Perdón, me la pasé haciendo escaletas pero no finalizando este capítulo. Sorry, ¿Me vas a creer edo pixcu que recibí tu review con diez páginas escritas solamente?

Bueno, lo que son las cosas. Ahora con las escaletas ya formadas solo me queda escuchar Requiem for a dream y tocante música épica cada vez que escriba, por que me fascinó como me quedaron para los siguientes capítulos, y es que esta vez no me quiero desviar de mi trama inicial.

Dejando eso de lado, aquí esta la continuación. Pueden estar seguros de que una vez que termine Konoha Gakuen esta va a ser la historia en la que más me centre hasta acabarla. ^u^


Akatsuki era tan poco conocido en boca de los guerreros que era mítico hablar de la organización como algo serio a pesar de las escasas muestras de su existencia que había. Ahora se sabía que era real y la noticia estaba esparcida. No podrían estar planeando nada bueno…

En su primera parada antes de llegar a la frontera para recoger provisiones sabiendo el camino que se levantaría ante ellos, mientras Naruto iba a conseguir agua, Sasuke congregó a todos en el mismo punto sobre lo alto de las copas de los árboles para hablar de lo que lo tenía intrigado desde hacía días cuando habían salido de la aldea y que solo hasta ese momento podía revelarles…

-Yo era un prisionero ANBU cuando Akatsuki atacó Konoha buscando a Naruto la primera vez. Fue así como conseguí el título que poseo ahora, matando a Pein al lado del mismo sujeto con el que llegó buscando al Kyubi, Deidara…- Tanto la expresión de su hermano como la de los otros se vio ennegrecida por sus palabras, era bastante delicado todo aquello. El rubio había escapado, pero no había sido suficiente.

Ronin:

La princesa y el Samurái

-Naruto mató a Pein hace años, y a los que nos enfrentamos cuando Asuma fue asesinado fueron varios Peins también- Kakashi miró hacia Shikamaru sabiendo lo que acababa de decir, había sido directo pero también afable por lo sutil que era esa conversación, sin embargo tan dócil y tan pensativo estaba el Nara que parecía fuera del mundo aunque en realidad estuviera igual de pendiente que todos.

Sasuke se llevó una mano al cabello recogiendo los mechones que por su frente caían antes de que los mismos regresaran a su posición inicial. Algo muerto estaba.

-¿Saben lo que eso significa? Si nos encontramos a Pein en el camino o él viene por nosotros cuando matemos a Hidan y a su compañero, Naruto no se detendrá en matarlo aún si no es el real.-

-¿Entonces que cambios piensas hacer?- se hizo notar su hermano a su lado derecho sosteniéndose en la gruesa rama de otro árbol. Sasuke solo suspiró cansado, sabiéndose con las manos atadas, y debía decirlo aunque no lo quisiera, aún a los ojos de su hermano al que aún no acababa de perdonar.

-Ninguno, no podemos hacer nada ahora que no perjudique la misión desde sus cimientos- habló de Shikamaru, pero este permaneció frio y seco al mirarlo con arrojo y tesón. Quería hacer las cosas por si solo en un principio, sin embargo como todo un genio sabía que su inteligencia era militar en lo que a grupos se trataba, él solo podría caer y no podía pasarle con una familia esperándolo en casa, así que ahora todos sus amigos se veían envueltos en lo que era su batalla, más una batalla que tendría que librar por su parte en medio de lo que se volvería una guerra, una guerra en la que de verdad ya todos serían partícipes.

-Siendo así regresemos ahora, Naruto no tardará en notar nuestra ausencia- bajó de la altura el Nara como el primero, pues tenía razón, así que los demás lo siguieron, solo que Itachi se quedó viendo a su hermano unos instantes con mucha profundidad, con una extraña sumisión al hacerlo. Tenía el extraño presentimiento de que algo se voltearía contra ellos no solamente en ese viaje, sino en Konoha misma. Pero no sabía que era.

Entonces les llegó a todos el primer retraso en su misión…

Capítulo 8: Rey

Metros y metros de tierra árida que recorrían, bosques, cañadas, vacíos, cascadas, lagunas, oasis, desierto, montañas, feudos, kilómetros y kilómetros caminando, corriendo, escalando, en cualquier medio de transporte del que pudieran hacer mano lo harían, no podían permitirse prescindir de ayuda ajena. Y por más que Sasuke fuera la cabeza del grupo e Itachi su mano derecha, Shikamaru era el que llevaba la batuta de la expedición para seguir las huellas que aunque muy confusas y casi netamente invisibles, había dejado Akatsuki como rastro a seguir y solo él era capaz de descifrar. No paraban en su camino.

Desde que habían puesto un pie fuera de Konoha estaban seguros de que no podrían mirar atrás, solo seguir la doctrina samurái en toda su grandeza: la lucha por la justicia y el honor. Solo aquello y nada más. No era solo su vida la que estaban salvaguardando, sino la de una nación entera, y quizás, si las cosas llegaban a avanzar más de lo calculado después de dejar todo en claro con respecto a los biju y con el propio Naruto, al mundo entero.

Nada podía detenerlos, nadie se atravesaría en su camino. Ese era su destino y lo habían tatuado en su vida sin forma de escapar a él.

Pero no todos ellos tenían el corazón devoto a sus principios, la virtud de la honradez estaba rota en un sentido. Cuando habían jurado amar a alguien sus ojos como guerreros llegaban a cerrarse aunque no lo quisieran así, y si bien Shikamaru acababa de casarse, Naruto y Sasuke, por azares del destino en un vuelco imprudente y doloroso pensaban en la misma mujer, a la que le habían entregado su imperioso amor a costa de muchas cosas e incluso de si mismos.

Si Hinata tenían en sus manos la vida de ambos, el corazón de Sasuke en su palma, sujeto entre sus dedos, y el de Naruto en la otra. ¿Cuál iba a ser su decisión definitiva si los dos podían no regresar con vida de esa batalla?

Los dados estaban tirados, aún no había un resultado.

Fue entonces cuando en la frontera del país del fuego con el país del viento en la parte en la que aún no se alzaba el desierto y las granjas se esparcían por todos lados, se alzo ante ellos un volcán en erupción en plena noche caída bajando en ríos de lava por las colinas y las montañas del paraje, paseándose como sangre en arterias ante un desprotegido y pequeño poblado al descubierto justo al lado contrario de la línea divisoria entre su país y tierra extranjera.

Había granjeros corriendo, mujeres empavorecidas, niños llorando, heridos, y también muertos. Todo era un caos. Las construcciones ardían en llamas con chispas volando hacia el cielo mezclándose con el humo y los gases tóxicos que llegaban hasta abajo. Respirando sulfuro estaban. El tiempo estaba contado para que aquel sitio desapareciera de la faz de la tierra en un último suspiro ahogado por la magnificencia de la naturaleza y su increíble poder.

Cuando todos se detuvieron Naruto fue el primero en respirar profundo por sentir la mirada pétrea y negra de Shikamaru. Derrotado, vencido, y resignado.

Ante los rastros acabados de Akatuski por la lava y con la responsabilidad en manos de saberse cómplices en ese desastre natural siendo los únicos que podrían representar una esperanza para ayudar a la gente inocente de aquel pueblo agricultor, que podían estar perdiéndolo todo pero la vida aún no, la única opción viable era ayudar a salvar una copiosa cantidad de sobrevivientes así como ayudar a otros tantos. El rastro de Akatsuki debía esperar.

Fue una noche larga y exhaustiva, tanto que les tomó desprevenidos el amanecer. Quedaba mucho por que ayudar y sus manos estaban más que puestas a ayudar con el volcán aún activo, pero como los pobladores podían entender y saber, al ser samuráis no podrían retenerlos si ya habían hecho más que suficiente.

De otra nación, de otro señor feudal, pero samuráis hechos y derechos nunca podrían dejar de proteger a quien lo necesitara. Ya salvar sus vidas fue lo más grande que pudieron haber hecho por ellos, pues encima de aquello tenían la carga de la misión por la cual estaban internándose en territorios hostiles enemigos y haciéndolo encubiertos salvo por esa aparición.

Lo correcto y lo incorrecto estaba definido por ellos, y mientras asentían acatando las órdenes de la Hokage de Konohagakure, su patria y maestra, también guardaban en su interior, bien oculto entre su pecho y resguardado hasta por sus costillas, la intención de romper reglas de su propia nación para no quebrantar lo más importante para todos: su código de honor. Así que contrario a lo que había sido decretado, Naruto estaba en el grupo, incluido a pesar de la adversidad y de su inestabilidad política en lo que su entidad como guerrero del país del fuego constaba.

Realmente poco iba a saber que en su sangre llevaba una carga aún más extensa y valiosa de lo que muchos podrían llegar a imaginar…

Itachi y Sasuke a veces intercambiaban miradas cuando el rubio hacía alguna hazaña intrépida aún si era accidental, pues solo ellos sabían que la razón por la que estaba en el grupo no era solamente por defender al país del fuego y a la aldea sino por demostrarse a si mismo, no solo en lo que a su experiencia como ronin daba, sino a un grado superior, que sería un guerrero digno de ser Hokage.

Naruto Uzumaki, si supiera que el asesino de su maestro estaba aún con vida y conspiraba con Akatsuki sería la ruina en plena misión fuera de Konoha y de toda ley.

Pero para lo que era un mundo lejos de solo estar bilioso sería un asesino en potencia contra cualquiera que se atravesara en su camino para matar a Pein aún si era aliado suyo o amigo.

La palabra de un samurái resulta ser lo más sagrado que hay para un guerrero, y en medio de la venganza, sentimiento y responsabilidad ardiendo en letras rojas en su alma sin dejarle en paz hasta no haberse consumido, ese único deseo tomaría completo control sobre él.

Sin embargo, a cada paso que daban, Sasuke se preocupaba en demasía por su propio enemigo, ya que por muy livianas y tontas que considerara sus sospechas, el único testigo de la infidelidad de Hinata era su hermano, el cual avanzaba hombro a hombro a su lado, y quien viendo a Sasuke reformado en las raíces de donde pertenecía su sangre teniendo entre sus manos la riqueza que era suya por mandato y poder ancestrales en el feudo Uchiha, recuperando el brillo perdido de largos años de abandono, Itachi no quería volver a ver correr sangre a pesar de no tener memoria alguna de su pasado y de todos los crímenes que con austeridad su hermano menor se vería obligado a cobrar después cuando su espada callera en batalla por su propia mano y decisión.

Las cartas estaban puestas y las tiradas manipuladas. Cinco guerreros, entre ellos dos hermanos malditos por la carga de su sanguinario legado, la encarnación de un demonio, el maestro de cabello plateado que veía a sus antiguos aprendices en la cima de sus vidas con una sonrisa amable y agradecida dibujada en su rostro; los cuatro seguían, fieles a su amistad y camaradería, a quien debiere vengar la muerte de su maestro matando a un peligroso guerrero al cual no podrían llamar samurái al no tener ni una sola pizca de honor en su ser y que para desgracia de la humanidad era parte del mito que en realidad era más tangible que el cielo o el propio aire: Akatsuki.

Por eso no habían podido dejarlo solo en una lucha tan sangrienta como la que se podía desencadenar hablando en términos mayores para los planes de la maligna organización. Por eso debían actuar juntos.

