Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XXIII.

Mr. Smith


Previamente en Mr. Misterious: Bella se entera que Edward es el padre Biológico de Christine, además se propone averiguar quién es Mr. Misterious hasta que escucha una conversación entre Edward y Jacob, no sólo se entera de que Jacob reconocerá que es Mr. Smith, sino también de la confirmación de los sentimientos de Edward hacía ella.


Cuando recibimos la carta de Seth señalando que Mr. Smith se reuniría con nosotros ese mismo día a eso de las 17:00 hrs, para nosotras no era sorpresa. Había corrido a contarle a Rose y Alice todo lo que había oído a excepción de la última parte. No podía reconocer lo que Edward sentía por mí, no porque no quisiese corresponderle, sino por el miedo a que todo fuese una inútil ilusión de la que terminaría sufriendo después.

Para variar, la espera se hizo prolongada, las manecillas del reloj parecían empeñadas en no moverse ni un solo poco y lo peor, Christine había estado con una actitud de los mil demonios. Edward había estado de allá para acá con papeles y cosas que no entendía muy bien, pero había estado lo suficientemente ocupado para evitarme toda la mañana, no sabía si lo hacía al propio o definitivamente sus quehaceres le alejaban de nosotras.

—¿Qué piensas hacer cuando Jacob diga que es Mr. Smith? —dijo Alice —. Yo creo que fingir sorpresa será difícil, quizá lo mejor sería ensayar nuestras caras.

—No hay nada que ensañar —contradijo Rose —. Aquí lo mejor es ser sinceras y decir lo que pensemos.

—No lo sé —añadí —. Creo que eso será algo del momento, pero claramente no podré recibir esa noticia con la cara llena de risa. ¿Han pensado en todas las veces que creímos que Mr. Smith sería un anciano? O quizá, las veces que Jacob nos trató y nosotras jamás le tomamos en cuenta ¿Habrá olvidado esos detalles? ¡Incluso declaré en su contra por el juicio de Christine! —recordé.

De haber sabido que él era Mr. Smith no habría sido capaz de declarar en su contra. Me sentía una traidora, aunque de cierta manera sabía que no era mi culpa.

—Será mejor que bajemos —dijo Rose.

—¡Sí! —sonrió Alice —. Ya es hora.

Cuando bajamos al salón principal no me extrañó ver allí a Emma, su semblante era lo suficientemente expresivo para saber que no era de su gusto que el honorable Mr. Smith viniese desde tan lejos para darle en el gusto a un trío de muchachitas que salieron de Dios sabe dónde y que más encima no eran lo suficientemente agradecidas para ahorrarle el trabajo de hablar con nosotras. Si, su rostro era exactamente una mueca que expresaba sus pensamientos. Sus labios fruncidos ya no me atemorizaban como antes, pero sus ojos parecían más fríos que de costumbre.

—El Sr. Smith bajará en un instante —señaló Emma —. Veo que has conseguido lo que querías —me miró fríamente.

—No he conseguido nada, Emma —sonreí —. Simplemente él ha decidido que así ocurra.

Era del todo cierto, pero obviamente ella no creería lo que le dijese, su actitud había cambiado desde el día en que dije que no podía estar agradecida de un hombre que se escondía detrás de un apellido falso y un secretario al que manipulaba como una marioneta. Si, desde ese día cada vez que se trata de Mr. Smith, siento su desagrado caer sobre mí.

El reloj marcaba las 16:45 y nosotras ya estábamos a la espera de Mr. Smith. Alice sonreía de oreja a oreja, Rose mantenía su rostro serio y yo, probablemente ansiosa, para cuando Edward bajó con Christine quedaban sólo minutos para que Mr. Smith apareciese. En todo ese momento me pregunté qué pensaría Emma cuando se enterase que su hijo, Jacob, es Mr. Smith, probablemente no le perdonase que se lo ocultara de esa manera y la verdad no se lo criticaría, quizá hasta después de eso me entendiese.

