Soy experta en complicarme la vida. No tengo suficiente tiempo como para sentarme a escribir todos los días, espero que me entiendan.

La belleza de Hinata es proporcional a las futuras tragedias que va a vivir, así que no piensen que exagero ya que… va a sufrir… Hay lemon, y me temo que me culparan de banshin, pero no tengo nada en contra de ningún personaje, solo aluciné. Si no quieren leer el lemon no lean la segunda sección en cursiva.

Próximamente más acción y desamor… OoO!

Si, el estrés también me mata a mi… así que tengo que descargarme en algún lado no creen?


-No, nos iremos hoy mismo por un camino seguro, Naruto ya se ha encargado de eso- respondió tranquilamente con su suave y delicada voz. Ino y Anko querían hacerla desistir de irse ese mismo día de Suna, pero ella sentía la necesidad de escapar del mundo al lado de Naruto. Si en aquel oasis de Suna había flaqueado a su convicción de fidelidad a Sasuke no quería estar presente de quienes eran allegados a ella y que comenzaran a sospechar. Si, su hermana podía estar percátandose poco a poco, pero no lo confrontaría por completo hasta tener una prueba, y ellos estaban siendo demasiado discretos. Sabían que no estarían acompañados de nadie en momentos muy cortos, pero pese a eso, parecía como si supieran leer el aura del otro con solo mirar una décima de segundos a sus ojos para saber las palabras que se estaba dedicando en medio de una conversación entre sus almas que solo ellos sabían decifrar.

-Pero Hinata…-

-Ya déjala Ino,- habló Anko algo tosca con las palabras, tal y como había sido siempre. -Si se quiere ir que se vaya, ni que fuera a irse al otro lado del mundo-

-Anko sensei…-

-Mejor vamos por un poco de sake para seguir celebrando- continuó indicándole con una afirmación de la cabeza que siguiera ella primero después de ser la evocadora para irse del lado de la joven que la mayoría de los invitados a esa fiesta, sabían que sería la próxima señora Uchiha. –Adelántate, tengo algo más que decirle a Hinata chan antes de que se valla- exclamó un segundo antes de irse, a lo que Ino, a pesar de saber por donde iría esa conversación, no tuvo más remedio que hacer caso omiso a quien seguía siendo una superior de ella por edad y rango. Aún cuando ella ya estuviera próxima a casarse también.

Ronin:

La Princesa y el Samurái

En cuanto se hubo alejado Ino Anko borró la sonrisa de su rostro y volteó a ver a Hinata con severidad y rigor en la mirada. Había una terrible mueca de disgusto y a la vez pena en su tez por ella. Como si hubiera cometido el peor error de su vida, -y eso que nadie los había visto a ella y a Naruto o por lo menos llegado a sugerir algo-, pero Anko le llevaba ventaja como mujer de mundo conocedora de la vida. Llevaba, por mucho, un largo camino de experiencias en lo que se trataba de relaciones comparado al carente recorrido de Hinata en el aún verde sendero de su existencia. Y no se iba a detener en decirle todo lo que tenía que decirle, pero para no sospechar solo lo abrevió con unas cuantas palabras.

Capítulo seis: Ruin

-De niña tu padre te llevó a la Casa de Damas para que aprendieras todos los modales que una joven debe poseer y portar con orgullo, una verdadera señorita- hizo una pausa suspirando en el aire los recuerdos de cómo la había tratado tantas veces de manera cruel para tratar de formarle carácter, pero ella, casi como si estuviera dispuesta a someterse a los golpes que le daba a su orgullo y confianza con cada palabra, comentario o acción para con ella, Hinata no quitaba esa sonrisa bondadosa de su rostro. –Sabes que Normalmente chicas tan importantes como tu, primogénita del Clan Hyuuga, no tendrían que ir ahí si normalmente son educadas en casa por los miembros de su propia familia; pero Hiashi sama tenía miedo de que estuvieras la mayor parte del día con ese amiguito del que te apegaste tanto desde que eras niña que fue correcto lo que hizo para evitar que escaparas de la mansión cada que te lo proponías con ese... aprendiz de samurái rubio de ojos azules maltratado por el pueblo. Eras la única que le hablaba sin crueldad ni temor, realmente le brindaste tu amistad, y desde entonces empezaste a quererle…-

El regaño de Anko estaba cambiando de rumbo al mencionar todas esas cosas, pero con lo último que tenía para decirle era más que suficiente para hacerla desfallecer.

-Recuerdo lo felices que estábamos Kurenai, Anko y yo cuando nos enteramos de tu boda, los rumores de las salidas que tenías con Sasuke Uchiha nos dieron una luz de cómo podrían desencadenarse las cosas y mira, no fallamos en deducir que acabarían estando juntos, y por lo que hemos visto muy felices-

Por un segundo el corazón de la pelinegra de nívea piel se estrujo tal y como una esponja siendo exprimida para quitarle el exceso de agua que tuviera. Esa era la sensación que tenía en su pecho, como si tomaran su corazón y lo estrujaran con fuerza sin una sola gota de compasión.

-Sasuke pasó a ser un miembro de Konoha más abierto desde que esta contigo, solo a tu lado se le ve sonreír y estar plenamente feliz, y todo se debe a tu compañía- comenzó a girarse para ir hacia donde había ido Ino anteriormente, Hinata por su parte, se había quedado inmóvil con los pies clavados en el piso de madera sin poder sacar ningún sonido de su garganta, se había quedado sin habla por lo que le estaba diciendo su maestra… -Sabes, yo también se lo que es el dolor, y ahora mismo debes estar sufriendo una descomunal guerra en tu interior con el regreso de Naruto a la aldea a poco tiempo para tu boda. La inesperada aparición de Itachi también ha bloqueado un poco tus pensamientos y tu manera de sentir al ver lo que esta pasando Sasuke, y no dudo que te sientas acorralada con los sentimientos encontrados con ambos pero…- comenzó a caminar deteniéndose al segundo paso que había dado –Nosotras tres, desde que iniciamos en tiempos duros y difíciles, hemos dirigido una Casa de Damas respetable y honorable- sonrió concienzudamente a la par de un sentimiento reseco de su boca por su tono antes de seguir su camino-… más no es una Casa de Té…-...

Al haber dicho esto último no se había tomado la molestia de volver a ver a Hinata, simplemente la dejo sin poder respirar al saber que lo le había dado a entender no era otra cosa más que ya conocía sobre su relación secreta con Naruto y estaba en desacuerdo con ello.

Una Casa de Damas es en donde las jóvenes reciben adiestramiento y modales para llegar a ser mujeres talentosas que den honor a sus familias y puedan desposarse con un buen partido igual o de mejor rango social, nunca inferior. Una casa de té en cambio, como seguía siendo tradición, era donde los hombres iban a divertirse un rato entre mujeres, bebiendo y fumando así como dejando salir su libido a cada que se le pudiera presentar una oportunidad.

Según la sociedad, debía sacrificarse quedándose con Sasuke a pesar de hacer a un lado a Naruto, ya que de lo contrario, echaría por la borda su reputación, la de su familia, y en parte la de la Casa de Damas, ya que ella era uno de sus más grandes miembros ejemplares durante su curso y estancia ahí, así como una de las jóvenes más apreciadas por las maestras.

Hinata no supo describirlo, pero se sintió como un conejo cuya madriguera se convirtiera en su propia prisión cuando un depredador hubiere logrado acceder a ella: sola, esperando con el pulso desbocado y el cuerpo crispado la hora del golpe definitivo. En el caso de la joven Hyuuga, era como esperar a que las cosas se derrumbaran y recogiendo los pedazos de lo quedara de su vida siguiera cortándose con ellos.

Naruto la vio ensombrecerse por un segundo al aislarse de toda la gente alrededor de ella a pesar de estar en medio del salón. Su mirada estaba baja y sombría, podía jurar que tenía los ojos cerrados reteniendo las lágrimas, pero las estaba reteniendo con tal dureza y necesidad que incluso se mordía el labio inferior derecho para evitar hacerlo. Quería ir con ella, preguntar que pasaba y reconfortarla, pero si la había visto con Anko hasta hacía unos instantes se podía imaginar lo que le había dicho y la había puesto así, pero al instante, aún a unos metros de llegar a donde estaba ella, se contuvo para no llegar hasta ella al comprender que su presencia no haría otra cosa más que confundirla más y hasta influenciarla.

Tras una larga charla y por lo que había estado escuchando en Konoha, antes de partir a Suna, Hinata era toda una historia y una novela que la gente contaba como rumores y chismes de cajón que todo mundo sabía al ser ella la mujer más popular e importante –sin que ella lo quisiera así- de la aldea solo después de la mismísima Quinta Hokage. No pudo evitar enterarse de a todos a los que había rechazado y que incluso entre la lista se enumeraban a varios de sus amigos y compañeros así como a un montón más de hombres que desconocía por completo. Pero lo que más se le quedó grabado fue el que la gente no parara de subrayar el hecho de que ella estaba resguardándose en espera de él debido al profundo amor que le tenía desde que eran niños. Cuando mencionaron la tristeza de Hinata al dejar a un lado aquel recuerdo después de haber sobrevivido a que mucha gente ya lo diera por muerto durante varios años, lo más doloroso fue enterarse que ella se obligó a si misma a dejarlo a un lado y olvidarlo para poder estar con Sasuke, quien le estaba ofreciendo, siendo que con nadie más lo había hecho de esa manera, su amor y devoción.

Recordó todos esos momentos en los que ella no paraba de llorar y sentirse culpable debido a la confusión y al torbellino de emociones en el que estaba atrapada. Lo lastimaba al decir que no sabía que hacer siendo que el estaba ahí ofreciéndole huir y estar juntos, pero no se daba cuenta de que ella estaba atrapada en los dos extremos de la cuerda sin saber que sendero elegir. Se sentía humillado y depresivo cuando ella decidió dejarlo para estar con Sasuke una vez Itachi apareció, pero se sintió vivo de nuevo cuando ella volvió a hablar con el en el oasis dejando de negar sus sentimientos hacia el.

No sabía que hacer, la amaba demasiado como para dejarla ir, y también para hacerla sufrir como lo estaba haciendo, así que simplemente no sabía como actuar. Pero de pronto, como un fuerte golpe en el pecho al ser atravesando por una flecha o una lanza, le llegó la realidad de las cosas del comportamiento de Hinata tan insenzato y vil…

En uno de tantos paseos, al haber terminado sus clases de danza en la Casa de Damas y así tener unos cuantos minutos libres, salió a despejarse un rato a las afueras del jardín contemplando el musgo, el pasto y el estanque lleno de peces koy hermosa y delicadamente decorado con lirios y flores de loto tan perfectos que parecían haber sido colocados a propósito, estratégicamente así para dar ese efecto de belleza tan pulcro y misterioso. Incluso suspiro por el panorama.

Solo el misterioso impacto de una piedra en el agua –muy mal lanzada por cierto- haciendo salpicar el claro líquido y espantando a los peces, la hizo reaccionar de su mente perdida.

-Hey… Hinata…- escuchó en un susurro la voz de Naruto detrás de ella.

Mirando a ambos lados para asegurarse de que no había nadie cerca para pillarla, muy discretamente se fue acercando al roble en el que el rubio estaba trepado resguardado por la espesura de las hojas, casi sin mirarlo para que no se dieran cuenta de que estaba platicando con el, recargándose en el tronco.

