Hola! Después de tanto tiempo finalmente estoy de vuelta, el capítulo fue más largo de lo que esperaba (otra vez, ya no me sorprende) así que decidí cortarlo en dos. Espero que lo disfruten.

Luego de la cita entre Ace y Sakura, los dos se volvieron más unidos; las peleas entre los dos eran menos comunes, a veces Ace hacía cómplice de sus travesuras a Sakura sin que ella se diera cuenta hasta que ya se había provocado la broma Las pláticas en las noches se volvieron una rutina, normalmente giraban sobre la infancia de ambos, Sakura contando sobre sus amigos, misiones que tenía con sus amigos y lo que era vivir en Konoha y las otras naciones, Ace hablaba de su vida con Dadan, sus aventuras con Sabo y Luffy, la muerte de Sabo y sus aventuras cuando cumplió diecisiete años y se fue de la isla para convertirse en pirata.

Habían pasado en los siguientes días por algunas islas de lo más extrañas y curiosas. A los ojos de Sakura, el ver que los demás se inmutaban por las rarezas que se encontraban en aquellas islas, apenas podía dimensionar que así debía ser toda la Red Line. Solo esperaba que cuando esté curada por completo, pueda encontrar una isla que sea decente como para que pueda vivir y lo suficientemente apartada de la marina y gente desagradable para poder revivir las costumbres ninjas con las que creció. Por fortuna, comenzó a acostumbrarse al extraño y cambiante clima en estos mares.

Desde que hizo las paces con Barbablanca y su tripulación, surgió la duda de por qué si había un extenso mar, nunca nadie se tomó la molestia o al menos tuvo la curiosidad de zarpar al mar más allá de las islas que conformaban los países de la ahora considera isla ninja-samurai. En la escuela y en los libros de historia nunca se mencionó nada más de los países e islas conocidas, incluso en los últimos años la ciencia le dió más importancia a la investigación del chakra que saber qué había más allá del horizonte que conocían. Ni siquiera había teorías de si la tierra es plana o redonda. Su duda solo ocasiona más preguntas sin respuestas que estaba segura que no iba obtener respuestas ahora que todos están muertos.

Actualmente, Sakura estaba en el área de entrenamiento junto a los comandantes Haruta y Vista, luego de insistir hasta el cansancio, Marco le dejó ir al gimnasio siempre y cuando no sea ejercicio pesado y bajo la supervisión de Haruta y Vista, dos de los comandantes que confiaba que seguirán la orden al pie de la letra.

A pesar de la orden, Sakura no estaba contenta, si seguía con este ritmo sentía que sus músculos definitivamente se iban a atrofiar, además de que se estaba aburriendo, esto apenas servía para estirar los músculos. Por el rabillo del ojo podía ver el ring en el centro de la habitación donde las peleas y entrenamientos eran bruscos y las apuestas de quién ganaba a quién estaban presentes en casi todas las peleas.

Ella también es una luchadora, quería pelear, sentir el sudor escurriendo por su cuerpo pegando la ropa como una segunda piel, la sangre escurriendo por sus heridas y su corazón bombeando rápido por la adrenalina y diverción. El primer día ni siquiera llegó a terminar de formular la pregunta cuándo Vista y Haruta se negaron.

Decidió que era suficiente, el día de hoy no iba a salir de aquí a menos que consiguiera una pelea. Estaba tan determinada que estaba incluso dispuesta a usar todo su arsenal de habilidades, desde las insoportables insistencias de Naruto y Ace, hasta sus técnicas de seducción para convencerlos antes de llegar a la extorsión.

—Está bien —dijo Vista, siendo el primero de los dos en caer—, Deberíamos restringir el tiempo que pasas con Ace, es una mala influencia.

Estuvo a nada de dar salto de alegría como una niña pequeña de no ser porque eso no daría una buena imagen de estar decidida a pelear/entrenar con los piratas.

—¿Estás seguro? Marco nos pidió el favor —dijo Haruta.

Vista escaneó la sala hasta que se encontró justo con una persona que estaba cargando pesas y hablando con sus compañeros.

—¡Paul!, ven aquí —dijo Vista.

Paul, es un hombre de la división de Vista y uno de los hombres que estuvo atrapado en la celda dentro del barco de esclavos junto a Sakura. Él se acercó con ánimo, el entrenamiento siempre ponía de buen humor a cualquiera de la tripulación, sobre todo ahora que quería demostrar que aunque fue capturado podría volverse más fuerte y ser un gran apoyo a los piratas de barbablanca.

—¿Qué te parece entrenar con Sakura en el ring?

Su sonrisa se volvió una mueca.

—Lo siento, Sakura, no es que no me agrada la idea, es solo que aún te estás recuperando y todo mundo sabe que Marco te prohibió entrenamiento pesado.

Lo entendía, nadie quiere meterse con el jefe de la división médica, ella mejor que nadie sabía el poder que tenía ese puesto sobre los demás, aún así, para ella sonaba como una excusa.

—¿Qué? ¿Temes perder?

