Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XIX.

Sentimientos


Previamente en Mr. Misterious: Rosalie, Alice y Bella están confundidas ante tanta información, creen haber descubierto un romance oculto entre Lisa y Richard, además de conocer la triste historia de la hermana de esta. Pero cuando discutían sobre Mr. Misterious, Bella queda casi sin aliento al descubrir que la conversación ya no era privada, sino que Edward estaba en la puerta junto a Christine.


Sentí como mi garganta se secaba con una rapidez sorprendente, además del silencio rotundo de la habitación sólo era capaz de oír los estrepitosos latidos de mi corazón. ¿Cuándo demonios se había aparecido? ¿Por qué estaba acá? ¿Qué no sabe escuchar la puerta? En mi mente había excusas suficientes para responder en vez de darle lo que él esperaba. Edward es guapo, por donde se le mire, un hombre exitoso y de buena familia, pero ¿gustarme?, ¿estar enamorada de él?, me parecía demasiado. Bueno a decir verdad, me irritaba su comportamiento, un beso un día, al siguiente nada pasó, un gesto bonito, al otro día no existes… ¿Qué pasaba por la cabeza de ese hombre?

—Creo que será mejor irnos —dijo Rosalie a Alice.

A pesar que ellas estaban a mis espaldas pude sentir sus miradas sobre mí, así como también ese tono burlón que significaba sólo una cosa: les complacía todo esto. No entiendo como son capaces de disfrutar la desgracia ajena. Edward seguía allí, de pie en mirándome con su típica sonrisa burlesca y esa mirada perspicaz, intenté concentrarme en Christine que estaba mirándome, Edward aún no le quitaba la manía de chuparse el dedo, si seguía así le crecerían los dientes chuecos.

—Bella —balbuceó Christine —. Bella-Bella-Bella-Bella… ¡Bella! —chilló.

Todos nos quedamos admirados al verla, Rose y Alice se acercaron a hacerle fiesta porque había dicho mi nombre, pero Edward sólo sonrió sin mayor sorpresa.

—Edward —sonrió Rose —. Yo me encargo de Christine —extendió sus brazos y este le entregó a la pequeña.

Las tres traidoras, dos más que otra, se marcharon dejándome a solas con Edward. Este llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón y se sentó en la cama de Alice.

—Bueno, Bella, ya estamos solos ¿Me dirás lo que no le respondiste a Rosalie? —sonrió.

—No tengo nada que decirte —dije sentándome frente a él.

—Pues yo creo que sí, deberías sincerarte conmigo de una vez—sentenció.

—Mira quién habla de sincerarse —reí irónicamente.

Su mirada se torno seria, ya no estaba ese tono burlesco que me irritaba. Podía quizá reconocer que a veces verle ese tinte en su mirada me gustaba, quizá podía decirle que me sentí atraída por él en más de una ocasión, pero su actitud ante mí no ayudaba demasiado, no como para reconocerlo a viva voz.

—No evadas las preguntas, Bella —sonrió acercándose hasta donde estaba sentada.

—¿Quieres que reconozca que me gustas? Porque si esperas eso, te quedarás sentado —le encaré.

—No —frunció el ceño —. Quiero que reconozcas que siempre has sospechado que soy Mr. Smith —rió.

Me quedé helada y de una pieza, allí, estampada en la cama, pero cuando vi su sonrisa que luego se transformó en una carcajada comprendí que era una pésima broma y que sólo estaba haciendo esto para joderme la vida. Muy gracioso.

—Lo creí, pero ¿Sabes qué? Dudo que tú seas capaz de bondad, de hecho creo que la única que te despierta ese lado es Christine—respondí furiosa.

Me levanté de la cama y le dejé a él sentado allí, pero sentí su mano presionando mi muñeca, no me dejaba avanzar y sentía como esa ira que poseía se transformaba en un nerviosismo intenso que me dejaba muda. ¿Cómo él podía conseguir ese maldito efecto en mí? Se levantó y dejó nuestros rostros tan cerca del otro que mi corazón se detendría en cualquier instante.

—Tú me provocas muchas cosas, Isabella —su hálito chocó contra mi boca temblorosa.

¿Iba a besarme? ¿En ese instante? ¿Aquí, ahora? Mis labios estaban tan receptivos a él que parecía una clara invitación, aunque mi interior luchaba por mantener la calma ¡Dios! Él es mayor que yo, es mi tutor, es quién custodia a Christine, podría ser mi padre… Ok, no, exagero… Tenía que concentrarme en algo que no fueran sus labios, un mantra que consiguiera alejarme de él con mi súper fuerza de voluntad inexistente.

