Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capitulo V.

Seattle.


La Srta. Robbins fue bastante inquisitiva en cuanto a mi comportamiento en el College, dando por obviado el tema anterior y puesto que no quería molestarla bajo ningún motivo, preferí mantener aquel silencio incomodo mientras ella se explayaba en cuanto a mi debida forma de actuar fuera del orfanato. Alice y Rose también habían recibido aquel instructivo, claro que ella había esperado hacerlo a última hora conmigo y quizá ser más molesta que con mis amigas.

—¡No lo olvides, Isabella! —volvió a insistir —. ¡Vayas donde vayas tendrás el sello del orfanato San Francisco de Asís y debes mantener aquello con orgullo!

La verdad es que poco pensaba en lo que la Srta. Robbins me decía en mi cabeza estaba la idea de todo lo que a fuera nos esperaba. A pesar de la diferencia de edad, las tres fuimos inscritas en el primer año del College, ya que Rose y yo habíamos salido de la preparatoria, pero no habíamos continuado estudiando, por lo que la única que iría a la par en cuanto a edad sería Alice, a fin de cuentas daba igual, lo importante es que las tres estaríamos juntas.

—¿Me has oído? —volvió a decir con su característica voz chillona.

Volví a intentar ponerle atención, pero realmente se me dificultaba.

—Allá convivirás con el resto de alumnas de primer año y de todos los años que allí se cursan, de hecho compartirás dormitorio con alguna de ellas. Rosalie, Alice y tú han sido destinadas al mismo cuarto, pero estos tienen como capacidad cinco alumnas por lo que tendrás a dos compañeras más, espero que siempre hables bien del lugar que te acogió… —y allí iba de nuevo.

Christine se estaba incomodando en mis brazos, al parecer la aburrida charla la tenía allí tan incomoda como a mí.

Salí de aquel salón extrañamente agobiada y cansada, la vida para mi se presentaba de una manera distinta, de una manera en la que ya no tendría a Christine y eso realmente me afectaba, quizá más de lo que creí alguna vez.

A fueras de la oficina de la Srta. Robbins se encontraba el famoso Jacob Black, hijo de William Black un gran hombre que contribuyó a la causa del orfanato.

Tenía excelentes recuerdos del difunto padre del joven que estaba allí sentado a fueras, pero del aquel moreno, alto y con una coleta amarrada tras su nuca no sabía absolutamente nada, realmente ni siquiera estaba en conocimiento de que Don Bill, como le gustaba que le llamasen, tuviese hijos.

Irina estaba fuera del despacho de pie aparentemente a la espera de algo, Christine que tenía de cierta manera identificada a Irina por su biberón la observó detenidamente, pero no encontró lo que buscaba.

—Será mejor que me la entregues —sonrió Irina.

—¿Le darás la mamadera? —sonreí con dificultad.

—Si —respondió tajante desviando la mirada.

—¿Dónde la llevas? —inquirí una vez que la pequeña estaba en sus brazos.

—La está esperando fuera, ya sabes —susurró —. El doctor Cullen no quiere entrar a menos que Black salga.

Me acerqué a mi pequeña y besé su frente como si mi vida dependiese de aquella despedida, sentí como si aquella parte de mi se extinguiese con cada paso que daba Irina y veía que a la vez Christine se alejaba de mí.

No era fácil describir las sensaciones y emociones, claramente me sentía contrariada y confundida, lo único que deseaba en aquel momento era llorar, pero debí contenerme.

Jacob Black tenía el ceño fruncido, el labio torcido y una apariencia hostil, juzgándolo por las apariencias era una persona bastante más seria de lo común y poco amigable.

Los brazos de Rose estaban extendidos frente a mí, sólo que no me había dado cuenta antes, me abracé a ella fuertemente mientras Jacob Black entraba a la oficina de la Srta. Robbins.

—Tranquila cariño —me susurró mientras intentaba darme consuelo.