Con la noche caída nuevamente, durmiendo a suelo raso y con una fogata ya en cenizas, un rubio respiraba menguado por la presencia del demonio de nueve colas en su mente como una segunda personalidad viviendo de él y con él, pues eran un mismo ser aunque tratara de negarlo. Jiraya lo había descubierto años antes, por eso lo había entrenado para saber enfrentarse a su segunda cara si es que llegaba a ocurrir una división entre ambos, lo cual, tarde o temprano tenía que pasar…

Ahora, mirando un frio y abierto cielo estrellado visible más allá de las altas copas de los arboles en los cuales su diminuto campamento se resguardaba durmiendo con un ojo cerrado y el otro alerta a todo, Naruto pensó, divagando, si aquella luna creciente que dejaba iluminar el paraje con su platina y prístina luz sería la misma que Hinata estuviera viendo en aquellos momentos.

Se preguntaba si ella estaría pensando en él también. Y si lo haría, ¿Qué estaría sintiendo después de haberse tenido que ir en semejante situación después de hablar acerca de su futura boda y de el sueño roto de él? De cierta forma le había dado demasiado fuerte en su ya de por si decadente fe en algún día estar juntos. Lejos ahora, ¿Cómo podría estar pasándola?

Se llevó una mano a la cara, conociendo a la perfección los lineamientos que una vida unida a la espada le daría al profesar un amor tan profundo y arraigado en el pecho desde muy niño. Lo estaba llevando por la senda del autosacrificio. Y si bien a ojos de otros el solo había caído por una mujer, estaba más que seguro que la amaba con toda su alma como para saber que una vida sin ella no la sentiría vida por más destinado que estuviere a grandes cosas.

Pero cuando más consiente estaba de esto, más lo atacaba el recuerdo y su profundo amor por Hinata...

-¡Aléjense de ella!- gritó un pequeño rubio de ojos azules de a penas ocho años de edad corriendo hacia un grupo de niños aglomerados alrededor de una pelinegra de cabello corto tirada al suelo y a la cual se estaban dedicando a molestar de una forma terriblemente grotesca.

Corriendo lejos de su casa cuando su padre descubrió una falla en su entrenamiento había llorado tanto que las lágrimas le nublaron los ojos al grado de no fijarse que había delante de ella. Así que acabó tirando los helados que los niños que la estaban molestando disfrutaban alegremente entre amigos después de clases justo antes de que la pequeña apareciera.

A penas había entrado a la casa de damiselas para comenzar su instrucción como toda una joven de sociedad, y lo que de adulta podía ser toda una experta e incluso increíble en cada actividad, al comienzo de su adiestramiento era tan torpe y tan inútil que no le daban una más dentro siendo tan débil y tan pesimista. Hiashi se ahorraría tener que entrenarla. Era un fiasco total. Una ruina para la familia que no debío haber nacido, así era considerada.

-Oigan, miren, es una Hyuuga- notaba uno de ellos.

-Tal vez sea pariente de Neji, hija de Hiashi- comentaba otro barbaján. Hinata solo lloraba, seguía dolida por las palabras de su padre, ya que si bien antes solo la había insultado ahora consideraba levantarle la mano algo sin sentido por que nunca lograría cambiarla.

-Es muy bonita- decía el último algo sonrojado, pero con una malévola sonrisa.

-Nah, se ha de creer demasiado comparándose con nosotros...- dejo entrever el de en medio tomando a Hinata de los cabellos con fuerza haciéndola caer de rodillas al piso. –Tanto que deberíamos darle una lección-

-¡Ha!- gritó ella cuando jalaron con más fuerza su cabello, con una salvaje brutalidad. Fue entonces que una mano intrusa se metió en su kimono llegando a su pecho y se quedó inmóvil, intranquila, ultrajada. Trató de quitárselo de encima, de defenderse, pero volvía a ser herida por el niño mayor que ella.

Al ver los otros lo que hacía se sintieron criminales, pero se quedaron ahí para ver y también para ser partícipes de aquello.

-Parece que crecerán mucho...- reía con la mano aún dentro de Hinata y con la mano de ella sobre su muñeca tratando de pararlo.

-Suéltame- imploraba –Ya basta...-

-No hasta que nos pidas disculpas por habernos empujado. Querías escapar, ahora tendrás que pagarnos...-

-No traigo dinero- explicó peleando todavía. –Lo siento, realmente lo siento, no fue mi intención...-

-Ya cállate- decía el que la estaba manoseando y al parecer era el líder de los tres. –Eso es lo de menos, si realmente quieres saldar lo que nos debes hay otras maneras de hacerlo- sonrió para los otros dos, quienes supieron captar su mensaje.

La maldad, lamentablemente para toda la humanidad, llega a crecer a la más pronta edad que imaginamos.

Este suceso no era más que una prueba de ello…

-Tendrás que dejarte hacer todo lo que nosotros queramos-

-¡¿Qué?- reaccionó adversa y con miedo -¡Claro que no! ¡Suéltame!- volvió a forcejear. -¡Haa!- gritó cuando los compinches de quien estaba torturándola cayeron de rodillas para abrir su kimono de la parte de abajo.

Fue cuando él escucho su grito. Su única amiga, su compañía pasando por los momentos más solitarios de su vida en el que el vacío la consumía por las palabras de su padre y la frialdad del mundo extenuante de la nobleza, y que sin embargo, noble y todo se había hecho su amiga y confidente de toda la vida.

-¡Aléjense de ella!- gritó haciéndose presente para todos.

-Naruto...- lo miró, se sentía avergonzada, pero él era su salvación. Había llegado en el momento justo, el más oportuno de todos.

-Tú no te metas- ordenó el que la tenía entre las piernas jalándola del cabello. –A él- indicó, a lo que los otros obedecieron para ponerse de pie y seguirlo.

-Dije que la dejaran en paz- volvió a decir el recién llegado lanzándose contra uno, logrando tirarlo al piso y molerlo a golpes. El otro lo detuvo, lo tomó de los brazos y el que estaba abajo al pararse comenzó a golpearlo como toda una masacre en solo cuestión de segundos.

-¿Decías?- se burlaba con una sonrisa infame.

-Deténganse- recibió un golpe en la boca del estómago silenciándose por el dolor. –Déjenla ir...- apeas audible era su voz.

-Mediocre- lanzó hiriente el que tenía a Hinata, fue a los ojos de Naruto entonces que pudo ver como aquel horrible niño metía la mano entre las piernas de su amiga a punto de llegar a su morboso objetivo.

Todos sus músculos se tensaron, dejo de respirar sintiendo como sus pupilas se dilataban por lo que veía, el más grande miedo reflejado en los ojos luna de su mejor amiga a punto de gritar.

Sus manos se cerraron volviéndose puños por reflejo. Aún si lograba deshacerse de quienes lo tenían cautivo no lograría llegar a tiempo para salvar el bienestar de Hinata mental y físicamente con es única acción de la mano de quien con una macabra mueca, sonriente, mostrando todos sus dientes, estaba a punto de malograrla.

La sangre salía por la comisura izquierda de su boca dejando su metálico sabor en su lengua. Sentía unas tremendas ganas de llorar por la impotencia, por la tenacidad que tenía y no era suficiente. Por que ella lloraría al ser ultrajada por ese vándalo sin que el pudiera hacer nada.

Fue entonces que Hinata reaccionó, sin saber que Naruto lo haría al mismo tiempo, pues lanzó su cabeza desde adelante por el aire, meciendo sublimemente sus cabellos cortos, su fleco, y los mechones que enmarcaban su dulce e infantil cara que a ellos se les había hecho atractiva así como todo su cuerpo a pesar de ser solamente una niña inocente y tierna como ella. Había estado débil e incauta, y completamente sola en esas circunstancias mientras lloraba con sus lágrimas mojando la tierra, casi hiriéndola.

Aquel sujeto nunca espero oír con sus propios oídos el como su cráneo era azotado por el de Hinata al pegarle semejante golpe en la cara cuando estuvo apunto de meterle la mano tocando aquella zona tan sensible y vulnerable para ella. Por eso cuando se defendió gritó, para tomar coraje salvándose a si misma…

-¡Hinata!- gritó Naruto pisando a uno de los que lo retenían y así liberándose un brazo para encestarle un tremendo codazo en el plexo solar al otro así como en el costado para ir a socorrer a la pelinegra. –Hinata-

-Naruto ku... agh- volvió a ser halada hacia abajo cuando trataba de correr hacía su rubio amigo. El sujeto que la tenía presa no desistía en dejarla ir.

-¡Déjala!- volvió a gritar el ojiazul furibundo acercándose, corriendo a una velocidad sorprendente a lo que los otros nunca podrían darle alcance.

Tomo la mano de Hinata y le dio una patada al otro que lo dejo sin respirar escupiendo por reacción. No podía jalar aire. Los otros dos que quedaron inmóviles por lo que había hecho, pero no menos molestos, estaban a punto de volverlos a atacar. Naruto puso a Hinata a sus espaldas instintivamente, con todas las ganas del mundo por protegerla.

-¡Hinata sama!- gritaba su maestro persiguiéndola al haber escapado del feudo Hiyuuga -¡Hinata sama!-

-Corran- decretó el líder de los tres abusadores levantándose a penas para salir huyendo poniendo pies en polvorosa al igual que sus compañeros.

Cuando llegó aquel miembro del clan y vio a Hinata llorar en el hombro del chico maldito y este estar a punto de consolarla, su primera reacción fue alejarla de él.

-Hinata sama- la tomó del brazo hacia si mismo. –No, no se le acerque- le advirtió. Naruto abrió la boca más impresionado que molesto. Ahí estaba de nuevo, lo estaban discriminando de esa forma tan cruel e insensible existente en el mundo, como si no existiera, o pero aún, aborreciendo que él estuviera con vida.

Por eso quería tanto a Hinata, por que ella lo quería a él como su amiga dándole ánimos y evitando a toda costa que se deprimiera, limpiando sus lágrimas y regalándole la más dulce de sus sonrisas en los peores momentos. Estando a su lado. Escuchándolo.

Bajo la cabeza triste, aunque sin poder soltarla aún.

-No, déjeme- forcejeó Hinata siendo cargada por su maestro para llevarla lejos. –Bájeme, bájeme- repetía, hasta que se atrevió a hacer lo que nunca antes había hecho con nadie, ni siquiera con la servidumbre. Golpeó a su maestro.

Al instante, como reacción e impactado por lo que acababa de hacer la dejo ir llevándose una mano a la cara, anonadado. La había visto llorando y con la ropa desarreglada, pensando lo pero quiso alejarla de quien asumió estaba involucrado en la escena, pero estaba completamente equivocado.

Para que Hinata se hubiere atrevido a hacerle eso era por que realmente estaba protegiendo a Naruto de él. Lo cual venía siendo peor pues al importarle siendo su amigo su reputación estaba siendo mancillada lentamente con cada palabra proclamada en los rumores.

Sin embargo, años más tarde, al empezar a despuntar como un samurái de posibilidades la gente achacaría siempre ese cambio a su amistad con la Hyuuga.

La pelinegra lo tomó de la mano y juntos corrieron lejos hacia el rio. Ramas y troncos tuvieron que esquivar, y cuando finalmente se detuvieron para recuperar el aliento una vez llegado a su destino, Naruto abrazó a su amiga sintiendo sus cálidas lágrimas caer por su espalda llorando en él, dándole las gracias, y pidiéndole nunca se alejara de ella.

