N-A: Un nuevo cap para esta historia. Espero que les guste. Ya está en proceso el siguiente, el cual al parecer será más largo que este.
Disfruten la lectura. 😸
Fin de N-A.
Disclaimer: la franquicia de Harry Potter, al igual que la de Nanatsu no Taizai no me pertenecen, todo crédito es para sus respectivos y verdaderos creadores, yo solo los tomo prestados como forma de entretenimiento.
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Capítulo 7: Encuentro con Amigos.
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En muy poco tiempo Willow volvió al Caldero Chorreante, apenas atenta de por donde iba, ya que su mente estaba más ocupada pensando en que le diría a su padrino. Subió las escaleras que llevaban a su habitación, entró en ella e instantáneamente posó su mirada sobre Sirius, quien se encontraba transformado en el gran perro negro dormitando sobre la alfombra.
Cuando éste detectó su presencia, levantó la cabeza y comenzó a mover la cola felizmente.
-¡Hola, cachorra! -dijo el hombre con una suave sonrisa después de volver a su forma humana.
La azabache le devolvió la sonrisa con una algo tensa, lo cual Sirius notó, pero no dijo nada al respecto.
-Sirius, durante mi visita a Gringotts pude confirmar varias cosas que me dijiste -comenzó Willow.
El animago canino asintió sin decir nada, esperando pacientemente lo que su ahijada diría a continuación.
La joven ojiesmeralda profirió un pequeño suspiro. -Iré al punto, Sirius. A pesar de tus decisiones pasadas, quiero darte una oportunidad. Espero que esta vez, me pongas primero antes que tu venganza. Ya he pasado por muchas decepciones en cuanto a confiar en que los adultos tengan su mejor interés en mi bienestar. Realmente, realmente, espero que tu no seas una decepción más -le dijo Willow seria.
-Entiendo, Cachorra, y te demostraré que esta vez tu felicidad y bienestar serán mi máxima prioridad y mis acciones hablarán por ello -le aseguró Sirius con mucha determinación. El animago estaría para su ahijada como siempre debió haber sido de no ser por sus estúpidas decisiones que le costaron tanto a ambos.
Por primera vez, Willow le sonrió genuinamente a su padrino. Ella podía ver la sinceridad en sus palabras, algo que la reconfortaba mucho, pues era lindo saber que al fin un adulto a quien tal vez podría tomar más adelante como una figura paterna, estaría ahí para ella.
-Cuento con ello, Sirius -le dijo cálidamente.
El hombre tomó su forma canina y se acercó a Willow, seguidamente apoyó su cabeza contra la mano de la chica, quien no dudó en rascarlo detrás de las orejas divertida provocando que mejorara más su estado de ánimo.
Los siete Mandamientos salieron de la canasta y se dispersaron por toda la habitación para estirar las patas. Willow volvió a salir en busca del almuerzo, que para leve disgusto de Dobby, no podría preparar el mismo, porque necesitaban mantener su estadía en secreto, al igual que con Sirius para no alertar a nadie, sobre todo al director Dumbledore.
Tras regresar la ojiesmeralda, almorzaron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos meditando sobre todos los recientes acontecimientos.
Con los estómagos llenos y, sin nada más que hacer por ese día, Zeldris, Gloxinia, Monspeet y Melascula se habían subido a la cama, donde Willow se había sentado para leer su libro de Runas Antiguas, por su parte, Derieri, Drole y Estarossa, se habían recostado sobre un gran cojín quedándose dormidos hasta la hora de la cena. Sirius se había metido en el baúl para tomar un largo y relajante baño, por lo que solo la voz de la joven bruja rompía el silencio que había en la habitación.
-¿Sirius? -habló la ojiesmeralda, mientras todos cenaban horas más tarde.
-¿Sí, cachorra? -le preguntó el hombre, poniendo su atención en la chica.
Me estaba preguntando si no tendría problemas en Hogwarts por llevar a Hedwig y a mis siete gatitos -dio a saber sus preocupaciones la azabache.
