Mr. Misterious.

Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo XXVI.

Inmadurez y exámenes.


Estaba asustada, tenía que reconocerlo. Quizá mis amigas no comprendieran la magnitud de la propuesta de Edward, pero yo si lo hacía. No se trataba que no lo quiera, ni que me esté dejando querer esperando que él me ruegue. Por favor, no soy tan inmadura como para esperar que Edward haga algo semejante, pero si algo tenía que reconocer era que no sólo me paralizaba el miedo sino también el egoísmo.

Desde que tuve la oportunidad de entrar al College, tuve que pensar en mi futuro, en lo que haría para ganarme la vida y también en lo que me gustaría hacer para ello. Y realmente no tenía la más mínima idea de lo que podría querer hacer, luego de un par de meses de incertidumbre supe que quería ser escritora, narrar historias y hacer soñar a la gente, que viesen en mis historias cosas reales de la vida, sueños y, quizá, evadieran su realidad por instantes mientras leían mis líneas.

Ahora sólo tengo miedo de estancarme, de no cumplir mis metas personales, aunque sé que Edward las apoya, sé también que una vida hogareña demanda mucho tiempo, tener que atender a tiempo completo una familia me da pavor y lo peor de todo es que ni siquiera sé cómo ser una familia, me da miedo hacerlo mal, que la familia de Edward jamás me acepte como su mujer o que Edward con los años se arrepienta de haberse casado conmigo. ¿Son miedos válidos?

—Bella —murmuró Jess —, lamento molestarte, realmente no quería hacerlo. Sé que estás estudiando, pero Pet está fuera.

Mentiría si dijera que no me lo esperaba o que no me lo merecía, él estaba en todo su derecho de estar aquí, aunque quizá debí ser más clara en mi última carta y haberle dicho que no se molestara en venir, pero realmente quería verlo.

—Dile que bajaré enseguida —sonreí.

Jess me miró preocupada, sé que quería decirme algo, sus ojos la delataban, pero de seguro se mordió la lengua y lo dejó en mis manos. ¿Qué hacer en estos momentos? El manual de buenos modales de la Srta. Robbins no sería de utilidad en absoluto. ¿Cómo explicarle a alguien a quién quieres muchísimo que si alguna vez tuviste algún momento romántico con él se había desvanecido en absoluto y que no fue intencional?

Bajé las escaleras casi corriendo y al llegar al vestíbulo me encontré con Pet, usaba una hermosa camisa y una chaqueta a juego con sus pantalones, sobre aquella chaqueta estaba el orgulloso símbolo de Princeton. La común y hermosa sonrisa de Pet había desaparecido, esta vez no sonrió ni me miró tiernamente, su rostro parecía duro, como si fuese una máscara de yeso.

—Hola, Pet —sonreí nerviosa —supongo que sé por qué estás aquí. ¿Quieres ir a la cafetería?

—Te sigo —murmuró tomando su maletín.

¡Qué incomodo momento! Y aunque intenté mantener la sonrisa durante toda la conversación en la cafetería, sé que él notó mi incomodidad y cuando se acabaron las preguntas clásicas de ¿Cómo te va en el College? ¿Cómo van las calificaciones? Y todo eso, el silencio terminó adueñándose del ambiente.

—Sabes por qué estoy aquí, Bella —alzó sus ojos y se encontraron con los míos—, esperé una respuesta que no llegó y terminé enterándome de lo tuyo con tu tutor. Bella, mírame —me pidió —¿Qué hice para que me ignorases después de todo?

—Tú no hiciste nada malo —sonreí tímidamente y sentí como mis mejillas se ruborizaron —, nadie hizo nada malo, hay decisiones que van más allá de lo que uno planea y bueno, Edward es lo que mi corazón decidió y créeme que no fue fácil.

—Sabes que te quiero ¿verdad? —su voz se tornó débil —y no quiero verte sufrir.

Intenté subirle el ánimo, hablarle de lo bien que se veía y que de seguro otra chica sería la afortunada de estar con él, aunque la verdad no sabía qué hacer ni qué decir. Con certeza debo haberlo hecho fatal, pero para cuando nos despedíamos poco importaba, él me sonrió tiernamente, como siempre lo había hecho, me pidió mantener el contacto y no pude negárselo, y cuando se fue depositó un tierno beso en mi mejilla.

