo era tan inocente como él. El cabrón probablemente tenga razón.
"Joder, qué apretada estás, nena."
Y tan cerca.
Sí.
¡Oh!
"Sí, puedo sentirte, Isabella... Vente para mí."
Me corrí fuerte y rápido, apretando los ojos mientras oleadas y oleadas de placer se apoderaron de mí y apenas era consciente de nada más que de mí misma y de la pesada respiración de Edward.
"Mierda", jadeé... y me estremecí... y temblé... y me estremecí.
Tardó un rato, pero una vez que mi respiración volvió a la normalidad, nos quedamos allí sentados. No hablamos de mi locura. Sólo me abrazó y nos besamos.
Lenta y suavemente. Pero creo que es bastante obvio que Edward no es el único que necesita una emoción; yo también, y creo que él lo sabe mejor que yo, incluso para mí misma. Si se trata de conducir rápido o... ya sabes, lo que hace... o hará... en Roma... No lo sé, pero es algo.
Algo que... mierda, me excita.
Estoy jodida.
Sin embargo, no me molesta eso. Por alguna razón, estoy... emocionada.
Emocionada. Feliz. Mierda.
Una vez de vuelta en mi asiento, supe que estaba sonrojada como un bicho raro, y Edward no mejoró precisamente las cosas cuando aceleró el motor mientras se chupaba los malditos dedos antes de arrancar. El cabrón engreído era eso: engreído. Cualquiera no sería capaz de verlo, pero yo sí. Vi la sonrisa de satisfacción que se dibujaba en sus labios. Incluso trató de resistirse, pero vi cómo se estremecía. Lo vi y lo odié. No, no lo odié. Esa es la cuestión. No lo odié. En absoluto.
Mientras entrelazaba nuestros dedos, me miró una vez y luego sonrió satisfecho. Sonrió arrogantemente, sin intentar ocultarlo más.
Y dijo: "Esta noche estoy saboreando de la fuente, nena."
Entonces pisó el acelerador, haciendo ronronear el motor... y me mordí el labio para combatir el gemido.
Ya no se puede negar. Me parezco más a Edward de lo que pensaba, y eso es todo.
*O*O*O*
La cena fue... rara. Realmente extraña.
La mesa, puesta para los seis, parecía muy formal. Más que los anteriores eventos formales que hemos tenido aquí, y esto se suponía que iba a ser casual. Pero no lo era. Ni mucho menos. Carlisle se sentó en un extremo de la mesa y Esme en el otro, lo que nos dejaba a Edward y a mí en un lado, y a Ed y Liz en el opuesto.
Otra forma de verlo era; Esme, Liz y yo nos sentamos en una mitad, y los tres hombres en la otra, y aunque sentí a Edward todo el tiempo, estaba muy dividida. Dos grupos con un solo vínculo, y ese éramos Edward y yo, y se negaba a soltarme la mano, o si lo hacía, apoyaba el brazo en el respaldo de mi silla. No te equivoques, me encantaba cómo se mantenía cerca, casi de forma protectora. Lo necesitaba, me encantaba. Ansiaba su cercanía. Y él también.
Pero eso fue todo. Edward y yo no hablamos y tampoco lo hicieron Esme y Carlisle... o Ed y Liz. Las mujeres eran reservadas y los hombres hacían lo mismo.
De nuevo, Edward era diferente. Era un hombre de negocios. Lo mismo ocurría con Carlisle, y Esme me dedicó una sonrisa tranquilizadora que me dijo que las cosas iban bien, y que eso solamente ocurría cuando Ed estaba cerca. Eso no me sorprendió, porque aún recuerdo la forma en que Edward actuó hoy cuando nos encontramos con ellos en el aeropuerto.
Era más frío, vacío de emoción. Negocios.
Sin embargo, me emocionó que, por muy "comercial" que fuera, me mostrara su verdadero yo, en este caso con afecto, por la forma en que me tocaba. Era muy importante.
¿Y la charla?
Bueno, las mujeres hablamos de cosas de la boda, lo que me tenía más excitada de lo que creía posible, y la forma en que Edward me apretaba la mano de vez en cuando me decía que prestaba atención a lo que decíamos, y yo hacía lo mismo.
Sin apretarle la mano, por supuesto, pero aun así escuché un poco. Tenía curiosidad, pero ¿puedes culparme?
No lo creo.
Y los hombres hablaban de negocios, lo que explicaba la seguridad añadida alrededor de la mansión. Guardias y detectores. Todo para asegurarse de que nadie escuchara, alguien que no debiera.
No había mucho que no supiera ya. Hablaron un poco de la
Maserati a la que íbamos a asistir en enero, y que Ed tenía a su gente preparando el papeleo... fuera lo que fuera lo que eso significara. Pero supuse que tenía algo que ver con la identificación y esas cosas, ya que Edward y Emmett nunca viajaban con nombres reales, y supuse que no sería diferente para mí y Rose.
Lo que sabía, por lo que Edward me había contado, y ahora por lo que había oído durante la cena, era que Edward y yo -junto con Emmett y Rose- asistiríamos juntos a la exposición de coches, y luego, esa noche, la noche después de la exposición, Emmett y Edward regresarían. Solos. A trabajar.
Me asustó mucho oírles hablar tan abiertamente de ello. También me hizo las cosas más reales, especialmente cuando los tres hombres sacaron sus teléfonos Vertu para hablar de números, planes y fechas.
Era tan real.
Esme y Liz hicieron un buen trabajo distrayéndome con cosas de la boda, pero hablar de centros de mesa, flores y trajes sólo sirvió hasta cierto punto.
Después de cenar, Edward me dio un suave beso junto con una sonrisa de disculpa, y me dijo que él y los otros dos hombres tenían algunas cosas que repasar en el despacho de Carlisle antes de reunirse con nosotros en el salón. Yo simplemente sonreí y asentí. Me asustaba un poco ser tan comprensiva, que sinceramente no tuviera nada en contra, pero tampoco servía de mucho negarlo. Sabía que aún me estaba descubriendo a mí misma, que era joven, que aún estaba creciendo, aprendiendo a ser adulta, por así decirlo. Pero, ¿iba a ser así? ¿La esposa sin objeciones?
Seguro que lo parece, pero lo que es peor... es que me gusta. Confío en Edward.
Verlo como el hombre maravilloso que es... Lo amo. Nada puede cambiar que... evidentemente.
Pero no es solo la aceptación de lo que hace Edward lo que me preocupa. También es lo que experimenté en el viaje.
Y menudo viaje.
Pero hablando en serio; puede que sea joven, un poco inmadura a veces incluso, pero sé que la mujer que soy- o la mujer en la que me estoy convirtiendo... es más parecida a Edward de lo que nunca pensé. No soy solamente la esposa, también soy un poco... igual a él.
Sentí la emoción.
No puedo esperar a Italia. No puedo esperar a ver a Edward en ese escenario, y una parte de mí... Oh, ten piedad de mí, pero es mi verdad de Dios; una parte de mí quiere ser parte de eso.
