Disclaimer: La historia no me pertenece es una adaptación de una antigua novela que leí de Patricia Ryan así como tampoco los personajes de Mai Hime que son propiedad de Sunrise. La idea de realizar la adaptación es que más personas conozcan la historia a través de Natsuki y Shizuru. Esto lo hago sin fines de lucro.
¡Protegiendo hasta tu sombra!
Capítulo Seis
Nagi Homura
Shizuru abrió los ojos a la mañana siguiente para descubrir un escultural cuerpo al otro lado de la cama, algo que no había pasado en mucho tiempo, una hermosa mujer estaba en su cama.
Ara Ara Natsuki Kuga, pensó, medio adormilada. «Ha dormido conmigo».
Y luego recordó, con cierta tristeza, que lo único que habían hecho era dormir, si alguien le hubiera contado que despertaría al lado de esa hermosa mujer sin haber tenido sexo no le hubiera creído. Natsuki había decidido que ella era indigna como novia porque se dedicaba a escribir "chismes". No podía creer que ella fuera rechazada por su profesión, cuando la mayoría se acercaba a ella solo por eso.
«Pues peor para ella».
Para ella también, claro, si el resto de Natsuki era como esas piernas tan tonificadas, tan bronceadas, tan sensuales, realmente era muy hermosa esa mujer.
No era el tipo de chica al que hubiera imaginado con joyas, pero llevaba una cadena de oro al cuello con un pequeño crucifijo y varias perforaciones en su oreja izquierda, una de ellas se trataba de una barra en forma de flecha la cual se conectaba por dos perforaciones.
Aquella mujer era todo un misterio para ella. Nunca le habían gustado las chicas como Natsuki. Le gustaban más las modelos, artistas o actrices sin trabajo porque, en general, no tenían intención de sentar la cabeza.
¿Qué tenía aquella chica ex policía con una pistola y el crucifijo que la atraía tanto?
En su brazo izquierdo notó entonces una pequeña cicatriz... debía ser la herida de bala de la que le habló el día anterior. Luego vio que llevaba un tatuaje en el brazo derecho formado por varios trazos de líneas y figuras geométricas. Shizuru deseaba tocarlo, sin embargo, solo se inclinó un poco para verlo mejor...
Un segundo después se encontró tumbada de espaldas, con Natsuki encima de ella.
—¿Qué haces?
Natsuki parpadeó, desorientada.
—Ah, perdona. Ha sido un acto reflejo- dijo una Natsuki apenada por la posición en la que se encontraban.
—No pasa nada —sonrió Shizuru—. Me ha gustado, nat..su…ki puede hacer lo que quiera conmigo – comento una Shizuru juguetona.
Suspirando, Natsuki se pasó una mano por la cara
—Disculpa que te haya despertado. Sólo estaba intentando ver tu tatuaje.
Natsuki levantó el brazo. El tatuaje estaba en el antebrazo y daba la vuelta, formado por cinco líneas, dos de ellas completamente de color negro y las restantes con figuras geométricas. Había algo raro en aquel dibujo... no quedaba con Natsuki.
—Mi capitán me convenció para que me lo hiciera antes de infiltrarme en un grupo de traficantes de heroína. Debía hacerme pasar por una ex convicta...
—Ah, ya decía yo.
—Según él, este tatuaje me daría credibilidad.
—¿Y te dolió?
—Me tomé una botella de tequila antes de hacérmelo, por si acaso. No me enteré de nada.
—Así que bebes.
—Sólo cuando no estoy trabajando y un tipo me va a clavar agujas en la piel durante un par de horas. Eso ameritaba un buen tequila.
—Pero no llevarías eso mientras te infiltrabas, ¿no? —sonrió Shizuru, señalando el crucifijo.
—Claro que sí. Me lo regaló mi abuela y no me lo he quitado desde que era pequeña. Es muy preciado para mí.
—¿Y cómo es posible que una chica como tú, lista y ruda no se haya enterado que la religión es el opio del pueblo?
—Vaya, tus monjas debían ser muy liberales.
Shizuru puso los ojos en blanco.
—¿Podemos seguir con esta conversación en otro momento? —sonrió Natsuki entonces, estirándose. Estirando todos aquellos músculos y toda esa espalda de manera tan sensual que Shizuru estaba teniendo pensamientos no muy puros—. No se me dan bien las discusiones religiosas a las ocho de la mañana.
—De acuerdo, tú ve a ducharte, yo voy a hacer café. Con una condición: podemos hablar de lo que sea, salvo de religión.
—Trato hecho.
Lo primero que hizo Shizuru cuando bajó de la habitación fue asomar la cabeza en el salón para comprobar a la luz del día la dimensión del desastre.