—Hasta pronto, Bella —susurró y se marchó.

No tuve tiempo de digerir nada de lo que había pasado, Alice y las chicas me esperaban para estudiar inglés, Cálculo, Literatura y un sinfín de asignaturas en las que teníamos exámenes. Una vez que nos reunimos, Jess no dijo nada, nos sentamos todas alrededor de una mesa de la biblioteca y al abrir nuestros libros el silencio se volvió absoluto.

≪Señorita Isabella Swan se le espera en recepción≫

Las chicas me miraron sorprendidas, últimamente era la comidilla del College, con la aparición de la Srta. Robbins todo el mundo se había enterado de mi relación con mi tutor, los chismes hablaban de que era casi quince años mayor y que me había fijado en él sólo por su dinero, también se decía que Christine era hija mía, pero que lo había ocultado muy bien. A estas alturas de la vida los chismes me daban igual, que digan lo que quieran, después de todo hablarán de mí porque si y porque no, haga lo que haga lo harán.

—Bella —sonrió Jacob —que gusto verte, estás muy guapa.

—Jake—sonreí y luego me di cuenta que hablaba con Mr. Smith —, señor ¡qué bien verle!

—¿Señor?—frunció el ceño—. ¿Desde cuándo me tratas así?

—Lo siento, aún no sé cómo tratarle cuando le veo, es más fácil por carta.

—Ahora te quejas después que hiciste todo por conocerme. ¿Quién te entiende Isabella?—rió.

Cuando nos fuimos a la salita dónde usualmente nos reuníamos, él se sentó con comodidad y dejó su chaqueta en el colgador dispuesto para aquello. Por lo que noté tendríamos mucho de qué hablar, así que no me apresuré a pensar que pronto volvería a reunirme con las chicas.

—Isabella, sé bien lo que pasa con Edward y tú. No lo rechazo ni lo apruebo, en tus situaciones sentimentales no soy quién para entrometerme, pero he recibido una carta de la Srta. Robbins declarando lo estupefacta que se encuentra al ser terriblemente tratada por Edward y por ti, de lo groseros que fueron y del gran peligro que corres en manos de un hombre cono Edward, además del riesgo social que implicará para Edward, para el Orfanato y para ella misma como tu tutora en San Francisco de Asis y por eso mismo vengo a interceder por ti, no quiero que los separen, él es mi primo y tú mi pupila, pero sé muy bien cuando las cosas podrían complicarse. Eres menor de edad, ¿Sabes lo fácil que es meter a Edward preso por ser tu novio?

—Lo sé—murmuré.

—Sabrás que estoy al tanto de la petición de Edward, él sabe lo que pasaría si esto continúa así, toda la estabilidad de Edward puede irse al demonio con el simple hecho que alguien exponga su relación, él lo sabe y por tu seguridad, la de él y la de Christine, él está pidiendo tu mano —se silenció —. ¿Qué has respondido?

—Le he dicho que debe darme tiempo. Sé todos los riesgos que corremos, pero aún me queda un año de College, no quiero casarme así como así, quiero vivir mi vida normal por una vez después de tantos años, decidir casarse a mi edad no es normal, se supone que a esta edad aún estoy decidiendo qué quiero ser cuando egrese del College no si quiero vestir de blanco o no —resoplé.

—No queda tiempo, egresarás el próximo año sin falta, serás una de las mejores por tus calificaciones, a pesar de las evidentes bajas en el área matemática, sé que saldrás con sobresaliente en literatura, podrás vender tus cuentos con facilidad, pero tienes frente a ti la oportunidad de llevar una vida completamente normal y la estás desechando por inmadurez y miedo. Abre los ojos, Bella —tomó aire—, nadie podrá entregarte una mejor vida que Edward y además estarás con Christine. Dime ¿Qué es realmente lo que te hace dudar? Espero sólo la verdad.

—Que Edward se arrepienta —murmuré.

—Pues aunque lo hagas esperar él no se arrepentirá, pensé que conocías mejor a Edward —dijo levantándose de la silla.

