Capítulo VI
Silly love song
Enredaban las lenguas en un beso apasionado mientras se acariciaban suavemente. Dave nunca había imaginado que podía estar tan duro. Mecía la cadera y se frotaba una y otra vez con Kurt, que se separó de él lentamente y lo miró a los ojos. Dave tragó saliva al verlo despeinado, con los labios hinchados y el deseo encendido en cada poro de su piel. Kurt se colocó a su lado sobre la cama y extendió boca abajo su hermoso cuerpo. Dave tembló de pura pasión. Kurt, con ese simple gesto, había hecho que casi se corriese.
Se levantó para verle, completamente desnudo, sobre las blancas sábanas. Kurt abrió ligeramente las piernas y Dave gruñó. Con las yemas de los dedos recorrió la espalda de Kurt y después besó cada parte de esa piel. Kurt se estremecía de placer mientras Dave intentaba mantenerse calmado. Hundió su rostro entre las nalgas de Kurt y le lamió con la lengua plana y extendida. Deseaba tanto a ese hombre... La lengua de Dave se movía con lentitud; no tenía ninguna prisa, sólo quería probar a Kurt y hacerlo jadear. Le separó un poco más las nalgas y hundió la lengua más adentro. Kurt levantó la cadera invitando a Dave a hacer más pero él se contuvo. No sabía si tendría otra oportunidad para comerse el delicioso culo de Kurt Hummel.
La humedad se extendía rápidamente. Kurt frotaba el cuerpo contra las sábanas a pesar de que Dave intentaba detenerlo. Pero la mayor parte de su concentración estaba en el culo de Kurt, empapado, abierto, completamente dispuesto y deseoso de ser llenado. Dave, tentativamente, le introdujo uno de los dedos y gimió cuando vio la facilidad con la que Kurt le aceptaba. Kurt negó con la cabeza y se levantó de la cama. Dave estaba a punto de preguntarle si había hecho algo mal pero Kurt no le dio tiempo; arrojó sobre la cama lubricante y un paquete de condones. Dave rió entre dientes mientras Kurt regresaba a su posición original.
Dave volvió a separar las jugosas nalgas de su amante y vertió lubricante sobre la raja. Dejó que su lengua entrara un poco más en él a la vez Kurt movía la cadera. Era un lenguaje mudo que le decía para de juegos. Dave se colocó el preservativo y se acarició. Le dolían las bolas y nunca había visto su miembro tan dolorosamente duro. Extendió la polla sobre la raja de Kurt y luego entró en él. David no podía dejar de mirar el glorioso espectáculo que era su polla estirando el agujero del culo de Kurt. Rugió cuando se sintió completamente dentro. Kurt lloriqueó y movió las caderas en círculos para poder sentir más a Dave.
Al principio fue lento pero la pasión que Kurt le demostraba le hizo perder todo su autocontrol y follarle como un animal que sólo quiere saciar su deseo de ver a Kurt desmadejado sobre la cama después de haber gemido su nombre hasta quedarse sin voz. Sólo paró un momento para cambiar de posición. Puso a Kurt con la espalda sobre la cama, se colocó su pierna derecha sobre el hombro, se ancló la izquierda a la cadera y empezó de nuevo con las embestidas que hacían que Kurt se volviese loco. De pronto vio a Kurt corriéndose y gritando su nombre. Dave cerró los ojos y se corrió dentro de Kurt como nunca lo había hecho antes.
Después, se movieron sobre la cama hasta quedar abrazados, completamente satisfechos.
—¿Papá jugaba al fútbol? —Lizzy no podía creer que ese chico con el enorme uniforme de fútbol era su papá. Para ella su padre siempre había sido un empollón con lentes y grandes notas.
—Oh, sí. Era una gran ala derecha. —Azimio se sentó al lado de Lizzy para ver el viejo álbum de fotografías. Frente a ellos se sentó Ronny con Michael, su hijo de ocho años, y Kansas, su hija de cinco. Azimio había formado una gran familia con Ronny y se sentía feliz. Ambos adoraban a Lizzy y Az estaba feliz de haber continuado su relación de amistad con Dave, de ser más que amigos, de ser hermanos.
