Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo X.

Sucesos inesperados.


Mi cuerpo parecía no responder a mis deseos imperantes de despertar. Cada músculo se estaba tomando su tiempo para reaccionar y ya no podía esperar más, tenía que incorporarme rápidamente si quería saber qué demonios ocurría. Entonces distinguí a Alice, ella era quién me movía de un lado a otro intentando despertarme.

—¡Es Edward, Es Edward! —es todo lo que decía.

Cuando logré abrir los ojos de par en par, me di cuenta que Lauren, Jessica y Rosalie tenían un rostro fatal, obviamente no había buenas noticias. Alice seguía moviéndome fuertemente, sentía que aquel movimiento terminaría matándome, el dolor de mi cabeza se propagaba con rapidez cada vez que Alice me movía.

—¡Es Edward, Bella, Edward! —chillaba.

—Déjala, ya —dijo Rosalie apartando a Alice —. ¿Estás bien?

—¿Qué pasa? —dije mientras restregaba uno de mis ojos.

—Edward fue atropellado mientras cruzaba la calle al llegar a su casa, Christine salió prácticamente ilesa, él la protegió con su cuerpo y… —Rose no fue capaz de terminar cuando yo estaba vistiéndome y preparándome para ir al hospital.

—¡Bella! No podemos salir a esta hora del College, mañana tenemos clases, debes permanecer aquí por ahora —dijo Lauren.

Miré a Alice y Rose, ellas sabrían que nada me pararía para ver a Christine, pero no era sólo por ella, también era Edward ¿Cómo estaría? ¿Habría sido muy duro el golpe? ¿Cómo ocurrió? Demasiadas preguntas en mi cabeza que debían ser resueltas cuanto antes y no debía quedarme de brazos cruzados si quería saber que había pasado, así que nada podría detenerme al respecto. Sabía que no sería fácil abandonar el edificio, pero me sorprendí al ver a Seth allí, en el hall, al parecer esperándome.

—He venido a portar malas noticias, al parecer Rosalie ya te lo dijo, bueno… —lo interrumpí.

—Discúlpeme, pero necesito salir de aquí cuanto antes al hospital —dije firmemente.

—Yo te llevaré, ya he firmado con la encargada, así que está autorizada —sonrió.

No había nada más que hablar, si Christine y Edward estaban en el hospital no pertenecería a ningún otro lugar que no sea allí, tenía que hacerlo saber a Seth, así él podría decirle a Mr. Smith que no tenía tiempo de permanecer en clases cuando sólo pensaría en el hospital y en sus habitantes… Christine y Edward en estos momentos me necesitaban.

Seth habló con la enfermera encargada de las salas de la clínica, ella le explicó cosas que no comprendí, sólo me limite a ver su rostro que parecía tenso, nos guiaron a pediatría y allí estaba Christine, sentada en su cama con un parche en la frente y con un pijama rosado muy bonito. Al parecer no podíamos entrar aún ya que el médico estaba de ronda y estaba analizando a todos los niños de la sala.

—¿Está bien? —dije con un nudo en la garganta.

—Si, sólo ha sufrido un par de rasguños, pero nada grave, al parecer la peor parte se la llevó Edward —susurró Seth.

—¿Dónde está él?

—Está sedado, no tiene permitido las visitas, así que deberás esperar para verlo —aclaró Seth —, pero aún así Christine saldrá de aquí por la mañana —sonrió.

Una vez que el médico abandonó la sala, se nos permitió ingresar en ella, había muchos niños, algunos eran agredidos por sus padres por lo que alcancé a oír cuando la enfermera le estaba contando a Seth el funcionamiento del servicio de pediatría. Jamás creí que dentro de una familia pudiesen ocurrir hechos tan lamentables, pero todo atisbo de tristeza desapareció cuando Christine me sonrió desde su camita y estiró sus brazos en señal de que quería que la tomase, miré a la enfermera como pidiéndole autorización y esta accedió. Abracé suavemente a mi pequeña, aunque hubiese deseado presionarla contra mí con todas mis fuerzas. Ella sonreía y jugaba con mi pelo mientras oía la declaración del estado de salud que nos entregaba la enfermera.

—¿Qué ocurrió con exactitud? —dije a la joven mujer que estaba a cargo de todos estos niños.

—No lo sabemos bien, pero por lo que dijo la persona que llamó a la ambulancia, fue un atropello por culpa del conductor del automóvil, este se dio a la fuga, gracias a Dios que la niña fue protegida por un experto como el Dr. Cullen —sonrió la muchacha algo ruborizada al nombrar a Edward.

