Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XXI.
Christine
Previamente en Mr. Misterious:Caroline comienza a contarle la historia a Bella, una historia que concentra la posibilidad de que Christine sea hija de Sussan, por ende podría ser hija de Jacob o Edward. Cuando Edward le dice a Bella que Christine y ella son de él, Bella le pregunta si es el padre de Christine.
Edward me miraba con los ojos más grandes que había visto jamás, sabía que había sido un golpe bajo, pero de seguro este había sido uno lo suficientemente bajo y fuerte como para dejarlo sin aliento y con un rostro increíblemente pálido. Era muy divertido verle así de asustado, jamás creí que consiguiera dejar a Edward Cullen sin habla.
—¿Quién te lo dijo? —gruñó.
—Eso no importa —sentencié.
Creo que no pensé que podría poner en problemas a Caroline con esto. Simplemente pensé que sería divertido verle en una situación incómoda y quizá obtener algo de información, pero mis motivos egoístas no dieron el fruto que esperaba.
—Dime —gruñó más intensamente —, ¿Quién te dijo eso?
Sus ojos estaban encendidos, casi furiosos. Por primera vez lo vi tan a la defensiva, si la rabia pudiese graficarse de alguna manera, yo estaría siendo quemada viva en estos momentos.
—¿No lo niegas? —insistí, dándome valor para enfrentar esta oportunidad que podría ser única.
Edward soltó su mano que me mantenía pegada a él, llevó su mano a la cabeza y comenzó a caminar por mi habitación. Parecía un león enjaulado, uno de esos grandes leones que aterran con solo mirarlos, el problema es que ahora me aterraba porque parecía que fuese a rugir justo frente a mí.
—¿Edward? —volví a insistir —. Estoy cansada de tus intrigas, de las mentiras, de intentar saber quién es Mr. Smith, esto agota ¿Sabes?
—Hay verdades, Isabella, que no te corresponde conocer.
—Pues si se trata de Christine, me merezco saberlo, Edward, más cuando está en manos de alguien en quién creí confiar —bufé.
—Para ser una muchachita muy vivaracha confías demasiado —dijo secamente.
Edward se sentó sobre mi cama, revolvió su cabellera y me miró mientras sostenía su cabeza con ambas manos. Sabía que esto le complicaba, jamás pensé que tanto, aunque dudaba que me dijese la verdad, me servía verle así para sentirme recompensada.
—Se supone que eres mi tutor, eres alguien en quién, me guste o no, debo confiar —intenté jugar el papel psicológico en todo esto, no era muy buena en eso, pero intentarlo no haría que perdiese nada.
—¿Quieres saber la verdad? —arrastró las palabras —. Pues si quieres saberlas tendrás que soportar el cumpleaños de Christine con la mejor sonrisa.
—No estás en una situación en la que puedas ponerme condiciones, Edward, así que si quieres que baje con la mejor sonrisa, entonces tendrás que explicarme ¿Por qué todo el mundo cree que Christine puede ser tu hija o la de Jacob? Y ¿De quién demonios es?
Edward me miró fijamente, pensé que me elevaría la voz y me reprendería, pero todo lo contrario se quedó mirándome como si con su mirada me dijese todo, aunque en realidad yo no veía más que un hombre complicado con la verdad.
—Sabrás la verdad bajo una condición, Isabella y esa será que nada de lo que te diga dentro de estas paredes podrás contarlo, a nadie, ni siquiera en un confesionario ¿entendiste? —asentí en silencio —, puede que esta historia tarde más de lo que sea necesario, así que déjame dar aviso que retrasen un poco el inicio de la fiesta y vuelvo.
Una vez que Edward se marchó no podía creer que me fuese a decir la verdad, no había esperado que accediese a mi requerimiento ¿realmente me diría la verdad? Eso esperaba. Estuve ansiosa en la habitación esperando su regreso, no tardó más de cinco minutos cuando estaba de regreso con una chica que nos traía té y galletas. Una vez que se marchó él se sentó a mi lado.
—¿Y bien? —dije para que se animara a continuar.
—¿Sabes de la madre de Christine? —asentí —. Bien, Sussan era una mujer excepcional, creo que nunca llegué a olvidarla del todo, cuando eligió a Jacob, no había nada más que hacer, entendía que ambos querían estar juntos y que yo, simplemente era parte del pasado. Pero cuando Jacob terminó con Sussan, ella sufrió mucho, la verdad es que a esas alturas, Jacob ya presumía sus estudios universitarios y tener a Sussan de novia no le ayudaba a presumir demasiado, así que por esos motivos y supongo que algunos otros termino con ella. En esos momentos estuve allí, consolándola y deseando que no llorase más. Luego de un par de años, ella comenzó a olvidarlo por completo y nuestra unión se fue haciendo fuerte, éramos grandes amigos y nos contábamos todo, incluso ella me confesó las veces que Jacob le había pedido perdón para que volviesen pero ella lo rechazó. Una noche, en una fiesta junto al lago, nos besamos. Esto fue hace aproximadamente dos años y medio, comenzamos a salir hasta que una noche consumamos, bueno, luego de eso Sussan lloró toda la noche, no comprendí por qué, hasta que me confesó que aún amaba a Jacob, que me quería, pero que no podía olvidarle. Me sentí el hombre más idiota del mundo, me sentí poca cosa y sucio, me alejé de ella y creí odiarle, pero no fue así, a pesar que volvió con Jacob, a los pocos días de haber terminado nuestra secreta relación, intenté alejarme de todo y marcharme, pero no pude hacer oídos sordos a la verdad que se esparcía en esos momentos…
—Que ella estaba embarazada —interrumpí.
