Sexy
Ya era muy tarde, casi la hora de la cena, y Lizzy no había bajado ni dado ninguna señal de vida. Dave miró su reloj y luego el montón de papeles sobre el escritorio; estaba a punto de terminar con la calificación de los proyectos. Tomó una decisión: si Lizzy no salía de su habitación en media hora entraría sin importar las represalias ni que su integridad física quedara dañada. Sin embargo, quince minutos después escuchó los pasos arrastrados de su hija entrando al estudio. Dave se puso de pie, la sostuvo entre sus brazos y se sentaron en el viejo sillón que Dave tenía allí. Lizzy escondió el rostro en el pecho de su padre y suspiró entrecortadamente. El corazón de Dave se encogió al notar a su hijita tan desconsolada. Ésa era una particularidad de Lizzy, conmoverlo hasta las lágrimas con tan sólo ver sus ojos azules bañados de tristeza.
—Entonces —dijo ella con voz débil—, soy el quiste que te extirparon. —Dave soltó una risilla y abrazó más fuerte a su hija.
—No. Eres un milagro. —Lizzy elevó el rostro y miró a su padre fieramente—. Bien, tal vez no un milagro milagro. —Dave entendía que su hija, a esa edad, no se sintiera atraída por la iglesia ni sus conceptos religiosos. Era algo normal, muy pocas veces se hablaba de eso en casa y Lizzy se había criado con las ideas científicas que tanto Dave como Torrance usaban para todo. Sin embargo, Dave aún tenía arraigada en su mente, herencia de su madre, la idea de los milagros para cuando existía un hecho inexplicable. Claro que seguramente su madre no estaría muy de acuerdo en llamar milagro a Lizzy—. Bueno, si te gusta más, un hallazgo. —Lizzy enarcó su ceja derecha recordándole a Dave toda esa herencia que no venía de su lado.
—Anormalidad, dirás. Papá, tengo doce años, tú eres profesor de Biología y te he escuchado hablar de mutaciones los últimos seis años. —La chica bajó el rostro y murmuró—: Además, no se tiene que ser un genio para sumar dos más dos. Todos los meses te haces exámenes que le envías a la abuela Torrance y… —Lizzy tragó saliva—. ¿Recuerdas a Alice? —Dave asintió. Alice fue una compañera de Lizzy antes de entrar a Juilliard—. Ella tampoco había conocido a su madre y siempre me decía lo mucho que la extrañaba. Cuando me preguntaba a mí si yo extrañaba a la mía tenía que mentirle, porque en realidad nunca sentí que me hiciera falta una. Ahora entiendo por qué. —Dave sonrió débilmente a su hija, que se abrazó de nuevo a él.
—Lizzy, tu papá… —Dave se lamió los labios nervioso—. Tu otro papá… —Lizzy negó.
—Ahora no, papá. Deja que me acostumbre a la idea. —Dave cogió el rostro de su hija para que lo mirara.
—¿No escuchaste su nombre? —Lizzy negó.
—Sólo escuché la parte de la anormalidad y de tus hormonas volviéndose locas. —Dave boqueó. Aún tenía que pasar por decirle la otra parte de la verdad. Empezó a sudar frío.
—Lizzy… Él es un hombre maravilloso. —La chica asintió.
—Lo sé. Tiene que serlo o si no tú no te habrías enamorado de él. Porque tú lo amabas y su historia de amor debió de ser épica. —Lizzy suspiró sobre el pecho de su padre—. Todo como un gran cuento de hadas. O por lo menos eso quiero imaginar. Me lo merezco después de haber nacido por una anormalidad de tu cuerpo.
Permanecieron abrazados por un tiempo, sólo disfrutando de la compañía mutua y el silencio que les rodeaba.
Kurt vio a sus alumnos emocionarse semana a semana, aunque notaba que algo andaba raro con Lizzy. Tenía varios días demasiado meditabunda pero no se había atrevido a preguntar. Ni siquiera a Dave, que día tras día iba por ella al colegio. Esa mañana en particular notaba que Lizzy estaba más decidida que antes. Se dio plena cuenta cuando la vio ponerse de pie y llegar al centro del salón.
—Esta es una de mis canciones favoritas —fue lo único que dijo antes de darle una señal al pianista. Kurt se estremeció al adivinar la canción por la melodía.
