Norberto el Ridgeback Noruego
Las vacaciones de Pascua habían pasado en un parpadeo.
La cantidad de tareas extra que les daban los profesores no hacía más que aumentar con el paso de los días, asi que las reuniones nocturnas en la sala común pasaron de ser exclusivamente para estudiar. Por suerte Wood había reducido la frecuencia de las prácticas, porque también tenía sus exámenes, y Harry pudo ponerse al día rápidamente con ayuda de Hermione.
Neville también se había sumado a algunas sesiones de repaso. Su abuela le había mandado una carta hace unos días, preocupada por la salud de su tío abuelo Algie. El hombre ya mayor había contraído un caso fuerte de viruela de dragón y lo habían internado en San Mungo y, aunque se estaba recuperando bien, le había dado a Neville un motivo para esforzarse – No puedo darle otra mala noticia a mi abuela – le había dicho.
Lavander y Parvatti le estaban prestando más atención de lo normal a Hermione y eso le molestaba un montón. La noche anterior Lavander, después de ignorarla descaradamente por semanas, le había dicho que su cabello se veía bonito y le regaló una rana de chocolate- ¿En serio? No puede ser más obvia- Hermione, siempre políticamente correcta, le había agradecido con una sonrisa educada. No creía en la sinceridad de Lavander pero tampoco iba a increparla, aunque por dentro se preguntaba cuanto tiempo tardaría en pedirle ayuda con las tareas.
Entre medio de la vorágine, una mañana durante el desayuno Hedwig entró volando al Gran Comedor y le dejó una nota a Harry que solo decía "Está a punto de salir".
- ¿Es mucho pedir una mañana tranquila? - se quejó Hermione. La noche anterior no había dormido casi nada, en parte porque se quedaba hasta tarde repasando, y también porque había tenido pesadillas en las que McGonagall la reprobaba, cosa que la tenia más susceptible de lo normal.
-Tenemos que ir- dijo Harry nervioso.
-Podemos faltar a Herbología y...-
-Ni lo sueñes Ron, los exámenes están a la vuelta de la esquina. Además, cuando descubran lo que Hagrid está haciendo nos meteremos todos en problemas-
-No podemos dejarlo solo- insistió Harry.
-Ya lo sé, pero no he encontrado nada en los libros que pueda ayudarnos, solo vamos a estorbar-
-Oh vamos ¿Cuántas veces en la vida veremos nacer un dragón? - rogó Ron.
Hermione se frotó los ojos con fuerza, le ardían y estaba segura de que los tenía rojos –Bien, pero esperemos al recreo-
-Vale- accedió Ron a regañadientes.
Durante el camino a la clase de Herbología Ron y Hermione se la pasaron discutiendo sin parar. Harry, harto de escucharlos pelear, aceleró el paso para llegar al aula lo antes posible.
En clase tuvieron que cosechar las hojas de varias ortigas urticantes, que después usarían para practicar pociones. Por culpa del cansancio Hermione las tocó un par de veces con las manos desnudas y a mitad del período ya las tenía dolorosamente rojas e inflamadas.
Cuando estuvo a punto de tocarlas por tercera vez una mano pálida la sujetó por la muñeca.
- ¡Profesora Sprout! - gritó Ron a su lado – No me encuentro bien ¿puedo ir a la enfermería? Hermione Granger se ofreció a acompañarme-
Hermione abrió los ojos sorprendida - ¿Qué haces? - le susurró.
-Silencio- respondió el pelirrojo en el mismo tono.
- ¿Señor Weasley? ¿Qué es lo que tiene? - preguntó la profesora mirándolo de arriba abajo.
-Es el desayuno de esta mañana profesora, no debí mezclar los huevos revueltos con el pastel de chocolate...-
-Vale lo entiendo, váyanse rápido antes de que tenga un accidente en mi aula- dijo la profesora frunciendo la nariz con desagrado.
Ron no perdió tiempo y la arrastró fuera del aula, no sin antes avisarle a Harry que los busque en la puerta del castillo en el recreo. Hermione se dejó llevar a través de los pasillos en dirección a la enfermería, todavía confundida por lo que estaba pasando.