-¿Qué estas haciendo aquí?- pregunto algo espantada –Te volverán a sacar como la última vez si te descubren- volteó a verlo por un breve instante dejando ver su preocupación a lo que Naruto llegó a clavarle los ojos seriamente al verla. Le creaba problemas, pero ella nunca dejaba de hablarle o estar con el por que verdaderamente era su amiga, una extraña amistad, dirían muchos, pues los dos pertenecían a dos estratos completamente opuestos en la sociedad, pero lejos de eso o que se pensara que el estaba encaprichado con ella o que Hinata lo viera como su única escapatoria del rigor de su vida al ser una Hyuuga, cualquiera que los viera podía ver que aunque ella luciera como una muñequita de porcelana frágil y delicada al lado de un cachorro de zorro, un zorrito salvaje, los dos eran como uña y mugre al ser lados opuestos, efusividad y retraimiento. Eso era precisamente lo que los unía, ella se había visto peculiarmente atraída por el esfuerzo y lo divertido que era el rubio mientras que el veía de ella lo bondadosa, linda y tranquila que era así como descubría que ella confiaba en el e incluso le daba ánimos cuando se sentía más solo que nunca en el mundo o no le encontraba sentido a su vida metiéndose de problema en problema y siendo rechazado por todos.

Si no fuera por que sus caminos se hubieren cruzado en la vida ella se hubiera hartado de su vida mientras que el, odiando a todas las personas y sin poder confiar en nadie, se habría vuelto alguien peligroso lleno de odio y venganza, un verdadero monstruo peor del que muchos decían que era.

-Hoy vi algo que me impresionó mucho cuando estaba terminando mi entrenamiento- se recargó en el tronco tambien parado en la gruesa rama en la que estaba, tenía especial mania y astucia para estar en los árboles cada vez que hacía cualquier cosa. Naruto entrenaba para ser samurái gracias al favor y recomendación de un hombre muy apreciado por el que se había convertido en su figura paterna, Iruka Umino. Al enterarse de que sería con Kakashi su examen para probar sus habilidades, el alma se le fue al cielo, pero al haber pasado la siguiente preocupación fue que compartiera al maestro junto con otro chico con el cual se veía que los dos no podían pasar dos segundos sin estar peleando entre ellos. Sasuke Uchiha. Este, a pesar de pertenecer a uno de los más poderosos clanes de la aldea era entrenado por Kakashi al no tener tiempo su padre para el procurando tanto a su hermano mayor Itachi. Pero esto, era harina de otro costal.

-¿Qué puede ser tan importante que no pueda esperar hasta que salga de la escuela?- comenzó a preocuparse si llegaba alguna instructora y la llamaba o por si no lucía lo suficientemente tranquila como para ocultar el que estaba platicando con Naruto, pues ningún varón tenía permitida la entrada a ese lugar. Por su puesto que no pudo evitar jugar con los dedos en medio de un leve sonrojo al estar hablando con Naruto, estaba algo presionada por que el tiempo seguía corriendo y el no paraba de hacer pausas entre lo que hablaba, largas pausas para observarla detenidamente y cada uno de sus movimientos.

-Hoy… volví a ver algo que no había visto en años…- continuó, por lo que pudo escuchar, se había sentado en la rama.

-¿Qué… que fue?- preguntó con su timbre de voz algo agudo y tierno de niña, por que lo seguía siendo, una niña todavía.

-El viejo Hokage se paseo por los campos de entrenamiento hace unas horas para hablar con Kakashi y detuvimos el entrenamiento por hoy. Fui a comer con Iruka a Ichiraku y paseándose por la gente todos miraron al viejo con respeto, casi como si estuviera imponiéndose…- se detuvo mirando la nada arriba de el pensando en ello.

-N-No veo que haya de ma-malo en eso, es el Hokage, todos los respetamos y admiramos por lo que es- respondió. Naruto entonces se sobresaltó un poco por escuchar a Hinata decir eso.

-¡¿QUÈ?! ¡¿tu también Hinata?!- alzó la voz. Para colmo de males una increíblemente joven Kurenai pasaba por ahí y Naruto tuvo que irse como soplo del viento.

Cuando pudieron reanudar la conversación Naruto tomó una decisión que ya habiá mencionado antes pero no la había sonado tanto como en esos momentos. Sus planes de volverse Hokage.

La mayoría de la gente se reía, burlaba o lo veían ridículo reflejándolo con frases increíblemente despóticas, pero Hinata, cuando lo escucho, hizo una pregunta que ninguna otra persona le había hecho antes, por lo menos, en ese lapso de su vida.

-¿Para que quieres se Hokage?-

Ante esa pregunta pudo haber reaccionado mal o haber entendido que ella no creía que lo iba lograr o trataba de desalentarlo, pero al verla directamente a los ojos pudo ver que tenía solo las mejores intenciones con aquella interrogante. Así que respondió con la verdad siendo sincero consigo mismo…

-Para que la gente deje de mirarme tan gélidamente como lo hace y tenga que respetarme. Para hacer que todas esas personas que me tratan peor que como basura tengan que arrodillarse a pedirme perdón al ver el grandioso samurái en que me convertí…- respondió bajando la mirada con un dejo de tristeza, de esos en los que las nubes cubren el sol dejandolo todo gris.

Paso un lapso largo de silencio en el que ninguno de los dos menciono ni media palabra y en el que los remolinos de aire levantaron las hojas secas y el polvo del camino a sus pies estando ellos sentados en aquella banca al lado del camino de piedra.

Hinata se levantó, parecía que se preparaba para marcharse y sin decir adiós, eso hizo que Naruto se sintiera apenado por haberle mencionado eso a Hinata y que ella hubiere llegado a cambiar su opinión sobre el tan súbitamente, pero no podía estar más equivocado. Ella, de pie frente a el, tomo su mano entre las suyas mirando con detenimiento su textura antes de levantar la mirada con una sonrisa sincera y alegre mientras mencionaba las palabras más reconfortantes que su pobre ser podía recibir en esos momentos.

-Serás un gran Hokage Naruto kun…- exclamo suave y tiernamente con tal tacto que hizo a sentir al rubio nuevamente un halo cálido en su cuerpo por lo que le decía.

Al instante, dos lágrimas quisieron salir de sus ojos víctima del momento.

-¡Hinata chan!- la abrazó sin importarle los sorpresivo y abrupto que había sido su movimiento y lo roja que la había puesto con esto –Gracias…-

-No puede ser…- se llevo la mano a la cara, por mucho que le daba vueltas al asunto no podía comprender por que razón, a pesar de quererse tanto y ahora estar dispuestos a estar juntos no podían abandonar el lugar en el que estaban; por lo menos no hasta que Sasuke se hubiere recuperado más de cómo se había puesto por el regreso de Itachi. Todo se debía a su sueño y decisión de ser Hokage, y esa era una razón congruente y tenía el sello de Hinata en todo ello. Muchas veces se preocupaba más por los demás que por ella misma, y esta no era la excepción. –Lo ha estado haciendo… por mi…- regresó a mirarla, parecía haber pasado un largo rato de tiempo pero en realidad ni siquiera habían pasado dos minutos en realidad.

Naruto guardó silencio contemplándola a la distancia. Del otro lado del salón, Hanabi miraba a su hermana justo antes de negar con la cabeza y dejar escapar un lastimero suspiro por lo que dedujo siendo verdad, lo que ocurría entre Naruto y Hinata.

Levantando el rostro, con la frente muy alta y sin ningún signo de decaimiento al saberlo ocultar muy bien, Hinata recupero su postura y se dirigió hacía donde estaba Sakura para poder cumplir con su objetivo de despedirse por esa noche y marcharse con rumbo a Konoha. La pelirosa se vio sorprendida por esto, pues estando casada no veía razón para apresurar el momento de decir adiós, pero tras recordar que estaría presente en la boda de Hinata con cierta exclusividad pareció pasarlo por alto y aceptar que su amiga regresara a la aldea. Aquella bella y joven mujer de ojos verdes no paraba de sonreír feliz y satisfecha por la inmensa felicidad que la vida le estaba dando con ese acontecimiento. Dentro de unas cuantas horas, el último de los invitados cruzaría el umbral de la puerta dándose por concluida la fiesta y quedándose solamente ella y Sasori con todo el tiempo del mundo para disfrutar su noche especial.

Siendo su boda y estando celebrándola todo mundo se extrañó de no ver a Kurenai ahí, pero no pudo ocultar su alegría y brindar por ello cuando se enteró de que estaba embarazada. No hacía pocos meses habían estado precisamente en la boda de ella cuando ahora estaba Sakura en la suya propia. No podía ser más dichosa.

Vio salir de la fiesta a las dos Hyuugas seguidas de Naruto y miles de pensamientos surcaron su mente al verlos salir. Las mejillas se le incendiaron e incluso bajo el rostro avergonzada de sus pensamientos "impuros" y pervertidos al imaginar como un hombre tan apuesto y amable como lo era Sasori terminaría haciendo el resto de la velada amena con sus palabras e inolvidable su primera vez con un hombre.

Y si, Sasori había estado atento y detallista con ella, como un mozo, y a la vez como todo un mandatario con aires de hacerle un favor a Sakura. Con todo y eso su rostro, a pesar de ser visibles ciertas ojeras en sus ojos, tenía un destello infantil, como el rostro de un niño en un varonil cuerpo de proporciones casi perfectas.

Cuando Sasori sintió el aura de Sakura viéndola por el rabillo del ojo mientras terminaba de beber su sake, aprovecho lo alto de la mesa en la que estaba servida la comida para deslizar su mano libre hasta la de ella. En cuanto sintió su contacto se prendió más que parecía que estallaban fuegos artificiales en su interior por que el mismo pelirrojo pudo sentir su cambió de temperatura al tocar su piel.

Alzó la mirada y lo vio directamente a los ojos muy sonrojada, pero mona a la vez, tenía que admitirlo, se veía linda.

-De verdad se ha hecho muchas ilusiones…- meditó en su mente indiferente, pero por más frio que pudiera ser en su interior exteriormente tenía un gesto amable con ella. Bajando la vista cuando la soltó para que pudieran seguir atendiendo a sus invitados y siguieran siendo felicitados brindando con más sake, Sasori bajo la mirada hacia su pecho viendo con claridad que Sakura no estaba muy dotada en ese aspecto. Giro la cabeza casi con fastidio, pero tras soltar un suspiro profundo oculto de la vista de su "esposa", se lo pensó mejor. –Bueno y, ¿Qué predería yo si solo es una noche?...- Casi un segundo después de decir eso quiso morderse la lengua, dentro de pocas horas iba a acabar con la vida de muchos habitantes de la poderosa aldea de Suna. Si ya le iba a romper el corazón a una mujer y le demostraría cual era su verdadera cara ¿para que humillarla más haciéndola suya?...

Pero, estaba, del otro lado de la moneda, lo que ella podía llegar a pensar así como la servidumbre si no la tomaba esa noche. Se pondría en duda su hombría. No, eso no se lo podía permitir. Así que le pediría perdón al terminar y le mostraría sus verdaderas intenciones al haberla tomado como esposa ese día ya que, en realidad, solo quería apartar la atención del Raikage en Suna para que el se pudiera hacer cargo del Shukaku y, más adelante, otro miembro de Akatsuki se hiciera cargo del querido hermano del Raikage.

