Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capitulo IV.

Despedida.


Esa semana fue terrible, no podía conciliar el sueño y las horas desveladas me pasaban la cuenta. Rose y Alice parecían mucho más emocionadas de lo que estaba yo, y claro era evidente que ellas, ante todo, deseaban salir del orfanato San Francisco de Asís, mientras que yo, lo único que deseaba era que Christine no quedase en manos de Edward Cullen.

No entendía por qué la fijación en la pequeña, después de todo él era padrino de Theodore, lo lógico sería que adoptase al pequeño y no a mi Christine, sin duda esto era un atentado en mi contra.

Mi rabia contra Edward iba creciendo cada vez que la Srta. Robbins me lo mencionaba, jamás olvidaré la forma en que parecía venerarle. Realmente entre Edward y la directora terminarían dejando al tope el censor de "odio a…"

Cada vez que me decía: "Isabella, el Sr. Edward Cullen está aquí, trae a Christine", o tal vez, "Cambia esa cara niña que el Doctor Cullen es un ángel de Dios y tú pareces que cosa con esos gestos" y como si fuese poco me lo sacaba en cara una y otra vez: "No olvides que Edward Cullen es uno de los padrinos que financia este lugar, en parte gracias a él sigues aquí y estudiarás".

Realmente, no estudiaría por él, ni gracias a él. Era un Sr. desconocido quién había tomado el mando de este orfanato, pues jamás había tenido que ver con nosotros y todo esto lo hacía de manera voluntaria y anónima, Edward Cullen sin duda no era ese tipo de personas, por supuesto que no, pues si de él dependiese figuraría hasta en la sopa de letras que me habían servido antes de marchar al College.

—¿Bella? —insistió Rose.

Cerré mis ojos y volví a abrirlos con pesadez.

—Lo siento —susurré —¿Decías?

—¿A que hora vendrá Edward por Christine? Tengo entendido que la comenzará a ambientar en su hogar hasta que los papeles estén concluidos —inquirió.

Había intentado todo el día olvidar el asunto, tenía claro que hoy se llevarían a Christine, así como Alice, Rose y yo marchábamos al College, pero a pesar de mis intentos por suprimir aquellos pensamientos, salían a la luz de una u otra manera recordándome mi cruel realidad.

—Dos horas antes de partir a la estación, vendrán por ella —dije a secas mientras dirigía la cuchara a mi boca.

Edward junto a la comitiva de los padrinos y benefactores había hecho grandes remodelaciones en el sistema del Orfanato. Se había contratado a cinco mujeres encargadas del cuidado de los niños y tres profesoras que harían clases a los más pequeños y así evitar que fuesen al colegio tan lejos.

El nuevo benefactor tenía aún más planes para este lugar ya que había comprado el terreno adyacente en donde se construiría el colegio y las nuevas habitaciones para el orfanato. Sin duda aquel hombre tenía un gran corazón y merecía todo tipo de bendiciones en su vida, eso realmente se lo deseaba, aunque la idea de estudiar me ilusionaba a medias.

Rose, Alice y yo, habíamos decidido viajar en tren a las 16:00 hrs. ya que los chicos estarían en clases y de cierta manera nos ahorraríamos la llantería que iba a quedar, por lo que esa mañana tuvimos un desfile de pequeños con dibujos y regalos hechos por ellos para nosotras.

—Bella —sonrió Alice apoyada en el umbral de la que era mi habitación —. ¿Recordando?

—Si —sonreí pesadamente —. Pienso en los buenos momentos que vivimos aquí.

—Hubo bastante buenos, pero no lamento marcharme, después de todo la amargura de recordar la soledad por las noches es una de las cosas que prefiero borrar —susurró.

El silencio se apoderó de la habitación, comencé a recordar aquellas noches en las que me preguntaba ¿Por qué a mí? Muchas veces me culpé, de seguro no era buena para merecer unos padres y lloré cada noche al sentirme sola en ese lugar tan grande y frío.

