Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XII.

Investigaciones.


Cada músculo de mi cuerpo estaba tenso, casi ya no respiraba, me sentía una absoluta intrusa entre esos estantes, esperando no ser vista y con la duda más grande de mi vida. ¿Sería Jacob Black Mr. Misterioso? Los pasos se fueron intensificando, apagué mi respiración para oír mejor, pero fue un gran alivio darse cuenta que se fueron apagando a medida que avanzaban. Se había ido, quien quiera que fuese.

Salí cautelosamente de la habitación, con la curiosidad aún no satisfecha, pero me fui a dormir, de seguro mañana en la mañana Christine estaría más que activa y yo me estaría cayendo de sueño.

Esa mañana Edward llegó a la casa y se suponía que yo debía estar en pie, esperándole con Christine en brazos, pero no. Estaba en pijama, con todo el pelo desordenado, con los ojos somnolientos y asustada al ver que Edward había llegado y desde el primer piso me mira sonriente.

—Veo que Gretta se te ha adelantado —sonrió.

—Srta. Isabella, debería usted ir a vestirse —interrumpió Gretta.

Miré mi pantalón de algodón y mi polera. Si mejor sería vestirme. Sonreí de vuelta y me limité a devolverme a mi habitación, me metí en la ducha y allí descansé de todo, aunque la idea de saber quién era mi nuevo tutor no abandonaba mi cabeza. ¿Acaso eso era lo que a Edward le molestaba de Jacob Black? Quizá no quería que Christine se quedase con él porque sabía el trato despectivo que le daría, el hecho de no darse a conocer con nosotras oficialmente era algo reprochable ¿sería eso? Bajé a desayunar y vi a Edward ya en la mesa. Miles de preguntas querían asaltarlo, pero recordé que estaba convaleciente.

—Buenos días, señorita —sonrió.

—Hola, ¿Qué tal estás? —dije mientras me sentaba.

—Mucho mejor —rió aunque no entendí por qué —. Me podría acostumbrar a esto —susurró para sí aunque para mí fue perceptible.

—¿A qué? —interrumpí su monologo.

—A desayunar acompañado —dijo posando la intensidad de sus ojos sobre los míos.

No podía ser Jacob Black, había algo de él que no me agradaba, quizá el hecho que compitiese con Edward en todo. En ese sentido favorecía a Edward, quien con su dulce mirada sonreía frente a mí. Él era tierno, caballeroso, muy simpático, sin contar guapo ¿Por qué no tendría novia?

—Tú novia debería acompañarte —sonreí.

Él frunció el ceño, pero su sonrisa se mantenía allí. Quizá, después de todo, si tuviese una novia. ¿Sería guapa? ¿Simpática? ¡Hey, no podía tener novia! Él había dicho que no tenía relaciones, que era soltero y por eso se quedó con Christine. ¿Habrá mentido?

—¿Novia? —sonrió —, no tengo novia.

Gretta nos interrumpió para traer más café a Edward, este le agradeció con un beso en la mejilla y ella se retiró dejándonos nuevamente solos.

—¿Creías que tenía novia? —dijo mientras revolvía su café —, pues no tengo.

—Entonces eres algo así como un soltero codiciado —sonreí —, pues creo que deberías tener novia.

—¿Por qué insiste en que tenga una novia? —rió.

—Tú insististe en preguntarme por si es que tenía un chico —sentí como el calor se adueñaba de mis mejillas —, pues es justo que ahora yo te pregunte a ti.

—¿No tendrá que ver esto con Christine verdad?

—No, es sólo mi curiosidad —reí.

Mi curiosidad y mis ganas de comprender por qué él no se dignaba a ayudarme. Él podría decirme quién es Mr. Misterios y yo no lo diría a nadie, es sólo que necesito satisfacer esa ansiedad que tengo y él… él en parte tenía la culpa.

—Edward —susurré —. Si tú supieses quién es Mr. Smith, ¿Me lo dirías?

Él me miró serio, frunció el ceño y pareció por un momento que se atragantaría. Si, él sabía quién era Mr. Misterios.

—¿Por qué la pregunta? —dijo sin mirarme.

—Quiero averiguarlo y como eres mi amigo y tengo confianza en ti, sólo quería saber si me ayudarías o te opondrías en que lo averiguase.

—Ese no es un secreto que me pertenezca y sé que tarde o temprano Mr. Smith te dirá quién es por ahora deberías dedicarte a tus estudios en vez de pensar en quién es quién —sonrió.

—Eso quiere decir que lo sabes —dejé a un lado mi taza y lo escrudiñé con la mirada.

