Capítulo IV
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ORDINARY GIRL
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¿Qué esperas? Ven a darme mi beso de la buena suerte.
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Desesperándome, te buscaba en mis sueños y ahogándome.
Volverá, seguro que volverá. Y lo sigo sintiendo, te echo de menos. Que acabe mi soledad.
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―¡Sasuke!―
El pequeño pelinegro se detuvo a unos pasos de ella, Sakura bajo la cabeza con tristeza. Eran cerca de las ocho de la noche, el sol se estaba ocultando dejando tonos rojizos y naranjas en el cielo, los faroles del parque comenzaron a iluminar el lugar. Apretó sus manitos contra su vestido color rojo y mordió su labio inferior evitando llorar. Sasuke continuaba en la misma posición, dándole la espalda y sin hablarle.
―Lo siento― Susurro con la voz entrecortada.
Observó fijamente el pasto, como si eso fuera lo más importante, unas lágrimas rodaron por sus mejillas y terminaron fundiéndose en la tierra, escucho sus pasos acercarse y el perfume del niño invadió el poco espacio que los separaba.
―Sakura― La llamo.
Ella apretó los labios evitando soltar un sollozo.
―Mírame― Le ordeno con voz seca.
Ella negó con la cabeza, aún con la vista gacha.
No quería verlo.
No quería despedirse.
No quería dejarlo.
―¡Mírame!― Grito.
Sakura pego un saltito por el susto y levanto la vista observándolo con los ojos rojos e hinchados por el llanto. Sasuke relajó su mirada enojada y acaricio con ternura la mejilla de la chica.
―Podías habérmelo dicho antes― Le reprocho.
―Lo siento, yo no sabía― Lloro.
―Déjalo― La interrumpió aún molesto porque su mejor amiga no le haya dicho que se iba del pueblo en unos días ―Ven― Murmuro tomándola de la mano.
Sakura solo se dejo guiar por su mejor amigo. Caminaron en silencio unos minutos hasta llegar al pequeño estanque donde siempre iban a jugar, se quedaron parados observando cómo las estrellas se reflejaban en el agua cristalina, en silencio, tomados de la mano, el único sonido era el de las hojas de los árboles al ser movidas por el viento.
―Sakura― Murmuro el chico.
Él soltó su mano y ella sintió un profundo vacío.
―Dime, Sasuke― Susurro con la voz rota.
Limpio sus lágrimas con la manga de su abrigo y levanto la vista observando los ojos negros que tanto quería.
―Prométeme algo― Murmuro el pequeño mientras acariciaba las mejillas sonrojadas de la niña.
―¿Qué?―
―Que nunca vas a olvidarme― Susurro.
―Lo prometo―
―No― Comentó frunciendo el ceño enojado, sonrió de lado y se acercó más a ella ―Hazlo bien―
Sakura lanzó una risita baja y Sasuke la abrazó con fuerza por la cintura hundiendo su rostro en el cabello largo y rosa de su amiga, sintiendo el aroma a cereza y ocultando las lágrimas que ya salían de sus ojitos negros.
―Sasuke, te prometo que jamás te olvidaré― Susurro evitando que su voz se quebrara ―Prometo que siempre te recordaré con mi corazón― Murmuro apartándose un poco de él para poder verlo a los ojos.
Sonrió con cariño y saco de su bolsillo una hermosa cadena de plata con un colgante en forma de abanico, de color rojo y blanco.
―Se supone que te lo daría en tu cumpleaños pero no voy a estar― Susurro él pelinegro ―Por eso quiero dártelo ahora― Comentó pasando la cadena por el cuello de la niña ―Esto es muy importante para mí― Sentenció, Sakura asintió como de si un soldado se tratara ―Y quiero que tu lo tengas―
Sasuke sonrió observando el hermoso dije que colgaba del delicado cuello de su niña.
―Sasuke― Susurro ella observando embobada su regalo ―Gracias―
Sasuke sonrió, ella se paro en puntitas de pies y beso castamente los labios de su mejor amigo.
―Te prometo que volveré―
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―Te prometo que volveré― Susurro.
Habían pasado diez años.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Estaba sola en ese mismo parque ¿Cómo rayos pudo olvidarse de Sasuke? De su mejor amigo. De su primer amor.
