edo pixcu, hablo con sinceridad cuando digo que estoy agradecida por el regaño, en serio, regañame, regáñame todo lo que puedas para seguir escribiendo antes de que se me pase el tiempo y acabe siendo una eternidad lo que me tarde en escribir la continuación. Te pido perdón a ti y a todos los lectores y te vuelvo a dar las gracias... Por cierto, tu correo no apareció t.t

Te voy a hacer caso, me voy a poner las pilas, pero por favor, por favor, no me dejen tanto tiempo sin recordarme que debo escribir...

Y regresando a la historia... pues... espero no se queden con ganas de matarme, por que todo lo que pase tiene una razón de ser...


La voz del filo de su katana sonaba maravillosamente al cortar el viento antes de abrirles el cuerpo, fragmentando partes y extremidades de los que se batían a duelo con el. Neji Hyuuga era un genio en la espada y eso nadie se lo iba a negar al correr el riesgo de ser destrozado por su maestría en el arte del asesinato, habilidad que había estado practicando desde hacía tiempo aunque solo fuere un juguete para Akatsuki. Estaba destrozando a todo ser humano que se travesara en su camino así no fuere para atacarlo, le gustaba, se le estaba haciendo costumbre. Y hubiera seguido con su sádica tarea si no fuere por que Itachi Uchiha se cruzó en su camino…

El sol apenas estaba dejando caer sus rayos en la tierra cuando el pelilargo siguió con su tarea de dejar en terribles condiciones el edificio de la milicia al serle encargada esta labor por parte de sus superiores en Akatsuki. No era un estorbo como ellos pensaban. Pero iba a detenerse, lo iba a frenar el único Uchiha que no podía tocar en ese transitorio periodo del tiempo, pues más adelante sería libre. Así lo había decidido. Estaba escrito.

Ronin:

La Princesa y el Samurái

Secretamente mejoró el Byakugan rompiendo los códigos y lineamientos del clan una vez le quitaron El Sello del Pájaro Enjaulado. Entrenó hasta hacer desfallecer su cuerpo, pues para Akatsuki no era más que un títere con el único fin de brindarles lo que le quedaba de existencia. Desde que ingresó supo que todas las promesas que le habían hecho para que se volviera su aliado no habían sido otra cosa más que palabrería pues lo consideraban un niño por ser tan joven a pesar de ya ser hombre. Nunca le dieron ninguna clase de distintivo ni lo trataban como igual, solamente era un aprendiz que tal vez, solo tal vez, podría llegar a servir de algo en la lucha, ya que llegando el momento indicado tomarían su vida y sus ojos sin remordimiento alguno.

Esto no era sabido por el pelinegro a pesar de sospecharlo así que hacía lo que le ordenaban. No era ningún tonto, después de todo era un samurái hecho y derecho para la guerra y la batalla como cualquier otro, y matar a tanta gente durante su poco pero criminalmente productivo tiempo con los de la nube a pesar de ser considerado alguien inferior, lo hicieron despertar en él el deseo de la muerte, el querer ser el dueño de las vidas de los demás por el simple hecho de ser más fuerte que ellos y poder matarlos en cualquier momento.

Era uno de los tantos factores que lo hacían seguir con Akatsuki, llegar a acabar con el Clan Hyuuga para solo quedar él en pie junto con Hinata y así poder obtenerla por la mala. La vida se la quitó por el capricho de Sasuke Uchiha y ahora la recuperaría, pero ya no con amor, sino con obseción y lujuria, con tanta maldad y coraje que la mataría después de regocijarse con su cuerpo, poseyéndolo a todo momento hasta hartase de ella para después matar, claro, si eso llegaba a suceder, pues de lo contrario terminaría siendo una esclava sexual por el resto de su vida o hasta que el sufrifimiento fuera tan insoportable como para querer quitarse la vida con sus propias manos.

Capítulo siete: Cardinales

Estaba a punto de matar a uno de los líderes de la milicia como a tantos otros había matado, cuando un sable de mediano tamaño, tal vez de un brazo solamente, atrapó la manga de su vestuario samurái impidiéndolo mover el brazo al clavarse en la pared.

Neji se sintió iracundo mientras ocultaba su tensión, nadie de los que estaban ahí podrían detenerlo si ya había medido su fuerza con ellos antes de matarlos. Pero al voltear a ver de donde se había lanzado esa espada O Tanto, sus ojos disminuyeron su tamaño por la parálisis que se apoderó de su cuerpo.

En el quicio de la ventana con ambas manos en la madera, estando en cuclillas con la espalda recta, con una rodilla hacia abajo y la otra casi cerca de su pecho, vislumbró con impacto la nítida imagen de Itachi Uchiha.

Escuchó mucho acerca de el traidor de Konoha, tanto Deidara como Zetsu hablaban sobre él como si estuviere haciendo algo realmente peligroso o realmente estúpido como para estarse exponiendo de la forma en que lo estaba haciendo, fueron pláticas a las que no puso mucha atención, solo que sí le interesó lo que mencionaron de él con tanto extremismo. Palabras que se quedaron grabadas y a la fecha recordaba sin poderlas olvidar…

-Mira que borrarse la memoria para recuperar a su hermano-

-No solo eso Zetsu, lo hace por que lo quiere por completo de nuestro lado, que se una a Akatsuki…-

-¿Crees que quiera que Sasuke sea uno más de nosotros? No, es algo más delicado y profundo para poner tanta dedicación en ello,... muy turbio como para que nos digan a nosotros lo que es...-

Recordó. Y al hilarlo en ese justo momento en el que el Uchiha se abalanzó contra él no pudo reaccionar de otra manera más que evadiendo el ataque del pelinegro con su katana pero sin intención alguna por atacarle. Itachi notó esto, el cambio de actitud del Hyuuga tan desprovisto de confianza de matarlo, no lo estaba esperando de él.

Itachi se informó de todos los medios que estaban a su alcance acerca de lo que había hecho en esos años de los que no tenía memoria ni recuerdo, pero se sorprendió de descubrir que en verdad se sentía capaz de haber hecho todo aquello sobre su vida criminal, y no conocía la razón de porque. Era un extraño sentimiento de inmutable apariencia al no tener remordimiento.

Miró a Neji Hyuuga no atacarlo con los ojos hechos platos por algún vago recuerdo que le llegó, podía leer su mente, era como si siempre hubiere estado ahí ese atrevimiento: mirar a los ojos de quienes mataba antes de arrebatarles la vida, siempre, haciendo que su mirada se le grabara en la memoria para hacer más fuerte su estoicismo cada vez que lo volvía a hacer.

No podía continuar con la batalla, sabía que Itachi era más fuerte que él y no se limitaría a solo desarmarlo, y lo que era peor, aún si estuviera a su altura y tuviera las agallas de enfrentarlo para deshacerse de su intromisión, estando de incógnito sin memoria regresando a Konoha y limpiando su honor a pesar de todo lo que había hecho con su inocencia justificada, nunca había dejado de ser un Akatsuki, así que era intocable.

Miró en sus ojos, su Byakugan le mostraban todas las funciones corporales de su cuerpo, no estaba mintiendo ni actuaba, realmente era un perfecto mitómano creyente de su propia red de mentiras o la autocreación de un hombre redimido experimentando en si mismo. Pero la confianza que despedían sus ojos rojos, con el sharingan activado y con la potente sensación en cada nervio y vena en su fisonomía de que esa era solamente una minúscula parte de su poder lo estaba posesionando. Neji sabía que era un asesino, no podría engañarlo tan fácilmente, así que solo tenía la salida de escapar, pero ¿Como? ¿Cómo huir de él si resultaba ser el menos posible de engañar?

Así que del cielo cayó la respuesta, el grito de una voz rompiéndose en llanto los sacó de concentración a ambos mientras el cuerpo de un guerrero, no visible hasta el momento, atravesó la pared dándole aquella imposible oportunidad de escapar a Neji.

Itachi se quedó inmóvil, quien había gritado era aquel samurái herido entre los escombros, y era una voz femenina. Se acercó cuando se disipaba el polvo de las ruinas y la visualizó, una mujer, no , aún una niña de apenas unos diecisiete años o menos, con una herida tan profunda en el abdomen que no podía ser verdad que estuviera aún viva.

-Ka… Kaze…- trataba de pronunciar escupiendo sangre, saliéndole a borbotones de la boca. Si Itachi no se hubiera inclinado para ayudarla de verdad se le saldrían los intestinos. Miró a Neji, estaba en la salida, era su deber ir tras él, una orden directa por parte del líder ANBU, su superior y su propio hermano, pero si iba a perseguirlo la moribunda chica que estaba a sus pies acabaría muerta, y esa presión en el pecho no le permitió alejarse de ella maldiciendo por lo bajo mientras se desataba el obi de su uniforme samurái para vendarla del abdomen, cargándola en sus brazos y llevándosela de ahí. Tenía que encontrar un médico pronto.

Ni siquiera podía explicarse el porque lo hacía, pero fue parte de su naturaleza salvar a aquella lastimada chica.

Y al salir se quedo estupefacto deteniendo su salto entre los tejados destruidos y algunos postes de Suna en pie para observar atónito la batalla que se suscitaba.

Un infierno literalmente hablando, las llamas consumiéndolo todo, los edificios caídos, la gente gritando, heridos y cadáveres por las calles, escombros, polvo, y partes humanas en cualquier lugar donde pusiera la vista. Nada que ver con la gran aldea de Suna de la que tanto se hablaba con respeto en el país del Viento.

Tal vez, por como estaba dándose las cosas, ni siquiera podría sobrevivir la chica que estaba salvando por no haber ningún médico disponible o con vida para esos momentos, y le hubiera valido más ir tras Neji…

*8*8*8*

Cuando el cuerpo de Gaara fue capturado en el aire por Deidara con otro pájaro de arcilla, Matsuri se dejo caer en el suelo con la mirada fija en aquella ave falsa cruzando los cielos con el hombre que amaba ya sin sentido ni vida, aún caliente. Se hecho a llorar desconsolada, con miedo, miedo por perderlo, y rabia por nunca haber sido capaz de encararlo para decirle lo que sentía y ahora ya era demasiado tarde para amar a un cadáver.

Deidara asoló sobre todo el territorio de la aldea que abarcaban sus bombas haciendo explotar más edificios de los que podrían contarse a simple vista. Las personas gritaban, el número de bajas y heridos aumentaba, los demás samuráis de la aldea se encontraban perdidos, su patria era atacada y su líder había caído, ¿Qué hacer cuando se encuentra uno atrincherado en los confines de una guerra en tu propia casa?

La castaña vio claramente como Sakura Haruno, la esposa de Sasori recién casada del día anterior lo enfrentaba ya convertido en aquella máquina gigante y monstruosa en forma de escorpión. En sus ojos jade podía ver la fiereza y odio que le tenía, el rencor que había nacido de ella por verse burlada en la cara y permitirlo por aquel engaño tan bien planeado.

Observó como cayó abatida destruyendo otro edificio más de las bases, golpeada brutalmente por quien fuere su marido, traidor de Suna. Sabía que si se enfrentaba a ellos no la libraría y acabaría en iguales o peores circunstancias que Sakura, pero era tanto su dolor e impotencia que dejo de lado la razón para tomar su honda entre las manos, saco de su kimono una explosivo al lado de varias cuchillas, las coloco en el tirador, saltó entre las paredes para llegar a lo más alto de los edificios que aún estaban en pie y así llegar lo más cerca que pudiera del sujeto que volaba en el aire, y con la honda girando de forma sublime e inesperada le lanzo las peligrosamente filosas armas acompañada de ese explosivo circular dirigido directamente a Deidara. Poco le había importado el que Sasuke ya estuviere pelando con ellos, perdió la cordura cegada por el dolor.

Notando al igual que Sasori el movimiento de esa chica salida de la nada, el rubio cambió de dirección el vuelo de su ave dirigiéndola hacia arriba para evitar el ataque en el mismo segundo en el que le lanzaba, escupida de una de las bocas de sus manos, -lanzada con tanta velocidad hacia Matsuri-, una granada envuelta en arcilla que acabo golpeándola como si se tratara de un puño doblándola en dos. Tan solo pasó un instante en lo que se partía a la mitad por la agresión de aquel proyectil volátil, que no tardó en explotar haciéndola caer en el edificio de milicia, en el momento menos indicado para interrumpir la pelea que no iba a ocurrir entre Neji e Itachi.