*8*8*8*

-¿A dónde rayos crees que vas?- alzó un brazo para interponerse en el camino del castaño oscuro cuando trató de seguir el carruaje al que se había subido Hinata y su prima más pequeña junto con Naruto. Había estado esperando ese momento para seguirlos, pero Deidara apareció de la nada. No pudo ocultar su enojo y fue más que obvio que quería quitarlo de su camino, pero antes de poder tan siquiera abrir la boca, el rubio retomó la palabra –Me parece que tus ideas no están bien claras después de todo, quieres morir antes de tiempo- le dijo casi en tono de reproche, pero con sinceridad, a Deidara le importaba poco lo que Neji hiciera con su vida, pero por el momento, tenía que hacer de niñera de el para que no se arruinaran los planes de Akatsuki de quitarle el Byakugan.

-¿Qué sabes tu de mi? No me conoces y finges hacerlo. No sabes nada- respondió con frialdad, casi sonando específicamente rudo con poco tacto.

-Si, no se nada de ti y realmente no me interesa saber, lo único que me ha hecho interrumpir la tontería que estabas a punto de hacer es el porvenir de nuestra misión. El resto me importa tanto como a ti, pero como veo que te dejas guiar más por tus impulsos que yo, estoy en lo correcto cuando te digo que eres un completo imbécil por solo haber pensado en seguir a esa chica e intentar hacer algo- se detuvo para mirarlo a los ojos sabiendo que en esos momentos lo que más quería hacer Neji era desenfundar su espada y partirlo en dos –Te sugiero que te controles y esperes a que llegue el momento de las cosas. No tienes el nivel para enfrentarte a un demonio, menos al Kyubi, así que por ahora lo único que tienes que hacer es permanecer sentado y observar ¿entiendes? Tal vez aprendas algo de esto ya que, al parecer, no has comprendido que tu vida en Konoha ya no tiene sentido si te has unido a la organizacion- comenzó a caminar pasando al lado de el mientras Neji apretaba los dientes sin saber que decir.

Desde que había conocido a Pein y había aceptado y descubierto el mismo día que Konan era parte de ellos, las cosas habían cambiado drásticamente. En un principio un gran interés y al siguiente día lo trataban como un niño. Podía jurar que no resistiría así mucho tiempo, pero en realidad, como guerrero no estaban interesados en el a pesar de tener talento pues, a pesar de haber cambiado mucho al resentir con todo la pérdida de Hinata por manos de otro hombre, no tenía bien arraigado aún ese instinto asesino que necesitaban por parte de el, y eso se debía a que, aún, no había arrebatado la vida de alguien que no mereciera morir. Una persona inocente. Pero pronto lo haría, y sin remordimiento alguno,

*8*8*8*

La noche era clara gracias a la luna, el cielo estaba despejado y no hacía frio, era casi agradable el camino, pero en lo absoluto lo veía así Kakashi al tener la responsabilidad que le había sido encomendada por Sasuke. Por alguna razón, tal vez por tanto que leía, el ambiente parecía casi poético con respecto a la baja de un camarada, pero no podía hacer ninguna mueca o mover los músculos de su cara para poner alguna expresión que no fuera de pesar. En cuanto llegara a Konoha y Kurenai se enterara se iba a derrumbar…

Llevaba un ritmo de galope con el cual no cansara a su caballo tanto como para que muriera, pero lo suficientemente rápido como para que el cadáver de Asuma no sufriera tanto por el tiempo. Algunas moscas comenzaban a posarse sobre la tela manchada de café y arrugada de las zonas en donde había sangre seca. El olor metálico de cuando calló su compañero cambió por uno de peste insoportable, pero siendo un guerrero y no la primera vez que estaba cerca de un cadáver, lo soportaba. Pero al ver en la lejanía un establo perteneciente a una no tan lujosa y grande mansión, con varios caballos en ella, le cruzo por la cabeza la idea de tomar uno prestado para acelerar el paso y llegar a Konoha.

Se detuvo ocultando la carreta en la espesura de unos arbustos y las ramas largas y rebosantes de hojas, de unos arboles antes de la mansión. Estando más cerca pudo ver como dos doncellas, una a cada lado de lo que parecía ser una mujer, lo más seguro dueña de la casa, salían por la puerta acompañando a su ama.

Cual no fue su sorpresa al reconocer ese peinado y ese porte en las ropas a pesar de no ser tan caras y lujosas las prendas que llevaba esa mujer. Era nada más y nada menos que, la mismísima Sabaku no Temari, la fugitiva de Suna y amante de Shikamaru que hacía un tiempo se habían fugado juntos para evitar el matrimonio que estaba arreglado entre ella y un noble de otra nación que tenía tratos de suma importancia y eran muy relevantes con respecto al Raykage, y entonces comenzó el pleito político en el que la boda de Sakura y la boda de Kankuro tuvieron que apasiguar la cólera de la sombra del rayo.

Era más que obvio que el que salió detrás de ella, vestido con una yukata café y blanca, era Shikamaru.

Dejo a un lado la idea de robarse un caballo y caminó directamente hasta donde estaban ellos, desde que escucharon pasos y las doncellas volteaban junto con el matrimonio a ver al peculiar hombre que se estaba acerando, fue más que obvio que ambos lo reconocieron.

-¡Kakashi?- se sorprendió el de coleta por ver a quien en un pasado también había sido su maestro junto con Asuma. La ropa que traía Kakashi estaba rasgada de algunas partes por la pelea que había tenido con Kakuzu, había tenido que defenderse y contratacar con su katana y su chakra al mismo tiempo, y eso había terminado con algunos desperfectos en su atuendo samurái.

-Muy buenas noches señores Nara- saludó cortésmente Kakashi con una reverencia no profunda, a penas si arqueó la espalda, pero más que responder con otra reverencia Shikamaru estaba más interesado en saber que hacía ahí, en medio de la nada. –Realmente no mucho, de hecho voy rumbo a Konoha, con malas noticias me temo…- suspiro esto último con los ojos cerrados, casi sin querer hablar.

Shikamaru era la clase de hombre al que no le importaban las conversaciones que mezclaran sentimentalismos pero, no habiendo tenido contacto con su aldea natal se sintió algo extraño por llegarle de tope tantas cosas a la cabeza sobre lo que había dejado atrás al ver a aquel hombre al que le debía mucho.

Es una lástima decir que no era nada bueno, en lo absoluto, lo que estaba a punto de enterarse por boca de Kakashi.

-Venga hombre, ¿Qué puede ser tan malo como para tener los ánimos por los suelos?- preguntó la esposa de Shikamaru extrañada de la poca comunicación que estaban teniendo en esa conversación.

Durante unos segundos que parecieron eternos, el aire meció las copas de los arboles así como las ropas y el cabello de los presentes, como si se tratara de una triste señal de desolación próxima a abatir al matrimonio, pero más que nada, todo caería sobre los hombros de Shikamaru Nara.

-Un camarada nuestro, cayó en combate- respondió por fin con palabras plausibles y nada amenas a excepción de la muerte y su oscuro oficio. Al escucharlo, varias hojas secas cayeron al aire descendiendo en una sutil danza por la brisa. Lejos, a bastante distancia, varios venados hembras y machos de afiladas y finas astas, dejaron de hacer lo que estaban haciendo, -ya fuere alimentar a sus crías o comer el verde pasto bajo suyo-, para levantar la cabeza en señal de peligro, pero solo se quedaron quietos y atentos en medio del infernal y denso silencio que se había formado en todo el bosque. Incluso los más jóvenes y pequeños estaban igual de serenos que sus padres. De un momento a otro todo era soledad a pesar de estar en grupo. Y todas las aves que habían en los arboles salieron disparas al aire al sentir un aura peligrosamente fría avecinándose por el horizonte.

Al escuchar el nombre que Shikamaru estaba seguro que Kakashi iba a decir pero que temía escuchar, todo su mundo se heló. Sus músculos se aflojaron con un doloroso sentimiento. Desde que había salido de Konoha quería informarle a su maestro que estaba bien y que no debía preocuparse por el a pesar de haberse robado a Temari, y, que a pesar de que sabía que pensaría que había tomado una mala y absurda decisión, no era otra más que la mejor que pudo haber escogido. Ahora ya no estaba y nunca iba volver, así que todas esas palabras que quería decirle, todos esos partidos de shogi que quedaban pendientes entre los dos así como múltiples charlas de pocas pero gratas y sabias cosas que quedaban pendientes y que el consideraba aburridas así como problemático poner en práctica, ya, todo eso, esas esperanzas de por lo menos poder volver a verlo, desaparecían de sus planes como neblina dispersándose. Pero esa cara, impotente y dolida por lo que había pasado, la que todos esperaban ver en el, jamás la mostró, no la tenía.

Levantar la manta que cubría a Asuma no fue nada fácil para Kakashi. Arrugada y todo pareció la más ligera pluma cuando la retiro haciéndola volar un poco al aire, pero tan lentamente que hasta hería.

Le advirtió a Shikamaru que se preparara, que no sería fácil lo que iba a ver ya que, a pesar de ser un valinente y audaz samurái, los maestros y los camaradas muertos son difíciles de sobrellevar con el corazón y la mente.

Shikamaru era fuerte, sumamente inteligente y con una templanza extraordinaria, pero lo que vio, el como había terminado perdiendo la vida su maestro, de manera tan brutal, salvaje y deshonrosa, no lo soporto.

Muerto a manos de un verdugo cruel y sin honor, el cuerpo de Asuma había sido desprendido de su cabeza de un solo tajo que fue final. Y, siendo tan brillante como lo era Shikamaru, supo asimilar al instante el horror de cómo debió haber sido tal batalla; no por nada Kakashi iba con la ropa rasgada, sucia y marcada en sangre.

Los humanos, a pesar de creer que al cortar la cabeza se alcanza matar al instante, no pensamos más allá de las cosas y analizamos todas las posibilidades y circunstancias de algo para dar en todos los clavos hasta llegar a la verdad. La cabeza, posee cuatro de los cinco sentidos que tiene un ser humano, oido, vista, olfato, gusto, de hecho todos, ya que la piel de la misma siente como todo lo demás; una vez el filo separa el cuerpo las funciones cerebrales no se apagan de inmediato como un foco al bajar el botón de encendido, no, pierden su fuerza, si rápido, pero no de tajo, así que la posibilidad de ver el suelo y todo lo demás pasar ante tus ojos, incluso tu propia sangre mientras rueda tu cabeza suelta, es un hecho que a pesar de sonar sádico e inimaginable es verdad.

Ahora imaginar esto al rojo vivo ocurriéndole a alguien muy cercano a ti, y que recibe parte de tu afecto, es un golpe bajo tan fuerte que es capaz de atravesarte de dolor y hacer desfallecer tu cuerpo en un baño carmesí de sangre sin compasión ni misericordia de ti. Con una obscena y sádica sonrisa dibujada en su rostro oculto entre las sombras disfrutando con tu sufrimiento.

Pero Shikamaru seguía frio y callado a pesar de lo duro que pudiera ser.

-¿Quién fue?- logró articular a penas bien. A varios metros, a unos pasos de la cerca de la casa, Temari cargaba en brazos a su hijo de apenas unos cuantos meses de vida sintiendo como el cuerpecito de su bebé se abrumaba por la tensión que había en al aire. No lloraba ni se quejaba, solo se sentía mal por ello con un gesto de malestar.