- ¿Ron? ¡Ron! ¡Alto! - gritó cuando estaban por llegar - ¿Qué crees que estás haciendo? Los exámenes...-
- ¿Puedes calmarte un minuto? Los exámenes no van a ir a ningún lado y tú necesitas que alguien te vea eso- dijo mostrándole sus palmas enrojecidas – si sigues así vas a lastimarte -
Sus manos se veían horribles, ni siquiera Hermione, con todo el malhumor del mundo, podía discutirle. Tenía razón había sido una tonta y se había lastimado por no querer parar a tiempo.
Cuando llegaron a la enfermería Madame Pomfrey los recibió enseguida. La enfermera era una mujer de unos sesenta años, bajita y muy delgada, se la conocía por ser muy amable con todo el mundo, pero también era muy estricta y obsesiva con el orden y la limpieza.
La revisó rápidamente y le dio un ungüento para las manos – Puedes quedarte en esa camilla hasta que te sientas mejor – le dijo la mujer antes de seguir con sus cosas.
-No hace falt...-
-Lo hará, gracias- respondió Ron interrumpiéndola.
Hermione lo acompañó hasta la camilla con el ceño fruncido - ¿Y ahora qué? - protestó.
- Sé que no pudiste dormir. Descansa, te despertaré cuando termine la hora- Se sentó al lado suyo y sacó unos cromos del bolsillo de la túnica para entretenerse.
-Seguro que solo querías saltarte las clases y me usaste como excusa- murmuró quejosa, mientras se recostaba en la camilla dándole la espalda. Ron no respondió, pero se encogió de hombros con una sonrisa pícara que decía "me atrapaste".
Si bien no todo eran buenas intenciones, la verdad es que estaba cansada y se moría de ganas de dormir un rato más. Nunca había considerado a Ron como una persona detallista, más bien al contrario, casi nunca le preocupaba nada que no tenga que ver con él, pero de alguna manera se había dado cuenta de que había estado durmiendo mal y quiso ayudarla aunque habían estado discutiendo toda la mañana.
A la hora del recreo Ron la despertó como prometió y ambos bajaron a reunirse con Harry. Hermione se sentía renovada, hacía semanas que no dormía tan bien y las manos ya no le dolían.
- ¡Harry! - lo llamó con una sonrisa. El chico los estaba esperando sentado en los escalones de la entrada principal.
-Se ve que estás mejor- le dijo el moreno devolviéndole la sonrisa. Al parecer él también había notado su mal humor esta mañana.
-Solo necesitaba una siesta- comentó Ron.
-Vamos antes de que sea tarde- dijo Harry y los tres corrieron por el parque hasta el borde del bosque.
Cuando golpearon la puerta Hagrid les abrió rápido - Ya está por salir, entren- les dijo con una sonrisa radiante en su cara.
El gigante cogió unas manoplas y sacó el huevo del fuego para dejarlo sobre la mesa – Cuidado, está muy caliente – les advirtió, cuando soltó el huevo la manopla estaba negra y humeaba.
Todos se apretujaron en la mesa viendo como el huevo se meneaba y se resquebrajaba de a partes. De pronto se oyó un ruido y la cola del animal atravesó el cascaron, abriendo paso al recién nacido.
El dragón era negro, del mismo color que el huevo, tenía unos enormes ojos anaranjados iguales a las brasas de la chimenea, era flacucho, alargado y se veía desproporcionado en comparación de sus largas alas. No lo describiría como bonito, pero era tan fascinante que no podías apartar los ojos de él.
Hermione retrocedió cuando el animalito la miró fijamente, por suerte Hagrid lo distrajo cuando estiró la mano, que todavía estaba enguantada en la manopla quemada, y lo acarició por debajo de la barbilla - ¿No es una lindura? Miren conoce a su mamá, hola Norberto-
- ¿Norberto? - preguntó Harry.
- ¿Lindura? - dijo Ron.
-Bueno... tiene que tener un nombre ¿no? - Un segundo después Norberto estaba mordiendo la mano de Hagrid a través del guante. Al gigante se le escaparon algunas lagrimitas de los ojos, no sabía si eran de emoción o de dolor.
-Hagrid ¿Cuánto tarda un Ridgeback noruego en crecer? - preguntó Hermione pálida. Si así se comportaba con menos de un día de nacido, no quería imaginarse como sería de adulto.