"No te voy a besar, no te voy a besar, no te voy a besar, no te voy a besar…"

¡Vamos tenía que conseguirlo, llamaba a toda mi fuerza de voluntad, la necesitaba en esos momentos! Edward seguía hablando, me sostenía fuertemente contra él y yo lo único que hacía era pensar en no besarlo, en no caer en sus brazos, aunque técnicamente ya estaba en ellos, pero tenía que contenerme, no tenía que dar mi brazo a torcer, si seguía sintiendo su respiración sobre mi boca terminaría estampada en él y nadie me quitaría de sus labios… sería mi ruina, ya no podría negarme a mí misma que realmente me gustaba Edward.

"No te voy a besar, no te voy a besar, no te voy a besar…"

—Entonces, Bella —su susurro provocó un escalofrío intenso por toda mi columna vertebral —. ¿Qué dices?

—No te voy a besar, no te voy… —me callé.

¿Lo dije en voz alta? Madre Santa, que la mismísima Trinidad me ayudase, no podía haberlo dicho en voz alta, ¿Por qué demonios no callé mi boca? ¡Si seré tonta!

—¿Estás segura de eso? —sonrió tomándome de la nuca y dejando expuesto mi rostro ruborizado.

Cerré los ojos con fuerza, intenté no pensar, si los abría estaba segura que vería a Edward allí, riéndose en mi rostro, con sus labios tan cerca de los míos que me llamarían a rozarlos y no podría negarme. Él lo sabía…

Sus labios estaban tan cerca de los míos que sentía como el calor de ellos rozaba mi piel y ya no pude resistirme… deseaba besarlo intensamente, el muy maldito sabía eso, estaba jugando conmigo, por eso no se acercaba más a mí y concretaba el beso, esperaba que yo me rindiera y lo besara, él estaba allí dejando la carne más fresca al gato con más hambre, no era justo, no, definitivamente no lo era y él parecía disfrutarlo. ¡Como le detestaba! Y por más que llamase a mi fuerza de voluntad y aunque elevase al cielo una plegaria del porte del Titanic, sabía que sería imposible, así que rendida ante aquellos labios… los besé. Es que eran como el maldito chocolate medio abierto que dejaba la Sra. Robbins en su escritorio, era imposible no querer darle un mordisco a esa exquisita textura dulce. Los labios de Edward no respondían a mi beso, por más que me esforzase en hacerlo bien. ¿Qué pretendía este hombre? ¡Uy! De la rabia, llegué dejé mis dientes estampados en su labio inferior, a lo que él respondió con una insolencia.

—No te besaré nunca más en toda mi vida —grité antes de abrir la puerta de la habitación.

—Dudo eso —volvió a presionar mi muñeca —. Esta vez te enseñaré a como se da un beso.

Me tomó en sus brazos y no pude escapar de allí. Era imposible escapar de esa prisión que Edward Cullen provocaba en mí, sus labios se adueñaron de los míos con un frenesí que me fue imposible negar. Por más que intenté que mi boca permaneciese cerrada, dejé entrar en ella su invasivos labios que aún sabían a sangre por la mordida que le había dado.

¡Oh, maldita Bella! —me dije —. Has caído rendida como una abeja en el polen…

Me alejé suavemente de su boca por la inmensa necesidad de respirar, sus ojos permanecieron cerrados por unos segundos y cuando los abrió pude ver que no había burla en ellos, sino una dulzura exasperante que me aterrorizaba.

—¿Qué quieres de mí? —susurré aún en sus brazos.

—Lo que jamás creerías que quiero de ti —sonrió él.

Le miré sorprendida ante su declaración, sinceramente él siempre respondía con más enredos que su propio silencio. Ante mi sorpresa él sonrió con su típica ironía hasta en sus ojos se notaba.

—¿Qué es lo que quieres entonces? —dije sin ser capaz de mirarle a los ojos intentando jugar el papel de provocadora, aunque nunca había sido capaz de hacerlo bien.

—Ya te lo diré oportunamente —sonrió, besó mi frente y se marchó de la habitación.

Esa sensación de pánico escénico me llegó tarde. En esos momentos no era capaz de bajar al salón para ver a Emma, Richard, Alice, Rose, Christine y ahora Edward, no es que a Edward no podía verle la cara porque estaba segura que me ruborizaría al punto que todo el mundo se daría cuenta que algo andaba mal.

—¿Qué pasó? —dijo Rose —. ¡Ya cuéntanos!

—Ahora se hace la que no hizo nada —rió Alice.

Con tan sólo recordar todo lo que pasó sentí como el rubor recorría mis mejillas y se apoderaba de mi rostro por completo, sin contar el hecho que era capaz de articular palabras coherentes cuando recordaba los labios de Edward sobre los míos.