-Hmm... No lo creo, cachorra, ya que al parecer hay un vínculo familiar entre ustedes, por lo que se te permitiría llevarlos a todos al colegio, pues en el mundo mágico el vínculo de un mago con su familiar es casi sagrado. No todos los magos pueden formar este tipo de lazo mágico y mucho menos con tantos animales a la vez -explicó Sirius con un tono de voz que denotaba el orgullo que sentía por Willow, al lograr tal hazaña.
-Ya veo -dijo Willow, feliz porque no tendría que dejar atrás a sus pequeños amigos felinos.
Los Mandamientos compartían el sentimiento. Querían estar para su pequeña humana, en donde su padrino no podía protegerla como éste deseaba. El hombre tenía muchas cosas que hacer fuera del colegio y no podría acompañar a Willow en su forma canina, además, no deseaban alertar más a Pettigrew, quien reconocería la forma canina del hombre si éste se iba a Hogwarts con ellos. Había la posibilidad de que la rata lograra escapar haciendo que Sirius Black no pudiera conseguir el juicio que quería. No podía haber ningún error, la rata debía ser capturada lo antes posible y ellos se encargarían de eso con ayuda de Hedwig y el elfo Dobby.
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Los días transcurrieron sin mucha novedad. Tal y como lo tenía planeado, Willow hizo un pequeño viaje al Londres Muggle para conseguir el tinte y las lentillas para Sirius. También compró algunas cosas extra, como nueva ropa, bolígrafos y otros artículos de escritorio, pues prefería usar estos cuando le tocaba hacer la tarea escolar en lugar de las plumas.
Sirius estaba muy dedicado a compensarla por todos esos años perdidos, pero para hacer eso bien, tenía que reclamar su título como Lord Black y trabajar por obtener un juicio para al fin dejar de esconderse y cuidar de ella correctamente como sus deberes de tutor mágico lo establecían.
Por el momento, ambos se contentaban cuando el hombre le contaba anécdotas sobre sus padres, en especial del padre de la adolescente, pues era con quien más había convivido Sirius al ser su mejor amigo.
Tres semanas después de llegar al Caldero Chorreante bajo sanas y abundantes comidas, constantes baños, un corte de cabello, así como el uso del tinte y las lentillas unos días antes le daban a éste un aspecto muy diferente al que tenía cuando se escapó de Azcaban.
Se veía más saludable y alegre, aunque de vez en cuando, los ojos del animago se ensombrecían con recuerdos de su tiempo en la horrible prisión y ciertas noches era atormentado por terribles pesadillas. Afortunadamente Dobby mantenía los hechizos insonorizantes, por lo cual no tuvieron problemas cuando estas se presentaron al final de la primera semana de su estadía en la taberna. Con el fin de no despertarlos con sus tormentos nocturnos, Sirius había comenzado a dormir en la habitación que poseía el baúl mágico que le dejaron sus padres.
Las pociones para dormir sin sueños solo se utilizaron cuando el ahora mago ojiazul llevaba varios días seguidos sin lograr dormir una noche completa, pero dado sus efectos secundarios, controlaban su uso.
Ese día, mientras Sirius hacía una visita a Gringotts, ella había estado en la heladería de Florean Fortescue haciendo su tarea acompañada de sus siete amigos felinos, quienes se hallaban relajados dentro de su nueva y cómoda canasta para gatos disfrutando del ameno día.