El rubio la tomó entre sus brazos conmovido, triste y sintiendo su corazón desangrarse por dentro ante la cercanía de su amiga que le permitía sentir su respiración dándole aliento a pesar de ser ella la necesitada de él. Sus ojos se llenaron de lágrimas también, y aunque llegaron a escapársele jamás dejo que Hinata las viera, la quería demasiado como para hacerla sentir culpable por que él llorara también por su causa. Así que se dedico a darle ánimos para que no se sintiera más triste.

-Ya, no llores tontita, ya pasó- la separaba de su lado mirándola a los ojos mientras le sujetaba los brazos. –Nunca permitiré que nada te pase, así que no llores más ¿si?-

La ojiperla solo se le quedó viendo un instante, un momento en el que lo vio todo dentro de él reteniendo las lágrimas también. Esbozo una sonrisa más por integridad que por felicidad.

-Bobo…- fue lo único que alcanzó a decir limpiando sus lágrimas y abrazándolo de nuevo.

-Hinata... dijo por lo bajo recordando sus brillantes y lastimeras lágrimas como si ella estuviera llorando con el en ese mismo instante. –Te amo- se llevó la mano cerrada hacia el pecho sintiendo cada latido ser por la persona que amaba.

En Konoha, abrazada por los brazos de Morfeo, y quizás también los de la muerte, su amada susurraba entre sueños, de la misma forma, su amor por él consumida en preocupación y angustia.

Habían pasado solamente tres días desde que habían salido de la aldea y la intranquilidad ya comenzaba a hostigarla.

¿Lo malo?

Lo malo era que no estaba mal infundado ninguno de sus sentimientos de temor. Tan joven y con los ojos tan abiertos a la realidad que el sentido de la premonición había abierto su mente a prever lo que su corazón intuía y de verdad pasaría.

Y no podría aceptarlo nunca.

*8*8*8*

En las afueras de Konoha, protegiendo con su vida los recuerdos de su mejor amigo y viéndose en medio de una trampa cuando un carruaje real había pasado por la zona en donde él se escondía de la milicia de la aldea, Kisame se vio mezclado en medio de una batalla con varios ANBU que resguardaban a la persona en su interior de sangre noble que debía llegar hasta el palacio de gobierno esa misma mañana antes de que pasara más tiempo.

Sin embargo, con una sádica sonrisa ante las ansias de una buena pelea, Kisame no se vio cauteloso cuando se atrevió a enfrentarlos a ellos únicamente con la habilidad de una de las espadas que le quitó a un samurái caído que el mismo había batido. Su sable seguía en su espada, siendo solamente utilizado en las batallas que el definía como necesarias e interesantes, pues para lo que era enfrentarse a ellos sería una pérdida de tiempo.

-Vamos su alteza, ¿no piensa dar la cara si ha recibido tanto adiestramiento de la más alta eficacia como noble? Ya maté a todos sus hombres, ¿piensa ampararse dentro de ese carruaje todo el día o que? ¿Me quiere obligar a ir por usted persiguiéndolo como un ratón asustadizo?- rió el de la piel azul. Pero herido en el orgullo aquel príncipe de altos vuelos salió del carruaje obligado por su necedad más que por ser realista enfrentando al Akatsuki con su espada.

Pero cual no fue siendo el desenlace cuando después de dar varios giros esquivando burlonamente los ataque de ese noble petulante, ya harto y aburrido de él Kisame lo partió en dos dejándolo solo en el piso para que se desangrara vivo viendo a aquel fugitivo de la ley caminar tranquilamente a buscar un nuevo escondite en otro sitio, lejano de la muralla de la aldea. Más en su letargo lo vio sacar de un tronco una botella con un líquido fluorescente azul centellando en mil colores y con luz, guardándolo en su capa y marchándose después.

Había sido bueno entretenerse acabando con tantos samuráis a la vez, pero Kisame debía encontrar un nuevo refugio fiel a su amigo para finalmente devolverle su memoria y que todo lo que habían planeado se diera. Aunque con él fuera de la aldea en quien sabe que país las cosas estaban tardando un poco.

Poco después se enteraría que a quien había matado era el hijo del señor feudal de la nación, futuro rey del país del fuego, nada más.

Un error cualquiera lo comete ¿no es cierto?

*8*8*8*

En una gruta formada por exoesqueletos en las paredes y con estructuras óseas de pilares y también de madera en el interior, una alta y agraciada mujer de cabello azul con una perforación abajo del labio inferior, vestida con una capa negra estampada con nubes rojas, miraba la oscuridad del recinto en el que se encontraba encerrada por voluntad propia para no ser partícipe de las matanzas que la organización a la que había regresado y a la que sus compañeros y amigos, incluso su amante, se veían envueltos.

Sabía que su retorno sería con los brazos abiertos por parte de Nagato, pero estando en la condición tan débil en la que estaba aunque no menos poderosa, los años pasados en los que a pesar de vivir en la miseria y ser considerados la escoria de la sociedad con todo y el hecho de que ellos mismos, los ejércitos, eran el reflejo oculto de lo que las desarrolladas naciones hacían masacrando su país y matando hasta refugiados, habían convertido. Todo eso estaba ahora muy lejano.

Al menos le reconfortaba saber que lo tenía en la memoria como aquel niño de pocas palabras y cabello cubriéndole siempre la cara. Tímido, lindo y un gran amigo podría vivirlo siempre en su mente.

Recordaba aquella vez en que había ayudado a Nagato en tiempos de debilidad cuando su fuerza flaqueaba y acabaría muerto de desnutrición bajo la lluvia resignado a no haber podido haber hecho nada para poder cernir su ira contra la fuerza militar a la que pertenecían aquellos hombres que se habían atrevido a irrumpir en su hogar y matar a sus padres frente a sus ojos para después querer pedir disculpas cínicamente por haberlos matado al confundirlos con transgresores. Tanto había sufrido que había perdido por completo el sentido de su existencia aquella tarde de cielo nubloso bajo una helada y flagelante lluvia sobre él.

Yahiko no había estado nada contento de que lo llevara a su hogar, si es que se lo podía llamar así a su refugio entre escombros y materiales de desperdicio en el que se guarecían del frio de la noche y el clima, pues el que Nagato se les hubiere unido significaría repartir entre más bocas la poca comida que escaseaba y que cada vez era más difícil de encontrar. Pero que sin embargo, ese malhumorado y pelirrojo chico con intenciones de conquistar el mundo se había convertido en su mejor amigo, a tal grado, que al morir a manos de soldados de naciones más poderosas que la suya, por la cual habían iniciado aquella revolución a pesar de ser tan jóvenes pero que no dudaban en morir en batalla, había llevado a Nagato a sacrificar su propia integridad física para proteger a las disminuidas fuerzas de su ejército que aún estaban en pie y que no quería ver morir frente a sus ojos también.

Ahora Konan recordaba todo aquello con nostalgia y tristeza al ver en lo que se había convertido de ser solamente esa niña con gusto por el origami, con sangre en sus manos, culpa, y remordimiento. Pensaba en como había sido más madura o tal vez más rígida consigo misma al permitirse vivir en Konoha, tierra enemiga y ante todo responsable de las tragedias por las cuales había pasado en su niñez y casi toda su adolescencia. Si no hubiera sido por Yahiko ella no se hubiere convertido en una asesina y no cargaría en su conciencia tanto, pero al saberse víctima de un amor indiscutible por él y por quien era, la esperanza de un futuro mejor prometido por Nagato sin saber que estaba siendo utilizado como marioneta, le daba un sueño por el cual pelear para que la paz por fin reinara en su país y pudiera estar al lado de Yahiko sin tener que preocuparse por la guerra o por el mal en el mundo.

Si bien había sido mercenaria y nada la expiaría de sus crímenes que por necesidad de dinero se vio obligada a ejercerse así, estaba más que segura que al morir no esperaría el descanso eterno en un lugar lleno de luz, sino todo lo contrario, sería devorada por monstruosas criaturas sumiéndola en las tinieblas de un profundo e infinito abismo descendente rodeada de horrores de pesadilla de los cuales no podría escapar. Pero que sabiendo iría al igual que su amor y sus camaradas, no le importaba.

Aún había razones por las cuales no dejar de creer, por las cuales tener fe y esperanza, pues seguían con vida. Solo debía confiar, aún si tenía que cerrar los ojos ante situaciones desagradable negando que pasaran en realidad, muy en su interior trataría de seguir manteniendo la imagen de su deseo de paz viva, más viva que nunca. En Konoha había sido feliz, no dudaba de ello, pero con cada otoño, con cada flor de papel que doblaba, con cada libro que disfrutaba, y con cada chica que adiestraba, no llegaba a sentirse totalmente en plenitud, así de dichosa como sabía era al estar entre los brazos de Yahiko, al unir sus brazos, al fundirse en pasión cada vez que hacían el amor.

Era un tormento saber que con esas mismas manos que la deshacían y encendían sintiendo infinidad de cosas a flor de piel cada vez que la acariciaban y volvían loco su cuerpo, empuñaban todos los días las espadas con las que le arrebata la vida a tantas personas.

No estaba vivo, aquel día en que Nagato hizo el más grande sacrificio de su vida al volverse máquina viva mitad acero mitad carne y sangre había usado su poder para encerrar el alma de Yahiko en un dispositivo en su interior, en su pecho, para que no dejara de estar presente entre los vivos. Y a pesar de que su existencia estaba unida a aquel aparato y como tal estuviera deshumanizado, sus recuerdos y sentimientos lo seguían encadenando a la tierra surgiendo así la leyenda de Pein. Alimentado por la propia energía de Nagato así como siendo parte de su interior y poder.

Konan suspiró sabiéndose observada de lejos, desde el techo de aquella extensa guarida el blanco de sus penas y preocupaciones estaba dirigiéndole la más lánguida de las miradas que podía recibir de su parte cuando la descubría llevando su mente al ayer y al dolor que tanto se había marcado en su memoria con cada lágrima derramada en su lecho de muerte, marcha que nunca se llevo a cabo por seguir entre ellos.

-Eres el peor espía de chicas con el que me he topado en la vida Pein- giró sobre su eje con una sonrisa fingida sostenida en sus labios al mirarlo, pero de donde había divisado su posición ya no estaba.

-No me interesan otras mujeres, la mayoría de los hombres solo las buscan por sexo o por conveniencia…- susurró de espaldas a ella tomándola de la muñeca así como desprevenida. La forzó a girarse hacía él, y cuando menos se lo estaba esperando, sin haberlo visto venir, Pein ya la tenía en sus brazos y en ángulo tan cerca de su rostros que ambos podían sentir la cálida respiración del otro en su cara. Siempre era una mezcla de odio y placer lo que sentía cuando la tomaba de esa forma, con tanta energía y a la vez tanta densidad en sus palabras. Acaba derretida en él –Eres la única mujer por la cual me voy a sentir atraído Konan, eres mucho más que cuerpo a mis ojos, y lo sabes- le planto un descomunal beso en la boca que le robo el aliento a la Akatsuki a medio desfallecer entre los fuertes brazos de su pareja.

-Si van a estar así les convendría mejor retirarse a su cuarto para no exhibirse del modo en el que se les ve las intenciones de hacerlo…- interrumpió una taciturna y burlona voz de debajo de las costillas del esqueleto de la entrada.