—Creo que su cara dice todo —rió Rose.

—Me besó —susurré.

—¡¿Qué? —gritó Alice.

—¡Que me besó! —grité riéndome —. Nos besamos y bueno…

—Ella me besó primero —oí la voz de Edward en la habitación…

—¿Se te ha hecho una mala costumbre entrar en las habitaciones ajenas sin golpear? —chillé.

—Sólo venía a dejarles a Christine un momento, Emma, Richard y yo tenemos que conversar —me entregó a la niña en los brazos y se marchó.

—¿Qué tiene ese hombre que va por la vida escuchando conversaciones ajenas? —dije furiosa.

Ambas chicas rieron, aunque por mi parte la risa era más por el nerviosismo que por otra cosa, no podía evitar sentirme algo histérica por la simple idea de quedar en evidencia demasiadas veces con el mismo hombre a tan pocas horas y el mismo mes.

—Supongo que tiene el sentido de la intuición bien desarrollado —rió Alice.

—Claro, y la que paga eso soy yo, que siempre termino hablando más de lo que no debería y más encima él me escucha —respiré —. ¿Es el karma?

—Kar-Karma —dijo Christine.

Sorprendidas jugamos con ella, mientras que Christine estuvo repitiendo las palabras con una exactitud muy mala, pero nos reíamos de sus balbuceos sin sentido que nos causaba risas a todas. Estuvimos toda la tarde con ella, luego se nos unió Emma que estuvo muy feliz con todas las ocurrencias de la pequeña. Fuimos a pasear por los establos, tuvimos que alejarnos de los caballos porque le dieron miedo y todos esos hermosos momentos fueron tranquilos porque Edward se quedó haciendo llamadas y todas esas cosas que hace un médico fuera de su ambiente.

—Es hermosa —sonrió Richard.

—Sí, lo es, si supieras cuanto me hace reír —sonreí.

—Pareces su madre —añadió Lisa.

—Pues es como si lo fuera —respondí mientras le limpiaba la boca a Christine que estaba saboreando el chocolate que le entregó Emma —. La crié desde que llegó al orfanato.

Esa noche cenamos todos juntos, Christine se fue a dormir temprano en la pieza de Edward, las chicas y yo estuvimos con Emma casi todo el tiempo, así que verlo se limitó a encuentros de pasillo por lo que me ahorré tener que hablarle o verle demasiado tiempo a la cara. Edward era muy fresco, no tenía cara de culpable, sonreía con naturalidad como si aquí nada hubiese pasado, hasta llegue a cuestionarme si lo había soñado.

—¿Has escrito a tu tutor? —dijo Emma.

—No mucho, la verdad—reconocí.

Emma comenzó a darme un sermón de que debía responder con más frecuencia porque sino Mr. Smith creería que era una desagradecida y comenzó a sonar como la Srta. Robbins por un momento.

—Buenas noches, hermosas mujeres —dijo Edward que llegaba con Richard.

—Creo que tiene razón, Emma, me iré a escribirle una nota de inmediato —dije y me marché de inmediato.

Estar frente a Edward no era simple. Él complicaba todas las cosas, me hacía ponerme nerviosa y más rápido que corriendo subí las escaleras antes que fuese evidente mi nerviosismo con la presencia de Edward.

Señor Misterioso.

Hoy no querré a ningún hombre que pise la faz de esta tierra, es que todo lo complican, así que nada de "querido señor Smith" o lo que sea. Esta noche no. Mejor será que le haga un favor a esta huérfana en apuros y me explique por qué los hombres son tan idiotas. Es que uno no los entiende, que te buscan, que luego te ignoran, después te besan y luego se lucen como floreritos de mesa. No tuve nunca una mamá o un papá, por lo menos una tía siquiera, que me explicase estos enredos del corazón. ¡¿Cómo iba a saber yo que los hombres son tan enredados para sus cosas? Si no soy adivina, más encima en el que me vine a fijar, parece que se burla de mí y de las cosas que me pasan, es tan molestoso y lo peor de todo es que no sé qué decirle o como responderle… ¿Cómo voy a soportarlo todos estos días?

