Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capitulo III.
Remate
El calor que me abrigaba en aquellas sábanas era agradable y envolvente al punto que no deseaba moverme de allí, me abracé a la pequeña Christine que estaba aovillada muy cerca de mí. Sabía que debía levantarme pues tenía un largo día por delante, pero la exquisitez de la suavidad de la cama me llamaba a permanecer por un largo tiempo allí.
Me abracé más a mi pequeña protegida y me alegre de sentir como ella suspiraba sin importarle nada más que su exquisito sueño, realmente envidiaba la posibilidad que tenían los pequeños de no saber que les rodeaba, después de todo hoy sería un día bastante demoledor. La Srta. Robbins ordenó que debía quedarme aquí mientras ella iba al dichoso remate y debía hacerme cargo de todo el orfanato, como si fuera poco luego del remate si todo salía según lo esperado debería tener organizada una recepción para los sostenedores y padrinos. Mi pregunta ante esto era ¿Y qué pasa si no resulta favorable? Nos quedaremos sin dinero ni comida para apalear el mes siguiente hasta que los niños encontraran hogar ¿Sería necesario tanto festejo en un momento así? Pero sin duda hacer entender a la Srta. Robbins era imposible. Intenté olvidar el ajetreo que se formaría y me dediqué a sentir la exquisitez del calor de la cama cuando una humedad se expandió en mi zona media. Me levanté de inmediato para ver que era lo que me había hecho sentir esa sensación y me encontré con una poza alrededor de Christine, la pequeña había pasado sus paños.
¡Genial! —De inmediato me levanté y saqué de la mesita todos los implementos para cambiar sus pañales sin que despertase, no era necesario aún que ella estuviese en pie. Me producía gracia ver los gestos que hacía cada vez que las toallitas la rozaban, de seguro el frío le incomodaba, por lo que me apresuré a finalizar la limpieza y le puse los paños nuevamente.
Me levanté de la cama para cambiarla a la suya y así evitar que permaneciese húmeda, la pequeña Petronila se movía en su cama, estaba algo intranquila. Me acerqué a ella y la arropé.
Como todo en la vida tenía su rutina, la mía no era la excepción, por lo que me fui a la cocina a hacerle la mamadera a Christine.
—¿Tan temprano? —sonrió Irina al verme allí.
—Si, Christine se ha orinado en la cama y si no me apresuro la Srta. Robbins lo descubrirá y no quiero más dilemas porque la pequeña duerme conmigo —le expliqué mientras tomaba el tarro de leche ya vacío —. Si seguimos así no tendremos con qué alimentar a los pequeños.
—Lo sé, pero la Srta. Robbins se aseguró de pagarnos, así que hemos decidido utilizarlo en víveres para el orfanato, por supuesto ella no lo sabe —respondió Kate.
Me sorprendí ante su declaración, las hermanas Denali sin lugar a dudas eran unas chicas muy agradables y de buen corazón, pues ahora quedaba comprobado.
—No se lo hemos dicho porque no sabemos a que destinaría los fondos que quedan en caso de saber que los niños tienen comida —agregó Tanya quien desconfiaba del proceder de la directora del orfanato y sinceramente no la culpaba.
Terminé la mamadera de la pequeña Christine, les agradecí por todo y más aún por lo que hacía por los pequeños.
En el pasillo oscuro, pues aún eran cerca de las seis de la mañana, me encontré con la pesadilla del orfanato: la Srta. Robbins.
—¡Gracias a Dios estas en pie! —dijo a modo de crítica —. El remate comenzará a las 10:00 de la mañana ¿Has asegurado que todos los benefactores y padrinos asistan?
La pregunta era más que innecesaria pues había estado toda la tarde del día anterior encargándome de los benefactores.
—Si, Srta. Robbins todo eso está en orden —dije algo molesta.
—Bien, espero que tengan planeada la recepción en caso que todo salga bien —sonrió con su ridícula mascarilla en el rostro.
