Comeback


—¿Qué haces aquí?

Cuando comenzó el curso para Dave fue una sorpresa tremenda ver a Azimio en su mismo equipo de la universidad; al parecer su amigo había conquistado la misma beca deportiva. Azimio no le había dirigido la palabra y Dave se mantuvo a una distancia prudente. En la escuela, por lo regular, se veían muy poco así que no estaba seguro del porqué de la visita de su ex mejor amigo.

—Yo… quiero… —Azimio se veía bastante raro dudando de sus palabras. Dave lo recordaba a la perfección y él no era un tipo que cuidara mucho lo que decía—. He venido a hablar contigo, tío.

—¿Hablar? Creo que dejaste muy claras tus ideas hace tiempo, gracias. Aún recuerdo a la perfección eso de puto chupa pollas, quémate en el infierno. —Azimio enrojeció.

—Sí, bueno. Vengo a disculparme por eso. Yo…

—Ya pasó, Azimio. Gracias pero no necesito esto ahora. —Dave estaba por cerrar la puerta cuando Azimio lo detuvo.

—Tío, en serio, quiero hablar contigo. Coño, que tienes meses sin ir al entrenamiento. Dicen que estás enfermo y yo… —Dave empujó más la puerta—. Que fui un imbécil, un cabrón…

—Ya. —Dave abrió la puerta de golpe—. ¿Y hasta ahora no te habías dado cuenta? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? No estoy muriéndome si es lo que piensas.

—Ronny, mi novia. Su hermano… murió. Unos chicos le molestaban en la escuela. No era maricón, digo gay, sólo era un chico raro, ¿sabes? Como ese tío de la silla de ruedas y… Mira, lo entendí tarde, ¿ok? Y no me justifico pero, cabrón, nos bañábamos juntos, más de una vez dormimos en la misma cama y… Ahora sé que es una mierda de prejuicio pero me dio miedo. Entiendo que no soy tu tipo pero… Joder, sólo quiero saber si me puedes disculpar. Sé que fui una mierda de amigo, sé que estuvo mal. Te juro que cuando te vi quise acercarme pero no sabía cómo hacerlo ni qué decirte. Luego conocí a Ronny, poco a poco le conté la historia y ella me convenció para que viniese. De verdad estoy preocupado por ti.

—Estoy bien. Tal vez más gordo que antes pero bien. —Dave entendió los motivos de Azimio pero no podía disculparle. No después de tanto tiempo.

—Sí… bueno. Tío, si quieres salir después, no sé, a tomar algo... Estoy viviendo en casa de Ronny. Su padre me alquiló un pequeño lugar. Me gustaría que la conocieras y…

—Ahora no, Az. De verdad que te agradezco que hayas hecho esto y me da gusto que hayas madurado pero no es el mejor momento para reconectar como amigos. Tal vez en un tiempo… —Azimio dio unos pasos para atrás visiblemente triste.

—Sólo quiero que sepas que estoy aquí, que lo lamento y que quiero ser el amigo que no fui. —Azimio le dio un ligero golpe en el pecho y luego se fue.

Dave se sentía cansado, más de lo normal. Su conversación con Azimio lo había dejado completamente indispuesto para seguir de buenas. No entendía cómo había llegado a la puerta de su casa esperando que lo disculpara como si nada. Habían sido meses de horribles sufrimientos, incluso después de salir del hospital. La gente no le había recibido con los brazos abiertos y Azimio era la muestra de ello; incluso después de saber lo sucedido no se paró en su casa para hablar con él ni una sola vez. No hasta ese momento, hasta tanto tiempo después. Habían sido como hermanos, Azimio siempre había estado cuidado de él y viceversa. Dave no podía borrar de su mente las palabras de odio que le escribió. Porque Azimio ni siquiera había tenido los pantalones de decírselo en su cara.

Dave se dejó caer en el sofá con el libro de bioquímica en las manos y dormitó un poco. No se dio cuenta de cuando su padre entró en casa y se sentó a su lado.

—¿Cómo te sientes? —Dave se tomó un segundo para responder. Físicamente estaba agotado, mentalmente exhausto y moralmente golpeado.

—Bien, papá. —Paul le miró. A Dave se le antojaba que esa mirada podía penetrarle el alma. Se removió incomodo—. Azimio ha venido hace unas horas; quería disculparse conmigo.

—¿Y? —Dave se encogió de hombros.

—No puedo hacerlo, papá. Sería perdonar todas las cosas que pensó de mí y no puedo, simplemente no puedo. —Paul abrazó a su hijo con cariño.

—Creo que debería de intentarlo. Si Azimio ha venido hasta acá es por algo, porque de verdad está arrepentido. Ustedes siempre fueron grandes amigos y seguro que él quiere salvar esa amistad. —Dave negó.