No comprendía demasiado, quizá tampoco quería comprender lo que ahora estaba ocurriendo. Mirar al futuro en estos momentos no era lo adecuado y sinceramente, no saber que pasaría con Christine ni conmigo, no ayudaba para nada.

Los agradables brazos de mi amiga contuvieron mis lágrimas de cierta manera, así logré estabilizarme y cuando volví a mirar a mí alrededor pude ver a Alice a mi lado.

—Es hora de irnos —sonrió intentando darme ánimos.

—¿Iremos solas? —fruncí el ceño mientras limpiaba mis ojos.

—La Srta. Robbins me ha dicho que un taxi nos recogerá y en la estación nos estaría esperando el secretario del nuevo sostenedor —explicó Rose.

¿El secretario? No comprendía nada, se suponía que debíamos irnos con ella, realmente aquel hombre misterioso no deseaba tener mayor contacto con nosotras ¿No le gustaran los adolescentes?

—¡Bella! —llamó mi atención Alice —. Es hora que nos vayamos ¿Qué esperas?

Salí de mi aturdimiento y rápidamente tomé las maletas.

Salir del Orfanato era extraño, realmente las pocas veces que había estado fuera era para ir al colegio que quedaba a pocas cuadras. Mi vida, si es que así podía llamarla, era muy limitada en aquel entonces, cualquier retraso en el regreso al orfanato implicaba un severo castigo, por lo que jamás conocí Forks completamente, menos ahora lograría adaptarme a una ciudad tan grande para mí como lo es Seattle.

Subimos al Taxi que tenía órdenes expresas de llevarnos a la estación de trenes de Forks. Rose, Alice y yo nos sentamos en la parte trasera mientras el chofer dejaba nuestro equipaje en el porta maletas. No había mucho que ordenar, la ropa que teníamos era usada y muy desprolija, por lo que me sentía peor aún viéndome con esa ridícula falda a cuadrille y esa camisa zonza que siempre había detestado.

—¡Estoy tan emocionada! —chilló Alice interrumpiendo el silencio.

Para mi no era tan emocionante, mirar el triste panorama de la ventana no era muy agradable.

¿Dónde estaría ahora mi querida Christine? Quizá en la casa de Cullen, ¿Sería feliz allí?

—¡Saldremos a nuestro antojo! —chilló Alice nuevamente.

—Si, claro ¿Crees que vamos a hacer vida social? —inquirió Rose que parecía algo incomoda.

—Eres demasiado aburrida Rose —rió Alice —. ¿A que la pasaremos bien? —me sonrió.

—Seguro —susurré.

Seguimos el viaje casi en silencio si no es porque el chofer puso una canción que a Alice le gustaba mucho, por lo que canturreó todo el santo trayecto.

Al llegar a la gran estación de trenes ninguna sabía que hacer, habíamos salido del Orfanato bastante confiadas, con muy pocas indicaciones, por lo que al bajar del taxi me acerqué al chofer.

—Disculpe, ¿Quién le ha pagado el viaje? —dije suspicazmente, quizá conseguiría el nombre de aquel misterioso sostenedor.

—Seth Clearwater —respondió el chofer dando marcha nuevamente al motor.

Le agradecí por la información y me volví hacía las chicas.

Seth Clearwater, jamás había oído aquel nombre ¿Seria el misterioso hombre del dinero?

Realmente no comprendía por qué alguien preferiría mantenerse en el anonimato en vez de identificarse, después de todo no está haciendo nada malo, todo lo contrario, debería merecer un reconocimiento por todo lo que hace por simple niños huérfanos.

—Seth Clearwater es el hombre que ha pagado el taxi ¿Creen que será el benefactor y sostenedor? —inquirí al voltearme, pero al hacerlo me encontré con un joven alto, moreno de hermosas facciones. El terno le sentaba muy bien y el nudo perfecto de aquella corbata color pistacho resaltaban los hermosos ojos verdes que estaban rodeados de largas y encrespadas pestañas. Por un momento me quedé hipnotizada en aquellos ojos.