Oh my love for the first time in my life
my eyes are wide open
Oh my lover for the first time in my life
my eyes can see
I see the wind, oh I see the trees
everything is clear in my heart
I see the clouds, oh I see the sky
everything is clear in our world
Kurt podía ver los ojos acuosos de Lizzy y su cuerpo siendo impulsado por la energía de la música, trasmitiendo cada palabra de la canción directamente a los corazones de todos los que la escuchaban. Lo que Lizzy hacía estaba más allá de cantar, era como si una parte de ella la abandonara para volverse una con sus compañeros y con el mismo Kurt, que se sentía envuelto en la ternura que Lizzy mostraba.
Oh my love for the first time in my life
my mind is wide open
Oh my lover for the first time in my life
my mind can feel
Lizzy cerró los ojos y dejó que su suave voz conectara en el alma de cada uno. Kurt no podía dejar de sentirse subjetivo con respecto a Lizzy; no hacía más que un par de semanas que la conocía y ya la creía terriblemente talentosa, más que sus compañeros, y eso era terrible de su parte. Veía en Lizzy algo así como lo que el señor Schuester veía en Rachel, o por lo menos eso quería pensar.
I feel the sorrow, oh I feel the dreams
everything is clear in my heart
I feel life, oh I feel love
everything is clear in our world
Abrió los ojos y su mirada se conectó con la de Kurt. Era un momento perfecto. Kurt casi pudo sentir a Lizzy entrando en su alma. Y entonces supo que Lizzy estaba cantando esa canción por un sentimiento profundo que se desprendía de su corazón. Kurt de pronto sintió la necesidad de abrazarla pero, sobre todo, de saber qué pasaba con ella y de decirle que todo estaría bien.
—Profesor. —Roger llamó su atención.
—Sí, lo siento. Lizzy, excelente canción. Gran interpretación, muñeca. —Lizzy le sonrió y se sonrojó.
—Gracias.
Kurt tenía que hablar con Dave esa misma tarde, tenía que saber qué pasaba con Lizzy. Aunque ya lo sospechaba.
Kurt salió disparado hacia la salida; esperaba poder ver a Dave entre los de padres de familia que iban por sus hijos. Cuando se encontró con su figura corrió hasta él disculpándose por los empellones que dio por el camino. Dave hablaba animadamente con su hija, que parecía brillar con tan solo tener a su padre cerca. Era una adoración muy linda y Kurt se preguntó vagamente si sus conjeturas eran falsas.
—David. —Kurt notó la sorpresa de Dave cuando tocó su hombro para llamarle la atención.
—Eh… Hola, Kurt. —David estaba bastante nervioso. Si Kurt no hubiese tenido otras cosas en mente se habría concentrado más en lo lindo que Dave se veía estando un poco nervioso.
—Podemos… —Kurt intentó que Dave entendiera que quería hablar a solas con él. Lizzy elevó su ceja derecha y bufó molesta.
—¿Me voy adelantando? —Dave intentó no reír por la reacción de Lizzy. Odiaba ser excluida.
—Ve al coche. —Los ojos azules de Lizzy se iluminaron—. Es el Ferrari ro…
—¡El tío Z! —Lizzy salió corriendo hacia el estacionamiento sin prestar más atención a Dave o Kurt.
Kurt aún no podía creer que tanto talento y ángel convergiera con esa actitud un poco infantil y bastante encantadora.
—¿Tío Z? —Dave sonrió tímidamente, como si lo hubiese atrapado haciendo alguna travesura. Kurt entendía de donde salía ese lado encantador y lindo de Lizzy.
—Sí… —Dave se aclaró la garganta—. Azimio Adams. Vive aquí. —Dave evitaba mirar a Kurt a los ojos y se sentía más nervioso que nunca—. Nosotros seguimos nuestra amistad. Nos reencontramos en Arizona.
—Bueno, por lo que sé Azimio J. Adams hace algo más que vivir aquí; es un jugador estrella. —Dave asintió dejando que el silencio se apoderara de la conversación—. David, quería hablarte de Lizzy. —Por fin conectó su mirada con la de Kurt—. Hoy nos ha cantado algo que me ha hecho sospechar. —Kurt se acercó a Dave—. Creo que ella sabe que tú… —Dave de pronto pareció muy divertido—. ¿Qué?