Ambos amantes retomaron una postura firme, aquella sonrisa formándose de entre las tinieblas caminando a unos pasos de unos ojos ámbar aparentemente inocentes, era la de un rubio desquiciado siguiendo a quien aún era considerado su superior.

-Con lo mucho que te gusta mirar Deidara podríamos darte toda una función- declaró el pelirrojo de ojos grises purpúreos y anillados con perforaciones en todo el cuerpo.

Sasori supo ver en su mirada el hecho de que su líder ya estaba enterado de lo que había pasado en Suna e incluso de mucho más. No se sentía intimidado pero si con unas ganas criminales contra su propia persona por no haberse detenido más tiempo para acabar con aquellos samuráis del país del fuego que habían llegado a interrumpir su labor de destruir Suna. Pero con ellos había estado Itachi y el estaba prohibido tocarlo.

Aunque no fuera pronto y se viera lejano para todos. Uno a uno caerían tarde o temprano… tarde o temprano.

Pues nada es eterno más allá del cielo estrellado sobre nuestras cabezas contemplado solo por nuestras almas…

-El País del Viento es una potencia pero podíamos fácilmente borrarla del mapa, el que llegaran guerreros de Konoha no lo estábamos esperando- clamó Sasori a modo de explicación.

Ambos pelirrojos guardaron silencio entre miradas profundas e intrigantes ante la expectación de Konan y Deidara.

-Aún con la estructura en la que tanto trabajaste…- dejo en entredicho Pein al tiempo que giraba hacia atrás y caminaba unos cuantos pasos hasta detenerse mirando la nada, analizando, pensando. –Esta bien que no los hayas matado, Itachi estaba con ellos.- dijo después. -Todos aquí sabemos que aún enfrentándote con él solamente no llegarías a ser un rival digno para nuestro Uchiha-

Deidara se sintió vacio de cordura al escuchar al pelirrojo, y Sasori, a pesar de sentirse ofendido sabía que las razones mayores eran la memoria del Uchiha y el poder que aún no llegaría a recobrar de si mismo hasta que le fueran devueltos sus recuerdos. Cosa que no pasaría hasta haber obtenido en absoluto no la confianza de la aldea sino la de su hermano así como sus anteriores lazos de fraternidad, pues el que Konoha lo sintiera parte del país de nuevo sería solo un extra que perder al momento en que se desenmascarara la verdad y Sasuke tuviera que decidir entre ser fiel a la aldea o jurarle lealtad a los planes en los que su clan tendría venganza.

-No estoy sorprendido, realmente no es nada, de todas formas ya sospechaban de nosotros desapareciendo los Biju, así que puedes respirar Deidara- se dirigió Pein hacia el rubio, serio mientras este se sonrojaba por saber que su preocupación por su maestro era más de la que el mismo podría tener por si su lider tendría algo contra él. –Aunque hablando de otros términos, fue bastante bueno lo que hiciste con los explosivos dejando Suna en ruinas. Eso demuestra que ya estas listo para otro nivel y realmente ser considerado uno de nosotros por igual ante tus propios ojos. Como tu querido maestro, asumo yo…-

-¿Eh?- se quedó boquiabierto el rubio de ojos azules peinado de coleta. Parecía no captar lo que Pein le estaba diciendo. Simplemente no asimilaba el hecho de ser ascendido al nivel que tanto deseaba estar nombrado ya oficialmente.

Viendo su cara de estupefacción Pein se sintió idiota tomando esa decisión pero no iba a voltear su palabra, teniendo a Kisame cubriendo a Itachi en caso de cualquier situación en la que se salieran las cosas de control, necesitaba todas las fuerzas de cada miembro de la organización con el. Sobre todo por que aunque no lo quisiera ni pasara por su cabeza, dos de sus miembros se enfrentarían a guerreros de Konoha en una batalla en la que un ganador no podría ser declarado aún.

Entrando por la misma puerta por la que pasaran Sasori y Deidara Neji se dibujaba entre las sombras con sus ojos luna eléctricos alzándose más allá de las tinieblas de la maldad en la guarida de Akatsuki.

Ahí estaba una respuesta para Pein.

-Tal parece has tenido avances Hyuuga Neji- clamó haciendo que este lo mirara con ojos de un profundo y marcado odio por todo, hasta por la vida misma. –Deja que crezca en ti, sigue así, deja que te permita hacerte más fuerte y evolucionar el Byakugan, permite que el odio te corrompa, solo así conseguiremos lo que queremos de ti…-

-Nagato ya te ha abducido…- lo miraba Konan con lágrimas en los ojos, había veces en que no reconocía en ese hombre a la persona de la que se había enamorado y a la cual le había entregado por completo su corazón. Esa perforación bajo el labio, se la había vuelto a hacer una vez regresó a Akatsuki y los dos salieron de Konoha, siendo quien era Pein podía decidir no ir, pero presintiendo algo ahí había ido por valorado interés. Neji era necesario, pero había sido también una grandiosa visita cuando había descubierto a Konan caminando por la calle, pues finalmente tenía de nuevo entre sus brazos a la mujer que toda su vida amo.

-Deidara- retomó la palabra el pelirrojo líder de la organización a ojos de la mayoría. –Tobi ya no será tu aprendiz, esta con nosotros ahora y cumpliendo su trabajo en otro lugar, así que Neji estará a tu cuidado…-

-¡¿QUÉ?- la réplica de ambos no se hizo esperar.

-¿Entendido?- entrecerró los ojos con aires superiores. El rubio no dijo más, pero maldijo por lo bajo su suerte mientras el castaño de largo cabello lo miraba con malos ojos.

Tobi, ese molesto estorbo de infantil carácter aunque de descomunal poder había sido pareja de Deidara hasta que Pein los separara mandando al rubio a Suna para alcanzar a Sasori y llevarse al Shukaku. Ahora maestro y alumno eran cambiados de nuevo sin saber en realidad que ni quien era Tobi.

-He dicho ¿entendido?- volvió a decir Pein.

-Si- respondieron ambos.

-Entonces denle su capa a Neji, el anillo que usará no ha sido forjado aún- volvió a imponer su orden tomando a Konan de la mano y marchándose a alguna habitación más privada.

Neji por su parte no lo podía creer. Ver las cosas lo habían hecho sentir un estorbo y un juguete, pero las palabras de Pein ahora le daban fortaleza a sus planes, si así era como funcionaba todo ya se podría sentir realmente un miembro más de Akatsuki.

Que equivocado estaba.

-¿Cuándo tomarás sus ojos?- preguntó Konan resignada y cabizbaja caminando junto a Pein unos pasos más atrás.

-Antes de que se le suban los zumos a la cabeza y se atreva a tocar a su prima, ya que ella es la mujer de Sasuke- se volvió a mirarla unos segundos después. Fue automático abrazarla. –Cuando quieras cerrar los ojos hazlo, no te detengas en negar todo lo que pase y lo que hagamos, podrás estar con nosotros pero no sigues nuestras doctrinas ni nuestros anhelos, por lo menos sabes que Nagato tiene una razón noble a pesar de que sus planes sean tan crueles. Pero por lo nuestro, por nosotros, debo seguir adelante, debemos continuar, tan solo pido tu fortaleza…-

-Pein…- se sintió ahogada en un profundo mar de amor por el que la estaba llevando a tocar fondo. Sentía que todo prosperaba, pero podría ser solo un reflejo vano, un espejismo.

¿De verdad iba a triunfar Akatsuki destruyendo tanto con fines tan nobles y sádicos como los que tenían?

¿Cómo ser nombrado mártir con tanta sangre derramada por tus manos?

¿Cómo vivir con cordura la vida que otros no disfrutaron, las que tanto arrebataste por millares y que no te detuviste en hacerlo?

¿Cómo quitar el velo de la confusión cuando la maldad alimentaba el corazón de su líder?

*8*8*8*

En el palacio del feudo Hyuuga, con una princesa leyendo sentada junto a una ventana arreglada con tantos excesos que parecía romperse o descomponerse al tocarla o moverse, un recado urgente llegó de parte de Anko a puertas del territorio Hyuuga con su propia maestra enfrente y con varios hombres y mujeres secundando su llamado.

-Princesa, la están buscando- llamó a la puerta una chica de la servidumbre.

-Haste un lado, déjanos pasar a todos- llegó Anko hasta ella en el salón mientras la pelinegra de largo y sedoso cabello se ponía de pie.

-Anko sensei- se reverencio profundamente y con educación, quizás demasiada, ya que los acompañantes de la castaña de alborotado cabello se sintieron avergonzados por ella cuando vieron como le venía un color, se le iba y le llegaba otro.

-Hinata san- la hizo levantarse con rectitud, tantos modales para alguien noble eran un exceso, pero así estaba de nula en su mente desde que había empezado a tener sueños tan extraños y que nunca hubiera imaginado eran producto de su arduo entrenamiento.

-Dígame Anko san- respondió ella cortésmente, quizás, nuevamente demasiado, pues al instante su maestra se pudo de rodillas seguida de todos los demás haciendo una reverencia tan extensa que Hinata se sintió extraña elogiada tanto.

-Hinata san, princesa- comenzó a decir Anko –hemos venido humildemente a tu prescencia para solicitar su participación en la obra no que se esta representando en el teatro de Konoha- Hinata no pudo pronunciar palabra alguna. –Queremos que seas nuestra Shite, nuestra actriz principal. La obra es de demonios, Meido to Akuma, La Doncella y el Demonio…-

-¿Qué?- ese fue su primer arrojo a preguntar, pero no salió de sus labios, como toda noble debía guardar compostura y altivez, aunque ella así no lo quisiera. - ¿Qué pasó con Ino? Ella fue escogida para esta obra desde hace semanas- preguntó por su dama de compañía que como toda una verdadera amiga considerada les daba más libertades que nadie llegando a tratarlas como iguales. Por ese y por muchos otros gestos el mundo entero hablaba de ella siempre como una princesa.

-Ella ya no esta disponible, planeando su propia boda no tiene tiempo para los ensayos, y aunque sabemos que usted esta en las mismas circunstancias, venimos con un último halo de esperanza a pedirle que participe con nosotros-.

-Hinata- se aproximó su hermana al ver todo el alboroto en el palacio. Con la mención de su nombre la princesa volteó a ver a Hanabi sabiendo que aceptar era una locura. Pero como tal se sentía lejana a estar cuerda y seguir estándolo.

-Acepto Anko san. Seré la doncella de tu obra- se acercó a ella para levantarla y dedicarle una dulce sonrisa.

-Gracias, gracias, gracias- se reverenciaba su maestra, junto con todos los demás actores estaba agradecida por que hubiera aceptado. Si no era ella no podría ser nadie más.

-Hinata…- la miró Hanabi con malestar. -¿Qué estas haciendo?...-

*8*8*8*

En Suna, por tierras lejanas y áridas, con la ayuda de Konoha y también de las aldeas que se habían visto envueltas en el conflicto y con tal de no verse ruines y crueles atacando a una aldea hermana y aliada a la fuerza, habían mandado ayuda, aunque no mucha enteramente comparada con la del país del fuego. Así estaban recuperándose poco a poco.