Los que estaban cerca haciendo ejercicio dejaron la maquinaria y pesas para prestar atención. Con varios ojos sobre Paul, él se sonrojó porque cuestionaron su fuerza, en una situación normal hubiese retado a la persona a un duelo pero no era un hombre contra quien peleaba y aunque es una kunoichi de la que no dudaba de sus habilidades, aún se veía por debajo de su peso por lo que no se atrevía ir en serio.

—No es eso, aún te estás recuperando, de seguro es frustrante pero hay que guardar reposo.

No estaba tan loco como para entrar en una pelea con la invitada de su padre y la protegida de Marco ahora que está bajo su cuidado.

Sakura cruzó sus brazos.

—¿Eso es consideración o cobardía?

Los piratas que escuchaban se rieron en voz baja provocando que otro grupo prestaran atención a lo que estaba pasando.

—No quiero lastimarte —dijo Paul, ahora frunciendo el ceño.

—¿Tratas de ser considerado? Aún a punto de desmayarme pude matar a dos piratas —dijo Sakura, sin tener una pizca de remordimiento. Ahora que parecía comenzar a molestarse, es el mejor momento de seguir picando hasta que acepte por orgullo.

Un uuuuh de algunos de los compañeros de Paul resonó en la habitación haciendo que al pobre se le erice la piel. Los que estaban más alejados del círculo que recién se formaba, incluidos algunos comandantes, entre ellos Ace y Jozu, se acercaron curiosos por saber qué era el escándalo, en el medio del círculo se encontraron con un Paul enojado y Sakura de brazos cruzados con un aura de altivez.

—Venciste a dos pero estabas tan débil que tuvieron que salvarte los comandantes Ace y Marco.

—¿Ves que esté a punto de desmayarme?

Solo necesitaba un empujón más.

—No, pero…

Ace fue el primero de ellos que entendió el plan de Sakura por lo que sonrió con malicia. No podía quedarse atrás si quería que esto fuera más divertido, ¿Por qué no echar más leña al fuego?

—Sakura, tú tienes que ser la considerada, pelear con una kunoichi que está en recuperación es vergonzoso —Paul sonrió y Sakura inclinó la cabeza reprimiendo su disgusto hasta que… Ambos lo vieron sonreír—. Y más si lo vences estando en tu condición.

—¡Está bien!, pelearemos — No pudo más, la vergüenza y el orgullo lo hicieron saltar al frente, finalmente, Paul cayó presa de la provocación justo como Sakura y Ace querían, a cambio iba a pelear sin reprimirse.

Los piratas a su alrededor gritaron de júbilo, desde que ella quiso escapar luego de despertar cuando la rescataron no la habían visto pelear, presentían que iba a ser divertido. Las apuestas comenzaron a formarse en un abrir y cerrar de ojos.

—Es lo que esperaba, ¿Qué tal si peleamos en la cubierta?

—¿Eh?

—Si vamos a pelear, ¿No te parece que el ring es muy pequeño?

En realidad el ring era lo suficientemente grande pero quería que todos vieran que no es una chica que necesitan sobreproteger como creen, en especial Marco y Thatch que incentivaron aquella imagen sin intención maliciosa de por medio.

Los piratas a su alrededor estaban tan emocionados que estaban de acuerdo, aunque Paul no estaba muy seguro de querer aquello no le quedó de otra más que aceptar.

Un tropel de piratas se dirigieron hacia la cubierta, en el camino informaron sobre la pelea a la gente que pasaba y ellos pasaban el mensaje a los demás, muy pronto la cubierta se llenó con toda la tripulación del barco ansiosos por ver la pelea entre Sakura y Paul. Por supuesto, la pelea fue frente a Shirohige que como los demás, parecía animado por la pelea, quería medir la fuerza de la pelirosa ahora que su condición había mejorado.

Por obvias razones, tanto Thatch y Marco fueron los últimos en enterarse, no estaban muy contentos, aún así, como los demás tenían curiosidad por ver la pelea así que por estrategia ni ellos ni Sakura se verán a los ojos hasta que el duelo termine.

Tanto Sakura como Paul se pusieron en el centro a una buena distancia uno del otro en el cuadrilátero improvisado que se creó con los tripulantes como el límite del mismo y Haruta fue designado como el mediador de la pelea.

—¡Comiencen!

Paul corrió directo a Sakura para acabar con esta pelea lo más pronto posible. No tenía la intención de lastimarla mucho así que decidió dar lo mejor en el menor tiempo posible. En cuanto estaba casi sobre ella, estiró su brazo para darle un puñetazo en la cabeza, en el último momento Sakura hizo a un lado su cabeza, giró sobre la punta de sus talones y le dió un golpe en la nuca lo suficientemente como para tirarlo al piso sin desmayarlo.

Sakura se volvió a acomodar quedando de frente a Paul.

Algunos chiflaron y otros se rieron.

Paul sintiendo vergüenza se volvió a levantar y corrió hacia Sakura para darle un derechazo que Sakura fácilmente pudo detener con sus brazos y con su pierna le dió un rodillazo en el estómago, en esos segundos que Paul se inclinó hacia adelante, Sakura sacó un kunai de su estuche ninja y lo puso junto al cuello de su compañero.

—¿Te rindes?

Solo tuvo que sentir el frío del metal en su cuello para alzar los brazos en señal de derrota.