—¿Quién es ella? —Lizzy señaló a una bella mujer que les abrazaba.
—Es Linda, la madre de Dave.
Az aún no podía entender cómo una madre se podía desentender de su hijo. Ronny era una leona defendiendo a Michael y Kansas y su instinto se extendía hasta Lizzy. Azimio aún recordaba el primer año de Lizzy en la escuela, cuando fue agredida por una niña y Ronny fue en representación de Dave. Les dio la peor regañada de sus vidas al director de la escuela, a la madre de su compañera y a la niña que se había atrevido a levantarle un dedo a Lizzy. Por eso Az no entendía por qué la madre de Dave se había ido para no regresar. Ni siquiera había intentado saber si su hijo estaba vivo o no. Linda Karofsky había dejado a su hijo por sus convicciones religiosas, por sus ideas homofóbicas, por no intentar ver que Dave, le gustasen o no las pollas, seguía siendo su hijo. Su único hijo.
—Entonces… —Lizzy no quitaba la vista de encima de Linda Karofsky—. Siempre pensé que papá me había llamado Elizabeth por su madre. —Azimio levantó el rostro y miró a Ronny buscando un poquito de ayuda—. ¿Quién es Elizabeth? —murmuró Lizzy mirando a Az—. ¿Tú lo sabes, tío? —Z miró los enormes ojos azules de Lizzy y boqueó.
—Es algo que tiene que ver con tu… —Azimio intentaba mantener el control—. No sé… Tal vez…
—¡Vaya! —Ronny se puso de pie mirando su reloj—. Es muy tarde y ya tenemos que cenar. —Lizzy pestañó y también miró la hora.
—Papá dijo que estaría aquí por mí antes de la cena. —Z sonrió un poco. Dave estaba viviendo su sueño adolescente de tener una cita con Kurt Hummel y ni loco regresaría antes de la hora de la cena. Sobre todo si se podía cenar a Hummel.
—Vamos, princesa, suéltale un poco la correa a tu pobre padre. —Ronny abrazó a la chica—. ¿Cuándo fue la última vez que salió con alguien? —Lizzy hizo un mohín de disgusto.
—Lo sé, tía Ro… —Az cogió a sus hijos en brazos y avanzó junto a ellas.
—Hoy vas a dormir en tu habitación, princesa. Hace meses que no te quedas a pasar una noche aquí.
Lizzy se resignó. La casa de sus tíos era hermosa pero extrañaba su habitación, su cama, sus cosas y, sobre todo, a su padre.
El móvil sonaba a lo lejos. Kurt se movió en la cama y se envolvió más en el calor de los brazos que le rodeaban. Hacía mucho tiempo que no se sentía así de satisfecho. Notó que David se despertaba y sonrió al sentir los fuertes abrazos acercándolo más hacia el calor de ese pecho. Pero la sensación se evaporó cuando lo sintió tensarse.
—Mierda —dijo Dave con la voz ronca—. ¿Qué hora… ¡Joder! —Soltó a Kurt lentamente.
—¿Sucede algo? —Kurt abrió los ojos y lo miró preocupado.
—Es de día. Le prometí a Lizzy que iría por ella anoche y… lo olvidé completamente. —Dave estaba abrumado y parecía sumamente avergonzado de sí mismo. Kurt lo encontró adorable y a la vez también se avergonzó por estar disfrutando de la vista de un David Karofsky con una erección mañanera—. Lo siento. —Dave cogió su móvil—. ¿Az? Lo sé, tío. Lo siento, soy un imbécil. —Dave dibujó una sonrisa tonta y Kurt se sintió inexplicablemente feliz—. Sí… —Dave se aclaró la garganta—. Z, ¿podrías llevar a Lizzy a casa? Ok, perfecto. Nos vemos en una hora. Gracias, hermano. Y también agradécele a Ronny por todo.
—¿Todo bien? —Kurt se puso de pie, caminó hacia Dave, enredó los brazos alrededor del cuello de Dave y se lo acercó—. ¿Lizzy está bien? —Lo miró a los ojos mientras se acercaba lentamente a sus labios. Dave estaba nervioso. A Kurt le encantaba saber que ese hombre tan imponente se derretía entre sus dedos, o entre sus piernas, según fuese el caso.