—Así es. No la critiqué por volver con Jacob, pero quería saber si ese bebé que esperaba era mío, así que esperé hasta que ella tuviese al bebé, pero eso jamás llegó. A los dos meses ella se ahorcó dejándonos con la gran duda si había dado a luz o si había abortado. Cuando volví al Orfanato Francisco de Asís y comencé a tratar a algunos niños, tuve que ver su procedencia y detalles de las fichas que eran acceso restringido, fue entonces cuando vi quién era la madre de Christine y no pude evitar quererla. Por esos entonces, no era el único que pretendía a Christine, el padre de Jacob había hecho sus averiguaciones y había pedido apadrinar a esta pequeña, pero falleció a los días de solicitado el proceso.
En ese instante la puerta sonó. Edward se silenció y con un débil "adelante" esperé que abrieran la puerta. Era Emma. Sinceramente esta mujer parecía tener un radar para interrumpir aquellos momentos en los que por fin estaba por averiguar algo importante. Era definitivamente una bruja de la antigua escuela, era impresionante con qué ligereza llegaba a interrumpir conversaciones.
—¿Están listos para comenzar? —sonrió mirando a Edward.
—Aún no, querida tía, pero bajaremos en unos minutos —respondió.
—Pues deberían bajar ahora, los invitados están impacientes y Christine al parecer también —volvió a sonreír.
—Lo haremos en un instante, sólo déjanos unos minutos más —dijo suavemente Edward.
Emma abandonó la habitación, no sin antes enviarme una mirada extraña, una mezcla de severidad y suplica. No comprendí que querría decirme, pero fuese lo que fuese parecía menos importante de lo que Edward podría decirme.
—Continúa —insistí.
Edward tomó su taza de té y renovó aquel líquido. Bebió un par de sorbos antes de continuar.
—Cuando solicité la tenencia de Christine, no pensé en si fuese mi hija o no, sólo me bastaba con saber que era lo último que me quedaba de Sussan, era la última persona que podía pertenecerle, así que, sin importar si era el padre o no, quería cuidarla —aclaró su garganta —, quizá eso sería lo que en esos momento Sussan querría. Cuando obtuve la tutoría, gracias a ti, me sentí el hombre más feliz del mundo, pero tuve miedo de hacerme el examen de ADN, no quería decepcionarme al saber si ella era o no mi hija, existía la posibilidad de que no lo fuese y si resultaba así no quería dejar de quererla como hasta ese entonces lo hacía, así que me acobardé y olvidé aquel asunto, pero…—se detuvo.
—¿Pero?
—Pero Jacob insistía, las cosas entre nosotros no habían estado bien el último tiempo, Jacob comenzó a fastidiar con que si Christine era la hija de Sussan él tenía derecho a saberlo, él había sido la única pareja de Sussan, que ellos habían vuelto a estar juntos que yo no tenía derecho a robarle a su hija. Lo que él no sabía era que yo había tenido una relación previamente con ella.
—¿Por qué no se lo dijiste?
—Contarle a Jacob que había estado con Sussan poco antes que él, sería ensuciar el nombre de alguien a quién quise mucho, además Sussan no podría haberse defendido porque ya no estaba aquí y quizá para mucha gente Sussan no fuese más que una cualquiera, pero ella tuvo sus razones para dejarme y volver a intentarlo con Jacob, así que no quise ensuciar su nombre y me silencié.
Nunca pensé que Edward pudiese tener buenas intenciones para con alguien, verlo de este lado tan humanitario y que no fuese por Christine me llevó a pensar si el Edward que yo conocía quizá no fuese el real Edward, quizá conmigo no fuese más que un producto de sufrimientos previos amorosos, pero me intenté alejar de esas imágenes tiernas de Edward que se me venían a la mente, después de todo, por más que me estuviese contando la historia, aún me debía explicar esos momentos infantiles que le bajaron de su vuelta de Europa y por sobre todo tiene que explicarme el por qué me mandó a investigar.
—Una buena obra, incluso proviniendo de ti —sonreí.
—Créeme, hubo un momento en el que Sussan fue todo para mí —susurró.
Quizá no debí haberme burlado de él, no de esa manera, sus ojos parecía algo abrumados, su clásica sonrisa pícara había desaparecido, mostrándome a un Edward frágil, un Edward al que no estaba acostumbrada a ver, pero del que resulta fácil sentirse atraída.
—¿Y qué pasó? —insistí.