Los piratas se animaron e incluso la mayoría olvidó que estaba aún en rehabilitación, de uno en uno comenzaron a pedir pelear con la pelirosa.

Uno tras otro terminaron siendo derrotados, para la quinta persona que pasó, ya estaban gritando de emoción, más aún cuando uno de los comandantes hizo notar que en todos los combates los pies de Sakura se habían movido en un pequeño círculo invisible que había hecho alrededor de su cuerpo, el nuevo reto era poder moverla fuera de ese lugar. Algunos intentaron moverla usando la fuerza bruta, otros con agilidad y ayuda de artefactos no mortales, en cada una de las ocasiones ella se movía con agilidad haciendo movimientos precisos y los inmoviliza o los mandaba lejos.

Barba blanca y todos los demás, en especial los comandantes, apreciaron sus habilidades. Rápidamente comprobaron que ella necesitaba un reto más grande, por esta razón, Hozu fue el primero en dar un paso al frente.

—Yo iré.

El júbilo alcanzó nuevos niveles ahora que uno de los comandantes y quizá el más fuerte, decidió medir fuerzas con Sakura, la poseedora a ojos de los piratas de la fruta del diablo que da super fuerza.

Los ojos de Sakura brillaron con anticipación. No es que menosprecie el esfuerzo de los piratas con los que se enfrentó pero desde hace tiempo estaba deseosa por pelear contra un comandante ya que se le hacía imposible y tal vez un sucidio enfrentarse de frente a Shirohige como la vez que intentó escapar, se sintió más emocionada al ver que se va a enfrentar con uno de los que más curiosidad tenía para pelear, Hozu el usuario de la fruta Kira Kira, la fruta que convertía su cuerpo tan resistente como un diamante.

Ninguno de los dos tuvo que hablar para comprender que se iba a tratar de un enfrentamiento de fuerza bruta.

Nunca he intentado romper un diamante, ¿Será posible? se preguntó Sakura con genuina curiosidad. Su maestra, y ella usando el Byakugan podían romper una montaña de un solo golpe pero nunca en sus más locos sueños habían teorizado sobre destruir joyas, menos aún el mineral más resistente del mundo hasta el momento.

Los dos se pusieron en posición de pelea, en cuanto Haruta dió la señal Hozu convirtió sus brazos en diamantes y corrió hacia Sakura. Las manos de ambos se encontraron, los brazos de ambos temblaron al forzar sus músculos, por el impacto, los pies de Sakura se deslizaron un poco hacia atrás pero no lo suficiente como para sacarla de su espacio.

La pelea de fuerza bruta comenzó.

La gente gritó emocionada.

Pequeñas gotas de sudor comenzaron a aparecer en la frente de Sakura por el esfuerzo, Jozu notando esto decidió convertir todo su torso en diamante, la fuerza en su cuerpo aumentó haciendo que los brazos de Sakura comenzaran a temblar más.

—¡Miren eso, parece que Jozu va a ganar! —gritó uno de los espectadores.

Oh, no mientras siga en pie pensó Sakura. Aunque su maestra ya no esté aquí ella fue su estudiante y la heredera de su super fuerza, no iba a dejar que ese título quede en ridículo.

—¡Shanaroo! —gritó Sakura, envió un poco más de chakra a sus manos y pies.

Los ojos de Jozu temblaron ligeramente cuando sintió un ligero crujir en sus manos, con el aumento de fuerza de Sakura la presión estaba provocando que la gran resistencia de sus brazos de diamante comenzará a crujir desde dentro.

Sakura dió un paso hacia el frente lista para empujarlo. Los piratas alrededor de ambos comenzaron a vitorear y gritar que Sakura había salido de su espacio. En ese momento la pelea de fuerza bruta de ambos terminó con Hozu como el ganador.

La gente se acercó a los dos para darles palmadas y felicitarlos por la pelea.

—Felicidades por tu victoria —dijo Tato.

—No, fue un empate —respondió Hozu llevando su mirada hacia Sakura que sonreía y platicaba con los de la tripulación que se acercaban a ella.

Algunos de sus compañeros le miraron con curiosidad.

—¿Empate? Ella se movió.

—Tienen que fijarse bien —dijo Barbablanca, sus ojos brillaban de diversión. Esta pelea lo había dejado más intrigado por las habilidades de Sakura. Fue el único que notó desde su asiento la ligera sorpresa de Hozu por la fuerza de Sakura y el ligero cambio en la reflexión de la luz en las manos de diamante de Hozu cuando la pelirosa dió aquel grito.

Para demostrar el punto, Hozu estiró sus manos a los comandantes que al acercarse a ver se sorprendieron al notar pequeñas vetas dentro del diamante que demostraban que la fuerza de la chica estaba logrando resquebrajar el material orgánico más fuerte de la tierra.

Ace fue el primero en reír en voz alta.

—No por nada es la usuaria de la fruta de la super fuerza —dijo animado. A diferencia de los demás, ya había visto una pequeña demostración de su fuerza por lo que no estaba tan sorprendido como los otros.

—¿Tú lo sabías? —preguntó Vista.