—No, Srta. Swan —respondió el hombre —. Soy el secretario de Mr. Smith, evidentemente este no es el apellido de mi jefe, pero es parte de su anonimato. Él me ha pedido expresamente que las guíe en su ingreso al collage. Tenemos mucho de qué hablar, pero lo haremos una vez instalados en el tren que nos llevará a Seattle.

Alice me miró sonriente, quizá hasta cómplice de los mismos pensamientos que había tenido hacía unos instantes, mientras que Rose tomó su maleta e hizo un ademán de seguirle.

—¡No, no! —señaló Seth —. No es necesario, deje eso ahí, he pagado para que lleven sus maletas —añadió Clearwater que ahora que le miraba bien, no tendría más de veinticinco o veintisiete años.

Rose, Alice y yo nos quedamos mirando sorprendidas, jamás habíamos recibido este tipo de atención.

Entramos en el tren que extrañamente, para mí, estaba dividido en compartimentos en los que cabían aproximadamente seis personas, nosotros entramos en el compartimento 6-A y nos sentamos allí.

—Muy bien —dijo Seth una vez que todos estuvimos cómodos —. Ustedes cursaran primero de Bachillerato en el College mixto de Seattle, allí compartirán clases los dos primeros años para luego elegir su especialización que se decide en tercero, luego de esto si obtienen buenos resultados podrían salir becadas para obtener algún estudio universitario.

Alice, Rose y yo escuchábamos atentamente todo lo que aquel joven dijese, realmente no era difícil oírle, capturaba mi completa atención, sin contar su perfecta dicción y entonación.

—Las habitaciones son compartidas, son cinco alumnas por habitación, por lo que deberán compartirla con dos jóvenes más, las que aún no han sido asignadas. Recibirán una mesada de 120 dólares cada una, con ella podrán realizar sus compras personales y así mantener el estatus del resto del alumnado, pronto se darán cuenta que son muy pocos los que acceden a esta casa de estudio —bebió un poco de soda y volvió a hablar con la misma naturalidad —. El Sr. Smith exige a cambio que ustedes le escriban relatándoles todo su quehacer dentro del College, para así él conocer sus avances y logros, para esto —interrumpió la frase para sacar de su maletín tres hermosas agendas, bueno eso parecían, cada una de un color distinto — ustedes tendrán un diario de vida en el que escribirán todo lo que ha pasado durante cada día y me lo entregaran en mi visita quincenal, en donde les entregaré otro ejemplar exactamente igual.

Tendió el ejemplar de color celeste a Rosalie quien lo aceptó encantada, junto a aquel hermoso diario le entregó una cadena de oro que tenía colgando un corazón que calzaba perfecto con la ranura del diario, de seguro era su llave. Para Alice era el ejemplar de color verde manzana, un hermoso diario del mismo modelo que el de Rose y también con la misma llave, mientras que a mí me hizo entrega del diario rosa junto al colgante.

—Les visitaré todo el fin de semanas y les daré las órdenes que deberán seguir para la semana siguiente, así como a cada fin de semana por medio les pediré sus diarios. No pueden realizar preguntas al Sr. Smith ya que no las responderá, él simplemente quiere recibir información sobre ustedes, yo seré el mediador entre ustedes, pero no aceptaré ni responderé preguntas sobre mi jefe —aclaró muy serio —. Ustedes ya no pertenecen al Orfanato San Francisco de Asís, por lo que no estarán obligadas a volver para las vacaciones allí, aún así el Sr. Smith prefiere que sus primeras vacaciones, que son dentro de un mes, retornen al Orfanato para la celebración de navidad, luego de este favor no deberán volver, al menos obligadas, allí. ¿Alguna pregunta?

Seth había sido muy claro en cuanto a las instrucciones y aunque tenía muchas dudas que no se podían aclarar por las órdenes del Sr. Smith, tuve que morderme la lengua y mirar a mis amigas.