—Buenas tardes —dijo Seth uniéndose a la mesa donde tomaríamos té—. Imagino que estarán ansiosos esperando a Mr. Smith.

—Sí, aunque la verdad no me extrañaría que no se dignase a aparecer —susurré sin poder contener la rabia acumulada por meses.

—No, créame querida Bella que esta vez Mr. Smith se ha decidido. Está convencido que mostrar su identidad es lo mejor en estos momentos —añadió Seth con cortesía.

—¿Por qué ahora? —inquirió Rose.

—Esas son preguntas que debería hacerme a mí, señorita —dijo una voz ya conocida.

Todos volteamos a mirar quién era que había respondido la pregunta de Rose, para encontrarnos en las escaleras con Jacob Black, el mismísimo que vestía y calzaba ahora se reconocía delante de todos como Mr. Smith. Hubiese querido ser capaz de mantener mi mirada fija en él, pero no pude evitar mirar a Emma que parecía desconcertada ante la realidad que se le exponía frente a ella. Ahora no me extrañaría que fuese capaz de comprenderme.

—Sí, querida familia —sonrió —. Aquí tienen a Mr. Smith, lamento las desilusiones, pero no hay ningún millonario extranjero con ínfulas de noble detrás de ese nombre.

Jacob se sentó a mi lado en el puesto vacío que se suponía que era para Edward, pero este había ido a cambiarle la pechera a Christine y cuando volvió se encontró con Jacob sentado a mi lado.

—Pues bien, Bella —dijo Jacob luego de una incómoda pausa —. Eras tú quién tenía más preguntas para mí que cualquiera. Recuerdo cada una de tus cartas imaginándome como un calvo y anciano señor, pero aquí me tienes, de carne y hueso y sin bastón —sonrió.

—Si, así veo —intenté tranquilizarme mientras el rubor se esparcía por mis mejillas —. La verdad es que no sé si decir que estoy sorprendida o realmente reconocer que tenía mis sospechas.

—¿Sospechabas que yo era Mr. Smith? —sonrió sorprendido.

—A decir verdad lo pensamos con Alice y Rose, pero después de todo pensamos en muchos nombres. ¿Por qué no reconociste quién eras cuando tuviste varias oportunidades? —pregunté.

—No agobies a Jacob con demasiadas preguntas —sonrió Edward.

—No hay problema —sonrió Jacob —. A decir verdad estoy ansioso de responder todas esas preguntas que todas ustedes tienen para mí.

—Ya habrá tiempo —susurró Emma que notablemente aún no salía de su estado de shock.

Desde ese momento en adelante estuvimos compartiendo todos juntos en la mesa sin decir demasiado. Emma estuvo en todo momento dirigiendo la conversación y poco y nada podíamos hablar, por lo que al finalizar Edward sugirió una idea brillante: Jacob, Alice, Rose y yo, fuimos a la oficina de Emma a conversar en privado.

Una vez que entramos allí sentí las ansias de preguntar todo lo que se me viniese a la cabeza, el nudo en la lengua no era por nerviosismo sino por ansiedad acumulada, no podía creer que Jacob estuviese allí y no fuese otro anciano aquel hombre que había decidido otorgarnos las becas.

—¿Por qué no te agradan las niñas y aún así nos enviaste al College? —preguntó Alice.

Jacob se sentó en una silla cerca del escritorio de Emma.

—La verdad es que mi padre había decidido otorgar esta triple beca sin distinción de si eran hombres o mujeres, pero cuando falleció su voluntad no pudo llevarse a cabo y es por esto que decidí realizarla para todo tipo de niños con buenas calificaciones. Ustedes eran las mayores y las más responsables, merecían el premio —sonrió —. A pesar de todo, sé que no soy quién para privar a tres jóvenes esforzadas y con ganas de aprender a una oportunidad así.

—¿Por qué no quisiste dar tu identidad? —pregunté ansiosa.

—Porque no quiero ser reconocido por lo que hago, por el dinero que invierto o por la gente que ayudo, quiero ser reconocido por meritos que van más allá del dinero —sonrió.