—Digamos que al ganar el dinero en el casino no fue cuestión de suerte —dijo Ace, sin meterse en muchos detalles para no meterse en problemas, en especial con Marco y Thatch.

Desde entonces, Marco y Thatch siguieron cuidando de Sakura, aunque ya no con tanta precaución como antes de la pelea.


Para cuando llegaron a la siguiente isla, Sakura fue una de los primeros en bajar, como llevaba sandalias disfrutó de la arena rozando los dedos de sus pies y el olor a palmeras y vegetación. No es que le molestara estar en barco, incluso tal vez le estaba tomando cierto gusto a la navegación pero nada se comparaba como tener olor a árboles y plantas, tal vez debiéndose a que desde que nació había estado rodeada de vegetación.

Como ya tenía más confianza en la moneda que usan y la escritura, decidió dar un paseo por su cuenta. Esta vez iba a observar la vida en la isla para darse una idea de cómo es la vida cotidiana en estas islas donde la vida no gira alrededor del mundo ninja y estar preparada para cuando sea tiempo de separarse de los piratas de barbablanca.

A primera vista esta isla parecía ser mucho más tranquila que las anteriores, aquí solo había unos cuantos barcos atracados en la bahía y al parecer no había presencia de la marina.

Lo primero que notó fue que el principal comercio de la isla era el carbón, varios de los puestos vendían carbón que lo llevaban a los barcos, además de que la mayoría de la gente nativa de la isla tenía las manos manchadas de negro por el polvillo del carbón. Hizo una mueca al pensar en los pulmones de estas personas debía estar tan deteriorado como el de un fumador, eso solo le hizo pensar en Shikamaru y la rutina que tomaron -por presión de Sakura- de hacerle un chequeo mensual de revisar sus pulmones por fumar demasiado como su maestro todos los días y en el proceso regenerar sus pulmones en cada sesión.

—Supongo que ya no tendré que preocuparme por tus pulmones —dijo con un pequeño toque de nostalgia.

En el camino por la ciudad se encontró una pareja que vendía en un pequeño puesto unos bollos que le abrieron el apetito con solo el aroma de estos recién horneados. Mientras comía se dirigió a la plaza observando a la gente, la mayoría de los vendedores de carbón o la gente parecía tener un semblante apagado, supuso que era por consecuencia de la mina de carbón, en lo que se dirigía a la plaza comenzó a enumerar en su mente las posibles enfermedades que uno puede contraer desde las leves hasta las más graves.

Se detuvo abruptamente cuando escuchó el llanto de un bebé, siguió el sonido hasta toparse en el centro de la plaza junto a la fuente a una niña de no más de seis años de cabello rubio cenizo y ojos oscuros cargando a un bebé. La niña luchaba cargando al bebé con uno de sus brazos intentando que no se le cayera mientras que la otra mano se mantenía estirada pidiendo unas monedas. Por la ropa andrajosa Sakura supuso que era una indigente.

La gente alrededor de la niña los ignoraba.

En su camino a la niña y el bebé, la rubia se aferró a la falda de lo que parecía una turista.

—Por favor, deme unas monedas para mi hermano que muere de hambre o siquiera un poco de pan —suplicó la niña.

La mujer la empujó en cuanto sus manos tocaron la falda.

—Quita tus manos de mi ropa, me ensucias —dijo la mujer.

La niña cayó al suelo de sentón y el bebé en brazos lloró más fuerte.

—¿Estás bien? —preguntó Sakura.

—Ah, gracias, solo espero que no se me suban las pulgas —dijo la señora, se quedó perpleja cuando Sakura pasó de largo y se agachó hasta quedar a la altura de los infantes.

—... ¿Si? —dijo la niña sin saber qué hacer.

—Que bueno, espero que no te enfermes o contraigas alguna alergia por haberla tocado, hay cosas que no debes tocar.

El rostro de la mujer se sonrojó una vez que se dió cuenta de que la estaban llamando enfermedad y "cosa".

—Te daré una advertencia, no debes confiar en la gente de aquí, esta niña será tu perdición si te dejas engañar.

—¿Seguías aquí? Pensé que te habías ido —dijo Sakura mostrándose "genuinamente" sorprendida.

La mujer solo pudo farfullar del enojo y se fue dando pisotones, solo hasta entonces la mirada de Sakura se suavizó al mirar a la niña y al bebé que seguía gritando a todo pulmón.

—Parece que tiene hambre.

—No me digas, señorita genia —le respondió la niña con sarcasmo—, si tuviera comida no estaría pidiendo dinero y solo recibiendo odio de la gente.

Si Sakura fuera otra persona se hubiese indignado con la niña e incluso le hubiese dado un par de palabras, en cambio siguió sonriendo como si no hubiese escuchado las palabras de la niña.

—Yo te compro la comida —dijo Sakura con tanta seguridad que la chica se quedó mirando con desconfianza.

Para reafirmar su punto Sakura se levantó y sacó un pequeño monedero verde en forma de rana que sin dudar compró en uno de los puestos que vió el día de su cita con Ace, lo abrió y le enseñó el interior lleno de billetes y monedas. Solo con ese método terminó convenciendo a la niña de que le siguiera para comprar comida para ambas.