—¿Le conoceremos alguna vez? —inquirió Rose.

—Eso dependerá exclusivamente de él, ni siquiera me lo ha dicho —explicó Seth.

Pasamos por Port Ángeles, lo supe porque Seth nos lo dijo, cada minuto que pasaba el joven Clearwater parecía más agradable y simpático, entonces comprendí por qué él estaba aquí, sería algo así como nuestro guardián y realmente me gustaba.

Nos bajamos en la estación de Seattle. ¡Jamás creí que un lugar podía ser tan grande! ¡Alcanzarían cincuenta Orfanatos San Francisco de Asís en esta estación!

Me dí cuenta que Rose, Alice y yo estábamos sorprendidas ante la magnitud del lugar, sorpresa que poco nos duró cuando Seth nos sacó de las ensoñaciones con un seco: "Apresúrense"

Nuevamente nuestras maletas fueron llevadas por tres hombres que se habían acercado hasta Seth a penas nos vieron, todo parecía perfectamente planificado, nos subimos a otro taxi que nos llevaría a nuestro destino final: El College.

Las grandes calles pobladas de una cantidad inigualable de gente me tenían absorta, jamás había visto un lugar tan grande, los edificios se perdían de mi vista sin poder contemplar su cumbre, tantas vueltas dentro de ese taxi me harían devolver el escuálido almuerzo.

El taxi se detuvo frente a uno de los más grandes y pomposos edificios que había visto, en realidad no había visto muchos, pero sin duda este era grande. En su frontis tenía grandes letras que señalaban a este lugar como mi futuro hogar por cuatro años.

Seth nos guió una vez más al vestíbulo que tenía una gran alfombra roja en la que podría haberme dejado caer por su suavidad, la textura bajo mi pie era sumamente agradable.

Una mujer con un rodete y los labios fruncidos nos recibió.

—¿Es usted Seth Clearwater? —sonrió la recepcionista.

—Así es y ellas son: Rosalie Hale, Alice Brandon e Isabella Swan —nos señaló.

—Perfecto, entonces las chicas pueden seguirme para que conozcan sus habitaciones mientras usted habla con nuestra directora —nos sonrió amablemente, mirándola con detenimiento, esta vez, no parecía tan vieja.

—Mañana por la mañana las pasaré a buscar para que les entregué más instructivos —señaló Seth despidiéndose en la entrada del que supuse sería el despacho de la directora.

Los altos pasillos del College era realmente hermosos, los techos tenían pinturas que parecían del siglo XVIII, las paredes estaban adornadas con delicados cuadros y retratos, al parecer no existían ascensores ya que la recepcionista nos hizo subir escaleras hasta llegar al séptimo piso. Un amplio pasillo con mesitas de té y un par de estatua de ángeles daba paso a una salita que tenía la clara apariencia de ser una salita de estar.

Las puertas que allí estaban tenían todos nombres, los que supuse serían de sus habitantes, en una de ellas se leía:

"Brandon, Alice.

Hale, Rosalie.

Mallory, Lauren.

Stanley, Jessica.

Swan, Isabella"

Entonces confirmé mi teoría aquellos nombres eran los pertenecientes a las habitantes de cada cuarto. La recepcionista nos abrió hermosa puerta blanca con un tallado de rosas, algo demasiado ostentoso para simplemente ser una puerta, pero quedé aún más absorta cuando vi el interior de la habitación.

Cinco camas estilo XVIII adornaban, realmente adornaban, la habitación. Los cobertores aparentemente de seda tenían un hermoso brillo damasco que combinaba con todo el resto de la habitación. Al lado de cada cama existía un velador y al otro lado un reluciente escritorio, por si fuera poco todas tenían un tocador propio y un hermoso armario.

Era francamente lujoso, nadie creería que allí dormían cinco alumnas de un College, pues más parecía una habitación de cinco princesas.