Silenciosamente, sintiendo como su sangre empapaba también la hakama del Uchiha que la llevaba en brazos, deseo morir. Lagrimas se desprendieron de sus ojos nublándole la vista y haciéndola sentir que ya no había más dolor por un breve instante que duro más de lo que debería en su letargo de muerte…

—o—

Sakura estaba desecha e inconsiente, sangrando de la cabeza y probablemente con el cráneo roto de alguna parte, seguía en la calle mientras la gente de Suna aún corría desaforadamente por el peligro en el que estaba la aldea. Sasuke, el provocador de su ruina estaba tan cerca de ella que nunca podría adivinarlo si no fuere por que en un último momento de lucidez abrió los ojos justamente en el segundo en el que él aterrizaba de haber saltado por entre los postes de la calle para después saltar siguiendo su camino hasta los Akatsukis por los techos que no se habían caido aún.

-Sasuke…- murmuró con las pocas fuerzas que le quedaban, y este desapareció en otro salto sin siquiera notar su existencia. Se tragó su pena con esfuerzo esperando perder el conocimiento de nuevo.

A su vez una anciana cubierta de la cara por lo que parecía ser una larga y amainada bufanda de tela ligera y vistiendo ropas misteriosas, salió de un callejón mirando a la pelirosa mal herida con la katana que tomó de casa de Sasori tirada a un lado, bastante lejos de su mano. No era la primera vez que el pelirrojo se aprovechaba de una mujer y la destruía por completo desde adentro, pero esa chica de blanca piel, amplia frente y fuerza en los puños, le dio un aire a cierta mujer que conoció tiempo atrás con la misma fortaleza que ella. Podía estar acabada tirada en la calle en esos lapso de tiempo en el que no había hecho otra cosa más que ridiculizarse más ante Sasori, tratando de enfrentarlo en una pelea que nunca hubiera sido capaz de ganar, pero que cegada, al igual que Matsuri, acabó encarando.

Se apiadó de ella, le provocaba lástima su estado y aún había posibilidades de salvarla. Tomó su cuerpo cargándolo con la energía que se despedía de sus dedos, y se mezclo entre la multitud caminando al lado de una inconsciente Sakura a la que obligaba a caminar usando su chakra para no ser reconocida ni vista sin sentido como realmente lo estaba. La guiaba como solo un marionetista podría hacerlo.

—o—

Estaban a punto de irse sin Neji y sin importarles un comino lo que le pasara esperando que el sobreviviera por cuenta propia, cuando las bombas de Deidara cayeron como lluvia en la ciudad provocando un incendio tal que consumía vorazmente los edificios e incluso a algunas personas con un hambre solo vista en el inferno.

El rubio de Akatsuki reía complacido usando la capa de la organización y su anillo y habiendo abandonado ya ese maldito kimono verde que había usado llegando a Suna y encontrándose con Sasori. El pelirrojo era su amigo y camarada, acababan de capturar al Kazekage y con esto al biju Shukaku, Ichibi. Su tarea estaba completada, pero aún quedaba tiempo para que Deidara se divirtiera un poco ya con el permiso del pelirrojo.

Ahí fue cuando Sasuke apareció, penetrando las llamas y sin ser tocado siquiera por ellas. Su rojiza mirada era sería, fría y llena de sed de sangre, instinto que pasara lo que pasara en su vida jamás podría dejar de sentir ni evitar alimentar.

Tanto Sasori como Deidara supieron que las cosas se tornarían difíciles a partir de su aparición, por lo que Sasori, moviendo aquella armadura de dimensiones monstruosas, se giró hacia él para atacarlo, pero justo ahi recibió en la coraza de su espalda metálica no unida a él por la propia sino por máquina, el cuerpo del líder del país del viento. No esperaba que su compañero depositara ahí a Gaara.

Volteó a ver a Deidara con la mirada taciturna y ojerosa de siempre, con ese encanto que nunca podría abandonarlo. Sabía lo que el rubio quería hacer, pero no concordaba con él.

¿Que crees que haces?, eso decían sus ojos miel, pero Deidara solo sonrió de lado a lado con diversión ante la expresión de su compañero para contestarle:

-Aunque ahora seas el mejor armado quiero quedarme a terminar de destruir Suna- dijo con tranquilidad sin tomar en serio las cosas, por lo menos con una actitud pícara que demostraba lo contrario a lo que iba a hacer.

Sasori negó con la cabeza admitiendo en la mente que el rubio nunca cambiaria y acabó aceptando que lo hiciera. Sonrió ampliamente cuando vio al pelirrojo tomar su propio rumbo y como Sasuke estaba a punto de impedirlo, así que lo detuvo guiando su ave a interceptarlo para dejarle el camino libre a Sasori de marcharse.

Fue en ese momento, en el que Matsuri cometió la peor estupidez de toda su vida queriendo atacar a los de Akatsuki antes de que las cosas siguieran pasando ante sus ojos y así acabar recibiendo el proyectil de Deidara en el centro de su cuerpo mientras la onda de la explosión la disparaba hacia el edificio de milicia de Suna aún en pie.

Sasuke tomó el acto de la castaña como una estupidez suicida y haciendo uso de velocidad y fuerza empuño su katana con vivaces y poderosos movimientos dirigidos hacia el Akatsuki para darle alcance. El rubio sabía que si lo dejaba acercarse sería su fin, Sasuke era mortal con la espada producto de años de prohibido entrenamiento samurái tanto como Ronin como por su invención y templanza, así que se dedicó a lanzarle bombas a diestra y siniestra con una puntería excelente y calculando todos los puntos de escape que el Uchiha podría utilizar como recurso. Pero no esperó la agilidad tan impresionante de Sasuke cuando, impulsándose por las bombas al apoyarse en ellas como escalones y explotando décimas de segundo después de que las pisara ya estando lejos como para que la explosión lo alcanzara, se hizo camino hacia el rubio con la espada reluciente ansiosa de cortar su carne.

La que se estaba llevando a Sakura como títere viviente y malherido se detuvo para mirar la batalla que se estaba desatando en los cielos entre Sasuke y Deidara. Sasori estaba ya lejos, a punto de abandonar la aldea cuando se volteó a ver a su compañero por última vez. En ese instante, con Neji prófugo del mayor de los Uchihas y con una mortalmente herida Matsuri en brazos, Itachi acababa aterrizando con las zori en uno de los postes aún en pie de la calle quedándose quieto y silencioso al ver a su hermano pelear en aquella guerra de explosivo fuego e innumerables figuras de arcilla enfrentándolo solamente con su espada.

Lo veía pelear, estaba seguro de la estrategia que estaba tomando, no lo incluía entre sus planes y se había olvidado completamente de él, iba a hacerlo todo por si mismo. De nuevo estaba ignorando su presencia. Seguía sin aceptar a Itachi.

Sasori no iba a dejar a Deidara solo, desde lejos alcanzaba a visualizar a un Uchiha más, cargando con la estúpida niña que se atrevió a atacarlos casi muerta mientras este trataba de salvarla. Deidara no podría enfrentarse a los dos Uchihas, podría herir a Sasuke y a Itachi, pero les estaba prohibido tocarlos, a Itachi por ser un Akatsuki y a Sasuke por los planes de la organización para con él. Tenía que sacarlo de ahí, y para su mal solo había una forma de hacerlo.

—o—

La anciana que estaba salvando a Sakura apartó la energía que había estado usando en la chica, dejándola caer de bruces en el suelo de la calle con la poca gente que quedaba aún transitando e intentando salvarse, cuando supo adivinar lo siguiente que pasaría.

Conocía a Sasori lo suficiente como para deducirle la forma de pensar además de ser lo más razonable de hacer estando en su situación.

Saltó hacía Itachi robándole a Matsuri de su lado y dejando a este sin palabras en el aire por lo que acaba de hacer aquella mujer de avanzada edad al quitársela, el primer instinto que tuvo fue detenerla, pero supo ver en su cara que lo hacía por ayudar y no por ninguna otra razón, para después perderse al dejarse llevar por la gravedad cayendo en la calle de nuevo.

Aterrizo en el inestable tejado de una casa de tres pisos en llamas viendo en la lejanía a Sasori preparar su enorme fisonomía metálica de escorpión y con su aguijón apuntando a Sasuke. Abrió los ojos descomunalmente sabiendo de ante mano lo que pasaría, lo mismo que había previsto la anciana y por lo cual le había arrebato a Matsuri de las manos.

Apenas llegó a ese tejado, lo vio en cuestión de segundos y volvió a tomar impulso para llegar hasta donde estaba Sasuke batallando contra Deidara. Se movió de la misma forma en la que lo había hecho su hermano menor, apoyándose en las bombas de arcilla para movilizarse. Varias explosiones iluminaron su ida llamando la atención en segundo plano de los dos combatientes. Deidara escucho con mucha precisión el sonido de la poderosa bomba que Sasori acomodaba apuntando para dispararla con su aguijon y se hizo a un lado con su desquiciada sonrisa para permitirle llegar hasta los dos Uchiha.

Sasuke perdió la concentración, su espada estaba destellando electrificada por el chidori con el que estaba a punto de rematar a Deidara. Como su hermano dedujo, no estaba usando toda su fuerza para enfrentarse al rubio, pues al no tomar en cuenta la ayuda de su hermano mayor y querer hacer las cosas solo, quería guardar su energía para detener a Sasori. Solo que no se esperó el ataque del escorpión por la espalda.

Su mente estaba golpeada por lo que acababa de acontecerle hasta hacía un momento, la renuencia a pelear por parte de Neji y que no fuere por temor sino con un gesto de perturbación y compasión por él, cosa que nunca espero ver en el Hyuuga; la furtiva y desastrosa caída de Matsuri en el edificio entrando y destrozando la pared y parte del techo, su decisión de ayudarla, el horrible escenario que se encontró afuera siendo que a solo unos segundos, una sonora gritería y un ensordecedor y repetitivo estremecimiento del aire y la tierra con un caótico sonido, se habían hecho paso velozmente para destrozar la aldea. La anciana que le quito a la chica de las manos, y el movimiento más traicionero de Sasori para su hermano. Todo le punzaba la cabeza. Pero aún con toda esa sedición en él, supo actuar con sabiduría siendo lo único que podría hacer.

Por un segundo Sasuke creyó que su propio hermano quería atacarle y se enfuerció con la idea, pero un proyectil rompiendo la barrera del sonido aproximándose en su dirección y viendo como Deidara se quitaba del camino para que llegara hasta él, acabo haciéndolo interpretar lo que en realidad estaba haciendo su hermano a pesar de considerarlo innecesario. Solo que con tan poco tiempo para pensar o actuar, cegado por la momentánea desconfianza que le tuvo hacía un segundo, no le dio tiempo de reaccionar adecuadamente, así que irremediablemente se dejó empujar por Itachi con el codo y el antebrazo apenas medio metro lejos para que este se enfrentase al proyectil con la katana desenvainada y cortándolo inexorablemente con su feroz movimiento, explotando vastamente, como debía suponerse por el tamaño de semejante granada.

-¡¡Itachi!!- hizo eco el grito de Sasuke en medio de la extensa nube de humo que lo cubrió todo. Un ave salió de la misma con dirección al escorpión dibujado en la distancia.

Transcurrieron solamente unos cuantos segundos, para él eternos, en los que asimiló lo que había pasado: Su hermano mayor había intentado advertirle y acabó salvándolo del ataque a traición por parte de Sasori, recibiéndolo por en su lugar... Lo había salvado...

Lo había salvado...

El cuerpo de Itachi, herido por la explosión, comenzó a caer en picada ante un boquiabierto Sasuke que reaccionando por fin, le atrapó en el aire dejándolo en un techo cercano. Una sonrisa estaba posada en su rostro, no era grave lo que tenía, pero pudo haber muerto de no haber usado el sharingan y el rayo por medio de su katana a la vez, ya que la explosión hubiere acabado con ambos.

-Itachi…- lo miró fijamente para después apretar los dientes con ira. No se sentía así desde que era niño, con su hermano procurándolo.

Por fin, estando en las circunstancias en las que estaba, sintió que confiaba de nuevo en su hermano mayor, y aceptó que la pérdida de sus recuerdos como asesino, miembro de Akatsuki, de verdad habían desaparecido. Lo perdonaba en serio.

Cerró los puños con fuerza haciéndose sangrar las palmas, y se levanto con la convicción de ir tras Deidara y Sasori.

Los aldeanos veían con desconcierto la escena de aquel varonil hombre de cabellos negros saltando de tejado en tejado, de poste en poste, de lo que fuere que estuviere en pie a pesar de seguir en llamas debilitándose, haciéndose camino hacia Deidara. Lo admiraron por su valor, pero no podía quitárseles el terror por más fe que tuvieran en Sasuke como última esperanza de sobrevivir.