Con el paso de los años la herida parecía cerrar, aunque recordar que eres una Huérfana no es fácil, es un estigma que se queda contigo toda la vida, es algo que no puedes evitar y la carencia de un núcleo familiar era lo que te impedía sentirte normal. Veía por los grandes ventanales como los niños paseaban de las manos de sus padres, en cambio mi realidad era muy distinta a la de un niño normal… realmente me dolía aquella palabra: la normalidad era algo en lo que definitivamente no calzaba.

—Bella —dijo Alice haciéndome volver a la realidad —. La Srta. Robbins pide que traigas a Christine al despacho.

—¿Christine? —fruncí el ceño —. No está conmigo…

—Si no está contigo, ni conmigo de seguro está con Rose —dijo la chica saliendo rápidamente de allí.

Seguí los pasos de mi amiga para aprovechar de despedirme con un tiempo más apropiado, no deseaba recordarlo una vez más mucho menos tener que sufrirlo delante de ella, sin dudas explicárselo sería demasiado difícil.

El nudo en la garganta se apoderaba de mí al recordar que quizá ya no la vería más, que cuando creciese en aquel ambiente normal se volviese una completa ajena a mí, ella era lo único similar a una familia que tenía y arrebatármela de esa manera era demasiado doloroso como para querer recordarlo.

—¡Bella! —chilló Alice —. ¡Christine no está con Rose!

—¿Qué? —dije sorprendida al ver que mis amigas salían de la habitación sin la compañía de la pequeña.

—Estaba aquí recién, junto a todos los niños, pero de un momento a otro desapareció —me explicó Rose.

¿Dónde se pudo haber metido? Con tan sólo once meses difícilmente podría haber salido caminando como si nada. Comencé a pensar lo peor, quizá uno de los padrinos, benefactores o visitas cotidianas le habían hecho algo ¿Y si la raptaron? Mi mente pensaba en lo peor, era terrible sentir aquella presión agobiante en el pecho.

Mantener la calma en este momento era imposible, no podía creer que a Rose se le había escapado Christine, la pequeña no era capaz de hacer nada sola, algo me parecía extraño en este asunto y realmente tenía pánico de pensar en lo peor.

Recorrí las habitaciones, revisé bajo las camas, los corredores, los baños, las duchas, el comedor, las salas de espera, los salones y nada.

Lo último que me quedaba eran las bibliotecas y el despacho de la Srta. Robbins, que por supuesto no debía enterarse bajo ninguna circunstancia lo ocurrido ya que estaba casi cien por ciento segura que sería capaz de culparme por la desaparición de la pequeña.

—¿Y? —dije encontrándome con Alice y Rose.

—Nada —dijo la rubia.

—Aún falta la biblioteca —susurró Alice.

—Será mejor que entremos en silencio, no vaya a ser que sospechen algo las nuevas encargadas —les expliqué.

Dentro del nuevo sistema implementado por aquel desconocido sostenedor, estaba la contratación de bibliotecarias y pedagogas que ayudaban a los niños a realizar sus tareas.

Entré con la desesperación de encontrarla allí, pero tuve que contenerme de tal forma de disimular un poco. Caminamos entre las estanterías, buscando entre ellas a la pequeña, aunque mi corazón saltaba ruidosamente pude oír al final de la última estantería una risa conocida.

—¡Christine! —chillé.

La pequeña se volteó a mirarme mientras desplegaba la más hermosa sonrisa que había visto jamás, estaba sentada en una silla para niños mientras veía o más bien rompía una revista de osos de peluches.

¿Qué haría la pequeña sola allí? En realidad ¿Cómo había llegado allí?

Sentí una mano posarse en mi espalda y toda la piel se me erizó, incluso el cabello de la nuca se tensó al sentir aquel contacto.

—Perdóname por asustarte así —dijo una conocida voz tras de mí.