Kakashi no sabía como decirle, pero tenía derecho a saber. Durante su tutela como guerrero Asuma lo había tomado como su protegido y había sido como un segundo padre para el, lo admiraba y respetaba pero la pérdida aún no se veía en el, por lo que el peliplateado supo perfectamente el estado del joven hombre, con todo el dolor pendido de un péndulo sobre un vacio oscuro e infinito en el cual no deseaba caer.

-Han estado ocurriendo masacres sin sentido ni razón aparente cerca de Konoha y otras aldeas vecinas y aliadas, incluso en las enemigas- comenzó –No se trataba de una bestia o un demonio como muchos pensaban al ver los desastres. Los atentados habían sido a manos de personas con un poder sorprendentemente destructivo. Todos creíamos que habían desaparecido desde hace años pero, no es así.- regresó a ver a Shikamaru a los ojos, quien al parecer regresaba a verlo de frente en espera de que continuara –Sasuke tenía la corazonada de saber de que se trataba todo esto, y no se equivoco. Pero fue tarde para nosotros ya que fuimos emboscados por ellos, y casi nos eliminan por completo de no haber llegado para detenerlos Uchiha. –Se detuvo de nuevo para tomar aire –Los que están detrás de todo esto y son culpables de otras tantas tragedias son, Akatsuki…-

Con esto último, la expresión de Shikamaru por fin cambió de monotonía oscura al abrir descomunalmente los ojos. De lo que hablaba Kakashi, como casi toda la gente creía, era de un mito que no había sido desmentido aún, pero era cierto, y esa organización venía más fuerte que nunca.

No era solo su dolor, sino el riesgo en el que el mundo estaba a punto de sumergirse.

*8*8*8*

La luz del amanecer colándose por la ventana la fue despertando lentamente de su lecho matrimonial donde esa noche su noche de bodas había quedado consumida finalmente. Estaba totalmente desnuda y tenía el cabello desordenado, en medio de la pasión habían pasado muchas cosas, pero en esos momentos no pudo evitar soltarse a llorar abrazándose a sus piernas cubierta levemente por las sábanas de seda de la cama manchadas con la sangre de su perdida virginidad.

Se había entregado a un hombre que no la amaba y lo había hecho con amor, disfrutando cada momento como si fuere a ser el último, pero fue a un hombre cruel y sanguinario que la había engañado con una máscara de afecto bien actuada. No había sido otra cosa más que un títere para el, solo la había utilizado.

Sasori había estado maravilloso desde el inicio y en cada caricia sentía que lo quería más mientras hacían el amor, pero el no estaba interesado en ella en lo absoluto, no por el resto de sus vidas, solo por esa noche sería su mujer, y se lo dijo a Sakura una vez terminaron rompiendo así sus ilusiones y anhelos de un tajo antes de dejarla inconsciente en la cama para irse con Deidara. Tenía una última cosa que hacer antes de ir tras el kazekage y no le importaba en lo absoluto haber jugado de manera más cruel y abominable con el corazón de Sakura...

Una vez despedido el último invitado, Sakura, al lado de su esposo en el umbral de la puerta hizo una reverencia final a los invitados cortésmente, pero al enderezarse nuevamente no pudo evitar mirar al cielo con una sonrisa en los labios que de inmediato reprimió junto con su emoción debido a lo feliz que estaba por encontrarse por fin felizmente casada con un hombre como Sasori. Sentía la cara caliente, estaba sonrojada y no podía evitarlo, no sabía si iba a doler o no, pero en medio del momento estaba segura de que sería grandioso, y si, lo sería, pero no con un final feliz…

Sasori por su parte se había desaparecido para regresar a sentarse en los cojines que habían en su mesa principal sirviéndose un poco más de sake. Así que bebió casi como si se tratara de agua, ¿Cómo explicarle a tu esposa que solo te casaste con ella por que querías tiempo al haber pleitos políticos entre naciones solo para planear un golpe de estado sin levantar sospechas?, ¿Cómo decirle que no la amas si ella si te ama?

Realmente le daba lo mismo dejarla sola esa noche con algún pretexto que el dejar de beber sake, pero cuando ella entró a la habitación con la cara sonrojada y la mirada en el piso por la vergüenza de que lo que estaban a punto de hacer y esa sonrisa boba que se cargaba, no creyó que fuere a ser posible dejarla, por lo menos no en ese último acto que harían juntos antes de no volverse a ver nunca más.

Era hermosa, lo admitía, su cabello era del color de los cerezos al florecer y sus ojos brillaban como esmeraldas. Si no estaba con ella esa noche no era por que no le gustara, era por que no la amaba. Fue entonces cuando la idea de no volver a tener sexo en su vida desde que cambiara de cuerpo lo abrumó. No podría sentir, no existiría el dolor, solo su mente, era capaz de soportarlo por su idea de alcanzar la inmortalidad, pero… si esa sería la última vez que podría hacerlo ¿para que desperdiciarla? Despues de todo estaba tan ilusionada con el…

-No tiene que ser esta noche, si no estas preparada para hacerlo sabré comprender- se dejó decir empinándose por completo el sake para acabarlo. Sakura se sorprendió, pero a su manera, pues pensó que era un gesto cortés.

-¿Qué clase de esposa sería yo si no cumpliera con mi esposo hoy?- sonrio levantando la cara.

-¿Así es como te lo tomas?... ¿Cómo una obligación?- le hablaba directamente dejando de lado los modales y la etiqueta.

-No- lo miró de igual modo temerosa de haber dicho algo malo –Yo realmente quiero hacerlo- defendió su ideal para que no la malinterpretara Sasori, quien se levanto burdamente para ir hacia ella.

Tomo su barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos a pesar de lo nerviosa que estaba.

-¿Me amas?- preguntó para su propia sopresa, pero quería saberlo.

-Si- respondió embelesada por su voz y por el contacto de su piel sobre la suya, su mano estaba fría, pero era tan suave que estaba experimentando infinidad de cosas en ese momento.

-Eso era todo lo que necesitaba saber- la besó sin más preámbulo. Si bien en un principio estaba fastidiado por tener que hacerlo, ahora, gracias a la necesidad de descargarse por completo esa noche, decidió quedarse con Sakura a terminar con sus obligaciones matrimoniales aunque ya no lo tomara tanto como una obligación en si.

La condujo a la habitación principal, desde ese momento ella dormiría en la misma pieza con el. La servidumbre no estaba, se habían marchado a las casas de los territorios del Akasuna para darle privacidad a la pareja, así que dejaron las camas preparadas para ellos. Al entrar a la habitación corriendo la puerta Sakura pudo percatarse de que los futones ya estaban puestos, uno cerca del otro, para ambos. Esa noche iba a ser especial. La más especial para Sakura, así como la más dolorosa de recordar.

Volteo a verla deteniéndose con particular curiosidad en sus ojos, ella y sus amigas presentes en la boda tenían esa característica, un impresionante color de ojos haciendo recordar joyas cada una.

Acarició su mejilla dulcemente antes de besar sus labios leve y bajar a su cuello. Sakura sentía su respiración cada vez menos separada entre exhalación y exhalación, Sasori podía sentir el aumento de temperatura en Sakura con solo rozar con sus labios su piel, lo estaba disfrutando a pesar de su incertidumbre de cómo iba a ser, así que decidió guiarla para que ella solo se dejara llevar.

Abrazó su cintura rodeando con sus brazos el obi dorado que llevaba puesto. Fue desatándolo lentamente hasta dejarlo lo suficientemente flojo como para dejarlo caer al suelo, entonces regresó a mirar a Sakura de frente para comenzar a abrir su kimono. Ella seguía nerviosa, y algo de sonrojo aún teñía sus mejillas, así que a pesar del calor que estaba sintiendo subírsele al cuerpo directamente del vientre, sus pechos descubiertos resintieron quedar al descubierto ante la escrutadora mirada del pelirrojo.

Volvió a besarla, y en medio de ese beso arrebatado la despojó de todos los adornos que llevaba en el cabello para dejárselo suelto. Su peinado estaba tan bien hecho que aún se sentía el aceite que le habían puesto con solo tocarlo.

Sabía que era inexperta, que era su primera vez, pero no se veía preocupada, solamente no dejaba de verlo con amor…

Así que hizo su deseo oficial despojándola de toda prenda una vez se deshizo de la parte superior de su yukata para quedar unidos cuerpo con cuerpo. Con tranquilidad, suavemente depositó a Sakura en medio de los futones posicionándose arriba de ella. Su rostro demostraba su impaciencia, pero a la vez proyectaba el recelo que tenía al acto mismo. Dandose cuenta de eso Sasori pegó su rostro al de ella hablándole dulcemente al odio con palabras leves usandi un ritmo calmado.

-Confía en mi-

Escuchando la seguridad de su voz Sakura se aferró a su cuello con fuerza desde abajo -Lo estoy haciendo- respondió, de forma que le dio total control de la situación.

Paseo sus manos acariciando a Sakura desde las piernas hasta el abdomen, poseía una figura bien formada y una piel clara suave.

No había nadie más en la habitación pero el calor que había en ella era insoportable, ellos eran los que estaban incendiándolo todo, por lo menos Sakura lo sentía así. Su voz era precisa y lasciva, sus caricias envolventes, no era solo por placer, estaba disfrutando cada momento que pasaba, amaba estar con el, lo amaba a el.

Sintió la creciente presión de Sasori a través de se su hakama, la humedad de su inexplorada cavidad comenzaba a crecer así como sus ansias. Los besos de Sasori ya no eran suficiente, tampoco el que jugara con su cuerpo usando solo sus manos, y el lo sabía. Su cuerpo estaba bien proporcionado, pero carecía de volumen en sus pechos, a Sasori parecía no importarle, pero ella, se sentía algo inferior conforme al atractivo nato de su esposo. Era su primera noche como pareja, pero parecía eterno, así que no podía jactarse de ser enteramente mujer si los dos no se volvían uno solo en ese instante, así que sin siquiera mostrar indicios de hacerlo, Sasori atravesó a Sakura haciéndola suya en un sublime y punzante momento.

Ella grito al sentir dolor por la fuerza de Sasori pegando más su cuerpo al de el, creyó que al detenerse un momento lo había hecho para que ella se acostumbrara, pero, la verdad era que el pelirrojo tenía cara de fastidio por estarlo haciendo con una inexperta, así que tenía que acostumbrarla pronto para poder continuar.

Calló sus palabras con su boca sobre la de ella, no la dejaba jalar aire y comenzó a moverse en su interior, al principio fue suave haciéndola quejarse cada vez que entraba a ella, pero una vez fue aumentando la velocidad la hizo sentirse única, casi ensoñada. El juego había empezado, iba a hacerla desfallecer en placer…

Su ritmo aumento y sus gemidos subían de tono, el acompañaba su delirio de extasis con su voz haciendo eco en gruñidos, lo disfrutaba, pero necesitaba más. Sakura a penas si se movía, estaba atrapada bajo el cuerpo del pelirrojo, no sabía como actuar, solo gemía y sudaba, se pegaba a el y permanecía con esa mirada briaga en lujuria.