—Si, eso ya está cubierto —respondí sin ánimos —. Si me disculpa debo ver a Christine.
Me apresuré para intentar secar el colchón, darlo vuelta y cambiar las sábanas cuanto antes.
—Bella —susurró Petronila desde su cama.
—Duerme, aún falta para que te levantes —le respondí a la pequeña.
La niña se dio un par de vueltas en su cama y volvió a quedarse quieta, le entregué la mamadera a la pequeña Christine, quien entre dormida la recibió y la tomó con sus manitas, me dediqué a vigilar que no se ahogara con la leche hasta que la finalizara, una vez lista me preocupé de ir a despertar a Alice y Rose.
Dejé a Christine tranquila en su cama y me dirigí hasta la habitación de los pequeños de cinco a ocho años, allí estaban Alice y Rosalie que no daban abasto con tanto pequeño dando vuelta en las noches.
—Alice —le susurré.
—No, Bella… déjame en paz —se quejó mi amiga.
—Es hora, sabes que hoy tenemos mucho que hacer —continué moviéndola.
—Por más que lo intentes, no se levantará si parece que le haces cariño —rió Rosalie.
—Por lo menos tu ya estas en pie —dije aliviada al ver que Rosalie estaba vestida y se hacía una coleta.
Rose destapó completamente a Alice y la chica comenzó a criticar aún somnolienta a su amiga, me reí al ver que aún así no se despertaba y tanteaba la cama buscando las frazadas.
—¡Ay, no! ¡Alice, levántate ya! —insistió Rose.
Al ver que la pequeña porfiada no obedecía levantó el colchón y la pequeña duendecillo cayó al suelo.
—¡Rosalie! Juro que me vengaré por eso —chilló desde el suelo.
—Si, seguro, ahora a ayudar a Bella con el quehacer —ordenó.
Con el trato de Rose, Alice no tardó en vestirse y estar lista para comenzar a trabajar.
—¿Qué haremos primero? —dijo Rose.
—Hablar con la Srta. Robbins y ver que ordena —dije sin ánimos mientras caminábamos hacía el despacho de la sostenedora.
—¿Hoy es el día no es así? —dijo Alice aún con sueño.
—Si, hoy sabremos que nos depara el destino —respondí poco animada.
—Sinceramente, prefiero trabajar en los textiles que estar aquí a la orden de esa mujer, aunque lamento el futuro que les espera a esos pequeños —susurró Rose antes de entrar al despacho.
Realmente compartía el sentir de mi querida amiga y fue por eso que debí intentar reprimir mi sonrisa al entrar en aquel despacho.
La Srta. Robbins como todos los días nos esperaba en su despacho a las siete de la mañana en punto.
—Hoy saldré durante toda la mañana, las mantendré informadas de lo que ocurre en el remate para que ustedes puedan saber que ocurre y así preparar la recepción, espero que ninguno de los niños esté vestido de manera inadecuada y repítanles los modales una y otra ves ¿Entendido? —respingó su nariz.
—Si, Srta. Robbins —respondimos maquinalmente Alice, Rose y yo.
Al salir del despacho nos dirigimos a cada una de las habitaciones para despertar a los niños, obligarlos a ir a la ducha, vestirlos y enviarlos a comedor.
Correr de un lado hacía otro era nuestra especialidad, pero lidiar con Mike Newton era insufrible, incluso para mí, el chico cada vez que había alguna situación importante sufría de serios problemas de digestión y había que dejarlo en el baño por una buena cantidad de horas.
—¿Estás listo? —inquirí molesta del otro lado.
—No, déjame solo —chilló el pequeño.
—Está bien, cuando estés listo grita lo que más pueda —dije mientras corría a la puerta para ir a ver como iban con el desayuno.
En el pasillo me encontré con Alice.
—Hoy vendrán los Benefactores ¿verdad? —dijo mientras llevaba los libros de lectura a la sala de estudio infantil.
