Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XVII.
Emma.
Previamente en Mr. Misterious: Emma estuvo evitando que Bella descubriese quién era Mr. Misterious, pero a pesar de aquello, Bella estuvo pendiente a todo lo que Derek, el mozo de la casa, pudiese decir. A pesar de sus averiguaciones no esperó encontrarse la verdad en un pequeño y antiguo libro. Edward Cullen era el propietario. Nada más claro para Bella.
Emma me ayudó a caminar, mientras Derek se adelantaba a buscar compresas para mi tobillo y mi rodilla. Según Emma no tardaría en inflamarse y quedaría horrible si no hacíamos algo ahora. Me reí mucho de la situación después de todo. Ella estaba muy preocupada por mí y algo me hizo sentirme muy familiar con ella.
—¡Dios, niña! —dijo cuando me quité el pantalón y ella vio la herida —. ¿Qué andabas haciendo allá arriba?
—Quería ver como se veía la granja desde la ventana del establo —sonreí.
—La misma excusa, siempre la misma excusa —rió Emma.
Derek llegó con las compresas y el botiquín. Mientras Emma seguía murmurando con respecto a mi excusa.
—¿La misma excusa? —insistí.
—Sí —sonrió —, mi sobrino también solía ir allí a leer y varias veces se cayó, recuerdo una vez que se rasguño la misma rodilla que tú —sonrió.
—¿Cómo se llama? —me atreví a decir directamente.
—Edward —sonrió con naturalidad.
—Y… ¿Cuántos años tenía cuando se cayó? —sonreí.
—¡Oh! —rió —. Créeme que eres más torpe que él. Eddie tenía ocho años cuando cayó y fue la última vez que le permitimos estar allí.
Ocho años, o sea que hace veinte y tantos años que Edward estuvo aquí, por lo menos eso me constaba por el libro.
—Ya estás lista cariño —dijo Emma ordenando sus cosas —, quizá desees ir con tus amigas.
—Gracias, Doña Emma —repetí lo que había oído tantas veces.
—¡Oh, querida! Sólo dime Emma —sonrió.
Bajé las escaleras con cuidado a pesar que eran pocos peldaños, mi rodilla dolía cada vez que caminaba. Así que era cierto, Edward es Mr. Misterious, él tenía que serlo, tenía que decírselo a las chicas. Cuando entré a la habitación, ambas se quedaron en silencio, Rosalie usualmente me hablaba, pero Alice no lo hacía en absoluto.
—Hola chicas —dije sentándome con cuidado en mi cama —. ¿Interrumpo algo?
—¿Qué te pasó? —dijo Rose al notar que cojeaba.
—Me caí de una escalera —dije tranquila.
—Vaya, deberías tener más cuidado —dijo Rose.
Alice simplemente miraba por la ventana ignorando nuestra conversación, aunque sabía que no lo ignoraba del todo.
—No importa —sonreí —, descubrí algo que de seguro quieren ver.
Saqué de entre mi poleron el dichoso libro y se lo extendí a Rosalie. Ella lo hojeó y luego de leer lo que decía, me volví a mirar asombrada.
—Aquí dice que el dueño del libro es Edward Cullen —dijo con los ojos como platos.
—Lo sé —sonreí victoriosa al darme cuenta que Alice se volteaba a mirar el libro.
—Si este libro es de Edward Cullen…
—Significa que Edward es Mr. Misterious —la interrumpí—. Es el Sr. Smith.
—Esta es nuestra confirmación —sonreí —, no era una loca obsesionada como creían. Sabía que algo extraño había en él.
—Ser nuestro tutor no tiene nada de extraño, Bella —dijo Alice.
—Ocultarlo, eso es lo extraño —sentencié.
—¿Por qué haría algo así? ¿Por qué no quiere recibir recompensas al respecto? —dijo sin comprender Rose.
—No lo sé, eso es exactamente lo que falta en este puzle —sonreí.
—Definitivamente, de acuerdo —sonrió Alice.
Por primera vez en días, me sentí de nuevo bien, las chicas no querían hablar del tema, pero parecíamos haberlo omitido, conversábamos con normalidad, tal cual como antes. Era extraño no hablar el tema, pero parecía no ser necesario, entendíamos los motivos de la otra y los aceptábamos.
—¿Cómo averiguaste todo eso, Bella? —dijo Alice sorprendida.
—Derek tiene una facilidad comunicativa impresionante —reí.
Le conté a las chicas todo lo que había oído y averiguado con respecto a la familia de Emma, también le conté sobre mis sospechas de que Emma es la encargada de ocultarnos todo, aún así me agradaba. Las chicas sonrieron en los momentos precisos y también quedaron impactadas cuando les nombré los hijos de Emma.
—¿Jacob, Nicholas, Richard y Caroline? —dijo Alice confusa.