Las embestidas de Sasori se volvieron más fuertes y descarriadas, levanto del futon a Sakura en un solo movimiento llevándola a su pecho sentado. La tomo de las caderas y comenzó a penetrar en ella cada vez más profundo, Sakura sentía que se partía en dos, comenzaba a doler, pero no quería detenerse, lo estaba disfrutando, la quemaba por dentro. Sus cuerpos era uno solo pero sus almas no. Cada segundo estaba grábandose para la Haruno, pero Sasori solo se aprovechaba de ella sin pudor alguno, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada vez más profundo, con marcados deseos de desgarrarla.

Su esposa se deshacía por el en s miembro, lo tenía amarrado a su cuerpo y a sus blancos pechos, pero por más énfasis que hacía para que ella se mezclara también con el en la euforia del momento, ella seguía floja y débil por la fuerza de el. Toda la excitación que tenía la estaba ocupando en disfrutarlo, no tenía que pedir más, Sasori le daba más de lo que podía soportar, así que solo se dejo llevar. Comenzó con dolor, después placer, éxtasis y más dolor, hasta que llegó al clímax.

No supo cuando duró, pero le pareció eterno, la había llevado al cielo en una noche. Su boca callaba su voz y sus gemidos de placer, pero no callaba el amor de su corazón. Sus cuerpos estaba sudorosos, ambos estaban cansados y Sakura débil.

-Sakura-

-Si?…ah… ah!…- alcanzó a decir antes de volver a soltar de su boca otro gemido seguido de más.

-¿Por qué… te entregas a mi?

-No… ah… entiendo…- se apartó un poco de el para tratar de mirarlo, pero no podía concentrarse al no parar en lo que hacían.

-¿Confías en mi?... ¿Me amas?-

-Por supuesto- sintió que aumentaba su ritmo peligrosamente fatal… no sabía como decirle que se detuviera, pero por más duro que fuere no reunía valor para decirle.

-¿Por qué?-

-Te amo-

Sus líquidos se mezclaron y en pleno clímax el se dejo ir en ella vaciándose en su interior depositándola de nuevo en la cama quedando arriba de ella. Su respiración era agitada y ambos estaban cansados, pero lo habían disfrutado satisfaciéndose mutuamente. Aunque Sasori había esperado más de ella, no había sido como creyó en un principio, espera más participación y… enfoque. si, tuvo el privilegio de robalre su virginidad, pero no le había bastado. Aún así le soltó sin más preámbulos lo que quería decirle desde un inicio, pero no quería desangelarla tan rápido, y el quería aprovecharse de ella si ya había llegado tan lejos.

-¿Podrías amar a un hombre vil y cruel como yo?- fue irguiéndose poco a poco separándose de la pelirosa -Sakura,... yo no se amar…- la miro a los ojos postrado arriba de ella con ambas manos acorralando su cabeza. La vio sonreír divertida por sus palabras mientras respiraba agitada.

-No eres un hombre malo, eres grandioso- acarició su cara solo para sorprenderse de que el apartara su mano con un golpe y la mirara fríamente, fue entonces que su aliento se congeló y su corazón se paro. Toda la dulzura de su mirada se había desvanecido apoderándose de ella una gélida expresión de dureza, incluso temió de el.

-Por eso es que no puedes ser mi mujer, no me conoces, no sabes quien soy ni de lo que soy capaz. No has comprendido que solo te utilice, pero ya no más- se levanto de ella haciendo que su rostro se perdiera en la penumbra.

-¿Qué? Sasori…- se irguió de inmediato al verlo ponerse de pie, parecía haber recuperado toda la fuerza. –Sasori, ¿De que estas hablando? Estamos casados-

-Jurarte amor eterno en un templo frente a un monje, que soberana estupidez…- volteó a verla por fin habiéndose puesto la hakama ya. Su voz no mostraba emoción, era plana –Y tu eres más estúpida por tu ingenuidad al creer que podría estar a tu lado el resto de mi vida, mis propios asuntos son más importantes que una chica ilusa como tu…-

-Sasori…- sintió que las lágrimas se le salían de los ojos. –¡Deja de jugar! Estas siendo demasiado cruel…- se abrazo a si misma cubriendo su desnudez, se sentía vulnerable ante el.

-Es duro querida, las cosas son así de crudas, y si no te diste cuenta desde un inicio es tu problema, no mío-

Sakura desorbitó sus ojos al oírlo… ese instante, ese segundo en el que le dio oportunidad de evitar todo aquello…

-No tiene que ser esta noche, si no estas preparada para hacerlo sabré comprender- le dio escapatoria, su gelidez y desentendimiento estaban encausadas y ella no lo supo ver, al contrario, lo alentó…

-¿Qué clase de esposa sería yo si no cumpliera con mi esposo?- … –Yo realmente quiero hacerlo-

-No…-

-Así es…- se acercó a ella descendiendo hasta su nivel –No quisiste rehusarte, fue tu descición…-

-Pero…- comenzó a llorar con las lágrimas quemándole la cara –Me hiciste el amor… me hiciste mujer hace un momento. Soy tu esposa, nos acabamos de casar, tu… prometiste estar conmigo siempre…- se quejaba como una niña desilusionada, su corazón dolía, y mucho.

-Allá tu y tus absurdos sentimientos- acarició su cabello regresando a su expresión neutra de genialidad y dulzura. Era un monstruo –Cometiste el error de creerme- Sakura lo miro por ultima vez ansiando morir en ese instante, estaba peor que cuando Sasuke había decido comprometerse con Hinata, esto era por mucho peor, si antes había sido golpeada ahora estaba ultrajada y atravesada por el dolor. Había sangrando por el y no le importaba, de hecho la detestaba.

-¿Por qué?... ¿Por qué me haces esto?!- gritó desaforada lanzándose a el para golpearlo, pero por el llanto no podía pegarle con fuerza, solo se estaba humillando más de lo que ya estaba.

-Sakura- se levanto nuevamente mirándola desde arriba justo antes de caminar hacia un lado para dejarla en la habitación, pero antes se colocó detrás de ella –Yo no te amo… y nunca lo hice, así que lo acabamos de hacer no fue más una absurda ilusión- alcanzó a oírlo decir antes de sentir un golpe en la nuca y caer hacia enfrente derrotada al quedar inconsiente. En las sábanas se quedaron los líquidos de ambos, la sangre de su pecado y dolor así como sus lágrimas, y eso, nunca se lavaría de su ser…

-Konoha estaba en peligro de estar en guerra con el Raykage. El país del Rayo y el país del Agua se han vuelto aliados, al haber una disputa entre naciones con la violación del pacto entre la Aldea oculta entre la niebla y la aldea oculta entre las hojas al escapar Temari, la guerra llegó hasta Suna…- miraba el pedazo de cielo que la ventana abierta le permitía ver. Se levanto tomando la bata de debajo de su kimono esaprcido en partes por el piso para cubrirse con ella y poder acercarse a mirar por la ventana.

Afuera, el cielo se veía a penas claro, estaba en el alba.

-Hinata era la principal elegida para tomar mi lugar, pero ya estaba comprometida con Sasuke, así que tuve que ofecerme yo…- miraba melancólica la única nube que había en el cielo surcando el viento con su paso lento pero notable a la vista… -Creí que había lo correcto… y lo hice, no hubo guerra, tal y como lo planeó Sasori…- miraba afuera el oasis de la propiedad del Akasuna con desdén, no tenía afán de despertar ese día, pero lo había hecho. No quedaba más remedio que enfrentar la realidad. –No por nada Anko sensei estaba preocupada por aquellas muertes en las afueras de Konoha… se veía venir una revuelta por parte de aquel mito… Akatsuki… sus planes involucran este país-. Regresó su vista a la habitación viendo el desorden de los futones en el piso…

-No se si esta aldea vaya seguir en pie para el final del día…-

*8*8*8*

Cerca de llegar al desierto tuvieron que cambiar su forma de viajar. Si en un principio habían llegado con bastante tiempo al inicio de las arenas de la nación del viento, ahora, debido a su lento y cansino medio de transporte todo parecía acabar en su contra. Afortunadamente solo faltaban unos kilómetros para llegar a lo que eran las Rocas de Paso, una estructura lo suficientemente fuerte que era utilizada por combois para cruzar el desierto casi como si fuera un camino.

Usarlas era peligroso al ser frágiles y estar medio destruidas por múltiples batallas en las que habían tenido la suerte de destruir parte de los caminos. Solo un guerrero experimentado y que durante su andanza y viajes estuviera pendiente de su estado podría utilizarlas, y este era el caso de los ronins y el de Sasuke, ya que al recibir reportes de misiones en los que hubieren estado ahí algunos samuráis de Konoha, podía conocer el estado de estas.

Comenzaron su ida por esta zona y en esa manera desde que la mañana comenzó a aclarar, por lo que la luz del alba iluminaba su recorrido mientras el sol comenzaba a asomarse junto con los primeros rayos del día.

-¿Estas seguro de que sabes lo que haces?- preguntó su hermano, aquella voz que no espera volver a oír en su vida sino fuere para matarlo, acompañándolo en aquel recorrido que llevaban yendo a pie, hacía donde podrían llegar pronto a Suna.

Al no responder, su hermano solo se dedico a contemplarlo mientras el poco viento que soplaba mecía su oscura cabellera color ónix igual a la que el tenía.

Pasaron varias minutos en los que recorrieron un gran tramo cuando un carruaje, no muy lejos, venía por el lado contrario en el mismo camino de los segmentos de las Rocas de Paso en el que ellos iban. Por un instante no pudo ver bien de que se trataba, pero en cuanto se acercó más descubrió que era un carruaje del Feudo Hyuuga al traer la insignia de la familia a un costado.

***

Hanabi pasó toda la noche en vela luchando por no dormirse, su hermana estaba tan fresca y despierta que llegó a tratarla y sentirla como inhumana, pero así estaba entrenada, pues en la Casa de Damas les enseñaban a las jóvenes desde muy temprana edad a permanecer despiertas más de veinticuatro horas en caso de ser necesario por alguna celebración, y Hinata, simplemente ya se había acostumbrado, pero por más que intentaba no cabecear, Hanabi no podía, no era buena en eso de desvelarse, era más perezosa, por así llamarlo.

Desde que se subieron al carruaje se apresuró a sentarse al lado de Hinata para que Naruto no tuviera oportunidad de acercarse a ella, una vez en camino, cuando traban de entablar una conversación los dos, ella simplemente los callaba con algún comentario despótico para evitar que siguieran teniendo contacto. Los había visto largo rato y supo interpretar el cambio de Hinata al verla distinta, preocupada por el futuro más no rota por dentro, por lo que era más que obvio que ocultaba algo, así que le fue fácil saber que era al notar que su rubio guardián ya no estaba tan deprimido por la pérdida de Hinata.

A pesar de no haber dormido nada en la noche y de que las ojeras se le marcaran una vez que ya era de día y ya habían pasado varías horas desde el amanecer, Hanabi no paraba de pensar en Sasuke, ¿notaría el también el cambio de Hinata o estaría igual de perdido y distante por su hermano? Automáticamente el destino le respondió esa interrogante cuando el carruaje se detuvo y por la ventana pudo ver que dos hombres eran la causa de esto.

Cuando Sasuke se acercó al carruaje no pudo evitar acelerar el paso al grado de acabar corriendo seguido detrás por su hermano, quien solo se dedico a verlo a el y a su exaltación, volvió a reconocer algo que no creía capaz de ver antes y que durante el tiempo en el que había estado tratando de recomponer su vida en Konoha veía como transitaba como lo más natural del mundo para todos: el que su hermano menor se preocupara de sobremanera con su prometida. Como si fuere lo más importante del mundo.