—Si, hoy vienen ¿Por qué la pregunta si sabes que es así? —inquirí.
—Porque si vienen los Benefactores, vendrá también el padrino doctor de Theodore —sonrió corriendo hacía la sala de estudio. Ella sabía que la mataría por eso.
—¡Ni sueñes hacer alguna locura! —le chillé mientras corría al comedor.
Esa mañana los niños no fueron a clases a sus respectivos colegios, si no que todos se quedaron estudiando en el orfanato por orden expresa de la Srta. Robbins.
El reloj avanzaba rápidamente mientras que Alice, Rose y yo esperábamos atentas que sonara el bendito teléfono.
—¿Crees que lograremos salvar el lugar? —titubeó Rose.
—Sinceramente, no —reconocí —. Nadie gastaría una cantidad tan considerable en un grupo de huérfanos.
Las tres nos quedamos en silencio.
—Quizá un guapo como aquel Doctor podría querer adoptar a estos niños y quizá a una jovencita —sonrió Alice.
Rose intento contener la risa, pero no lo logro.
—Muy graciosa Alice, pero te recuerdo que ese caballero es más pedante de lo que aparenta, pronto vendrá aquí a darse las ínfulas del Sr. Perfecto y ¿Tendré que soportarle tal cual que la Srta. Robbins? No, gracias, prefiero la empresa textil —dije molesta.
—Si, claro… pero ¿Por qué tanto te molesta el Dr. Cullen? —inquirió Rose —. ¿No será que él es todo lo que quieres tener?
—Tú sin lugar a dudas te has golpeado en la cabeza anoche —critiqué —. Resulta que no me agrada la gente que se impone de esa manera, eso es todo —expliqué.
Miré el rostro de ambas chicas que me miraban para nada convencidas de lo que les había dicho y a pesar que las critiqué duramente con la mirada ellas seguían sonriendo tontamente.
—Saben perfectamente que no busco un príncipe azul, simplemente quiero mi independencia —reconocí.
—¿Así que consideras al médico como un príncipe azul? Interesante —sonrió Alice.
Esa niñita conseguía sacarme de mis casillas de una manera que nadie más lo lograba.
—¡Alice! —chillé mientras sentía como la ira se apoderaba de mí, sinceramente tampoco sabía por qué me molestaba tanto aquel "personaje perfecto", pero tenía claro que vincularme con él era lo peor que podían hacerme.
—Ya, Bella… cálmate —dijo Rose riendo.
Lo intenté en vano, pues la respiración era ruidosa y molesta a la vez, los colores se habían apoderado de mi rostro, por lo que necesitaba aire.
—Voy a ver a los pequeños en la sala de estudio, luego vuelvo —dije huyendo de allí.
Caminé hacia el patio intentado encontrar aire fresco y dejar de pensar de una vez en todo lo que había ocurrido allí.
Me senté en una de las bancas que había allí y sentí el aire frío en mis mejillas.
—¡Bella! —chilló Alice —. La Srta. Robbins está al teléfono ¡Apresúrate!
No conseguí el descanso que necesitaba, pero aún así me apresuré a contestar aquella llamada que podría ser definitiva.
Entré en el despacho e intenté controlar mi respiración de manera fallida.
—¿Aló? —dije a penas me fue posible.
—Malas noticias de todos los citados, sólo han llegado tres personas ¿Segura que has llamado a todos los benefactores y padrinos? —inquirió con su molesta voz.
—Si, Srta. Robbins los llamé a todos —volví a afirmar.
—Está bien, espero que lleguen, pues si no ¡Estamos perdidos! —gritó y cortó el teléfono.
—¿Qué ocurre? —dijo Rose al verme estupefacta.
—Sólo han llegado tres benefactores —susurré.
—¿Tres? ¿De los veinte? —chilló Rose —. ¿Qué vamos a hacer? —se dejó caer a mi lado.