—Dejemos este tema molesto, por favor, hablemos de lo que haremos hoy —sonrió —. Tengo planes para que aprendas un poco de etiqueta y de paso juguemos con Christine en mi despacho. Es un lugar amplio.

Lo sabía, sabía que era un lugar amplio, había estado allí revisando sus papeles, sin querer, pero lo había hecho. Sabía más de lo que debería saber, pero también tenía claro que si lo reconocía perdería a Edward, su amistad y probablemente el acceso a Christine. ¿A quién le gusta que se dispongan a entrometerse en sus cosas?

En la mañana Edward estuvo ocupado, viendo como Jasper Whitlock se paseaba de allá para acá con sus notificaciones como había prometido, por mi parte me dediqué a ponerme al día con las clases, estudié y leí un poco, además estuve jugando con Christine que asombrosamente tiene una habitación de juegos tan grande que parece que mis pasos hacen eco.

—¿Interrumpo algo? —sonrió Edward al ver como jugaba con la pequeña alzándola por el aire.

—¡Oh!, no —sonreí arreglándome la camisa que se levantaba cada vez que levantaba exageradamente los brazos —, pasa.

Caminó con cuidado y se sentó en uno de los sofás que había disponibles e hizo una señal para que fuese a sentarme con él, entonces así lo hice.

—Quería que habláramos de Mr. Smith —explicó Edward.

El hecho de pensar que ese sería nuestro tema de conversación la piel se me erizó.

—¿De mi tutor? —dije confusa —, en la mañana no querías hablar de eso ¿Qué te hizo cambiar de parecer?

—No quiero que averigües de él, no por ahora, quizá saber quién es no sea lo mejor, él te buscará estoy seguro, pero deberías concentrarte en lo que realmente importa y por más que sea tu amigo, debo decirte que soy un tutor y debo cumplir ciertas normas —sonrió.

Con eso me había quedado más que clara su postura. Si, sabía quién era Mr. Smith y él era parte de los súper protectores del famoso señor. ¿Por qué no me decía de una vez por todas que el susodicho es Jacob Black? Mi percepción de él no cambiaría mucho.

Me levanté del sofá y él se quedó allí contemplándome, entonces extendió su mano para que le ayudase a levantarse.

—No deberías estar caminando, deberías estar acostado —reclamé.

—No nací para que un médico me venga a dar órdenes —se apoyó en mi hombro mientras su suave aliento chocaba en mi cuello.

—Yo no soy médico, así que le diré a Gretta que te llevé a tu habitación, allí estudiaremos más —dije mientras sostenía a Christine con una mano y a él de mi hombro.

Caminamos lentamente hasta su habitación y él me sonrió cuando vio que Gretta ya subía por la escalera.

—Srto. Edward como se le ocurre andar en pie, váyase de inmediato a la cama —chilló.

—Cuida a Christine, Gretta, Isabella y yo tendremos clases de etiqueta aquí —rió al ver que Gretta fruncía el ceño ante la idea que yo estuviese en su habitación.

No tuve mucho tiempo para ir a buscar las cosas que necesitábamos, en realidad, Edward se encargó de pedir todo lo que era necesario. Cubiertos, servilletas, vasos, copas, platos, una mesa pequeña y todo cabía perfectamente en su amplía habitación. Francamente era hermosa, amplia con una preciosa combinación azul que resaltaba en las paredes color marfil, las cortinas combinaban con el plumón. Edward estaba en la cama, sentado en el borde, sin intención de acostarse, me sonrió al ver mi incomodidad de estar en un lugar tan íntimo para él, pero, a diferencia de mi, Edward se veía mucho más tranquilo.

—No deberías ponerte de pie —dije sentada frente a la mesa que estaba dispuesta para nuestra clase.

—Hay muchas cosas que no debería hacer, Bella, pero eso no implica que no desee hacerlas —sonrió.

—Pero ponerte de pie está mal y no debes hacerlo, aunque lo desees —reclamé.

—No debo, pero puedo, no debo, pero lo deseo, así que ahora pon atención —volvió a sonreír mientras se acercaba a mí ubicándose detrás de mi asiento.

Me señaló todos los cubiertos y su utilidad, el orden en el que estaban dispuestos iba a ser el orden en que debía ocuparlos, me explicó que la copa de agua era para mojar mis manos en una señal de limpieza, también me explico para qué era cada copa, me enseñó que cada plato era especial para su contenido y así mientras él hablaba yo sólo sentía una extraña comodidad.

—¿Entiendes? —susurró cerca de mi oído.

—Si, eso creo —dije con un nudo en mi garganta y otro en mi estómago. No era nerviosismo, tristeza o nada de eso, era… era… la cercanía de Edward me presionaba la boca del estómago, un calor intenso me inundaba, agradable y silencioso. Extrañamente me agradaba su cercanía y no quería que se alejase de allí, pero no tenía palabras suficientes para explicarlo.