-Uchiha san- dejó escapar de sus labios Hanabi al verlo, eso había alertado a su hermana y a Naruto quienes se voltearon a ver inmediatamente justo antes de que el rubio asintiera con la cabeza para que ella se tranquilizara.

Con las manos sobre su regazo y llevando un kimono negro estampado con flores de loto en lo que era una brillante cascada que caía con majestuosidad y belleza, esperaba toparse con Sasuke en la puerta del carruaje; el peinado era con apenas el cabello recogido portando un broche de seda con pedrería y una peineta en la parte del centro. El obi de la cintura era rojo y amarillo, colores de celebración que había llevado puesto para la fiesta en honor al matrimonio de Sakura.

El aire estaba apenumbrándola, pero se recargó en el respaldo del asiento esperando ver a Sasuke en cuanto se acercara con templanza en su tez.

El momento parecía ensayado, ya que Sasuke se dirigió precisamente a la puerta por la que Hinata esperaba verlo. Cuando vio su rostro, enmarcado como un busto y su figura por la ventana, se quedó un instante contemplándola al no poder evitar frenarse al toparse con esa deslumbrante belleza. La luz de la mañana entraba por la ventana contraria haciendo que sus ojos perla brillaran con el reflejo de su alma pura en ellos. Estaba sorprendida por verlo ahí, pero el no dejaba de observar lo bella que lucía, era más que obvio que venía de una fiesta, la de Sakura.

-Sasuke…- exclamó despacio como un susurro de su aliento. Era cierto que el era increíblemente atractivo, así que cuando lo vio quedarse ahí, abajo y quieto al frenarse para admirarla desde donde estaba, se quedó sin voz al recordar el por que se había enamorado de el en un instante. Así que tuvo que hacerse fuerte de toda su fuerza de voluntad para evitar demostrar lo tensa y nerviosa que estaba por verlo ahí.

Abrió la puerta con poca prisa visible ayudándola a descender, ella ya se había acercado sabiendo desde antes sus intenciones. Le ofreció su mano en un acto de caballerosidad para ayudarle y ella la tomó, el solo rozar su suave y perfumada piel embelesó más a Sasuke de lo que ya estaba, ahí se encontraba, como siempre, la mujer de la que desde un principio lo atrajo; con el cabello recogido de una manera elegante, formal y bella, destacando sus rasgos y dejando libre los mechones que enmarcaban su cara; el leve maquillaje de su rostro que resaltaba más su ya de por si delicada y exquisita belleza, sus labios entreabiertos, sus ojos de luna, el brillo del elegante kimono que llevaba puesto con todos los detalles tradicionales con esas largas mangas, y, desde que había puesto un pie en el escalon del carruaje para bajar al piso a su lado, había podido embragarse de nuevo con la eternamente deliciosa fragancia de su cuerpo. Desde su cabello hasta cada centímetro de su ser, siempre despidiendo ese perfume indescriptiblemente perfecto del cual pasaba las noches en vela al recordar una y otra vez la primera vez que pudo percibirlo en el aire, traído por el viento solo para el y su deleite. Aquella maravilla que por cada poro de su piel podía percibirse…

Cuando cruzaron miradas se quedaron atrapados en los ojos del otro. El en la claridad y pureza de Hinata y ella en la profunda y enigmática oscuridad de los de Sasuke.

Con sus dedos acaricio su cabello desde su sien hasta su mejilla deteniéndose en esta para hacerle una caricia más. Su tersa piel y sus sedosos cabellos, esa ternura que despedía llena de belleza… Era inigualable.

Por otro lado Hinata no podía apartar la vista de Sasuke, la forma en que la miraba, proyectando calma y anhelo por ella así como instinto. Era un misterio para ella todavía el mirar su ojos y preguntarse tanto sobre el y la complicada y a la vez sencilla persona que era, pues entonces recordaba que solo con ella podía ser cálido y abierto y arremetía contra si misma por herir y traicionar a un hombre tan noble que de verdad la quería, lamentándose desde lo más profundo de su ser hacerle esto y tanto más.

El negro de su cabello desordenado. Los rasgos varoniles y perfectos de su rostro. Su mirar. Su tacto y presencia. Sencillamente era un hombre impresionante. Pero entonces, sus ojos y toda ella retornaron a la realidad al percatarse de que sus ropas estaban rasgadas y manchadas de sangre.

-Ah…!- la preocupación de su rostro se hizo presente y Sasuke no pudo hacer otra cosa más que disfrutar, aunque solo fuere por un segundo, el como ella se angustiaba por el. -¡Sasuke!, ¿Qué sucedió?- trató de preguntarle aún con su mano apresada por la de el, pero antes de que pudiera hacer alguna otra cosa, sin aviso alguno y sin importar el que estuvieran siendo observados por Itachi y por los demás en el carruaje, retomó lo que había planeado hacer desde un principio, estando preocupado, cuando se acercó al carruaje antes de quedarse un momento para mirarla al captar la preciosa estampa de ella tal y como estaba. Así que la abrazó. –Sa… Sasuke kun…- se vio envuelta en sus brazos quedando atrapada y expuesta a la vez, sin saber como reaccionar de otra forma más que llevando sus manos hasta su varonil espalda y responder su gesto. Podía sentir la barbilla de Sasuke hundiéndose en el hueco entre su cuello y su hombro junto con el aire tibio de su respiración acariciando su piel atreves del kimono en la zona donde terminaba su cuello y comenzaba su espalda.

-Estas bien- dijo más como afirmación que como pregunta y dejo salir el aire de sus pulmones en medio de un largo y a la vez corto suspiro que lo liberó de toda la angustia que traía desde que había pasado lo de Asuma el día anterior. Era toda una fortuna haberse encontrado con Hinata en el camino y no en Suna en medio del peligro que se iba a desatar.

-Sasuke…- lo trataba verdaderamente preocupada por el, no actuando, al percatarse de que debía haber estado en una peligrosa batalla anteriormente -¿Qué sucede? ¿Por qué estas así?- preguntó por su actitud.

-Suna esta en riesgo de ser atacada, temí que te pasara algo- tomo su rostro entre sus manos colocando su frente sobre la de ella, Hinata se había quedado estupefacta por lo que había dicho.

-¿Co… como?- logró articular una vez Sasuke se separó de su rostro –Suna… Suna…- trataba de asimilar la información, sabía lo que eso significaba -¡Sakura! Sakura sigue ahí, Sasuke, yo…-

Quiso tratar de decirle algo pero en ese momento Naruto bajó del carruaje ayudando a Hanabi a bajar de el y Sasuke se vio obligado a retirar su manos de Hinata para verlo. Ella calló, pero Naruto parecía estable conforme a Hinata, lo había escuchado todo.

-¿Qué esta pasando en Suna?- preguntó mostrándose algo alterado por fin –Acabamos de estar ahí, nosotros…-

-Salieron a tiempo antes de que les pasara nada, no sabemos lo que va a ocurrir- alcanzó a superar la respuesta de Sasuke Itachi, quien molesto miró a su hermano mayor de mal modo mientras buscaba la mano de su prometida para sujetarla con fuerza.

-Sasuke…-

-Akatsuki va tras Gaara, ayer nos topamos con varios miembros de la organización y creímos que venían para Suna por los biju, el del Kazekage y el de- volteó a ver a su rubio amigo –Naruto.

-¿Qué?- se sobresalto Hinata al oírlo, incluso tomada de la mano de Sasuke el enterarse de que Naruto corría ese peligro no pudo evitar reaccionar. Al voltear a verla a Sasuke no pareció gustarle mucho el que reaccionara más fuerte al mencionar lo de Naruto que por el, así que tuvo que calmarse para disimularlo. Muy dentro de su ser Naruto sonrió con sus entrañas felices por lo que, sin querer, Hinata había hecho, pero también sabía que no estaba bien, ya que no debían levantar sospechas. El azabache solo se tranquilizo cuando ella lo miró directamente a los ojos en silencio, ya que lo tomó como simple preocupación por haber estado ahí momentos antes en los que pudieron haber corrido el riesgo de perder la vida.

-Tienes que seguir a Konoha- regresó a ver a su prometida directamente cara a cara.

-Pero, Sasuke…-

-No desobedezcas, tengo que ir a Suna ahora- tomo su rostro con una mano sujetando su mejilla para hacer que lo viera a la cara. Hinata trató de contradecirle, pero tenía razón, si se quedaba con el no sería más que un estorbo, y al mezclar sus sentimientos e intereses personales uno de los dos podría salir herido. –Hanabi san- se dirigió a la menor –Procura que no intente hacer nada- con eso solo demostró algo de desconfianza hacia Hinata, pero quería estar seguro de que no ocurriera nada que pudieran lamentar solo por una negligencia o por excesiva preocupación. Esa era la naturaleza de Hinata por más noble de cuna rica que fuere.

-Sasuke…-

-Naruto- volteó a mirar a su amigo con firmeza a pesar de estar aún pegado a Hinata sin ninguna intención de alejarse. El rubio lo miró con más seriedad. –Asegúrate de que lleguen a Konoha a salvo-.

-¿Qué? ¿Va a venir con nosotras?- interrumpió la Hyuuga menor llamando la atención de todos quienes voltearon a verla, como si sus palabras fueran cuchillos de doble filo sin escape para cortar la piel -¿No es peligroso si Akatsuki anda cerca? Podríamos ser emboscados…-

Itachi miró a su hermano menor nuevamente con más detenimiento. –En eso tiene razón Hinabi san ¿Cómo reaccionar ante un ataque de la nada?-

-Itachi- bajo la cabeza molesto por lo que había dicho y alejando por completo su mano del rostro de Hinata. En esos momentos estaban de bandera roja. –Si Akatsuki esta rondando estas zonas y Naruto se separa de Hinata y Hanabi pueden tomarlas como rehenes-

-Si esta con ellas las expone también-

El rubio bajó la cabeza, Itachi no lo estaba insultando, estaba siendo realista y coherente ante esa posibilidad, pues así eran las cosas de crudas.

-Es mejor que se quede a que este lejos y no pudiere hacer nada si Akatsuki se acercara. A su lado puede protegerlas, después de todo Naruto es uno de los mejores samuráis de Konoha…- sonrió triunfante con aires de superioridad al haber callado a su hermano con esas palabras.

Al mismo tiempo había dedicado esa sonrisa al Uzumaki. Valoraba tanto su amistad que no permitiría que por más prudente que fuere lo hicieran menos, aparte tenía razón, era un gran samurái y podría defenderlas, pero solo estando a su lado, no lejos.

-Sasuke…- lo miró su hermano bajo los cálidos rayos del sol que empezaban poco a poco a volverse sofocantes. –Puedo ver que te has convertido en hombre ahora…- sonrió para si mismo por la impactante presencia que proyectaba su hermano menor, seguro y firme, con pasión latiendo en su pecho y la cabeza fría para actuar de la manera correcta ante situaciones complicadas. No era el niño que había dejado atrás en su huida de la aldea oculta entre las hojas… -solo lamento no haber estado ahí para verte madurar. Lamento no haber estado ahí para ayudarte, defenderte y observarte, la vida te trató mal… pero puedo ver ahora la calidad de persona que eres…-

Les ordenó regresar, Naruto quería ir a la pelea, se trataba de Gaara, su amigo y camarada del que estaban hablando, quería ir a defenderlo y pelear a su lado, pero Sasuke tenía razón, Akatsuki también tenía fama de recaudar dinero gracias a los importantes golpes que daban incluyendo secuestros de nobles entre sus tareas. Así que Hinata y Hanabi serían un tesoro ambulante expuesto a los peligros de sucias y condenadas manos, por lo cual aceptó, pero se sentía vacío y lleno de nada y todo a la vez.