Una vez que salí de mi sorpresa pude ver el rostro de mis amigas y me dí cuenta que tenían aquella sensación de no pertenencia, claramente no pertenecíamos aquí, pero no nos molestaba intentar adaptarnos.

—Cada cama tiene una placa de plata grabada con su nombre, cada mueble que rodee su cama es de su pertenencia, todas ustedes recibirán una copia de la llave del armario, del velador, del tocador y de la habitación. Se exige que a las 12 P.m. se apaguen las luces y no se permite rondar por los pasillos después de esa hora a no ser que quieran ser sancionadas —señaló la recepcionista —. Cada piso tiene su inspector que pasará revisando que todo esté en orden antes de apagar la luz —explicó amablemente —. Mi nombre es Dorothea y soy la secretaria de la directora, encargada de la correspondencia general y de las autorizaciones, por lo que cualquier consulta respecto a asuntos académicos también me compete.

Ella nos observó por largo tiempo, entonces me dí cuenta que nuestra ropa no encajaba para nada en aquel lugar, pero a pesar de aquello Dorothea no nos criticó ni un poco.

Se marchó dejándonos solas en la habitación, al parecer no habían llegado nuestras compañeras con las que compartiríamos el cuarto.

—Es alucinante —logró decir Alice.

—Me siento en un cuento de hadas —respondió Rose dejándose caer en su cama.

Me acerqué a la mesa que estaba al lado de mi velador, tenía un teléfono de apariencia antigua, era de aquellos que había que girar para marcar los números y poseía un hermoso estampado florar.

—Es todo tan delicado —logré decir —. Siento que no pertenezco aquí.

—¡Claro que no! Mira nuestra ropa ¡Es horrenda! —chilló apuntando su falda de cotelé algo desteñida.

—¿Cómo serán las otras dos chicas con las que compartiremos habitación? —inquirió Rose.

—No lo sé, pero de seguro estarán mejor vestidas que nosotras —reclamé.

A penas acabé de terminar la frase sonó el teléfono que tenía frente a mí. Miré a las chicas sorprendida sin saber que hacer, muchas veces, sin dudas había contestado un teléfono, pero me sentía tan ajena al lugar que era extraño.

—¿Qué esperas? ¡Contesta! —rió Alice.

Mis manos temblaban, pero sostuve fuertemente el auricular que pegué rápidamente a mi oído.

—¿Aló? —dije entrecortadamente.

—Buenas tardes, quisiera hablar con Isabella Swan, por favor —escuché una voz perfectamente conocida, pero no por eso agradable.

—Habla con ella, Srta. Robbins —respondí mientras miraba a las chicas.

—¿Cuántas veces te he dicho que no se contesta de aquella manera el teléfono? —chilló del otro lado —. Eso debes corregirlo, te llamo por un asunto relevante para ustedes. Acabo de hablar con el Sr. Smith y me ha señalado que enviará a uno de nuestros benefactores a Seattle para que las acompañe junto al Sr. Clearwater a una tarde de compras, se ha dado cuenta que lo más probable es que sus vestuarios no calcen con el lujo del College y aunque a mi parecer es una necedad gastar más dinero en ustedes, él ha deseado hacerlo, mañana al parecer irá a visitarlas uno de los benefactores y te llevará un par de indicaciones de mi parte, por lo que se educada por favor —rogó.

—Así será, Srta. Robbins —respondí monótonamente.

—Buenas noches —colgó el teléfono.

Como siempre tan fría y desagradable.

—¡No hace ni quince minutos que llegamos y ya está llamando! —criticó Rose.

—¿Qué quería? —la interrumpió Alice.

—No sé si tenemos un ángel guardián que lleva nuestras suplicas o confirmo mi teoría que la Srta. Robbins es una bruja, pero mañana tenemos tarde de compras, nuestro Sr. Smith nos enviará junto a Seth Clearwater y un benefactor del Orfanato a comprar ropa —respondí.

—¿Un Benefactor? —preguntó Rose —. ¿Por qué un benefactor vendría a ayudarnos a elegir ropa? ¿No es eso tonto?