—¿Crees que mi hija no sabe que soy gay? —Kurt movió las cejas dudándolo—. Vaya, hubiese sido muy difícil ocultárselo, sobre todo cuando salí con un compañero de universidad y tuve una relación bastante estable recién llegados a Nueva York. —Dave colocó suavemente su mano sobre el hombro derecho de Kurt—. Ella lo sabe, Kurt.
—Bueno, es que yo… —Kurt sonrió aliviado. Se había sentido un poco decepcionado al pensar que Dave podía estar escondiéndole algo así a su hija—. Creo que tenemos que ponernos al corriente, ¿no crees? Me gustaría saber más de Lizzy. ¿Ella es tu hija hija? —Dave asintió. No iba mentirle a Kurt, por lo menos no en eso—. Me encantaría escuchar esa historia, David.
Dave debía decir que no; no podía estar cerca de Kurt y menos contándole cosas de su vida y hablando como dos grades amigos cuando él no quería ser un gran amigo de Kurt, sólo quería lanzarse sobre él y darle un beso para recordar el sabor de sus labios. Miró los ojos azules de Kurt y supo que estaba perdido. No podía negarle nada a esos ojos azules.
—Sí, sería maravilloso. ¿Te parece que vayamos a cenar mañana? —Kurt sonrió ampliamente y asintió cogiendo las manos de Dave.
—Por supuesto. —Dave miró los maravillosos rasgos de Kurt, lo bello que le habían puesto los años. Lo recordaba radiante en los escenarios pero verlo de frente, con esa sonrisa y ese porte, movía todos los sentimientos que Dave había pensado olvidados.
Esa noche Kurt llegó a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, se sirvió un poco de su Chardonnay preferido y caminó hacia el balcón. La vista desde su departamento era maravillosa, igual que la sensación de sentirse con ganas de salir, de disfrutar y de reencontrarse con su pasado. Dave había sido una parte importante de su vida, primero siendo su matón, luego ayudándole a superarse y finalmente siendo un gran amigo y más que eso. Kurt no podía olvidar a Dave y ese encuentro en aquel inmundo motel. Con los años, el recuerdo se había modificado, tal vez desteñido por el paso de otras caricias, o quizá magnificado por el deseo de sentirse pleno y amado de nuevo. Kurt no lo entendía pero tampoco quería buscarle una explicación. Sólo sabía que había algo poderoso que lo llevaba a reunirse con David Karofsky cada vez que su vida estaba a punto de cambiar.
—Profesor. —Dave escuchó los golpes en el marco de la puerta.
—Ey, Gabe… —Miró la hora. Tenía que ir a por Lizzy y luego vestirse para su cita con Kurt. No podía creerlo, tenía una cita con Kurt Hummel.
—Me preguntaba si estaba disponible esta noche. —Dave evitó la cara de sorpresa; a pesar de saber que Gabe quería ser más que un amigo sus insinuaciones aún le sorprendían. Gabe era un hombre bastante atractivo, alto, bien constituido, de bonita sonrisa, buenos músculos y bastante guapo, así que Dave no entendía por qué quería invitarlo a salir—. Hoy es el juego de los Mets. ¿Unas cervezas en mi casa? —Dave boqueó por un segundo. Gabe podía ser todo lo guapo que quisiera pero en definitiva no era Kurt Hummel.
—Lo siento, Gabe, esta noche no puedo. —El ánimo de Gabe pareció decaer bastante—. Te conté del profesor de Lizzy, el que fue mi compañero de colegio. —Gabe asintió —. Vamos a cenar para ponernos al día. Lo siento.
—Sí, bueno. Diviértete con el artista. —Gabe golpeó un poco más fuerte el quicio de la puerta y se dio media vuelta. Dave se sentía muy mal. Gabe era un gran tipo pero había mucha historia detrás de Dave y Kurt. Y era una historia imposible de borrar…
Dave le ayudó a bajar del taxi. Había sido una cena maravillosa y Kurt no quería que la noche terminara. Dave era demasiado lindo, demasiado bueno, demasiado caballero. Algún defecto tenía que tener y Kurt tenía que descubrirlo. Recordaba a la perfección que el defecto tampoco estaba dentro de sus pantalones.