Pero, para su asombro, todo parecía recogido y ordenado. El futón seguía rajado y algunas de sus cosas estaban rotas pero, por lo demás, todo estaba como antes. Natsuki había debido trabajar como una máquina la noche anterior. Pero eso no formaba parte de sus obligaciones. ¿Por qué lo habría hecho?
El teléfono sonó cuando estaba preparando el café.
—No estoy en casa. Deje un mensaje.
—Shizuru, ¿cuántas veces te he dicho que compres un contestador? —le dijo Reito, muy serio.
—Ara Ara Reito sabes que no me gustan las máquinas que tienen luces parpadeantes. ¿Qué pasa?
—Acabo de llegar a la oficina y... en fin, tu despacho... parece que ha entrado alguien y...
—¿Lo ha destrozado?
—Más o menos.
—Pues debe ser el mismo tipo que entró anoche en mi casa...
—¿Han entrado en tu casa?
—Sí, pero no te preocupes, lo tenemos todo controlado —suspiró ella—. Además, debo confesarte algo: ahora veo que tenías razón.
—Ah, ahora ves que tenía razón. Menos mal que Kuga estaba contigo —suspiró su amigo.
Shizuru podía oír el ruido de la ducha y tuvo que hacer un esfuerzo para no imaginar a «Kuga» desnuda mientras Reito le daba una charla sobre lo ingenua que había sido y lo importante que era que cooperara con Natsuki.
—Estás predicando a los conversos, Reito.
—Sí, ya, pero quiero que entiendas lo importante es que cooperes absoluta y totalmente con Natsuki...
Shizuru pulsó el botón del triturador de alimentos, que hacía un ruido de mil demonios.
—¿Qué dices, Reito? No puedo oírte.
Su amigo la llamó varias cosas que habrían herido sus sentimientos si no estuviera muerto de risa y, después de prometerle que haría todo lo que Natsuki le pidiese que hiciera y que incluiría el destrozo de su despacho en el atestado que tenía que firmar en comisaría, Shizuru colgó y se dedicó a contar las cucharadas de café para echarlo en la antigua cafetera.
—Sabes que eres muy infantil al evadir una conversación utilizando el triturador de alimentos —Natsuki estaba en la puerta que conectaba la cocina y el baño, recién bañada y con el pelo aún húmedo. Desnuda, salvo por una toalla que cubría lo necesario.
«Ara Ara esas piernas de impacto harán que me dé un infarto, pero no te quedes mirándola como una tonta, por el amor de Dios».
—Ahora he perdido la cuenta de las cucharadas, tonta. Tendré que empezar otra vez.
—Lo siento. ¿Puedo vestirme antes o quieres hacerlo tú?
—No, hazlo tú. Yo tengo que desayunar y darme una ducha.
Natsuki desapareció en el piso de arriba y volvió diez minutos después vestida con un blazer negro, blusa blanca y pantalón de mezclilla, así como unos botines negros que había dejado allí el día anterior.
—¡Vaya, vaya!
La transformación era increíble. De Shane Goo a Jing Goo: en un parpadeo.
—¿Tu no vas a ponerte un albornoz, o algo así…?
—No.
—Sería bueno para mi presión arterial.
Shizuru sonrió, encantada.
—Ara Ara Nat…su..ki …Ya sabes lo que dicen: si no te gusta el calor, no te metas en la cocina.
—Lamentablemente, necesito un café —suspiró Natsuki.
Ella le ofreció un plato con magdalenas.
—Gracias por ordenar la casa. Te lo agradezco mucho.
—Ha sido un placer.
—Bueno, ¿y por qué el cambio radical de vestimenta?
—Me ha parecido buena idea parecer una adulta cuando vayamos a la comisaría. Por cierto, me gustaría saber qué vas a contarles.
—¿Por dónde quieres que empiece?
—Puedes empezar por identificar al misterioso personaje que chantajeaba a Tomoe Marguerite.
—Nagi Homura
—Dices el nombre como si tuviera que conocerlo.
—Es el propietario de los viñedos Thayer, en el Valle de Napa. Es millonario... multimillonario en realidad. Y famoso por sus excentricidades. Hace un par de semanas Tomoe y yo estuvimos comiendo juntas y, después de tomarse varias copas, me confesó que mantenía una aventura con él.
—¿Está casado?
—No, pero ella sí. Con la doctora Chie Harada.
—Otra vez. ¿Debería conocer a la famosa doctora Chie Harada? —suspiró Natsuki.
—Escribió un libro famosísimo hace cuatro o cinco años sobre cómo dominar la depresión. Ganó una millonada y se hizo muy famosa.