—¿No les parece algo extraño? —sonreí —, Emma nombra a sus hijos y luego señala que Edward es su sobrino… ¿Qué les da a pensar?
—Simple —sonrié Rosalie —. Son primos, Edward y Caroline, que están en Europa con Christine, así como también con Jacob.
—¿Jacob Black? —dijo aún confundida —. ¿Están seguras?
—Todo calza a buenas y primeras, ahora sólo falta preguntar el apellido de Emma y de la señora Clara —dije.
—Si sigues preguntando tú, será muy sospechoso, déjame eso a mí —dijo con seguridad Rosalie.
Dentro de los siguientes días me olvidé por completo de las averiguaciones, más cuando vi quién era la visita que había mencionado días antes Emma. Había dicho que un familiar vendría a visitarnos, que había llegado hacía poco de Europa y que estaría dichoso de vernos.
—¿Quién será? —dijo Alice mientras hojeaba una revista sobre su cama.
—Podría ser Edward —rió Rosalie.
—No creo que se arriesgue con su identidad —señalé.
—Quizá es Caroline o Jacob —añadió Alice.
—Habría dicho que era uno de sus hijos —señaló Rosalie.
—Tienes razón —dijimos Alice y yo al mismo tiempo.
Esperamos ansiosas el día en que llegase la misteriosa visita, no sabía que pensar, al parecer a esta familia le encantaba el misterio y sabían llevarlo tan bien, que ni siquiera Derek dijo una palabra que pudiese servirme de ayuda a adivinarlo. Así que cuando llegaron las maletas de un estilo muy chic, y elegantes al mismo tiempo, sin duda eran masculinas, no me quedó más que pensar que podría ser Edward o Jacob. Era un hombre, de eso estaba segura.
—Queridas —dijo Emma en el comedor —. Nuestro invitado ha llegado justo a tiempo —sonrió —. Será mejor que no nos retrasemos en la cena.
Cuando estaba todo dispuesto, nos sentamos a esperar al dichoso invitado, Alice quería que apostáramos con respecto a quién era, pero algo dentro de mí me hizo abstenerme de esa idea, tenía una sensación extraña, era incomoda porque no quería que fuese Edward, no sabría que decirle, por una parte, tenía ganas de decirle que sabía quién era y por otro lado prefería quedarme en silencio, pero mi debate interno no duró demasiado.
—Buenas tardes —una voz masculina que nunca antes había oído erizó mi piel. Me volteé a ver quién se sentaría a mi lado y no era ningún hombre que hubiese conocido, era alto, por lo menos de mi asiento lo parecía. Su tez era indefinible, no era blanco, tampoco moreno, tenía un color muy agradable, parecía saludable. Sus ojos de inmediato se clavaron en los míos, eran intensos, su mirada era tan segura que no pude sostener el contacto visual y miré a las chicas.
El extraño se acercó a besar a Emma, el gesto fue tan íntimo y tierno que no nos quedó de otra que suponer que sería un hijo de la dueña de casa.
—Este es Richard, uno de los gemelos —sonrió Emma.
Richard nos miró a todas, no tendría más de veinticinco. Sonrió a cada una antes de sentarse a mi lado.
—Richard, estas son las chicas de las que te hablé por teléfono. Ella es Bella —asentí a modo de saludo —, y ellas son Alice y Rosalie —sonrió.
—Un gusto de conocerlas —sonrió Richard —, mi madre me ha hablado maravillas de ustedes, al parecer se familiarizaron muy bien.
—Es que no me dan dolores de cabeza, como ustedes —rió Emma sosteniéndole la mano.
Richard tenía un parecido a Jacob, al Jacob Black que yo conocía, si, tenía que ser así. Ellos eran hermanos, ahora que las chicas habían visto a Jacob y a Richard estarían de acuerdo conmigo. Jacob y Edward son primos. Eso era un hecho.
Una vez que la cena se llevó a cabo, les dimos tiempo a Emma y a su hijo, de ponerse al día, nos retirábamos a nuestras habitaciones cuando Derek llega corriendo con el teléfono en la mano. Mientras subíamos las escaleras no pude evitar estar atenta a lo que conversaban.
—Señorito Richard —dijo Derek —. Es su hermano, Jacob, le habla del hospital, dice que atienda de inmediato.
Con eso bastaba y sobraba para confirmarlo. Alice, Rose y yo nos miramos, mientras seguimos subiendo las escaleras.
—Jacob Black, ese era Jacob, ya son demasiadas coincidencias. ¿Notaron el parecido entre Richard y Jacob? —dije.
—Esto es extraño —dijo Rose.
—¿Qué tiene de extraño? —interrumpió Alice —. Es obvio que Edward y Jacob son primos, es innegable, es sólo cosa de pensar. Caroline es prima de Edward, y Caroline es hermana de Jacob, la ecuación más fácil imposible.