Por aquellos días llegaban al callejón Diagon muchos alumnos de Hogwarts, ya que faltaba poco para el comienzo del curso. Un par de horas más tarde, Willow se encontró a Seamus Finnigan y a Dean Thomas, compañeros de Gryffindor en la tienda Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch, donde los dos chicos se comían con los ojos a la nueva escoba, Saeta de Fuego. Como Buscadora de la Casa Griffindor y amante del vuelo, ella había tenido la misma reacción al ver la hermosa escoba, pese a ello, había aplastado con éxito las enormes ganas que le dieron en aquel momento de comprar la Saeta de Fuego, puesto que sería un gasto innecesario, debido a que ella ya poseía una escoba voladora en perfectas condiciones guardada en su baúl, sin contar también las otras escobas que tenía en la bóveda de Gringotts. La ojiesmeralda ese mismo día igual se tropezó en la puerta de Flourish y Blotts, con Neville Longbottom, otro compañero de la Casa Griffindor con el cual tenía una buena amistad, aunque no tan cercana como con Ron y Hermione.
Neville parecía haber perdido la lista de los libros, y su abuela, que tenía un aspecto temible, le estaba riñendo. Willow sintió compasión por el gentil rubio, y se acercó a ellos ofreciendo su ayuda para que pudieran conseguir la mayoría de los útiles escolares que el chico necesitaba, dado que ella ya había terminado con sus compras y ambos adolescentes compartían la mayoría de las clases, por lo que sus listas eran similares en el contenido.
-¿Tomaste Adivinación, Willow? -le preguntó Neville al leer su lista de útiles escolares.
-Sí, pero pienso en cambiar esta clase a Runas Antiguas, ya que al estudiar los libros que compré sobre la materia, noté que no tengo ninguna afinidad con ella, además me parece más útil y fascinante la materia de Runas Antiguas, se puede hacer tanto con ellas -le dijo la ojiesmeralda.
-Excelente eleccción -dijo la matriarca Longbottom asintiendo con aprobación-. Las Runas son muy utilizadas por los Rompemaldiciones. Con ellas se pueden crear barreras, igual se utilizan en rituales, para darle otras cualidades a los objetos, entre muchas otras cosas. Sus funciones son muy variadas -argumentó la mujer.
Lo dicho por Lady Longbottom reforzó la opinión favorable de Willow hacia las Runas, por lo cual, luego de que la chica se despidió de los Longbottom tras una tarde bastante enriquecedora, prometiendo mantenerse en contacto con su rubio amigo, en cuanto llegó a su habitación en el Caldero Chorreante Willow le escribió una carta a la profesora McGonagall pidiendo su retiro de la clase de Adivinación y su cambio a Runas Antiguas.
Dos días después la profesora le dio su respuesta, en donde la felicitó por su sabia decisión y le deseó lo mejor durante lo que quedaba de sus vacaciones. Anexada a la carta venía una pequeña lista que contenía los libros que necesitaría en su nueva clase y otro viaje de compras estuvo en orden esa misma mañana.
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Willow despertó el último día de vacaciones pensando en que vería a Ron y a Hermione al día siguiente, en el expreso de Hogwarts. Se levantó, se vistió, desayunó con su pequeña familia y salió acompañada de sus mininos, después de que Sirius le informara que de nuevo estaría en Gringotts, debido a que los goblins lo habían puesto en contacto con un buen abogado, quien estaba dispuesto a llevar su caso. Su padrino también había calmado sus preocupaciones ante su pronta partida a Hogwarts. La joven Potter se había estado preguntando en dónde viviría su padrino y días atrás le había hecho saber esto al hombre, el cual le contó que ya tenía un lugar y, debido a la cantidad de objetos peligrosos en él, los Goblins estaban eliminando dichos objetos o limpiándolos de la magia oscura en ellos, de igual forma, la futura residencia de Sirius estaba pasando por una renovación completa, por lo que durante un tiempo se quedaría en un hotel hasta que estuviera lista para ser habitada nuevamente.
Willow se alegró mucho por las buenas noticias, y le deseó suerte a su padrino, esperanzada a que si todo salía viento en popa, pasarían las vacaciones de navidad por primera vez, después de tantos años, juntos en familia. La ojiesmeralda fue a contemplar por última vez la Saeta de Fuego, y se estaba preguntando dónde iría a continuación cuando alguien gritó su nombre. Tanto ella como sus gatitos se giraron en dirección de la voz.