—¿Y la doctora Harada sabía algo sobre la aventura de su mujer?
—No. Y la pobre Tomoe temía que se enterase. Según ella, había cometido una locura liándose con Nagi. Decía que estaba loco y que se moría de vergüenza que ella amaba a Chie Harada, que no entendía como pudo terminar engañándola con un hombre teniendo todo en ella.
—¿Por qué no rompió con él?
—Lo hizo, pero él se negaba a dejarla ir. Empezó a llamarla constantemente, a molestarla con cartas subidas de todo. Hace un mes se volvió loco del todo y empezó a llamarla usando un aparato que alteraba la voz... —Shizuru se apoyó en un codo. Al hacerlo, el escote de la camisola se arqueó, dejando sus pechos casi al descubierto y Natsuki estuvo a punto de atragantase con la magdalena.
—Shizuru...
—¿Sí?
—No puedo más.
—¿Eh?
Natsuki se quitó el blazer y se la pasó por los hombros.
—Mira, quédate con eso puesto hasta que acabes, ¿de acuerdo? Hazme el favor. Estoy a punto del infarto, ese pijama tuya no deja mucho a la imaginación.
—Ah, ara ara Natsuki no puede resistirse a mis encantos —sonrió ella, pasando una mano por la chaqueta—. Me encanta, sobre todo por que huele a ti y es tan suave la tela… ¿Es de Seda?
—Shizuru... Deja de tontear conmigo y sigue contándome lo que pasó. Por cierto, no tendrás una fotografía de ese tal Nagi Homura, ¿verdad?
Shizuru lo pensó un momento.
—Se ha vuelto un recluso, así que hay muy pocas fotografías suyas... Ah, espera, creo que...
Desapareció en el salón y volvió poco después con un ejemplar de la revista Ray.
—Aquí está. Se la hicieron el año pasado, cuando Nagi seguía yendo a fiestas... Ésta es Tomoe, con el vestido de lentejuelas. La mujer a su derecha es su esposa. Nagi es el alto...
—He visto antes esta fotografía —murmuró Natsuki—. Reito y Nao me la enseñaron para que viese a la señora Tomoe. Y entonces me pareció que Homura tenía pinta de rata. O de hurón.
—Sí, desde luego. Pero yo creo que parece más bien una zarigüeya.
Natsuki soltó una carcajada.
—Estabas contándome que la llamaba con un aparato para alterar la voz.
—A veces la insultaba o decía que era otra persona, que sabía lo suyo con Homura y cosas así. Tomoe empezó a grabar las llamadas... por eso tenía la cinta. En ella decía que iba a contárselo todo a su esposa a menos que le diera quince millones de yenes. Debía depositar el dinero en un barco que se llama Yamato II, en el muelle, el día 19 de septiembre. Por eso supo que era Nagi. Ya no salía a navegar, pero había visto una fotografía del barco en su despacho.
Natsuki arrugó el ceño.
—¿Y por qué iba a pedirle quince millones de yenes un hombre que es multimillonario?
—Eso era lo que Tomoe no entendía. Pero yo creo que no era por el dinero. Nagi quería castigarla... o darle un susto, algo así. Y se le ocurrió lo del chantaje.
—¿Y qué hizo ella?
—Nada. No podía llamar a la policía porque entonces su esposa se habría enterado de todo. Ese día, en el restaurante, me dijo que no sabía si marcharse a Europa unos meses o darle quince millones de yenes y acabar con el asunto de una vez por todas... aunque no sabía de dónde iba a sacar los quince millones sin que Chie sospechara. Yo le dije que darle el dinero era absurdo, especialmente porque lo único que Nagi quería era vengarse. Pagarle lo animaría a seguir extorsionándola.
—¿Y fue entonces cuando decidisteis publicarlo en tu columna?
Shizuru se pasó una mano por el pelo.
—Fue idea de Tomoe, la verdad. Pero a mí me pareció bien. En fin, la verdad es que ha sido un desastre, ¿no?
—Más bien sí.
—Pretendía ser un aviso para que la dejase en paz...
—¿Tomoe te dio la cinta?
—Tenía miedo de que Chie la encontrara. Pero evidentemente, yo no la escondí bien. Yo no esperaba que Nagi viniera a mi casa a buscarla... si ha sido Nagi.
—Tú eres demasiado lista como para no haber hecho una copia de esa cinta —dijo Natsuki entonces.
—Lo hice. Y luego hice que un amigo mío la guardase en su caja fuerte porque yo no tengo. Pero cuando lo llamé hace un par de días, su compañero de piso me dijo que se había ido de viaje. Al Tibet, creo. O a la India, no sé.
