Claim: IV/III.
Notas: Pre-series. Spoilers de la serie de acuerdo a su transmisión en Japón.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Het/Slash.
Tema: 02. Festivo


Sus pasos resonaron como ecos en la semi-oscuridad que siempre reinaba en la habitación de Tron, llena de televisores y equipos de vídeo. A pesar de que el sol estaba en lo alto, su padre siempre prefería encerrarse a mirar televisión y rumiar sus planes de venganza, que ya no parecían tan lejanos, por lo cual III se veía obligado a llevarle el desayuno al lugar, también la comida y la cena, té por las mañanas y también por las tardes. Ésa era una de dichas ocasiones, en las que ya tenía el té listo y caliente para dejarlo justo frente al sofá que usaba, en una mesita de caoba con la única luz de la habitación proveniente de una lámpara.

III nunca esperaba demasiado de esas reuniones de rutina, había aprendido a no hacerlo. Así que le lanzó una rápida mirada al programa que su padre veía —caricaturas, para variar—, antes de darse la vuelta para marcharse y pasar el tiempo leyendo algún libro o algo por el estilo, no se esperaba, sin embargo, que el hombre-niño lo llamara inmediatamente, con una voz entre dulce y aterradora, para que permaneciera a su lado.

—III, quédate —indicó él, sirviéndose el té con actitud infantil. El joven se posó a su lado, con las manos entrelazadas frente a él, en espera de cualquier orden, hasta las más disparatadas. Sin embargo, su padre parecía no querer nada en absoluto salvo su compañía, cosa que lo sorprendió, pues éste le indicó que tomara asiento junto a él, en el suelo de frías baldosas de colores oscuros—. ¿Qué has estado haciendo últimamente? —preguntó él hombre-niño, dándole un trago al té y regocijándose con su sabor, dulce como a él le gustaba. Sus ojos, sin embargo, estaban fijos en cada uno de los movimientos de su hijo y su marioneta, en busca de cualquier signo de debilidad que pudiera aprovechar. Estaba aburrido y no encontraba mejor manera de salvar el día.

—Nada, pa... Tron —al niño no le pasó desapercibido que estuvo a punto de llamarlo padre, cosa que interpretó como una buena señal, una señal de debilidad con la cual empezar a trazar su ataque del día.

—¿Hmm? ¿De verdad? —en la televisión, un conejo de color rosa tenía aventuras inverosímiles y III fijó su vista en él, presintiendo que algo andaba muy mal—. No me lo parece —comentó Tron con aire casual—. La otra noche, por ejemplo... —lanzó una risita al ver cómo su hijo se ponía en tensión, aunque trataba de disimularlo fingiendo estar interesado en su programa favorito—. Vi cómo ibas al cuarto de tu hermano, de IV —acentuó la palabra hermano y esperó, dándole cierto toque estratégico a sus palabras.

—Sí —admitió el de ojos verdes, tras una pausa—. Lle-llevaba té.

Tron le sonrió, lo que casi lo hizo sentir seguro, esa comunión perdida entre padre e hijo que antes se llevaban estupendamente. Sin embargo, el aire festivo en sus facciones, en sus palabras, no podía ser más falso, como demostraron sus siguientes palabras.

—Nunca has sido bueno mintiendo, III —declaró con ironía el rubio, inclinándose hacia él de manera amenazadora—. ¿Llevabas té? No vi que llevaras ningún servicio de té en las manos, ni percibí el aroma. Además, ¿qué fiesta del té se demora por varias horas? —el joven hizo ademán de levantarse y huir, pero una sola mirada de su interlocutor lo mantuvo en su lugar—. Detente y encara la verdad, III. Detente y encara lo que haces con tu hermano.

Rio y su voz se extendió por la habitación, creando ecos siniestros. Una y otra vez, las risas parecían aplastar a III, humillarlo. Las lágrimas, además, pugnaban calientes por salir de sus ojos enrojecidos, temblorosos. Dirigió la mirada hacia el suelo, incapaz de enfrentar el pecado que tantas veces se había propuesto excusar, no podía ante los ojos de su padre, no podía ante tanta dureza, tan poca comprensión y tanta diversión malsana en el que debería de haberlo cuidado y amado, perdonado todas sus faltas. Sin embargo, la visión de sus lágrimas no hizo más que alimentar la diversión que Tron sentía y no hizo ningún ademán de detenerlo cuando se puso de pie, sin duda calculando sus posibilidades de escape.

—¿Qué se siente? —gritó, con un dejo de locura en la voz—. ¿Qué se siente haber arruinado los lazos familiares? ¿Eh, III?

No hubo respuesta, no más que sus lágrimas. Y como Tron esperaba mucho más, no dudó en decírselo a Chris. Después de todo, el espectáculo tenía que continuar, por lo menos hasta que él dejara de estar aburrido.