Volteé para encontrarme con quien exactamente sospechaba… Edward Cullen, era evidente mi molestia, pues mi mandíbula se tensó y mis manos formaron el perfecto puño que podría golpear su nariz… tenía tanto que gritarle, pero el lugar no era apto, no violaría el silencio de una biblioteca por un personaje así.

—Te recomiendo que respires o te pondrás cianótica —rió.

Lo único que consiguió fuese que aumentase más mi tensión. Haciendo oídos sordos a su comentario, respiré con agitación, tomé a la pequeña Christine que estaba allí sonriente y me la llevé de aquel lugar.

—¡Bella! —chilló Alice.

—Si, ya sé —dije esquivándola y abriéndome paso en aquel angosto pasillo.

Era evidente que me hablaría de Edward y lo guapo que es… y bla, bla y más bla.

Llevé a Christine a su habitación y revisé sus pañales, buscando la excusa perfecta para estar a solas con ella.

Su exquisito aroma dulce impregnado en aquella pequeña ropa rosada era lo que extrañaría de mi pequeña, su esencia, su aroma, sus exquisitas sonrisas, adorables rabietas y los hermosos ojos que me miran sonrientes cada vez que le llevo la mamadera.

Nada, absolutamente nada de aquello volvería a tener y el dolor que eso me producía era indescriptible.

La pequeña parecía notar mi tristeza, pues fijó su mirada en la mía entablando una conexión especial, ella sabía lo que en mí ocurría y de cierta manera agradecía que fuese tan pequeña para no recordar el momento en que las lágrimas se apoderaban de mi rostro.

—Isabella —dijo la molesta voz de la Srta. Robbins a mis espaldas —. ¿No te he dicho que lleves a Christine a mi oficina? ¿Cuántas veces hay que hablarte?

Sequé las lágrimas de mi rostro y aclaré mi garganta antes de contestarle con un leve "ya voy".

Entré a la oficina para encontrarme con la desagradable presencia de Edward Cullen. Él sonreía como si nada y peor aún llevaba consigo un cascabel que hacía sonar a penas vio a Christine. El molesto ruido hacía que mi paciencia disminuyera notoriamente y lancé una mirada severa a Edward, de seguro lo notó ya que no tardó en silenciar el juguete.

—Sr. Cullen, sé que usted se ha interesado mucho en Christine, tanto así que desea adoptarla —sonrió la Srta. Robbins con la cara más idiota que había visto en mi vida.

Le dedicaba una sonrisa embobada que me hacía dudar seriamente de su estado mental, jamás la había visto de aquella manera y al parecer a Edward también le molestaba, pues no tardó en interrumpirla.

—Estoy decidido a comenzar con los papeles de adopción cuanto antes —dijo mirando a Christine que estaba en mis brazos.

Sentí como la tristeza y a la vez una extraña sensación de incomodidad me invadió.

—¿Es usted casado, Sr. Cullen? —dije en un tono bastante insolente, pues no tenía ánimos de fingir educación para alguien que me parecía demasiado extraño y por decirlo así, turbio.

La Srta. Robbins me dirigió una mirada asesina, pero intenté obviarla.

—¿Qué pregunta es esa, Isabella? —dijo con su voz desagradable.

—Déjela —le interrumpió Edward —. Ella tiene razón, todo el mundo sabe muy bien que es bastante difícil que se entregue en adopción a un infante si es que no es una familia bien constituida la que pide la tenencia —sonrió —. Mi condición de médico me genera ciertas ventajas, Isabella.

—¿Ventajas? —inquirí —. ¿Qué tipo de ventajas? Quizá el tiempo le sobra para compartir con Christine, de seguro usted podrá acompañarla en cada momento de su vida, estará para su cumpleaños sin importar sus labores médicas, jamás la abandonará cuando deba ir a buscarla al colegio y por sobre todo empeñará el papel de padre y madre incondicionalmente —me pausé —. Sin lugar a dudas será un excelente padre, ya me lo imagino… como a usted el tiempo le sobra —ironicé.