No fui capaz de responderle, me quedó todo atragantado en la boca, mi respiración era incapaz de controlarse ni voluntaria ni involuntariamente, sabía que tenía miedo que quizá podrían considerarme una cobarde, pero una proposición de Edward era lo que menos me esperaba, me costó darme cuenta que era en serio y me costó reconocer que debía tomarlo con madurez. Quizá no fuese tan madura como se esperaba, pero sabía que debía dar una respuesta, él tarde o temprano me lo pediría.

Cuando salí de esa salita tenía mucho que pensar, así que me fui a la biblioteca a estudiar nuevamente, quizá concentrarme en otra cosa que no sea mi vida personal me haría mejor que centrarme en una u otra cosa que por momento no podría resolver. Sin duda era más fácil hacer de cuenta que nada pasaba, pero a penas salí de la biblioteca rumbo al comedor todo parecía repetirse como un deja vu.

≪Señorita Isabella Swan se le espera en recepción≫

¡No otra vez! Tenía que ser el objeto de todas las miradas en el College, se inventaba de mí más de lo que yo era capaz de inventar sobre Mr. Misterious ¿será el karma? Bajé las escaleras lo más rápido posible antes que volviesen a hacer el desagradable llamado por alta voz, pero cuando llegué al final de estas no esperé encontrarme en recepción a Edward junto a Christine.

La pequeña niña me sonreía desde los brazos de Edward y mi corazón latía desbocadamente simplemente por verle ahí. La voz de Jacob retumbaba en mi cabeza, los consejos de él se hacían más vívidos en mis recuerdos mientras más cerca estaba de Edward. Caminé hacía él y sostuve a Christine en mis brazos.

—Bella—murmuró la niña al verme.

—Sí, corazón, soy yo ¿Cómo has estado, preciosa? No sabes cuánto te he extrañado mi pequeña.

—Sí la has extrañado deberías venirnos a ver más seguido —sonrió Edward.

—Me encantaría Ed, pero ahora, exactamente ahora tengo que ir a dar mi examen y saldré en dos horas. ¿Podrás venir a verme en dos horas y conversamos? —sonreí.

—Por supuesto, no hay problema. Éxito en tu examen—sonrió.

Besé a Christine y acaricié su cabello, besé a Edward pero en la mejilla ya que había público y me marché al aula donde tendría mi examen. Sinceramente la visita de Edward no ayudaba a calmar mis nervios, todo lo contrario estos se habían incrementado. En el momento en que puse mi trasero sobre el asiento en la fría aula del ala este supe que estaría condenada. Entre pensar en las preguntas del examen y la presencia de Edward en el vestíbulo mi cabeza parecía explotar. Traté de concentrarme todo lo que pude en el examen, pero de vez en cuando mi mente divagaba en los recuerdos de Edward, en los de Christine e incluso en la mosca que volaba alrededor de la cabeza colorina de Camille. No había caso, no podía concentrarme, pero me obligué a hacerlo cuando el profesor señaló que quedaban cuarenta minutos. Una vez terminado el examen no sabía si estar feliz o asustada, feliz por haber terminado el examen y asustada porque tendría que ver a Edward que de seguro sería puntual.

Como no quería tener que escuchar la odiosa voz de la recepcionista llamándome y que todo el mundo en los pasillos se diera vuelta a mirarme me fui directamente a recepción para esperar a Edward allí.

—¿Qué haces aquí?—sonrió Alice que llevaba sus libros apegados a su cuerpo.

—Espero a Edward ¿Qué tal te fue en el examen?—sonreí

—Creo que bien—alzó los hombros—. ¿Edward vendrá? No me digas que es para…

—Supongo que sí, aunque no sé si esperar que de eso se trate o que se trate de otra cosa, ya sabes, quizá ni siquiera viene por eso—murmuré.

—Tranquila, de seguro que vendrá y te sentirás cómoda, es Edward, no hay que temer—sonrió y me dejó sola.

≪Señorita Isabella Swan se le espera en recepción≫

Maldita recepcionista, sabía perfectamente que estaba allí y aún así me llamaba por alto parlante. Caminé hasta que Edward me vio, volvía a traer a Christine, quizá realmente no tuviésemos que hablar de aquel tema tan delicado, quizá no fuese necesario, así que intenté darme el valor suficiente para enfrentar esto con madurez. Me repetí una y mil veces que era una mujer, no una niña, realmente eso esperaba creer.