Hagrid atinó a responder, pero de repente se puso tan pálido como ella – Alguien estaba mirando por la ventana-
Harry se lanzó hacia la puerta y luego volvió a entrar hecho una fiera – Era Malfoy, está corriendo directo hacia el castillo-
-Va a irle con el chisme a Snape- dijo Hermione angustiada.
La cabaña se sumió en un profundo silencio, que solo era interrumpido por el ruido de la chimenea y los mordiscos que Norberto le daba cada tanto a Hagrid.
-Váyanse rápido, yo lo esconderé- declaró Hagrid y los sacó de su casa antes de que puedan opinar.
Los tres corrieron sin parar hasta el único lugar en el que podían estar a salvo de Malfoy y Snape: La torre de Gryffindor. Cuando llegaron a la sala común se dejaron caer exhaustos en el primer sillón vacío que encontraron.
-Tenemos que convencer a Hagrid para que lo libere- dijo Harry.
- ¿Pero cómo? Seguro Malfoy ya lo delató, no tenemos tiempo- dijo Ron.
-Confiemos en Hagrid, él dijo que lo ocultaría, es nuestra única oportunidad- concluyó el moreno y nadie discutió.
Ninguno de los tres puso un pie fuera de la torre de Gryffindor durante el resto del día por miedo a ser atrapados. Hermione no se atrevió a quejarse a pesar de que se habían perdido las clases de la tarde, y tampoco bajaron a cenar, aunque por suerte pudieron convencer a Neville de que les traiga unos bocadillos.
Hermione no durmió en toda la noche y, a la mañana siguiente, le dolía el estómago de los nervios.
A las 8 en punto de la mañana los tres se encontraban reunidos junto al retrato de la dama gorda, sin animarse a salir.
-Snape está del otro lado esperando, estoy seguro, puedo oler su túnica desde aquí- dijo Harry lívido.
- ¿Creen que pueden expulsarnos por esto? - preguntó Hermione temblorosa, aunque ya sabía la respuesta. Se sabía las reglas de memoria, y esconder un dragón las infringía casi todas.
- ¿Expulsarnos? Pueden mandarnos directo a Azkaban- dijo Ron -Creo que voy a vomitar-
-Recuerden el plan, si nos atrapan fingimos que no sabemos nada, Malfoy no puede probar que nos vio en la cabaña, luego encontraremos la manera de ayudar a Hagrid ¿Entendido? -
-Entendido- respondieron Ron y Hermione al unísono.
-Salimos a la de tres: uno, dos, ¡Tres!- gritó Harry y dieron un salto fuera de la sala común.
Hermione esperaba encontrarse a Snape y McGonagall en la puerta, y tal vez al mismísimo Dumbledore, con su carta de expulsión en una mano, y un par de esposas en la otra.
Para sorpresa del trío nadie estaba esperándolos del otro lado del cuadro.
-Bueno... Eso no me lo esperaba- dijo Ron - ¿Será que fueron al baño? -
- ¿Y no toman turnos? - preguntó Hermione igual de confundida que él.
- ¡Corramos antes de que vuelvan! - gritó Harry y los tres salieron disparados hacia la cabaña de Hagrid.
Les llamó la atención lo tranquilo que se veía todo en la casa del guardabosques. Harry y Ron golpearon como locos la puerta mientras Hermione vigilaba a sus espaldas.
Hagrid abrió la puerta unos segundos después con cara de dormido- Oh ¿Son ustedes? -
- ¿Qué pasó? ¿Encontraron a Norberto? - preguntó Harry con urgencia.
-Bueno verán, después de que se fueron escondí a Norberto adentro de un caldero y me senté a esperar, pero la cosa es que nadie vino a verme-
- ¿Cómo puede ser posible? - preguntó Hermione.
-Es probable que el chico no haya podido distinguir nada y solamente corrió porque se asustó-
-Hagrid, debes liberarlo antes de que sea demasiado tarde, incluso si nos salvamos está vez es muy peligroso- suplicó Hermione.
-No puedo liberarlo, es muy pequeño. No va a sobrevivir - dijo el gigante angustiado.
-A este paso somos nosotros los que no vamos a sobrevivir - respondió Ron apretándose el pecho con dramatismo.
-No deberían preocuparse, yo puedo manejarlo, déjenlo en mis manos. Cómo sea ustedes será mejor que vayan a desayunar, están muy blancos- les dijo y les cerró la puerta en la cara.