-¡WILLOW! ¡WILLOW! -allí estaban los dos, sentados en la terraza de la heladería Florean Fortescue. Ron, más pecoso que nunca; Hermione, muy morena; y los dos le llamaban la atención con la mano.
-¡Por fin! -dijo Ron, sonriendo a Willow de oreja a oreja cuando ésta se sentó, colocando suavemente la canasta para gatos a su lado-. Hemos estado en el Caldero Chorreante, pero nos dijeron que habías salido, y luego hemos ido a Flourish y Blotts, y al establecimiento de la señora Malkin, y...
-Compré la semana pasada todo el material escolar. ¿Y cómo se enteraron de que me alojo en el Caldero Chorreante? -cuestionó Willow.
"Mi padre". Contestó Ron escuetamente.
Seguro que el señor Weasley, que trabajaba en el Ministerio de Magia, había oído toda la historia de lo que le había ocurrido a tía Marge.
-¿Es verdad que inflaste a tu tía, Willow? -preguntó Hermione muy seria.
-Fue sin querer -respondió Willow, mientras Ron se partía de risa-. Perdí el Control.
-No tiene ninguna gracia, Ron -dijo Hermione con severidad-. Verdaderamente, me sorprende que no te hayan expulsado.
-A mí también -admitió Willow-. No sólo expulsada: lo que más temía era ser arrestada -Miró a Ron-: ¿No sabrá tu padre por qué me ha perdonado Fudge el castigo?
-Probablemente, porque eres tú. ¿No puede ser ése el motivo? -encogió los hombros, sin dejar de reírse-. La famosa Willow Potter. No me gustaría enterarme de lo que me haría a mí el Ministerio si se me ocurriera inflar a mi tía. Pero primero me tendrían que desenterrar; porque mi madre me habría matado. De cualquier manera, tú misma le puedes preguntar a mi padre esta tarde. ¡Esta noche nos alojamos también en el Caldero Chorreante! Mañana podrás venir con nosotros a King's Cross. ¡Ah, y Hermione también se aloja allí!
La muchacha asintió con la cabeza, sonriendo. -Mis padres me han traído esta mañana, con todas mis cosas del colegio.
-¡Estupendo! -dijo Willow, muy contenta, tomando nota de contarle esto a Sirius, para que anduviera con más cuidado por si Giny, Hermione o ambas la visitaban en su habitación para charlar o pasar una noche de chicas-. ¿Ya compraron todos los libros y el material para el próximo curso?
-Mira esto -dijo Ron, sacando de una mochila una caja delgada y alargada, y abriéndola-: una varita mágica nueva. Treinta y cinco centímetros, madera de sauce, con un pelo de cola de unicornio. Y tenemos todos los libros. -Señaló una mochila grande que había debajo de su silla-. ¿Y qué te parecen los libros monstruosos? El librero casi se echó a llorar cuando le dijimos que queríamos dos.
Los siete Mandamientos sonrieron ampliamente al escuchar esa última parte, evitando por poco reírse al imaginarse aquello.
-¿Y qué es todo eso, Hermione? -preguntó Willow, señalando no una sino tres mochilas repletas que había a su lado, en una silla.
-Bueno, me he matriculado en más asignaturas que tú, ¿no te acuerdas? -dijo Hermione-. Son mis libros de Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Adivinación, Estudio de las Runas Antiguas, Estudios Muggles...
-¿Para qué quieres hacer Estudios Muggles? -preguntó Ron volviéndose a Willow y poniendo los ojos en blanco-. ¡Tú eres de sangre muggle! ¡Tus padres son muggles! ¡Ya lo sabes todo sobre los muggles!
-Pero será fascinante estudiarlos desde el punto de vista de los magos -repuso Hermione con seriedad.
-¿Tienes pensado comer o dormir este curso en algún momento, Hermione? -preguntó Willow con preocupación pensando en lo saturada que estaría su amiga.
-Willow tiene razón, Hermione, son muchas clases -alegó Ron.