No tardó en llegar hasta el rubio, desniveló su ave de arcilla cortándole un ala y haciendo notar su presencia aún latente. Deidara se sintió ofuscado, pero sin perder la sonrisa le hizo frente metiendo las manos de nuevo a sus bolsas de la cadera para tomar mas arcilla explosiva que moldear y lanzarle, pero fue entonces cuando un inmenso dolor se apoderó de él mientras la sangre comenzó a lloverle del brazo al haber sido cortado de tajo con un invisible y veloz ataque del Uchiha y su katana. Gritó, Sasori lo escucho, y antes de que Sasuke pudiera cortar algo más de Deidara de una de sus pinzas mecánicas de la estructura armada que llevaba salió un cañonazo de mayores proporciones dirigido hacia él. Saltó en el aire, evitándolo, pero fue entonces cuando se dio cuenta de que no estaba dirigido hacia el, sino hacia la formación rocosa que rodeaba Sunna haciendo caer un deslave de rocas y tierra sobre la ya de por si acabada aldea.

Así que lo comprendió, se dejo caer en tierra sobre el techo de uno de los edificios más altos, con el fuego a penas subiendo por su estructura, mirándolos con odio al marcharse. Un solo ataque más por parte de Sasori y acabaría por completo con Suna, pues eso era lo que querían hacer desde el inicio, y no se los iba a permitir, ya tenían suficiente con el derrocamiento del Kazekage y la anarquía que se dejaría venir si se recuperaban como para todavía hundirlos más dejando por completo en ruinas la capital del país del viento.

Y los de Akatsuki se marcharon dejando un halo de muerte y desolación en la aldea mientras la anciana que había salvado a Sakura y a Matsuri curaba a esta cerrándole el estómago ya acomodados los intestinos en su lugar y cerradas sus heridas internas, para después cicatrizarle las quemaduras que desaparecerían con algo de dificultad.

Acaba de salvar a dos mujeres cuya vida aquellos dos enemigos de la aldea y traidores a toda nación habían arruinado. Tomó la decisión de ayudarlas por una única razón: la venganza movía el corazón de la gente para hacerle crecer el poder. Si Sakura quería matar a Sasori y Matsuri quería vengar a Gaara tendría que prepararlas bien a ambas. Y eso solo si aceptaban al despertar.

—o—

Sasuke tomo su espada con ambas manos en horizontal a la altura de su rostro antes de invocar el ataque que estaba a punto de lanzarle al fuego con el sharingan activado.

-¡Ráfaga de viento cortante!- exclamó al tiempo que el filo de su espada quedaba volteado del lado contrario fijo hacia él para que únicamente el aire fuera en el que actuara en la dirección al que lo enviaba. Gracias al Sharingan podía controlarlo y evitar volver escombros lo poco que quedaba de los edificios.

La fuerza del ataque era tal que alcanzaba grandes partes del territorio apaciguando el fuego en gran magnitud. Repitió la misma acción más de tres veces y le dejo a los samuráis de Suna el resto.

Fue hasta donde había dejado a su hermano y lo levantó cruzando uno de sus brazos por su cuello. Iba a ser de los primeros que curaran, acababa de ser responsable de evitar que Akatsuki causara más destrozos de los pudo haber hecho, pero no había sido suficiente, ni para él ni para el pueblo.

Solo esperaba encontrarse con Deidara y Sasori de nuevo para acabar la batalla que había quedado pendiente entre ellos en donde ya no habría cabida a juegos sucios por parte de ninguno de los dos.

Respiró, pensó en Hinata y lo que le había dicho antes cuando recién había regresado Itachi a la aldea y aún no era capaz de aceptarlo del todo, actuando con indiferencia hacia él.

-Sabes Sasuke, un hombre no se mide por sus riquezas o por su fuerza, se mide su valía por su capacidad de aceptar sus equivocaciones y por poder triunfar en donde otros han fallado…-

Tenía razón, Itachi había errado al traicionar a Konoha por las razones que tuviese, pero la vida le estaba dando una nueva oportunidad para recuperar a su hermano de la que aún dudaba fuere verdad. Solo que a la vez él mismo estaba equivocado por no aceptar, -aún si fuese por un periodo pasajero- que estaba de vuelta en su vida como tanto lo deseo cuando era niño. Volviendo a ser como una verdadera familia.

Lo miró yacer en el suelo junto a los escombros mientras los demás médicos y ayudantes no heridos de gravedad o sanos trataban de aliviar el dolor de los demás habitantes de la aldea. Estaba dispuesto a confiar de nuevo en Itachi, le había salvado la vida.

*8*8*8*

Naruto tenía tantas cosas en la cabeza sin dejarlo en paz, ocupando tanto de él, que no notó cuando la noche cayó sobre ellos a medio camino y aún faltaba para llegar a Konoha. Se despertó por completo de su ensimismamiento y se aproximó a la puerta del carruaje hábilmente mientras este seguía en movimiento con el cochero ocupado en su trabajo adelante.

Sin abrir la puerta y mirando por la ventana, observó a Hinata durmiendo apasiblemente con su hermana menor en el regazo bien acurrucada en el asiento de terciopelo verde en el que estaban sentadas. Contempló la escena en silencio escapándosele una inocente sonrisa, ambas eran unidas por más rebelde y entrometida que fuere la menor, pero al instante la borró al escucharla hablar entre sueños nuevamente mientras su rostro cambiaba su tranquila expresión de sueño para posarse en ella los signos de una preocupación desmedida.

-Naruto... Naruto...- murmuraba bajo al rotar su cabeza hacia el otro lado. Estaba soñando con él.

Se le herizó la piel, hacía unas horas discutió tácitamente su oculto romance por seguir amándose en secreto. La sociedad y ahora Sasuke no los dejarían estar juntos, pero por más que le dijeran al otro e incluso a si mismos que no importaba, en realidad era lo que mas les preocupaba, ¿de verdad podrían estar juntos algún día por las buenas?

Era su amante, era al que verdaderamente amaba Hinata a pesar de estar a punto de casarse con Sasuke, su mejor amigo, y por más vueltas que le diera el asunto para tratar de hayar un culpable acababa llegando a las mismas conclusiones de una pesada broma del destino. Sí, el se había demorado demasiado en regresar a Konoha y las circunstancias se conjuraron de la forma más insospechada posible para acabar ligándola a Sasuke en un compromiso que le era una salida para huir de Neji pero a la vez otra prisión en la que caía.

Los culpaba, se sentía responsable de haberlos puesto en esa situación, pero poniendo los pies en la tierra y abriendo más los ojos a lo que no podía ignorar supo ver con claridad que Sasuke también tenía la culpa, ¿acaso no se había dado cuenta que los dos se amaban? Ó... ¿solo lo ignoraba por su conveniencia?

Definitivamente le taladraba la cabeza el pensar en ello, así que regresó a mirar el cielo estrellado del desierto a unos pocos metros de terminar para empezar un terreno amplio de vegetación, cuando la brisa de las delicadas y suaves dunas le regaló, cruzando por dentro del carruaje, el perfume de Hinata para embelesarlo hasta desfallecer por la locura con la que este lo envolvía.

Habían pasado años, la conocía desde niña, fue su primer amiga y definitivamente su primer amor, pero ahora, ahora era una mujer, eso nadie lo podía negar, una mujer con una belleza desbordante y dones impecablemente naturales y nada escasos de talento.

Sí, era virtuosa, bella y fuerte, pero el peso de tener y saber tantas cosas era caro y su felicidad parecía nunca ser plena. Siempre había una razón para querer que la tierra la devorara sin dejar rastro alguno de ella, que su dolor se calmara, que las barras de su jaula se derritieran para dejarla por fin en libertad, o tal vez destruyéndose con ella adentro. Pero esta imagen parecía cada vez más lejana e imposible con cada momento de su vida. Sufría por lo que creía en realidad le brindaba felicidad. Sufría por el comportamiento de Naruto, sufría por la sequedad de Sasuke, por el daño que le hacía a sus seres queridos, por la preocupación del mañana, por los secretos que guardaba. Era una bomba de tiempo con una fecha programada para explotar: su boda.

Aún así parecía que mencionar su nombre entre sueños víctima de su subconciente, había movido la conciencia de Naruto levemente, rompiendo esa fina tela entre lo que deseaba que fuera y lo que era correcto por hacer. La quería, no podía ser suya pero la quería con todas sus fuerzas, y ella a él de igual forma.

La miró de nuevo soñar, con el rostro sereno y pacífico a pesar de que los despertares siempre fueren el golpe que la regresaban a la realidad. Los dos sabían lo que hacían, valía la pena y no podían evitar amarse así se obligaran a hacerlo. Los años más preciosos y significativos de tu vida que compartiste con la persona amada no se tiraban por la borda como cualquier cosa, ninguno de los dos podría olvidarlo, así que si no podían pelear contra él, no se rendirían en preservarlo.

Esa noche, con la luna brillando entre las sublimes y ávidas dunas Naruto tuvo un presentimiento muy marcado en el pecho. El sentimiento de que las cosas cambiarían para bien. Que por un breve lapso de tiempo sería feliz.

Solo esperaba no equivocarse o estar hablando demasiado pronto.

—o—

Al medio día de la mañana siguiente, a kilómetros donde un carruaje con el escudo Hyuuga arribaba a la aldea de Konoha seguidos a unos minutos de una caravana ceremonial funeraria y a un día de distancia por de un carruaje con dos hermanos en su interior, lavando sus penas con una simple mirada de complicidad dando paso al perdón, con la plena disposición de empezar desde cero nuevamente y aunque doliera, dejar el pasado en el olvido. Sasuke aún estaría renuente a aceptarlo por un tiempo, pero avanzaba enormemente a lo que podría hacerlo en el pasado.

Las dos hijas de la casa principal de los Hyuuga llegaron con bien a su palacio recibidas con gusto por su padre, Naruto estaba haciendo un excelente trabajo como guardián de ambas y en la mansión se estaba haciendo costumbre tenerlo ahí. Sin embargo, con solo intercambiar una mirada oculta a los ojos de los demás y solo sentida por Hanabi, Hinata notó el paso de la molestia y culpa de Naruto respirando tranquila una vez lo aclararon todo.

Podían ser los seres más despreciables sobre la faz de la tierra por amarse cuando no deberían hacerlo, pero no iban a pensar en el desastroso futuro hasta llegar el momento oportuno. Como esperando un milagro del destino o piedad del cielo para poder estar juntos.

Sonaba ridículo e imposible, pero en el silencio de esa tarde así eran las cosas. Solo en esas pocas horas no pensarían en el futuro, se martirizarían con el desgraciado porvenir que sus decisiones les acarrearían y tomarían con fuerza la mano del otro sin soltarla un solo segundo por temor a perderse mutuamente al pestañear o suspirar.

Naruto era un samurái experimentado, sabía que entre más altas estaban las cosas sin bases sólidas tarde o temprano caerían haciéndolos sangrar, pero mientras su naturaleza de guerrero le advertía del peligro de su amor al amar en demasía a Hinata, más ignoraba su corazón el hecho de que a la vuelta de la esquina podía perderla si se descuidaban.

*8*8*8*

Con el cielo rojo proyectando su carmesí en las dunas, Sakura fue despertando con una jaqueca terrible punzándole en la cabeza y en algunas partes del cuerpo, más sin embargo comenzó a destensarse al sentir una fría y refrescante sensación atravesándole la piel hasta toparse con sus músculos calmando su dolor rápidamente. Se sintió extraña, conocía ese método de curación y muy pocas veces lo había sentido en carne propia, pero esta vez era ella la paciente a la que se lo estaban aplicando, pero ¿Por qué?, y lo más importante de todo ¿Quién?

-Eres tan atrabancada que no te recuperaras bien al moverte tanto- escuchó una voz rasposa detrás suyo. Al voltear se topó con un espejo en la rocosa pared que abría una puerta en donde una anciana de aspecto inofensivo entraba con una charola en las manos donde llevaba un recipiente con agua y varias compresas limpias y dobladas a un lado del mismo.

Sakura se quedo en silencio al ver como se acercaba a los futones donde estaba acostada ella y, notando por fin su presencia, otra chica de cabellos café claro y una fiebre terrible.

-¿Quién...?- quería preguntar por ambas cosas a pesar de su debilidad, pero no se lo permitió la otra.