—En otras palabras, que no tenemos ninguna de las dos cintas. O sea, que no podemos implicar a Nagi Homura en los intentos de extorsión.
—No.
—La columna en la que amenazabas a Homura...
—Le advertía, no le amenazaba.
—La columna en la que le advertías, llegó a los quioscos hace cinco días y, al día siguiente, Tomoe Marguerite desapareció —murmuró Natsuki, tomando un sorbo de café—. Eso fue el día 19 de septiembre. El día que, supuestamente, iba a darle los quince millones de yenes.
—Al principio pensé que era una coincidencia.
—¿Y ahora?
—Ahora no sé qué pensar —suspiró Shizuru—. En parte sigo pensando que Nagi Homura es incapaz de hacerle daño a Tomoe. Si lo conocieras, pensarías lo mismo. Está un poquito colgado, pero no creo que sea un criminal.
—A veces la pasión puede hacer que la gente haga barbaridades. He visto brutalidades cometidas por personas que parecían absolutamente inofensivas—dijo ella, muy seria—. ¿Y qué dice su esposa?
—He hablado con Chie. Me dijo que llevaba algún tiempo sospechando que Tomoe no era feliz... cree que la ha abandonado. Por supuesto, yo le dije que no lo creía. En mi opinión, el suyo era un matrimonio feliz.
Natsuki tosió.
—¿Un matrimonio feliz? ¿Cometer adulterio te parece normal?
—Ara Ara Natsuki, dices lo de «cometer adulterio» como si fuera cometer un crimen.
—Ah, ya veo. Tú crees en los matrimonios abiertos, en los que cada uno puede ser infiel cuando le dé la gana, sin ataduras.
—Si tomases notas, sabrías que yo no creo en el matrimonio —replicó ella.
—Ah, es verdad. El matrimonio es una atadura llena de servilismos.
—Si, así es … Sobre todo, para aquellas mujeres que se dedican a cuidar de la casa y de los niños.
—¿No te parece que hay mujeres que son felices haciendo eso?
—Sí, supongo que sí. Pero no es para mí, desde luego.
—Coincido contigo lo mío no es cuidar la casa, pero me encantaría formar una familia y ver a una mini versión mía corriendo en ella. Eso podría hacer que reconsiderara todo.
—No entiendo porque si esa parte la entiendes eres pro-matrimonio —lo interrumpió Shizuru.
—Si quieres que te sea sincera —siguió Natsuki— considero que el matrimonio es el punto mas alto en compromiso en una relación, tienes que ser consiente de que esa persona es la que te acompañara por el resto de tu vida y debes hacerla feliz siempre. Mi madre me enseño que el matrimonio es el sacramento que une indisolublemente a una pareja y con ello se sella el amor. Si, lo se suena algo idealista además de anticuado pero fue lo que me inculcaron y me agrada la idea de que alguien este conmigo para siempre, no cambiar de pareja como de ropa interior.
no me acostumbro a la idea de que arriesguen su vida como lo hacen los hombres. Mi padre me enseñó que la labor del hombre es proteger a las mujeres y a los niños.
—Eso es lo más anticuado, paternalista y antediluviano que he escuchado, no es necesario el matrimonio para tener claro si quieres pasar toda tu vida con alguien. Pero ¿por qué pasar la vida con una sola persona?
Natsuki se echó hacia atrás, con las manos en la nuca, sonriendo.
—¿No te gustaría vivir diferente?
—¡Maldita sea! —exclamó Natsuki cuando salían de la comisaría.
Habían perdido una hora entera contándole los detalles del caso a un detective calvo y gordo... para nada. El sargento Kyuma Inuzuka se negaba a interrogar a Nagi Homura. Raro o no, Homura era una figura importante en la comunidad y un generoso contribuyente... también para la Asociación de policías, ya que hacía aportaciones económicas para las viudas y huérfanos. La idea de que Homura intentase chantajear a una ex amante le parecía absurda y, en su opinión, no había razón para pensar que Tomoe hubiera sufrido mal alguno. Si había muerto, ¿dónde estaba el cadáver? Si la habían secuestrado, ¿dónde estaba la nota pidiendo un rescate?
—No sé por qué te sorprende —dijo Shizuru, entrando en el coche—. Ya te dije que Nagi Homura era una persona muy influyente.
—Esto no pasaría si hubiéramos hablado con un buen policía—replicó ella, furiosa—. Ese tipo... Kyuma Inuzuka, conozco bien a los policías como él. Está a punto de retirarse y no quiere poner en peligro su pensión. Policías así... son una vergüenza para el cuerpo.