-Estaré bien, chicos, aunque gracias por su preocupación -les dijo Hermione muy segura de que podría con todo.
Willow y Ron compartieron una mirada algo exasperada, pero no discutieron más el asunto.
-Todavía me quedan diez galeones -dijo Hermione comprobando su monedero-. En septiembre es mi cumpleaños, y mis padres me han dado dinero para comprarme el regalo de cumpleaños por adelantado.
-¿Por qué no te compras un libro? -dijo Ron poniendo voz cándida.
-No, creo que no -respondió Hermione sin enfadarse-. Lo que más me apetece es una lechuza. Willow tiene a Hedwig y... -la chica hizo una pausa, posando su mirada en la canasta con los gatos, los cuales le devolvieron la mirada-. ¿De dónde los sacaste, Willow? -le preguntó Hermione haciendo un gesto hacia los mininos.
-Me los encontré en la calle, y decidí quedármelos al ver que no tenían dueño -respondió la ojiesmeralda acariciando una de las orejitas de Derieri, quien se encontraba más cerca de ella.
-Son muy lindos, aunque algunos tienen colores extraños -comentó la ojimiel.
Willow se encogió de hombros. -Parece que últimamente a la gente le gusta teñirle el pelaje a sus mascotas de colores muy llamativos.
-Muy cierto, tengo una prima que le pintó el pelo a su perrito de rosa, de un tono más brillante que el de tu gatito -dijo Hermione-. En fin, mi punto está hecho, ustedes dos tienen mascotas. Tú, Ron tienes a Errol...
-No, no es mío. Errol es de la familia. Lo único que poseo es a Scabbers -Se sacó la rata del bolsillo-. Quiero que le hagan un chequeo -añadió, poniendo a Scabbers en la mesa, ante ellas. Para Willow fue muy difícil no maldecir a la asquerosa rata ahí mismo.
-Me parece que Egipto no le ha sentado bien -concluyó el pelirrojo. Scabbers estaba más delgada de lo normal y tenía mustios los bigotes.
Willow estaba sonriendo para sus adentros al ver en tal estado al asesino de sus padres. Sospechaba que realmente era la fuga de Sirius lo que tenía así a la pequeña alimaña. La ojiesmeralda se puso de pie, y le dio unos dulces a sus gatitos. Mientras estaba en ello, les dijo en voz muy baja para no ser escuchada por sus amigos y el traidor, que estuvieran alerta y que aprovecharan cualquier oportunidad que se diera para que atraparan a la rata. Estos asintieron como toda respuesta, con sus ojitos brillando con emoción ante la futura cacería haciendo sonreír cariñosamente a Willow, la cual volvió a tomar asiento satisfecha.
-Ahí hay una tienda de animales mágicos -dijo la joven Potter, que por entonces conocía ya bastante bien el callejón Diagon-. Puedes mirar a ver si tienen algo para Scabbers. Y Hermione se puede comprar una lechuza.
Así que pagaron los helados, cruzaron la calle para ir a la tienda de animales. No había mucho espacio dentro. Hasta el último centímetro de la pared estaba cubierto por jaulas. Olía fuerte y había mucho ruido, porque los ocupantes de las jaulas chillaban, graznaban, silbaban o parloteaban. La bruja que había detrás del mostrador estaba aconsejando a un cliente sobre el cuidado de los tritones de doble cola, así que Willow, Ron y Hermione esperaron, observando las jaulas.
Un par de sapos rojos y muy grandes estaban dándose un banquete con moscardas muertas; cerca del escaparate brillaba una tortuga gigante con joyas incrustadas en el caparazón; serpientes venenosas de color naranja trepaban por las paredes de su urna de cristal; un conejo gordo y blanco se transformaba sin parar en una chistera de seda y volvía a su forma de conejo haciendo "¡plop!". Había gatos de todos los colores, una escandalosa jaula de cuervos, un cesto con pelotitas de piel del color de las natillas que zumbaban ruidosamente y, encima del mostrador; una enorme jaula de ratas negras de pelo lacio y brillante que jugaban a dar saltos sirviéndose de la cola larga y pelada.
