Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XXIV.

Complicaciones.


Previamente en Mr. Misterious: Bella, Rosalie y Alice conocen a Mr. Misterious que finalmente termina siendo Jacob, con quién sostienen una charla llena de cuestionamientos, para que finalmente Bella y Edward dejen caer sus barreras y se declaren lo que sienten.


Sabía que no todo iría bien como parecía ser y no me lo podía negar. Estos meses abrazando y besando a Edward a escondidas no era lo que se podía llamar vida ni mucho menos felicidad, y es que el principal problema era mi edad, con casi 19 años seguía siendo una menor de edad que estaba protegida por el Orfanato y por Mr. Smith, digamos Jacob. Lo que nos impedía demostrar nuestro amor en público, si lo hacíamos corríamos el riesgo de que Edward se fuese preso y no era justo. Con besos robados y caricias escondidas de los ojos curiosos parecía que llevábamos una vida realmente no vivida, me sentía escondida y a la vez furiosa que por esas pequeñeces no pudiese estar con Edward como correspondiese.

—¿Qué estás pensando? —sonrió mientras Christine daba sus primeros pasos hacía él.

—En lo injusto es que sea menor de edad —fruncí el ceño.

—Eso se arreglará en un par de años cuando tengas 21 —sonrió.

—Parece fácil para ti soportarlo —le critique —. Quiero poder andar cogida de la mano contigo, besarte cuando realmente tenga ganas de hacerlo, no importa si es en la calle o en un restaurant, que la gente deje de creer que eres un tío, un hermano o qué se yo, quiero que sepan que te quiero y me quieres —bufé.

Edward rió ante mi crítica, usualmente me habría molestado por su risa en un momento tan inapropiado, me habría levantado y le habría dejado solo, pero ya había pasado por esa etapa rabiosa en la que hacía un berrinche y me iba, las cosas ya no eran así, yo ya no era así y de cierta manera era gracias a él.

—¿De qué te ríes? —le pegué un pequeño golpecito en su brazo.

—De que aún haces berrinches preciosos con tus gestos de niña dolida y rabiosa —rió —. Me parece gracioso no perder eso de ti.

Sonreí como una idiota, lo sé, pero sonreí. Él era el motivo de mis constantes sonrisas, de mi vida feliz, de una que nunca antes había tenido y lo sabía. Todo era gracias a él, bueno y a Jacob. Me gustase o no, él era Mr. Misterioso, él es y sería siempre el hombre que vio algo en nosotras y nos envió a tan prestigioso College, de donde se esperaba grandes cosas de nosotras, pero ahora todo para mí había cambiado, quería demostrar que soy talentosa y capaz, que a pesar de ser una huérfana a la que nadie quiso ahora es una talentosa mujer, pero ya no era eso lo que quería demostrar, ahora quería mostrarle a Christine, Jacob y por supuesto Edward que en mí ya no hay rencor contra quienes me hayan dejado abandonada, contra el sistema o contra la sociedad. Era feliz y eso era gracias a los que me rodeaban y a mí misma.

—Mamá —sonrió Christine mientras tiraba mi cabello.

¿Qué me había dicho?, no lo podía creer. Me había dicho mamá en el momento más inesperado, lo había dicho tan claramente y con una hermosa sonrisa en su rostro. Era tan bella, tan inocente y tierna que no podía negar mi alegría al escuchar que ella me decía mamá.

—Felicitaciones —dijo con evidente ironía —. Llevo meses para que me diga papá y solo consigo que me haga muecas y sonidos raros para referirse a mí.

—Pero yo no soy su madre —dije aún sin salir del asombro y a la vez de la felicidad —, no debería decirme así.

—No seas ilusa —sonrió —. La criaste como si fueras su madre, la cuidaste más de lo que yo podría haber hecho en esos momentos en los que no tenía nadie, es lógico que te diga mamá. Además tarde o temprano te terminarás convirtiendo en su madre a los ojos de todos.

—¿Ah, sí? ¿Cómo piensas que eso pasará? —fruncí el ceño a pesar de la sonrisa en mi rostro.

—Eres demasiado pequeña para que oigas estas cosas, Bella, cuando seas mayor de edad —me besó y no pude reclamarle nada.

—Cuando sea mayor tu andarás con bastón —me burlé.