-Deberías descansar ahora Sakura, no estas en condiciones de sobresaltarte- respondió después de interrumpirla mientras exprimía de una compresa el exceso de agua para después colocarlo en la frente de Matsuri cuidadosa y maternalmente. Sabía su nombre. Sakura no sabía que hacer o decir, estaban siendo atendidas por una completa extraña. –Tienes suerte ¿sabes? Sasori normalmente no deja vivas a las que quieren vengarse de él cuando descubren que solo fueron utilizadas y quieren enfrentarse a él- comenzó a decir la mujer al ver la resistencia de la pelirosa por recostarse de nuevo.

Al escucharla la tranquilidad que le estaba dando aquel recipiente de azules colores y un purpureo contenido dentro curándola se desvaneció mientras este casi se caía de su pecho corriendo el riesgo de llegar al piso y romperse por la respuesta en automático de Sakura. Se tensó fría y deprimida, quería gritar, llorar de nuevo ó salir corriendo, pero se reprimió, mordió su labio inferior derecho con fuerza, sacándose un hilo de sangre de este mientras sus gemidos quedaban atrapados en su garganta y las lágrimas volvían a caer por sus mejillas, penando en silencio con la terrible sensación de ahogarse en su llanto golpeándola en pecho y cuello, atragantándola.

La anciana volteó y la miró con compasión, no era la primera mujer en el mundo destrozada por un hombre de forma mas terrible o peor, pero sí era una que podía tomar la revancha, y por eso ella estaba ahí, para darle esa oportunidad y acabar de una buena vez por todas lo que comenzó hacía años en una noche donde la arena se tiño de rojo cobrizo, despidiendo el olor metálico del crimen que un niño necesitado de amor y atención cometió bajo la mentalidad del reconocimiento por parte de a quienes amaba y lo ignoraban.

-Tranquila chica, tranquila- La abrazó en su pecho comprensivamente mientras Sakura se dejaba consolar por ella, no sabía por que, pero sentía que podía confiar en aquella mujer. Como si algo la atrajera a poder depositar su perdido ser en sus manos.

Balbuceó entre sollozos su fracaso como esposa y fémina, como amiga, dama y guerrera, se lamentó infinitamente sus errores y su ingeniudad, pero al final, momentáneamente ya más desahogada de la pesada carga que llevaba en su alma, puso más atención a la señora que la había ayudado con curiosidad y discernimiento.

-Usted...- respiró con dificultad por los estragos que el llorar le habían hecho a sus vías respiratorias –Usted no salvó a ambas...- señalo incitante a recibir la respuesta que no sabía sería tan desconcertante -¿Por qué?- se despegó de su pecho mirando con inquietud al tiempo que por las lágrimas sus preciosos ojos jade brillaban como esmeraldas.

La anciana levantó el rostro con rectitud y soslayo a la vez, estaba segura de lo que iba a decirle, pero eso no significaba que fuere a ser fácil de explicar y asimilar por ella.

-Mi nombre es Chiyo- recogió el cabello de Sakura con amabilidad y una sonrisa estresada. La Haruno no comprendía el por que hasta que escuchó lo que le robó el aliento instantáneamente –Soy la abuela de Sasori-

-¿Qué?...- se dilataron sus pupilas quedando con la boca abierta por lo que acababa de decir, no podía ser posible que esa dulce ancianita fuere pariente de sangre de un monstruo como lo era el pelirrojo.

-Lamento darte semejante noticia, pero no es un misterio para nadie que mi nieto es la peor persona en este mundo por jugar de tal forma con el corazón de las personas...- se puso de pie con una Sakura aún en estado de shock en el futon.

-La peor... persona...- dijo en su mente para si misma –jugar... con el... con el corazón de las personas...- sintió las más gruesas lágrimas salir de sus ojos y rodar por sus mejillas hasta caer por su cara aún herida. Comenzó a gritar, no era la única que había sido víctima de Sasori, el siempre había sido así, el era un aberrante ser que ya no podía considerarse humano, solo un ente cruel de la más baja calaña.

Chiyo la vio tratar de ponerse de pie haciendo con esto que el frasco circular que la estaba curando acabará cayendo al suelo de tierra haciéndose añicos con su colorido líquido esparcido y absorbido en poco tiempo por la porosidad del piso.

Se desmayó de nuevo, la noticia no la pudo soportar y aún no estaba bien de salud si había resistido a una caída y golpe tal que matarían a cualquiera, pero su fe al aferrarse a la vida la hicieron seguir con vida. Ahora solo debía hacer que enfocara toda esa ira y rencor en su espada.

Antes de dejar la habitación vio como ambas jóvenes yacían en el suelo, recostadas en las respectivas camas que predispuso para ellas. Sería una encrucijada difícil en la cual ningún enemigo tendría piedad de ellas si se descuidaban aunque solo fuera un poco.

Cerro el espejo corredizo que servía como puerta y que solo ella podía distinguir del otro lado en aquel enorme pasillo que al final resultaba ser una cueva, un sitio con muchos pasajes y habitaciones que a lapsos era su hogar.

Salió a ver los últimos rayos rojizos del sol en Suna. El kazekage había caído y la aldea estaba en ruinas, cenizas de su pasado.

-¿Me pregunto...- dirigió la mirada al cielo para captar con sus ojos rodeados de marcadas arrugas por la edad y la sabiduría de su experiencia la primera estrella que brillaba en el cielo decorando con su luz sibilina y brindando esperanza y consuelo a los apaleados sobrevivientes de la aldea al igual que el otrora corazón de Chiyo latiendo pausado -...serán lo suficientemente fuertes como para soportar lo que se avecina?...- dijo al viento mientras este se lleva sus palabras para soplarlas en las ya oscurecidas dunas.

¿Quién iba a pensar que al mismo tiempo, en Konoha, tanto Naruto como Hinata recibirían con impacto pero no tan inconsolables como Kurenai, la terrible y triste noticia de la muerte de Asuma?

No podía haber más que sorpresa y depresión en medio de la nube negra que se batía en los presentes cuando Shikamaru entró a la habitación. Naruto lo reconoció y Hinata se llevó ambas manos a la boca con asombro, nadie lo esperaba, pero con la decisiva mirada de Kakashi eran más que obvias las razones por las cuales el joven Nara estaba ahí a pesar de correr el riesgo de ser arrestado por los conflictos políticos que aún no estaban sanados del todo y que, de hecho, al día siguiente empeorarían.

*8*8*8*

Cuando Sasuke llegó a Konoha al lado de su hermano un cielo gris acompañado de un escalofriante aire los recibió. Todos parecían tristes, incluso el clima, abatidos ante una pena inmensa por una noticia horrenda, pero ellos aún no sabían cual. Y de nuevo los delirios del menor de los Uchihas ahogado en un obsesivo amor le harían pasar un corto pero angustiante momento...

-Lo mejor será que vayas a que te revisen, no han sanado por completo tus heridas- le aconsejó Sasuke a Itachi mientras caminaban al edificio de milicia para reportarse, pero su hermano mayor no iba a permitirle ser así con él nunca más.

-No es necesario- respondió parando los pasos de su hermano menor, quien lo volteó a ver con cara de fastidio –Hay cosas más importantes en esta vida ¿no te parece?- sonrió con sinceridad, con la sonrisa que Sasuke se acostumbró a ver en él cuando solo era niño y la inocencia aún no le era robada. Esos flashazos en donde volvía a sentirse unido a él lo hacían sentir cálido y vulnerable a la vez. Detestaba ese sentimiento, pero no quería dejar de sentirlo. Apenas comenzaba a volver a querer a su hermano y no quería aceptarlo por completo, seguía siendo un asesino, nunca dejaría de ser la causa de que en el pasado se hubiere cernido sobre él un camino de soledad, angustia y muerte. No, no se lo quería permitir ni a él ni a si mismo. Solo Hinata y tal vez Naruto habían logrado traspasar esa barrera de hielo y dura roca que colocaba siempre empuñada en su gélida mirada para que nada pasara y descubriera su dolor y pena en el alma. No quería permitirle a Itachi cruzar. No quería.

-Como quieras- espetó fingiendo molestia, seguía igual de indiferente hacia su hermano como de costumbre, no le gustaba lo mucho que habían cambiado desde que Itachi le salvó la vida por el ataque de Sasori, estaba... empezando a confiar en él, y eso le daba inseguridad y espanto, desconfianza de permitirse sentir así. Las personas que más apreciaba eran su única debilidad, estaban sus camaradas, Naruto, y en primer lugar siempre estarían Itachi, y, como sucedía estando comprometido con la mujer que amaba, Hinata. Pero aún no quería tener a Itachi en ese lugar, no aún.

Había movilización normal en el edificio cuando ingresaron, los vieron arribar e incluso saludaron con el respeto debido, pero fue más que notorio para ambos el silencio sepulcral que reinaba en el ambiente tan denso como para dificultar el respirar. Las caras largas en todos los soldados proyectaban malestar y dolor. Entre guerreros penaban por la caída de un hermano, sobre todo por que se encontraban todos indignados por la forma nada honorable en que aquel admirable samurái que ese día despedían había caído a manos de un tramposo oponente...

-Izumo- lo reconoció Sasuke cuando este se acercaba a su líder y superior con pena en el rotro.

-Uchiha sempai- dijo haciendo una reverencia profunda –Lamento mucho su pérdida- recuperó la postura aún con la vista baja. Su corazón se encogió al escuchar esto, incluso Itachi supo reconocer el decaimiento en el pueblo. Tenía que ser demasiado grave como para ponerlos así. Una persona muy importante... demasiado...

Y Sasuke no pudo evitar pensar mal. Ni Izumo ni nadie le habían dicho quien era el que había muerto.

-¿Qúe?- se acercó a su hombre con fiereza y entumecimiento, solo unas cuantas personas cruzaban por su cabeza, pero la más importante y el miedo a que esta fuere en verdad de quien se tratase lo acuchillo en el pecho como si fuere el mismísimo harakiri de sus pensamientos. Pensó en Hinata, por Dios que pensó en ella, el dolor, sin fundamento verdadero, comenzó a subírsele por el cuerpo hasta llegar a la cabeza e inyectarle los ojos en sangre, activando el sharingan. Pero antes de que pudiera intentar si quiera tomar aire para decir algo, ella llegó ingresando en el edificio, viva... triste...

-Hyuuga san- interrumpió la acción del Uchiha desactivando al instante el poder de sus ojos, había sido una voz no muy lejos de uno de sus soldados saludando al igual que varios a la silueta de una mujer sujetando un paraguas, obstruyendo con el mismo verle el rostro. Iba vestida con un kimono negro, su cabello era liso y largo, recogido en un peinado alto con un broche plateado probablemente de oro planco o platino, del mismo color con el que su kimono estaba decorado con hojas de arce y un enramado delgado y frutal que bajaba desde la espalda hasta el fin de la tela a sus pies donde algunas flores en dorado, tal vez oro estaban dibujadas en la tela.

-Hinata- la reconoció cuando esta subió su sombrilla permitiéndole ver su identidad, estaba bellísima, como siempre, pero la tristeza surcaba sus ojos con asedio por su alma, se notaba que había llorado.

Corrió hasta ella para encontrarse con su alma en las pupilas calmando su pena, pero se remitió a callar al ver como la pelinegra bajaba la vista y acababa rompiendo la distancia entre los dos para buscar refugio en su pecho.

Su débil gimoteo era escuchado únicamente por las personas más cercanas a ellos. Sorprendido, el Uchiha respondió al abrazo pensando lo peor, pero al mirar hacia la salida, bajando los escalones por lo que su prometida había subido para entrar, estaba Naruto. No, no era él del que se trataba.

Con los brazos rodeando su cintura y espalda la estrechó más en su cuerpo. Se inundó en su aroma hundiendo la cara en su cabello, no había podido estar cerca de ella desde que la vio camino hacia Konoha desde Suna. La amaba demasiado y el salto que acababa de dar su corazon por sentirla perdida le dejo un malestar tremendo que le atravezaba el abdomen con una transparente grima. Tal vez Sasuke podría pensar que era consolación lo que buscaba su princesa en él, se sentía frágil ante ella por amarla y era firme a la vez para protegerla de cualquier peligro, incluso de que ella se derrumbara. Aunque en realidad, resultaba ser que el que debía sentirse así de afligido era él junto a ella...

-Sasuke...- se separó de su futuro esposo un paso para verlo a los ojos, al Uchiha le partía verla triste, pero al oir con sus propios oídos por boca de Hinata la noticia por la cual se culparía, solo pudo reaccionar con asombro sintiendo una punzada en el cuerpo mientras ella lo abrazaba a él –Asuma... ha muerto...- soltó por fin con los ojos húmedos por la partida de quien fuere un noble y querido guerrero por el pueblo entero, y lo antes mencionado ocurrió. Sasuke no lo podía creer.