—Sí… Lizzy debe estar molesta por… —Dave cerró los ojos y se humedeció los labios, que estaban casi rozándose con los de Kurt—. Necesito ir a casa…
—¿Sí? —Besó suavemente la mandíbula de Dave jugueteando un poco con la sombra de barba que ya había crecido—. ¿Una ducha antes de irte? —Dave asintió acariciando la piel de cadera de Kurt.
—Puedes acompañarme… —Kurt lo miró por un segundo—. A casa… —Dave tragó—. A Lizzy seguro que le encantará verte.
—Claro, pero primero la ducha.
Dave gruñó y caminaron hacia la ducha entre empujones y besos robados. Kurt iba a volver loco a ese hombre antes de llegar a su casa.
—Maravillosa casa, David. —Dave se sonrojó levemente. Kurt parecía darle el visto bueno a su casa a pesar de que no estaba del todo presentable—. No pensé que fuera tan acogedora.
—Quería un hogar para Lizzy. —Dave cerró la puerta y abrazó a Kurt por detrás—. Somos sólo nosotros dos pero aún así quería que ella tuviera toda la estabilidad posible. Esta casa, Az, sus abuelos… —Kurt tragó saliva. No quería ser una aventura de una noche. A pesar de toda la historia que compartían aún les faltaba conocerse y Kurt deseaba eso, poder conocer a Dave y saber si era posible algo serio entre ellos.
—¿Y una pareja? —preguntó Kurt. Dave lo giró lentamente y se miraron a los ojos por unos segundos antes de besarse de apasionadamente.
—Dios, Kurt. —Dave lo llevó hasta el sofá donde cayeron pesadamente—. Quiero conquistarte. Sólo… —Kurt asintió frenético mientras colaba las manos por debajo de la camisa de Dave para acariciarle la espalda. Luego esas manos fueron hacia el cinturón. Quería sentirlo de nuevo, mirarlo a los ojos mientras tenía su polla en la boca y lo reducía a una masa de gemidos.
Ni siquiera se dieron cuenta cuando se abrió la puerta.
—Gracias por traerme, tío Az. —Dave y Kurt se congelaron al escuchar la voz de Lizzy.
—Vamos, princesa , ahora tenemos que esperar a tu… —Az miró hacia el sofá, de donde sobresalían unas piernas—. ¿Dave?
Karofsky se levantó lentamente intentando arreglarse la ropa. Lizzy miró a su padre y luego al profesor Hummel. Sin pensarlo, se dio media vuelta y subió a su habitación.
—Demonios. —Dave se levantó y corrió detrás de su hija dejando a Kurt y Azimio solos.
—Hummel —saludó Azimio mientras miraba cómo Kurt se levantaba del sofá con elegancia y porte.
—Azimio. —Tendió la mano a Azimio. Az la apretó y se sorprendió un poco al sentir el duro apretón que recibió como respuesta. Luego señaló a la entrepierna de Kurt.
—La cremallera… —Kurt tuvo la delicadeza de sonrojarse levemente.
—Lizzy —Dave tocó la puerta—. Princesa, abre. —Dave intentó abrir pero no pudo—. Liz, necesitamos hablar. Hija, por favor…
Lizzy no sabía qué pensar. Siempre había sido el centro del universo para su padre y al profesor Hummel le había bastado una noche para quitarle toda esa atención. Su papá la había dejado en casa de sus tíos y ni siquiera la había llamado. Y justo después se lo encontraba en esa situación con el profesor Hummel. Lizzy estaba siendo muy tonta pero estaba completamente celosa y temerosa de perder la atención de su padre.
Kurt había pensado que las cosas con Lizzy serían más sencillas pero desde que había empezado a salir con Dave Lizzy se había cerrado completamente, y Kurt lo lamentaba muchísimo, sobre todo porque su relación con Dave avanzaba cada vez por mejor camino. En esos tres meses de verse Kurt estaba bastante feliz, a pesar de las discusiones y los puntos de vista diferentes; sabía que eso le daba sabor a su relación. Estaban las noches de sexo maravilloso, las charlas tontas y las películas de acción que a Dave le encantaban. Todo era parte de una gran cadena y Kurt sólo quería sellarla llevándose bien con Lizzy.