Apretó con fuerza los puños.
Estaba sentada en uno de los viejos columpios, el viento helado recorrió su cuerpo haciéndola temblar. En cuanto se mudo a Tokio, comenzó una nueva vida, una nueva escuela y nuevos amigos. Siguió en contacto con Ino, porque su madre y la de ella eran viejas amigas y cuando Ino venía a visitarla siempre venían con ella, Tenten y Hinata. Recuerda que Sasuke y ella se llamaban todos los días, se escribieron durante un tiempo pero con el paso del tiempo las llamadas y las cartas fueron desapareciendo, junto con ellas, el recuerdo de su mejor amigo.
Ella tuvo nuevos amigos, nuevos amores, pero jamás sintió lo que sintió con él, luego vinieron las peleas de sus padres, la infidelidad de su padre, el divorcio y finalmente ella misma había decidido volver a Konoha a acompañar a su madre. Hikari le había insistido en que se quedará a vivir con su padre en Tokio pero Sakura no era capaz de ver a su padre a la cara después de lo que le había hecho a su madre.
Habían pasado tantas cosas en diez años, que ella simplemente, olvido a su primer amor.
Molesta.
Pero él no.
―¿Sakura?―
Sakura limpio con disimulo las lágrimas que rodaban por sus mejillas, mordió su labio inferior y levanto la vista encontrándose con Naruto, sonrió nostálgica. A él también lo había olvidado.
―Naruto― Susurro con tristeza.
―¿Estás bien?― Pregunto el rubio, Sakura se levantó de golpe y se tiro a sus brazos a llorar como una niña― ¿Sakura?― La llamo preocupado envolviéndola en sus brazos.
―Lo siento, lo siento― Repitió mientras gimoteaba ―Lamento no haberte recordado― Dijo al fin cuando se separaron unos centímetros.
El rubio sonrió con ternura y volvió a abrazarla.
―Descuida― Susurro con cariño.
Se mantuvieron en la misma posición unos minutos, finalmente Sakura se separo limpiando sus lágrimas.
― ¿Qué haces aquí, por cierto?― Pregunto confundida.
El rubio rio rascando su nuca con una mano.
―Te vi salir corriendo, vi que estabas llorando y quise ver que estuvieras bien― Comentó ―Pero demore porque tuve que encontrar a Sasuke para pedirle las llaves de su coche y Hinata está algo ebria― Murmuro observando el coche de su mejor amigo, donde se encontraba la pelinegra descansando en el asiento trasero.
Sakura lanzó una risa baja.
―¿Me llevas a casa, Naruto?―
El rubio asintió a modo de respuesta y llevo a ambas chicas a la casa de la pelirrosa, ayudo a la Haruno a llevar a Hinata a su dormitorio y luego se despidió volviendo a la fiesta en casa de Sai. Al llegar solo quedaban unas pocas personas, la fiesta había acabado y solo quedaban las sobras, ebrios que ni siquiera podían levantarse, entre ellos, Sasuke.
―Sasuke― Lo llamo golpeándolo en el hombro.
El azabache ni se inmuto en contestarle, siguió recostado en el sillón terminándose su cerveza, Naruto bufo por lo bajo.
―Vamos, hermano. Es tarde― Comentó ayudando a su mejor amigo a levantarse.
Sasuke se quejó por lo bajo pero se dejo arrastrar por el rubio hasta su coche.
―Sakura― Susurro ya en el asiento del copiloto medio dormido.
Naruto sonrió de lado.
― Pronto la verás―
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A la mañana siguiente cuando Sakura despertó sintió que algo había cambiado en ella y luego corrió al baño a vomitar.
―¿Estás- Ah― La pregunta murió en la garganta de Hinata, no alcanzó a terminar de preguntar cuando ya tenía la cabeza metida en el tacho de basura del baño.
Beber no era lo suyo.
Sakura sonrió alejándose del inodoro, paso su mano por sus labios y tiro de la cisterna.
―¡Mamá!―
En menos de dos minutos Hikari Haruno ingreso al dormitorio de su hija con dos vasos de agua y dos pastillas para el estómago.