Naruto no estaba ahí ni en su propio país, el demonio de nueve colas residía en el rubio como parte de su cuerpo y de su alma también, siendo uno mismo, y, siendo él el más poderoso de los demonios con colas sería el último por el que esperarían ir.

Por eso mismo estaba lejos de la aldea, para que la guerra no se desatara, o por lo menos eso era lo que pensaban.

Ocultas entre el desierto, dos mujeres se las arreglaban en medio de la nada para entrenar desarrollando una fuerza descomunal que no conocían en su interior anteriormente hablando.

-Si tenias ese poder Sakura, no me explico por que Tsunade no te explotó como debías…- decía la anciana mirando desde la cima de una formación rocosa que habían hallado para entrenar el día siguiente de haberlas inducido a volverse sus alumnas. Ahora mismo estaban en ese prometido entrenamiento.

-Eso es por que… yo estaba demasiado ocupada viendo por otras cosas que descuidé mucho mi entrenamiento…- confesó ente aturdida y disminuida con el cabello recogido en un peinado alto mientras se secaba el sudor de la frente con el reverso de la mano y sostenía la katana con la que estaba batiéndose a duelo contra Matsuri bajo las mismas circunstancias que la castaña.

-Tonterías tonterías Sakura, ustedes hacen ver el camino del guerrero como algo no digno para una mujer- decretó, –si realmente harás del Bushido tu vida tienes que ponerte al tanto y nunca abandonar la lucha pase lo pase. Un guerrero nunca deja de ser guerrero por que desconfía de si mismo, nunca pierde la confianza por que sabe lo que es. Así que díganme ¡¿Qué son ustedes?- gritó a todo pulmón viéndolas interrogante con fulgor en su semblante para ambas.

Tanto Matsuri como Sakura se vieron inspiradas, pero no se formaron palabras en sus bocas para responder. Eran como aquellos momentos en la vida en que más te vez apaleado por la situación y que más necesitas verte inspirado para responder y menos sale nada de tu interior al quedarte en blanco. Y como tal, la persona a la que admiras te hace trizas con la mirada decepcionado de ti aunque no lo quieras, y al querer arreglarlo mucho menos.

-¡¿Que clase de respuesta es el silencio? ¡¿Qué no tienen nada que decir?-gritó después, las dos jóvenes se sintieron pequeñas ante Chiyo, pero por más que trataron de volver a decir algo lo arruinaron. –Ustedes me harán perder el tiempo si como siguen encaran a sus enemigos y las destrozan en un abrir y cerrar los ojos- chasqueó los dedos ante ellas con horror. –Como su maestra acabarán dejándome en ridículo, y eso no lo puedo permitir, se poso en sus ojos abiertos entre las arrugas que los rodeaban una macabra expresión de honra. -¡Por eso deben entrenar más!- lanzó varias lancetas a la tierra donde ambas estaban combatiéndose la una a la otra haciendo que esta se hiciera más blanda y las fuera sumergiendo.

-¡Ah, NO!-

-¡Arenas movedizas!- gritó Sakura.

-Peor aún- sonrió Chiyo, y al instante bajo los pies de las dos la arena desapareció en el vacio que quedó de metros y metros debajo de algunos pilares muy inestables aparentemente antiguos que se levantaban ante ellas en diversos tamaños.

-¿Pero que rayos es esto?- espetó Sakura manteniendo a penas el equilibrio.

-Maestra ¿Qué esta haciendo?- preguntó Matsuri asustada.

-¿Qué te parece que hago?- le contestó con otra pregunta. –¿No es más que obvio? Las pongo en circunstancias iguales a las que se hallaran cuando se enfrente a los asesinos de Gaara-

Matsuri sintió un puñetazo en el estómago, y Sakura una bofetada en la cara que la volteó toda. Tenía razón, y eso no era lo que les dolía sino el hecho de que no tenían el nivel que necesitaban para al menos ser capaces de aguantar siquiera cinco minutos de duelo contra los miembros de Akatsuki.

Bajaron la cabeza, las sombras cubrieron su semblante, y Chiyo se sintió perdida con ellas, el enorme secreto que guardaba entre hielo más debajo de donde se resguardaban las tres en su hogar, sería en vano si las dos se rendían, pues como consecuencia estaba acabada ella también.

Pero antes de que su maestra se rindiera completamente por su derrota, Sakura y Matsuri levantaron sus katanas apuntando al corazón de la otra recordando de memoria lo que un samurái nunca podría olvidar al ser parte de su filosofía y régimen...

El Bushido. Camino del guerrero...

-¡Rectitud!- Gritó Sakura. –La mente de un guerrero permite distinguir lo correcto de lo que no lo es- caminó un paso hacia la castaña, quien de igual forma mostro determinación en sus ojos oscuros mirándola.

-Lealtad- marcó sus palabras la otra casi como si su espada fuera capaz de tallarlas en al aire mientras hacía una postura en la que giraba su katana dando dos pasos en los que quedaba en una posición de combate. –La ley de un samurái es única e inegable para quien sirve, fiel a sus principios y a su corazón. -

Sakura retomó su espada hacia sí, tomándola del filo con la palma de la mano que tenía libre, abrió sus piernas apuntando hacia Matsuri, y entonces saltó, con decisión absoluta y directa a ensartarla en su arma.

-¡Coraje!- gritó ella –No hay nada por que temer- llegaba desde el aire hacia Matsuri ante la respuesta de esta, quien viéndola la confrontaba sujetando la espada de los extremos para detenerla y hacerle freno mientras ponía un pie atrás para reforzarse manteniéndole así el ataque hasta que ella llegara a tierra para poder confrontarla, aunque tendría que cuidarse de un ataque por el costado como podía leerse iba a pasar.

-¡Honor!- alzó su voz cuando esquivaba la katana de Sakura a punto de atravesarla por el costado cerca de la espalda, pero que muy audazmente había logrado saltar cuando ella giraba y que así la pelirosa se topara con la nada. –Nuestra palabra nos permite ser jueces de nuestro entorno con humildad y honra- dio un giro hacia atrás con el obi de su traje apareciendo con su espalda antes de caer con un solo pie, en la zori prescisamente en uno de los bloques de arena que ante su toque se desintegraría y se vería obligada a tener que volver a saltar hacia otro, pero sin que sintiera venirlo y aguzando el oído pudo esquivar un proyectil que pasó por su cara, tan cerca que su oído lo había captado a la perfección.

Aún en guardia con Sakura y estando esta atacándola las dos se dieron cuenta de que era Chiyo la que estaba poniéndoles las cosas más difíciles si ambas estaban peleando con verdadero esfuerzo y empeño en ello.

Otra bomba cayó en el instante en el que la ojijade atacaba a Matsuri y la misma correspondía saltando de nuevo. La explosión se llevó en al aire en medio de una monumental polvareda pero dejando solo con vida las figuras que seguían luchando con la espada la una con la otra.

-Benevolencia- decían las dos mientras caían en la zona en que su maestra se encontraba, y obligándola así a moverse de su sitio para hacerla parte de la pelea.

La anciana solo sonrió, sería un día muy entretenido ese…

-Compasión ante el caído en los momentos indicados…- terminó ella por ambas, pero en ese instante Matsuri se lanzaba a atacarlas corriendo primero hacia Sakura para acabar con Chiyo en su movimiento.

-Honestidad- atacaba a Sakura mientras ella trataba de despedazarla cuando se separaron sus espadas, pero al pasar su katana por donde antes había estado el cuerpo de Matsuri, esta ya estaba en el aire usando el impulso que le había dado atacar a la ojijade para ir a clavar su espada en Chiyo, más solo se topó con la arena al enterrarla al par de su rodilla en el suelo del desierto, ya que la anciana se había alzado por los aires a punto de lanzarles bombas de nuevo a ambas. - La palabra de un samurái es una promesa que se cumple ante el juramento de su alma, se da por hecho y nunca se duda de ella-

-Les he jurado a ambas volverlas lo suficientemente fuertes como para matar a quienes quieren cobrarles su pena-

En ese instante, en el que las dos salían de entre el denso humo para atacar a la par Chiyo detuvo las espadas de ambas con las manos a pesar de estar sangrándose las mános por la acción. La castaña y la pelirosa se miraron la una a la otra en un segundo antes de dejar caer los hombros sin seguir atacando y dejando de moverse atentas a su maestra por lo que tenía para decirles.

-Con esta actitud si las creo capaces, de verdad encararán a Sasori y a Deidara con potencial a matar si siguen así. Pero no se detengan- soltó sus katanas a la vez a lo que ellas recuperaban la postura de ataque. –Aún no han terminado de mencionar todo el Bushido…-

Sakura miró a la anciana con rectitud, tenía que tratarla como lo que era, una guerrera más. Y así fue como respondió a lo que pregonaban todas.

-Respeto- decía. Y a la par de Matsuri concluía. -Igualdad ante los derechos de los demás valiéndonos de nuestros principios en nuestra forma de ser y actuar, procurado toda forma de vida, manteniendo el equilibrio entre las fuerzas de la naturaleza en el mundo en que habitamos…-

-Bien- respondía Chiyo juntando ambas manos. -Muy bien. Pero no olviden la norma que no esta escrita pero que sin ella todo lo demás sería en vano si no lo ponen en práctica-. Sus alumnas la miraron con discernimiento, tratando de entender con anterioridad lo que les diría, pero aunque lo pensaron no lo dijeron. –Disciplina- concluyó Chiyo. -Eso es lo fundamental, así la llama de sus corazones nunca se vera extinta o amenazada para existir. El Bushido es lealtad y honor hasta la muerte, lo saben bien, así que aún cuando ustedes no me vuelvan a ver una vez librada su batalla tendrán que arreglárselas ustedes solas en el mundo, como ronins o como guerreras de su país a las órdenes de un señor feudal o de su kage, aunque siempre fieles a ustedes mismas y a lo que saben esta bien y esta mal ¿De acuerdo?- bajó la cara asintiendo a lo que sus jóvenes pupilas hacían de igual forma. –Bien, muy bien- sonreía. –Ahora que ya se han dejado de juegos podremos comenzar verdaderamente a trabajar arduamente como tanto lo necesitan- decía, y de la tierra salían unas pesadas mochilas que parecían tener el tamaño de un torso humano y pesar lo doble que uno.- Pónganselas- ordenó, y obedientes tomaron cada una la suya en su espalda confirmando el peso que a simple vista les habían calculado. Casi no podían moverse con ellas.

-Chiyo san- habló Matsuri primero -¿Para qué son estas?- preguntó.

-Lo sabras más adelante, ya lo verán- respondió –Por lo tanto regresemos a los nuestro.

-¡Haa!- gritaron ambas al ser empujadas por el chakra de Chiyo hacia el abismo con las katanas a penas empuñadas apunto de caerse al vacío.

-Peleen de nuevo, y esta vez hasta matar. No importan sus heridas, solo lo mucho que se logren atacar ¿Entienden? Pongan en practica toda la teoría que les ha entrado por estudio pero no han asimilado del todo-

Ninguna de las dos supo captar eso, ¿matarse? Eso era suicida, pero en cuanto la anciana se acercó a la orilla con ellas colgando a punto de caer por fallarles usar solamente una mano para sujetarse con el peso extra de la mochila en la espalda, vieron a su maestra abrirse la muñeca con un cuchillo antes de lanzárselo a Matsuri teniendo que esquivarlo mientras las dos veían incrédulas y con los ojos desorbitados como la herida de Chiyo se cerraba como si no pasara nada.