Edward era paciente y comprensivo, no me retó cuando hice las cosas mal, no me retó cuando quebré su copa de cristal, tampoco me reprendió cuando parecía olvidar todo lo que me había enseñado. Lo repitió con la misma calma que lo había hecho la primera vez, sonrió con los mismos ánimos y me felicitó cuando vio que era capaz de hacerlo bien. Me imaginé a Edward enseñándole esto a Christine y por primera vez, sentí una gran alegría de saber que ella estaría con alguien como él, con alguien tan especial, con alguien a quién podías querer con tanta facilidad, con una impresionante facilidad que pasaba tan desapercibida que sólo entonces me di cuenta que era lo que me estaba pasando, pero aún así no me atreví a decirlo en mis adentros.

—¿Tienes hambre? —dijo mientras se sentaba en la silla frente a mí.

—Sólo un poco —sonreí mientras sentía el rubor en mis mejillas.

Edward llamó a Gretta y le pidió que nos subiera el almuerzo a ambos. No tardaron en llegar con nuestra comida y Edward no tocó su plato por bastante tiempo, sentía sus ojos sobre mí, escrutando cada uno de mis movimientos, esperando a ver si me equivocaba, su mirada sin lugar a dudas no era muy favorable en el momento de hacer algo bien, me sentía abochornada por tener que estar en ese momento ante su escrutinio.

—Lo haces bien, pero si estás así de tensa, de seguro algo fallará, intenta relajarte —dijo mientras cortaba con delicadeza el trozo de carne que estaba en su plato.

Las horas se hacían eternas generalmente, pero con Edward el tiempo pasaba rápido y si no aprovechaba ahora de insistir en el tema de Mr. Smith, de seguro no encontraría otro momento para hacerlo, así que, para no arruinarle el almuerzo, lo mejor sería hablarlo con él con cautela.

—¿Cómo era o es ser tutor del orfanato? —sonreí —. ¿Era divertido?

Edward sonrió.

—Si, lo es. Aunque me gustaría mimar más a los niños no tengo ni tiempo y tampoco la autorización de la Srta. Robbins, ya sabes cómo es ella, no quiere arruinar a los niños, si se encariñan con un tutor, probablemente hagan que los rechacen los posibles padres adoptivos —sonrió sin ánimos de hacerlo ya que parecía una sonrisa diplomática.

—¿Hay muchos tutores que piensan como tú o la mayoría prefiere no darse a conocer? —eso podría llevarme a saber quién es Mr. Smith.

—La mayoría no tiene tiempo, aunque asisten a las reuniones, pero la mayoría prefiere no tener mucho contacto con los huérfanos y nunca comprendí por qué —sonrió.

Nada de esto me estaba ayudando a conseguir respuestas sólidas, me dediqué a mirar mi plato sin ánimos de nada. Realmente, si quería saber el nombre real de Mr. Smith, no tendría más opción que ir a hablar con Jacob Black.

—Edward —dije casi en un susurro —, dime aunque sea una cosa…

—Si quieres saber de Mr. Smith —me interrumpió —te diré que es muy poco lo que sé de él.

—Sólo quiero saber ¿Por qué crees tú que no quiere darse a conocer? ¿Crees que lo conozco? Quizá lo vi alguna vez.

Edward se tardó en responder, quizá no deseaba hacerlo, quizá no del todo, yo no podía saberlo, pero realmente ansiaba una respuesta y deseaba de todo corazón que él me la diese.

—Mr. Smith es alguien que planea demasiado las cosas, le gusta el orden financiero y es un hombre al que no le gusta perder, pero cuando se trata de donaciones y esas cosas, jamás lo he visto tan comprometido en algo, quizá es porque ustedes sean muchachitas y es la primera vez que beca a mujeres, pero sin duda es un hombre con mucho dinero que no quiere parecer banco de nadie —sonrió nervioso.

—¿Banco? ¿Mr. Smith cree que si lo conocemos lo usaremos de banco? —eso era suficiente para sentirme ofendida.

—No, pero él no quiere demostrar su bondad, no tiene por qué andar publicando quién es porque ninguno de nosotros hacemos beneficencia para ser reconocidos —sonrió.

Eso era comprensible.

—Ese señor me saca de quicio, si realmente no quiere que se publique quién es lo entiendo, pero no es justo que nosotras tengamos que sentirnos agradecidas de alguien que no es sincero. Realmente, a penas pueda conseguir un trabajo voy a pagarle cada peso que me ha entregado, para que el señor Millonario no vaya a pensar que lo quiero de banco —chillé como si fuese una niña con rabieta. Quizá eso era.

