Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XXII.

Detrás de la puerta


Previamente en Mr. Misterious:Bella comienza a preguntarle a Edward cosas de su vida y este responde a ellas con sinceridad. Hasta que finalmente reconoce ser el padre de Christine.


Importante información a final de capítulo.


¿Qué? A ver… —pensé —, ¿Escuché bien? ¿Qué demonios? Edward había reconocido que era el padre de Christine. ¿Qué significaba esto para mí?

Me dolía la cabeza de sólo pensar en lo que ocurriría ahora. Christine ya no sería más mi niña mimada, ahora le pertenecía a alguien, a un padre, un protector, alguien que podría cuidarla y amarla como si fuera de su familia, porque de hecho lo es. Él es su papá y yo… sólo la chica que la cuidó cuando no tenía nadie. Era doloroso reconocerlo, pero era cierto.

—Bella —su voz zumbó en mi cabeza —, Bella.

No me interesaba lo que me pudiese decir, lo que quisiese explicar. Había mentido, si, lo había hecho. Él, el buen médico, con un corazón grande había decidido adoptar un niño simplemente por bondad. Según él no sabía en un inicio que Christine podría ser su hija, pero fue egoísmo, sabía que la pequeña era hija de Sussan y quizá también suya. No había acto de bondad en esto, sino egoísmo. Edward nos había engañado, una vez más sentía una profunda decepción y una gran pérdida.

—Bella —Edward me tomó del brazo sin quitar sus verdes ojos sobre los míos —. ¡Reacciona mujer!

—Me estás diciendo que eres el papá de la única persona en el mundo en quién creí pertenecer, a la única que sentí como mi familia, me estás diciendo que eres su padre, que podría haber sido hija de Jacob, pero que finalmente es tuya y ¡Quieres que me calme! —le grité —. No quiero hablar contigo, Edward. No me interesa, eres un hombre irresponsable, que dejó embarazada a una mujer, quizá que mentira me dijiste y simplemente no quisiste hacerte cargo del bebé de Sussan ¿No? Le echas la culpa a Jacob y que dejaste a Sussan porque ella realmente amaba a tu primo y no a ti… ¡qué acto de bondad de parte tuya! —me levanté y caminé hacía una de las ventanas —. No quiero que me molestes, ándate de aquí.

Sinceramente, parecía una loca de remate gritándole así a Edward, pero es un mentiroso, es un gran mentiroso. Todo este tiempo sabía que Christine era su hija y me lo ha negado por completo, realizó los trámites de adopción cuando pudo haberlos evitado y reconocido que era su padre. ¿Por qué no ha querido hacerlo? ¿Qué tiene que esconder?

—Ándate —esta vez se lo pedí con más calma.

—Isabella —su voz esta vez era ronca y arrastrada, no era un ruego ni una súplica, era una suave orden, pero imponente —. Siéntate.

Como estúpida me senté a su lado, no se me quitaba la rabia, pero sentarme era una opción que ya tenía contemplada cuando mis piernas comenzaron a flaquear. Por un instante Edward se quedó callado, esperé que dijese algo, pero miró hacía el suelo por unos instantes antes de continuar.

—Isabella —su voz sonaba intensa —. Verás, las cosas no son como tú las crees o las deduces —suspiró —. ¡Dios, eres demasiado infantil! —lo dijo más para sí que para mí.

—No soy infantil —le critiqué —. No es llegar y pensar en que Christine a la que amo como una hija, resulta que es tú hija.

—Claro y no soportas amar una parte de mí ¿No? —sonrió sarcástico.

—¿Amarte? —reí —. Por favor… no me cambies el tema, dime ¿Decidiste adoptar a Christine antes o después de saber que era tu hija? Porque no creo nada eso de que el test lo hiciste después.

—No tengo por qué darte estas explicaciones, Isabella, francamente no debería perder el tiempo contigo. Da igual el modo en que me enteré que soy el padre de Christine, de hecho ni siquiera debería importar. Soy el padre de Christine y eso no lo puedes cambiar —me sostuvo con sus fuertes manos —, pero eso no es lo que quiero hablar contigo ahora.

Se estaba acercando a mí mucho más de lo que esperaba, no más de diez centímetros separaban nuestros rostros y yo sólo sentía temor. Temor de caer en sus brazos con tanta facilidad, de perderme en esos ojos verdes y de reconocer que estaba demasiado hundida en su mundo que no me di cuenta cuando terminé sintiendo así.

—Edward —me alejé lo que más pude sin tener que soltarme de sus brazos —. Lo siento —me mordí la lengua para no soltar todas las disculpas que tenía que darle, sabía que mi comportamiento había sido infantil.

—No hay nada que disculpar —acarició mi mejilla con su mano —. No te conté esto para que me pidas disculpas, ni mucho menos. Sabía que podrías reaccionar así, te conozco, Bella, incluso más de lo que crees.