-Coraje, recuérdenlo, no teman a nada, ese es el camino a la victoria. Si llegaran a una batalla temiendo perderán automáticamente, no digo que no sean realistas, pero tampoco sean unas cobardes. Seguirán siendo guerreras hasta la muerte.-

Sakura fue la primera en captar el mensaje, y logrando saltar a una columna para estabilizarse, Matsuri lo logró tiempo después obligada por la docilidad de su compañera. Y volvieron a atacarse nuevamente con más obstáculos y más determinación que cuando despertaron. Por que solo así lograrían volverse lo fuertes que necesitaban ser, cumpliendo con honor el código por el cual estaban entrenando, razón de más para pelear derramando toda su sangre y todo su sudor.

Ese era el camino que habían escogido y del cual no darían marcha atrás.

*8*8*8*

-Hinata. Hinata- se desplazaba una adolescente por los pasillos de la mansión teniendo una visita en el salón esperando por ella y la princesa a su regreso. Los preparativos para la boda seguían en pie aunque ella estuviere ensayando su papel para la obra no de la aldea. La modista había llegado al palacio con metros y metros de tela junto a sus ayudantes, pupilas y demás costureras, el vestido más polémico y descomunal tenía que ser creado por las manos de los mejores modistas en su talla. Y a penas llegando Hanabi se vio en la obligación de ir a buscar a su hermana por los sitios que frecuentaba para hallarla, más parecía que a esta se la había tragado la tierra. -¿Hinata?- abrió una última puerta, la de una habitación deshabitada para huéspedes en el primer piso del tercer edificio del palacio.

Ahí estaba, aparentemente dormida, abrazada de las piernas pegadas a su pecho y con la cabeza sumida en sus rodillas y el cabello cubriéndola sutilmente. Con un cielo gris lumínico entrando por la puerta hacia el lago en la que ella estaba recargada afuera.

-Hinata, ¿Qué estás haciendo aquí?- llegó hasta ella su hermana menor agachándose para despertarla.

-Regresa a dentro, te vas a mojar- recibió como respuesta.

-¿Qué?- miró hacia arriba y después hacia el lago notando la calma de este. Regresó a ver a su hermana inclinando la cabeza sin comprenderla. Pero fue antes de poder preguntar algo más que vio sangre fresca manchando su kimono escurriendo de sus manos por sus piernas. -¡Hinata!- la obligó a levantarse para mirarla aunque su hermana continuó inmuta -¿Qué te paso? ¿Cómo te heriste?... ¿Hinata?- la movía de un lado a otro para que reaccionara sin resultados.

Hasta que ella alzo la mirada obnubilada hacia su hermana menor girando hacia el otro lado y tomando un paraguas entre sus manos. Hanabi solo veía sin comprenderla como lo abría y lo ponía sobre ella con cuidado. A penas lo hubo puesto arriba su cabeza la lluvia se soltó de inmediato como una vorágine torrencial sobre ambas, aunque solo mojando a la hermana mayor, pues Hinata la había cubierto con el paraguas.

La cara de Hanabi no sabía como responder a lo que había pasado, aunque pensándolo mejor el día había estado nublado desde que amaneció, no debía ser ninguna novedad.

-Estoy bien- le mostraba su mano, la que si estaba herida y que anteriormente cuando había tenido entre sus manos un collar le había hecho un moretón esfumado en la nada tiempo después. Ahora había una cortada no muy profunda pero que atravesaba su palma de extremo a extremo sangrando levemente pero aún corriendo aquel líquido rojo carmesí por su blanca piel mezclándose con el agua de la lluvia que la estaba empapando. –No es nada…- decía casi ida mirando la lluvia caer volviéndose parte del lago.

-Tengo que curarte- respondió la otra segura.

Adentro, dándole una toalla para que se secara la llevó a buscar unas gasas haciendo de lado a la servidumbre y a los demás de la mansión con arrebato.

-Te dolerá un poco- decía sujetando un pedazo de algodón bañado en antiséptico y sujeto con una pinzas pasándolo por la herida de su hermana, y aunque respingó un poco, muy levemente, parecía estar completamente fuera de su cuerpo. –Debemos darnos prisa, te traeré una muda de ropa limpia e iremos con la modista para que te tome las medidas y comience a confeccionar el kimono de… la boda…- dejó de hablar meditando lo que acababa de decir. La boda, la celebración en la que el país entero se enteraría que el clan Uchiha y el clan Hyuuga emparentarían con un matrimonio arreglado aunque también aceptado por los novios.

Nadie podía dejar de hablar respecto a que los dos se veían increíbles juntos, de eso y respecto a los atractivos que serían sus hijos con el valor y talento de su padre, y la nobleza y belleza de su madre.

-Te verás divina. Sera el kimono más hermoso que veamos en nuestra vidas, podrás indicarles los detalles que quieras e incluso dibujar tu misma el estampado, tal vez la pintura de un paisaje, animales místicos, o… naturaleza…- trataba de platicarle -¿Qué te parece? ¿No suena… bien?... ¿Hermana?- fingió sonriéndole a pesar de no recibir respuesta a cambio.

Hinata la miro un instante, un solo segundo en el que logró robarle todo el aliento a su hermana menor siendo tan intensa y penetrante su mirada, brillando en ella un aura interior de abatimiento, soledad y tristeza. La tomo de las manos, mismas que la habían curado y que ella misma sostenía entre las suyas antes de soltarla y ponerse por su propia cuenta la venda en la herida.

-Hanabi chan- pareció sonreírle a pesar de la pena en su tez. –Si alguna vez hice algo por lo que me odiaras, si alguna vez te moleste en algo para ganarme tu desprecio, Hanabi, por favor, perdóname- beso sus manos. –De verdad lo siento.- derramó sus lágrimas por las manos de su hermana ante su atónica expresión. –Perdóname-.

-¿Pero de que estas hablando?- le levantó la cara para verla enteramente – ¿Por que te odiaría? ¿Qué razones podría tener?-

A tales alturas de la vida no recordaba en lo absoluto haber superado a su hermana mayor cuando eran niñas. Pero Hinata lo tenía guardado en el pecho con culpa, más no con depresión.

Si iba a escapar con Naruto Hanabi lideraría el clan al ser Neji un traidor. Sería una carga muy pesada y tendría que soportarla con honor y con la frente bien alta. Por eso su discernimiento le gritaba a mil voces rogar por el perdón.

Aquella herida, misma que el amor que le tenía a Naruto había hecho en su mano había abierto su carne ese día al haber recibido un presente en la mañana de parte de su prometido a pesar de estar fuera de la aldea.

-Es una caja grande y pesada- decía una de las criadas junto a su ama mientras le llevaba el regalo a su habitación. Acababa de regresar de los ensayos de la obra. –Uchiha san la quiere tanto que no encuentra maneras de demostrárselo señorita-.

-Eso parece- respondía. Tomó la tarjeta y leyó.

Te llegaría después de que yo me fuera. Prometo regresar antes del gran día, recíbeme con este kimono, es obra de Kaneshiro Atsushi, se que eres seguidora se su trabajo y que sabrás reconocerlo.

Para siempre juntos…

Sa…

-Que dulce- la interrumpió antes de leer el nombre de su futuro esposo en la tarjeta habiendo sido escrita por su puño y letra, una caligrafía muy propia y perfecta al igual que la de ella siendo nobles. –Impresionante, nunca antes había visto un kimono de Kaneshiro Atushi, debe ser una obra maestra…-

Hinata solo hizo a un lado la envoltura, quitó la tapa cuidadosamente y descubrió la suave y brillante tela del kimono bajo el fino papel que la cubría. Lo tomó de los hombros y se paró junto con el viendo el rojo carmesí intenso de su color, casi como sangre y fuego resaltando en dorado, negro y un azul marino muy oscuro. El diseño revelaba una grulla blanca con plumaje negro del cuello a partir de la garganta y un gerifalte de plumas extravagantes platinadas en azul grisáceo algo verdoso en algunos contrastes, ambas aves, parecían estar batiéndose a duelo en el aire levantándose con porte y honor, con las alas al vuelo.

No se podía definir si estaban volando juntas o si querían matarse entre ellas… quizás por eso el cielo era rojo como la sangre.

.

-Kaneshiro Astushi-

-¿Él?- la veía bajo el parasol rojo cubriéndose de los rayos del astro de fuego en el cielo siendo un día soleado muy hermoso. Ambos estaban en medio del lago del feudo Hyuuga del lado en el que la naturaleza ocultaba toda vista desde la mansión.

-Los kimonos que hace son legendarios. Tal vez yo sea demasiado sensible como para que me guste cada detalle de ellos, pero su arte brutal e insensible con cada estampado me hace recordar miles de historias. Incluyendo esa de los mil cielos en la que la belleza de las estrellas y los astros le arrebató la cordura al navegante de las nubes Sorayama…-

-Hashirama Senju- identificó la historia Sasuke, había leído y releído todos los pergaminos de historia antigua acerca de la fundación de Konoha y como su clan se había visto envuelto en ella. Eso y todas las actividades extras en el arte en que se habían desenvuelto. –El samurái fundador de la aldea junto con Madara Uchiha, escribió poesía e historias míticas que hace un siglo se extendieron por toda la tierra, pero que en nuestros días muy pocas personas conocen…- entrecerró los ojos observándola con curiosidad del otro lado del bote labrado detalladamente en madera.

-La historia más popular de Uchiha Madara como escritor y fundador, Kuren to kuro taka, La grulla y el gerifalte negro, un halcón, tribulaciones de dos guerreros con el mismo destino de morir. La aseveración de la constante guerra entre el clan Senju y el clan Uchiha…- le sonrió Hinata de manera atinada y sensata, Sasuke la miro con interés. Era la época en la que aún no estaban comprometidos y cuando él fue enamorándose de ella.

-Pasaste de Kaneshiro Atsushi a la historia de la fundación de Konoha, muy audaz para desviar mi pregunta…-

-Esa no fue mi intención- respondió. –Ya he dicho que el arte de Kaneshiro Atsushi es brutal y sanguinario, le han sido encomendados por cada nación el diseño de los kimonos de las leyendas de su fundación así como la de cada historia mítica popular existente. Es todo un maestro en su trabajo…- lo miró de reojo señalando con el índice casi como en una lección mientras las hojas de los árboles caían mecidas por el aire en su transcurso por el lago. –De hecho, existe un kimono de tu familia Sasuke… con la leyenda de kuren to kuro taka estampada en la tela…-

Amenazado, interesado, obnubilado, enamorado, así lo dejaba. La plática de Hinata era siempre así desde que la había conocido de niños leyendo las mismas historias míticas y sanguinarias de guerras y samuráis.

Hiashi Hyuuga tenía como heredera a una mujer, no el varón que había deseado, y aunque Hinata no estuviere obligada a aprender todo aquello que se le instruiría al primogénito del clan con los ojos en Neji como primer candidato a gobernar el clan a pesar de la negativa del líder para que esto ocurriera, Hinata había estudiado más profundo que incluso sus antepasados en lo que a su propio interés de investigación guiaba.

Detrás de esa belleza ambulante paseándose por Konoha, ella era una brillante mente de noble corazón palpitando la maldición de su destino atrapada entre dos abismos.