Bajaron juntos las escaleras, Itachi le alcanzó un paraguas a su hermano para cubrirse, en el tiempo en el que ingresaron al edificio se había soltado una tenue llovizna sobre la aldea.

-Ve- le dijo su hermano mayor –Yo iré mas tarde, me encargaré de lo demás- contestó, con esa acción declaraba hacerse cargo del papeleo. Así que con una tenue sonrisa se despidió de él, mojándose en la lluvia mientras este se llevaba a su prometida siguiéndola hacia el carruaje para ir al funeral.

-Asuma...- habló la voz de Shikamaru frente a la tumba de su maestro, también Sasuke estaba anonadado por su regreso tan insólito en semejantes circunstancias, pero por lo menos estaba oportuno ahí para el último adiós de su maestro. De todos los discípulos que Sarutobi Asuma había tenido Shikamaru resultaba ser el más apreciado por este, compartían retos mentales compitiendo constantemente en inteligencia y astucia. Shikamaru Nara era una genio, y no había persona o samurái en Konoha que no supiera esto, pero con toda y esa inteligencia su cerebro no le serviría para calmar el alborotado mar de su interior que se desataba como tormentosa tempestad en su alma y que solo sería calmada con la sangre del asesino de su maestro en sus manos...

Se puso de pie a un lado de la tumba donde habían depositado las cenizas de uno de los descendientes del tercer Hokage, de rodillas, con un ramo de rosas rojas en las manos y con las espinas clavándosele en la piel de las palmas, muñecas y brazos, estaba una perdida Kurenai presente en cuerpo aunque vacía en alma. Había llorado hasta que los ojos, hinchados, se le secaron. A solo unos metros atrás Tsunade tenía una mano puesta en el hombro de Konohamaru, quien lloraba silente producto de su madurez, pues su dolor, a pesar de ser fuerte, le daba fuerzas para la batalla.

-Siempre fuiste el mejor para él...- rompió el silencio de los presentes la voz de Kurenai seguida del bong ceremonial, la gente comenzaba a retirarse.

-No te quedarás sola Kurenai- contestó como respuesta.

-No sabes lo que dices...- se limpió de la cara con los dedos de su delicada mano las lágrimas que aún se mezclaban en su fría y pálida piel con la lluvia. Shikamaru la miraba en silencio, no sospechaba lo que le iba a decir... –Estoy embarazada- dijo con un tono tan amargo y apesadumbrado que dolía con solo oírla. Estaba completamente destrozada.

El samurái de coleta meditó durante unos instantes, se había enterado por Kakashi que se habían casado, pero no sabía que ella se encontrara en esas condiciones, aunque, mirando el nublado cielo y con la cara empapada, se sintió complacido con la vida de que la sangre de su maestro aún corriera por la descendencia que la pelinegra daría a luz.

-No te quedarás sola Kurenai- volvió a decir mirándola con cautela y comprensión –Te lo prometo- le juro mientras Konohamaru, Naruto y Sasuke se acercaban a ellos con paso pausado hasta quedar a una distancia prudente de ambos. Shikamaru respiró profundamente con los ojos cerrados, inundándose con el olor a tierra húmeda, tratando de recordar el aroma casual a tabaco de su maestro que siempre lo acompañaba para después soltar el aire con seriedad en el gesto depresivo que proyectaba pero seguro de sus palabras –Voy a vengarlo...- fue lo único que escucharon de él ante la lluvia aún cayendo sobre todos.

-Nadie te lo va a impedir- dijo Sasuke asegurándole con la intensidad de la mirada la protección política ante cualquier intento de ataque por parte del Raikage al tener como esposa a Sabaku no Temari.

-¿Sabes a quienes te enfrentas?- preguntó Konohamaru tomando las cosas tan en serio como nunca antes lo había hecho en la vida. Los miembros de su apellido estaban extinguiéndose, uno a uno caían. No iba a permitir que su apellido cayera. De cierta forma tenía la misma idea de resurrección de Sasuke, regenerar su clan, salvo la enorme diferencia de no tener ninguna sombra densa de oscuridad en su interior.

-Akatsuki no es un mito- incluyo Naruto ante la falta de respuesta del Nara.

-Eso ya lo sé- respondió, sabía sus limitaciones, era un gran guerrero, pero no podía confiarle a su espada la responsabilidad entera de la victoria si siempre había logrado ganar usando el intelecto. Tenía que ser astuto. –No intenten detenerme- volvió la vista hacia ellos con determinación, era su responsabilidad ir tras Hidan y Kakuzu, a pesar de que al asesino de maestro lo rodearan rumores de inmortalidad.

-Nunca pensaríamos en detenerte- dijo Naruto dando un paso en frente y con los ojos llenos de decisión –Pero queremos que nos permitas pelear a tu lado...- Shikamaru miró al rubio de nuevo.

-La venganza es toda tuya, la vida de Hidan la tomarás tú y nadie más...- interrumpió Sasuke aclarando. –Es tu derecho- completó, supieron quienes eran sus enemigos al estar en el libro bingo.

Rendido por la confianza de sus compañeros y amigos no pudo hacer otra cosa más que aceptar con un leve movimiento de cabeza antes de ayudar a Kurenai a levantarse, estaba en un estado tal que si no la vigilaban se quedaría a morir junto a Asuma en la tumba, pero, al sentir el brazo de Shikamaru con rectitud, la misma que Asuma cultivó en él, regresó a la fuerza a sus piernas y mente a la tierra para jurarse por el amor de su difunto esposo y por su futuro hijo, ser lo suficientemente fuerte para ver por él a pesar de estar sola criándolo. Aunque, con la promesa de Shikamaru y la creciente procuración de los que la rodeaban, no completamente sola.

Una vez hecho el pacto el samurái de coleta caminó al lado de Kurenai y Konohamaru para salir del cementerio. A un lado, cubiertas por un paraguas respectivamente, Hinata y Hanabi vestidas de negro miraban hacia arriba aún despidiéndose de aquel valeroso hombre que tanto había dado por la aldea así como su amistad para ambas cuando comenzó a cortejar a Kurenai, su maestra, ganándose la confianza de sus alumnas.

La menor de las Hyuuga miró con detenimiento a Konohamaru, sabía a la perfección que se sentía atraído por ella y no era secreto al ser tan obvio y público el interés del joven Sarutobi, pero ese día, al mirarlo directamente a los ojos podía ver una tenue sonrisa tosca dibujada en su cara mientras sus ojos eran un profundo pozo de soledad. Tan solo lo miró un instante y él no pudo sostenerle la mirada, no tenía tiempo para su infantil enamoramiento si estaba destrozado por dentro. Hanabi suspiró, no lo había notado antes, pero sí le preocupaba el estado en el que se encontraba, así que sin temor a ser considerada una descarada por clavarle los ojos con tanto detenimiento, lo siguió con la vista hasta llegar a tornar su cuerpo para verlo abandonar el cementerio. Le dolía que a él le doliera.

Mientras tanto Hinata miraba la tumba de Asuma con los dos hombres que amaba despidiéndolo estrujando la rosa blanca que llevaba en su mano, se sentía perdida, no solo por la desgracia de perder a aquel ser querido por ella que a pesar de ser formal no podía ignorar tenerle afecto, solo que el contacto tan cercano con la muerte de alguien cercano miles de ideas pasaban por su cabeza.

-Es demasiado perder a Asuma en un momento como este Sasuke- se inclinóel rubio a depositar la rosa blanca que todos colocaban en la sepultura con respeto por el guerrero. -¿Cómo pudimos haberlo perdido en momentos tan inestables como estos?- decía irguiéndose de nuevo y girando sobre su eje para ver al Uchiha cara a cara. Cuando Sasuke llegó a penas si tuvo tiempo de arreglarse para ir a la ceremonia con una ducha tan rápida como inusual en él. Itachi esperaría por él para ir a con la Gondaime a poner sobre la mesa todo lo que había ocurrido en Suna. Los halcones mensajeros no tardarían en llegar a la aldea.

-Esto es solo el inicio Naruto- confesó mirándolo fríamente, el rubio se sintió estremecido, le estaba quitando por debajo del agua a la mujer que amaba y la culpa no podría abandonarlo al tratarse de su mejor amigo, pues sabía cuanto había llegado a amarla igual que él. –Necesito que me acompañes a ver Tsunade- dijo por último mientras Hinata y Hanabi llegaban a depositar otra rosa en el sepulcro del Sarutobi. Abrazó a Hinata por el hombro mientras ella le cubría con el paraguas también, ella estaba tan triste que ni siquiera se preocupaba por autoculparse por la situación amorosa en las que estaba involucrada. La idea de la muerte no la abandonaba, las palabras de Hanabi se le habían tatuado en el pensamiento sin dejar de atormentarla...

-¿Qué acaso piensas seguir de amante de Naruto cuando tu y Sasuke tengan hijos o que? Tienes que elegir... No ahora, pero si pronto, se que sonara cruel, pero si Sasuke muere en Suna hoy serás libre para estar con Naruto,... pero si el se entera de que Naruto y tu están juntos... un hombre despechado es capaz de cualquier cosa! Naruto esta siendo sensato al pensar en esto desde ahora, tu solo ves el lado que quieres ver en las cosas ¿Qué no te das cuenta?-

-No voy a huir- contestó de inmediato, quería taparse los oídos, dejar de escucharla, salir corriendo.

-No. Solo te quedaras a ver como se destruyen entre ellos por ti sin hacer nada. No puedes irte con alguno sin ser injusta con el otro así como contigo misma, te enamoraste de Sasuke y aceptaste casarte con el por que comenzaste a quererlo, pero no puedes dejar de amar a Naruto. Aceptaste quedarte con Sasuke ahora solo por el regreso de Itachi y por el sueño de Naruto de volverse Hokage-

Estaba atrapada en un torbellino de colores infernales anaranjados y rojos, ella era al agua azul que no podía escapar de entre el cortante viento que no la dejaba respirar y el ardiente fuego que consumía el oxígeno que le quedaba.

Salieron del camposanto con el paso arrastrado, subieron al carruaje y partieron con rumbo a la torre Hokage. La expresión seria de Sasuke infundaba duda y temor, Naruto no sucumbía ante ella pero no le agradaba la forma en que estaba asumiendo las cosas por mas natural que fuere responder así, menos al tomar con tanta fuerza la mano de Hinata con esa aura de dolo. Sabía que si los descubrían sería el fin.

Llegaron e Itachi ya estaba reunido con los demás miembros principales de los clanes. Naruto tuvo que subir las escalera del edificio al lado de su amada y el prometido de esta. Había una pesadez perceptible en el aire, no se marchaba.

-Hinata- la llamaron estando rodeada de los costados por un rubio y un azabache.

-Padre- se acercó ella a un hombre de cabello largo y yukata negra, vestido igual de luto como todos los presentes, los principales dirigentes de los más importantes clanes de Konoha.

-Vamos- la guió hacia el interior del salón de reuniones en donde la mesa circular tenía sillas en las cuales ya estaban sentados algunos de los citados. Pudo ver ahí a Shino, Kiba, Ino, Choji, a Konohamaru... Definitivamente iban a tratar temas bastante delicados.

-Gracias por hacernos grato el honor de su presencia como representante Hyuuga Hinata san- habló Tsunade en la última silla con los codos en la mesa y las manos entrelazadas cubriendo parte de su cara al recargarse en ellas. –Por favor tomen asiento, la reunión va a comenzar- indicó con un ademan de la mano mientras los demás asentían con una reverencia de la cabeza.

Hinata se sentía extraña, su padre estaba sentado junto a los demás dirigentes actuales de los clanes dueños de los feudos más prósperos y fuertes económicamente hablando, sabía que de aldea solo tenían el nombre, Konoha era tan grande como para albergar todos esos feudos, esos territorios de amplias extensiones cubriendo también parte del bosque. Aspiró su suspiro, no podía darse el lujo de tal acto de mala educación frente a personas tan importantes, pero cuando la puerta se abrió y apareció detrás suyo Shikamaru y su padre la habitación se quedó en un mutismo íntegro donde no cabía espacio a nada, ni siquiera el más inocente comentario por parte de alguno.