―Otra vez― Susurro más para sí que para las niñas ―Tomen esto y dense un baño― Dijo entregándole un vaso a cada chica ―Y abran una ventana― Comento retirándose del dormitorio.
Sakura olfateó y aguanto las nuevas ganas de vomitar, corrió a la ventana y la abrió de prisa, el aroma a alcohol y encierro la estaba mareando, el sol ingreso por la ventana iluminando su rostro y Hinata volvió a correr al baño, Sakura sonrió.
Hoy iba a ser un día mejor.
Luego de ducharse y dormir un par de horas más, finalmente el dolor de cabeza y de estómago casi había desaparecido.
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Abrió despacio aquella pequeña cajita musical que tenía desde niña y entonces lo vio.
Sus dedos temblorosos tomaron aquella hermosa medalla que su mejor amigo le había dado hacía más de diez años, el hermoso dije con forma de abanico relució ante sus ojos. Hacía tantos años no lo usaba. Lo tenia guardado como un recuerdo y recién ahora recordaba el verdadero significado de esa valiosa medalla. La tenia hacía tantos años que suponía que sus padres se lo habían obsequiado.
¿Cómo había sido capaz de olvidarlo?
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Sakura suspiro al bajar las escaleras aún con el cabello mojado y vestida con un holgado jean azul, unas converse rosas y una sudadera color gris con el ratón Mickey Mouse estampado en el frente. Observó el reloj de la cocina, eran las cuatro de la tarde, Hinata se había ido hacía una hora y su madre se encontraba arreglando las plantas del jardín, suspiro y salió de su casa, camino a paso lento hasta llegar a una de las calles principales del pueblo.
Lo bueno de vivir en un pueblo chico es que podía llegar a donde quisiera solo caminando.
Suspiro una vez en la puerta de la florería más hermosa del pueblo, las puertas eran de vidrios al igual que los ventanales, podía observar plantas y flores en el interior del lugar, incluso tarjetas y osos de peluches para vender, apoyó la mano en la perrilla de la puerta y volvió la vista al interior del lugar.
―Aquí voy― Se animó entrando a la estancia.
La campanilla de la puerta sonó en cuanto ingreso al lugar, el aroma a flores la inundó, la pelirrosa simplemente camino de prisa al mostrador esperando ser atendida.
―¡Yo voy papá, déjalo!― Escucho su grito y pronto vio su cola de caballo aparecerse por el lugar ―Sakura― Murmuro bajito.
Sabía que Ino le gustaba ayudar a su padre con la florería, la rubia siempre decía que algún día ese negocio seria su herencia.
―Hola, Ino― La saludo ―Me darías tres tulipanes― Menciono con tono suave la de cabellos rosas, la rubia solo asintió con la cabeza y eligió unos hermosos tulipanes que coloco sobre el mostrador ―Y una tarjeta― Dijo la de ojos verdes.
La rubia asintió dirigiéndose de prisa a la zona de las tarjetas de donde trajo consigo una pequeña tarjeta blanca con un tulipán dibujado. Sakura le sonrió, tomó la tarjeta y un bolígrafo y escribió de prisa, luego metió la tarjeta en su sobre y la dejo junto a los tulipanes, la rubia observaba todo lo que la chica hacía pero aún así, a pesar de que Sakura se mostraba amable y amistosa, Ino no lograba hablarle. Sakura era su mejor amiga desde que tenía memoria, habían peleado tantas veces, pero esta última vez ambas se habían pasado del límite. Aún a pesar de eso, Ino sabía que Sakura siempre seria su mejor amiga.
―¿Cuánto es?― Pregunto la de ojos verdes, luego de despabilar Ino le cobro.
―Ino― La llamo, los ojos celeste de Ino se clavaron en ella ― Lo siento― Murmuro mientras se acercaba a la puerta de la tienda.
― ¡Los tulipanes!― Grito antes que su amiga se fuera.
―Son un regalo― Dijo con una sonrisa mientras se retiraba de la florería.
Al salir pudo observar por el cristal de la ventana como la rubia abría el sobre de prisa y leía lo que decía la tarjeta. Tres simples palabras.
Te amo, amiga.
Ino sonrió y llevo los tulipanes a su nariz sintiendo su aroma.