La Srta. Robbins estaba azul, verde, roja, de todos los colores, me lanzó una mirada que parecía que me fuese a despellejar allí mismo, pero nada me importaba, era absolutamente cierto lo que exponía. Edward no tendría el tiempo suficiente para criar una niña y realmente no quería que se quedase con ella bajo ninguna circunstancia.

—Ciertamente no tendré todo el tiempo del mundo, mi trabajo me lo impide, pero le entregaré a Christine todas las alternativas posibles para abrirle un mundo que aquí sin duda no podría conocer, además me encargaré de contratar a la persona idónea para que cuide de ella mientras no esté en casa, no le faltará nada —explicó.

—¿Cree usted que con lo material hará feliz a Christine? —insistí.

Edward me miró extrañado, realmente no parecía importarle lo que dijese, siempre me dedicaba una estúpida sonrisa sin sentido.

—¡Basta! —interrumpió la Srta. Robbins molesta —. Retírate.

—No, no —intervino Edward —. De ninguna manera, Isabella, nuevamente vuelves a tener razón, pero entregaré lo mejor de mí dedicándole el mayor tiempo posible y lo mejor que pueda darle —señaló nuevamente intentando sonar convincente pero no le creí ni una palabra.

—Entonces ¿Por qué Christine y no Theodore que es su Ahijado? —arqueé una ceja.

Sin duda no tendría respuesta para aquello, porque no lo había. Lo más lógico era que adoptase a su ahijado no a una pequeña que es extraña a él.

La Srta. Robbins parecía querer asesinarme.

—Theodore es un niño con un mundo ya creado, sería más difícil que se adaptase a este nuevo modo de vida, aunque sé que lo lograría pues los niños tienen esas facilidades, pero mis planes para él son otros. No descarto adoptarlo más adelante, pero quiero que viva aún más aquí hasta que confíe en mí. Los niños de su edad tienden a desconfiar un poco más y quiero ganarme completamente su confianza antes de dar ese paso, pero jamás me olvidaría de él. Créeme que si elegí a Christine es por su edad y condición —señaló bastante seguro.

¡Realmente me chocaba que tuviese una maldita respuesta para todo!

—¿Satisfecha? —inquirió en un todo de voz desagradable la Srta. Robbins.

La miré directamente a los ojos, ¡esa mujer era el demonio! Su frialdad al tratar este tema que me tenía al borde del colapso hacía que mi ira fuese en evidente aumento.

—No —dije seria —No lo estoy y no lo estaré, Christine debe estar en una familia constituida, donde exista padre y madre —presioné mi mandíbula en exceso, tanto así que debí aflojarla por el dolor.

—De eso no hay por qué preocuparse —sonrió la Srta. Robbins —. El Sr. Cullen no tardará en crear una sólida familia.

Edward me miró algo tenso por la situación, pero realmente ¿A mi que me importaba su vida? Para mí su vida era lo de menos, lo importante era Christine y si ella se iba con él entonces allí me importaba saber de Cullen.

—Isabella —dijo Edward quitándome de mis pensamientos asesinos en su contra —. No me llevaré a Christine hasta que los papeles de adopción estén favorables, sé que sería ilegal llevarla antes, pero aún así hoy la llevaré a conocer mi casa para que se adapte a la que también será su hogar en un futuro próximo —me explicó.

Alice entró abruptamente en la oficina de la Srta. Robbins, se veía algo agitada y me sorprendió verla un poco ruborizada.

—¿No te he enseñado a golpear antes de entrar? —inquirió.

—Disculpe —dijo a penas Alice ya que le faltaba el aire —. Tiene visita.

—¿Visita? —inquirió la directora —. Que espere, estoy con el Sr. Cullen.