-Por favor pasen Shikaku, estábamos esperándolos- volvió a hablar Tsunade al tiempo que los otros dos cerraban la puerta de madera a su paso. –Como pueden ver- se dirigió hacia los demás –Shikamaru Nara ha regresado a Konoha a pesar de los cargos que se han levantado en su contra- comenzó su discurso ante el hermetismo de la mayoría.

Aclaró la voz al parecer algo tensa, y no era la única que se sentía así.

–El día de hoy hemos acudido a la despedida de uno de los más importantes y valientes samuráis del país del fuego, hijo del tercer Hokage, que en paz descanse; padre, esposo, tío, compañero, camarada, señores, eso era Asuma Sarutobi para nosotros: un miembro más de la gran familia que representa la aldea oculta entre las hojas...- se detuvo para respirar llevándose una mano a la frente mientras el de coleta, parado con rectitud, trataba de seguir con su estoicismo intacto a pesar de tener una carga muy pesada sobre los hombros que solo él podía sentir.

-Shikamaru...- lo veía un rubio de ojos azules en la puerta luciendo más como guardaespaldas que como un invitado a la reunión. Naruto sabía a la perfección acerca de la paz interior que inundaba todos los sentidos una vez se lograba vengar a un maestro, el dolor solo se iría al terminar definitivamente todo.

-Sabemos que Shikamaru fue el principal discípulo de Asuma y como tal el derecho de cobrar la venganza de su maestro esta completamente permitida, así que ha sido depositada en sus manos.- confirmó la rubia dirigente ante un cabizbajo progenitor del Nara, comprendía la pena de su hijo por más que lo cubriera con esa máscara de soledad simplista en donde no pasaba absolutamente nada. No tardaría en estallar por reprimir tanto sus emociones, pero lo peor estaba por empezar para los presentes en ese triste día gris... -Lamentablemente los conflictos políticos entre naciones que nos llevaron a arreglar por medio de compromisos entre aldeas siguen latentes, ya que ayer, al día siguiente de las nupcias celebradas en Suna entre Sasori, el embajador del país del viento y la doncella de nuestra aldea, Sakura Haruno, se reveló que Sasori era en realidad un miembro más de Akatsuki que junto con su cómplice encubierto raptaron al Kazekage destruyendo casi por completo la capital- exteriorizó con alteración en al voz pero manteniendo la calma a pesar de varios gestos, muecas y exclamaciones de sorpresa y molestia por parte de los líderes y los herederos de los mismos.

Era como anunciar el fin de los tiempos… o el inicio de una macabra nueva era. Era de Akatsuki de quien estaban hablando.

Sasuke tomó la palabra.

-Provocaron un número tan alto de bajas, tanto de civiles como de soldados y guerreros especiales que aún no se han tenido cifras reales y concretas debido a las personas que literalmente se esfumaron al igual que los registros en la torre del Kazekage...- calló un instante al notar como las caras de los dirigentes y los demás se habían deformado por la impresión. Algunos habían perdido el color y otros se habían quedado boquiabiertos o con las venas surcándoles el rostro y las manos por la impotencia ante las noticias que estaban recibiendo. Suna era una potencia aliada de su nación.

Naruto, desde que escuchó lo del pelirrojo sintió perder el equilibrio desde donde estaba en la habitación.

-Gaara- salió de su boca en voz alta...

-Sasuke e Itachi Uchiha estuvieron ahí para tratar de controlar la situación- prosiguió Tsunade tomando fuerzas desde lo más profundo de sus entrañas –Pero hemos recibido información detallada acerca de la metamorfosis que ha cometido en si mismo Akasuna no Sasori- sacó del archivo un dibujo entintado donde se mostraba la imagen del pelirrojo unido de medio cuerpo a una máquina infernal de proporciones tan grandes como las de un edificio de veinte metros de altura.

-Sakura...- cerró los puños Ino al pensar de inmediato en su amiga, Hinata había entrado en estado de shock aún parada por lo que estaba narrando la Hokage junto a su prometido. Ni hablar de cómo se encontraba Naruto, la pared fue su único soporte para evitarle caer al suelo con dureza.

-No se ha confirmado el deceso de la joven Haruno- acompletó Tsunade viendo la cara de disgusto de la mayoría –Sasuke se enfrentó a ambos miembros de Akatsuki, pero tenía que decidir entre detenerlos o salvar a la aldea- los miro con seguridad en el rostro, la mayoría sabían sobre el extraordinario poder del Uchiha, una leyenda viva… –Hizo lo más indicado de hacer al permanecer en Suna para apagar las llamas del incendio que devoraba los restos de la ciudad y ayudar a los sobrevivientes...- terminó diciendo a pesar del disgusto inmediato de los líderes de clanes

Sí, Itachi había hablado con la verdad ante Tsunade sin omitir parte alguna de su participación por respeto hacia su hermano como guerrero y él como soldado, pero al no mencionarlo la Hokage en automático le estaba dando el crédito absoluto a Sasuke, que si bien para algunos era digno de admiración para otros era algo bajo.

-Esto es increíble...- dejó escapar el dirigente de los Hyuuga con preocupación.

-No es un mito señores, Akatsuki es tan real como nosotros y la aldea- implicó Tsunade con desasosiego. La atención de todos fue llamada por el menor de los Uchiha.

-Han aparecido casos de misteriosas e inexplicables muertes y masacres relacionadas directamente con Akatsuki- regresó Sasuke a la conversación con una fotografía en la mano que depositó sobre la mesa –Logramos identificar a un nuevo miembro de la organización trabajando con ellos, desafortunadamente escapó...- apretó el otro puño semioculto en la manga de su traje, Itachi había sido el responsable de la captura de este.

-Neji...- alcanzó a ver Naruto desde donde estaba apretando los dientes con furia, mientras a Hiashi se le apagó la voz para replicar lo que sea que pudiere decir para defender a su sobrino, pues definitivamente era un traidor, y como consecuencia, una vergüenza para la familia. Hinata quizo hablar también, pero las palabras simplemente no se formaban.

-Esta es una situación crítica- habló Shikaku Nara.

-Debemos tomar medidas drásticas para proteger a la aldea y ayudar a nuestra nación hermana- dejo en claro su presencia el líder Aburame con su hijo, Shino, detrás de la silla donde estaba sentado.

-Ayudar a reconstruir Suna esta bien, pero debemos hacernos cargo de estos mercenarios primero- Inoichi Yamanaka tomó las hojas de datos en las manos levemente para después dejarlos caer en la mesa.

-¿Se nombrará un líder provisional en el país del viento?- preguntó el dirigente del clan Akimichi –No podemos dejar que la anarquía se apodere de las calles destruidas de la aldea oculta entre la arena-.

-Eso aún no se decide- respondió Tsunade.

-¡¿Pero que les pasa?!- gritó Naruto metiendo su cuchara interrumpiendo y caminando hacia la mesa para encarar a Tsunade y a los demás con vehemencia -¡Debemos ir a rescatar a Gaara a toda costa!- puso ambas manos en la mesa con un golpe. Estaba furioso, era de su amigo del que estaban hablando -¿Cómo pueden hablar sobre un remplazo para él?- se mostro indignado ante la suposición del obeso hombre de espirales en las hinchadas mejillas de su cara –Ni Gaara ni nadie pueden ser sustituidos como si solamente fuera un objeto- Encolerizado Naruto daba un aspecto asolador.

-Tú eres el menos indicado para hablar sobre misiones de rescate ahora Naruto- lo calló la voz de su mejor amigo del otro lado de la mesa. Sasuke se gano el odio del rubio en esos momentos.

-Estan capturando los biju…- dedujo Hinata pensando en voz alta y siendo escuchada por todos. Alzo la mirada para ver a la rubia del centro y esta asintió apenada por la situación, entre kages habían estado reportando el misterioso caso de mercenarios con objetivos demasiado peculiares… y todavía faltaban por ocurrir más…

-Así es- completó Tsunade mirando al rubio de ojos azules enfermo de ira –No podemos dejarte pelear o enfrentarte a Akatsuki Naruto, demasiado esta en riesgo ahora como para exponerte a ti...- sonó preocupada, pero los oídos del rubio estaban sordos a sus palabras.

-¡Eso es una completa estupidez!- rompió fugazmente el código de un samurái al permitir hablar a la rabia en su lugar. Quería ir por Gaara, era su amigo y no iba a abandonarlo.

-No lo es- se interrumpió la replica del rubio atrayendo todas las miradas hacia ella. Hinata levantó la vista con cautela y previsión –No queremos que mueras...- explicó profundamente con una inmensa tristeza crecida en los ojos.

-Hinata…- la miro el rubio tratando de no caer en sus palabras, pero le fue inevitable. Y también fue imposible de ignorar para Sasuke el hecho de que Hinata tuviera tanta influencia para el rubio, la mayoría podía pensar que era por su unida amistad, pero Sasuke había empezado a sospechar algo que, aunque sentía no debería tener fundamentos, podría ser… algo más profundo entre ellos…

En silencio, mirando las retenidas lágrimas de Hinata no salir de sus ojos y la seriedad de Naruto mezclada con su impotencia, Sasuke juró, que pasara lo que pasara, iba a evitar perder a Hinata así fuere una amiga o amigo el que quisiera tenerla más que él. Ese día hablaría con Hiashi.

La reunión acabó con la decisión de enviar escuadrillas de samuráis de la hoja hacia Suna con provisiones y ayuda médica y también militar. Un embajador del Rayo llegaría a Konoha dentro de tres días para tratar los asuntos relacionados con la pacifica unión entre naciones, el Tsuchikage era aliado del Raykage y este a la vez tenía tratos con la aldea de la lluvia, y por cosas del destino el sujeto con el Temari iba a casarse resultaba ser originario de la aldea de las rocas, pero a la vez el padre del mismo era un alto mandatario de la aldea de lluvia. Todos estaban por unirse para atacar a Konoha usando de pretexto lo de Temari, al ser el país del fuego la potencia más importante y poderosa de todas no debían desperdiciar oportunidad alguna para destronarla. Pero para su mala suerte, Suna era aliada de la aldea de la hoja y estaban arreglándose entre ellas para cualquier movimiento, así que lo mejor era llegar a un convenio, el cual fue un matrimonio entre Kankuro y la nieta del Tsuchikage, una noble de Suna con el señor feudal de la aldea de las rocas para calmar también el disturbio político con la aldea de la lluvia y, una noble de Konoha con un mandatario de Suna. El trato era claro, ¡¡pero las cosas habían cambiado drásticamente al quedar Suna en ruinas!!…

-¿Temes que se desate una guerra?- preguntó Itachi a Sasuke algo intrigado mientras caminaban hacia la salida. Hinata se había quedado junto a su padre y Naruto adentro donde algunos dirigentes y sus hijos aún estaban consternados por el futuro de Konoha con las noticias que acababn de recibir, Itachi y Sasuke no eran lo únicos que hablaban sobre ello.

-Sanbi era un biju en estado libre y muy pocos samuráis sabíamos el territorio en el que se resguardaba- lo miró con frialdad al tomar en serio las cosas, Itachi por alguna razón sabía de esto pero desconocía que era por haber estado en Akatsuki. –Itachi- lo llamo para que lo viera a los ojos a lo cual el otro entornó la vista hacia él –Ya no esta ahí, ha sido capturado, nadie ha logrado rastrear su chakra-

-¿Qué? ¿Desde hace cuanto?-

-El Raykage también perdió a una de sus guerreras, una ronin originaria de aldea de las nubes llamada Yugito Nii, poseedora del biju de dos colas, Nibi- espetó con aire gélido –Esta es información confidencial que a penas si sabe la Hokage, de Sanbi no nos preocupamos tanto por que creímos que alguna nación lo habría capturado para sellarlo en algún guerrero, pero Yugito y Gaara eran Jinchūrikis-

-Iran tras Naruto- sonó la voz de Itachi por lo bajo, solo ellos escuchaban al otro por el volumen de voz que usaban.

-Exactamente, vendrán a Konoha. Las naciones pelearan entre ellas sin duda alguna…-

-¿Entonces que su supone que debemos hacer?-

-Ya lo tenemos resuelto - Itachi lo miró arqueando levemente una ceja.

–Naruto y Shikamaru deben estar lejos del país del fuego…- su hermano sintió como inevitablemente se le dilataban las pupilas.

-Naruto no puede salir...-

-Eso ya lo se- lo interrumpió el azabache -Lo se mejor que nadie...- En su mente, burbujeante y punzándole, tenía la espina clavada de creer que Naruto y Hinata podrían ocultar algo, no desconfiaba de ella, pero si de Naruto levemente. Se sentía equivocado por pensar así, pero le eran inevitables los celos.