En el mercado, Sakura tomó nota de las miradas de desconfianza y recelo de la gente del pueblo y cómo la niña valientemente hacía como que no los veía. Cuando encontraron una tienda donde venden productos de bebé los tres entraron.

En cuanto el timbre de la tienda sonó una mujer de edad madura se volteó con una gran sonrisa que le dedicaba a los clientes hasta que notó a la niña rubia junto a la pelirosa, inmediatamente su rostro se endureció.

—Lo siento, se acabó la comida —respondió con un poco de rudeza antes de tomarle atención a la revista que tenía en la mesa de la recepción.

Los ojos de Sakura viajaron a las estanterías que estaban llenas de productos para bebés, desde artículos de cuidado hasta alimenticios de distintas etapas para los bebés, ahí casi sobre la cabeza de la señora había varios botes que por el ojo experto de Sakura, serían los ideales para el bebé.

—¿Qué es eso que hay sobre tu cabeza? —preguntó Sakura, tratando de ser casual.

—Está apartado —dijo la señora, sin preocuparse por ver donde la pelirosa le señaló.

La niña estuvo a punto de darse la media vuelta e irse de no ser porque Sakura la detuvo con la mano, le dió una gran sonrisa a la señora que hizo sentir incómoda a la niña y la vendedora. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de ambas como anticipándose a un infortunio.


Marco y Ace estaban caminando por el mercado. Ace había estado jugando con su división sobre cuánta comida le podía entrar en la boca, como era de esperar, en cuanto Thatch descubrió el juego luego de ver que su alacena estaba menos llena que hace unas horas, como castigo lo mandó al mercado a comprar comida junto a Marco como su vigilante ya que iba a comprar material para la enfermería.

—¿Algún día dejarás de hurtar comida de la alacena? —dijo Marco, medio en broma medio en resignación.

—¿Por qué? Tenía hambre y qué mejor haciendo un juego donde nos divirtamos —respondió Ace mostrando una gran y enorme sonrisa.

Los dos se detuvieron abruptamente cuando escucharon el ruido de madera partiéndose a la mitad en una de las tiendas junto a las que pasaron, tanto ellos como los demás se detuvieron a ver qué sucedía. Era una tienda de artículos para bebés.

—¡no vender productos por un prejuicio es una estupidez! Somos compradores honrados no ladrones, no mereces tener esta tienda.

Los dos reconocieron aquel característico tono de voz enojado. La puerta principal cayó al suelo de una patada y como un tifón enfurecido, Sakura salió agarrando la mano de una andrajosa niña que parecía perturbada y que con su brazo libre cargaba a un bebé. Se veía tan furiosa que ni siquiera los reconoció al pasar de largo.

—Vamos, yo les conseguiré comida en otro lado.

Así como apareció, se fue en dirección al barco.

Los dos solo tuvieron que mirarse a los ojos para entender sus intenciones, entraron a la tienda viendo a una señora que no sabía decidirse si estar asustada o enojada por su mesa de recepción partida en dos.

—Esa mujer está loca, que bueno que se fue, no es bueno tener gente como esa en mi negocio.

Los dos fruncieron el ceño y se acercaron. En cuanto la mujer sintió la presencia de otros clientes sonrió hasta que notó a los dos hombres.

—¿Qué quería esa chica? —preguntó Marco.

—Nada, solo es una loca que de seguro que me quería robar, ¿No vieron a los niños junto a ella? Nunca confíen en los mendigos.

—¿Qué te parece tratar con piratas? —pregunta Ace apoyándose casualmente en la destartalada mesa alzando su puño que se prendió en llamas.

La mujer se puso mortalmente blanca.


En el camino llevando a ambos niños, la niña seguía conmocionada, al ver la fuerza de Sakura. Se detuvieron cuando apareció una niña mayor de cabello negro y piel bronceada que las detuvo diciendo ladrona a Sakura por robar a sus hermanos, Sakura se sorprendió y descubrió que la niña y el bebé tenían una hermana mayor. Comprendió cómo se debía de ver esta situación, más aún con la actitud de la gente de esta aldea por lo que comenzó a explicarle. Una vez que la hermana menor salió de su sorpresa corroboró la historia de Sakura e incluso dijo que tenía dinero en su monedero por lo que no debía ser ladrona.

La hermana mayor a regañadientes aceptó una vez que vió a su hermano seguía llorando, aunque por la falta de energía su llanto era menor.

Sakura les aseguró que les iba a dar comida a los tres.

Como esperaba Sakura, convenció a la mayor de las dos niñas, guió a las dos niñas por el camino que llevaba al barco, cuando las dos niñas comprendieron que estaban en dirección a Sakura se detuvieron abruptamente. Sakura volteó a verlas encontrando temblando de pies a cabeza a las niñas, no tenía por qué preguntar qué sucedía, de no ser porque se desmayó cuando forcejeó contra Ace en el primer encuentro, seguramente hubiese estado como ahora las niñas.

—¡No dijiste que eras pirata! ¡Nos engañaste! No se puede confiar en los piratas —gritó la niña de enmedio, intentó con todas sus fuerzas liberarse del agarre de Sakura.

—Esta bien, no les harán daño, puede que parezca un poco intimidantes pero son confiables y agradables.