-Éter, logró hacer un kimono con la imagen del cielo nocturno estampado en la tela. Eso si es fantástico y admirable- sonreía feliz por su respuesta ante un Uchiha de brazos cruzados negando con la cabeza por su afán. –Vamos, no es para tanto, los únicos que se preocupan tanto por la ropa que usan son los reyes y señores feudales, tú eres un guerrero, haces bien procurando más tu entrenamiento que en ver si la tela de tu yukata es de hilo de oro o no… Eso es mucho mejor…- declaró recargada en la barca y viendo su reflejo en el agua con el parasol entre su mano. Con los dedos tocó levemente la superficie del agua sin romper su tensión superficial para hacer ondas, pues estas chocaban con los lirios, las hojas secas caidas, las flores de loto, y llamaban la atención de algunos peces koi también.

Sasuke sonrió viéndola más allá de simple complacencia.

-Déjame adivinar. La única razón por la que te gusta Kaneshiro Atsushi es por que le gusta la literatura antigua y la expresa en la forma de arte viva menos común de todas- volvió a cruzar los brazos. Hinata sonreía. -¿Acerté?-

-Genio-

-De cada kimono que fabrica hace una réplica para uso personal de su colección-

-Mirar telas estampadas todo el día llega a ser aburrido, hablar de ello también. No tienes por que esforzarte-

-Lo sé, pero, los kimonos que cuentan las historias de Hashirama Senju y Madara Uchiha son parte del tesoro real en el palacio de gobierno en la aldea ¿verdad?-

-Lo siguen siendo- contestó, aunque con un suspiro oculto desapareciendo su alegre rostro. –Lo siento, olvidaba que hacía tiempo que no…-

-No es nada- giró la cabeza él. Era considerado un traidor que había alcanzado el perdón, tan lejos de la aldea podían haber cambiado muchas cosas. Más al mirar el abatimiento y la pena cruzarse por la cara de su acompañante al sentirse culpable por haber hecho mención ingenua de su situación, no pudo evitar esbozar una sonrisa. –Sería realmente interesante saber como fue que llegó el clan Hyuuga a Konoha llegando a ser uno de los clanes más antiguos de la aldea con el feudo más próspero ante el estancamiento del mío.-

-Ahora que estas aquí las cosas podrían cambiar…- le animó ella sonrojada aún por lo anterior. –Estan cambiando, lo verás-. Trataba de enmendarse, al ser nobles el orgullo podía consumirlos, y aunque Sasuke podría ser por mucho el más orgulloso de su sangre cuando tomaba la espada así como Hiashi cuando tomaba la palabra, Hinata era la única que podía romper esa barrera en él con humildad.

-Lo sé- continuó recargándose en el reves de su mano pegada a sus labios, mirándola escrutadoramente y con interés. -Habrán muchos cambios a partir de ahora- Ella suspiró pensando, debía continuar si él le estaba dando puertas para seguir olvidando lo de antes.

-Veamos… ¿Por donde empezar?...- fue aclarando su mente -Nuestros orígenes nos conducen al ayer previo a la fundación de Konoha- habló despacio, pronunciando cada palabra en un canto predicando sus raíces. –Somos provenientes del país del Agua, donde la alteración en el código sanguíneo del heredero al trono del feudo dirigente de la aldea y del país mismo obligó a su rey a abandonar a su propio hijo a la muerte. Su esposa había sido una sacerdotisa de la Luna, la única en siglos bendecida en el lago ceremonial del Templo Sur merecedora a tal honor, y también, quien dejara ese camino enamorada por la jovialidad de un príncipe… El mismo que al ver a su hijo mató a su esposa y lo condenó a morir. Nunca sabría que ese defecto en sus ojos daría luz de inicio a uno de los dojutsus más misteriosos de todos, el Byakugan…-

Levantando una ceja interesado, su oyente mencionó más como declaración.

-Sobrevivió entonces-. Ella asintió.

-Caímos en lo mismo de siempre, resurgió de las cenizas, aunque más bien, se renovó desde el agua retando a la muerte para así volverse el samurái que regresó para tomar venganza de su propio padre por haberlo desterrado y cambiado por otro al nacer. – explicó, bastante épico y lejano. -Fue entonces que tuvo que huir ante el orgullo herido de la nación persiguiéndolo como criminal, pero respetando el que siguiera con vida allá afuera cuando Madara Uchiha llegó para convertirse en Mizukage y ya hubieran pasado los años y el resentimiento…-

Sasuke calló, la intersección de sus ancestros y él ahora era clara cuando al andar juntos los dos clanes se habían formado sin saberlo aunque el Hyuuga Ichizoku surgiera después.

-Así que con el clan Senju rigiendo junto al clan Uchiha la recién formada aldea, cambiando el color de nuestros ojos fuera de lo humano ese único cambio genético de generación en generación, rama tras rama que se formara mientras evolucionaba, expandiéndose en un mismo punto, se fundó dentro de Konoha el feudo Hyuuga perteneciendo nosotros al país- relató a Sasuke algo influyente en sus palabras, sin soltar detalles pero consistente en lo que necesitaba sustancia.

Cuando volteó a verlo lo descubrió perdido observándola. Solo inclinó la cabeza en duda por su mirada.

-¿Nunca has relatado algo frente a alguna fogata? Con tu voz pareciera que los personajes aparecen detrás de ti en cada escena y palabra. Si lo hicieras frente al fuego las llamas formarían cada protagonista con vida-. La hizo reír.

-Cuando tenga público lo intentaré… te lo prometo-

Ese día pasaron el resto de las horas mientras no cayera la tarde hablando de las historias y leyendas que de niños los había juntado a hablarse en contadas ocasiones. De adultos ahora era ameno recordar y reír nuevamente con las alegrías anteriores a su crecer.

Ese día también, Sasuke había querido preguntarle algo muy importante a Hinata pero que no se sintió lo suficientemente valiente en hacer. Había mandado a Neji a una misión hacía días, solo faltaba hacer lo que lo había conducido a hacerlo.

Aunque no pasó como el quiso, y al día siguiente, cuando los dos habían ido a tomar el té juntos ante los murmullos de la gente y una plena sonrisa del Uchiha, Sasuke le pidió a Hinata permiso para ir a ver a su padre. Más no le aclaró para que.

Neji no llegó a tiempo. Era ya demasiado tarde cuando los ojos de Hiashi Hyuuga brillaron por la proposición del Uchiha para conjuntar ambos clanes volviéndolo uno solo así como una misma fuerza al ser los dos feudos más ricos y extensos de Konoha.

Estaba hecho ley. Sería la esposa de Sasuke Uchiha.

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La herida que llevaba en la mano se la había hecho ese día el abrir el regalo de Sasuke. Lo había mandado guardar junto con las riquezas del palacio, pero antes de que se fuera la sirvienta la había detenido para algo más.

Estaba convencida de que Naruto regresaría, por eso trataría de negar de Sasuke hasta el final, pues aunque se había enamorado de él no podía pelear ni olvidar el amor que le tenía desde la infancia a su rubio amigo de siempre.

Tomó el estuche del collar que le había dado en su fiesta de compromiso, aquel tan costoso y pesado, ameno relacionado a la oscuridad de la noche. Lo miró dentro una última vez, pasó su mano por él, pero sintiendo un pinchazo recorrerle la palma regresó su mano así de dolida pegándola su pecho antes de verla con sus propios ojos. No pudo evitar abrirlos a todo lo que daban al percatarse de lo que significaba esa señal.

-¡Señorita!- se aproximó la enviada al ver la sangre correr por su muñeca desde su palma, parecía una herida severa.

Del frente manchó su kimono y prefirió solamente entregarle el collar dentro del estuche a aquella mujer para que se fuera dejándola sola. Solo hasta entonces supo que su intranquilidad tenía razón y forma de ser. Si bien el amor de Naruto la había lastimado y ahora estaba presente en ella al aceptarlo, sería Sasuke quien querría eliminarlo y quien haría correr la sangre.

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-¿Por qué te disculpas hermana? ¿Por qué?- se sentía impotente Hanabi halándola de la ropa para que le respondiera. -¿Qué intentas decirme?-

Hinata la abrazó antes de que la misma la aventara a la pared.

-Voy a llorar, ahora y en un futuro no tan lejano. Y será frente a la tumba de alguien…- se puso de pie lentamente llevando en el cuello aquella baratija inútil que poseía como su bien más preciado, el collar que Naruto le había dado de niños y que hasta la fecha usaba esperando pacientemente su regreso a pesar de tener que ser partícipe de los preparativos de su boda con el magnánimo Sasuke Uchiha.

-No te entiendo, no comprendo nada- se abrazó Hanabi antes de voltear a verla. –Parece como si ya no tuvieras cordura…- su voz sonó amarga, y el viento sopló por su cabello cortando al igual que su piel su respiración.

-No Hanabi, es el mundo el que perderá la cabeza muy pronto. Caerá muerto y nos querrá llevar con él, así que nos servirá volver a caminar hacia el sol, no nos servirá de nada si perdimos las razones por las cuales vivir…- caminó hacia más adentro de la mansión saliendose del cuarto de menesteres para cambiarse y peinarse el cabello mojado e ir a ver a quienes confeccionarían el kimono de su boda, el día especial en el que presentía aunque no se había confirmado del todo, en que las espadas de los mejores amigos y los peores enemigos chocarían una a otra por la misma mujer.

Esa era la señal, Naruto caería ante el filo de una espada ¿Cuándo? ¿Cómo?

Eso a su vez no lo sabía.

-Perseguido al ser peligroso pero también todo un talento. Con riquezas y a la vez polvo entre tus manos, ¿Cómo comenzar de nuevo? Esa es la pregunta- le habló una vez Hashirama Senju al fundador y primer miembro del clan Hyuuga tomando tranquilamente el té en una preciosa tarde de otoño frente al mismo lago que estaba en medio del feudo Uchiha y que compartía con los territorios del feudo que competiría con ellos.

-Tengo esperanzas, mi hijo nacerá dentro de cuatro meses y eso representa mi máxima voluntad para seguir adelante- respondió, sabían que a Madara no le agradaría la idea de establecerse ahí en lo más mínimo siendo que Konoha a penas estaba levantándose en pie. Así que como guerreros mutuos de oficio Hashirama fue el que comenzó a sonreír sabiendo lo que acarrearía con esa carga en hombros ayudando a su amigo.

-Entonces camina hacia el sol, hacia aquel lugar en el que los rayos toquen la tierra, así nunca perderás la fe y podrás echar raíces aquí, en Konoha, aún si tu nombre se pierde entre la tierra o se lo lleve el viento los ojos de todos tus descendientes podrán parecer no ver nada del mundo, pero en realidad, serán los que vean más allá que cualquier otro ser humano en la tierra guerrero o no…- brindó por él, levantando la taza y robándole una sonrisa impresionada al otro también.