—No-lo-sé —dije con una voz a penas audible.
Levanté la vista y me dí cuenta que allí estaba Alice, dándonos la espalda y mirando por el ventanal.
—L-Los niños —susurró.
Las tres estábamos congeladas en el despacho, ninguna sabía que hacer, en realidad no podíamos hacer nada, pero esto era algo sin duda injusto.
—¡Chicas, aquí están! —chilló Kate desde el umbral —. ¡Frederick está peleando con Theodore!
¿Frederick con Theodore? Eso era sumamente extraño, Theodore era un chico muy tranquilo y nada de peleador. Corrí hasta la sala de estudios para encontrarme con un desorden inmenso y el dolor de mi cabeza aumentaba gradualmente.
—¡Silencio! —ordenó Rose al verme descompuesta —. Yo me encargo —me susurró.
Salí de allí algo mareada por tanto que había ocurrido, más aún porque el futuro se veía oscuro una vez más… ¿Acaso no era suficiente para nosotros con ser huérfanos?
Al parecer la respuesta era un rotundo no.
Volví al despacho para quedarme atenta de lo que podía ocurrir cuando sonara aquel teléfono, pero mi mente divagaba en lo complejo que era intentar ser feliz, más para alguien que no tiene un respaldo familiar, simplemente gente pasajera que pasa por tu vida y así como viene se va.
Sonó el teléfono. Me acerqué a él y contesté temerosa.
—Prepara todo, estaremos allí en veinte minutos, no sé si son buenas noticias pero ten todo listo —ordenó la Srta. Robbins y cortó la llamada.
No sabía si aquello era bueno o malo y tampoco quería calentar más mi cabeza con asuntos como ese, pues mi mente estaba al borde de la ignición.
Salí de allí y les avisé a Rose y Alice que había que comenzar a moverse, ellas de inmediato comprendieron el asunto y se pusieron a ordenar a los pequeños. Las chicas en la cocina estaban preparadas con el pequeño festín y todo estaba dispuesto para la llegada de la directora con quien sería el sostenedor de este orfanato, eso al menos creí.
—Isabella, ven aquí —me ordenó a penas llegó la Srta. Robbins.
Caminamos a su despacho y cerró la puerta tras de mí.
—Como bien sabes te he dicho que alistes todo ¿No es así? —sonrió de manera extraña, mientras asentí en silencio —. Hemos conseguido salvar el orfanato, pero no precisamente por nuestros benefactores o padrinos. Ha sido una persona ajena a nuestro circulo quién ha comprado este lugar y desea hacerle algunas mejoras a favor de los niños —sonrió.
—¿Quién ha sido el bondadoso caballero? —inquirí contenta.
—Me ha pedido que su nombre quede en anonimato, pero me ha dejado en claro que el proceder del orfanato será completamente distinto desde ahora y eso me agrada —sonrió nuevamente —. Hoy, él vendrá aquí junto a todos los padrinos y benefactores, será uno más del grupo y tendremos una reunión a puertas cerradas para aclarar el nuevo proceder —me explicó mientras intentaba procesar todo lo que ella me decía —. Luego de eso, te pediré que vengas para ver cual será tu futuro y el de tus amigas.
Asentí en silencio a cada palabra que ella me decía, en realidad poco me importaba lo que me siguiera explicando, lo realmente fundamental aquí era que mis niños no deberían moverse y no me alejaría de mi pequeña protegida.
Me dirigí hacia el salón en donde estaban todos los padrinos con sus ahijados, los benefactores como siempre cerrando su pequeño circulo y los niños que revoloteaban el lugar. Me acerqué a Alice y Rose que ordenaban a los pequeños.
—Mira quién está allí —susurró Alice.
No me hizo falta mirar para saber a quién se refería.
—Lo sé —dije sin levantar la vista.
—¿Qué te ha dicho la Srta. Robbins? —inquirió Rose.