—¿Cómo sabemos que es verdad lo que dices? Todo el mundo sabe que los piratas son sucios, traicioneros y hacen lo que quieren a costa de la vida de los demás —preguntó la hermana mayor.

No podía abogar por todos los piratas, Sakura sabía de primera mano que había piratas desagradables con oscuras intenciones, por fortuna tuvo la oportunidad el otro lado de los piratas, no es que la tripulación de barbablanca sean las mejores personas del mundo, de ser así no serían piratas, sería hipócrita de su parte no decir que los ninjas llegaban a hacer acciones retorcidas en nombre de la nación o por dinero en caso de los ninjas renegados, incluso sus manos no estaban libres de sangre.

—Porque no soy una pirata, soy un ninja y viajo con ellos por un tiempo antes de establecerme.

Las dos niñas se sorprendieron, de todas las excusas que hubiesen esperado esa fue la menos esperada. Con lo que parecía su honesta sinceridad, las niñas se dejaron guiar.

—Mi nombre es Sakura.

—Ellie —respondió la menor de ambas.

—Yo soy Elliet y nuestro hermano se llama Eliot —respondió la mayor.

Sakura los guió hasta que subieron al barco. El ver a Sakura con un bebé que lloraba y dos niñas asustadas no pasó por desapercibido desde el momento en que llegaron a la cubierta del barco. Sakura pasó junto a ellos como si fuera lo más común del mundo hasta que llegó frente a Barbablanca que simplemente alzó la ceja esperando una explicación al verla en aquel estado, por su puesto los piratas que estaban cerca se aproximaron para ver qué sucedía. En todo el barco sólo se escuchaba el llanto del bebé.

—Capitán, sé que sólo soy una invitada en este barco, por eso vengo a pedirte permisos a que me prestes comida para estos niños —dijo Sakura con un tono formal, justo como el que usaba cuando se encontraba en reuniones con Tsunade o los líderes de los clanes más importantes de Konoha. Le explicó lo que sucedió en la calle y cómo terminó decidiendo traerlos aquí—. Por favor, déjame cuidarlas.

Quizá era un poco descabellado el pedir este favor a unos piratas que de acuerdo al orden mundial son clasificados como la gente más peligrosa para la paz de las islas, no quería enseñarle a las niñas que está bien confiar en los piratas porque no todos son buenos, incluso desearía que no confiaran tan fácil en ella como lo hicieron, aún así no podía dejarlas a un lado.

—Si las ayuda, ¿Qué piensas hacer después? Hoy tendrán el estómago lleno e incluso una cómoda cama en la que dormir pero mañana cuando se vayan tal vez les roben las monedas que les des y volverán a mendigar por comida.

El tono firme de Barbablanca la conmocionó tanto como sus palabras, sabía que lo que decía el capitán tiene mucha razón, ella ha visto con sus propios ojos los estragos de guerras de poder en países de su isla e incluso las repercusiones de los aldeanos por haber vivido en la segunda gran guerra ninja. Un plato de sopa caliente y una cama cómoda no iban a ayudar por un día.

Quiso protestar pero su lengua no se movió, presentía que si le refuta iba a hacerle pregunta tras pregunta más y más complicada de responder hasta llegar a preguntar si sería así con cada niño que viera hasta el punto en que no le quede de otra mas que decir que no, no puede hacer mucho por los niños por más que tenga buenas intenciones y el barco no es una guardería para cuidar a todos los niños con los que se encuentre. Aún así…

—No puedo solo hacer como si no existieran, ellos son tan humanos como yo, conozco lo que es tener hambre y nada de ayuda. Si no me hubiesen ayudado ahora solo sería la esclava de alguien más —dijo con resolución—, un día de ayuda es una oportunidad más de encontrar un nuevo camino para vivir mejor. Si los ignoro no seré mejor que aquellos que me vendieron quitando mi humanidad. Esta vez yo… Éstos niños…

Se le hizo un nudo en la garganta que le impedía seguir hablando, antes de comenzar a llorar por los recuerdos que comenzaron a inundar su mente decidió endurecer su determinación.

— Yo pagaré por sus comidas y si es necesario también por que se queden a dormir en un lugar seguro por esta noche.

Ninguno de los piratas que estaba alrededor se atrevió a opinar, todos en el barco sabían que todo aquel que se convierte en esclavos de un Tenryuubito tiene una vida peor que la basura y lo mejor que puedes desear es una muerte rápida.

—Thatch —dijo Sakura, una vez que llegó a la cocina donde los piratas se estaban encargando de la comida que estaba por servirse.

El comandante de la división que estaba dando órdenes y probando todo lo que le entregaban se giró a ver a la pelirosa, se sorprendió al encontrarla con dos niñas y un bebé.

—Sé que estás ocupado, si no es mucha molestia puedo cocinar un poco de comida y algo de leche para-

—Sakura.

Por acto reflejo en lo que se daba la vuelta atrapó dos objetos que le lanzaron, al mirarlo se encontró con un biberón y en su otra mano un bote con leche en polvo para bebés. Miró hacia arriba encontrándose a Ace, quien le lanzó los dos objetos y a su lado a Marco.

