Claim: IV/III.
Notas: Pre-series. Spoilers de la serie de acuerdo a su transmisión en Japón.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Het/Slash.
Tema: 07. Arena


El clamor de la multitud se agolpaba contra su cuerpo tratando de desestabilizarlo, miles de almas se habían congregado para observar un duelo de exhibición entre dos campeones aclamados y conocidos en todo el mundo del Duelo. Uno de ellos era su hermano. III se sentía orgulloso de él y de poder estar presente, incluso entre bambalinas, allí donde las cámaras no podían captar su expresión maravillada ante las personas, sus ovaciones y su emoción. De alguna manera, el verlos también lo hacía sentir seguro, casi una persona normal, sumergida en el mundo de las Ligas Profesionales, la adrenalina y la diversión de los duelos. Además, podía vigilar a su hermano. Le lanzó una rápida mirada a las gradas, donde un cartel lleno de corazones y flores anunciaba la presencia del club de fans de IV. Sí, sí que podía vigilarlo.

El duelo terminó en un espectacular y nada esperado empate, que dejó a todos boquiabiertos e incluso aún más emocionados por el inminente próximo torneo. Sin embargo, a IV poco le importaba, cuando III lo vio, lo supo al instante, todo aquello le parecía un juego, una tontería y aún así no pudo evitar felicitarlo.

—¡Nii-sama, eso ha sido genial! —lo interceptó en el mismo momento en que entraba al pasillo que daba a los vestidores, lejos de la vista del público y de las cámaras, aunque posteriormente tendría que reunirse con ellos. IV le dedicó una sonrisa satisfecha y le palmeó la cabeza, como si estuviera enseñándole la gran lección de su vida, aunque en realidad tenía otros planes para ellos.

—Por supuesto —declaró, antes de echar un vistazo a su alrededor, para cerciorarse de que no había nadie que pudiera molestarlos—. Entonces, ¿no merezco un premio por ello? —cerró su mano en torno a su muñeca, con la fuerza de una pinza y apretó suavemente, sólo lo suficiente para poder llevarlo a donde él quería, acorralado contra una de las paredes del estadio.

IV se había inclinado hacia él, ya casi perdido en el gesto de sumisión que el otro le había regalado al cerrar los ojos, cuando fueron interrumpidos. Algunas chicas del club de fans habían conseguido colarse y los miraban con los ojos como platos. III se puso a la defensiva, IV lanzó una risa irónica antes de dirigirse a ellas.

—¡IV-sama! —la más valiente de las tres que habían conseguido colarse se acercó hacia ambos, la sorpresa había desaparecido de sus facciones y junto con la adoración que podía verse en sus ojos, también podía leerse un deseo extraño, un deseo de más.

—Oh, lo siento mucho, no he presentado a mi hermano, ¿cierto? Él es III —IV mantenía su fachada con maestría, pero se atrevió a más al no soltar la mano de su hermano, que se llevó a los labios sin dejar de mirar a las intrusas. Ellas parecían extasiadas ante la vista—. Vamos, III, preséntate, no seas maleducado.

—Ho-hola, mi nombre es III, mucho gusto —consiguió decir el de ojos verdes, desconcertado ante la actuación que estaban llevando a cabo, ante la manera en la que el secreto estaba siendo revelado, quizá para destruir sus vidas de una vez por todas. ¿Qué pretendía IV?

—Como ven, estaba un poco ocupado con mi hermano antes de que llegaran —sin importarle que estuvieran ahí y manipulando a III como a un maniquí, el rubio continuó con lo que ellas habían interrumpido, cerrando el espacio entre ambos para robarle un beso.

—Lo sentimos, IV-sama —se disculpó la única que había hablado, aunque se notaba visiblemente feliz, como si el beso se lo hubieran robado a ella.

—No se preocupen, tengo tiempo para ustedes también, en un momento.

Sonrojándose, las tres chicas pidieron nuevamente disculpas antes de marcharse, con la promesa de verse más tarde con su ídolo. Parecían contentas, pensó III y dejó saber este sentimiento a su hermano, que sonrió con sorna.

—Creen que saben un secreto, algo que hice especialmente para ellas, tienen la mitad de razón, saben nuestro secreto, pero piensan que es falso, que es fanservice, mi especialidad —rió un poco, apartándose los mechones rubios del rostro, en un gesto más que ensayado que hacía ver totalmente natural—. Bah, no importa. Ya me ocuparé de ellas después. ¿En qué estábamos?

III no pudo ni quiso replicar, sentía que había ganado su propia batalla contra las fans de su hermano, que tanto lo hacían sentir mal y culpable cuando las veía por televisión, acercándose a él sin llevar la carga del pecado sobre los hombros. Eran niñas tontas y enamoradas, quizá como él, pero al menos él tenía el gran premio, al menos él tenía a su hermano. Y no planeaba dejarlo, aunque eso significara (¡oh, qué martirio!) dar más muestras de fanservice a los clientes.