Los tres fueron al Gran Comedor porque ciertamente estaban hambrientos después de saltarse la cena de anoche.
A pesar de los nervios comieron con ganas, aunque seguían dando respingos en el asiento cada vez que pasaba un prefecto o un profesor por delante suyo.
- ¿Creen que Malfoy no lo vio? - preguntó Hermione en medio del desayuno.
-No lo sé- respondió Harry pensativo.
Cuando Draco entró al Gran Comedor y les dedicó una sonrisa maligna la respuesta llegó rápida como un rayo.
-Lo sabe y está jugando con nosotros- declaró Harry.
El resto de la semana pasaron la mayor parte de su tiempo libre en la cabaña de Hagrid, intentando convencerlo de liberar a Norberto. Hermione había estado de los nervios todos los días, ni siquiera podía sentarse a estudiar sin que se le aparezca la tonta cara de Malfoy en la mente. A las pesadillas sobre ser reprobada se le habían sumado las cartas de expulsión, así que tampoco había podido descansar por las noches.
Uno de esos días a Ron se le ocurrió una idea – Mi hermano Charlie cuida dragones en Rumania, podemos pedirle que se lo lleve-
-Es brillante- le dijo ella. Si no hubiese estado tan cansada se habría levantado a abrazarlo.
Ron le escribió una carta a su hermano, explicándole la situación, y esa noche Hermione durmió tranquila.
Lamentablemente la calma no duró mucho porque dos días más tarde llegaría la respuesta de Charlie.
-" Querido Ron"- empezó a leer en voz alta el pelirrojo- "Estaré encantado de quedarme con el Ridgeback noruego"-
-Gracias a Merlín- dijo Hermione soltando el aire de sus pulmones.
-" sin embargo no será fácil traerlo hasta aquí"-
-Claro que no, nada puede ser fácil nunca- lo interrumpió Harry tirándose de los pelos.
- ¿Quieren dejarme leer? - se quejó Ron.
-Perdón- se disculparon Harry y Hermione.
-" tengo unos amigos que vendrán a visitarme la semana próxima, ellos pueden llevarlo, pero no pueden verlos viajando con un dragón ilegal ¿podrían llevarlo a lo alto de la torre el sábado a la medianoche para el traslado? Espero tu respuesta-
-No debería ser tan difícil, tenemos la capa de invisibilidad - opinó Harry.
-Tampoco tenemos más opciones- dijo Hermione.
Por suerte pudieron convencer a Hagrid de darle a Charlie el dragón, aunque todavía faltaba hacer la entrega.
Ron le respondió la carta a su hermano confirmando el plan y ahora solo quedaba esperar.
A Hermione le pareció que había sido la semana más larga de su vida.
Aunque habían seguido yendo a clase y haciendo sus tareas las horas pasaban a cuentagotas. Para cuando llegó el día de la entrega Norberto era el triple de grande y dos veces más mala leche que cuando nació. Su actividad favorita era morder los tobillos de Hagrid y sus invitados, o sea ellos, cuando se sentaban a tomar te.
No veían la hora de sacarse a Norberto y a Malfoy de encima. Ron la había pasado particularmente mal, porque Malfoy lo había tomado de punto por culpa de la pelea que habían tenido durante el partido de Quiddich. -Es insoportable, durante la clase de pociones metió una babosa cornuda en mí caldero. Snape me regañó por echar a perder la poción pero no puedo acusarlo por culpa de Norberto- le había dicho hace unos días.
El sábado pasaron toda la tarde en la sala común, Hermione les insistía para que repasen para los exámenes, pero Ron y Harry no estaban muy inspirados.
-Ron deberías revisar tu libro de pociones, si Snape te regañó va a tenerte en la mira la semana próxima, además tenemos que aprender a hacer la poción pompion, intenta memorizarla.
Ron protestó un rato, pero al final se levantó a buscar su mochila para ponerse a repasar. Cuando volvió del dormitorio estaba pálido y tenía una cara de susto como si hubiera visto un fantasma.
-El libro, no lo tengo- dijo con la voz temblorosa.
- ¿Qué libro? -le preguntó.
-El de pociones...-
-Toma, usa el mío- le ofreció.
-No lo entiendes Hermione, la carta de Charlie estaba en ese libro-
- ¿Dónde lo dejaste? - preguntó Harry levantando la cabeza del sillón.