El cliente de los tritones de doble cola salió de la tienda y Ron se aproximó al mostrador. -Se trata de mi rata -le explicó a la bruja-. Desde que hemos vuelto de Egipto está descolorida.
-Ponla en el mostrador -le dijo la bruja, sacando unas gruesas gafas negras del bolsillo.
Ron sacó a Scabbers y la puso junto a la jaula de las ratas, que dejaron sus juegos y corrieron a la tela metálica para ver mejor.
Willow dejó de prestar atención después de ello, y tomó unas golosinas para Hedwig, así como unos juguetes para sus gatitos, quienes la miraron incrédulos, no obstante, sus miradas alternaban con interés entre los juguetes y Scabbers, sacándole una risita divertida a la chica.
En ese mismo momento, Hermione miraba a las lechuzas, una por una, muy concentrada. Willow, por su lado, se volvió a acercar al mostrador con sus compras.
-Vale -dijo Ron-. ¿Cuánto...? ¡Ay!
Ron se agachó cuando algo grande de color canela saltó desde la jaula más alta, se le posó en la cabeza y se lanzó contra Scabbers, bufando sin parar.
-¡No, Crookshanks, no! -gritó la bruja, pero Scabbers salió disparada de sus manos como una pastilla de jabón, aterrizó despatarrada en el suelo y huyó hacia la puerta.
-¡Scabbers! -gritó Ron, saliendo de la tienda a toda velocidad, detrás de la rata;
Los gatitos hicieron amago de correr tras Ron y la rata, no obstante, Willow los detuvo y les dijo que todavía no era el momento indicado. De mala gana, la ojiesmeralda siguió también a su amigo.
Tardaron casi diez minutos en encontrar a Scabbers, que se había refugiado bajo una papelera, en la puerta de la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch. Ron volvió a guardarse la rata, que estaba temblando. Se estiró y se rascó la cabeza.
-¿Qué ha sido? -inquirió desconscertado el chico pelirrojo.
-O un gato muy grande o un tigre muy pequeño -dedujo Willow.
-¿Dónde está Hermione? -preguntó Ron.
-Supongo que comprando la lechuza -respondió la ojiesmeralda.
Volvieron por la calle abarrotada de gente hasta la tienda de animales mágicos. Llegaron cuando salía Hermione, pero no llevaba ninguna lechuza: llevaba firmemente sujeto el enorme gato de color canela.
-¿Has comprado ese monstruo? -preguntó Ron pasmado.
-Es precioso, ¿verdad? -preguntó Hermione, rebosante de alegría.
"Sobre gustos no hay nada escrito", pensó Willow. El pelaje canela del gato era espeso, suave y esponjoso, pero el animal tenía las piernas combadas y una cara de mal genio extrañamente aplastada, como si hubiera chocado de cara contra un tabique. Sin embargo, en aquel momento en que Scabbers no estaba a la vista, el gato ronroneaba suavemente, feliz en los brazos de la ojimiel.
-¡Hermione, ese ser casi me deja sin pelo! -replicó el ojiazul.
-No lo hizo a propósito, ¿verdad, Crookshanks? -dijo la morena.
-Ahora son ocho gatos. Mantendré a Scabbers lejos de ellos antes de que se lo coman -masculló Ron disgustado, escondiendo a su rata mascota en su pantalón, la cual estaba aterrada por las depredadoras miradas que le lanzaban los ocho felinos.
-¡Cálmate, Scabbers! -trató de tranquilizarlo el pelirrojo para que éste dejara de rasguñarlo, pues el animal se hallaba consumido por el pánico que sentía ante los peligrosos gatos-. ¡Ven, ahora está totalmente asustado! -refunfuñó el pelirrojo.
Hermione rodó los ojos. -Puedes calmarte -espetó la castaña-. Crookshanks y los gatitos de Willow no le harán nada a Scabbers.