—No lo sé, dijo que nos enviaría instrucciones —respondí confusa.

—Quizá nuestro querido Sr. Smith tiene un buen amigo dentro del orfanato, quizá es ese benefactor que ahora viene a darle detalles de nosotras con más confianza que Seth Clearwater, que al parecer parece demasiado bueno como para pensar mal de alguien —rió Alice.

—¿Dices que nos vienen a evaluar? —inquirí —. No me extrañaría, pues si no es por parte del Sr. Smith, será por parte de la Srta. Robbins.

—Entonces mañana deberemos limitarnos a comprar cosas simples, nada ostentoso para que no se diga que somos unas derrochadoras —ordenó Rose.

Esa noche no pude dormir en paz, aunque la cama tenía un exquisito colchón y las sabanas parecían acariciar mi piel, el hecho de ya no estar en el Orfanato y de no dormir con mi querida pequeña, hacían que la cama pareciese un inmenso y tranquilo lugar.

Al despertar en la mañana me di cuenta que Rose y Alice ya estaban paseándose por la habitación.

—¿Qué hacen? —dije restregándome un ojo.

—¡Mira tenemos baño personal! —chilló Alice.

—¿Baño? —dije aún somnolienta.

Alice me levantó de la cama y a tirones me llevó a una puerta que no había visto ayer, la puerta era del mismo estampado de la pared, un hermoso estampado de pequeñas flores y diseños que lo adornaban aún más, claro que sin ser exagerados.

La puerta parecía camuflada en la pared y daba a un baño precioso, tenía mármol en el lavamanos, un gran espejo me mostraba mi desaliñada apariencia.

—¡Tiene tres tinas! —chilló Alice.

—Las veo no necesitas gritar —reí.

Alice, Rose y yo nos dimos una larga tina con esencias y sales de no sé donde y descansamos como nunca. Nos vestimos con nuestra mejor ropa, para bajar a la recepción.

—Buenos días —dijo sonriente Dorothea.

—Buenos días —respondimos al mismo tiempo.

—Hoy no desayunarán aquí ya que las están esperando —señaló el sofá que estaba detrás de una planta.

Se levantó de allí Seth Clearwater, al que pude reconocer rápidamente ya que la planta no era tan tupida, pero sentí las ansias de querer arrancar a la cama cuando vi que el benefactor que había venido a elegirnos ropas era nada más ni nada menos que Edward Cullen… que sostenía a mi adorada Christine en sus brazos.

¡Por primera vez en mi vida no le odie tanto!


Hola chicas...

Si ustedes dirán ¿Y esta chica que se aparece como si nada?

Pues bien, esta chica tiene una vida muyyyy intensa... si La Universidad confabula contra mía para no dejarme escribir.

No es que no quiera escribir, ni que este en conflicto con la historia ni nada... es ¡La falta de tiempo!

Así que como verán me demoraré más en actualizar... perdonenme, pero sé que si realmente les gusta el fic me esperaran como niñas buenas que son.

¿Qué tal? Sorry si es que hay errores...

emm... ¿Qué les puedo decir?

Ahora esto se pone más dinámico y si, aunque no lo crean tendrán más cosillas divertidas por ahí, pero debo ACLARAR ALGO IMPORTANTE.

MUCHAS DE USTEDES ME HAN DICHO QUE ESTE FIC VA LENTO, ENTIENDO... PERO LA TRAMA ES INTENSA Y MERECE SER NARRADA CON LENTITUD, VAMOS CHICAS NO TODO EN LA VIDA ES ¡ZAS! ME ENAMORÉ DE TI Y TODO ES PERFECTO, ENTONCES VIVIMOS JUNTOS Y CHAN, TODO EN CINCO MINUTOS...

POR LO QUE LES PIDO PACIENCIA Y ENTENDIMIENTO EN ESTA HISTORIA.

Gracias por sus reviews :)

besitos

Manne