Esa tarde había decidido cocinar para Dave y su hija y tenía la esperanza de que si Lizzy se sentía incluida dejaría de pensar que Kurt quería robarle el cariño de su padre. Cuando se escuchó el timbre, Kurt se dio una última mirada en el espejo y sonrió.
—Hola. —Kurt besó a Dave y sonrió a una muy seria Lizzy. Dave se disculpó con la mirada pero Kurt le restó importancia—. Pasen, por favor.
Lizzy miró todo con atención. La casa del profesor Hummel estaba llena de detalles elegantes y se notaba su buen gusto para todo. En la pared del fondo de la sala había algunos reconocimientos, todos de teatro. Se acercó y se quedó de una pieza cuando leyó el nombre completo de su profesor.
—¿Elizabeth? —dijo muy bajo, pero el profesor Hummel alcanzó a escucharla.
—Es el nombre de mi madre. Les pareció correcto llamarme Kurt Elizabeth. —Kurt sonrió por el recuerdo.
—Elizabeth… —Lizzy se giró para mirar a su papá, que estaba pálido. Lizzy sólo tuvo que recordar: el profesor Hummel y su papá habían sido compañeros de escuela y su padre parecía genuinamente loco por el profesor, eso era más que obvió—. ¿Papá? —Dave boqueó. Su hija era demasiado brillante como para engañarla. Asintió y sus ojos se inundaron de lágrimas cuando vio a Lizzy encarando a Kurt.
—¿Pasa algo? —Kurt miró a Dave, que estaba completamente desencajado—. Dave, ¿estás bien? —Kurt iba a caminar hacia él pero fue detenido por los brazos de Lizzy que se aferraron a y le dieron un fuerte abrazo—. Ey, pequeña. —Kurt la rodeó entre sus brazos sintiéndose feliz y completo. Esa reacción era la que quería de Lizzy desde el principio—. ¿Qué pasa? ¿Te gusta que nos llamemos igual? —bromeó mientras le acariciaba el cabello—. Princesa, yo no quiero quitarte a tu padre. Él te adora. Yo sólo quiero amarlos a los dos. —Kurt sintió humedad sobre su camisa y su corazón se conmovió—. Linda…
—Lo sé —fue la escueta respuesta de Lizzy mientras se aferraba más a Kurt—. Perdón por haber sido tan tonta…, papá. —Kurt tragó saliva cuando escuchó a Lizzy decir papá. Sabía que se refería a Dave pero no pudo dejar de sentirse conmovido porque los ojos azules de Lizzy estaban fijos en él—. Lo siento. —Lizzy se giró para mirar a Dave, que asintió.
—Bueno… Vamos a cenar. —Kurt sonrió de oreja a oreja y abrazó a Lizzy y luego a Dave para llevarlos al comedor.
Kurt se sentía un poco nervioso y bastante confuso pero se aferró al sentimiento de aceptación que experimentaba por primera vez. Capturó completamente la atención de Lizzy durante toda la cena. Dave parecía un poco disperso pero Kurt le restó importancia; ya hablaría con él más tarde. Lo importante era Lizzy y su mirada de anhelo y cariño. Kurt sentía que algo cálido y maravilloso le envolvía cada vez que Lizzy le sonreía.
Kurt decidió que no quería que Dave y Lizzy se fueran esa noche de su departamento así que les invitó a pasar la noche y preparó junto con Lizzy la recamara de invitados para que ella pudiera dormir allí. Después de dejar a Lizzy instalada salió de la habitación. Dave no estaba en la sala y tampoco en la cocina. Notó la puerta del balcón abierta. Le sorprendió un poco ver a Dave sentando en la hamaca con una copa de vino en la mano y mirando hacia la oscuridad.
—¿Estás bien? —Dave asintió y le abrazó fuertemente cuando se sentó a su lado.
—Sí… Todo está bien. —Kurt no se lo creyó pero no dijo nada. Ese día había sido demasiado impresionante como para preocuparse. Tarde o temprano Dave se lo diría.
—¿Vamos a dormir? —Dave asintió y se levantó cogiendo la mano de Kurt.
