Claim: IV/III.
Notas: Pre-series. Spoilers de la serie de acuerdo a su transmisión en Japón.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Het/Slash.
Tema: 03. Sombrero


III observó su reflejo, distorsionado por las primeras luces de la mañana. Su torso estaba lleno de pequeños moretones que no recordaba haberse hecho y que sus manos, al repasarlos, no podían cubrir. La parecía tan extraño que suspiró. Ese cuerpo, tan largo, tan grande. Su edad, como si no le perteneciera, como si no fuera suya, extendiéndose hacia el infinito. Y él seguía tan congelado como siempre, como cuando era niño, congelado en el momento en el que su padre se fue. Observó sus manos durante unos instantes, sopesando cada una de las líneas que las cruzaban y que según muchas personas podían hablar del futuro, sin embargo, para él hablaban del pasado, siempre del pasado y de todo aquello de lo que se arrepentía o no había podido detener.

—¿Qué sucede? —inquirió IV con voz cansada desde su cama, medio vestido y con una sonrisa satisfecha adornando su rostro. III había colocado su mano derecha sobre el cristal de la ventana, que recibía los primeros rayos del sol, pasando entre sus dedos, creando algún tipo de magia sobre su silueta.

Sus manos. Pensó III, observándolo. Mis manos. Y cuántas líneas imborrables ya. A través del reflejo del espejo, como en el mundo mágico de Alicia, los ojos verdes del menor de los Arclight estudiaron a su hermano, toda una visión para cualquiera de sus fans, toda una visión para cualquiera de sus enemigos. Y sus manos, aquellas que habían trazado los surcos en su piel, con marcas difíciles de borrar.

—¿Recuerdas cuando eramos niños y solíamos pelear siempre? —contestó él, ignorando el bufido que soltó su hermano ante semejante pregunta, que tocaba puntos dolorosos entre ellos. Ignorando cuánto —y como bien él sabía— IV odiaba que le contestaran una pregunta con otra.

—Sí —aceptó a regañadientes y sin duda molesto por el tema, comenzó a vestirse con mayor rapidez, formulando una excusa para salir del lugar lo más pronto posible.

—Teníamos un perro —rió con dulzura el menor, todavía mirándolo a través del reflejo de la ventana, pues gracias a esa ilusión óptica casi podía ver al chiquillo que había sido su hermano, lleno de rabietas, juguetón y un poco envidioso.

—Toby —acotó IV y se sintió aún más molesto al darse cuenta de que las palabras de su hermano, aquél con el que se había acostado en más de una ocasión, le traían recuerdos dolorosos, aparentemente olvidados, teñidos de un toque de anhelo. Como si negara todo ello. Todas esas noches, todas esas marcas mutuas—. Pero ahora tenemos a Tron, ¿no es así? —trató de burlarse él y su sonrisa fingida apareció en su rostro como por arte de magia—. ¿No es lo mismo?

III apartó los ojos del reflejo en la ventana, imagen utópica de un pasado olvidado. Se dio la vuelta para encarar a su hermano y aunque éste insistía en mantener su fachada de sarcástica indiferencia, él podía ver más allá. Incluso más nítido que su pasado anhelado, que su familia perdida. En tres largas zancadas logró alcanzarlo, sentarse en la cama de sábanas enredadas y encararlo, aunque sin decir una palabra.

—Hoy es un día importante, no lo olvides —murmuró el rubio, incapaz de soportar la mirada de su hermano, llena de un sentimiento de compasión que no debería inspirar, que nadie debería de sentir hacia él, campeón nacional, aclamado por los fans y los medios de comunicación.

—Lo sé —el ritual de Tron, no tiene porqué recordárselo. Han repasado el plan un millón de veces, tiene el deck preparado, todo listo. Pero al mirarlo, su torso desnudo lleno de pequeñas cicatrices a causa del fuego, las finas marcas de su niñez en las palmas de sus manos, III sabe que está recordándoselo a sí mismo, como una esperanza, un ritual de buena suerte. Porque él también anhela, él también ve a través del espejo el mundo perdido, la familia destrozada.

—Teníamos un perro, ¿eh? —susurró IV, como confirmándole sus sospechas. Es suficiente como para hacerle saber que la mañana se ha arruinado, que posiblemente la ha arruinado él con sus recuerdos y sentimientos, sobretodo en un día tan especial, tan decisivo para su retorno al pasado. Sin importarle lo que pueda decirle, incluso la violencia que puede llegar a mostrar IV de vez en cuando, III pasó sus brazos alrededor del cuello de su hermano y dejó que éste descansara su frente sobre su hombro, pequeño e insignificante.

Ojalá fuera un mago, pensó el de ojos verdes sin aligerar el abrazo, haciendo caso omiso a los estremecimientos del otro, como si no se diera cuenta de que lloraba. Ojalá fuera un mago, de ésos que sacan conejos del sombrero. Ojalá fuera tan fácil como un abracadabra volver todo a la normalidad. Pero es imposible, se recriminó mentalmente, mientras también descansaba su frente en el hombro del otro, formando una extraña figura. Imposible volver a través del espejo, imposible recuperar el tiempo perdido.

Sólo esperaba que IV no se arrepintiera de lo único bueno que tenían en ese momento, de lo único bueno que pudieron construir en los años de oscuridad, superando las peleas, la soledad y la tristeza. Sólo esperaba que IV no se arrepintiera de lo que han hecho y de lo que son. La única cosa que no cambiaría si tuviera que volver a vivirlo todo.

IV se lo confirmó al cerrar sus brazos entorno a su espalda, en torno a su ropa, hecha arrugas tras una larga noche.