—¿Y por qué no lo pensó antes? No, papá. Azimio me dejó solo cuando más le necesitaba, no dudó en humillarme, en lastimarme y ni siquiera sintió remordimientos. Ahora es demasiado tarde para empezar de nuevo o para hacer borrón y cuenta nueva.

—Eddy dice que está verdaderamente arrepentido. —Dave se levantó para mirar el rostro de su padre.

—¿Te has estado viendo con el padre de Azimio?

—Viendo no pero hemos conversado un par de veces. Hace unas semanas llegó a la agencia para comprarme una flotilla entera de camiones para la empresa en la que trabaja y ése mismo día se disculpó por el comportamiento de Azimio. Me contó que pidió el cambio cuando Azimio fue aceptado en la universidad. Toda la familia está aquí. Me dijo que estábamos invitados a su casa. Yo decliné la invitación porque sabía que la idea no te iba a gustar mucho y entonces me contó lo mal que se sentía Azimio y que quería pedirte perdón. —Dave no sabía qué decir. Su idea seguía siendo la misma y también seguía sintiendo lo mismo: no podía disculpar a Azimio así como así.

—Lo siento, papá, pero no puedo. Tal vez después, cuando todo esté mejor. —Inconscientemente se frotó el abdomen y tragó saliva. Ya habían pasado un poco más de cuatro meses y las cosas estaban bien. La doctora Taylor le revisaba a diario y le daba todo tipo de vitaminas y tratamientos. Había aumentado de peso pero fuera de eso seguía igual que siempre.

—Sólo digo que podrías intentarlo. Tener amigos no es malo, salir con ellos, distraerte. Torrance y yo somos buena compañía pero creo que deberías seguir en contacto con chicos de tu edad. Últimamente la escuela ha sido tu mundo.

—Si no tengo la beca deportiva vamos a necesitar la escolar. Papá, estoy bien. Sólo quiero cuidarme y que todo salga bien. No veo nada de malo en ello. Además, no es como si pudiera contarle a Azimio que voy a tener un hijo. ¿Sabes lo que pensaría? De fijo no me bajaría de monstruo.

—No tienes por qué decírselo si no quieres. Sólo quiero verte contento, Dave, eso es todo. Y sabes que te apoyo en cualquier cosa que quieras y decidas. —Paul sonrió afable a su hijo.

—¿No te es un poco rara la forma en la tendrás a tu nieto? —Paul se rió.

—¿Rara? Creo que a los dos nos tomó por sorpresa. Ahora lo único que quiero es que todo salga bien para los dos. —Paul levantó lentamente la mano derecha y la colocó sobre el abdomen de Dave—. Tengo la misma ilusión que tú. Tal vez ésta sea la compensación por todas las angustias pasadas. —Paul quería creer eso a pesar de sentir un miedo terrible por la salud de su hijo.


Dave se decidió a convivir poco a poco cada vez más con Azimio. Fueron llamadas, salidas al cine, a jugar en casa…. Luego conoció a Ronny, que era una chica espectacular en muchos sentidos; además de bella era muy simpática. Se encargaba de poner a Azimio en su lugar y de hacerle bromas pesadas. Con Dave era muy dulce y al poco tiempo se ganó su confianza y su amistad. Así fue más sencillo que, con el paso de los meses, Dave fuera forjando una nueva amistad con Azimio. Se dio cuenta de que su amigo había madurado, de que de verdad le había pesado mucho lo sucedido en Ohio y, aunque no lo perdonó del todo, sí se descubrió confiando de nuevo en él, riendo con sus bromas y considerándole de nuevo como su mejor amigo.

—Tío, ¿te sientes bien? Te ves un poco pálido. —Dave bajó del coche con algo de esfuerzo. Se sentía un poco mal desde el medio día pero había intentado seguir con el resto de su periodo de exámenes.

—Estoy bien, Az, gracias. —Z lo miró de arriba a abajo y puso mala cara.

—No sé, tío. Siento que hoy algo anda mal contigo. —De pronto Dave sintió una fuerte punzada en el abdomen.

—Llama a mi padre y a la doctora Taylor.

Dave se llevó las manos al abdomen instintivamente a pesar de saber que no serviría de nada. Azimio de pronto se quedó frío antes de reaccionar, coger el móvil y llamar a su padre. Dave sintió que en su cuerpo el dolor se generalizaba y que le explotaba la cabeza. Vio negro y luego se desvaneció sin saber nada más.


—¿Cómo está, Torrance? —Paul se moría de los nervios. Su hijo había ingresado al hospital y nadie le decía nada. Sólo Azimio le acompañaba.

—Delicado. Vamos a entrar a quirófano. —Paul intentó mantener su mente enfocada, conocía lo suficiente a la doctora Taylor como para notar que le estaba diciendo sólo una parte de la verdad.

—Han pasado ocho meses. Aún no es tiempo. —No quería ser más claro cuando tenía a Azimio a su lado.