Si Naruto salía de Konoha no le permitirían regresar por desobedecer la orden de la Hokage estando en periodo de prueba al haber sido ronin. Como guerreros sabian que esa norma Naruto no la seguiría, pero si ocurría algo con Hinata al suceder esto tendría la razón al creer que había algo entre ellos.

Tenía que deshacerse de Naruto apartándolo de Konoha así fuere solo una sospecha vaga.

-Naruto…- lo llamó a solas apartándolo de los demás una vez este salió y Sasuke se alejó de su hermano.

-¿Qué pasa?- puso interés al sospechar que era algo relacionado a lo que acababan de tratar adentro, su frustración por lo de Gaara seguía tensándole los músculos, pero su pensamiento estaba atado a una sola teoría terriblemente fuerte pero posible. La apuesta de su vida y muerte.

-¿Si fuera de incógnito vendrías con nosotros por los de Akatsuki?- preguntó serio, sería la única vez que se lo preguntara. Sabía lo que conllevaba, no podría salvar a Naruto, pero como sabía que al final terminaría yendo lo mejor sería que fuera con ellos.

Naruto tragó saliva, se imaginaba algo como aquello aunque fuera por cuenta propia, pero no esperó tener que tomar aquella decisión tan pronto con respecto a Konoha y su vida en ella. Si iba, como sabía que iba a ir, no podría volver a pisar Konoha de nuevo como un samurái de esta o como habitante, pero no podía dejar de ir, no iba a permitir que Akatsuki ganara. Rescataría a Gaara y acompañaría a Shikamaru con su venganza.

-Si…- respondió haciéndose responsable de sus palabras. El propio Kyubi se burlaba de él en su interior. Él no era un Jinchūriki, el era su encarnación, el único de su tipo. Y pocos lo sabían.

-Pero que estúpido eres humano… ¿Renunciarías a la mujer que amas por temor a dejarla sola si mueres?... Eres tan patético…-

*8*8*8*

Cuando llegaron al palacio Hinata dejó de lado todos los protocolos o reglas sociales para salir hacia el jardín con rumbo al lago. En el centro de este había una pagoda abierta donde su padre siempre daba reuniones sociales importantes en días soleados o noches cálidas de fiesta y festejo, aunque esta vez, tomando entre las manos los remos de una barca dual para impulsarse a ir hasta alla bajo la lluvia, Hinata no iba a celebrar nada.

Su hermana la vio desde la ventana de la habitación, estaba completamente mojada y el peinado se le había deshecho, había algo en la mirada de su hermana que la dejaba pensando sobre lo único que ocupaba la mente de Hinata, el hecho de estar atrapada entre dos hombres que amaba siendo amante de uno mientras estaba comprometida con el otro. Sin embargo la culpa, si eso era lo que estaba sintiendo en esos momentos, parecía comerla lentamente desde las entrañas.

Naruto la vió y no pudo evitar seguirla, corrió por el puente del otro lado en la entrada del bosque, de espaldas a la mansión, al estar más cerca este que las barcas de donde Hinata tomó la suya. La miró llegar aún apurada a buscar algo entre la madera del suelo. Había un compartimiento secreto que llevaba a un sitio subterráneo debajo, tal vez, cruzando el lago y saliendo fuera del feudo. Quizo seguirla, pero después de un minuto de verla entrar la princesa salió con un cargador de documentos en forma de rollo, probablemente de algún metal ligero pero resistente y con algunos adornos forjados en bronce. Lo abrió con desesperación, las manos le temblaban y había comenzado a llorar. Varios quejidos separados por largos lapsos de tiempo se dejaban oír con su voz apagada. Del cargador había sacado el oleo bastante descuidado de un tigre que recordaba haberla visto pintar cuando era niña...

-Acabo de terminar este libro- le decía sentada frente al caballete con la paleta de colores en la mano y el pincel en la otra, la lectura estaba asomándose de su bolso de fina tela lleno de cosas.

Ese día se había sentido extraño por no tener alcance ni interés por las mismas cosas que ella siendo una noble, pero se recuperó pronto quitándose la idea de la cabeza al recordar que ella era su amiga.

Solo que en el ahora de su recuerdo lo hilo perfectamente a lo que hacía Hinata…

-Me encontré a Sasuke hoy, estaba leyéndolo también…- sonrió.

De niño se había sentido celoso de Sasuke por haber leído aquel libro, de hombre ahora se sentía tonto por saber que Hinata relacionaba esa pintura con la unión de los dos en un solo recuerdo.

A pesar de estar ella empapada y de que la lluvia, algo ligera, entrara por un lado de las columnas, Hinata encendió fuego en un cáliz de adentro estando colocados estratégicamente para iluminar según fuera el festejo, y lo dejó caer ahí para que las llamas consumieran el simbolico recuerdo junto con la pintura y el dolor que le provocaba unirlos tanto. Miraba con el cabello mojado y revuelto pegándosele a la cara y el cuerpo como se destruía aquel óleo. En las manos tenía el collar de Sasuke y el de Naruto encerrados en sus puños. Tenía miedo de perderlos, sabía que no era posible al ser samuráis tan experimentados y fuertes, pero lo mismo había pensado de Gaara y él estaba muerto, así que podía perder a cualquiera de los dos en un abrir y cerrar de ojos.

Recordaba las palabras de Hanabi, el como Sasuke podría morir o Naruto ser asesinado por este. Miles de imágenes le nublaban el pensamiento, la muerte de alguno o de ambos la horrorizaba, no, no podía ser, los amaba demasiado como perderlos…

-Dejaré Konoha- escuchó detrás de ella obligándose así a girar hacia donde lo escuchó, estaba sentado con la espalda recargada en una de las columnas en el barandal de madera tallada que rodeaba el lugar donde se llevaban a cabo las ceremonias del té. Resistió el primer impulso que tuvo de correr hasta él.

-Se que irás a rescatar a Gaara, pero si desobedeces a la Hokage aunque nadie lo quiera serás desterrado y nunca más podrás ser un samurái al servicio del país del fuego- habló con toda razón en las palabras, Naruto se dio cuenta entonces que no sabía lo que Sasuke le había ofrecido esa tarde, y lo más probable era que no le dijera.

-Gaara es más que mi amigo Hinata- se levanto poniendo ambos pies dentro –Nada va a evitar que vaya a salvarlo aún si tengo que renunciar a Konoha- dejo en claro con voz firme e irrefutable.

-Entonces escapemos- se acercó ella a él con la mirada triste –Los kages harán presión a la Gondaime, no permitirán que regreses-

-Hinata…-

-¡Eres un Jinchūriki, Akatsuki tratará de capturarte!, No puedes permitirlo, aún si logras ocultarte hasta el final será más difícil enfrentarlos si ya tienen a todos los demonios de su lado- se llevó ambas manos a la boca con presión.

-Es por eso que no puedo permitir que tengan a Gaara-

-¡No sabes si ya esta muerto!- gritó frustrada, temía perderlo si iba a pelear –Se que quieres ir, es más que obvio que irás, como guerreros nunca abandonamos a nuestros compañeros y amigos…- sintió las lágrimas comenzar a asomársele por los ojos, Naruto la miró, se veía hermosa a pesar de estar desalineada con el peinado aún en su sitio pero malhecho y su ropa ya mojada y floja... –Mi boda será dentro de un mes y medio y no quiero casarme con Sasuke. Te amo a ti, se que eso ya lo sabes- cerró los ojos con fuerza y la voz débil –Pero si vas no podrás convertirte en Hokage…- sentenció lo que no quería decir nunca, pues era la verdad.

-No se ha decidido aún, los kages no han tratado esto, ambos sabemos que las cosas se van a complicar, no podemos movernos ahora Hinata- Tsunade había tomado la difícil decisión de no permitirle a Naruto ir tras Gaara, si lo hacía siendo él el demonio del las nueve colas, si llegaban a capturarle sería el fin y las demás naciones se irían tras Konoha por dejarlo pelear. Era el futuro, pero las acciones del presente influían directamente en el mañana.

-Se que tienes que ir… quiero ir contigo- suplicó, creyó que se iría solo y sin compañía, y si así lo hacía no podría regresar a Konoha ni tampoco a ella. Sería tratado no como traidor ni como desertor, pero si como alguien ajeno a la aldea.

-No, no debes, tienes que quedarte…-

-¡No quiero perderte!- lo interrumpió gritándole con todo lo que daba su garganta, tratando se liberarse del nudo que se le había formado ahí mismo.

-Hinata…- la vio desplomarse de rodillas en el suelo con los brazos pegados al pecho y los nudillos en la cara.

-No quiero…- lloró amargamente mientras la lluvia se hacía más fuerte y llegaba a mojarlos adentro. El fuego, una vez consumido por completo la pintura se había apagado por el aire.

-No me vas a perder…- bajó hasta ella para abrazarla, envolviéndola en sus brazos y tratando de apagar su llanto –Esta bien, no me van a desterrar…- acomodó su cabello detrás de la cabeza de Hinata y le limpió las lágrimas con la mano.

-Estas ayudando a un traidor, Shikamaru también es mi amigo, pero incluso Sasuke al ir y serle permitido no saldrá bien librado de esto, políticamente…-

-Deja la política a un lado ¿si?- pegó sus frentes respirando con dificultad. Callo por un rato, pero estaba muy alterada.

-Te han impedido ir a salvarlo, hoy, frente a los demás clanes, no quiero tampoco que esto avance más con Gaara, pero…- lo miró con pena –…si desobedeces su palabra ningún clan querrá apoyarte después…-

-No me importa su apoyo- respondió -para ser Hokage tengo que demostrar lo que soy, y soy un samurái, nunca le daría la espalda a quien necesitara mi ayuda, aún si me lo prohíben…-

-Lo se…- admitió, había usado eso solo como pretexto para quererlo alejar de lo más peligroso –Es que Akatsuki…-

-No me harán nada Hinata-

-Eso no lo sabes- replicó -En la guerra todo puede pasar…-

-No dudes de mi Hinata, no me has visto pelear aún…- la miro con rectitud sorprendiendo a Hinata por su postura –Te amo- acarició su rostro -Y te amo demasiado como para dejarte ir- la abrazó, tratando de calmarla – aún tenemos más de un mes, aún hay tiempo. Regresaré, los kages no impedirán que sirva a Konoha-

-Se que sabrás enfrentarte a ellos…- aceptó por fin, se había dejado romper por una tontería por la cual no debía sentirse así si tenía fe en él –Creo en ti…- confesó -pero cuando regreses…-

-La boda no se dará acabo- respondió con la mirada fija en ella. –Huiremos, vas a ver…-

-¡Da lo mismo Naruto!- lo golpeo levemente regresando a llorar quitándole la palabra al rubio –Renunciarás a ser Hokage por mi…- se abatió culpable…

-Hinata, mírame- la tomó del mentón con algo de brusquedad para obligarla a mirarlo a los ojos –Dime entonces si por lo nuestro no vale la pena el sacrificio-

-Naruto…- siguieron cayendo las lágrimas por su rostro. No pudo responderle, cualquier cosa que dijera terminaría llegando al mismo lugar, el sueño imposible de Naruto si los dos se amaban y permanecían juntos.

Lo abrazó, buscando escape en sus brazos y su pecho para no sentirse así de impotente como se sentía.

Ella tenía razón, pero Naruto estaba dispuesto a arriesgarse así por un amigo, pues también necesitaba probar su fuerza y hacerse más fuerte. Si iba a ser Hokage tenía que ser el mejor samurái de todos y demostrarlo, tal vez el título no le permitiría tener a Hinata y poder casarse con ella al seguir siendo Sasuke su prometido, pero las cosas estaban tan cerradas que no sabía que hacer.

Algo tenía que pasar, y no era que deseara la muerte de Sasuke en batalla pero si se veía obligado a hacerlo escaparía con Hinata así tuviere que renunciar a ser Hokage.

Desde la orilla, con la vista en el ángulo preciso hacia la pagoda de reuniones, un pelinegro veía la escena en silencio mojado por la lluvia que aún caía. Había ido ese día por una reunión con Hiashi para aclarar los términos del matrimonio con su hija, Hinata Hyuuga y ahora veía aquello…

Se quedo frío, sin aliento, con los puños cerrados y con ganas de querer ir a matarlos por la ira que fundía su sangre en sus venas.

Hanabi se levantó como loca al ver aquella figura en la orilla del lago, fija, estando atónito, mirando hacia la pagoda donde sabía Hinata y Naruto estaban, ¿haciendo qué? No lo sabía, pero de lo que sí estaba al tanto era de que esos dos eran amantes.

