Capítulo IV
New York
Doce años después…
—Señor Hummel, nos alegra mucho que decidiera venir a Juilliard.
Kurt sonrió mientras miraba las instalaciones. Juilliard por fin tenía un programa para niños y Kurt estaba deseoso de aprender de ellos para poder escribir el que sería su primer musical. Después de su paso por NYADA su carrera empezó a subir como la espuma y cosechó éxitos importantes en el teatro. Lo que más había disfrutado había sido su participación en Avenida Q y, después de una gran temporada como Peter Pan, lo que quería era descansar y empezar a escribir un musical basado en las canciones de los Beatles. Era una ambición enorme pero quería intentarlo. Juilliard tenía una escuela de artes para jóvenes talentos, niños de doce a dieciocho años, y Kurt había decidido dar clases por un año para empaparse de la ambición de esos niños y jóvenes por buscar un futuro en el mundo del arte. Confiaba que todas esas vivencias le ayudaran a componer un musical digno, poderoso, lleno de fuerza y amor a la música.
—Por favor, sólo Kurt.
Sabía que muchos le consideraban una estrella del teatro musical y en su adolescencia había soñado con esa adoración, sin embargo, con los años y los proyectos eso había cambiado. Amaba lo que hacía y mas que una diva quería ser creador de todo lo que le provocaba esa pasión.
—Bueno, éste será su grupo. —Kurt miró por la ventana. Eran unos quince niños. En ese momento había una pequeña cantando Something there. Era encantadora, sumamente afinada y tenía una voz privilegiada. Kurt pensó por un momento en Rachel Berry pero luego descartó la imagen. La pequeña tenía a sus compañeros casi hipnotizados y se notaba que le tenían cariño y admiración—. Es Lizzy, una de nuestras mejores alumnas de primer grado.
—Es magnífica. —La niña dejó de cantar y todos le aplaudieron.
—Su padre es profesor de Biología en Columbia. Ella llegó aquí de una manera casi fortuita. Ofrecimos becas en diferentes instituciones y su padre se enteró del programa. No me imagino tanto talento desperdiciado en algún colegio rígido. Aquí, además de ofrecer materias que desarrollaran su talento también tenemos las materias que alimentarán su inteligencia. Estoy segura de que Lizzy será una gran estrella. —Kurt asintió—. Vamos, quiero presentarle a su grupo. Estoy seguro de que estarán encantados con usted.
Kurt se mordió el labio inferior para no decirle nada a la directora. No estaba acostumbrado a que le hablaran de usted, después de todo sólo tenía treinta años y no se veía para nada de su edad (se lo agradecía los maravillosos genes de su madre). Fue una sorpresa muy agradable ver a los chicos con los ojos brillantes y las sonrisas irresistibles. Casi podía ver cómo se les ensanchaba la sonrisa cuando la directora les mencionó que él sería su profesor de canto.
—Bueno, me tengo que retirar. Lo dejo con sus alumnos, señor Hummel. —Rió al notar lo orgullosa que estaba la directora de poder decir eso, parecía que hasta la mujer se sentía emocionada por tenerlo allí—. Espero que se comporten a la altura. —La directora lanzó a los alumnos una mirada de advertencia.
Kurt miró a la mujer salir y cuando regresó su mirada a los alumnos ya había una mano levantada.
—¿Sí? —No perder la confianza, eso era importante cuando se trataba de niños.
—Soy Denny, profesor. ¿De verdad va a ser nuestro profesor? —Kurt asintió—. Uau, Peter Pan nos va a enseñar. Qué cool. —Todos rieron y aplaudieron un poco.
—Vale, vale. Sé que es divertido y ha sido un placer ser Peter Pan pero aquí quiero ser Kurt, quiero escucharles cantar y, si puedo hacer que amen la música como yo lo hago, habré cumplido mi misión. Ahora, ¿por qué no empezamos conociéndonos? Díganme cuál es su música o su banda favorita.
Kurt escuchó con atención cada cosa que los chicos tenían que decirle. Eran muy vivaces y llenos de ideas. Estaban en una edad maravillosa, a punto de dejar de ser niños para convertirse en adolescentes, y ya empezaban a decir sus opiniones con más autoridad. Cuando tocó el turno de Lizzy, Kurt se maravilló por la bella sonrisa de la niña. Le recordaba a una igual de cálida que había dejado de ver hacía mucho tiempo. También esos ojos azules le cautivaban; eran muy bonitos.
—Mi banda favorita son los Beatles. —Kurt le sonrió encantado.