Dave durmió abrazado a Kurt. Tenía que decirle la verdad y tal vez perderlo por ella.
Dave había preparado el mejor plan que había podido efectuar su mente. Lizzy le había puesto de plazo las fiestas de diciembre para decirle a Kurt la verdad y Dave se había obligado a cumplir con su hija. No quería ser un cobarde toda su vida pero también necesitaba adquirir el valor. Curiosamente ese valor vino de sus sentimientos por Kurt. En su juventud había estado enamorado de Kurt, del concepto que englobaba a Kurt Elizabeth Hummel, pero fue después, cuando lo conoció, después de esos meses juntos y de esas noches a su lado, que terminó por adorar toda la gloriosa verdad que era Kurt. Él no quería que su relación se basara en una mentira ni quería desilusionar a Kurt. Tenía que decirle la verdad y si lo hacía y Kurt no lo perdonaba quizá con el tiempo podría conservar su amistad.
Así que llamó a su padre y a Torrance para que fuesen a cenar con ellos e invitó a Az y Ronny como apoyo moral. Iba a necesitar alguien con quien emborracharse cuando Kurt lo mandara a la mierda.
Kurt llegó temprano a su casa, perfecto como siempre. Lizzy lo distrajo para que Dave pudiera tranquilizarse pero eso no sucedió, ni siquiera cuando llegaron su padre y la doctora Torrance. Dave pensaba que se iba a desmayar. Se abrazó a su padre como un niño pequeño. Dave se reprendió mentalmente por ser tan débil. Miró a su hija y se recordó su promesa de hacerla feliz. Dave sabía que tenía que decir la verdad para que la felicidad de Lizzy continuara.
—Señor Karofsky —saludó formal Kurt.
—Paul, llámame Paul. Ella es mi esposa, la doctora Torrance Taylor. —Kurt sonrió a la seria mujer.
—Fascinante —dijo ella. Dave suspiró entrecortado cuando la doctora Taylor saludó a Kurt—. ¿Ahora o más tarde, Dave? —No podía culpar a la doctora Taylor; ella era así de directa y siempre había sido igual. Miró a su hija, que parecía haber perdido un poco la convicción. Azimio inclinó la cabeza y Dave sonrió. Ése era un momento tan bueno como cualquier otro.
—Ahora, doc. —Kurt no tenía ni idea de lo que pasaba a su alrededor pero notaba a todos demasiado serios. Dave lo llevó a la sala e hizo que tomara asiento. Kurt estaba más que nervioso; lo que fuese que Dave lo tenía que decir no debía de ser nada bueno—. Kurt. —Dave se humedeció los labios—. ¿Recuerdas la primera vez que tú y yo… —Kurt asintió sin dejar de mirar a Dave—. Bueno… Yo no sabía que tenía una condición médica que… —La mente de Kurt viajó a ese momento. No habían usado protección y pensó en lo peor pero luego recordó que él se había hecho varios exámenes médicos. Él estaba perfectamente. Pero Dave… Tal vez él no…
—Tienes…
—¡No! No, no es eso. Yo… —Dave miró a Lizzy, que se abrazaba a su tío Az—. Mi sistema endocrino trabajaba diferente. —Kurt negó sin entender—. No tenía ni idea de que mis hormonas trabajan diferente a las del resto de los hombres y no lo descubrimos hasta que empecé a sentirme mal. Lizzy… Elizabeth…, es nuestra hija. —Kurt boqueó y parpadeó un par de veces.