Porque amistades como la que Sakura e Ino tenían jamás se pueden romper.
Y menos por un hombre.
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Sakura sonrió al entrar a su hogar, olfateó sintiendo el aroma a galletas recién hornadas, suspiro más tranquila y subió de prisa a su dormitorio, se quitó la ropa y se colocó el pijama, un simple pantalón color rosa, una blusa de tirantes roja y su holgada sudadera de Mickey Mouse, luego bajo corriendo las escaleras encontrándose con su madre, quien estaba recostada en el sillón, las galletitas de chocolate descansaban en un plato en la pequeña mesa frente al sillón, sonrió y se sentó junto a su madre en el cómodo sillón de la sala.
―Mejor no pregunto cómo estuvo esa fiesta― Bromeo la Haruno mayor mientras cambiaba los canales de la televisión ―Por cierto ¿Dónde estuviste por la tarde?―
―Tenía algo importante que hacer―
Sakura sonrió y tomo una de las galletas caseras. Luego de unos minutos en silencio, Hikari finalmente se decidió por ver Diario de una pasión. Sakura sonrió agradecida de tener a su madre y se lanzó a sus brazos a abrazarla, Hikari la miro extrañada pero no tardo ni dos minutos en corresponder el abrazo de su única hija.
―Te amo, mamá― Murmuro.
―¿Y ahora que quieres?― Pregunto divertida la pelirrosa mayor.
Sakura la miro fingiendo enojo.
―Yo también te amo, cielo― Susurro Hikari acariciando la mejilla de su única hija ―Gracias por venir conmigo―
―Deja de agradecer― Murmuro rodando los ojos ―¿Sabes? Las galletitas no están tan mal― Bromeo, Hikari la miro con enojo fingido ―Aunque mejor eran las de la abuela, las que hacía cuando era niña― Comentó divertida llevándose una galletita a los labios y observando la película.
―Aún eres mi niña―
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Era lunes por la tarde, casi noche, el cielo poco a poco se oscurecía cada vez más. Eran cerca de las ocho de la noche, estaba sentada en una de las gradas de la cancha de fútbol americano, sabía que Sasuke jugaba allí. A su lado estaban Ino, Tenten y Hinata.
Era el primer partido del año escolar.
―¿Saben?― Comento nerviosa mientras apretaba la medalla del pequeño abanico con su mano ―Ahora no estoy tan segura―
Ino la miro con enojo.
―Deja de ser una cobarde, frente― Chillo ―Y ve a buscar a tu chico― Sentenció dándole ánimos.
Tenten y Hinata rieron apoyando las palabras de la rubia, Sakura sonrió y se levantó de su lugar, camino a paso lento por entre las personas.
―¡Frente de marquesina!― La llamo la rubia a unos metros ―¡Apresúrate o te lo quitarán!― Chillo con burla.
Sakura frunció el ceño desviando su vista a la cancha, era el descanso de medio tiempo, Naruto no paraba de enviarle saludos y dedicatorias de anotaciones a Hinata, esta estaba cada vez más roja, Neji era un poco más disimulado pero no podía evitar mandarle miradas furtivas a su novia y Tenten no disimulaba ni un poco el amor que sentía por el castaño. Ino por su parte reía de vez en cuando, Sai no dejaba de mandarle miradas de rencor y enojo a la pelirrosa pero sus ojos verdes estaban clavados en ellos.
―Maldita― Susurro por lo bajo mientras aumentaba el paso bajando de prisa por las escaleras hacía la cancha.
Karin, una de las porristas del instituto estaba demasiado cerca del jugador estrella, su jugador estrella. Sasuke Uchiha. Apretó los puños celosa y acabo de bajar los pocos escalones que la separaban de la cancha, ingreso en esta y se acercó a paso decidido a las bancas donde los jugadores descansaban en el entretiempo y bebían algo.
―Sasuke Uchiha― Su voz resonó segura y fuerte.
Él sonrió de lado y volteó para verla, sus ojos la recorrieron despacio causándole un leve temblor en el cuerpo.
Como la primera vez que lo volvió a ver.
―Sakura― La llamó, su voz sonó rasposa y fría ― ¿Qué quieres?― Pregunto con cierto rencor en su voz.