Bueno, mejor me calmo, porque usted de seguro no tiene idea de lo que estoy hablando, o ¿Alguna mujer se comportó así con usted? ¿Le habrá explicado a una nieta lo complicado que son los hombres? Porque estoy segura que usted es un hombre mayor, porque si fuera un hombre joven de seguro no estaría pendiente de la beneficencia, de hecho ya lo comprobé, por un momento creí que le conocía ¿sabe? Pensé que usted era alguien de mi entorno y que fingía no serlo, pero después comprobé que así no era, no, ¡qué va! Usted es tan bueno, aunque un poco odioso, pero lo perdono, no es su culpa, usted es hombre. Pero no es malo y tampoco es una burlista de lo peor, sino que prefiere mantener en silencio sus buenos actos. Lo entiendo sabe, a veces también quisiese mantenerme escondida del mundo y que nadie supiese que existo y otras veces me desespera ser reconocida… ¿Serán complejos de artista y futura escritora profesional? No lo sé, pero bueno, ya falta poco para que regrese a mi college querido y llegaré con todas las energías de comenzar un nuevo año, aunque tenga desafíos intensos... Sé que esta vez los superaré, soy una mujer, después de todo. Pasamos por cosas terribles, como la agresión de los niños, las burlas y groserías de las niñas, la etapa de las espinillas, después las de la ropa, la etapa en que los niños no se fijaban en nosotras sino que en otra, soportar a un marido por el resto de tu vida, es como una condena, pero lo soportamos, también soportamos cargar a otro ser humano dentro de nosotros por nueve meses y más encima el dolor del parto y por si fuera poco los criamos y cuidamos como si fueran pollitos. Así que… ¿Qué más perfecto que una mujer?

Con cariño, una mujer fuerte y luchadora que está viviendo la etapa de que los niños la quieren y se ríen de ella.

Bella.

P/D: Si se digna a contestar esta carta defendiendo a los hombres no le escribo nunca más una.

Golpearon la puerta justo cuando puse el último punto de la carta. De seguro eran Alice y Rose, aunque era extraño que golpearan, de seguro creían que estaba con alguien.

—Pase —grité desde mi asiento.

—¿Escribiendo? —sonrió Edward.

—Si —respondí secamente.

Tenía que ser fuerte, esa mujer que se supone que tenía que ser, ya estaba grandecita como para andar con miedos y esas cosas.

—¿Qué quieres? —insistí al ver que se disponía a tocar mis cosas.

—Muchas cosas —sonrió.

—¿Podrías ser más especifico? Después de todo, parece que el aire Europeo te embolinó las neuronas —dije sin quitarle los ojos de encima.

—O quizá el aire Parisino provocó en mi una sensación de amor ¿No crees? —rió mientras se acercaba a mi escritorio.

Doblé la carta y la escondí para que él no la pillase, no podía leerla porque se creería el cuento y se las daría de señor importante, cosa que no sería agradable si ya tenía una batalla con su ego desde mucho antes.

—No, no creo —sentencié.

Edward se acercó a mi silla y se sentó frente a mí, corrió la silla hasta que quedamos lo suficientemente cerca como para que no pudiese escapar, aunque sinceramente no quería huir a ningún lado.

—¿Es necesario conversar tan cerca? Sabes, no soy sorda —alcé las cejas.

—Lo sé, soy yo el anciano aquí —sonrió.

—Gran diferencia un par de años —murmuré.

—No es un par, son más, pero ¿Quién los cuenta? —sonrió nuevamente.

—¿Qué quieres? —insistí.

—Algo especial de ti, Isabella Swan —sonrió.

—No te besaré de nuevo —afirmé.

—Lo mismo dijiste anteriormente —se acercó aún más.

Era un desafío, su boca cerca de la mía era una gran prueba, no podía negar que sus labios eran adictivos, pero no podía demostrarlo abiertamente más de lo que ya lo había hecho, parecía una ridícula y él se reiría de mí y de lo infantil que era. Él robó mi primer beso y es mi primera experiencia semi romántica con alguien, así que lo mejor sería no tomarlo en serio, de seguro él estaba jugando conmigo como lo hacía con todas.

—¿Me vas a decir que quieres de mí? —insistí.

Acercó sus labios a los mío casi rozándolos, era menos de un centímetro lo que nos separaba, pero esta vez no caería como tonta, si él quería besarme, pues que lo hiciera.

—Pues… quiero —susurró mientras yo me preparaba para el beso — que recuerdes el cumpleaños de Christine, porque lo celebraremos aquí.

Dicho esto se alejó de mi rostro, se levantó de la silla y se alejó, al cerrar la puerta me guiñó un ojo, puso su maldita sonrisa burlesca y se marchó.

¡Si será… el muy cretino!


Hola mis niñas.

¿Cómo están? espero que todas muy bien.

¡Sorpresa! Actualicé relativamente pronto ¿No?

Bueno, como ya ven nuestra Bella no puede negar que le gusta Edward, conste que no está enamorada de él, sólo le gusta.

Ya veremos que ocurre en el siguiente capítulo... pero ... ¿Por qué Edward está así de picarón por la vida?

En el próximo capítulo sabremos más.

Cariños.

ManneVanNecker

P/D: Las invito a pasarse por mis One Short e historias en mi profile.