Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XXV.
Auxilios
Previamente en Mr. Misterious: Bella y Edward mantienen una relación hace siete meses, por ser menor de edad, Bella no puede decir que tiene una relación con él hasta que tenga 21, para lo que faltan aún dos años. Pet invita al baile a Bella y esta no puede decir que no, ni tampoco que sí, por lo que está confusa y entre toda la confusión llega la Sra. Robbins a llevarse a Bella por haber seducido a Edward Cullen.
Importante información en Nota de autor al final del capítulo.
El gritoneo de la Sra. Robbins no me había asustado en absoluto, por lo menos hasta que la recepcionista habló al teléfono con Alice y le dijo que ya venían a retirarme del College, fue entonces recién cuando asumí que realmente me estaba marchando.
―Esto está mal ―insistió Rose ―. Deberíamos llamar a Jacob.
―Está fuera de la señal de su teléfono, está incomunicable ―sentenció Alice ―. Ya lo había intentado, así que llamé a Edward.
―¿Qué hiciste qué? ―chillé.
No quería molestar a Edward, tenía claro que no movería ni un solo pie del College para volver a ese horrible orfanato en donde probablemente me tendrían encerrada por el resto de mi vida sirviendo a los niños, limpiándole los mocos y no siendo más que una empleada de aseo. No tenía nada en contra de la gente que se gana humildemente el dinero, pero había entrado a estudiar, tenía todo el derecho de aspirar a ser alguien más y no tenía nada que agradecerle a la Sra. Robbins.
―Edward vendrá a ayudar, estoy segura ―dijo Alice.
Jessica y Lauren hacía poco habían vuelto a la habitación, cuando vieron mi maleta no podían creer que me marchase, Lauren ofreció hablar con sus tíos para que hiciesen algo al respecto, pero nada había qué hacer, más que las maletas de mi despedida. Lo tenía claro.
―Alice, Edward tiene turno en el hospital, está retomando la gran responsabilidad que le dieron, no deberías haberle llamado ―bufé.
―No discutan ―intervino Rose ―. Será mejor que bajes y des una explicación a la directora, quizá ella pueda evitar que la Sra. Robbins te lleve.
Caminé ansiosa y nerviosa por lo que allá abajo podría estar pasando. Las cosas no se solucionarían fácilmente y lo tenía claro. Cuando fui a la oficina de la directora esta estaba ocupada al teléfono, por lo que tuve que esperar. Luego de eso me abrió la puerta y nos dejó entrar a todas, incluyendo a Lauren y Jess que estaban tan preocupadas por mí que a esas alturas no tenía cara para decirles que se quedasen fuera.
―Señorita Swan, ¿Me puede explicar qué está ocurriendo aquí? Me ha venido a visitar una señora que dice ser su tutora y que por su comportamiento la llevará de inmediato al orfanato ―frunció el ceño.
―¿Orfanato? ―dijeron Lauren y Jess.
―Bueno ―murmuré ―. Esa señora fue la encargada de nuestra infancia, pero ahora, como usted puede ver en el acta de inscripción el señor Smith es quién está cargo de nosotras y por eso ella no puede amenazarme con llevarme de aquí.
―Comprendo ―dijo la directora ―. Entonces deberemos confirmar con el señor Smith. Pueden esperar fuera.
Cuando salí supe de inmediato que debía unas explicaciones, unas complicadas explicaciones del por qué había mentido sobre nosotras, sé que es evidentemente decepcionante de mi parte haber hecho esto, haberles mentido, pero en su momento todo parecía tener sentido, no las conocía, no sabía si nos verían como bichos raros, si nos aceptarían tal cual somos o de lo contrario creerían que estábamos llenas de piojos y se nos caían los mocos.
―¿Por qué nos mentiste? ―dijo Jess.
La verdad es que no era la pregunta que esperaba, esperaba que me dijese: ¿Son huérfanas? O algo por el estilo, pero no fue así y de cierta manera lo agradecí.