-¡No puede ser!- gritó llevándose ambas manos a la cabeza con desesperación -¡¡¡Los descubrió!!!- sintió como la fuerza se le escapaba del cuerpo al haber descubierto el Uchiha la verdad acerca de Hinata y Naruto revelada ante sus ojos.

-No te preocupes, la boda será dentro de un mes, antes, como has solicitado Sasuke- hablaba Hiashi con el pelinegro en el salón.

-Le agradezco- asintió él como reverencia –Ahora me retiro, no sin antes despedirme de Hinata por supuesto-

-No pude haber pedido un yerno más atento como tú Sasuke- sonrió colocando su mano en su hombro con fraternidad. –Según sé esta en el lago…-

*8*8*8*

-Deja de moverte con brusquedad Deidara, se te despegará el brazo- decía Sasori poniéndole un grueso tomo de anatomía en el pecho.

-No me puedes retener aquí, esta cosa todavía tardara una horas en quedarse ahí cicatrizado-

-Mejor unas horas a días ¿no lo crees?- aclaró el pelirrojo mientras se sentaba.

-Claro, como tu no eres el que esta en cama…- roto los ojos –Tu abuela te enseñó todo lo que había experimentado en medicina sabiondo… No por nada te puedes desprender de la estructura de tu exoesqueleto de metal…- le hecho en cara el que lo hubiere hecho creer que su armadura sería total.

Sasori leía con una pierna sobre la otra abriendo una escuadra.

-No me servirian de nada mis conocimientos si no tuvieramos tu brazo. Deberías agradecerle a Neji el regresar por él…- sugirió ante una mueca infantil de disgusto por parte del rubio.

-No bromees con eso, me hubiera gustado acabar con Suna de una buena vez...- se sintió mal por no haber podido destruir más la aldea dejándola reducida a cenizas mezclada con los restos de los habitantes.

-Eso hubiera sido lo más conveniente, no hubieran habido testigos…- dejo su libro a un lado. –A Pein no le gustará que ahora ya sepan quienes somos lo que estamos tras los Biju…-

-Ya lo sé- espetó Deidara borrándosele la sonrisa –Pero la posibilidad de que esto pasara estaba presente y él lo sabía, no quería que así sucediera pero nos servirá para ya no tener que ocultarnos– Sasori puso atención a lo que decía con una mirada recia. –Ya sabrán que deben temernos- habló con soltura y confianza de lo que decía. Sasori solo negó con la cabeza terminando por aceptar lo que había dicho.

Mientras tanto Neji miraba el cielo negro ya de noche en el país en donde estaban. Había decidido regresar con ellos a pesar de las dudas y sospechas que tenía pues solo se enteraría de que eran reales en un momento crítico en donde tendría que huir, y tal cosa sería confirmada por quien menos hubiera esperado recibir las respuestas de lo que pasaba...

*8*8*8*

-Hasta que se curen por completo- respondió la entrada en años mujer ante las preguntas de dos jóvenes ansiosas por lo que les había prometido antes y ellas había aceptado.

-Pero Chiyo san, yo ya me encuentro completamente bien- decía Sakura insistiendo mientras comía los fideos que habían preparado para la cena.

-Yo ya puedo moverme…- incluyo Matsuri con la boca llena.

-No y no- volvió a negar.

-Chiyo san…- rogaron como si se tratara de simples niñas haciendo pucheros por un juguete…

-Ya, ya, tranquilas, mañana comenzaran a entrenar, pero por hoy coman y descansen ¿de acuerdo?- se levanto para ir por el siguiente platillo –Deberían aprovechar hoy, no volverán a tener un descanso como este hasta que hayan prosperado lo suficiente como para enfrentarse a mi, así solo tal vez podrán retar a sus adversarios ¿comprenden?- las dos guardaron silencio expresando seriedad, Chiyo tenía razón, debían dar todo de sí, y para eso tenían que estar en perfectas condiciones si su entrenamiento iba a ser tan exhaustivo y fuerte para ambas.

Sakura pensó en Sasori, el hombre al que le dio todo de ella y la había herido, y también pensó en Sasuke, el comienzo de lo que ahora pasaba con su vida. Sumió la cara en sus rodillas cubierta por la frazada de su futon, aún con el fuego en el desierto las noches eran extremamente frías.

Matsuri puso en su mente a Gaara. No sabía como se encontraba, según lo que había visto cuando Deidara se lo llevaba debía estar muerto, pero no quería creerlo. Cerró los ojos con las manos entrelazadas cabizbaja, le rogaba al cielo que aún siguiera con vida…

-Vamos, no pongan esas caras de abatimiento- les sirvió Chiyo en el plato –Si pierden la esperanza desde el principio no les servirá de nada el entrenar. Podrá moverlas el odio, pero con el corazón puro y limpio podrán tener la mente clara para vencer…- sonrió la anciana ante las chicas bastante sorprendidas por lo que acababa de decirles.

Quería que su odio e impotencia fuera cambiado por templanza, poder y fuerza. Así vencerían.

-Chiyo san…- dijeron al unísono. Esa mujer era su maestra.

*8*8*8*

El Uchiha se contuvo de su sed de muerte al ver a Naruto y a Hinata abrazados en la pagoda y después como este se atrevía a besarla con tanta necesidad y pasión sin dejarla siguiera respirar. Era obvio que los dos se amaban, pero las lágrimas no dejaban de correr por los cerrados ojos perla de la Hyuuga.

Dejo de usar el sharingan y caminó por la orilla hacia la mansión sin ser notado por la pareja en el lago.

Cuando por fin se separaron Naruto vio en tierra firme la mirada del azabache dirigida hacia ellos quedándose boquiabierto al verlo, era más que obvio al verlo a los ojos que se había enterado…

Se le dilataron las pupilas. Abrazó a Hinata con más fuerza en automático, ¡Se había enterado! ¿Qué iba a hacer?

Pero cuando este entornó la cabeza negando para si mientras llegaba a la mansión Naruto supo comprender lo que haría, y se puso de pie obligando a Hinata a hacer lo mismo con su acción para después decir con la voz en un hilo.

-Lo sabe…- lo escuchó ella, que al instante volteó a mirar lo que veía el rubio topándose también con la oscura mirada de este en el escalón para subir y entrar por la puerta corrediza de la mansión. Su rostro mostró el pánico que se apoderó de ella.

Naruto salió rápidamente hacia el puente para ir a alcanzarlo, pero cuando ya había llegado a la orilla y había recorrido dos metros hacia él, la puerta de la mansión se corrió saliendo de esta el que casi provoca que le diera un paro cardiaco al rubio.

-Itachi- dijo el Uchiha bajando hasta donde estaba su hermano mayor y después notando a Naruto a lo lejos.

-Sasuke…- dijo el otro como con pena por que no hubiere salido antes para captar la escena que se desataba en la pagoda.

Sabía lo mucho que amaba a Hinata, el enterarse de que ella era amante de Naruto, el mejor amigo de Sasuke, no era más que la noticia más desgarradora que pudiera recibir si se enteraba. Itachi los había visto, ahora lo sabía todo, pero si le decía a Sasuke este acabaría muy herido y mataría a Naruto sin pensarlo dos veces.

Tenía que ser cuidadoso. Actuaría con cautela para hacer que su hermano dejara de amar a Hinata para que no se casaran, pero si no lo lograba, como era seguro que pasaría, tendría que actuar para obligar a Naruto y a Hinata a separarse. Hasta tal grado llegaba el amor de Itachi hacia su hermano.

-Me adelantaré, aún no me he recuperado por completo y hoy han pasado muchas cosas- dijo el mayor de los Uchiha. El Uzumaki estaba consternado.

-Entonces te veré en casa- respondió el otro caminando hacia donde estaba Naruto. El rubio estaba impávido bajo la lluvia completamente inmóvil por lo que acababa de pasar.

Cuando Sasuke pasó junto a él lo miro de forma extraña, la mirada impactada de Naruto estaba por los suelos y ni siquiera lo había visto. Le intrigó, así que bajo el entrecejo, pero lo ignoró deliberadamente para seguir su camino hacia la pagoda donde estaba su prometida.

Naruto soltó carrera para ir a perseguir a Itachi, tenía que hablar con el sobre lo que había visto. No sabía que haría, si comprarlo o amenzanarlo o rogarle, estaba aterrado por lo que podría pasar.

Recorrió el puente y llegó hasta donde estaba ella, con el peinado aún hecho un desastre y la mirada perdida. Le preocupó verla en ese estado.

-¿Hinata?- se acercó con ganas de abrazarla, aún con el aroma a tierra mojada y el agua asolando todo al caer en lluvia el perfume de Hinata llegaba hasta sus sentidos embelesándolo, pero al mirar bien notó ella estaba completamente petrificada.

-Sasuke…- escuchó el murmullo de su fina voz antes de desmayarse en sus brazos.

-¡Hinata!- la sintió derretirse en él. La abrazó en el piso preocupado, su cabello había terminado por soltársele en lo que se desmayaba. La admiró, estaba frágil, y lo interpretó como la angustia que le había quedado rezagada por ver a su maestra Kurenai, a la que consideraba como una madre, destrozada en la tumba del hombre de su vida.

Con los ojos semiabiertos, con la vista nublada y con esa mala costumbre de hablar entre sueños, el rumor de sus palabras llegó hasta oídos del Uchiha.

-No quiero perderte…- pensaba en Naruto y en Itachi al haberlos descubierto –Te amo…- dejó que el llanto regresara a ella, lo que decía era para Naruto en medio de su inconcecia antes de dejarse llevar completamente por la negrura de perder el sentido, pero Sasuke no lo sabía, y solo se conmovió por lo que dijo atrayéndola a su cuerpo y besando su frente.

-Hinata…- acarició su cabello liso y empapado enredando sus dedos en su suavidad. –Yo también te amo…-

—o—

-¡Itachi!- logró detenerlo en la cañada del feudo Hyuuga al haber tomado la ruta de salida por la puerta este. El Uchiha se detuvo, pero no volteó a verlo. Hubo un corto silencio en donde ninguno abrió la boca para hablar, pero Naruto tenía que hacerlo –Ya lo sabes- dijo detras de él -¿Qué piensas hacer?- preguntó angustiado, aunque con la frente en alto. Dependiendo de lo que dijera tendría que elegir entre llevarse a Hinata desde ese instante o irse solo de la aldea que para la vida de ella no se viera arruinada por él.

-No debería preocuparte lo que hago o no si tuvieras la conciencia limpia…- habló mirando hacia arriba la lluvia mientras esta lo empapaba por completo. –Ya lo había sospechado, descubrí algunas actitudes de Hinata que no me gustaron…-

Naruto calló, estaba tenso y extrañado, tal vez Itachi se lo diría después a Sasuke, no podía moverse.

-No puedes decirme que hacer ni como actuar- volvió la vista al frente sin permitirle al rubio replicar –Soy yo el que tiene el control sobre ustedes ahora…- sonrió, y el Uzumaki sintió esa sonrisa, una llena de falsedad y manipulación. Estaba molesto, encolerizado por lo que le estaban haciendo a su hermano, pero tenía que ser paciente…

-No voy a dejarla- le advirtió de una vez.

-No, no lo harás, la amas demasiado como para alejarte de ella…- contestó Itachi inmuto. –Mas eso no significa que ella no pueda dejarte a ti…-

Naruto apretó los dientes y los puños.

-Huiremos juntos- rebatió.

-Si haces eso no tendré otro remedio más que matarte- irrumpió en sus palabras salidas del alma los deseos que su alma se planteó al verlos juntos. El otro volvió a guardar silencio, Itachi era un asesino, de eso no dudaría, pero no quería que Sasuke lo supiera aún, seguía siendo su amigo. Y tampoco podía simplemente dejarse matar y causarle tan grande dolor a Hinata.

Estaba atrapado y sin salida.

-Procura que el único que muera sea su amor- dijo por último Itachi antes de irse –Si de verdad quieres hacer las cosas bien lo mejor que es que Hinata y tu dejen de verse, lo suyo no puede ser. Piénsalo con detenimiento, si ella no puede dejar te amarte tendré que obligarla…- decretó, a lo que el rubio frunció el ceño furioso, sabiéndose con las manos atadas –Pero si tu eres el que mata su amor por ti… las cosas serían más fáciles…- lo dejó reanudando su camino. Por mucho que quisiere responderle el rubio tendría que tragarse su orgullo y sus palabras.

Todo estaba dicho… y pronto se iría de Konoha para salvar a Gaara...


Continuará…