—¿Nuestra…? Me estás diciendo que…. —Kurt negó. Parecía que toda la lógica universal desaparecía de su mente. Dave y Paul reconocían ese sentimiento—. No, claro que no. Tú eres un hombre —dijo señalando a Dave—. ¡No puedes! Es imposible, es una locura. Eso no pasa más que en las películas. Es ridículo… —Kurt se giró para mirar a Lizzy y negó cuando vio sus ojos azules y sus finos rasgos. El parecido que Lizzy tenía a… Kurt negó de nuevo. Lizzy no podía parecerse a su madre—. Esto es una idiotez. —Kurt se puso de pie violentamente—. Me largo. Es la peor broma que…
—Siéntate, Kurt. —La voz de Torrance Taylor fue contundente. Kurt tragó duro y se tomó un segundo antes de sentarse de nuevo—. Paul, por favor. —Paul le dio un portafolio a la doctora Taylor, que tomó un grueso tomo lleno de papeles y se lo dio a Kurt—. Éste es el expediente médico de Dave durante aquellos meses. Hasta el día de hoy no puedo decir con seguridad qué fue lo que sucedió. Todo el metabolismo de David conspiró para que pudiera mantener a Elizabeth con vida dentro de su cuerpo. Sus hormonas generaron una bolsa membranosa que alojó el producto en la cavidad abdominal de David y que se alimentaba de él. —Lizzy también escuchaba atentamente a su abuela. Kurt miraba fotografías con el aumento del abdomen de Dave y los exámenes médicos correspondientes—. En un principio pensé en extirparle el organismo extraño… —Torrance miró a Lizzy. Sabía que era duro de escuchar pero la chica asintió—. David se opuso. No estábamos seguros de que se pudiera lograr pero el cuerpo de David mantuvo al producto el tiempo suficiente. A los ocho meses la bolsa y líquidos comenzaron a calcificarse. El intestino de David estaba cada vez más presionado y empezaban a vislumbrarse complicaciones. Fue entonces cuando decidí operar. Elizabeth tuvo algunos problemas respiratorios pero fuera de eso estaba increíblemente sana. Con David seguimos un tratamiento y un conteo hormonal. Aún tiene que ingerir ciertas vitaminas y otras sustancias para equilibrar su sistema endocrino.
Kurt lucía como si lo hubiese arrollado un tren. Sus manos estaban congeladas sobre el expediente médico.
—Es… —Kurt no sabía ni qué decir.
—Por favor, no digas milagro —le pidió Azimio a la vez que miraba a la doctora Taylor y recordaba el librazo que le había dado cuando se atrevió a decir algo así.
—Vamos. Dejemos que Dave y Kurt hablen. —Paul condujo a todos hacia afuera. Lizzy no había querido marcharse fácilmente pero comprendía que sus padres tenían mucho de qué hablar.
Dave caminó hacia el sofá y se sentó al lado de Kurt sin animarse a tocarlo. Kurt siguió mirando el expediente y pasando las fotografías hasta que llegó a una de Lizzy casi recién nacida.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Dave suspiró pesadamente.
—En un principio porque ni siquiera sabía si era posible. Además, tu vida estaba en otro lado. —Kurt negó—. No podía atarte esos meses a mí por algo que ni siquiera existía. Y cuando Lizzy nació yo ya no sabía nada de ti. —Kurt había prometido mantenerse en contacto pero después de un tiempo había sido imposible—. Cuando vinimos a Nueva York pensé en buscarte y decírtelo pero, ¿me habrías creído? Aun ahora lo dudas, después de todos estos meses, después de conocer a Lizzy.
—Aun así lo correcto era decírmelo. —Kurt cerró el expediente de un golpe y lo dejó sobre la mesa de centro—. De nuevo quisiste pasar por todo solo. —Dave negó. Había tenido a su padre, a Azimio, a la doctora Taylor—. No me refiero a tu familia. Me refiero a mí, David. De nuevo decidiste que no era importante para ti escucharme, decirme la verdad, hablar conmigo y apoyarte en mí. —El rostro de Kurt enrojeció de ira.
—Kurt…
—¡NO! Hiciste lo mismo que cuando tuviste problemas contigo mismo: me lastimaste, me humillaste e hiciste de mi vida un infierno. —Dave contrajo el rostro. Esa no era una reclamación justa.
—Lo he lamentado cada día de mi vida y tú lo sabes. Nunca fui el mejor de los chicos: me oculte bajó el disfraz de un monstruo, te hice daño, me encerré en mí mismo y dejé la escuela por cobarde. Quise empezar de nuevo sin haber solucionado todos mis problemas. Pagué caro, Kurt. Tú lo sabes. Porque cuando quise apoyo, cuando quise tener a alguien, cuando necesite escuchar una palabra de aliento me había alejado de todas las personas que podían haber hecho algo por mí y terminé con la soga al cuello, en más de un sentido. —Kurt se puso rígido—. Después nos hicimos amigos, te quise como mi amigo y me obligué a no pensar en ti como nada más que eso. Esa noche en el motel fue maravillosa y después, cuando todo esto pasó, me detuve muchas veces a pensar en ti, en todas las veces que me habías dicho lo asqueado que estabas de permanecer aún en Lima. Recordaba cómo me decías que tu vida parecía parada, aburrida e inútil. Luchaste mucho para alcanzar tu sueño, sacrificaste mucho para ser lo que eres. Simplemente no quería encadenarte a mí.