―Bella lo hizo por una buena razón ―explicó Rose ―. Lo hizo para protegernos, no habíamos estado nunca fuera del orfanato y tenía miedo de que nos tratasen mal porque éramos diferentes a ustedes y bueno, de cierta manera fue un poco infantil.
―No queríamos que nos juzgaran sin conocernos, queríamos tener amigas ―sonrió Alice.
―No hubiésemos sido de esa manera ―dijo Lauren ―. No somos tan desgraciadas.
―En ese momento no las conocíamos ―murmuré.
―Pero nos juzgaste a pesar que no querías que te juzgáramos ―respondió Jess.
―Lo sé y sinceramente lo siento, chicas, pero no quiero pensar ahora en que las perderé por el mismo motivo que mentí ―murmuré.
―Creo que esto no cambiará nada, Bella, las queremos tal cual son por lo que son y no por lo que tienen o tuvieron ―sonrió Lauren.
Bajamos las escaleras para llegar al vestíbulo y tener que soportar a la Sra. Robbins gritando como loca a la recepcionista, que tenía que hacer, que era imperante que me llevase en ese instante. Entonces llegó Edward y todo pareció cambiar, no sabía si advertirle que ella sabía lo nuestro o quedarme en silencio y ver cómo demonios había adivinado que estaba en problemas.
―Señora Robbins ―sonrió Edward como si nada ocurriese.
―Buenas tardes, señor Cullen ―dijo fríamente.
Edward me ignoró, sólo me miró una vez y sonrió levemente. Se acercó hasta la recepcionista y le preguntó si había alguna oficina donde pudiese conversar en privado con la señora Robbins, luego de eso se desapareció tras la puerta y no pude hacer nada para evitarlo.
―Les dije que no llamaran a Edward, quizá qué tuvo que hacer para dejar el hospital, yo habría sabido manejar el asunto ―me quejé.
―Bella ―me miró Lauren ―, deja de quejarte y de una buena vez concéntrate. Edward ha ido hacía esa oficina con la Srta. Robbins ¿Dónde está la Bella que conocemos?
―¿Por qué?
―¿No tienes ni la más minúscula curiosidad de saber por qué Edward no habló esto contigo también? Después de todo, son una pareja ―insistió Jess.
En realidad, Edward debería haberme llevado con él, más que mal este era un asunto de ambos, deberíamos enfrentar esto juntos, que comprenda que nos queremos, si, finalmente y después de todo, nos queremos y deben respetarnos, incluso la Srta. Robbins. Bueno, quizá Edward no quería dejarla en vergüenza, a lo mejor quería tratar el tema más profundamente con ella. Sí, eso debe ser.
―De seguro quiere… ―no alcancé a terminar la frase cuando Rosalie me cogió por el brazo y me llevó corriendo hasta donde se suponía que estaba la Srta. Robbins y Edward.
―O entras ahí, Isabella o entras, no tienes otra opción ―dijo seria.
―Sí, sí que la tengo, se siente cómodo estar aquí fuera ―sonreí, pero claramente no funcionó. En menos de lo que canta un gallo Rose había golpeado la puerta y me empujó hacía la pequeña oficina.
Edward estaba de pie, mientras que la Srta. Robbins estaba sentada, no alcancé a escuchar lo último que había dicho Edward, pero por su mirada supe que no le gustaba para nada que yo estuviese allí, como fuese, ya estaba y no podía cambiarlo, aunque por el rostro de la Srta. Robbins, era mejor que tuviese la capacidad de teletransportarme o algo así, porque en cualquier momento soltaría los perros para que me mordiesen. Estaba segura.
―¿Qué haces aquí Isabella? ―dijo Edward con total indiferencia.
―Esto también me incumbe a mí, yo también soy parte de esto y no me parece justo que hablen de esto en mi ausencia, si hay algo que quieran decir de mí, merezco estar presente ―dije segura de mí misma.
―Sí, esta señorita, la que crié yo misma, ahora tiene aires de nobleza y la han llevado a ser una trepadora, Edward, sería mejor que usted abriese los ojos de una buena vez, lo mejor es que me la lleve al Orfanato ―insistió.