—¡No seas insolente con tu tutor! —rió luego de la falsa critica.

—Es usted, señor quién ha sido insolente al proponerle tan escandalizador compromiso a una niña inocente como yo —pestañeé tiernamente.

—No hagas eso, Bella —cerró los ojos —. No lo hagas si no quieres que te rapte un mes.

—Suena realmente tentador —reí.

En ese mismo instante cuando iba a acercarme a besar a Edward, Christine vomitó sobre nosotros dejándonos sucios en todo el rostro. Edward de inmediato la tomó en brazos y la revisó. Luego de un momento dijo que quizá la habíamos mareado tanto moverla luego de haber comido.

—Así es la vida de padres —reí.

—Bastante sucia —alzó una ceja luego de haber cambiado a Christine de ropa.

—Pero no se pasa mal, todo lo contrario —le abracé por la espalda.

Los días pasaban rápido, los meses parecían ser cada vez más cortos, entre exámenes, pruebas y mucho que estudiar, intentaba hacerme tiempo para Edward y Christine, para Jacob y sus resúmenes escolares y, obviamente, para las chicas que me criticaban por pasar tan poco tiempo con ellas.

—¿Qué haces? —sonrió Rose mientras tomaba mi cabello y comenzaba a peinarlo.

—Hace días que nos tiene abandonadas —sonrió Jessica —. Pareciese en otro mundo.

—Hace meses, querida, meses —rió Alice.

—No es para tanto, he tratado de estar lo más posible con ustedes chicas y estoy escribiendo, Rose —sonreí.

—Evidentemente estás escribiendo —alzó una ceja —, la pregunta es ¿Qué estás escribiendo?

—Vi un concurso de cuentos en los que pagan muy bien al ganador además de publicar su cuento en la revista y quiero participar —sonreí.

—¡Oh, Bella! —sonrió Lauren —. Esa sí que es una excelente iniciativa, entonces no te molestaremos más y adelante con ella.

—Gracias —sonreí.

No sabía muy bien de qué escribir, tenía tantas ideas, pero ninguna consistente, eran todas efímeras de familias y cosas que realmente no conocía, no sabía qué escribir realmente y me sentía frustrada. Hojas arrugadas estaban por todo el escritorio esparcidas, mientras que mis manos estaban sucias de corrector y tinta y a pesar de todo el esfuerzo, nada de lo que escribía me gustaba, así que decidí escribir a Jacob la carta semanal.

Buenas noches, Mr. Misterioso.

Como puedes ver sigo despierta siendo ya las dos de la madrugada y a pesar de que nos cortaron la luz a las 22:00 hrs, yo sigo haciendo trampa, es que con el dinero que me enviaste me compré una lámpara a baterías, es cosa de cargarlas y no hay problema. ¡Luz toda la noche! A veces me ahorro luz con la luna, pero esta noche parece estar enojada conmigo, porque no se apareció por mi ventana. ¿Qué tal las cosas? ¿Qué me cuenta de usted? Sé que en tu última carta estabas muy ocupado y molesto porque te trataba de usted y que aún te decía Mr. Smith o Mr. Misterioso, pero era entretenido ¿no?, además no me gusta llamarte Jacob, no es que sea un nombre feo ni nada, te pega bien, no se trata de eso, es que creo que me decepcioné un poco de conocerte, no quería hacerlo aún y a pesar de eso yo misma insistí en hacerlo… Bueno, como fuese, todo va bien por estos lados. Alice está saliendo con alguien, no nos quiere contar quién es, pero no te preocupes, sus notas siguen impecable, creo que tiene grandes aspiraciones para ser diseñadora, el otro día estábamos jugando con unas telas y terminó haciendo una obra de arte, que habría sido un hermoso vestido de no ser por mi culpa que cuando me la fui a probar terminé desarmando todo el hilvanado, es lo que se supone lo une todo cuando aún no está listo, es muy débil el hilo así que reclamo inocencia, bueno como sea tuve que arrancar de Alice furiosa hasta que se le quitó y lo arregló. Rose sigue como siempre, aunque ahora está de candidata para la Srta. College. Si, es un concurso de belleza y de alumna integral. ¡Estoy a cargo de la campaña! Y además estoy escribiendo un cuento de aún no sé qué. Cuando sepa le cuento.