—¿Devolverle el dinero? —dijo incrédulo.

—Si, se lo devolveremos todo, no quiero deberle nada a ese señor tan frío y manipulador —dije secamente.

—Ya veo —sonrió triste —, es lamentable que no sepa mucho de Mr. Smith, tendrás que abandonar tu búsqueda.

—Ya no me interesa, me tiene sin cuidado ese señor —realmente estaba resentida.

—No hablemos de esto, arruinaremos el almuerzo —sonrió — y lo estabas haciendo bien.

—Fatal, querrás decir —dije al darme cuenta que alzaba demasiado los codos para cortar carne.

Por un momento me sentí miserable, siendo ayudada por un hombre al que no le interesamos, Jacob Black jamás se ha preocupado de irnos a ver, su interés radicaba en Christine y ganando Edward dejó su interés por completo. Pensaba devolverle todo su dinero, aunque no podía evitar sentirme sola, el mundo era grande, lleno de expectativas y sueños no cumplidos y yo estaba sola, desprotegida, pronto Edward se alejaría de mi cuando Christine ya no me necesitase y volvería a sentirme abandonada. ¿Qué tenía yo que la gente huía de mí? Una fugitiva lágrima se escapó de mi ojo y rodó por mi mejilla. Edward la notó, pero no fui capaz de alzar la vista al sentir que él se acercaba a mí y con sumo cuidado me ayudó a levantarme de la silla.

—Lo siento —susurré.

—Eres demasiado joven para tener tanta amargura en ti —dijo estrechándome con suavidad en sus brazos.

Su respiración era tranquila, suave y acompasada daba la sensación de ser una suave canción de cuna, una que lograba calmarme por completo y me hacía sentir bien, me hacía sentir por unos segundos que no estaba sola.

—La vida no ha sido fácil —susurró —, pero mientras más difícil el camino, más valoras el triunfo.

La calidez de su aroma se extendió alrededor de mí, no quería romper ese abrazo, pero él lo hizo y se sentó frente a mí como si nada hubiese ocurrido. Ridículamente de pie aún, me senté con rapidez antes de que se notase que había quedado eclipsada con su contacto.

Hablamos de otras cosas, hablamos de mi posible futuro, que quería ser una escritora de cuentos infantiles, de cuentos cortos y quizá de novelas, que me gustaba mucho la naturaleza y él se vio muy interesado en mi conversación, rápidamente, olvidé el mal rato que había pasado y Edward seguía interesado en lo que le estaba hablando, jamás nadie se había interesado así por mi conversación, fue agradable contarle como conocí a Christine.

—… Bueno, ella era muy hermosa y frágil, las niñas mayores estaban por irse del Orfanato y la Srta. Robbins poco tiempo tenía para dedicar a esa pequeña bebé. Una noche estaba llorando tan fuerte que nadie podía dormir y nadie quería levantarse a socorrerla, me dio mucha pena y me levanté descalza a ver que le pasaba, la tomé en brazos y le di su biberón que estaba al lado de su cunita, aún recuerdo como succionaba con tanta gana —sonreí emocionada —, era la bebé más bella que había visto y desde entonces…

Edward se paró rápidamente, fue como si viese un manchón suspendido en el aire. Al segundo siguiente que ocurrió eso, sentí la presión tibia de unos labios suaves y carnosos. Tardé un par de segundos para darme cuenta y abrir mis ojos. Delante de mí estaba Edward Cullen sellando mi boca con un beso.


Hola mis niñas.

¿Cómo han estado? espero que todas estén muy bien.

Muchísimas gracias por todos sus reviews, los leo todos e intento responderlos cuanto antes.

¡¿Qué les pareció el capítulo?

Tengo que darles una noticia importante, por favor léanlo y propaguenlo.

Estudio enfermería y estoy en una sociedad cientifica de mi carrera llamada SOCIEN.

Estoy buscando autoras que estudien enfermería y que estén dispuestas para participar en un concurso acá en mi país.

Para esto no es necesario venir ni nada. Se pedirá que hagan un ensayo o revisión bibliográfica de una de las teoristas de enfermería.

Les contaré mucho más y hay premios de publicación acá en mi país.

¡Estoy ansiosa por reunir chicas que estudien enfermería en todas partes de chile y del mundo!

Así que me encantaría que me hablaran las interesadas y mantuviésemos contacto.

También quiero pasar el dato para las chicas que se leyeron THE HOST... para que pasen a Soul's Scars mi fic de The Host.

Cariños a todas y espero sus mensajitos.

Manne Van Necker