Si antes la odiaba por todo lo que me hizo cuando era pequeña y luego había olvidado ese odio estando aquí en el College, se había ido el perdón al carajo, volvía a odiarla tanto más que antes.
―No insulte a Bella de esa manera, menos frente a mí ―la voz de Edward se había vuelto ronca.
―Dígame una cosa ¿Cómo hará usted para presentar a Bella como su novia delante de su familia? Porque… ¿Pretende presentarla a su familia o prefiere esconderla? ¿Lo que tiene con ella es realmente serio para llegar a este punto o simplemente está jugando con una jovencita ingenua y trepadora? ―dijo molesta.
Edward se quedó en silencio, me miró por unos instantes, su mirada parecía vacía, no había notado que cuando se enojaba miraba hacia otro lado antes de responder, era la primera vez que lo notaba.
―Srta. Robbins, si usted está dudando de mi caballerosidad he de decirle que me he planteado casarme con Isabella, pero, considerando que llevamos muy poco tiempo siendo novios he desistido de la idea ¿conforme?
¿Casarse? Paren el mundo que me quiero bajar. Creo que mi rostro fue tan clarificador que Edward supo de inmediato que me había espantado, nunca había pensado en matrimonio, menos así, además soy aún menor de edad, queda poco para que sea mayor, pero en teoría necesitaría el permiso de mis padres para casarme y como no tengo… ¿En qué estoy pensando? ¿Permiso de matrimonio? No, no.
―Calma ―logré decir ―. ¿Matrimonio? ¿Quién habló de matrimonio? Yo aún tengo mucho que hacer, quiero publicar un libro, antes de eso graduarme del College, aún me queda un año, eso imposible, matrimonio ni hablar.
―¿Conforme? ―dijo Edward a la Srta. Robbins. Esta no negó ni afirmó, tomó su bolso, me miró detenidamente y salió del salón.
Por un incomodo instante no supe qué decirle a Edward, es que matrimonio era algo de las grandes ligas, era demasiado para mí, demasiado en pocos días, esto es de locos. Me calmé, intenté respirar y conseguí calmarme de cierto modo.
―No deberías haber venido, tienes responsabilidades en el Hospital―dije intentando cambiar el tema, sinceramente no quería saber nada de matrimonio, aún.
―Nada es más importante que tú, Bella ―sonrió acercándose a mí.
―Dame un segundo, ¿Estás diciendo que los niños que se mueren en el hospital no son importantes? ―fruncí el ceño y me crucé de brazos ―. Vaya médico que cuida a mi pequeña Christine.
―No he dicho eso, sé que están en buenas manos ―se acercó a mí y me besó.
La cabeza me dio vueltas, una y otra vez, el maldito efecto de droga volvía apoderarse de mí y ahora que él era consciente de eso, lo hacía con mayor intención, si esto era una guerra él tendría todas las de perder, pero una vez que recuperase la consciencia y pusiera los pies sobre la tierra.
―Así que ¿Matrimonio? ―dije alejándome de él―. Dime que sólo fue para hacerla cambiar de idea.
―¿Por qué no? ¿A caso Christine no sería feliz si algún día nos casáramos? ―sonrió.
―Detente ahí, Edward Cullen. ¿Tienes pajaritos en la cabeza? Aún soy menor, quiero una vida normal, ser independiente, casada de ningún modo podría serlo, no, me niego a pensar en un matrimonio contigo ―aclaré.
―¿Hablas en serio? ―su voz volvió a ser fría ―. ¿Tan repugnante soy como para no querer casarte conmigo?
―No se trata de eso, Edward, no se trata de ti…
―Ahora dime: "no eres tú, soy yo" ―alzó una ceja.
―De cierta manera es así, quiero una vida normal, te quiero a ti en ella, claramente, pero el matrimonio son pasos serios, eres mi primer novio, recién descubro lo que es estar de novios y hablar de matrimonio ¿no te parece muy apresurado?
―Dije eventualmente, no ahora ya, pero si te pidiera que te casaras conmigo, ahora ¿Qué dirías? ―sonrió acercándose a mí como un felino persigue a su presa, claramente era yo la presa y tenía todas las de perder si él se abalanzaba sobre mí.