Bueno no le aburro más, señor odia niñas que las manda al College y las educa.

Con cariño.

La Srta. -Busca problemas con afán de ser escritora- Swan.

A pesar de poner todo mi esfuerzo en los exámenes finales, estos parecían estar en mi contra, era difícil concentrarse cuando Edward hacía atenciones en mi puerta de las que me era imposible escapar. Hoy cumplimos siete meses juntos y él me dejó en la puerta un hermoso ramo de tulipanes rojos, eran más de veinticuatro y por supuesto llamó tanto la atención en el pasillo y sobre todo su misteriosa procedencia. Por ser Edward uno de mis tutores tenía autorización de enviarme cosas a su placer, de ser otro chico el que me cortejase, obviamente las señoras de la recepción ni un trozo de chocolate le dejarían pasar.

—No es justo que a ti te autoricen a recibir este tipo de cosas —alzó una ceja Alice —. Así todas presentaran un reclamo en tu culpa.

—Probablemente —sonreí —, pero eso no es novedad. Edward siempre se las ha ingeniado para hacer lo que no se debe.

Cuando bajamos a revisar nuestro correo me sorprendió ver una carta de Princeton. La volteé para ver el remitente: era de Pet, el hermano de Jessica.

—¿De quién es? —sonrió Rose al reconocer el papel de Princeton.

—Es de Pet —sonreí amargamente.

Nadie dijo nada, todos sabían que a pesar que no pasó nada importante entre nosotros podría haber ocurrido, después de todo él me había tratado tan bien, me sentía especial cuando estaba cerca, pero no se trataba de eso, era que nunca le había dicho que estaba comprometida en una relación con otra persona, quizá porque nunca más le respondí cartas con estilo sentimental, simplemente le respondía con afecto, pero nada más.

—¿Qué dice? —sonrió Alice dándome un empujoncito una vez que llegamos a la habitación.

—Se va a celebrar un baile en Princeton y quiere que sea su acompañante —murmuré.

El silencio en la habitación fue suficiente como para comprender que no era yo quién exageraba la situación, sino que era así de complicada.

—¿No le has dicho a tu hermano que estoy viendo a alguien más? —susurré a Jess quién me miraba con los ojos abiertos de par en par.

—No —dijo algo asustada—. No he querido decir porque pensé que no era algo serio, además como no le conocía… bueno, ni siquiera estaba segura de que le correspondieses y… la verdad no quise romperle el corazón, tú seguiste respondiéndole las cartas con gran precisión y pensé que podrían tener una oportunidad juntos.

—¡No! —fruncí el ceño confusa aún de lo que pensaba —. Peter se debe haber hecho una idea muy equivocada, ¿Te ha comentado algo?

—Sólo que tus respuestas le alentaban a seguirte escribiendo —sonrió.

—¿Qué demonios le has escrito a Pet para que piense eso? —insistió Rose.

—Bueno… nunca había tenido un pretendiente antes —alcé la ceja —. No sé como son estas cosas y yo le respondía como amiga y nada más.

—Pues responderles a los hombres suele ser alentarles, Bella —interrumpió Lauren.

—Pero yo no puedo asistir a ese baile, no puedo —me mordí el labio.

¿Qué demonios haré? Se suponía que en estos momentos debía estar feliz por mi hermoso ramo de flores, pensando en el siguiente examen y no en lo que había hecho sin ninguna intención más que ser cortés con Pet que había sido un gran chico conmigo. Lo peor es que es el hermano de una gran amiga, Jess se ha comportado excelente, me siento en deuda por su recibimiento tan amoroso, hacerle daño a Pet es como hacérselo a su familia y si asisto, no en realidad ni siquiera podría pensar en asistir, mencionarle a Edward la sola idea de querer ir es para tener problemas, ir a escondidas es imposible, Edward tiene ojos hasta donde ni siquiera pensaría que los tiene. Sabría de inmediato que fui a Princeton. Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del teléfono, Alice estaba cerca y contestó de inmediato, una vez que colgó se dirigió a mí.

—Es la Sra. Robbins —susurró aún en shock —. Está aquí y va a subir a nuestra habitación.

—¿Qué hace ella acá? —frunció el ceño Rose.