—Pero ¿Por qué no mostrarte a nosotras? —cuestionó Rose.

—Porque no quería que me conociesen como el señor que da dinero o que las becó, sino como alguien más cercano que eso, sé que inicié mal y por eso estoy aquí y ahora, para enmendarlo —sonrió.

—¿No quisiste decirme quién eras en el juicio de Christine? —alcé una ceja.

—Por supuesto que quise, quería que estuvieses de mi lado, pero luego me di cuenta que eso no sería justo, qué harías eso por mí sólo porque te doy dinero y no porque así lo quisiste—añadió.

Podía comprender mucho de lo que Jacob me decía, es más podía llegar a creerle en casi todo, pero no le perdonaría que nos dejase en un College donde la familia es lo más importante y nosotras sin familia, ni siquiera apelar a un tutor encargado de nosotras, sino de un hombre imaginario al que decíamos tío, o un familiar lejano a nosotras, pero en verdad nada de eso era cierto, sino que era Mr. Smith, el frío hombre detrás del dinero.

—¿Quién más además de Seth y Edward conocían tu identidad? —añadí.

—La Señora Robbins, nadie más que ellos tres —añadió —, ni siquiera mi madre sabía que era Mr. Smith, por lo que presumo que debe estar muy molesta.

Asentimos en silencio. Pensé que el encuentro con Mr. Smith iba a ser diferente, que iba a estar llena de rencor y al mismo tiempo alegría de conocerle, pero la verdad no me sentí para nada así, había superado la curiosidad y la sorpresa no había sido para nada interesante. Queríamos averiguar quién era Mr. Smith y ya lo sabíamos, no había más juego al que adivinar ni tampoco más emoción ni imaginación. Ya no escribiría cartas a Mr. Smith o Mr. Misterioso, se había acabado el misterio detrás del hombre encargado de donar dinero y para mí no quedaba más que un sabor no muy grato en mi boca. No me sentía a gusto con el resultado, dentro de mí esperaba que fuese otra persona y sabía perfectamente quién.

—No te veo entusiasmada con conocerme, Isabella —sonrió —. He recibido tus graciosas cartas y he de decir que eres muy buena con el lápiz y el papel, quizá deberías dedicarte aún más a la escritura.

—Lo he pensado —sonreí —. Pero lamento no estar dichosa por conocerte, quizá se deba porque aún estoy en shock o no he sido capaz de procesar todo lo que me has contado.

Luego de eso dejé que todo el peso de la conversación se lo llevasen Alice y Rose, no tenía ánimos de seguir hablando y, eso, incluso a mí me parecía extraño. ¿Por qué demonios no estaba feliz de salir de este entuerto? Le había ganado a la incógnita y ahora al fin sabía que Mr. Misterious era alguien a quién podía ponerle rostro, voz y un verdadero nombre, pero aún así no me sentía feliz, para nada.

Cuando salimos de la oficina de Emma vi que Edward estaba en la salida esperándonos, nos invitó a ver a Christine que estaba jugando divertida con un Pony fuera de los establos, así que todos nos dirigimos allí. Y, en efecto, Christine estaba jugando con un pequeño Pony que tenía pocas semanas de nacido, a su lado estaba Lisa que había cuidado que a Christine nada le pasase con el contacto del animal.

—Parece muy feliz —sonrió Jacob contemplando a la pequeña.

Sabía que no miraba a la niña, sino que en ella veía a Sussan, lo podía notar en sus ojos, así como también la añoranza que la niña fuese suya y no de Edward, era comprensible, pero a su vez egoísta, después de todo él la dejó cuando su situación social comenzó a mejorar y eso fue muy cruel de su parte, aunque nada de eso se veía ahora, sino podía ver a Jacob, el joven dolido por una historia de amor trágica y quizá podía llegar a comprenderlo.

—Se ve preciosa con ese vestido —sonrió Emma —. Deberían hacerle un traje de montar —rió.

