La Guerra de las Oppais

Sexta Batalla – Risa

Casa de Risa

Miya POV

Han pasado unas horas desde que Risa y yo regresamos a casa, después de la enorme discusión que tuvimos algunas de las miembros del comité de eventos esta tarde y la tarea que nos había encargado Rena-senpai a todas las que nos vimos involucradas en ello.

– Esto es tan molesto ¿Por qué tengo que tomarle las medidas a mi Risa, si ya me las sé de memoria?

Me digo observando la cinta métrica que Rena nos había entregado a cada una para medirle las tetas a nuestras novias.

– Sea como sea, sé que a pesar de todo lo que dije esta tarde, soy consciente de que entre todas las candidatas a tetas más grandes, Risa es de las que menos posibilidades tiene de ganar.

Y no porque no las tenga bastante grandes para una chica de su edad (entre las parejas de segundo año, ella es sin duda la que las tiene más grandes) pero si la pones a competir contra los mastodontes de las de tercer año…

– Tiene que haber un modo de alterar el resultado real sin que Rena se de cuenta.

Quizás podría crear ahorita un brebaje que haga que a Risa le crezcan aún más las tetas. Pero si me descubren, no solamente Risa se molestaría – ya de por sí se queja de que las tiene grandes – si no que además, corro el riesgo de que Rena-sensei le robe su pureza, lo cual muy poca gracia le haría a mi Risa.

– Mmmh… Mentir no funcionará, tengo que hacer que las tetas le crezcan lo suficiente para que pueda competir contra las chicas del tercer año. Pero ¿cómo?

Con esta misión en mente, me pongo a investigar en distintos sitios web y me encuentro con una posible solución.

– Bien, quizás esto podría funcionar.

Ya con un plan en mente, me dirijo hacia la habitación de mi amada, donde ahora mismo se encuentra sentada en su escritorio, haciendo las tareas del día como la responsable representante de la clase que es.

– Buenas tardes, Risa.

– Miya, buenas tardes a ti ¿Ya terminaste la tarea?

– Aún no, sabes que no la haré hasta que la maestra me la pida el día que me moleste en ir a clases.

– Muoh, Miya. Eso no es nada responsable de tu parte. Ni siquiera sé por qué me molesto en preguntarte – me dice algo molesta volviendo a su tarea.

– Ara, ara, tranquila Risa, no tienes que molestarte conmigo. Ya sabes que así soy y que prefiero pasar mis tiempos libres mostrándote el mucho amor que te tengo.

– Miya.

Me acerco detrás de ella y observo su cuaderno de notas.

– ¿Esa es tu tarea del día?

– Es "nuestra" tarea del día, la cuál también deberías de estar haciendo.

– Lo siento, es solo que esa tarea es muy difícil y no creo poder resolverla yo sola ¿Crees que podrías ayudarme?

– ¿Es en serio? – pregunta sarcástica.

No me cree nada. Sabe perfectamente que esa tarea es una que podría resolver fácilmente con los ojos cerrados, pero aún así suspira y me sigue el juego, si eso significa que haga la tarea con ella.

– Bien, si gustas, abre tu cuaderno en una página nueva y te explicaré como… ¡Kyaaaaa! ¡Miya!

Sin ningún aviso, meto mis manos debajo de su blusa y comienzo a masajearle las tetas por encima de su bracier.

– Baka ¿Qué crees que estás haciendo?

– ¿Esto? Por favor, no me hagas caso, solo lo hago para concentrarme mejor en lo que dices. Así que por favor, continua, me estabas explicando ¿Cómo se resuelve esto?

– Miya – avergonzada, pero continua – Bueno, verás, para resolver este ejercicio, primero hay que despejar 'y', después cruzas la 'x' hacia el otro lado y…

Risa hace su mejor esfuerzo para explicarme nuestra tarea mientras le continuo masajeando y apretando las tetas por debajo de su blusa, hasta que se la levanto al igual que su bracier y entonces, comienzo a tocárselas en contacto directo con su piel.

– Y entonces… si haces esta división, podrás tener…

– Vaya, esa es una manera muy sensual de resolver el problema. Eres una representante de clase muy buena e inteligente, Risa.

– Mi-Miya…

Aunque no lo quiere reconocer, se esta sintiendo muy excitada por la manera en que le masajeo y le aprieto las tetas ahora de manera directa y expuesta para que las vea.

– Eres una representante tan buena explicando, que me parece que te mereces un premio. Te conformarás si te hago… ¿Esto?

– ¡Kyaaaaa! ¡Miya!

Mientras se las masajeo, utilizo mis dedos para pellizcar sus pezones y darles el mayor placer posible mientras estos se ponen erectos y escucho los dulces gemidos salir de los labios de mi amada Risa.

– Ahhh, Miya ¿Por qué me haces esto?

– No lo sé, me pregunto por qué será, tal vez me gusta demasiado ver tu dulce cara cuando estas por venirte.

– Miya… Baka, si me las sigues apretando así voy a… voy a… aaaahh… ¡Aaaaaaaaaaahhhhhh!

Risa ya no aguanta más y se termina viniendo ahí en la silla de su escritorio, mientras sus jugos salen de ella y se riegan desde sus muslos hacia el piso de su cuarto.

Cuando esta por caerse para descansar, la sostengo en mis brazos y aprovecho el momento para sacar la cinta métrica y tomarle la medida a sus tetas.

– Bien, de acuerdo a la página web que leí, si se masajea las tetas por un largo tiempo, están pueden crecer unos centímetros. Ahora veamos si... oh, vaya – digo cuando veo su medida – parece que sólo crecieron medio centímetro. Qué lástima.

He de confesar que me siento un poco decepcionada de que mi plan no haya funcionado, pero al final, termino sonriendo y guardo la cinta métrica en mi bolsillo, antes de decirle a Risa.

– No importa, sean más grandes o pequeñas que las de las otras, no me importa en lo absoluto, para mí, las dulces tetas de Risa son las más dulces y deliciosas del universo, y nada va a cambiar eso para mí. Gracias por tus tetas, Risa.

Le termino besando una de sus tetas y cuando lo hago, Risa finalmente reacciona.

– Miya ¿Dijiste algo?

– Nada importante, descuida mi amor. ¡Ah, por cierto!

Me agacho debajo del escritorio y retiro por sus piernas sus panties mojadas con sus jugos hasta dejarlas fuera.

– Me parece que estas son para mí – les doy un fuerte respiro – Ah, nada como el dulce aroma de mi Risa en sus panties recién mojadas, serán un excelente aditamento para mi colección. Gracias, Risa.

– ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH! ¡Deja esas en el suelo! ¡AHORA!

– ¡KYAAAAA! ¡Risa!

Roja de la vergüenza, Risa se lanza contra mí sobre su cama e iniciamos una batalla por el dominio de sus panties, la cual no tarda en convertirse en algo más cuando nos quitamos la ropa y nos ponemos a hacerlo.

Parece que nuestra tarea, tendrá que esperar.