—No puedo…
Kurt cogió su chaqueta y salió de la casa. Dave se quedó mirando el vacío. Azimio llegó unos segundos después, se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros.
—¿Peor que San Valentín? —Dave soltó una risilla. San Valentín… Ese Dave atormentado que quería tener una luz de esperanza.
—Mucho peor, Z. —Los labios de Az dibujaron una línea. Se levantó y jaló a Dave con él.
—Arriba y adelante, tío. Vamos. Tenemos que cenar con la familia.
Caminaron hacia el comedor donde todos les esperaban.
—Kurt no va a cenar con nosotros —dijo mirando a Lizzy. Esperaba una reacción terrible pero no pasó. Lizzy sólo bajó el rostro un segundo—. Si me permiten voy a servir la cena.
—Yo te ayudo. —Lizzy sorprendió a todos en la mesa.
La cena trascurrió tranquila. Paul y Torrance intentaban distraer a todos. Azimio también hacía lo suyo contando todo tipo de historias curiosas de sus últimos partidos.
Cuando terminaron de comer, Ronny y Az se despidieron. Dave instaló a sus padres en el cuarto de invitados y después decidió darse una larga ducha en la que lloró hasta que sintió que no tenía más lágrimas. Un poco más tarde, salió de su habitación y se dio cuenta de que la luz de la recámara de Lizzy estaba encendida.
—Lizzy. —Tocó y abrió lentamente la puerta. Su hija estaba sentada en la silla frente a su escritorio y veía un video de Kurt interpretando a Peter Pan. Dave se sentó en la cama de su hija. Cuando el video terminó, Lizzy se recostó a su lado. Dave la abrazó y Lizzy apoyó el rostro en el pecho de su padre.
—No pensé que se iría. Pensé que discutirían, que él te gritaría y que luego tú lo besarías y le pedirías que se casara contigo para tener nuestro vivieron felices para siempre. —Dave sonrió a su hija y la besó.
—¿Todo eso? —Lizzy se encogió de hombros.
—Era una de las ideas. —Dave acarició suavemente el rizado cabello de su hija.
—Lo que ha pasado entre nosotros no significa que él se vaya a ir de tu vida. Eso no va a suceder. Te buscará. Después de todo eres su hija.
—Lo sé. Sólo que quería que estuviésemos todos juntos. Quería tener a mis padres juntos.
Dave suspiró pesadamente. Él también quería tenerlos a dos pero, al parecer, eso jamás sucedería.
Dave quitó la vista del periódico y miró a su hija por encima de las gafas. Lizzy había arrojado su mochila al suelo y se había dejado caer abatida sobre el sofá mientras soltaba un suspiro lastimero. Lizzy había regresado a la escuela, seguía viéndose con Kurt y tenían una buena relación. Dave, en cambio, tenía un mes sin cruzar ni una palabra con él. Daba por pérdida completamente su relación y entendía a la perfección los motivos de Kurt.
—Tienes que hacerlo. —Dave enarcó su ceja derecha al escuchar a su hija.
—No lo haré, Lizzy. —Su hija se levantó, le arrebató el periódico de las manos y se dejó caer en sus piernas.
—Cumplo años el lunes y quiero a mis padres juntos. —Dave negó—. ¿Sabes? Él me pregunta siempre por ti. Intenta disimularlo pero no lo logra. Siempre quiere saber cómo estás y hoy que le dije que Gabe te había invitado a salir casi se muere de celos.
—Elizabeth, Gabe ni siquiera sigue en la universidad. ¿Cómo se te ocurre? —Lizzy se levantó de las piernas de su padre y lo miró imperativamente.