—Según lo que sé —complementó Seth —, el Dr. Cullen se marchó del College y al bajar de su automóvil para llevar a la niña dentro de su hogar, un impertinente conductor pasó a una velocidad considerable por la corta calle, el Dr. Cullen protegió a Christine, llevándose él la peor parte del accidente —explicó.

—Nadie se explica con certeza como fue que la niña resultó tan sólo con heridas menores —añadió la enfermera.

Las imágenes daban vueltas en mi cabeza. La corta calle en la que vivía Edward, el edificio de su hogar, su automóvil y aquel coche que los habría atropellado.

"El Dr. Cullen protegió a Christine, llevándose él la peor parte del accidente"

Las palabras de Seth se arremolinaban en mis pensamientos. Una y otra vez se repitieron sin descanso. Edward había arriesgado su seguridad por la niña, y yo no sabía en qué condiciones había quedado en tal hazaña. Lo único que sabía era que el sentimiento de culpabilidad que inundaba mi ser estaba a punto de consumirme y dejarme hecha pedazos. Él una vez más había demostrado ser una persona de confianza, al punto de arriesgarse por Christine y yo nunca fui capaz de ver que sus buenas intenciones sólo buscaban el bien de ella, todo lo contrario, siempre reclamé sin motivo alguno más que mi propio egoísmo.

—¿Cuándo podré ver a Edward? —dije mientras mecía a Christine en mis brazos.

—El Dr. Cullen —dijo la enfermera resaltando la formalidad de nombrarle así —, está sedado y bajo observación, han tenido que realizar múltiples maniobras para mejorar el estado de sus piernas, al parecer estas resultaron con grandes heridas por el golpe y la posterior caída al suelo.

Esa noche me quedé sola en el hospital. Seth fue al college a dar aviso de que no sería capaz de asistir a clases hasta nuevo aviso. Supongo que eso no estaba permitido en ninguna institución, pero una vez más agradecía tener a un tutor misteriosamente rico que pagaba todo tipo de servicio, quizá también el que me dejasen faltar a mis clases sin ninguna reprimenda, pero lo que sí sabía, era que apenas saliese de este problema, le escribiría una carta más alentadora que la primera que le había extendido. Tal cual creí no fui capaz de dormir, pero ver el rostro de Christine en mis brazos, tan tranquila, durmiendo como lo que era, una bebé, me tranquilizó lo suficiente. Dejé a la pequeña en su cama, soltó un profundo suspiro y se acomodó en ella. Sonreí a la enfermera de turno y me marché hacía la sala de enfermeras, para obtener información sobre Edward.

Una sala al medio del pasillo era la única que no pertenecía a pacientes pediátricos, si no que era la clínica de enfermería, por lo que me acerqué a una de las enfermeras para preguntar por el Dr. Cullen y su estado actual. Una de ellas me dijo que lo habían derivado hacía poco y que ahora estaba en el servicio de medicina, que casualmente estaba en este mismo piso. La muchacha muy amablemente me guió hacía la sala. Contrariamente a lo que esperaba, era muy distinta a la sala de pediatría, de hecho, Edward estaba solo allí y la oscuridad de la noche sólo resaltaba el enorme yeso que sostenía una de las piernas de Edward que se encontraba en alto.

La enfermera me dejó en la sala haciéndome prometer que no estaría demasiado tiempo allí, ya que aún no se decidía si Edward sería capaz de recibir visitas o no. Vendajes por todos lados, su mano era envuelta por uno de ellos, la pierna que no estaba enyesada también estaba vendada. Edward estaba tranquilamente durmiendo, supuse que su sueño era profundo debido a los sedantes, además su respiración acompasada era lo único que se oía en aquella sala. Me senté en un sillón que había al lado de la cama y me limité a observar a Edward, no tenía nada más que hacer que pensar en lo arriesgado que habían sido para él esa maniobra, pero de lo agradecida que estaba por haber protegido a Christine.

—Edward —un susurró se me escapó, al igual que las lágrimas que comenzaron a caer de mi rostro.

Un nudo en la garganta, mi respiración alterada y las lágrimas, todo de un solo golpe, todo recordándome mis culpas y sus virtudes, nada podría calmarme, no había sido digna de aquel trato que él me había entregado y sin embargo él jamás me criticó nada, simplemente estaba allí ofreciéndome su amistad y yo a cambio sólo le ofrecía mi maleducada presencia y un sinfín de prejuicios. Tomé su mano que estaba vendada, acaricie aquellas vendas y pensé en lo distinto que era ahora tocarle, parecía tan frágil, tan inofensivo y tranquilo, jamás creí que él estuviese tan expuesto, que me produjese esa sensación angustiante de oír su voz, jamás creí que me sentiría tan necesitada de él.

