Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XI.
Sospechas.
Saludos especiales a todas las chicas de Japón. Fuerza Japón, mi país ya paso por algo así y sé cuan doloroso y difíciles. También dedico este capítulo a todas las chilenas que viven en los bordes costeros de mi país. ¡Fuerza a ustedes también!
En cuanto hablé con el médico a cargo de Edward y Christine, este no esperó más, de inmediato movilizó la cama de la pequeña hasta el cuarto de Edward. Me pareció increíble que esa petición fuese llevada a cabo con tal rapidez, pero a la vez me agradó.
Los días siguientes estuve muy al pendiente de Christine, Gretta estuvo todo el tiempo a mi lado, colaborándome con el trabajo de cuidar a ambos, además de la enfermera que venía a ver cómo estaban. En el College fui automáticamente notificada que mientras me pusiese al día con mis labores y viniese a dar las pruebas correspondientes, podría faltar a clases hasta la mitad del semestre. Era increíble todo lo que podía conseguir el hecho de ser la protegida de Mr. Smith. A pesar de que obviamente me oponía, Gretta preparó una habitación en casa de Edward, por lo que me alojaba allí para velar por Christine quién a los tres días después del suceso fue dada de alta. Aunque todos los días desde temprano íbamos a visitar a Edward y pasábamos la mayor parte del tiempo allí.
Nuestras conversaciones eran triviales, me preguntaba cómo estaba Christine, si me acostumbraba a su casa, si estaba cómoda y yo le preguntaba cómo se sentía, a veces repasaba conmigo mis deberes y se reía de mí cuando me preguntó quién era el Quijote de la Mancha y yo le respondí que había descubierto América.
—Eres muy divertida, Isabella —rió a pesar del dolor de sus costillas.
—No es gracioso, ¿Cómo voy a sacar un sobresaliente en historia si ni siquiera sé quién es quién? —dije avergonzada.
—Ya, pero eso tiene solución, es cosa que estudies más —me aconsejó.
—Estudio, de verdad que si, pero si usted viera todo lo que hay que leer y estudiar, para lo único que soy buena sin estudiar es en literatura, soy un balazo, aunque en matemáticas ¡Oh, Dios! Me sacarán canas verdes esas ecuaciones ¿A quién se le ocurrió inventarlas? ¡Cómo si fuera a comprar pan y sacara la cuenta con ecuaciones! —chillé.
Edward no pudo contener más la risa y soltó una carcajada que luego se ahogó en su dolor.
—¡No se ría! Le hace mal —le reclamé. Me acerqué a su cama y le levanté con cuidado la cabeza, acomodándole la almohada —. No se ría más porque tengo que estarlo acomodando a cada rato en la cama.
—No me trates de usted, Isabella, dime Edward —insistió.
Edward, sonaba tan íntimo y a él le tenía tan sin cuidado. Era incomodo y extraño, pero me gustaba decirle Edward, sus ojos parecían iluminarse cada vez que le decía así. Rosalie y Alice siempre me preguntaban cuando reconocería que Edward me gustaba, pero no podía creer que ellas creyesen eso de mí. Edward era muy guapo, no podía negarlo, es más me encantaba como era con Christine, era tan preocupado, es un buen amigo, pero… ¿Gustarme? Si es tan grande, es mucho más grande que yo, él es de buena familia y yo no, en realidad ni siquiera tengo familia.
—¿Qué piensas? —sonrió.
No pude evitar ruborizarme ante su pregunta.
—En Algebra —susurré.
—¿El Algebra te ruboriza? —obviamente no me creía—, no me mientas y dime ¿Hay algún chico por ahí?
—¿Un chico? ¿Por qué piensas que me ruborizaría por un chico? El college es de niñas, no hay chicos y no he tenido tiempo de conocer alguno, además ni siquiera tengo tiempo de pensar en eso, entre el Quijote de la Mancha y Algebra no me queda tiempo a menos que me enamore de Sancho Panza —escupí las palabras con tal rapidez que era evidente mi nerviosismo aunque Edward rió con mi comentario.
—Es un chico, definitivamente ¿lo conozco?
—No sé por qué insistes no hay tal chico, en serio —le critiqué.
—¿Sabes que yo también debería ser considerado como "un chico"? —sonrió sin quitarme los ojos de encima. Por millonésima vez en mi vida odié ruborizarme con tal facilidad.
No supe que responder ¿Qué le respondería? Ni siquiera sabía que él sospechaba ¿Sospecharía o lo hacía solo por molestarme?