—¿Qué tal?—sonrió Edward —. ¿Cómo te fue?

—Supongo que bien, la verdad me costó un mundo concentrarme en el examen, fue realmente difícil—confesé.

—El hecho que no te concentrarás ¿tiene que ver algo conmigo?

≪Tiene que ver todo contigo—pensé≫

—Mejor será que vayamos a conversar esto a otro lado—susurré.

La recepcionista estaba escuchando todo, la miré y no despegaba su oreja quería escuchar toda nuestra conversación y por la cara que ponía cada vez que Edward aparecía de seguro odiaba no poder cortarle el paso por el simple hecho de que Edward era mi tutor y no podía. Así que le pedí que me acompañase a la salita dónde estaríamos más cómodos.

—¿Has pensado en lo que te dije?—insistió de la nada a penas la puerta se cerró tras él.

—Sí—intenté ser segura y demostrar que realmente no hay otra cosa en la que piense últimamente.

—¿Entonces?—acarició el rostro de Christine que aún estaba en mis brazos.

—Entonces que desde que hiciste tu bendita pregunta no he podido pensar en otra cosa, me has hecho sentir la persona más mala del mundo por no responderte e incluso haberte dicho que no, hasta Jacob vino a verme como mi tutor y obligarme a decidir lo antes posible para que no jugase con tus sentimientos. ¡Dios! Yo no quiero jugar con tus sentimientos Edward, yo te adoro y sé que lo sabes, pero tienes que entenderme, aún soy una niña, no he vivido nada de la vida y temo no poder hacerlo por tomar una decisión tan seria, no quiero arrepentimientos, no soportaría hacerle daño a Christine o a ti, pero también sé que no soportaría hacerme daño a mí misma negando lo que siento…

—¿Y qué es lo que sientes, Bella?—se acercó a mí dejando en medio a Christine que nos separaba levemente.

El nudo en mi garganta volvía a aparecer, pero esta vez no le dejé dominarme, tenía que sincerarme con Edward, decirle todo de una vez y sin espera, después de todo había confianza, él entenderá, debía entenderme así como yo le entiendo.

—Que te amo tanto que llega a doler—dije reteniendo mi respiración—, que tengo miedo que te arrepientas de haberme escogido a mí antes que alguien que fuese más adecuado para ti, que sufro con sólo pensar que esto podría no funcionar y que quizá sea una cobarde al pensar todo esto y que finalmente te terminarás arrepintiendo de todo lo que has hecho por mí.

Edward tomó a Christine en sus brazos, la alejó de nosotros ya que nos dividía y se apegó a mí tanto que podía sentir su respiración sobre mi rostro, me tomó de la cintura y el calor de su mano traspasó mi ropa.

—¿Eso es un sí, acepto?—susurró en mi oído.

—Sí—jadeé y tragué saliva ya que mi boca se había quedado seca.

Tomó con su mano libre mi rostro y se acercó a mí depositando un suave, pero a la vez fuerte beso que hizo que mi cuerpo temblase y mis rodillas se debilitasen. En aquel momento mi necesidad de aire se hacía inminente y mi corazón se paraba en cada roce de su piel.

—Bella—chilló Christine.

Entonces Edward y yo despertamos de nuestro ensueño, él me abrazó con fuerza y abracé a Christine junto con él. Me sentía extremadamente feliz, mi corazón latía desbocado y tenía ganas de gritar todo a los cuatro vientos, pero estaba segura que las paredes del college escuchaban.

Este fue el primer día de mi vida en el que me sentí extremadamente feliz y parte de algo especial, era la primera vez que formaría algo por mí y para mí, me sentía aceptada, amada y destinada a ser feliz, por primera vez en mi vida no tenía ningún motivo para tener miedo. Era libre.


Hola Chicas.

La verdad es que he estado agotada por la Universidad, pero estoy de vacaciones y al fin tengo tiempo de escribir. Esta historia se ha vuelto más larga de lo que creí, pero ya estamos prontas a terminar, nos quedan cerca de tres capítulos o cuatro. Así que nos estamos acercando al final.

Puedes encontrarme en Facebook: ManneVanNecker

En twitter: ManneVanNecker

Las quiero mucho y gracias por todo.

Manne Van Necker