—Un nuevo sostenedor ha adquirido todo esto, habrán modificaciones, pero no me ha dicho cuales y tampoco me ha sido revelada la identidad del buen hombre que nos salvó de quedar en la calle —susurré para ambas.
—Podría habernos salvado de esa mujer —inquirió Alice mientras miraba fijamente a la Srta. Robbins que hablaba con el médico.
—¿Se han fijado como le coquetea? —inquirió Rose.
No me había dado cuenta, pero era cierto, la Srta. Robbins parecía bailar alrededor del Dr. Cullen.
—¿Ocurre algo Bella? —insistió Alice.
Nada, susurré mientras fui en busca de Christine que dormía una siesta.
La encontré allí dormida exquisitamente, descansando de todo el alboroto que había vivido la pobre en la mañana.
—Despierta —le susurré.
Ella movió levemente su cuerpo hacía mí. Revisé sus pañales y le ordené su vestido.
Rocié un poco de colonia de bebé en su ropa y salimos hacía el salón.
—M-Mamá —dijo mientras tironeaba de mi cabello.
—Srta. Swan —oí a mis espaldas una voz conocida.
Me volteé para encontrarme con Edward Cullen, el médico y padrino de Theodore a mis espaldas.
—Buenas tardes —le saludé.
—Muy buenas tardes ¿Cómo ha estado? —sonrió con la boca torcida.
—Muy bien, gracias ¿Y usted? —dije por cortesía más que cualquier cosa.
—Contento por lo que ha ocurrido, un hombre ha invertido en este lugar y ahora nos pondremos de acuerdo en algunas formas de proceder, pero lo más importante son los niños —sonrió.
—Usted lo ha dicho —dije quitándole la mano de la boca a Christine.
—¿Cómo ha seguido la pequeña? —dijo alargando la conversación en el pasillo.
—Bien gracias, no ha sufrido más problemas y se encuentra muy saludable —para mi desgracia Christine le dedicó una hermosa sonrisa al médico.
—Me alegra oírle, quizá encontró la manera adecuada de alimentarla y ella lo ha notado —dijo acariciándole el rostro a la pequeña que estaba en mis brazos.
La cercanía me hizo sentir incomoda, puesto que el médico había exhalado a pocos centímetros de mí logrando que sintiera un leve desvanecimiento ante su perfume.
—¿Se encuentra bien? —inquirió al verme notoriamente descompuesta.
—Si, por supuesto Dr. Cullen —susurré.
—Por favor, tan sólo dígame Edward —sonrió de forma deslumbrante.
—Prefiero decirle Doctor Cullen —reconocí.
Caminé hacía el salón evitando la estrechez del pasillo y también la compañía de aquel padrino, cuando Alice me dedicó una sonrisa que daba a entender que lo había visto todo.
¡Genial!
La tarde transcurrió con relativa normalidad, los niños no hicieron ningún tipo de travesura que pudiese merecerse un reto y mejor aún el primero en marcharse fue Edward Cullen, dejándome así el ambiente más agradable.
—Se ha excusado diciendo que tenía una intervención quirúrgica y que volvería mañana a visitar a los pequeños ¿No es lindo? —dijo Alice soltando un suspiro.
—¿Cómo has oído eso? —inquirí molesta.
—Theodore me lo ha contado —soltó una risita traviesa.
Sin lugar a dudas Alice no tenía remedio, ¡Que chica! Sus hormonas estaban revolucionadas a tan temprana edad que asustaba.
Intenté pensar en quién podría haber sido el nuevo sostenedor del Orfanato San Francisco De Asís, quizá podría visualizarle entre la cantidad de personas que había en el salón, entonces vi que la Srta. Robbins hablaba muy animadamente con un hombre al que jamás había visto. Era Alto y delgado, sus cabellos rubios eran atados a una coleta perfecta y su sonrisa era bastante agradable, quise descartarlo por lo joven y apuesto que era, pero me fue imposible al ver como lo trataba la directora.