-Lo dudo mucho -replicó el chico todavía enojado pensando en como Crookshanks casi mata a su rata.
-Eso me recuerda que te olvidaste el tónico para ratas -dijo Hermione, entregándole a Ron la botellita roja-. Y deja de preocuparte. Crookshanks, así como los gatitos de Willow dormirán en nuestro dormitorio y Scabbers en el tuyo, ¿qué problema hay? El pobre Crookshanks... La bruja me dijo que llevaba una eternidad en la tienda. Nadie lo quería.
-Me pregunto por qué -masculló Ron sarcásticamente, mientras emprendían el camino del Caldero Chorreante. Encontraron al señor Weasley sentado en el bar leyendo El Profeta.
En cuanto vio a Willow, la saludó jovialmente a lo que la chica le devolvió el saludo cortesmente. Inmediatamente el tema de conversación fue su padrino, quien continuaba siendo implacablemente buscado por el Ministerio de Magia, cosa que despertó las preocupaciones de Willow, pese a que sabía que él se encontraba sano y salvo. Momentos después entró la señora Weasley con Giny, Percy y los gemelos Fred y George, cargados con varias compras.
Todos ellos la saludaron y felicitó a Percy por su insignia de Premio Anual. Percy se lo tenía bien ganado, pues era bastante aplicado en sus clases.
Como era de esperarse, los gemelos no perdían oportunidad de burlarse de su hermano, para molestia de la señora Weasley, quien al contrario, rebosaba de orgullo por el logro de su hijo, reprendiendo a los gemelos por no ser un mejor ejemplo para Giny, la cual reía por todo el asunto.
Irritado, Percy subió a su habitación a cambiarse antes de cenar. Willow se excusó diciendo lo mismo.
-. Chicos, bajo en un momento -le avisó la ojiesmeralda a sus gatos, recibiendo un adorable maullido por parte de todos.
-Hermione, ¿puedes cuidarlos por mí un rato? -le preguntó Willow.
-Claro, Willow -estuvo de acuerdo la morena.
-Gracias, Hermione -le dijo.
Willow subió y en cuanto entró a su habitación, vio a su padrino. -Hola Sirius. ¿Cómo te fue? -le preguntó la joven Potter al hombre, quien ordenaba tranquilamente unos documentos.
-Excelente, cachorra. La copia que me entregaste del testamento de tus padres podría acelerar el proceso de mi futura exoneración -le informó el ojiazul con una gran sonrisa-: de todos modos mi abogado estará exigiendo un juicio apoyándose en ese documento, así como los derechos que tengo al ser el Lord de una antigua casa noble.
-¡Eso es maravilloso, Sirius! -exclamó la chica muy feliz, puesto que parecía que todo estaba a favor de su padrino. Solo faltaba que capturaran a Pettigrew-. Por cierto, Sirius, te aviso que los Weasley y Hermione están aquí.
-Entiendo -dijo éste, asintiendo serio-. Tendré cuidado, es más, estaré en el baúl revisando unos documentos el resto de la noche. Le diré a Dobby que me traiga la cena.
-Muy bien, Sirius -le dijo la ojiesmeralda-. Otra cosa, veremos la forma de capturar a la rata en Hogwarts. Ron la a mantenido con ella, así que será difícil capturarla por ahora.
-Bien -respondió el actual Lord Black, comprendiendo la situación-. En fin, diviértete con tus amigos, Willow, y no te duermas muy tarde.
-Sí, gracias -Willow vio como Sirius entró al baúl. Sin querer retrazarse y ansiosa por una deliciosa cena, la última Potter se preparó y, seguidamente, bajó al comedor de la taberna.
Aquella noche la cena resultó muy agradable. Tom, el tabernero, juntó tres mesas del comedor; y los siete Weasley, Willow y Hermione tomaron los cinco deliciosos platos de la cena. Como siempre suele hacerlo, Willow le dio a cada uno de sus amigos felinos tazones llenos de deliciosa comida que éstos comenzaron a devorar con gusto.