—Ustedes no están pensando en algo importante —dijo Rosalie —. Edward conociendo a Bella como la conoce, no la enviaría a un lugar donde es obvio que terminaría descubriendo su identidad.
—Cierto —dijo Alice —. A menos que él quiera que la descubramos.
—¿Qué lo llevaría a querer que descubramos quién es Mr. Smith? No tiene sentido, él no quiere que nosotros averigüemos quién es nuestro tutor, tiene que haber algo más —dije pensando y tratando de ordenar el torbellino de ideas.
—Además eso no es todo —añadió Rosalie —. Jacob y Edward son primos, ambos luchaban por la custodia de Christine, al punto de parecer odiarse. ¿Qué los habrá llevado a llevarse así de mal?
—Deténganse ahí —dije algo mareada —. Esto es demasiado, siento una sobrecarga de información. Necesitamos ordenarnos.
Y así fue, comenzamos a repasar todo lo vivido, el tribunal y a todo lo que habían llegado Edward y Jacob por la custodia de Christine, no nos parecía lógico que ellos se tratasen así por una pequeña desconocida.
—A menos que no sea una desconocida para ellos —dijo Rose.
—¿Qué quieres decir? —dijimos Alice y yo al mismo tiempo.
Fue entonces cuando alguien tocó la puerta de nuestra habitación. Las tres respondimos con un adelante y vimos a Richard en la puerta con tres regalos.
—Quería hacerles entrega de esto —sonrió —. Estuve en Europa y mi madre me habló de ustedes, por lo que no pude evitar pasar a comprarles algunos detalles de París que puede que les encante.
Lo invitamos a sentarse en uno de los sofás que disponía nuestra habitación, mientras que nos entregaba los respectivos regalos.
Dentro de cada uno había un pañuelo delicado, parecía tan suave, tan bien hecho, que se lo agradecimos mientras disfrutábamos del roce de la tela en nuestra piel.
—Son de seda —sonrió él —, pero creo que deberían mirar bien la caja.
Dentro había más cosas que el pañuelo, había cajas más pequeñas que otras, dentro de la misma caja, además de una caja de galletas. Entre perfumes franceses, chocolates suizos, joyas y todo lo demás, nos sentimos halagadas hasta llegar a un punto incomodo.
—No podemos acep…
—Claro que pueden —me interrumpió Richard —. Si se los he traído es porque puedo permitírmelos.
—Muchas gracias, señor… —Rosalie dudó.
—Black, pero díganme Richard, no soy tan viejo —rió.
Alice y yo quedamos sorprendidas con la sutileza con la que Rosalie había logrado sacar a relucir el apellido de Richard, si antes estábamos seguras, ahora sería imposible no estarlo.
Nos contó cómo era Europa, de lo hermoso de las calles, de las estructuras, de lo diversa que es la gente y un sinfín de cosas que nos dejaron admiradas de su conocimiento. Luego nos preguntó sobre nosotras, así que evitamos dar más información de la que debíamos, aunque obviamente, Emma debería haberle dicho quienes éramos y que hacíamos allí. Él nos contó que era abogado y que había formado una sociedad con su gemelo, nos comentó que eran los abogados exitosos más jóvenes del último tiempo, nos reímos con sus anécdotas de cómo era vivir aquí.
Cuando ya se hizo tarde, él se marchó prometiéndonos llevarnos a un lago que quedaba cerca de aquí.
—Que agradable es —sonrió Alice.
—Y es tan natural que ni siquiera se dio cuenta como Rosalie le sacó el apellido —reí.
—O quizá lo hizo a propósito —insistió Rose —, vamos, no sean tontas es un abogado de renombre. Aquí hay gato encerrado. ¿Soy la única que se da cuenta de esto?
—No, pero ahora que lo pienso, nos interrumpió en un momento tan importante… ¿será que nos observan?
—No seas paranoica, no tanto, Bella —dijo Rose —. Sólo nos interrumpió en mal momento.
—Si Edward y Jacob se estaban peleando por la custodia de Christine, ¿Quién será la pequeña para ellos? —dijo Alice.
—No lo sé —respondí.
Hola chicas.
Lo siento por la inmensa tardanza, me costó un mundo que saliera este capítulo, pero aquí está.
Les cuento que a las 20:00 hrs Chile. o sea en una hora veinte minutos aprox. (confirmen sus horarios, por la diferencia horaria)
Me entrevistarán como autora de Fanfiction. En http : / radiospilledcoffee . blogspot . com (quiten espacios)
Allí hablaremos de mis lectoras, de mis fics y todo eso.
Como es una radio online, no importa donde estés, podrás escucharla igual.
Las espero ansiosas y pasen el dato.
Las quiero.
Manne Van Necker