Me acerqué a él y acaricié su frente cubierta de vendas, aquella imagen hermosa de Edward y Christine, vino a mi mente como si la hubiese llamado, él estaba allí sonriéndome y despidiéndose junto a Christine, mientras que yo me marchaba hacía el College.

—Debes recuperarte —susurré.

Al poco tiempo la enfermera me pidió que abandonase la sala, entonces me dolió dejar a Edward solo, de cierta manera estar cerca de él calmaba mis ansias, aunque la verdad es que la ansiedad de que despertase, me mirase y me dijese que estaba bien se mantenía tal cual. Esa noche fue una de las más largas de mi vida, peor de lo que habían sido los días de visitas en el orfanato, mucho peor que los castigos interminables de la Srta. Robbins.

En la mañana mi aspecto espantoso se reflejó claramente en el espejo, mis ojeras eran notorias tras mi blanca piel, tan moradas llegaban a parecer secuelas de algún golpe. La enfermera nos dijo que en la tarde Christine sería dada de alta y que Edward probablemente pudiese recibir visitas aunque aún debía verse el estado de sus costillas ya que al caer al pavimento se había golpeado fuertemente contra la acera.

Rose, Alice y Lauren con Jessica llegaron al hospital, me sorprendieron que estas últimas viniesen también, pero se los agradecí sinceramente. Todas querían saber cómo estaba Christine y Edward, así que las puse al tanto dentro de lo posible y estuvimos atentas a los resultados que nos deberían dar dentro de la jornada.

—Lamento mucho lo ocurrido —escuché una voz conocida.

Al dar la media vuelta me di cuenta que Jacob Black estaba detrás, él había venido a ver como estaba Christine, pero también vino a ver como estaba Edward, realmente dudaba que viniese a ambas cosas, no sabía qué pensar de él, había intentado chantajearme y demostrarme que Edward era una mala persona, aunque dentro de mí sentí que eso era falso, dudé de Edward… Jacob no estaba aquí para ver que Edward estuviese bien, quizá quería algo… quería conseguir la tutoría de Christine… estaba segura.

Gracias a Dios fui salvada por el médico que pidió hablar con los cercanos a Edward, al parecer no había nadie de la familia, por lo que Seth y yo fuimos a la pequeña sala que nos mostró el médico. Nos sentamos en las sillas frente al escritorio esperando que él comenzara a contarnos cómo estaban Christine y Edward, y de paso que nos dijese qué fue lo que ocurrió.

—Como ya sabrán, Edward y Christine fueron atropellados por un auto que se dio a la fuga. Edward protegió con su cuerpo a la niña e incluso cuando cayó al suelo intentó amortiguar el golpe, milagrosamente, realmente no nos explicamos cómo, lo consiguió. Christine sólo tiene leves contusiones, ya mañana o pasado podrá ser dada de alta, mientras que Edward tiene fracturadas dos costillas y un tobillo, además de múltiples contusiones por lo que no podremos dejarlo salir aún, debe aún permanecer aquí, dentro de una semana o dos podrá salir, por lo menos está bien cuidado y ya puede recibir visitas, de hecho desde que despertó no ha hecho más que preguntar por Christine —sonrió el médico —, cómo siempre mi amigo está desesperado por los demás más que por sí mismo.

¡Cómo conocía eso! Edward siempre se preocupaba de Christine y de nosotras más de lo que debía preocuparse de sí mismo. Era admirable sus intenciones de ser mejor y ayudar al resto, realmente ahora eso tenía más valor que nunca.

—Entonces, ¿Podré verlo ahora? —inquirí.

—Por supuesto, vamos a visitarlo —dijo el médico saliendo de la sala y llevándonos hacía la habitación de Edward.

—Seth —chilló Alice —, ven a contarnos que ocurrió.

Este me observó y luego dijo que pronto iría a ver a Edward, pero que ahora trataría de ubicar a la familia de este para avisarles lo que ocurrió. Así que me vi invadida por unos nervios histéricos, un dolor en la boca del estomago que se transformó en un leve cosquilleo, la incomodidad de ver a Edward tan indefenso y solo… me hacía sentir nerviosa.

—Hola, Compañero ¿Cómo te sientes? —sonrió el médico a Edward quien estaba en su cama.

—He estado mejor —sonrió Edward.

—Sí, lo sé, pero creo que tendrás una buena compañía —añadió el médico mientras que mis mejillas se tornaban rosa —, así que te vengo a ver más rato.