Sasuke y Hinata eran muy parecidos, intercambiaban tantas cosas con la mirada que se sentía privado de ello. El y Hinata tenían su propio lenguaje desde que eran niños y se contaban tantas cosas con solo verlos mirarse a los ojos se sintió desplazado momentáneamente.

Sasuke era un adonis entre tocante fémina que se cruzara por su camino, y Hinata era –aunque el ya la consierdaba así- la chica más hermosa que pudiera haber. Curiosamente eran tal para cual, sin interés por el género opuesto al considerarlo de comportamiento absurdo –claro que Hinata amaba a Naruto-.

Los dos, lado a lado, se complementaban. Eran como el ying y el yang, luz y oscuridad. Agua y fuego. Ella era noble y gentil. El frio y serio. Eran muy contrarios, pero, estables, casi como si se necesitaran para coexistir, y eso los hacía atraerse mutuamente.

En sus ojos proyectaban comprensión mutua, se contaban secretos que solo entre ellos podían contarse, y eso lo había visto desde que la llevó con Sasuke cuando Itachi regresó...

Acaso ella...

-Se quedó dormida- escuchó decir a Hinata, así que volteó a verla nuevamente alzando la vista. –A veces me sobreprotege demasiado a pesar de ser la hermana menor… pero lo hace de buena fe-

-Hinata…-

-Pero no puede protegerme de mis propias decisiones, es mi vida- aparto la vista de su hermana a quien acariciaba su cabello maternalmente al haberse quedado dormida en el hombro de Hinata. No había aguantado más y se dejo vencer por el sueño.

Ante sus palabras Naruto la miró más directamente. Quería decirle tanto y a la vez tenía la necesidad de borrar tantas palabras que había dicho que se sentía confundido.

-Se que parece que Sasuke y yo…-

-No, no digas nada, no esta en mis manos- la detuvo antes de que siguiera hablando tomándola por sorpresa.

-¿eh?-

-Estoy en la misma posición que tu, Sasuke es igual de importante en mi vida que en la tuya. El es mi mejor amigo- llevó su mano a la katana instintivamente –No estoy feliz haciéndole esto-

-Naruto- comenzó a alterarse Hinata por lo que estaba diciéndole.

-No lo hemos hablado por que no lo consideramos desde un principio, pero nos encontramos en contables ocasiones fuera de Konoha y siempre acabábamos en guerra con solo vernos, nunca creí que regresara, llegué a pesar que Orochimaru lo había abducido por completo, pero no fue así, por eso lo mató. Estuvo rodeado de mujeres, todas querían estar con el, de todas clases y tipos, incluso las que parecían no estar aficionadas a el, cualquiera caía a sus pies. Y nunca escogió a nadie… solo a ti…- calló después.

-¿Por qué me estas diciendo esto?- continuó ella al verlo guardar silencio antes.

-Por que tanto el como yo sabemos lo que vales, sabemos lo que eres y lo que te hacer ser especial, solo tiene ojos para ti y nadie más, de verdad te ama. Sasuke te ama…-

-Pero Naruto- trató de hablarle, pero este abrió la puerta aún con el carruaje andando y se fue a la parte de atrás del mismo con un solo movimiento dejando a Hinata hablando sola. Se sentó sobre el baúl del equipaje de las Hyuuga cumpliendo con alejarse de Hinata.

-Se que es una tontería, pero me estarías haciendo un gran favor…-

Las palabras de Sasuke rezumbaban en su cabeza, la confianza ciega que le tenía sin saber sobre su intención de querer arrebatársela.

-Lo siento Sasuke, pero no podemos tenerla los dos…-

–Naruto- se paró Hinata del asiento llendo hacia la puerta, tratando de ir tras el, y lo hubiera logrado de no ser por Hanabi.

-Déjalo ir, ahora no necesita torturarse con tu prescencia. La culpa de tenerte ya esta abatiendo su decisión. Lo esta dudando-

-¿Qué?, Hanabi…-

-Anko tiene razón-

-¿Nos escuchaste?- se mostró confusa y sin salida, totalmente arrinconada.

-Se leer los labios, no se que es lo que quieres lograr con esto pero estas en un error, ¿Qué acaso piensas seguir de amante de Naruto cuando tu y Sasuke tengan hijos o que? Tienes que elegir-

-Hanabi…-

-No ahora, pero si pronto, se que sonara cruel, pero si Sasuke muere en Suna hoy serás libre para estar con Naruto,... pero si el se entera de que Naruto y tu están juntos puede ser capaz de cualquier cosa- mostro una sádicada mirada.

-Sasuke no haría algo así!-

-Un hombre despechado es capaz de cualquier cosa! Naruto esta siendo sensato al pensar en esto desde ahora, tu solo ves el lado que quieres ver en las cosas ¿Qué no te das cuenta?-

-¿Qué quieres que me tire a llorar por mi confusión al piso? Ya paré de hacerlo, ahora ya se que hacer-

-¿De verdad lo sabes?- la interrumpió sorprendiendo a Hinata por su confianza en si mismo -¿De verdad lo sabes Hinata, o vas a huir de tus problemas?-

-No voy a huir-

-No. Solo te quedaras a ver como se destruyen entre ellos por ti sin hacer nada. No puedes irte con alguno sin ser injusta con el otro así como contigo misma, te enamoraste de Sasuke y aceptaste casarte con el por que comenzaste a quererlo, pero no puedes dejar de amar a Naruto. Aceptaste quedarte con Sasuke ahora solo por el regreso de Sasuke y por el sueño de Naruto de volverse Hokage-

-¿Qué es lo que tratas de decirme?-

-Solo quiero saber si sabes lo que haces!- gritó por fin sus intenciones. Hinata calló por un segundo viendo la decisión de su hermana menor en los ojos, tenía el ceño fruncido y la mirada filosa. Estaba siendo dura, no era una decisión que pudiera cambiar tan fácilmente si era la eqivocada, pero su confundido corazón le indicaba hacerlo.

-Si, lo se…-

*8*8*8*

Deidara siguió las instrucciones de Sasori al pie de la letra, cuando llegó tan tarde supuso lo que le había hecho con Sakura y ni siquiera lo mencionó, no sabía como reaccionaría el pelirrojo, pero conociéndolo, actuaría con indiferencia. Su cuerpo nuevo era completamente máquina, sus deseos de alcanzar la inmortalidad se habían materializado ante sus ojos, una vez hubiera pasado Deidara su espíritu a la válvula del pecho todo estaría listo. Moriría solo por un breve instante, pero renacería como un milagro y una leyenda…

Tardó mucho, y a pesar de la espera y las dificultades, Deidara logró hacerlo, así que Sasori despertó como un ser nuevo… más frio y deshumanizado que nunca…

-Efímero, el arte es efímero, se disfruta en su momento, así como lo que le hiciste sentir a tu esposa en su noche de bodas…- habló el rubio una vez los dos salían de aquel oculto lugar entre la maleza del oasis que resguardaba un refugio subterráneo.

-No, es eterno, tiene que perdurar, no fue el acto en si, fue destruirla a ella por lo que hice…- contestó seguro de sus actos así como de sus palabras, pues era cierto, así lo había visto desde un inicio y lo cumplió.

-Podría llegar a superarlo con el tiempo si te olvida…-

-¿Lo crees así?- lo miró distante –Ella llegó a mi desairosa de un amor que la destruyo mucho al no ser correspondido, creyó que había hayado al hombre ideal, se enamoró de mi y llegó a amarme en poco tiempo, no le di razones para que no lo hiciera, ese era mi plan, así como el que descubriera quien soy yo realmente…- Deidara lo miro negativo, no concordaba con el…

-Aún así creo que fuiste demasiado lejos esta vez…

-No digas tonterías, mejor felicita al novato por ayudarte durante el tiempo que me cruzaste de mi antiguo cuerpo a este-

-Por cierto, ¿Qué piensa hacer Akatsuki con el ahora? No creo que acepte matar a los aldeanos si se lo ordenamos…-

-¿No lo crees capaz? Esto es Akatsuki, es más que obvio que no somos buena gente, así que ordénale que lo haga y que comienze con el edificio de la milicia hasta las puertas, ahí veremos si verdaderamente es fuerte y digno. Tu vienes conmigo, tenemos que hacerle una visita al Kazekage…-

***

Ese día estaba muy tranquilo, demasiado para su gusto. Se trató de justificar diciendo que solo eran ensoñaciones suyas y nada más, pero estaba en lo correcto, ese día había algo en el aire que lo hacía sospechar que algo grande se acercaba y no era nada bueno… pero, ¿Qué?...

-Kazekage sama…- entró en la habitación una castaña de cabello corto que el conocía muy bien, Matsuri, una chica que si bien en un principio había menospreciado, ante su tutela pudo ver que ella demostraba trabajar mucho para mejorar y ser una excelente samurái a las ordenes de Suna a pesar de ser mujer.

-Adelante, ya estas adentro de todas formas…- volteó su asiento hacia ella.

-Lo siento mucho, le ruego me disculpe- hizo una reverencia formal al darse cuenta de su error.

-Ignóralo, ¿que te trae por aquí?-

-Kazekage sama a arribado al trabajo muy temprano hoy, ¿ocurre algo?-

Gaara medio sonrió por verla preocupada por el, le prestaba demasiada atención, quizás tenía una explicación lógica, pero no quería andarse complicando la vida con rollos sentimentales, así que solo miraba hacia otro lado.

-No, estoy bien, pero si quieres puedes quedarte a mirar el amanecer conmigo…- Matsuri sintió que todos los colores se le salían a la cara.

-Es muy amable de su parte, pero tengo trabajo que hacer, no quiero descuidar mi puesto…-

-Aquí el jefe soy yo, te doy permiso de que veas el amanecer conmigo, es más como una orden directa de tu superior, no te atreverás a rechazarla…- supo lo que dijo, el también estaba interesado en Matsuri, pero lo negaba, así que fue totalmente intencional.

-De acuerdo...- caminó a su lado lléndose los dos hacia la puerta para salir a la terraza y ver el sol salir.

Siendo el desierto los días eran sofocantes, pero las noches insoportables por el frío, así que aún estaba algo fresca la mañana.

-No necesitamos miembros enfermos, te recomiendo que te cubras-

-Pero si estoy bien…- trató de contradecirle pero cuando volteó a verlo el ya llevaba una bata gruesa para ella y no aceptó que se negara a usarla, así que se le puso.

Matsuri era menor que el Kazekage, a pesar de ser una guerrera talentosa no alcanzaba aún la mayoría de edad y aún tenía algunos rastros de inmadurez en su ser. Gaara era adulto, le llevaba fácil cinco años, pero siendo su disípula no podía deshacerse de el así como así; era el mejor maestro que pudiera tener en la vida, se había vuelto infalible con el arco y con la onda gracias a el, le estaba muy agradecida, podía contar con el en cada momento que lo necesitara, pero la tensión sexual que apareció entre ellos la hizo sentirse incómoda al grado de quererse sentir una niña siempre por más madura que tuviera que comportarse.