—Vimos lo que sucedió en la tienda —dijo Marco, al ver que estaba esperando una explicación.

Una pequeña parte de ella se sintió un poco avergonzada por el escándalo que debieron haber presenciado, otra que no quería saber qué es lo que hicieron si la vieron gritar a la vendedora y la otra estaba agradecida porque se tomaron la molestia de conseguir el alimento para el bebé.

Al ver a las niñas andrajosas y llenas de suciedad y que ese mismo aspecto tenía el bebé en manos de la hermana mayor comenzó a dudar si sería mejor postergar un poco el que coman para que se den baño, el único problema es que si iba a bañarse una vez que termine iba a tardar más tiempo en poder alimentarlas en lo que les preparaba comida y no quería alimentarlas así como estaban de sucios.

—Yo preparo la comida —dijo Thatch tomando el bote de fórmula y el biberón de las manos de Sakura una vez que intuyó por qué estaba dudando.

—Gracias —suspiró aliviada—. Antes de comer vamos a que se den un baño, ¿me dejan cargar al bebé para que puedan ir más cómodas?

Las dos niñas se miraron entre sí antes de entregarle al bebé. Al recibir a la bebé Sakura dió un pequeño brinco, ¡el bebé estaba hirviendo! Se insultó mentalmente por ser tan descuidada, la rojez en el rostro del niño no era por el llanto sino por fiebre, en ese momento llevó su mano a la frente de las niñas, ninguna de ellas tenía calentura, el bebé era el que tenía una temperatura alarmante.

—¿Qué pasa? —preguntó Marco.

—¿Estuvieron enfermas?

Las dos se movieron incómodas.

—Hasta hace poco teníamos gripa.

Una gripe no podía ser un gran problema a menos que se encuentren en una situación de pobreza como las niñas y más aún tratándose de un bebé el que no ha recibido una buena alimentación y las medicinas están fuera del alcance.

—El bebé tiene una fiebre muy alta —dijo Sakura.

Marco se acercó a ambos y frunció el ceño en cuanto le tocó la frente, le dijo a Sakura que fuera a darse un baño mientras iba por un medicamento. Sakura no dudó en hacerle caso, como doctora sabía que la temperatura que estaba manejando el bebé podía ser mortal, más aún que parecía exhausto por llorar del dolor todo el día.

Salió casi corriendo con Ace siguiéndola con las niñas en brazos para que no se quedarán atrás.

Dentro del baño dejó correr el agua en la regadera mojando al bebé con agua fresca y a ella de paso. Discretamente, Ace metió a las niñas y cerró la puerta del baño para que tengan privacidad.

Las niñas que se lavaban en otra de la regadera veían con curiosidad cómo Sakura bañaba con mucho cuidado y cariño a su hermano pequeño que apenas tenía fuerza para moverse. Sin que ellas supieran, Sakura llevó discretamente un poco de jutsu curativo al bebé para que su temperatura baje e impulsar a que los anticuerpos hagan su trabajo en lo que Marco le medicaba.

Para cuando terminaron de bañarse, los tres niños salieron envueltos en toallas limpias y mullidas, ahí estaba Ace esperando recargado en la pared contraria al baño.

—Estás goteando —dijo Ace al ver que Sakura salió con toda su ropa empapada.

Con mucho cuidado se acercó a Sakura y pasó su mano por el cabello de la pelirosa que previamente calentó lo suficiente como para secarla, lo mismo hizo con su ropa. Los ojos de ambas niñas brillaron por ver una pequeña llama salir de la mano de Ace.

—Gracias —dijo Sakura.

Los dos llevaron a los niños al dormitorio de Sakura en donde se acomodaron.

—Ace, ¿Puedes cuidar a los niños? Necesito hablar con tu capitán —dijo Sakura en un tono suave y bajo.

Como no tenía buen aspecto, Ace aceptó cuidar de las niñas, a su parecer Sakura parecía estar recordando algo de su pasado que necesitaba hablar con su padre. Tomó al bebé que estaba en brazos de Sakura y se agachó hasta estar a la altura de las dos niñas que se acercaron entre sí al ver al pelinegro cerca de ellas.

—¿Están de acuerdo de que las cuide mientras Sakura sale?

—Si/ No

Las dos hermanas se sorprendieron al ver que las dos tuvieron distintas respuestas, por su puesto la mayor era la que tenía más reservas de seguir en un barco pirata y como era de las dos quien tenía mayor autoridad decidió seguir a su hermana.

—No, no confiamos en tipos como tú —le sacó la lengua.

—¿Ah, si? Pues yo no confío en niñas tan feas como tú —respondió Ace sacando la lengua.

Los dos se sacaron la lengua y haciendo gestos raros el uno al otro como niños pequeños, si fuera otra ocasión Sakura estaría riendo por lo infantil que era Ace al comportarse de esa manera con una niña de no más de ocho años, ahora su estado de ánimo no le permitía hacer aquello, al menos Elliet se rió de las concurrencias de ambos y en el momento que lo hizo se tapó la boca apenada. Por su pequeño desliz decidió tragarse su orgullo y acceder a quedarse con Ace hasta que Sakura regrese.