—Padre, lo vas a hacer. Quiero a mis padres juntos y tú tienes que lograr que eso suceda. Le ocultaste a papá mi nacimiento y se perdió los primeros años a mi lado. No disfrutó de los primeros destellos de talento, elegancia, hermosura y sencillez de su hija.
—¡Vaya con la humilde!
—¡Padre, por favor! —Los ojos de Lizzy se aguaron y se llenaron de ternura. Dave sólo conocía otros ojos azules que podían hacerle perder el piso.
—¡Vale…!
—¿Por qué has llegado tarde, princesa? —Lizzy se colocó de espaldas a la ventana cuando escuchó la voz de su papá.
—Es que mi padre no llegó a dormir. —Mentía vilmente pero le encantaba ver la cara de Kurt perdiendo la serenidad. Eso quería decir que aún quería estar con su padre.
—¿Cómo que no llegó? —La voz de Kurt era dura. Lizzy se encogió de hombros y lo miró con fingida tristeza—. Seguro se quedo con ese… Pero me va a…
El sonido un micrófono cortó la voz de Kurt. Lizzy sonrió cuando escuchó la guitarra y se asomó hacia la explanada de la escuela.
Should've kissed you there
I should've held your face
I should've watched those eyes
Instead of run in place
I should've called you out
I should've said your name
I should've turned around
I should've looked again
Lizzy miró a su papá Kurt, que parecía no creerse lo que estaba sucediendo. La voz de Dave era increíblemente dulce y terriblemente seductora. Pero más que eso la melodía elegida buscaba la redención y el perdón. Kurt no se lo podía creer. Bajó como loco los tres pisos y llegó hasta la explanada donde estaba Dave con una guitarra en la mano y mirándole a los ojos mientras seguía cantando con el corazón en la mano.
But oh, I'm staring at the mess I made
I'm staring at the mess I made
I'm staring at the mess I made
As you turn, you take your heart and walk away
Kurt se mordió el labio inferior intentando evitar llorar. Había extrañado tanto a Dave que verlo allí, cantando para él, era una sorpresa terriblemente dulce. Sabía que David estaba desnudando su corazón.
Should've held my ground
I could've been redeemed
For every second chance
That changed its mind on me
I should've spoken up
I should've proudly claimed
That oh my head's to blame
For all my heart's mistakes
La voz de Dave se quebró un poco. Kurt avanzó hacia él pero no lo suficiente, aún no. Kurt podía verlo frágil y maduro después de todos esos años pero también sufriendo por los errores cometidos. Kurt no podía juzgar a Dave y tampoco quería perderlo.
But oh, I'm staring at the mess I made
I'm staring at the mess I made
I'm staring at the mess I made
As you turn, you take your heart and walk away
And it's falling down, as you walk away
And it's on me now, as you go
Kurt negó. Le dolía el corazón al ver a Dave triste y pensando que lo suyo no tenía remedio. Y a pesar de todo estaba allí, cantándole. Dave dejó de tocar y Kurt corrió hacia él para besarle. Fue un beso salado bañado de las lágrimas de ambos, un beso que prometía dejar las reclamaciones en el pasado, un beso que demandaba pasión y un futuro de borrón y cuenta nueva.
—Cásate conmigo —susurró Dave entre los labios de Kurt, quien se congeló.
—¿Qué? —Dave sonrió y como por arte de magia apareció una argolla sencilla que parecía de plata.
—Cásate conmigo. Cuando quieras, cuando lo sientas. Ahora sólo quiero que sepas que me quiero casar contigo. —Kurt cogió la argolla y se dio cuenta de que brillaba demasiado para ser de plata—. Lizzy la ha escogido esta mañana. —Kurt miró a su hija, que sonreía pero que a la vez tenía algunas lágrimas corriendo por sus mejillas.
—No tienes ni idea de en lo que te metes, David Karofsky. —Dave sonrió y abrazó a Kurt con fuerza.
—He vivido con una réplica tuya. —Kurt negó.
—Es nuestra. Ella es una mezcla de los dos. Yo soy peor. ¿Aun así quieres casarte conmigo? ¿Aun así me quieres?
—Siempre…
Kurt vio el resplandor en los ojos de Dave y supo de inmediato la respuesta.