—¿Quién es ella? —interrumpió Jess.

—Una mujer muy desagradable que estuvo a cargo de nosotras cuando éramos pequeñas —aclaré.

No era del todo mentira, bueno, era toda la verdad, pero omitiendo lo que debía quedarse en secreto, después de todo no era tan malo ni tan grave querer mantenerlo aún para nosotras no le veía nada de malo.

Cuando la puerta sonó, Rose fue la única capaz de abrirla y recibir a la Sra. Robbins como se supone que merecía ser recibida. Una vez que saludó a Jess y Lauren les pidió amablemente, como nunca lo había hecho con nosotras, si podían retirarse de la habitación y las chicas sin comprenderlo, pero por cortesía, así lo hicieron. Recién habían cerrado la puerta cuando la Sra. Robbins dejó caer el grito en el cielo.

—¡¿Quién de ustedes tres me va a explicar cómo es posible que Mr. Smith haya mostrado su identidad? —gruñó.

—Así que se ha enterado —susurró Alice.

Se suponía que no se sabría que le conocíamos para evitarnos problemas con la mismísima Sra. Robbins, en teoría esto dependía única y exclusivamente de Jacob y no de ella, pero por supuesto nos culparía de todo y después de lo vivido, de cierta manera tenía razón, nosotras habíamos insistido en conocer a Mr. Smith.

—¿Qué si me he enterado? ¡Estás cada vez más insolente, Alice Swan! —chilló —. ¿Qué si me he enterado? —dijo para sí misma—. Me he enterado de cosas peores que esta, cosas que me han escandalizado por más de un mes, pero sólo cuando pude dejar el Orfanato y comprobé que era cierto, he decidido venir para encarar esta situación.

—¿De qué situación habla, Sra. Robbins? —cuestionó Rose.

—No te hagas la desentendida, sabes perfectamente de qué estoy hablando —chilló —. Estoy aquí para saber ¿Quién de ustedes ha sido la osada que está manteniendo una relación con su tutor Edward Cullen? —chilló nuevamente.

¿Cómo demonios se había enterado? Muy pocas personas lo sabían, en la calle andábamos separados, nadie podría sospecharlo si nos viese, de seguro alguien de confianza le había dicho, pero ¿Quién?

—¿Quién de ustedes es? —chilló —. No quiero que me lo nieguen, sé quién es, así que será mejor que confiese ahora antes que me exaspere aún más.

Ni Rose ni Alice me miraron para delatarme, miraban hacía el frente como si estuviesen entrenadas para hacerlo, pero no tenía nada que ocultar, si después de todo sabía quién era no merecía la pena ocultarlo más, no tenía de qué avergonzarme, todo lo contrario, debía decir orgullosa que de todas las mujeres que existían en su entorno, Edward me había elegido a mí.

—Soy yo —dije con la frente en alto —. Estoy en una relación con Edward desde hace siete meses.

—¡Y lo dices así, con descaro! ¡Insolente! —chilló —. Debería darte vergüenza de haber seducido así a un hombre bueno, me parece el colmo, jovencita. Toma tus cosas inmediatamente, arma tus maletas y te regresas al orfanato —se acercó a la puerta para salir y se volvió hacía mí —. En dos horas más estaré aquí para retirarte.

—Usted no puede hacer eso —le encaró Rose —. Usted ya no está a cargo de nosotros, sino Jacob Black, Mr. Smith y él es a quién debemos nuestra educación, no así nuestra vida personal.

—¡Dios Santo! —criticó —. ¡No sé qué demonios le enseñan en este lugar, pero están convertidas en unas insolentes de lo peor! Paso por ti, Isabella en dos horas— y cerró la puerta.


Hola chicas.

¿Cómo están?

Quiero agradecer a cada una de ustedes que dejó su review en el capítulo anterior a pesar de todo el tiempo que me tomé para escribirlo. ¡Son un amor!

De verdad muchas gracias por mantenerse ahí y seguir leyendo la historia, más aún por comentarla ¡Son unos soles hermosos!

Les quiero contar que pronto esta historia está por terminar, pero que además las invitaré a que me dejen en Alertas de Autor si quieren conocer el nuevo Fic que estoy creando...

Muchos cariños y espero sus mensajitos.

Manne Van Necker