En el transcurso de la cena, se habló de como se transportarían hasta la estación de King's Cross la mañana siguiente. El señor Weasley les dijo que el Ministerio pondría a su disposición un par de coches, dando el pretexto de que se los habían prestado porque era uno de sus funcionarios.
Willow lo sabía mejor. Temían por ella y les estaban prestando esos coches para mantenerla a salvo de su prófugo padrino. Si supieran...
Después de la cena todos se sentían algo pesados y adormilados. Uno por uno, fueron subiendo las escaleras hacia las habitaciones, para ultimar el equipaje del día siguiente. La habitación de Ron y Percy era contigua a la de Willow. Acababa de cerrar su baúl con llave cuando oyó voces de enfado a través de la pared, y fue a ver qué ocurría.
-Que humanos tan escandalosos -refunfuñó Melascula tratando de tomar su cuarta siesta del día, luego de ver a su humana salir de la habitación.
-Ya sé... ¡Quiero dormir! -se quejó Estarossa.
-Mañana nos iremos con Willow a ese colegio de magia -reflexionó Zeldris ignorando a su hermano, sintiendo curiosidad por dicho lugar.
-Será interesante -comentó Gloxinia-. Sin embargo, será molesto tener tantos niños alrededor.
-Además estaremos quedándonos en el dormitorio de las chicas -les recordó Derieri, mirando a los varones del grupo.
-No andaremos de mirones, si a eso te refieres -espetó Zeldris. Estarossa, Drole, Gloxinia y Monspeet asintieron visiblemente indignados.
-Más les vale -advirtió con tono amenazante la gatita naranja sacando sus garras.
Los cinco Mandamientos bufaron molestos. Ellos jamás harían eso, no eran Meliodas.
-Hay que estar atentos cuando ellas se cambien de ropa a plena vista -les dijo Drole-. Tengan en cuenta que ellas pensarán que somos simples gatos, no quienes en realidad somos.
-Cierto, no obstante, tampoco pasaremos tanto tiempo en los dormitorios de las chicas, recuerden que tenemos una rata que cazar -alegó Gloxinia jugando con sus patitas.
-Es correcto -concordó Zeldris-. Una fea y gorda rata que tiene mucho que pagar.
-Solo debemos ser pacientes y esperar el momento correcto, tal y como nos dijo Willow -comentó Estarossa acomodándose mejor en la gran cama.
-Sí -dijeron los demás al unísono con sonrisas sádicas.
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Willow regresó un tiempo más tarde. La última Potter había escuchado una conversación muy interesante entre el señor y la señora Weasley cuando fue a revisar si el tónico para ratas que había comprado Ron se había quedado en el comedor. Después de que el matrimonio Weasley terminara de hablar y subiera a su habitación, ella tomó el tónico que se hallaba debajo de la mesa y se lo dejó a Ron en su cama.
Willow entró al baúl encontrando a Sirius en la biblioteca firmando unos papeles. De inmediato le había contado al animago canino lo que había escuchado, sintiendo leve aprensión cuando llegó a la parte en la que le informaba que los guardianes de la prisión de Azcaban lo estaban buscando, ya que su padrino se puso algo pálido. Sin embargo, éste le aseguró que tenían todo bajo control y que nada le sucedería.
Ella quería preguntar quienes eran esos guardianes, y por qué todos les temían tanto, pero algo le decía que no le gustaría saberlo. Dándole las buenas noches a Sirius, la joven Potter se fue a dormir, bajo el cuidado de sus siete protectores mininos, su loco elfo doméstico y su fiel lechuza, sintiendo una creciente emoción por comenzar mañana su tercer año en Hogwarts.
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Fin del Capítulo.
N-A: Algunas frases de este capítulo fueron tomadas del libro Harry Potter y el Prisionero de Azcaban, créditos a su autora J.K. Rowling.
Fin de N-A.