—Gracias —les dijo a las niñas sabiendo que el aceptar quedarse con un pirata no era nada sencillo—. Pueden tomar ropa de mis cajones. Si Ace les hace algo díganme y me encargaré de dejarlo calvo.

Salió del cuarto a tres niños y medio en la habitación. Una vez fuera los ojos de Ellie brillaron con malicia al mirar a Ace, su plan era tan transparente que el pelinegro frunció el ceño.

—Si lo haces, te peinaré y dejaré tu cabello como un nido para pájaros.

—Al menos no me quedaré calva.

Intuyendo que si seguía paleando no iban acabar nunca decidió levantarse e ir a los cajones, no podían seguir envueltas en toallas húmedas si recién se enfermaron, tanto Sakura como Marco en cuanto llegue lo iban a fusilar por dejarlas así.

—¿En serio vas a tocar los cajones de una chica?, pervertido.

Cerró de golpe el cajón que apenas estaba abriendo y se volteó a ver a Ellie que se burlaba de él.

—No soy un pervertido.

—No Ellie, si Sakura-san le dió permiso de ver la ropa en sus cajones significa que tienen una relación como hombre y mujer —respondió Elliet reprendiendo a su hermana.

—¿Qué? —se preguntó si al menos sabía a qué se refería al decir eso—. No, Sakura y yo no tenemos ese tipo de relación.

Ahora las expresiones de ambas niñas se pusieron en blanco mientras que en sus frentes parecía que tenían escrito la palabra pervertido.

—Apuesto que quiere ver su ropa interior —dijo Ellie.

—Solo estoy haciendo lo que me pidió Sakura —refutó.

Se dió la vuelta hasta quedar frente al cajón, sus orejas se pusieron de color rojo

Las orejas de Ace se pusieron rojas con tal solo imaginarse involuntariamente la ropa interior de Sakura ahora que es consciente de que esa prenda podía estar en uno de los cajones.

Su instinto le decía que si por casualidad veía la ropa interior, su iba a terminar en manos de Sakura una vez que la pelirosa se entere. Sin atreverse a mirar dentro del cajón, abrió con gran rapidez un cajón y sacó lo primero que encontró.

—Listo, ¿Quién se va a vestir primero?

—Pervertido —dijo Elliet.

—¿Qué? No vi su ropa interior —se sintió orgulloso por su azaña.

—¿Entonces qué tienes en mano? —señaló Ellie.

De un brinco soltó la prenda en mano como si le hubiese quemado, una vez que cayó al suelo notó que era una blusa de tirantes.

Las dos niñas estallaron en risas, por supuesto la pequeña de ambas fue la menos discreta.

—Un adulto cayendo en la trampa de un niño, ¿En serio eres un pirata? —se burló Ellie.

—Pequeñas mocosas, ya van a ver… Primero se pondrán ropa —dijo Ace, esta vez sin preocuparse por la ropa que iba a encontrar, abrió los cajones y comenzó a buscar ropa que podían pasar por decentes para las niñas.


La plática con Barbablanca fue más larga de lo que esperaba Sakura, una vez que salió de la habitación del capitán, a solicitud de ella para que nadie más escuchara, se sintió muy cansada, había decidido ser sincera con su pasado, con todo su pasado. Tenía ganas de llegar a su cama, hacerse bolita y dormir hasta el día siguiente para poder olvidar este amargo trago. Por suerte después de hablar con él, accedió a que las niñas se queden sólo hasta que el barco vuelva a zarpar.

—Si sientes que con esto te ayudará entonces estoy de acuerdo —es lo que le había dicho barba blanca.

Otro de los puntos buenos de haber hablado con Shirohige, es que se tomó con calma la noticia, e incluso mencionó que en todos sus años que estuvo en alta mar nunca había escuchado o visto una isla como la que describe Sakura, e incluso parecía más increíble que ser poseedor de una fruta del diablo, como muestra Sakura le demostró haciendo un clon de ella misma y un pequeño jutsu de agua.

—En realidad si he escuchado sobre tu historia —dijo Barbablanca una vez que vió la demostración—. Solo que es una vieja leyenda en Wano, un país de fuego… Si, Izo y un viejo amigo y antigüo comandante de la segunda división lo mencionaron, aquella isla misteriosa la llamaron isla elemental por los poderes que podían controlar, no esperaba que la leyenda sea cierta.

El saber que en el país de wano tenían conocimiento de su isla aunque sea por leyendas solo la hizo tener más preguntas, solo que no tuvo la energía para seguir indagando porque luego de explicarle sobre su país y su isla comenzó a describir su vida a grandes rasgos hasta los últimos acontecimientos que recordaba antes de caer del cielo, de ahí las lágrimas no pararon de caer por sus mejillas.

Quizá si no fuera por la parte del entrenamiento hubiese acabado lo que esperaba de la historia (para no perder la tradición que en One Piece te encuentras con relleno jajaja) pero tenía ganas de ponerlo para enseñar un poco más de la convivencia de Sakura con los piratas de barbablanca y no solo con Ace, Marco y a veces Thatch.

Si les interesa tengo imágenes dibujadas por mi sobre la historia en mi página de Tumblr, ahí pueden encontrarme como