Me acerqué un poco a la cama de Edward y dejé que supiese que estaba allí, él me sonrió, pero sabía que no estaba bien, sus ojos lo notaban y no podía negarse que parecía más complejo de lo que se veía.

—Acércate —sonrió.

Hice lo que me pidió, pero realmente, me sentía lo suficientemente incomoda como para acercarme un poco más.

—¿Cómo te sientes? —dije sin saber qué más decir.

—Adolorido, pero estoy contento de saber que Christine está bien —sonrió nuevamente.

—Si, también estoy feliz que esté bien, aunque desearía que tú también lo estuvieses —añadí.

—Lo estoy, en un tiempo más estará todo normal y volverás a detestarme —rió, pero esta vez se quejó, seguramente por el dolor de sus costillas fracturadas.

—No te detesto y deja de repetirlo que me haces sentir mal —realmente conseguía ponerme aún más incomoda y no creí eso posible.

—De verdad lamento lo que ocurrió, pero el tipo del auto fue demasiado impertinente y no me quedó otra alternativa y…

—No es necesario que continúes, no hay nada que explicar, lo que hiciste estuvo bien —sonreí.

Él no respondió a mi sonrisa, parecía realmente impresionado, sus ojos estaban abiertos de par en par, entonces me dí cuenta que inconscientemente había posado mi mano sobre la suya y estaba acariciándola, cuando me dí cuenta era demasiado tarde, rápidamente la retiré, entonces él la volvió a buscar. El silencio de la sala era consecuencia del rose incomodo, pero agradable de nuestras manos, Edward sonreía, ahora parecía hacerlo de verdad, mientras que yo estaba asustada de aquel contacto. Era agradable, cálido y reconfortante, pero tenía miedo de sentirme demasiado cómoda, podía acostumbrarme a esa pequeña caricia y no quería extrañarla luego. Retiré lentamente mi mano, pero Edward apretó la suya teniendo la mía atrapada.

—Isabella, no quiero que te vayas de aquí, si es posible pide que traiga a Christine aquí, porque no quiero separarme ni un segundo de ella —sonrió.

—No sé si eso sea posible, Edward, quizá Christine no sea buena para tu recuperación, ya tendrás tiempo de disfrutar de ella —sonreí.

—No, Isabella, no lo entiendes, tengo sospechas de que esto del accidente realmente no fue un accidente, ese vehículo parecía venir decidido a atropellarme —añadió — y no quiero que ni a ti ni a Christine les pase algo por mi culpa.

—Edward, eso es tonto, ¿Quién querría hacerte daño? —no podía creer que alguien quisiese hacerle daño a alguien como Edward.

—Isabella, desde que me anunciaron como nuevo director del hospital, cualquier cosa puede pasar, realmente no me extraña que desde mis inversionistas hasta mis empleados y compañeros de hospital, quieran atentar contra mí, tú no entiendes cómo es esto, a veces no puedes agradar a todos y muchos no lo toman bien… —añadió con un rostro sombrío que no había visto antes.

—Está bien, pediré que traigan a Christine aquí, por lo menos hay espacio suficiente —dije mientras observaba la sala.

—Tú tampoco te moverás de aquí —sentenció.

—Edward tengo que volver al College, debo estudiar y escribir a mi tutor, lo sabes —dije seriamente.

—Bueno, pero sólo serán unos días, Christine necesitará de ti, ya que no tendré tiempo para ella ahora que estoy encerrado aquí —sonrió.

—Si, pero tus niñeras podrían verla, tengo que volver al College —dije seriamente buscando una escapatoria a la cercanía con Edward.

—Hablaré con la directora si es necesario para que te quedes aquí, Christine te necesita —dijo aún más firme que antes.

—Edward, pero tengo que escribir a mi tutor a diario y no lo he hecho, de seguro se molestará y no quiero traer problemas a las chicas —me escudé en mi último recurso.

—Él podrá esperar, no te necesita ahora, Christine si te necesita, además —su garganta se secó y su voz salió casi en un susurro —, yo necesito de ti, ahora.


Hola chica spaso corriendo a dejarles un capitulo, mañana me voy a la playa no sé si alcance a actualizar Love: Beyond the paper, pero prometo hacerlo dentro de la semana.

espero que disfruten y comenten. Nos vemos el próximo fin de semana.

Las que no saben. comencé a trabajar y por eso no tengo tiempo de escribir.

Eso... pasen tambien por "I'm waiting for you in eternity"

Cariños

Manne Van Necker.