—Echas de menos ser policía—dijo Shizuru entonces.
—Ya te dije que no me interesaba...
—Pero lo echas de menos. Eras buena policía.
—Shizuru, ¿cuándo vas a dejar de intentar averiguar por qué dejé el cuerpo?
—No estoy intentando hacer eso.
—Mejor, porque no es asunto tuyo.
—Eso ya lo has dejado bien claro. Además, no me importa por qué lo dejaras.
«Nada podría importar más», pensó Natsuki.
—Lo que importa es que lo echas de menos. Te gustaría seguir siendo policía.
No era una pregunta, de modo que él no se molestó en contestar.
—La verdad, no me imagino por qué alguien querría vivir persiguiendo a los malos, pero entiendo que eches de menos ser detective. Yo misma pensé una vez en hacerme policía.
—¿Qué? —exclamó Natsuki, incrédula.
—Me encanta investigar, arañar para encontrar la verdad detrás de una historia. Es lo único de ser columnista que me interesa. Bueno, también me gusta hacer fotos, pero... el problema es que dejé el instituto antes de acabar el bachiller, así que no puedo ser policía.
Natsuki intentó imaginarse a Shizuru con el uniforme y estuvo a punto de salirse de la calzada.
—Reito habla de ti como si fueras una super heroína —siguió ella—. La chica de oro del cuerpo. ¿Lo fuiste durante mucho tiempo?
—Doce años.
—¿Y por qué elegiste ser policía?
—¿Esto es un interrogatorio?
—No, esto se llama conversación, Natsuki. ¿Estarías más cómoda si fuéramos en completo silencio?
No.
—Quizá.
—Muy bien —Shizuru se puso las gafas de sol—. Como tú quieras.
Después de diez minutos en silencio total, Natsuki soltó una palabrota.
—Mi madre era policía.
—Ah.
—Y mi abuelo y la mayoría de mis tíos... y todos menos una de mis hermanas.
—¿Detectives?
—No, policías de los de a pie.
—Ya veo.
Natsuki asintió con la cabeza.
—Mira, quizá éste no sea buen momento para sacar el tema, pero me temo que tengo que decírtelo...
—¿Qué pasa?
—Que la policía no ha prestado atención a lo que pasó anoche en tu casa, de modo que sigues en peligro. Un lunático, probablemente Nagi Homura, te ha colocado en su punto de mira. Y si le pareces una amenaza, podría... intentar atacarte de nuevo.
—Ese tal Kyuma era patético, pero tú no lo eres. Podrías hacer algo, hablar con Nagi Homura...
—Yo soy sólo tu guardaespaldas, Shizuru.
—Sí, pero...
—Mi trabajo es protegerte, nada más. Así que tendrás que dejar de ir a tantas fiestas, a tantas exposiciones... Y olvídate de ir a la revista todos los días.
—¿Qué?
—Puedes escribir la columna desde tu casa, ¿no?
—Sí, pero... tengo que posar para Haruka.
—Eso tendrá que esperar.
—Me vas a convertir en una agorafóbica.
—Sólo hasta que haya pasado el peligro.
—Pero la policía no va a hacer nada, de modo que Nagi puede ir y venir por donde quiera. Aunque me quede en casa... estaré en peligro, ¿no?
Natsuki se lo pensó un momento. Tenía razón. Entonces vio una tienda de muebles y puso el intermitente para detenerse a la derecha.
—¿Crees que ahí tendrán futones?
—Seguro. Pero no tengo dinero para comprar otro.
—Le pasaremos la factura a Reito.
—¿Reito va a pagar por mi futón?
—Mi contrato incluye gastos extra y esto es un gasto extra—contestó Natsuki—. Necesito un sitio donde dormir, ¿no te parece?
—Ara Ara pero si mi Nat..su..ki tiene un sitio donde dormir—sonrió Shizuru.
—No soy tuya y no puedo dormir en tu cama.- contestó Natsuki roja como un tomate.
—Sólo serán un par de días, hasta que esté instalado el sistema de seguridad.
Natsuki se pasó una mano por la cara.
—He estado pensando... no puedo dejarte sola en ese apartamento, incluso con el sistema de alarma instalado. Lo único que sabemos seguro es que ese tipo sabe dónde vives...
—Pues por eso.
—Pero no puedo dormir en tu cama porque tarde o temprano... no, no puede ser.
Shizuru abrió la boca para decir algo, pero en lugar de eso se colocó las gafas sobre la cabeza y lo miró con esos ojos de sirena.
—Tú te lo pierdes —dijo por fin, abriendo la puerta del coche.
—Dímelo a mí —murmuró ella.