-Hacia el sol…- repitió las palabras del Senju salidas entre sus labios con tanto ímpetu ameno. Sonrió. –Brindemos entonces por el inicio de un nuevo clan en el país del fuego, cuna y alma mater oculta entre las hojas para las nuevas generaciones, por que el día de hoy, nace el clan Hyuuga…-

*8*8*8*

Fue en el país de la Tierra, territorio hostil y sin ser aliados de su patria cuando encontraron de nuevo los rastros de Akatsuki. Acamparon de día ocultos en una caverna detrás de una cascada decidiendo avanzar de noche y ocultarse cuando hubiera luz, esa táctica la habían tomado por orden de Sasuke aprobado por Shikamaru. Tenían que ser astutos y no llamar la atención. Pero llamado por la claridad del ocaso Naruto fue el que abandonó el refugio caminando por un tronco seco que dividía la descomunal cascada de kilómetros de altura pasando hacia la zona en donde el agua se estancaba metros más abajo para mirar el cause con agonía volviendo a pensar en Hinata y perdiendo a si mismo la noción de lo que sus compañeros le estaban ocultando y que muy dentro de sus entrañas comenzaba a presentir.

-¿De verdad estas tan ocupado pensando en una mujer que no ves más allá de tu nariz?-

-No puede ser- volteó a ver su reflejo en el agua. Ahí estaba, con los ojos rojos, con una mirada tosca y una sonrisa sádica dibujada en sus labios mostrando una animal dentadura de afilados dientes, la parte de él que era el Kyubi.

-¿Qué? ¿Se te olvido como saludarte a ti mismo?- sonrió de nuevo riendo como loco.

-¿Qué estas haciendo aquí? Hacía tiempo que no me molestabas- inquirió.

-Oh vamos Naruto, no me digas que querías que me apareciera cuando estabas compartiendo la misma cama que Hinata Hyuuga en Suna… o… cuando Sasuke te propuso irte de Konoha...- Los ojos de Naruto se estremecieron. Su reflejo rió. -¿Ves?, no soportas que sepa todo de ti, lo contrario a lo que tú sabes de mí- se señalo con altivez.

-¿Qué quieres ahora?- se llevó una mano a la frente con cansancio.

-Nada en específico- respondió -Si hubiera querido torturarte ya hubiera poseído nuestro cuerpo desde antes… Solo vengo a advertirte de lo que estas haciendo…- sonrió de medio lado. Naruto no supo entenderlo.

-¿Advertirme?- se le quedó viendo con seriedad -¿Advertirme de que?-

Su reflejo lo miró con fastidio. Gruñendo.

-Ni siquiera se por que te lo voy a decir, lo mejor será esperar a que te enteres por tus propios medios, así que sábelo desde antes, ya que sufrirás un terrible dolor acerca de ti como guerrero, y te enterarás de una gran verdad que ha sido oculta desde antes de que nacieras… Podrá no ayudarte en querer tener a esa Hyuuga a tu lado, pero lo último te será beneficioso para llegar cumplir lo que quieres ser en la vida…- rió con una tremenda carcajada meciendo el aire. –Eso si sobrevives, por mi no tengo que preocuparme, al separarse tu alma de tu cuerpo yo seré el que se quede en tierra libre y usándote como máscara humana…-

-¿Qué?- se lanzó a preguntarle, pero su reflejo regresó a la normalidad en ese instante. El zorro de nueve colas debía estar engañándolo, si así fuera el caso ¿Por que no lo había matado antes para quedarse con su cuerpo?

La respuesta era clara: no podía hacerlo. Mas eso no significaba no acercarlo a la muerte o tratar de sumirlo en odio para fundir sus dos mentes en una sola sobreviviendo en mayoría la del demonio.

¿La razón? Sintiendo como demonio la captura de sus congéneres debía hacer algo para seguir siendo un ser libre.

-Naruto…- se acercó a él Kakashi viéndolo regresar al interior de la cascada algo pálido.

-¿Te ocurre algo?- preguntó Sasuke.

-No, no es nada- respondió. Ya era de noche. –Vámonos…-

*8*8*8*

-Tsunade sama, Tsunade sama- llegó corriendo Chizune a la oficina de la Hokage con aprensión, estando toda apurada en encontrarla. –Tsunade sama- abrió la puerta.

-Ya sé, ya sé, el señor feudal quiere verme- dijo ella mirando por la ventana. Chizune calló desde la entrada. –Asumo que ya se enteró entonces ¿verdad?- la miró por el rabillo del ojo. Su asistente solo asintió, y la rubia continuó viendo el cielo con profundidad. –Entiendo…- tomó sus pasos hacia atrás para asó salir con ella e ir a reunirse con el rey del país del fuego en el salón del último piso.

-Tsunade…- lloraba el anciano decrépito frente a la rubia en completa soledad al haber pedido el noble a sus sirvientes y a su guardia que los dejaran en paz. Estaban sentados frente a una cara y elegante mesa de té de madera fina -¿Cómo fue que pasó esto? ¿Cómo es posible?- repetía. –Mi hijo, mi primogénito, el futuro rey del país del fuego…- lloraba. –Esto no puede estarme pasando, ¡¿Cómo fuiste capaz de permitirlo Tsunade?- gritó. –Tu eres la Hokage, debiste haberlo evitado… ¡Mi hijo murió por tu culpa!-

Tsunade solo miraba cabizbaja la taza de té frente a ella, aunque eso sí, manteniendo la frente bien en alto, con dignidad.

-Fue alguien de Akatsuki quien lo mató. El terreno esta siendo peinado ahora mismo, pero no podemos hacer nada para revertir lo que ya esta hecho… su alteza…- reclamó después de todo.

-Esa no es justificación Tsunade, sabes que no lo es- repetía el delicado anciano con fervor a pesar de su actitud tan rosa.

-No me estoy justificando- replicó. –Y aunque lamento mucho su pérdida ha de saber que Akatsuki tiene puestos los ojos sobre Konoha por que quiere al demonio más poderoso de todos los Biju y que si lugar a dudas sabemos pertenece al país del fuego, el Kyubi, encerrado en Uzumaki Naruto, señor…-

El anciano abrió los ojos temeroso, sabía por donde iban a dirigirse las cosas... directamente a los pecados de su juventud...

-Uzumaki…- dijo entre líneas…

-Uzumaki- repitió la rubia con fuerza –No debería serle extraño ese nombre ¿no?-

-No tengo la más mínima idea de que lo que me habla- volteó la cara aún digno mientras se abanicaba con estupor a pesar de sus lágrimas.

-No, nunca ha sabido por que nunca quiso reconocer a Kushina como su hija- reclamó de nuevo, el anciano cerró los ojos con fuerza, tenía cola que le pisaran y no podía escapar de su pasado nunca. -Por eso su madre le puso su apellido y después Kushina le heredó lo mismo a Naruto a pesar de ser él hijo del cuarto Hokage- sonrió con ira irónica –Caramba, ¿Cómo se siente saber que su nieto anhela ser lo mismo que su padre? ¿Eh?-

-¡Basta Tsunade! ¡Basta!- se cubrió con las manos los oídos llorando. –No lo soporto, deténgase- pedía.

-Tal vez fue castigo divino. Perdió a un hijo, pero usted ya había desechado a Kushina antes, y no conforme con eso la propuso como candidata número uno para ser la Jinchūriki del Kyubi siendo solo una niña, ¡Lo mismo que la llevó a su muerte estando embarazada!- pegó con su puño en la mesa reduciéndola a estillas con las tazas del humeante té derramadas de su líquido, quebrándose en añicos al golpearse en el piso.

-No más por favor…-

-Sí, eso fue lo que pidió su hija, que pararan su tormento. Y mírese ahora, esta muriendo, y su legítimo heredero se fue también sin haberle dejado descendientes. Ustedes los nobles, más los señores feudales discriminan casi todo en los samuráis, valoran su lealtad y su valor, también nos admiran, ¡pero pareciera que los únicos que tenemos valores somos nosotros por que ustedes se la pasan con su maldito orgullo y superioridad pensando solo en si mismos!-

La Gondaime se puso de pie caminando hacia la salida con despecho.

-¿Cuánto tiempo le queda señor?- preguntó con un paso ya fuera en la puerta corrediza abierta. -¿Un mes? ¿Dos meses?- le preguntó por lo que le quedaba de vida. Por eso el príncipe de la nación había salido rumbo a verla en la mañana, para entablar los asuntos de la sucesión de poderes convirtiéndose él en rey, pero que no había sido posible por que Kisame lo había asesinado cruelmente y sin piedad, sintiéndose incluso infame por haber matado a un pobre hombre que de guerrero solo tenía la espada, más no la actitud ni el valor.

-Ya son solo semanas Tsunade- volvió a llorar el anciano monarca derramando sus agrias lágrimas en su costísimo atuendo de la más fina tela en un cuerpo arrugado y decadente muriendose desde adentro.

-Ah- respondió la rubia de ojos cafés. –Que lástima, lo vamos a extrañar…- lo miró de reojo con frialdad -¿Entonces quien va a ser el futuro rey si usted ya esta muerto?-

El anciano se paró como rayo a pesar de la dificultad que le fue hacerlo.

-¡Eso no!, ¡No permitiré que un ilegítimo gobierne esta tierra que le ha pertenecido a mi familia desde hace siglos…!-

Tsunade alzó los hombros y después las manos en su gesto.

-Entonces más no puedo hacer, ¡Que la anarquía consuma Konoha! ¡El país del fuego ya no tiene señor feudal!- alzo los brazos hacía el techo. -¿Cuánto tiempo cree que pueda mantener oculta su muerte antes de que todos se den cuenta de que de su sangre ya no hay nadie que pueda gobernar la nación?-

-Por favor, no me lo recuerdes- Suplicó.

-Mire a Naruto, se parece tanto a su padre, pero en su personalidad… es idéntico a Kushina…- suspiró melancólica al recordar a la pelirroja. Negó con la cabeza antes de volver a ver al anciano llorando su pena a unos metros de ella. -¿Cuánto más piensa negar la existencia de Kushina? Es su sangre, su propia hija, y Naruto su nieto. ¿Se lo llevará todo a la tumba?-

-Claro que no- se escucharon sus lloriqueos martirizándolo.

Los demonios interiores nunca abandonan a nadie. Las Moiras no tiene piedad, y como cuervos y zopilotes devoraran al cadaver aún si no esta muerto del todo.

–Naruto… él…- habló después de un gran silencio, uno que lo mataba por dentro al igual que su vejez, después de todo su rubio nieto era ya un hombre. –Él será mi sucesor…- decretó, antes de volver a llorar cayendo al piso.

-Entonces ya todo esta dicho su alteza- se reverenció la Gondaime con obligación antes de salir dejando al anciano en su miseria llorar a lágrima viva dentro.

Naruto sería declarado ante el pueblo y ante toda la nación como el legítimo hijo del cuarto Hokage, y, para sorpresa de todos, el futuro heredero a la corona del país del fuego al ser su madre la hija ilegítima del rey antes de su muerte, debido solamente al asesinato de quien ocuparía este puesto.

El quería ser Hokage ¿Cómo reaccionar ante tal noticia?

¿Qué tanto podrían estropearse sus planes con eso?

Y lo más importante. Un rey muerto no puede gobernar nada. Si él corría el riesgo de no regresar a Konoha, ¿Que destino podría depararle a la aldea?

-Creí que era lo mejor para ella…- recordaba el desauseado rey la vez en que había mandado sellar al demonio de nueve colas en su hija. El inicio de la leyenda en que se convertiría la generación presente… -Kushina… lo siento tanto…-

Continuará…


Muajajajajajajajaja

Espero no desmayarme en el siguiente capítulo, no pueden imaginarse lo que tengo planeado, es más comenzaré a escribirlo una vez haya publicado la continuación de Gakuen. ^i^