―No lo sé, supongo que no ―dije con indiferencia.
―Y si me arrodillo así ―sonrió mientras se arrodillaba ― y sacó un anillo como este de mi bolsillo ―dijo haciéndolo ―, y dijera las dulces palabras: Isabella Swan ¿Me harías el hombre más feliz del mundo al casarte conmigo? ―sonrió.
Un momento, me dije, de seguro y conociendo a Edward está haciendo esto sólo para molestarme, no puede ser cierto, esto es una broma de pésimo gusto, ¿Cómo le voy a creer cuando de verdad me pida matrimonio? De seguro si lo hace no le voy a creer y le voy a terminar diciendo que no, por tonto.
―Edward, levantate, en serio no es gracioso que juegues con esto, me incomoda ―murmuré mirando hacía otro lado.
―Bella, estoy pidiéndotelo en serio y si me rechazas me queda claro que esto no va para ninguna parte ―aclaró su garganta y lo volvió a pedir ―. ¿Me harías el hombre más feliz del mundo al casarte conmigo?
―No puedes estar hablando en serio, Edward, por favor no hagas esto difícil y deja tu mofa ―dije lo más seria que pude.
―Bella ―dijo aún arrodillado ―, esto no significa que nos casemos mañana, significa que es una promesa que lo haremos más temprano que tarde, prometo que si aceptas casarte conmigo podrás hacer todo lo que sueñas y tendrás toda la independencia que necesites, no seré una carga para tus sueños.
―Entonces estabas hablando en serio ―pensé en voz alta―. De ser así uso el comodín.
―¿Comodín? ―dijo confuso.
―Dame tiempo para responderte ―le miré a los ojos ―, si no me das tiempo para responderte mi respuesta ahora será un no, pero si me lo das, quizá en un par de días esa respuesta cambiará. Y para la próxima vez que se te ocurra pedir matrimonio, no juegues con eso, es de mal gusto.
Luego de eso salí de la habitación, confieso que fue para darle dramatismo al asunto, pero es que en serio, esto era demasiado extraño, aparece como si nada la Srta. Robbins a decirme todas esas sandeces y que me tenía que ir del College y de la nada aparece Edward, súper salvador y termina ofreciéndome matrimonio, demasiado para la simple vida de una adolescente.
―¿Qué pasó? ―dijo Alice con los ojos abiertos de par en par ―. ¿Qué pasó ahí dentro? ―repitió.
―Si hubieses visto como salió Edward, a penas pudimos verlo, se esfumó en un segundo y no se veía nada contento ―agregó Rose.
Lauren y Jess también estaban ahí, pero ninguna hizo un comentario, al parecer mi rostro era una pizarra en la que claramente decía "No molestar" mensaje que Alice y Rose, pasaban por alto, siempre.
―¿Podemos ir a nuestra habitación? Juro que necesito un respiro ―murmuré.
Una vez que subimos las escaleras, mi cabeza parecía estar aún más mareada de lo normal, me llegaba a doler todo, me moría de ganas de acostarme y no pensar en nada, dormir todo el día hubiese sido la mejor opción para borrar la estúpida discusión que tuvimos con Edward, pero bueno, ya no se podía hacer, él había, realmente, hecho todo bien, era yo la que no estaba preparada para recibir semejante impacto.
―¿Ahora nos podrás decir que pasó? ―insistió Rose ―. ¿Te vas o no?
Esa era la pregunta más fácil.
―No, no me voy ―dije recostándome en mi cama.
―¿Entonces? ―dijo Alice.
―Entonces pasó que la Srta. Robbins me trató de una trepadora, poco menos le faltó decir que soy una engatusadora, además de todos los insultos, también se dirigió a Edward como si lo que quisiera de mí no es más que aprovecharse de mi inocencia y no sé que más, además de que tarde o temprano se avergonzaría de mí ―resumí.
―¿Y qué dijo Edward? ―habló por primera vez Jess.
―Me defendió, se defendió y… y dijo que quería casarse conmigo ―mi boca se secó.