—A Edward se le caería la saliva de orgulloso, tendríamos que comprarle un babero —añadió Jacob sin dejar de mirar a Christine.

El momento era especialmente incomodo, por lo menos para mí. Había criticado duramente a Edward por dejar embarazada a Sussan, pero no había sido capaz de reconocer todo lo cruel que había sido Jacob con ella y aún así verlo mirar a Christine me hacía darme cuenta de todo el amor que tenía guardado para Sussan y que jamás entregó a tiempo.

—Bella —susurró Edward detrás de mí —. Ven

Emma y los demás estaban conversando animados de todos los vestiditos que podrían hacerle a Christine, que era tan linda que podrían hacerla un bebé para de campañas publicitarias, que se vería preciosa de dama antigua, por lo que me fue fácil escabullirme del grupo sin que mi presencia afectara la conversación.

Cuando logré terminar de seguir a Edward me di cuenta que estábamos en el granero. Las tablas disparejas de las paredes tenían rendijas por las que se colaba la luz, una de esas columnas de luz alumbraba el cabello de Edward y le hacía ver rojizo.

—¿Qué pasa? —susurré.

—Quería hablarte —respondió con un susurro.

—¿Por qué? —volví a susurrar.

—¿Por qué susurramos? —sonrió él.

—No sé —dije hablando normalmente.

—Bueno, sólo quería hablarte —sonrió —. No te veías muy entusiasmada con que supieras la verdad de Jacob.

—No es mi persona favorita en el mundo como para quererlo de Mr. Smith y además saber que le debo mucho dinero —arrugué la nariz.

—Pero ya sabes la verdad, ¿Eso no es suficiente para hacerte feliz? —inquirió.

—No…—pensé —. No lo sé.

—Has estado bastante distraída estos últimos días ¿Estás bien?

—Tengo demasiadas preguntas que no sé cómo formular y que las respuestas no me decepcionen —reconocí.

—¿Puedo ayudarte? —sonrió mientras alzaba mi rostro para que le mirase a los ojos.

Su contacto fue imprevisto y revelador, no estaba distraída sólo por la revelación de Mr. Smith, es más, jamás creí que le daría tan poca importancia. No era eso lo que robaba mis pensamientos, sino era mucho peor, era ese pequeño sentimiento que de calentar el frío de mi interior ahora parecía quemarlo de a poco y si no lo expresaba pronto me haría cenizas. Así cómo estaba Jacob y yo no quería estar así.

—No lo sé —reconocí.

Era más difícil de lo que creí, nunca pensé en tener que reconocer mis sentimientos hacía Edward, ese idiota que era el que más me hacía sentir incomoda, que se volvía odioso y antipático, que violaba mi espacio, mi metro cuadrado sin siquiera tener piedad de mí. Que era frívolo y cruel, que no comprendía que habían cosas que él no tenía derecho a robarme, como mi primer beso, pero también estaba ese Edward tierno, cariñoso y a veces tímido, despreocupado y a la vez tan sobreprotector con Christine, era uno sólo y yo sentía cosas especiales por él que ya no podría negar si seguía en ese granero. Así como tampoco podía negar que dentro de mí deseaba con todo mi ser que él fuese Mr. Smith.

Edward se acercó a mí y me abrazó, sentí la calidez de su abrazo entorno a mí y no me pude negar a responderlo, así como tampoco pude negarme a mí misma que lo estaba deseando desde hacía mucho tiempo.

—Pequeña Bella —susurró —. A veces no sé si he de cuidar más a Christine de lo que te cuido a ti.

Me apegué a su pecho y me hice un espacio cómodo en su chaleco mientras él acariciaba mi cabello sin siquiera pedir una explicación.

—Bella —susurró.

Levanté mi rostro para encontrarme con el suyo y ver sus hermosos ojos que estaban llenos de expectación.

—Bella —sonrió y apartó un mechón de cabello que caía por mis ojos —. ¿Qué te pasa, Bella?

—¿Por qué me preguntas esas cosas tan complejas que no sé cómo responderlas? —fruncí el ceño.