Y Sakura recordó que la última vez que se vieron, él la había visto besándose con Sai.
―Prometí volver― Le dijo y se acerco mas a él ―Aquí estoy―
Sasuke tragó grueso al oír sus palabras.
Ella. Ella lo recordaba.
―Pero si quieres puedes quedarte con tu novia― Murmuro haciendo referencia a la colorada.
Ella aún no sabía qué relación llevaban esos dos, pero si él la había estado coqueteando y persiguiendo las últimas semanas lo más probable es que Karin, no fuera su novia. Si no otra loca celosa detrás del Uchiha.
―Esta vez. Tú decides― Comentó segura y tiro de las mangas de su abrigo de lana color blanco nerviosa.
Un fuerte pitido dio la señal de que el medio tiempo había acabado.
―¡A la cancha!― Grito Neji mientras todos los del equipo agarraban sus cascos y corrían a la cancha.
Otra vez retomaban el partido.
Sasuke sonrió de lado avanzando unos pasos e ingresando a la cancha, ahora todos podían verlos. Apretó el casco entre sus manos mientras observaba a sus amigos ya en posición en la cancha, dio media vuelta viendo a su mejor amiga parada a solo unos pasos de él, recorrió su cuerpo con sus ojos negros. Llevaba unos borcegos negros, un ligero vestido rojo por arriba de sus rodillas, ajustado a su cintura y un abrigo de lana blanco. Su corto cabello estaba lacio y suelto y un delicado maquillaje adornaba su rostro, finalmente sus ojos detallaron en su cuello.
Ella llevaba el collar que él le había regalado.
Su abanico.
―¡Sasuke!― Grito Neji desde la cancha.
―¡A jugar, Uchiha!― Le exigió Sai.
Sasuke le envió una mirada de rencor y amenaza, el morocho solo frunció el ceño.
―¿Qué esperas?― Le pregunto de forma fría y arrogante, Sakura lo miro desconcertada ―Ven a darme mi beso de la buena suerte― Comento, su voz sonó más suave y tierna.
Solo un poco.
Después de todo, Sasuke no es un novio amoroso.
Sakura sonrió como una pequeña niña y corrió a los brazos del chico. Besándolo en medio de la cancha, frente a todo el instituto y más. El casco resbaló de las manos del Uchiha y sus brazos se ciñeron a la cintura de la chica, acercándola aún más a él. Apoyó sus labios despacio sobre los labios de Sakura y poco a poco los fue moviendo lentamente. Ella cerró los ojos dejándose guiar por él y abrió la boca lentamente dejándole paso a la lengua del azabache. Él la apretó aun más a su cuerpo tomándola de la cintura y ella apoyó sus manos en el pecho masculino. Sasuke respiro profundo al separarse y volvió a sentir ese aroma a cereza que solo lo había sentido en ella, en Sakura.
Su Sakura.
Ella sonrió al separarse, al abrir sus ojos lo vio sonreír arrogante.
―¿Ahora si me recuerdas?― Mencionó en tono acido, aún así a modo de broma pero al Uchiha hablar a modo de broma no le salía nada bien.
―Lo siento― Susurro bajando la vista ―Lamento no haber recordado a mi mejor amigo. A mi primer amor―
―Lamento interrumpir― Murmuro el rubio evitando que Sasuke pudiera contestarle ―Pero debemos jugar― Chillo a modo infantil Naruto.
Sasuke sonrió de lado liberando a la chica de sus brazos, tomo el casco del suelo y volvió a estampar sus labios en la boca de la chica. Un beso más corto pero más salvaje y pasional y uno que exigía una revancha.
―Yo te haré recordar cada detalle de mi, Haruno― Sentenció amenazante.
Sakura tembló.
―Te quiero, Sasuke― Le dijo cuando él se alejaba a jugar el último tiempo.
Él sonrió de lado, arrogante.
―Lo sé―
Al final, ella si lo recordó y a partir de esa noche, él le haría recordar cada detalle del pueblo, del parque y de ellos.
Sakura no volvería a olvidarse de él porque Sasuke Uchiha quedaría gravado en ella, para siempre.
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Volverá, te juro que volverá.
Ese amor verdadero de cuando era pequeño.
Seguro que volverá.
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