Nunca antes había tenido novio, y ahora, se estaba enamorando lentamente de un hombre mayor que ella.

Kazekage y todo era hombre, ¿Qué tal si no le podía dar todo lo que el pudiera esperar que le diera? La incertidumbre de su corazón la aquejaba, no eran nada y ya estaba imaginando miles de cosas, ni siquiera se llevaban tan bien como para entablar una conversación de más de cinco minutos y sus gustos eran muy contrarios... ¿Por que el amor era tan complicado?

Gaara la veía pensar en todo ello mirando aquel círculo salir en la lejanía rompiendo la noche con sus colores rojos, naranjas y amarillos, la luna aún podía verse, estaba menguando y se veía más cercana de lo habitual, incluso las estrellas aún dejaban verse en el cielo. Era una bonita escena, pero se sentía extraño por ella, Matsuri, se sentía atraído pero no estaba a su alcance, era más joven que el por una cantidad considerable de años, por lo menos lo que el consideraba. Era linda, tierna y optimista, pero cada vez que trataba de acercarsele afloraba de ella la niña que era. No sabía que hacer… se sentía atrapado… nunca antes había estado así, menos siendo esa su primera relación en la vida sin contar con experiencia en ello.

Los dos estaban pensando en lo mismo cuando sus miradas se cruzaron, se quedaron solo un segundo mirando al otro antes de que ella suspirara. No se sentía preparada para dar un paso tan grande como ese. Y en ese instante el ruido de una explosión no muy lejana los distrajo para poner su completa atención en esa dirección.

De aquella nube de humo un pájaro gigante montado por quien parecía ser su dueño salió de esta con dirección a la torre del Kazekage.

-¡Regresa adentro!- ordenó el con su calabaza en la espalda, los problemas acaban de empezar y se acercaban a un velocidad sorprendente.

-Pero Gaara sama!-

-¡Obedece!- ordenó mirándola de tal forma que ella no tuvo más opción más que acatar su orden. Así que se metió al edificio de nuevo.

-Gaara kun…-

La arena de Gaara comenzó a rodearlo acumulada en medianas proporciones flotando a su alrededor, a su paso poco ruido hacía, casi nulo, pero tenía vida propia. El Kazekage se subió al barandal de la terraza de cuclillas viendo con atención a aquel sujeto que acaba de salir de la nada, al irse despejando la nube de humo pudo percatarse de que se trataba del hospital aquel edificio que ahora se encontraba en ruinas. La gente corría despavorida por el ataque, los doctores y personal médico trataban de controlar la situación, pero habían habido bajas con esa explosión, heridos e inocentes, todos parejos, así que la sangre y partes humanas se mezclaban con el polvo y los escombros.

Gaara no pudo evitar fruncir el ceño. Era a su gente a la que habían atacado, así que se prendió por ello.

-Matsuri- habló a la puerta sin perder de vista al enemigo, sabía que ella seguía ahí.

-Gaara…- se asomó al haber sido descubierta…

-Ve con los aldeanos, necesitan ayuda- dijo por último poniéndose de pie en las lozas del barandal de la terraza antes de lanzarse de esta sobre su arena para ir a detener a Deidara…

-Gaara kun…- se aproximo al balcón angustiada, fuerzas enemigas se habían infiltrado en la aldea… -Por favor, ten cuidado…- dejó notar su preocupación en sus ojos con las pupilas dilatadas por la luz…

-Tal y como dijiste Sasori- pensaba Deidara volando con su explosiva obra de arte los edificios –Esta viniendo por mi,… pero no tardará en darse cuenta de que no estoy solo…- sonrió después. No iba a permitir que la diversión se viera opacada por lo que había hecho Sasori con su esposa el día anterior…

Tuvo que hacer varias maniobras para esquivar la arena de Gaara, al parecer aquel poder era más fuerte de lo que el estaba estimando, así que tuvo que hacerle frente con todas las obras de arcilla que tuviere. Pero al estarle dedicando tanto tiempo a cada ataque y no cambiar de estrategia, Gaara pudo darse cuenta de que solo lo estaba entreteniendo…

Abajo, Matsuri no paraba de mirar a cada rato al cielo para ver a Gaara a pesar de estar ayudando a los doctores junto con otras personas, a los heridos del hospital, así como a sacar a la gente y a los enfermos.

-Revela tus intenciones bastardo, no quiero perder más mi tiempo contigo- dijo Gaara molesto usando su arena en un ataque que hizo sangrar a Gaara de un brazo, aquella arena era tan poderosa y filosa como una espada, y peor, podía triturar cualquier cosa que el propietario de aquel poder quisiera.

El comentario del pelirrojo molestó bastante a Deidara al grado de pelear en serio en el aire con sus obras de arte. Primero fue una ráfaga de insectos bomba que dejo caer sobre el, Gaara lo contrario con un escudo de arena antes de usarlo para regresárselos con la misma, así que explotaron sobre el propio rubio. No le paso nada, pero si le enfureció el que lo hubiere atacado con su propio ataque, por lo que lanzo por todas direcciones todo tipo de bombas a una velocidad tal que apenas si la arena de Gaara podía reaccionar para detenerlas.

Hasta que Deidara comenzó a hacerlas más grandes, lo suficientemente poderosas como para dejarlo fuera de combate, así que uso su arena para refugiarse dentro de ella, más adelante tendría oportunidad de deshacerse de el con un solo ataque. Lo que no sabía era que eso mismo era lo que Deididara esperaba que hiciere, pues los insectos de un inicio penetraron en la barrera para explotar desde adentro junto al propio Gaara.

Al percatarse de esto actuó a tiempo para salir de ahí antes de que acabara la batalla antes de lo previsto, pero al salir, pudo notar una presencia más, una que no había notado antes y que no pudo alcanzar a ver al ser atravesado por un dardo en el pecho. La arena había intervenido para protegerlo, pero Deidara junto todos sus insectos bomba en ese escudo para que se tuviera que deshacer en el momento en que el dardo cruzó por este, así que logró llegar a su destino, su corazón.

Pudo ver la cara de su agresor antes de que el dolor de su pecho comenzara a hacerse insoportable. Era un hombre pelirrojo con solo la hakama puesta, y era negra. Su cuerpo esta unido a una maquina de la cual salían dos tenazas tan filosas y mortíferas como el usuario, la estructura poseía patas y se impulsaba con ellas, y en la parte de atrás, en la cola elevada, había un aguijón enorme de donde había salido el proyectil con veneno que le dio a Gaara. Parecía una fortaleza andante, pero estaba conectada con ese hombre. Entonces fue, que mirándolo bien, con su último lapso de lucidez, puso reconocerlo al reparar en su rostro.

-Sasori…- aquel político pelirrojo tan importante en Suna, el mismo había traicionado al gobierno.

-¡Kazekage sama!- grito Matsuri enloquecida al verlo caer por el cielo y siendo atrapado en su caída por otra ave de arcilla de uno de sus atacantes. El líder de la aldea, había caído. Todos estaban consternados por esto dejando el silencio sepulcral a un lado llenándose las calles de murmullos de preocupación y terror. –Gaara…-

-Ya puedes hacer lo tuyo Deidara- dijo Sasori emprendiendo la marcha para dirigirse a la guarida de Akatsuki fuera de ese país.

El rubio sonrio de lado a lado, y en un instante el cielo se llenó de pájaros gigantes de arcilla a punto de explotar…

-Al fin, algo de diversión en grande…- se veía su felicidad enmarcada en su rostro.

***

En es mismo instante, Sasuke e Itachi llegaron al lugar en una formación rocosa de la cercanía para ser testigos del riesgo que corría la gente con esas extrañas bombas flotando en el aire a punto de caer.

***

-No te permitiré marcharte- es cuchó una voz a su derecha, una voz que ya conocía muy bien y que escucho con total claridad deformarse en gemidos toda la noche mientras le hacía el amor con todo el desdén del mundo.

-No te hacía tan estúpida como para venir a encararme aquí…- se dirigió a mirarla, estaba usando el mismo kimono que había usado en la boda y en la fiesta, tenía calzados los zori y su cabello estaba suelto siendo mecido por el aire. De cierta forma eso le daba fortaleza a su palabra, y aunque en esos momentos se viera atractiva a Sasori le importaba un bledo.

-Después de lo que has hecho ¿Qué más da quedar viuda al día siguiente de haberme casado?- desenvaino la katana que llevaba, la había tomado de la casa de su esposo esa mañana para salir tras el, después de mirar durante un largo tiempo por la ventana tomo la decisión de matarlo vistiéndose y yendo por aquella arma para salir a su búsqueda, y no fue difícil ayarlo.

Sasori la miro con desinterés, a pesar de tener un rostro angelical sus desplantes de hombre hacían odiarlo.

-Aborta- fue lo único que escuchó salir de su boca… Sakura abrió sus hermosos ojos jade a todo lo que daban al escucharlo. –Si quedas embarazada quiero que abortes. No me interesa ser padre ni quiero serlo- se volteó dándole la espalda avanzando entre las edificaciones de la aldea siendo seguido en el cielo por su compañero.

Esto fue todo para Sakura, se lanzó contra el con meros fines de matarlo, se había puesto el kimono de tal forma que pudiera correr y movilizarse en todo su eje, pero antes de tan siquiera acercarse para tocarlo con la espada, Sasori la lanzó hacia un edificio con su cola de escorpión sin piedad.

-Asume que esto es la separación, no me importa la anarquía ni la guerra entre las naciones, pueden matarse entre ellas si quieren pero yo ya he cumplido con mi trabajo…- y todo se volvió negro para la Haruno entre escombros y heridas internas por el impacto tan fuerte que había sufrido desde semejante altura.

***

-¿No habíamos visto antes a ese?- señaló Itachi a un hombre de cabello largo y castaño abajo en la entrada de la aldea quien mataba a los guardias de las puertas y los refuerzos que venían a ayudarlos con destreza y prescición.

-Neji…- reconoció su estilo de lucha y sus ojos Sasuke. –Así que de verdad traicionaste Konoha…- lo miró con odio antes de seguir hablando –Deshazte de el, yo iré tras los otros dos-

-Dos contra uno es un trato injusto, no tardaré en quitar a este del camino…-

-No, has lo que te digo- acabó callándolo Sasuke mientras que saltaba para caer en el techo de un edificio formando un gran agujero en este y después tomar impulso para ir de edificio en edifico para llegar a donde estaban Sasori y Deidara.

El sol estaba en el cielo marcando el mediodía. La luz del astro rey quemaba la pupila así como la piel, estando vestido de negro absorbía el calor de este, pero no le impedía cumplir con su labor, así que bajo a la entrada para hacer frente a Neji y poder ir tras su hermano una vez habiendo abatido al Hyuuga.

La guerra a penas estaba empezando...


Quise poner a Matsuri más joven que Gaara, no ser por que, bueno, tal vez si…

Sakura se volverá heroína, no, no la droga xD, me refiero a héroe OuO… tomara venganza por lo que le han hecho… ¿lo logrará?

Con respecto a Hinata… Mph… ya verán… Naruto… tomara una decisión definitiva al acercarse la boda. Itachi… OMG eso no lo puedo decir por que sería decir de más… pero serás algo fraternal lo que sigue... Si, más peleas con katanas y Hinata mostrara sus habilidades en la guerra más adelante…

Hasta la próxima

ViX