¿Conocerme? Ni siquiera yo era capaz de precisar cuánto me conocía. A veces no puedo predecir que lo haré. ¿Conocerme? Ni siquiera era capaz de reconocer aquellas cosas que en mi interior pasaban, como por ejemplo mi cuerpo cuando habla cada vez que Edward lo toca. Como mi corazón parece expulsar electricidad por todo mi cuerpo, como se me forma un nudo en la garganta cada vez que me doy cuenta de lo que siento por él y de cómo reacciono infantilmente cuando quiero evitar caer en una extrema sinceridad que termine por soltarlo todo.

—¿Conocerme? —fruncí el ceño —. No lo creo.

—Eres una niña aún —sonrió mientras su dedo tocó la punta de mi nariz —. Una odiosa niña, por cierto, pero a pesar de eso no me molesta que lo seas, todo lo contrario.

—¿Qué quieres decir? —tragué saliva nerviosa.

Sabía lo que iba a decir, no es que uno sea tonta ¿No?, uno sabe cuando alguien te va a decir algo, algo que te hará sentir feliz o incomoda. Usualmente sabemos que es lo que nos dirán, pero no podemos evitar sentir que la piel se nos eriza, el corazón late con fuerza y ya no sabes dónde mirar, si mirarlo a los ojos y parecer loca psicópata que quiere que se lo digan pronto o mirar al suelo y parecer una tonta sumisa.

—Bueno, Bella —sonrió —. ¿Qué quieres que te diga?

¿Qué? Eso no me lo esperaba, se suponía que en mi imagen mental él me diría algo de lo que sus ojos me dicen y yo como estúpida podría decirle lo que yo esperaba que mi boca dijese sin tener que pensar lo tanto y dejando fluir los sentimientos ¿no?

¡¿Por qué demonios los sentimientos nos ponen así de estúpidos? —pensé —. Y yo que recibí cuota extra.

—Será mejor que bajemos —ordenó, acariciando mi hombro antes de levantarse.

—Si —susurré sin pensar demasiado.

Me levanté y vi su cuerpo en el umbral, si fuese un poco más alto que tendría que agacharse para pasar debajo de la puerta, su cuerpo era increíblemente bien trabajado, no en exceso, pero si perfecto. Me levanté para seguirle, entonces el voltea y me mira.

—Pero si te ves guapísima —sonrió —. Si sigues así le robarás el corazón a Black.

Sí, claro —me dije —, de seguro iba a creerme una segunda Sussan para andar jugando con el corazón de medio mundo.

Bajé para darme cuenta que habían comenzado la fiesta sin nosotros y tal cual como lo había dicho Edward, Jacob Black estaba allí, junto a Richard, Caroline, Emma y Lisa. Habían invitado los niños de los granjeros que trabajaban en la hacienda y podía ver una mesa llena de pequeños mirando desesperados la comida. Alice y Rose se paseaban con Christine con una hermosa corona.

—Y ya bajaron los tortolos —susurró Caroline cuando nos vio bajar, pero Edward no dijo nada.

Christine mostraba sus pequeños dientecitos y sonreía con sus ojos hermosos, grandes y llenos de múltiples pestañas crespas. Sonreía con tanta liviandad y alegría que solo un bebé podría hacerlo de esa manera. Me acerqué a ella, sentí su aroma y sus ojos se posaron en mí, entonces supe que jamás corrí peligro de perderla, que a pesar que Edward fuese su padre no cabía duda que ella en parte también me extrañaba y me quería.

La fiesta estuvo maravillosa, sobre todo cuando comprendí que Christine siempre sería mía, de cierta manera. Todos estuvieron encantadores, aunque no pude evitar pensar cuántos de ellos estarían al tanto que Christine era la hija de Edward. ¿Jacob lo sabría? Mientras pensaba eso, se acercó a mí con un vaso de bebida.

—Hola, Isabella —sonrió —. ¡Te ves preciosa!

—Muchísimas gracias—sonreí —. ¿Cómo has estado?

Intenté ser civilizada, dentro de esta habitación, lo más probable, es que estuviese Mr. Smith. Edward me miró de reojo mientras hablaba con su primo y noté cierta preocupación en sus ojos. ¡Claro! —pensé—. Edward me soltó la bomba de su paternidad para que no estuviese pendiente de la presencia de Mr. Smith aquí.

Tenía que estar aquí, siempre sospeché de alguno de los Black o de Edward… ¿Estaría aquí? ¿Emma le habría pedido que me distrajese? Respiré profundo en intenté calmarme, de seguro que esto era producto de mi imaginación. Miré a Rose que me sonrió y señaló la escalera. Quería que subiésemos. ¿Tendría noticias? Quizá ella y Alice lograron escuchar algo de lo que estaba pensando. Me excusé con Jacob, subí las escaleras y las esperé en nuestra habitación.