—T-Tú n-no eres un chico, eres un ex tutor y ahora mi amigo —dije con dificultad.
—Vaya, no sabía que fuese tan viejo para que no me considerases un chico —rió sin ganas.
—No eres viejo, para nada —sonreí —, es sólo que verte como un chico sería una ofensa, eres más que eso ¿no? Eres un médico y padre adoptivo de Christine, un chico es inmaduro, tu a veces lo eres, pero nunca en serio —sonreí tímida ante las palabras que salían de mi boca escupidas ante el nerviosismo.
—Entonces soy más que un chico, pero no soy viejo… confuso —sonrió.
El silencio inundó la sala, en esos momentos Christine dormía plácidamente, ni siquiera la tenía a ella para que me quitase este nerviosismo.
—¿Qué soy para ti, Bella? —susurró.
Edward para mí… era muchas cosas.
—Un gran amigo, el padre adoptivo de Christine y…—intenté pensar otra cosa al verlo desanimado —, y…
—¿Y qué?
—¿Por qué no me dices tú que soy yo para ti, mejor? —escupí las palabras sin sentido hasta que me di cuenta que estaba diciendo y ya era tarde.
Edward abrió los ojos del tamaño de dos platos gigantes.
—Bueno… tú eres una "chica" —sonrió.
—Gran descubrimiento, Edward, tuve que quitarme los estropajos del Orfanato para que lo descubrieses —reí.
—No, Bella, para mí eres una "chica" —insistió.
No comprendí hasta que me lo explicó.
—No entendiste ¿Verdad? —negué en silencio —, haces siempre las cosas más difíciles. Para mí ya no eres una niña, aunque aún falta para que seas una mujer adulta, eres una chica, una mujer que está por independizarse y ser alguien en la vida, alguien a quién apreciaré mucho cuando esté fuera del capullo. Una "chica", quizá luego lo entiendas.
"Una chica" si, era evidente que era una chica, pero ¿Qué quería decir él con que yo era una chica?
Seth esa tarde me trajo una notificación de Mr. Smith respondiendo a mi carta anterior. Estaba ansiosa se suponía que no tenía por qué ser respondida, sin embargo, el bondadoso Mr. Misterioso estaba respondiendo a esta huérfana. No podía ser más feliz, así que rompí el sobre y me puse a leer la nota. Me desilusioné automáticamente al verla: estaba impresa, no era su letra, sino más bien la odiosa Arial 12.
.
Srta. Swan.
Estoy muy agradecido por su nota tan peculiar, y lamento informarle que esta será la primera y última misiva que usted reciba de mi. Cómo usted comprenderá soy un hombre ocupado y últimamente he estado aún más atareado con mis deberes. Espero que usted escriba con más regularidad y que influya en sus compañeras para que demuestren sus mejores cualidades y destaquen con sus calificaciones.
Atte.
Mr. Smith.
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Y eso era todo. La desilusión pareció verse en mis ojos puesto que Christine comenzó a tironear de mi cabello.
—¿Pasa algo? —dijo Edward.
—Nada —intenté ocultar mi desilusión, pero mi voz me delató.
—¿Tu tutor te ha prohibido estar aquí? —dijo intentando adivinar mientras que yo miraba por la ventana con Christine en mis brazos.
—No, no es eso—dije queriendo olvidar el tema. No sabía cómo podía afectarme la frialdad de una persona que no conocía, pero de cierta manera Mr. Misterioso era todo lo que Alice, Rose y yo podríamos tener o pedir y aún así era la persona más lejana que conoceríamos. Es más si pasáramos por la calle a su lado jamás sabríamos quién es. A quién estar agradecidas.
—Isabella, deberías hablarlo, soy tu amigo y una buena conversación en estos momentos no me haría nada mal —sonrió aunque en su gesto aún se denotaba dolor, a pesar que ya había pasado una semana.
—Se trata de una respuesta de mi tutor. Es increíble que una persona tan buena a la que Alice, Rosalie y yo le debemos todo, sea tan obstinado y se niegue a darnos a conocer su rostro o su nombre, es una persona tan buena que me niego a creer que todo esto lo hace para satisfacer su propio ego, aunque en su carta parece demostrar todo lo contrario. Dígame usted ¿Enviaría una respuesta a una carta de manera impresa o le pondría más cariño e interés y escribiría una de puño y letra? —inquirí.
—No lo sé, Isabella, quizá Mr. Smith tiene sus motivos para no escribirte de su puño y letra —lo justificó, por supuesto que lo haría entre ricos se entienden sus excentricidades.