—No se preocupe —interrumpió Edward —. Yo ya me marcho.

—Creo que esto también compete al Dr. Cullen —titubeo Alice.

No comprendía nada de nada… ¿Por qué Alice decía aquello?

La Srta. Robbins salió de la oficina junto a Alice, dejándome allí junto a Christine y Edward. Este parecía ignorarme ya que comenzó a jugar con la pequeña que sostenía en mis brazos y para mi desgracia Christine parecía estar muy divertida con el cascabel y reía bastante.

—Es muy coqueta —susurró Edward al ver como la pequeña le sonreía.

—¡Qué observador! —dije fingiendo ánimos.

—Gracias por el cumplido, pero la observación es parte de mi trabajo —dijo siguiéndome el juego.

—Dígame, realmente ¿Por qué desea adoptar a Christine? Ya no tiene que fingir ante la Srta. Robbins —inquirí entrecerrando los ojos para intentar descifrar que había tras de ellos.

—No tienes por qué tratarme de usted —insistió.

—Limítese a contestar mi pregunta —inquirí fríamente.

—No fijo cuando digo que tengo un gran interés en la pequeña, Isabella —me recordó.

Había algo que no me calzaba, su perfecta forma de ser tenía que ocultar algo. ¿Un pasado oscuro quizás? No lo sé, pero si tenía claro que sus intenciones no eran las mejores, ya que esta rápida decisión de adoptar era demasiado poco usual y sospechosa.

La Srta. Robbins entró nuevamente en su despacho.

—Dr. Cullen creo que debemos hablar —dijo en un tono de voz conocido para mí, sin dudas eso indicaba problemas.

La Srta. Robbins me dirigió una mirada clara que debía salir de allí.

—Si es sobre Christine, creo que lo más justo es que Isabella se quede aquí —señaló Edward sosteniéndome del brazo.

La directora del orfanato asintió en silencio mientras se sentaba frente a nosotros.

—Ha llegado hoy una persona muy importante a nuestras dependencias, es Jacob Black, un reconocido hombre de negocios. Ha heredado la gran fortuna de su padre. El antiguo Sr. Black era nuestro mayor colaborador y ha fallecido hace tan sólo tres meses, el buen hombre antes de morir tenía el deseo de adoptar a la pequeña Christine. Hoy, su hijo ha decidido continuar con este deseo, pidiendo en custodia a la pequeña —sentenció la Srta. Robbins.

Pude ver en Edward el rostro de sorpresa. No había olvidado al viejo Sr. Black, era agradable y me había propuesto irme a vivir con él para cuidar de Christine, pero lamentablemente falleció días antes de que pudiese concretar su deseo.

—¿Me está diciendo que hay alguien más interesado en la adopción de Christine? —dijo bastante molesto Edward.

La Srta. Robbins asintió en silencio.

—¿Es posible que él tenga mayor derecho que yo en este asunto?

Nunca lo había visto tan molesto y quizá un tanto descontrolado.

—¿Tiene algún problema personal con Jacob Black? —inquirió la directora —. Pues dijo estar al tanto de que usted pretendía adoptar a la pequeña.

Edward volvió a tensarse y no respondió nada, simplemente tomó sus cosas y se marchó.


Hola chicas

Lamento mucho la tardanza pero cada vez es más dificil actualizar. La universidad está muy agotadora y la próxima semana tengo miles de pruebas y cosas que estudiar.

Espero que logren entenderme, ya que no es que no quiera escribir, si no que no tengo tiempo. Por favor no me abandonen si tardo un poco más de lo usual, pero prometo hacer lo

mejor que pueda para ustedes y así todas felices.

¿Merezco RR? Denme sus opiniones e ideas de que creen que ocurrirá con Jacob.

Por otro lado PAPER LOVE intentaré actualizarlo este fin de semana.

Besitos y cariños

espero sus hermosos reviews :)

Manne