Sin dudas debía ser él. No le quité los ojos de encima hasta que se marchó y al parecer él lo notó pues me dedicó una sonrisa encantadora.
—¿Quién es ese? —pregunté a Alice que todo lo sabía.
—Se llama Jasper Whitlock, es médico y es primera vez que le veo aquí, pero Petronila dice que es muy agradable —sonrió Alice.
—¿Es el padrino de Petronila? —fruncí el ceño.
—No, sólo dice que él le ha hablado un rato —añadió Rose.
—Que raro —pensé en voz alta.
Una vez que se marcharon todos los invitados, seguí a la Srta. Robbins a su despacho.
—Bien, ha sido todo un éxito, nuestros benefactores han quedado en un estupendo acuerdo con el nuevo sostenedor, es más han decido muchas cosas y comenzaremos con remodelaciones en la estructura del Orfanato —dijo realmente entusiasmada la Srta. Robbins —. Primero se creará una escuela dentro del orfanato y se ampliaran los cupos de este para que exista más acogida de huérfanos y esto último es lo que más me ha sorprendido —se silenció, al parecer esperaba alguna acotación.
—Me parece estupendo —dije intentando parecer convincente —. ¿Qué la ha sorprendido?
—El nuevo sostenedor ha decidido enviara Rosalie, Alice y tu al College —sonrió —. Ustedes estarán becadas y entraran a primer año en un mes más.
Me quedé sorprendida ante todo lo que me decía, tanto así que no escuché nada más de lo que hablaba. ¿Ir al College? ¿Alice, Rose y yo fuera del Orfanato para seguir estudiando?
—¿Me has oído Isabella? —inquirió la Srta. Robbins.
—Disculpe —dije aún asombrada.
—Deberás tener mucho respeto hacía este hombre que ha depositado la máxima confianza en ti y en tus amigas, deberás escribirle periódicamente y contarle el quehacer de las tres, esa es la única condición de todo esto.
—Pero… ¿Y el orfanato? Usted necesitará ayuda aquí —dije aún sorprendida por el bombardeo de información.
—El nuevo sostenedor ha decidido contratar nuevo personal especializado en el asunto y es más, también tendremos profesores —sonrió complacida—. Con respecto a Christine —capturó mi atención —. Uno de los padrinos me ha pedido realizar el papeleo de adopción.
¡Qué! No, esto no podía ser, yo no podía abandonar a Christine bajo estas circunstancias, no podía marcharme de aquí y separarme de ella.
—Srta. Robbins, yo… no puedo dejar a Christine en manos ajenas —susurré intentando contener las lágrimas.
—No son manos ajenas, a demás no seas egoísta ¡Niña! —me criticó —. Tú jamás podrías darle sustento a una boca, mucho menos estudiando —chilló —. Sé más conciente y aprovecha la oportunidad que se te está dando.
—¿Quién es? —dije entre dientes.
—Edward Cullen ha decidido adoptar a Christine —sentenció.
El médico… ¡Genial! Ahora si tenía un motivo para odiarle, él tendría a Christine para siempre, sería su protegida y su pequeña, mientras que yo, estaría alejada quizá en que lugar sin poder verla.
El primero en mi lista de odio a… Edward Cullen, por arrebatarme a lo que más quiero en la vida: Christine
Hola chicas.
¿Cómo han estado?
Me perdonan ¿si?
No he estado muy bien y la Universidad me agobia tanto que no he podido escribir, pero aquí va este cap para ustedes.
¿Les ha gustado?
Perdonenme si va muy lento, pero desde ahora las cosas comienzan a moverse de forma vertiginosa para la pobre Bella.
¿Merezco RR?
Subanme el animo ¿Si?
Cariños a todas y espero sus mensajitos para responderlos ;) Sólo por hoy los rr que lleguen preguntando cosas... podría quizá irme de algún spoiler :)
Besitos
Manne