En ese momento fuimos interrumpidos por el médico quién entraba con la enfermera y las chicas que habían salido ya del College.
—Bien, Edward, amigo mío te tengo excelentes noticias —sonrió —, mañana ya podrás volver a tu casa aunque estarás bajo reposo mínimo unas tres semanas.
—¡Tres semanas! —dijo Edward exaltado —, ¿Estás loco? El hospital no puede esperar tres semanas.
—Edward, cálmate, mira, estaré a cargo y te enviaré notificaciones a tu casa de cómo va todo, no habrá problemas, ahora el médico soy yo y tú el paciente y me harás caso—dijo esta vez más golpeado que antes.
Alice sonreía extrañamente, no comprendía por qué, pero al parecer se había quedado embobada con el médico de Edward. Al mirar, por primera vez la piocha del médico me di cuenta del por qué: Jasper Whitlock, el médico que había estado en el Orfanato. No lo había reconocido porque se había dejado la barba.
—¿Usted irá a visitarlo y a revisarlo de vez en cuando? —preguntó Alice.
—Si, iré a hacerle algunas visitas, dudo que me haga caso por lo que tendré que corroborarlo —sonrió.
Alice y Rosalie permanecieron junto a Edward mientras que yo y Christine salimos junto el médico ya que este nos lo pidió.
—He tenido noticias —dijo en voz baja —, al parecer ya se conoce el paradero del conductor del vehículo que los atropello. Este era un asaltante que estaba huyendo de la policía. Ahora sólo queda encontrar el vehículo y pronto se seguiría el procedimiento legal.
—Muchas gracias —sonreí.
No sabía si creer que esa era la real versión, pero Edward me había enseñado que no todo en la vida es de telenovelas y que no tenía que creer que siempre hay algo detrás de todo, por lo que esta vez le di chance al asunto y me lo creí.
—¿Nos vamos? —sonrió Rosalie al salir de la habitación de Edward.
—Debo despedirme, ya vuelvo —sonreí.
Entre a la habitación y prendí la luz, corrí las persianas y me acerqué a la cama de Edward.
—Debes irte ¿No? —sonrió.
—Si, ya es hora, si me quedo más tiempo Christine podría enfermar —añadí.
—Está bien, cuídala, ya mañana estaré con ella —suspiró.
—Si, lo sé.
—Al fin podrás volver a tu vida normal —susurró.
—No sé si vuelva de inmediato, tú aún no estás en condiciones de volver a una vida normal, si no te importa podría quedarme más tiempo —también susurré.
El ambiente era tenso, parecía una despedida de esas para siempre, ninguno de los dos quería decir nada más, se notaba, pero Edward volvió a romper el silencio.
—Si a tu tutor no le molesta, me encantaría que estuvieses conmigo.
—Se lo consultaré —Christine comenzó a moverse incomoda en mis brazos, así que se la acerqué para que la besara.
El gesto tierno me superó. Edward la tomó en sus brazos con sumo cuidado y la besó en la frente. Christine se apegó a su cuello. Parecían tan felices que sentí que estuviese estorbando.
—Hasta mañana, Edward —dije tomando nuevamente a Christine en brazos.
Antes de alejarme, sentí la presión de la mano de Edward en mi muñeca. Me acercó a él y no opuse resistencia, no sabía si me había dejado llevar por su estado, para no lastimarlo o porque realmente así lo quería. Entonces él posó sus labios en mi frente. Con una delicadeza exquisita sentí su rose y luego me soltó con suavidad.
—Hasta mañana, pequeña —sonrió.
Alice y Rose me esperaba a la salida, hablaron tanto que me sentí mareada, me entregaron sus apuntes y las fechas de las pruebas, los controles de lectura y todo, sin contar que Alice no dejó de hablar de lo bello que se veía Jasper con barba y que si nos habría reconocido, a lo que Rosalie respondió que difícilmente lo hubiese hecho si nuestras ropas ya no eran del ropero municipal si no de una de las últimas tiendas de moda.
Me despedí de mis queridas amigas y les envié saludos a mis compañeras de habitación que estaban realmente preocupadas por mí. Me alegró saber que las chicas habían arreglado todo el embrollo y se lo habían explicado de manera que no hicieran preguntas un tanto incomodas.
Gretta me estaba esperando, agradecí verla allí con una manta para Christine, entramos a casa y allí tenían todo preparado para nuestra llegada. Christine fue llevada a su habitación para cambiarla de ropa y darle su biberón, mientras que a mí me quitaron la chaqueta y la colgaron. Gretta me invitó a cenar y luego de eso me retiré a mi habitación.