—¡Bella! —chilló Alice —, dime ¿Qué te dijo Edward?

Se trataba de eso, yo pensaba que era otra cosa más interesante, así que les conté todo lo que habíamos hablado, resumiendo lo más posible todo para pensar en algún plan, ya estaba cansada de todo este juego. ¡Quiero descubrir quién es y no pienso descansar más!

—No puede ser —dijo Rose —. ¿Es verdad? ¿Estás segura?

—Eso es lo que Edward dijo —respondí.

—Sinceramente, se parecen un poco —susurró Alice.

—Bueno, como sea, no me interesa ahora… quiero que nos pongamos en plan de descubrir quién es Mr. Smith y quiero que lo hagamos ahora. Cada una de nosotras deberá tratar de descubrir información. Alice tú le preguntarás a Richard, estoy segura que él sabe algo y tú Rose, pregúntale a Caroline, también creo que sabe algo. Yo… estaré revisando la oficina de Emma, así que cualquier cosa, eviten que alguien suba. ¿Está claro? —ellas asintieron.

Cuando salí de la habitación caminé por el pasillo del segundo piso y me dirigí en silencio hasta la oficina de Emma. Estaba de pie en la puerta dándome todas las fuerzas del mundo para atreverme a girar el pomo de la puerta, cuando escuché una voz conocida. Era Edward hablando. Sé que la Srta. Robbins me habría criticado toda mi vida por escuchar detrás de las puertas, pero no lo pude evitar, mi sexto sentido me decía que debía escuchar, que algo de allí podría servir…

—No, no —decía Edward —, esa transacción debe ser a primera hora, no puede esperar.

De vez en cuando Edward hablaba demasiado rápido, o caminaba por la oficina, por lo que sus pasos y distancia hacían que fuese difícil oírle, sólo podía oír frases entrecortadas.

—Sí, debes buscar otro lugar, hablar con el encargado y decirle lo que ocurrirá. No, nadie puede saberlo. Confío en ti, tú podrás mantener esto en orden, sólo dame unos días más para permanecer aquí y cuando logre viajar me pondré a trabajar en ello —le decía a la otra persona detrás del teléfono —. No, Jacob está aquí, podré hablar eso con él, si de seguro querrá mantener esto hasta finales de año, luego podríamos hacerlo público. No, no le molestaría, después de todo la idea era la de él, yo sólo seguí esto. Si, muy bien Seth, así será.

¿Escuché bien? Estaba hablando con Seth, habló de Jacob. ¿Sería Jacob Mr. Misterious? Después de todo algo decían del plan y no sé qué más. ¡Mi cabeza es un torbellino! Intenté pegar más el oído a la ranura de la puerta, tenía que decir algo que tuviese concordancia, que pudiese comprenderlo, tenía que hacerlo.

—Seth —dijo —. Escúchame, quiero que esto se acabe luego, si no podemos hacerlo luego corro gran riesgo de perder el único momento en el que podría hacerlo, después sería demasiado tarde. Amigo, confío en qué lo harás bien y lograrás convencer a Jacob de que todo esto debe terminar. Si, le he dicho un par de veces que es mejor hacerlo así, que no hay diferencia entre ponerle un nombre y un rostro.

Ya no me cabía duda, debían hablar de John Smith, tenían que hacerlo, lo que no entendía era que monos pintaba Jacob en la conversación. ¿Qué tenía que ver él en el asunto de nuestro tutor? ¿Por qué él debía tomar la decisión?

—Sí, hoy hablaré con él de este asunto —hubo una pausa —. Sí, estamos en el cumpleaños de mi hija, le haré venir a la oficina y lo hablaremos —otra pausa —. Si, lo sé, nadie debe saberlo.

No debía arriesgarme a escuchar más y ser sorprendida. Me alejé con el corazón latiendo en mi garganta y me quedé un rato en la fiesta. Sabía que estaba pálida, estaba segura. Rose y Alice seguían con el plan, me acerqué a Christine y estuve con ella, mientras Emma le daba pedacitos de torta. Estuvieron todos conversando, mientras mecía a Christine, vi como Edward llamó a Jacob que conversaba con Lisa y este subió las escaleras.

—Discúlpeme —dije a Emma —, iré a limpiar a Christine, se ha ensuciado toda con tanto regaloneo.

—¡Oh, sí! —Sonrió Emma —, es increíble como los niñas no duran nada con la ropa limpia.

Asentí mientras le sonreía y subí las escaleras. Sabía que no me había creído del todo, esta mujer es demasiado inteligente como para convencerse con algo tan sencillo, de seguro estaría al pendiente de lo que hiciera, yo sólo necesitaba escuchar una parte especifica de la conversación y estaría todo en su lugar. Sólo esperaba llegar en el momento preciso.