Un silencio incomodo fue claramente necesario para que procesaran la bomba que acababa de lanzar, aún era menor de edad, me quedaban dos años para ser considerada un adulto y de seguro todo eso estaba pasando por sus cabezas antes que pudiesen articular palabra, la primera en hablar fue Rose.
―¿Qué le dijiste? ―murmuró.
―¿Qué le iba a decir? No le dije nada, le dije en un inicio que estaba loco, que tenía que estar bromeando y para dejarle tranquilo le dije que me diera tiempo para pensarlo ¿Qué más podía hacer?
―Decirle que si, por ejemplo ―Alice me miró con vidente critica.
Era fácil, era muy fácil responder con un sí, lo difícil era mantener ese sí por tanto tiempo. Quiero, amo y adoro a Edward, sí, pero he aplazado mi vida por otros por tanto tiempo que ya no puede prescindir de él, a veces hay que ser egoístas en el mundo para que se pueda conseguir algo en esta vida, sé que con Edward podría conseguir el cielo y la tierra, pero quería hacerlo por mí misma, no porque él me lo entregaba todo en bandeja.
―¿Qué le dirás? ―insistió Rose.
―No lo sé y por algo le pedí tiempo ¿no? Porque no tengo ni la más mínima idea de qué hacer con mi vida ―murmuré y cerré los ojos.
Tenía más que claro que las cosas se volverían un lío y para peor estaba la dichosa invitación de Pet para el bendito Baile, me levanté de mi cama, me acerqué a mi escritorio, mientras todos los ojos curiosos se posaban sobre mí, tomé una hoja y un lápiz y respondí a la carta de Pet. Le expliqué algunos motivos por los que no iría al baile, que lo lamentaba muchísimo, pero que esperaba que él comprendiese todo, además, como ya se me había espantado el sueño decidí escribirle a Mr. Misterioso, aunque de misterioso no tenía nada yo prefería seguir llamándole así.
Mr. Misterioso/Mr. Misterious
Como verá aprendo Inglés, aunque mi cabeza ahora no está muy bendecida para darle mis grandes oratorias de cómo pronunciar, aún así me gusta más la pronunciación británica, sí, escucharlos hablar es con tanto refinamiento que me encanta, pero no vine a hablarle de mis clases de inglés, que por cierto me está yendo más o menos, creo que necesito ponerle más empeño, lo quería decirles es ¿Por qué la edad es proporcional a la responsabilidad? Cuando era niña tenía que ocuparme de mucho en el orfanato, pero nunca dilemas como estos, ¿Quién dijo que tener novio es genial? Bueno, yo tengo un novio maravilloso (si no te gusta Edward es cosa tuya, es tu primo y te lo aguantas), pero es interesante darse cuenta que tener novio es una responsabilidad más a las numerosas responsabilidades que te esperan en la vida, peor es cuando ese novio se convierte en marido y después que vienen los hijos. ¡Ay, no, que enredo! Preferiría ser una adolescente toda la vida, no tener que preocuparme del futuro ¿Se puede encerrar en una cápsula del tiempo y ser siempre joven? No respondas. Como sea, a todas nos está yendo maravillosamente, omite mi estado sentimental, por el resto de las cosas, todo se da bien y lo que no, se aguanta, no nos queda otra. Espero que estés bien, ya nos veremos y bueno, ya ni sé por qué tengo que enviarte las cartas a nombre de Mr. Smith, si ya sé que eres tú Jake, mejor sería mandártelas con tu nombre ¿No?
Cariños.
Tu siempre indisciplinada e incomprendida pupila.
Bella Swan.
Hola chicas, lamento la tardanza de más de tres meses. Explicaciones tengo.
Estuve de viaje por Europa dos meses y además al volver tuve que dar todos los exámenes y certámenes pendientes, así que como sabrán no tuve tiempo para nada, espero ahora no desaparecer por tanto.
Agradezco a las chicas que aún siguen esta historia después de dos años, ya, si dos años.
Para las que quieran leer un Original mío, es cosa que por Review me pida el link y se lo enviaré.
Cariños.
Manne Van Necker