No había demorado mucho en estar allí, cuando Gretta me interrumpió.
—Si la señorita desea, puede usted ir a la biblioteca, allí hay mejor luz y pupitres para que usted pueda estudiar más a gusto —sonrió.
—No, Gretta, no te molestes, acá estoy bien —le agradecí.
—No, señorita, son órdenes expresas del Sr. Cullen, usted debe ir a estudiar más cómoda, así que sígame por favor —dejó la puerta abierta para que la siguiera.
Me levanté sin ganas de mi cama, tomé los cuadernos que me habían prestado Alice y Rose y me dispuse a seguir a Gretta. Los pasillos de la casa eran realmente enormes, parecían una mansión, por lo que era fácil que me perdiese entre tanta puerta del mismo diseño.
—Aquí, la chimenea está prendida, así que elija usted donde desea ubicarse —sonrió —, le traeré pronto un café.
Me senté y me puse a escribir todo lo que tenía que pasar en limpio, recorrí las estanterías sin fin de la biblioteca de Edward, era impresionante la cantidad de libros que allí tenía, Gretta me dejó mi café y unas galletas, mientras que yo me sentía en el paraíso. Una vez que terminé de estudiar, me levanté de mi pupitre tomé mis cosas y me fui de la biblioteca el problema era como encontrar mi habitación en ese laberinto de puertas.
Abrí una por una, buscando mi habitación, hasta que encontré un lugar muy acogedor y bonito al que no pude resistirme entrar, parecía una oficina, decorada con hermosos muebles, llena de libros y papeles, un retrato familiar y una gran chimenea. Entré a la habitación y me senté en la cómoda silla que estaba detrás del escritorio. Me sentía importante en esa silla de cuero. Comencé a jugar con los cajones, disfrutando por un momento que ese podría ser mi escritorio cuando fuese toda una famosa escritora, entonces se me cayó un cajón, había jugado tanto con ellos que lo había dejado mal puesto. Recogí cada una de las cosas que allí había y me dediqué a revisar los cajones siguientes. Una carpeta me llamó la atención y no pude evitar abrirla.
"Orfanato San Francisco de Asís"
La curiosidad me podía, por lo que no vi nada de malo abrirla, habían papeles de niños, nombres y sus adopciones, incluso estaba Christine. Seguí hojeando con gran curiosidad, aparecía Theodore y otros niños, también estaban los nuevos. Al final encontré a Rosalie, Alice y yo en una misma hoja, el archivo tenía una foto de cada una, aparecía nuestro traslado al College, pero eso no era todo, había una hoja que decía: "transacciones" no pude evitar abrirla, entonces fue allí cuando me quedé helada en esa silla.
Jacob Black, decían los cheques, cheques que coincidían con la mesada que recibíamos cada una. ¡Eran nuestras mesadas! Pero ¿Por qué Jacob Black? ¿Sería Jacob Black Mr. Misterioso? ¿Por qué le entregaba el dinero a Edward? Quizá Edward era el encargado de administrar nuestro dinero y hacérselo saber a la Sra. Robbins… Mi cabeza parecía estallar, fue entonces cuando oí unos pasos, así que me escondí detrás de unos estantes a la espera de que esos pasos no viniesen hacía acá.
Hola chicas ¿Cómo están?
Uff lamento haber tardado tanto en actualizar, pero tengo explicaciones.
Trabajando de lunes a sábado llegaba muerta, luego estuve con dolores horribles de muelas del juicio y luego me fui a santiago.
Entré a la universidad, pero ahora tengo más tiempo, cuando se me ocurrió la flamante idea de escribir este capítulo, dan la alerta de tsunami en las costas de mi país.
Para variar y suerte mía, es típico que todo recae en mi región. ¡Es horrible como ha pasado tanta cosa!
gracias a Dios a mí y a mi familia no nos ha pasado nada, no hemos perdido nada material ni nada importante.
Tampoco arrancamos por la alerta de tsunami, somos unos porfiados pero ha decir verdad sabíamos que aquí no pasaría nada.
Besitos mis niñas gracias por seguir esta historia tan fielmente, las quiero mucho y gracias por sus REVIEWS.
Si quieren leer una historia diferente no olviden: I'm waiting for you in eternity.
Summary: Los errores se pagan según nuestra condición y muchos no tienen enmienda. Aprender a vivir junto a ellos es el primer desafío que ha llenado la nueva existencia de Bella Swan, el segundo es reencontrarse con Edward.
Las espero por allí.
Besitos.
Manne Van Necker.