—Porque al preguntártelas consigo la excusa perfecta para no tener que decírtelas —sonrió.

—No entiendo —confesé.

Me apartó suavemente de su abrazo y me miró directamente a los ojos.

—¿Es momento ya que tenga que reconocer lo que siento por ti? —sonrió dulcemente y tomó en sus manos las mías —. ¿Qué más tengo que hacer para que lo sepas y lo tomes en serio?

Mi cabeza daba mil vueltas, sabía que Edward diría algo así, pero jamás suponerlo ha sido sinónimo de saberlo con certeza y ahora Edward estaba siendo serio al decírmelo. Todo este tiempo me había estado preparando para sus sentimientos, mientras que yo simplemente me negaba a ellos, a los de él y a los míos.

—Sé que nuestra diferencia de edad podría ser algo que quizá no soportases, pero no es demasiado tampoco ¿No? —sonrió —. Y quizá mi historia con Sussan no fuese lo suficientemente clara como para que la comprendieses, pero ya no puedo darme más tiempo, Bella. En realidad no puedo darme más tiempo ni tampoco dártelo. Tengo miedo que desaparezcas de mi vida y ya no tenga excusa alguna para estar en la tuya.

¿Excusas? Ser el padre de Christine era la mejor excusa que podía tener para estar siempre cerca de mí. Y sabía que no sería capaz de estar siempre cerca de él y pensar en todo lo que sentí por él y no fui capaz jamás de reconocerlo. Sabía que era el momento de tragarme mi orgullo y reconocer lo que sentía, aunque también sabía que dar ese paso y expresarle mis sentimientos era algo que no se aprende así como así, que aún me incomodaba sentir que él había ganado.

Edward estaba expectante, sus manos temblaban entorno a las mías y sus ojos estaban fijos en los míos en clara señal de desesperación y anhelo.

—Bella —murmuró nervioso —. No soy capaz de ocultar ni un solo segundo más lo que me haces sentir y por primera vez creo que estoy haciendo las cosas bien…—se silenció —. Si no dices algo que disminuya mi ansiedad no sé qué haré.

Sostuve sus manos con más fuerza que nunca, anhelaba tener las palabras precisas para decirle, que él supiera que había derrotado a mi voluntad, mi sentido de la competencia e incluso mi rencor y que ya no podía negarme más a él, pero las palabras se habían marchado. Me alcé en puntillas y cerré los ojos. Era capaz de sentir mi agitada respiración y la aceleración de mi pulso, pero no quería pensar en nada más, una vez cerca de él posé suavemente mis labios sobre los de suyos y dejé que la chispa nos recorriera una y otra vez.

Ya no hacían falta las palabras, ambos sabíamos que la guerra se había acabado entre los dos y que ambos habíamos ganado más de lo que habíamos perdido.


Hola chicas.

Sé que no tengo perdón de Dios al haber dejado de escribir esta historia por meses.

Doy gracias a aquellas que se preocuparon por mí y por mi salud. La verdad he estado bien, pero hubo un mes en el que estuvieron construyendo en mi casa por lo que me era imposible escribir, además de la Universidad que en teoría debería estar de vacaciones pero con los asuntos estudiantiles en mi país me ha sido imposible terminar el año decentemente y aún me queda un examen.

Y recién hoy he podido escribir para ustedes este capítulo que espero que les guste y lo comenten.

¡Ya cada vez nos queda menos!

Además quería contarles que he eliminado mi blog donde tenía publicado mi original.

Siento que aún no estoy lista para esa etapa o quizá no quiero publicarlo así, aún no sé qué es, pero bueno lo eliminé.

Cariños a todas y espero saber de ustedes.

Leo todos los reviews, pero no he tenido tiempo de devolverlos, una porque Fanfiction a estado muy extraño y a veces no me deja responderlos y otra porque no tengo tiempo para nada, menos ahora que tengo mucho que hacer en casa.

Cariños y besitos.

Manne Van Necker