—¿Por qué los Beatles? Son una banda bastante legendaria. —Lizzy asintió.
—Es la favorita de mi papá. La primera canción que escuché en mi vida fue Imagine. Él me la cantaba para dormir. —Kurt veía a la pequeña y sabía que estaba evocando el recuerdo en su mente—. Sé que no es propiamente de ellos pero John Lennon fue su líder y me gusta pensar que ese mensaje positivo era parte de los cuatro a pesar de que ya no estaban juntos. Poco a poco he ido escuchando su música y me gusta mucho.
—Es maravilloso…. —El timbre sonó antes de que Kurt pudiera continuar—. Bien, continuamos mañana. Gracias, chicos.
Los niños salieron sonriéndole y algunos incluso pidiéndole un abrazo. Lizzy fue muy formal con él, despidiéndose con un gracias para luego reunirse con sus amigos, un grupo bastante numeroso. Kurt sonrió. Esa niña le había dejado una bella impresión.
—¿Ocupado? —Dave levantó la vista de los trabajos que revisaba cuando escuchó la voz y los suaves golpes en el quicio de la puerta.
—Hola, Gabe. Sólo estaba revisando unos trabajos. —Gabe silbó y se sentó en una de las sillas frente al escritorio de Dave.
—Tío, ¿es la segunda semana de clases y ya les pediste un ensayo? —Dave se reacomodó las gafas antes de regresar su atención a los trabajos.
—No es un ensayo, sólo quería saber qué tal andaban. —El móvil de Dave empezó a vibrar sobre la mesa—. Mierda, se me hace tarde. —Se levantó rápidamente y recogió sus cosas para guardarlas de inmediato.
—¿Adónde…
—Es su primer día de clases y le prometí que iría a por ella. —Cerró su maletín y salió de la oficina.
—Dave. —Gabe le detuvo sujetándolo de la muñeca—. Tenemos tres años trabajando juntos y sabes que me gustaría… —Dave sonrió. En tres años Gabe no le había dado señales de interés, de hecho ni siquiera esperaba que fuese gay. Claro que tampoco es que supiera mucho de la vida amorosa de sus compañeros de trabajo. Gabe nunca había mencionado a ninguna chica pero tampoco a ningún chico así que la tímida conversación le tomó por sorpresa. Gabe, por supuesto, sí sabía que Dave era gay.
—Te prometo que mañana hablaremos de eso. —Gabe le dio una sonrisa y le soltó—. Lo siento. —Salió corriendo de la universidad para buscar un taxi.
Se habían mudado a Nueva York siete años atrás. Dave había tenido esa gran propuesta para ser profesor en una de las mejores universidades de Estados Unidos gracias a una excelente recomendación de un antiguo maestro y a ser el mejor amigo de Azimio Adams, estrella de los Jets. Dave se reía cada vez que recordaba la conmoción que había causado la vista de Azimio a la universidad en su segundo día de clases. Az no sólo había recuperado el puesto de mejor amigo, era como un verdadero hermano para Dave, y él agradecía tenerlo a su lado. Poco a poco su vida tomó sentido en Nueva York, a pesar del miedo de encontrarse con Kurt Hummel.
Kurt había tenido un primer día maravilloso y las clases habían tenido una retroalimentación fantástica. Iba de salida cuando vio a Lizzy sentada en una pequeña banca tarareando una canción y mirando el reloj.
—Es tarde, linda. ¿Qué haces aquí? —Ella le sonrió y lo invitó a sentarse.
—Mi papá prometió recogerme por ser el primer día de clase. Estoy segura de que se le ha olvidado a pesar de que le puse dos alarmas en el móvil. —Lizzy negó sonriendo.
—¿Tu papá trabaja mucho? —La niña se encogió de hombros.
—Creo que sí, pero a él le encanta lo que hace y a mí me gusta porque es feliz. Aunque a veces es muy despistado.
—¿Y tu madre, linda? —Lizzy le miró con sus profundos ojos azules y le puso una graciosa mueca que le decía que no existía tal figura en su vida. Kurt lo imaginaba, muy pocos padres se daban el tiempo para dormir a sus hijos a menos que fuese imperiosamente necesario.
—Y no hace falta; tengo el mejor. —Lizzy miró hacia la entrada. Los ojos se le iluminaron como dos grandes faros azules y echó a correr antes de que Kurt pudiera ponerse de pie. El pilar a su lado evitaba que pudiera ver la razón de tanta alegría pero, cuando escuchó a la pequeña, Kurt sonrió. —¡Papá!