—¿Te gustaría pasar? —preguntó sin dejar de mirarlo. Era un famoso actor de Broadway y no tenía porque sentirse intimido ni cohibido. Menos aún cuando tenía un perfecto pedazo de oso frente a él.
—No quiero desvelarte. —Kurt negó jalando a Dave y cerrando la puerta del taxi.
—…entonces Azimio y yo entramos al bar. Estaba repleto de gente con camisetas de Miami, que había perdido por una recepción de Z. Todo el bar se nos tiró encima y Z empezó a decir: ¡Racistas, racistas! Un tipo enorme se levantó y le dijo: Lo siento, hermano. Esto no tiene nada que ver con ser negro, sólo te vamos a romper la cara por no ser de Miami. —Kurt soltó una carcajada enorme y su rostro enrojeció.
—Dave… —No sabía cuántas horas habían pasado pero se estaba divirtiendo demasiado. Dave no paraba de contarle cosas sobre su vida y Kurt admiraba esa facilidad de Dave para ver su trabajo como algo mundano a pesar de saber lo importante que era para Kurt—. Nunca pensé que hablar contigo fuera tan divertido.
—Bueno, antes estaba demasiado preocupado y perturbado como para hablar pero los años van ayudando a sanar a la bestia. —Dave sonrió de nuevo con esa timidez que Kurt recordaba del Scandals, de su primera disculpa, de la mañana después de hacer el amor…
Kurt se sintió rebasado por un sentimiento antiguo pero no olvidado. Besó a Dave cogiéndole el rostro con las manos y uniendo sus labios con urgencia de recordar, de recobrar lo que fue suyo y jamás debió perder. Dave se apartó de él unos segundos después y lo miró con sorpresa pero Kurt no lo dejó reaccionar. Lo besó de nuevo y recibió como respuesta la pasión de Dave, sus fuertes brazos envolviéndole el cuerpo y elevándolo hacia su regazo.
Las manos de Kurt recorrieron la suave tela de la camisa púrpura de Dave hasta que se enredaron en su pelo para profundizar el beso. Antes no se había dado cuenta de lo rizado que era el pelo de Dave, ni siquiera de lo suave que era, pero en ese momento cada pequeña parte descubierta se convertía en una fuente de placer. Kurt llevó sus dedos hacia los botones de la camisa los desabrochó para dejar que sus palmas acariciaran ese maravilloso vello del pecho. Prada, no recordaba que fuera tan viril ni tan fuerte, pensó mientras clavaba las uñas en los fuertes pectorales de Dave.
—¿Cama? —jadeó Dave entre los labios de Kurt, quien asintió como un loco.
Dave lo levantó sin esfuerzo y, a trompicones, lo llevó hasta la cama, donde cayeron hechos un nudo de brazos y piernas. Hubo caricias interminables que los llevaron a desnudarse mutuamente. Dave no podía creer estar acariciando de nuevo esa tersa piel y menos que Kurt le respondiera así logrando que todo fuese más caliente. Se frotaban lentamente, dejando que la sensualidad de sus cuerpos se maximizara y los envolviera. No podían dejar de besarse. Kurt gimió cuando sintió las manos de Dave sobre su polla, acariciándola lentamente. Sintió que una descarga de puro placer le recorría el cuerpo.
—Sí… —dijo entre los labios de Dave mordiendo ligeramente el inferior.
—¿Te gusta así? —Kurt asintió fundiéndose de nuevo en el beso. Dave movió sus cuerpos hasta que las piernas de Kurt quedaron sobre su cadera y pudo moverse con libertad en un vaivén lento que volvió loco a Kurt ya que sus pollas se frotaban deliciosamente.
—Dave… Mi Dave… —murmuró mientras movía más la cadera haciendo que el lubricante natural de sus miembros hiciera todo mucho mejor.
Dave se inclinó para besarlo mientras aumentaba las embestidas y rozaba una y otra vez sus pollas. Cogió las manos de Kurt entre las suyas y las elevó sujetándolas con fuerza cuando las embestidas se hicieron fieras. Kurt gemía sobre los labios de Dave dejándose perder en él y en su erotismo. Estaba a punto, sólo necesitaba un poco más y Dave se lo dio. Aumentó la fricción logrando que Kurt se corriera con fuerza. Después le besó descuidadamente para decirle lo mucho que le encantaba haber estado así de nuevo, haberle pertenecido de nuevo sin restricciones.