—Bueno estuve dos meses sin saber qué hacer, no quería sentirme culpable teniendo a la hija de Jacob Black, así que no le hice el test de ADN.
—¿No le hiciste el test? —gruñí —. No me puedes haber contado toda esta historia para finalmente decirme que no sabes quién es el padre y que quizá exista la escasa posibilidad que no sea ninguno de ustedes dos. ¿Qué demonios pasa por tu cabeza?
—Cálmate niña —sonrió —. Admito que te ves hermosa molesta, pero si gritas, sinceramente no podré seguir contándote nada.
—Bueno, entonces ¿Qué sigue? —fruncí el ceño.
Edward me miraba muy sonriente, tan ligero de cuerpo que estresaba verle en un papel tan sensible, para luego verlo en algo todo lo contrario, era impresionante como podía jugar a los dos bandos y estresarme de esa manera.
—Eres demasiado curiosa, si quieres averiguar más me deberás dar algo a cambio —sonrió.
¡Ya me imaginaba yo que esta información no me saldría barata! ¡Por supuesto que no, es Edward Cullen, genia! Esperar algo gratuito de él es como pedirle a Mr. Smith que se apunte con un letrero de neón para saber quién es. A veces entiendo cuando en el Orfanato un niño me decía: "Hay estúpidos y Bella Swan", en estos momentos su frase era absolutamente cierta.
Edward se acercó aún más a mí y ya me veía venir que haría ahora. De seguro me besaría, pero no estaba segura que esta información costase un beso. ¿Qué tal si nunca se había hecho el dichoso test y yo aquí regalándole besos? ¡Ah, no, no señor, ahora tengo oportunidad de darle vuelta la tortilla!
—Si no me dices la verdad, le diré a Jacob que estuviste con Sussan y que Christine puede ser hija de ambos —le amenacé alejando nuestras bocas.
—Si haces eso, tu conciencia quedará muy mal, habrás destruido el cumpleaños de una inocente niña y además la memoria de una difunta —sonrió de medio lado con suficiencia.
¡Como me exaspera este hombre! —chillé para mis adentros —, siempre tenía la palabra perfecta para joderme todos mis planes. No me quedaba otra que maldecirlo en silencio, porque si lo hacía en voz alta de seguro tendría una respuesta para joderme también.
—¿Entonces? —volví a fruncir el ceño —. ¿Qué quieres a cambio? —se acercó aún más a mí —. ¡Ah, no! Olvídate de los besos.
—No seas egocéntrica, Bella, tus besos no suponen ninguna tentación para mí —rió —, es más los obtengo cuando quiero.
—Pues esta vez no será así —reclamé y me alejé de él.
—Quiero que tengamos una cena tu y yo a penas vuelvas a Seattle —sonrió.
¿Una cena? ¿Para qué querría cenar conmigo? ¿Qué no le basta el té con galletas? Niño rico malcriado, eso es lo que es, un niño en cuerpo de adulto, malcriado como él solo, pero qué más da, es Edward Cullen, quién con una sonrisa vuelve a todas locas, no moriré por ir a cenar una vez con él, así que…
—Que sea sólo una cena —sentencié.
—Así será —rió.
Su rostro demostraba que estaba más que conforme con el trato, lo que me hacía pensar que de todas maneras yo salía ganando, era solo una cena, donde comería bien, disfrutaría el lugar y sería todo, luego de eso, él tendría que llevarme de vuelta al College y estaría a salvo.
—Será mejor que continúes con la parte importante de la historia si no quieres que me arrepienta—confesé.
—Bueno, luego del accidente, tenía miedo que Jacob tomara represalias contra mí, incluso llegué a pensar que él podría haber estado detrás de ese horrible suceso, pero luego lo descarté cuando me llamó para hacer las paces y todo volvió a la relativa normalidad, no era que fuese como antes, de hecho casi no nos hablamos, pero era mucho mejor que nada —reconoció —, así que en ese momento decidí hacer el famoso test de ADN.
—Entonces ¿Eres tú el padre de Christine? —insistí.
Edward ya no podría retrasarlo más, era el momento exacto en que tendría que decirme al fin si era cierto o no, intenté adivinar la respuesta en su rostro, pero me era imposible, no apartó la mirada por un segundo, no había detalle que pudiese hacerme pensar que Edward podría ser el padre de Christine, ninguna señal que me dijese algo, simplemente su rostro parecía una tela en blanco y estaba mirándome directamente a los ojos, sin apartar la mirada por un segundo.
—Si —su voz parecía seca —. Soy el padre de Christine.
Hola chicas.
¿Cómo están mis niñas?
Al fin ha vuelto esta escurridiza amiga que se llama Inspiración.
Creanme cuando les digo que no es fácil tener tiempo para escribir y no tener inspiración.
Pero aquí estoy de vuelta para ustedes, espero que no me hayan abandonado, ni mucho menos a esta historia.
No sé por qué no he podido devolver reviews, pero los leo toditos toditos.
Cariños y gracias por su respaldo en esta hermosa historia.
¿Les gustó el cap?
Manne Van Necker