—Hola, princesa. —Kurt conocía esa voz, la recordaba a la perfección. Tragó saliva y no se movió de su sitio—. ¿Cómo estuvo tu día?
—¡Maravilloso! Ven, te voy a presentar a mi profesor. Te vas a caer de espaldas cuando lo veas. —Escuchó pasos y salió de detrás del pilar para encontrarse con David Karofsky.
—Kurt… —Él le sonrió. Tal vez Dave había perdido algo de pelo, Kurt no podía asegurarlo, pero en lo que sí se había equivocado era en imaginarlo gordo. Dave estaba en plena forma, tal vez se veía mucho mejor de lo que Kurt recordaba.
—Hola. —Dave boqueó—. Tienes una hija preciosa. —Dave pareció perder todo el color del rostro—. ¿Estás bien?
—Sí, lo siento. Es que han pasado años desde… Y eres… Nos tenemos que ir. Nos… vemos. —Dave sujetó la mano de su hija y se marchó inmediatamente.
Kurt había tenido algunas relaciones, aunque su vida amorosa no era tan glamurosa como se podía pensar, y siempre había disfrutado de tener a alguien pero no podía negarse que los recuerdos de aquella noche con Dave eran de sus favoritos. Dave había sido apasionado y dulce, una combinación que a Kurt siempre le había gustado cuando se trataba de amantes. Esperaba poder tener la oportunidad de ponerse al día con Dave.
Dave había estado en estado casi catatónico durante todo el camino de regreso a casa. Kurt Hummel había vuelto a su vida para darle un mazazo directamente en la cabeza. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué una estrella de su categoría tenía que estar dando clases? ¿Lo habría descubierto todo? No, eso no. Kurt no tenía manera de descubrir la verdad. ¿O sí? Se estaba volviendo loco. Kurt era un actor, no James Bond. Debía existir una explicación lógica.
Al llegar a casa se obligó a parecer normal, escuchó a Lizzy con atención y le hizo bromas y preguntas; no quería que su hija sospechara nada.
—Y es magnífico, papá. Habla de la música como algo maravilloso. —Sí, ése era Kurt. Dave sonrió a pesar del terror—. ¿Sabes? Pensé que no te reconocería.
—Kurt siempre fue un gran muchacho y ahora es un gran hombre. Bueno, princesa, es momento de hacer tus deberes. Te llamó para la cena. —Lizzy le dio un beso en la mejilla y subió a su habitación.
Dave sólo esperó unos minutos para llamar a su padre. Él aún vivía en Arizona, tenía una relación con la doctora Taylor y era feliz. Eso era algo que Dave había deseado para su padre desde que habían dejado Lima.
—Papá… —Dave intentaba que la voz no le temblara.
—Algo anda mal. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Lizzy está bien? Puedo tomar un avio…
—Kurt Hummel es profesor de Lizzy. —Paul guardó silencio unos segundos—. No tengo ni idea de cómo ni por qué pero hoy me lo he encontrado de frente…
—Hijo, desde que te mudaste a Nueva York sabíamos que esa posibilidad existía. —Dave suspiró derrotado—. Es momento de pensar y decidir. —No estaba preparado para eso. Sí, habían pasado doce años, pero aún no estaba preparado. ¿Quién coño esperaba encontrarse con "la estrella de teatro padre de su hija"?
—¿Y qué quieres que le diga? No sé ni siquiera qué pasó. Hasta hoy sólo sabemos que mis hormonas tuvieron un lapsus de locura y que, de pronto, me quedé embarazado. —Dave estaba casi histérico. Desde el nacimiento de Lizzy no habían hablado de eso—. Lizzy nació de mí, de un funcionamiento diferente de mi fisiología. Ésa es la verdad. —Dave saltó de su asiento cuando escuchó la puerta de su estudió azotándose y alguien corriendo—. ¡Joder! Papá, creo que Lizzy lo ha escuchado todo. Te llamó en unos minutos.
Dave corrió hacia la habitación de su hija y golpeó ligeramente la puerta, pero no hubo respuesta. Dio más golpes pero sólo escuchó unos sollozos.
—Lizzy, princesa, necesitamos hablar. —Intentó girar la perilla pero estaba cerrado—. Princesa, por favor.
Dave esperó unos minutos y después se dio por vencido. Si Lizzy no quería hablar no habría poder humano que la convenciera de hacerlo. Bajó las escaleras derrotado y se fue a su estudio para esperar la sentencia de su hija.
