Claim: IV/III.
Notas: Pre-series. Spoilers de la serie de acuerdo a su transmisión en Japón.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Het/Slash.
Tema: 05. Observar.


Chris dejó que el olor del té lo distrajera momentáneamente, aunque en realidad tenía los sentidos alertas en todo menos en el suave aroma del té negro que III había puesto frente a él, con una sonrisa en el rostro, de la cual él no pudo participar. No podía ver a su hermano menor de la misma manera desde su última y fatídica conversación con Tron, cada gesto suyo, aunque fuese mínimo, era como un aguijón clavado en su pecho, lleno de furia, miedo y repulsión. ¿Cómo puede ser? Se había repetido una y otra vez, mientras le daba vueltas al asunto en la cabeza, a veces sin poder dormir. ¿Cómo hemos llegado a todo esto? Su familia estaba acabada, lo supo desde el momento en que Byron Arclight se presentó ante él en forma de niño pequeño, pero lleno de rencores. Pero, ¿tanto así?

—¿Sucedede algo, hermano? —inquirió el menor de los tres, el que derramó amargas lágrimas cuando tuvieron que separarse y era siempre tan amable con todos, incluso con IV que siempre se metía con él.

—No, nada —sin embargo, su lenguaje corporal lo delataba, pues Chris tenía los brazos y piernas fuertemente cruzados, como si temiera un ataque del aparentemente inocente hermano menor. Dicho pensamiento, irónico, le hizo sonreír, cosa que alivió un poco el ceño de III, que malinterpretó su gesto. Aparentemente inocente, pero si Tron tiene razón...—. III —comenzó a decir, armándose de todo el valor y la autoridad que le pertenecían por su condición de hermano mayor—. Tú...

El joven se le quedó mirando, incluso ladeó un poco la cabeza como antaño, cuando corría todavía en pañales por la casa y él tenía que perseguirlo cuando su padre se daba por vencido. Era tan difícil de creer en alguien como él, semejantes acusaciones, ¡una locura! Negó con la cabeza y su rigidez desapareció. Era difícil de creer, pero si tenía a alguien que culpar tenía que ser a IV, que siempre manipulaba al pequeño para hacer lo que él quisiera, incluso si se trataban de cosas, cosas que, bueno, estaban más que prohibidas.

—Nada, gracias por el té —le dio un largo sorbo a su taza, de porcelana fina. La calidez lo reconfortó y también el sabor, largamente anhelado. Su hermano hacía té todos los días, pero muy pocas veces él se había dignado a probarlo hasta entonces, hasta ese momento en que ambos se encontraron, esperando sin saberlo a la misma persona. Y por supuesto, con motivos diferentes.

—No hay de qué —sonrió él y sus ojos verdes brillaron con una vitalidad que creía casi extinta, perdida en su infancia. Chris no acotó nada más, aunque observándolo detenidamente, nuevos recuerdos y recriminaciones poblaron sus pensamientos. Quizás había sido culpa suya, sí, sin duda, no le quedaba duda alguna de ello. Él los había dejado solos cuando pequeños, había ido en busca de Faker sólo para encontrar un engaño y ellos sólo se habían tenido el uno al otro para sobrevivir. Si de alguien era la culpa, era suya, casi podía imaginárselos buscándose el uno al otro en noches tormentosas, soportando el martirio constante de las noches en soledad y luego encontrando la solución años después, tras haber entrado de nuevo a una familia destrozada.

Su furia se incrementó, aunque ya no estaba seguro de a quién iba dirigida. A él, a su padre, a Faker, a IV, todos, de alguna manera, habían tenido parte en aquél desastre. Y, sin embargo, no podía hacerlos pagar por ello, no a todos al menos, no en ese momento. Pero tampoco quería castigar a su hermano menor y decidió dejarlo en paz totalmente, no obstante, su furia volvió a encederse cuando IV entró en la sala de estar, casi tocando la medianoche, mucho después de la hora designada por III para ir a la cama.

—Hola —saludó el culpable y cuando III se acercó a él, ofreciéndole una taza de té, las señales no pudieron ser más claras. Había aprendido a observar, no sólo al enemigo en un campo de duelo, sino también a sujetos en investigaciones y personas en la vida cotidiana, había aprendido a dilucidar los motivos detrás de sus acciones y los de ellos, saltaba a la vista, eran muy claros—. Vaya, no esperaba encontrar un comité de bienvenida —se burló, mientras tomaba sin ningún cuidado una de las tazas de té y se iba a sentar en el sofá justo enfrente del de Chris.

—¿Todo bien hoy, nii-san? —indagó III, que se sentó inmediatamente a su lado, con su propia taza de té, que volvía sus ojos opacos tras los vapores que exhalaba.

IV estaba a punto de contestar cuando el otro lo cortó secamente.

—III, por favor, ve a tu habitación, necesito hablar con IV —su voz era autoritaria y de nuevo le trajo recuerdos de antaño, cuando con una sola orden podía detener cualquier pelea o disputa entre sus hermanos menores—. Ahora —añadió al ver que III no obedecía y que se había quedado como paralizado mirándolo, con un dejo de terror en las pupilas.

—¿Qué sucede? —le atajó el rubio, sin esperar a que III se marchara, cosa que hizo tras recoger rápidamente la tetera de porcelana y las galletas que había llevado para acompañar, aunque nadie las había tocado.

—Tú sabes muy bien lo que sucede —le espetó Chris, sin cuidar su tono de voz, aunque permanecía sereno y lo único que delataba sus emociones eran sus puños cerrados de nudillos blancos—. Es tu hermano también, IV. ¿Cómo pudiste?

—Ja, la culpa no es sólo mía —se puso a la defensiva el otro—. III no se queja, ¿sabes? III también contribuye, él...

—No te atrevas a decir su nombre —amenazó Chris, que no podía concebir que todo eso llegara aún más lejos—. No lo hagas.

—Está bien —accedió el otro, pero en su furia terminó rompiendo la taza de té caliente, que fue a derramarse sobre la alfombra del color de la sangre—. Está bien. Pero quiero que pienses una cosa, me culpas a mí, pero lo que te digo es cierto, III también ha puesto de su parte, así que no actúes como si yo fuera el único malo en esta familia, porque él también lo es y tú lo fuiste antes que nosotros al abandonarnos, ¡qué decir del viejo! —rió con amargura—. Así que no vengas a mi con esa actitud de reproche, cuando fueron ustedes los que nos orillaron a esto.

Silencio siguió a esa última afirmación y pensando que ya había ganado la discusión, IV se dio la vuelta para irse directo a su habitación, o la de III, o la que le diera la gana, tanto le importaba. Sin embargo, cuando ya estaba en el umbral de la puerta, Chris hizo una última pregunta.

—¿Desde cuándo dejó de importarte?

No obtuvo respuesta, al menos no en voz alta.

No lo sé.