—Quédate en silencio corazón —le susurré a Christine una vez fuera de la puerta, aunque sabía que no me comprendería, prefería creerlo así.

Pegué la oreja a la puerta mientras mecía a Christine en mis brazos y jugaba con ella. Podía oír claramente ambas voces masculinas.

—Jacob, por favor, sé que no te he pedido nada, pero esto es importante, creo que sabes lo que es perder algo así y no quiero que a mí me ocurra, debemos decir la verdad —sentenció Edward.

—No podemos hacerlo ahora, si Emma se entera… —añadió Jacob—, además este plan fue tuyo, no mío, yo pensaba ponerle nombre y apellido de inmediato, tú insististe que no fuese así.

—Eres tú el único que puede quitarnos este peso de encima a Seth y a mí. Hemos estado mintiendo todo este tiempo, formas parte de esto tanto como cualquiera de nosotros, sólo te pedimos que nos des una mano —rogó Edward.

—Está bien, envía una nota y haremos una hermosa reunión tutor-ahijadas, pero no me pidas que esté sonriente todo el tiempo, no después de la bomba que me soltaste —gruñó.

—Sabías que Christine era mi hija, sólo necesitabas el test de ADN, pero no me cambies el tema. Mañana antes que te vayas dirás todo a Bella, Rose y Alice, luego de eso todos podremos respirar mejor —añadió Edward.

—Todos menos yo —gruñó Jacob.

¿Jacob? ¡Jacob era Mr. Misterious y Edward le estaba rogando para que nos dijese la verdad! ¿Por qué no nos había querido decir nada? ¿Por qué tuvo que rogarle Edward que quisiese contarnos la verdad? ¡Jacob era Mr. Smith! Mi corazón latía rabiosamente, tuve miedo por un momento que me delatase. Acaricié a Christine y la mecí un poco, quería seguir escuchando.

—¿Qué le dirás a Bella cuando todo esto acabe? Digo, solo por curiosidad —añadió Jacob.

¿Qué tenía que hacer yo metida en esto? ¿Por qué hablaban de mí?

—Sé que nunca podré acercarme a ella de verdad, si ella no confía en mí y una de las cosas que no confía es que no le diga quién es Mr. Smith, una vez diciéndoselo podré estar en paz con ella y decirle lo que siento…

—¿Quieres que revelemos esto sólo por ella? —parecía sorprendido.

—Es más de lo que puedo explicar, Jacob.

—Es sólo una niña, Edward. Entre ustedes dos existe mucha diferencia de edad y después de todo, Christine es tu hija y no sé si Bella tenga intereses amorosos en ti…

—Eso es algo de mi incumbencia Jacob, jamás me interpuse en el camino cuando estaba Sussan…

—Sí, si lo hiciste, me la robaste —gruñó Jacob.

—Nos amaba a ambos, Jake, cuando tú la dejaste, ella reconoció eso, pero siempre te amó más a ti, ambos sabemos eso —la voz de Edward parecía apagarse.

—Sí, pero a ti te dejó parte de ella, te dejó a Christine —gruñó.

—Puede ser, pero nunca me sentiré completo sin Bella y sé que tú lo sabes —sentenció Edward.

Había escuchado demasiado, no podía pensar, la claridad se marchaba de mí y Christine se estaba tornando cada vez más intranquila. Me alejé de la puerta lo más rápido posible y me fui hasta mi habitación, intentando no pensar nada, aunque ya tenía un atisbo de migraña. Esta sería una larga noche.


Buenas tardes (en mi país)

Espero que todas estén bien y les haya gustado este capítulo de Mr. Misterious

Quedan cada vez menos capítulos para el final de esta historia que me encanta.

Debo decirles algo importante a todas.

Hoy he lanzado mi primer Original, sé que muchas de ustedes quizá no les interesa leerlos, pero estaré agradecidas de aquellas que deseen pasarse y comentarlo en mi blog.

Summary: Kenneth es un potenciado, un ser humano con capacidades especiales. Ha sobrevivido a un sinfín de cambios biológicos y médicos que han logrado hacer a la humanidad una súper raza, pero la debilidad ya no es lo físico, sino lo emocional, así lo descubre cuando conoce a Gabrielle, una chica promedio, a la que deberá someter a fuertes cambios psicológicos, dentro de esos: Borrarle la memoria, incluso si no lo desea.

"No se trata de lo que deseas, sino de lo que necesitas"

Kenneth

Si quieres leerlo, encontrarás el Link en mi profile, sino aquí el Link (quita los espacios)

mannevannecker . blogspot . com /2011/12/prologo . html

Desde ya muchas gracias a todas.

Manne Van Necker