—Normalmente no sería tiempo pero con Dave es difícil saberlo. No podemos esperar más, debe nacer y tienes que firmarme esto. En cuanto esté fuera extirparé todo lo necesario para salvar la vida de Dave. —Paul no lo dudó; quería a su hijo vivo—. Te avisaré en cuanto la operación termine. —Sin más, Torrance Taylor desapareció por uno de los pasillos del hospital.

—¿Nacer? Señor, no entiendo. —Paul miró el rostro confundido de Azimio.

—Ahora no te lo puedo explicar, hijo. Más tarde lo haré, cuando todo haya salido bien. Porque todo tiene que salir bien, los dos tienen que estar bien. —No eran palabras al viento. Para Paul era una sentencia que se tenía que cumplir.

Las horas pasaban demasiado lentas. Las enfermeras iban y venían hablando con los médicos. Torrance había dispuesto las cosas para que se guardara silencio total sobre la condición de Dave. Estaba trabajando con personas cercanas a ella, gente que le debía favores, personas que tenían como único sustento su trabajo en el hospital de Torrance Taylor.

Incontables horas después, la doctora Taylor apareció con el semblante cansado e igual de serio que siempre.

—¿Cómo está? —preguntó Azimio en cuanto la vio llegar. Paul se acercó corriendo.

—Calma, calma, hombres. Dave está en terapia intensiva. —Paul palideció—. Ha perdido algo de sangre pero está estable. Extirpamos todo el material. Había algunas partes calcificadas y eso me hace pensar que pronto empezarían a tumorarse. —Paul estaba intentado controlar la respiración y mantenerse enfocado—. Ella está bien. —El rostro de Paul se iluminó. Ella. Era una niña—. Dave ha sido el que ha tenido más problemas. Lo quiero tener en observación por cuarenta y ocho horas y luego lo pasaré a terapia intermedia.

—Disculpen, ¿quién es ella? —Azimio les miraba sin entender.

—Torrance, por favor, explícale. Yo no tengo cabeza y aún menos puedo encontrar las palabras que usaste para decírnoslo. —Torrance palmeó el hombro de Paul.

—Yo se lo diré. Enseguida vendrá alguien para llevarte a verla. Azimio, acompáñame por favor.

Una de las enfermeras, la mejor amiga de Torrance, llegó hasta Paul y lo condujo a un área privada de los cuneros. Paul tragó saliva y se le detuvo corazón cuando la vio. Estaba sonrosada y tenía pelusa de pelo negro en la cabeza. Era preciosa. La colocaron entre sus brazos y Paul sintió que una pequeña lágrima le recorría el rostro. Era como tener a Dave de nuevo entre los brazos. Unos minutos después levantó la vista, aún embelesado con su nieta. Azimio los miraba desde una de las ventanas. Paul dejó a la pequeña en el cunero y salió para hablar con él.

—¿Estás bien? —Azimio tenía la vista fija en el cunero.

—¿Es la hija de Dave? —Paul asintió—. Él… —Azimio abría y cerraba los ojos y boqueaba un poco sin poder hablar—. Es… Él… —Azimio tomó aire para calmarse—. Él es su padre… La ha tenido él… Ha nacido de él… —Azimio soltó todo el aire de los pulmones—. Dios, la doctora Taylor me dio un librazo cuando lo dije pero esto era un milagro.

—¿No vas a decir nada más? —Azimio negó.

—No soy tan idiota. Entendí lo que la doctora Taylor me dijo. Me está costando pero no pienso dejar a Dave solo en esto. Ya lo hice una vez y no quiero fallarle de nuevo, aunque me cueste todas mis neuronas entenderlo. —Paul sonrió regresando su mirada al cunero.


Unas horas después Paul estaba en el cuarto de su hijo. Dave se veía demacrado pero tenía una sonrisa envidiable. Torrance les había dicho que necesitaría revisiones semanales, conteo hormonal y, en caso de tener relaciones sexuales, usar protección hasta nuevo aviso. Sobra decir que Torrance Taylor lo había dicho con toda la naturalidad del mundo mientras Dave y el mismo Paul se habían sonrojado hasta la punta de los pies.

—Adelante —dijo Paul cuando escuchó un leve golpe en la puerta. El rostro se le iluminó al ver a la enfermera con su pequeña nieta en brazos. Dave se sentó como pudo en la cama y acunó a su hija. Paul pudo ver el brillo de alegría en los ojos de Dave, era la mirada de un padre teniendo por primera vez a su hijo en brazos.

—Hola, princesa. —Dave acarició el rostro de la pequeña—. Hola, Elizabeth Karofsky.

Dave se mordió el labio inferior y suspiró. Sabía que las cosas no serían sencillas pero al ver a su padre así y a su hija no podía dejar de conmoverse y de sentirse el hombre más fuerte del mundo, capaz de luchar contra todo con tal de conservar esa felicidad.