-Lo tenía en clase el miércoles a la mañana cuando Malfoy...-
Se hizo un silencio incómodo.
- ¿No creerás que...? - empezó ella.
-Estamos jodidos-
- ¡Ron! Cuida tu lenguaje-
- ¡El lenguaje no es importante en estos momentos! Malfoy sabe que vamos a entregar a Norberto está noche-
-Estaremos bien, Malfoy no sabe que tenemos la capa- dijo Harry -Sigamos con el plan, tenemos el factor sorpresa-
A la hora pactada fueron a la cabaña de Hagrid escondidos bajo la capa de invisibilidad de Harry.
El dragón estaba encerrado dentro de una jaula en la que solo hacía dos días atrás cabía perfecto, pero hoy entraba de milagro. A Hagrid se le caían las lágrimas sin control por las mejillas – Voy a extrañarlo - confesó entre lagrimeos – tiene muchas ratas y brandy para el viaje, también le puse su peluche favorito, por si se siente solo-
Seguro que Hermione hubiera sentido más pena por Hagrid en otras circunstancias, pero estaba tan nerviosa por deshacerse de Norberto que no pudo empatizar.
Harry y Ron cargaron la jaula y Hermione los cubrió a los cuatro con la capa mientras Hagrid se despedía entre sollozos - ¡Adiós Norberto! Mamá siempre te recordará -
-Vámonos antes de que se arrepienta- dijo Harry y emprendieron la marcha.
Apenas se las arreglaron para subir la jaula hasta la torre, los tramos de escaleras eran cada vez más largos y Norberto se divertía mordiéndole los dedos a Ron cada vez que se descuidaba.
-Auch, me va a arrancar un dedo- se quejó Ron cuando Norberto le mordió la mano por quinta vez.
-Shh, silencio alguien viene- advirtió Hermione y los tres se pegaron contra la pared, intentando no hacer ruido.
McGonagall bajaba por la escalera arrastrando a Malfoy por la oreja mientras el chico chillaba como un cerdo.
-No lo entiende profesora, Harry Potter vendrá ¡Y tiene un dragón! -
- ¿Cómo se atreve a inventar tal tontería? ¡No hay excusa para estar merodeando por las noches! ¡Tendrá un castigo ejemplar y veinte puntos menos para Slytherin! -
No se movieron hasta que la torre se quedó en completo silencio. El resto de la subida les pareció un camino de rosas por la alegría de saber que Malfoy estaba en problemas. Cuando llegaron a lo más alto se sentaron a esperar que aparezcan los amigos de Charlie.
-No puedo creer que castigaron a Malfoy ¿vieron su cara? - se burló Ron.
- ¡Lo se! Es genial, se lo merece por estar molestando toda la semana- dijo Hermione.
- ¡Miren! Ya llegaron-
Cuatro escobas aparecieron en la oscuridad y aterrizaron en la torre. Los amigos de Charlie eran muy agradables y se los veía emocionados de poder ayudar. Prepararon unos arneses que tenían para suspender a Norberto entre ellos y, luego de ajustarlo para que tenga un viaje seguro, se despidieron y desaparecieron tan rápido como llegaron.
Los tres respiraron aliviados cuando vieron marcharse a Norberto, por fin un problema menos.
Bajaron corriendo a toda velocidad de la torre. Harry y Ron iban distraídos, pensando en que mañana, domingo, podían dormir hasta tarde sin preocupaciones. Hermione, que siempre se levantaba a la misma hora, esta vez coincidió con ellos: les vendrían bien unas cuantas horas de sueño extra después de la locura de semana que habían pasado.
Cuando casi llegaban al pie de la escalera Harry se detuvo en seco – Oigan, olvidamos la capa- les avisó.
-Oh, no puede ser ¿tenemos que volver todo el camino? - se quejó Hermione, que no veía la hora de llegar a su cama.
-Yo puedo volver por ella, nos vemos en la torre- dijo Ron antes de volver corriendo escaleras arriba.
Harry y Hermione asintieron y siguieron su camino entre bostezos. Estaban tan cansados que no se dieron cuenta que había alguien esperándolos abajo.
-Vaya, vaya- dijo Filch con una sonrisa torcida que solo podía significar una cosa.
Estaban en graves problemas.
