En el capítulo anterior de la gran boda 2…

—Bien, estoy esperando, imbécil —le dijo Lovino— ¿Qué me quieres decir, si o no?

—tres veces al día con siesta y paella, es lo que pido, mi Lovi-love… —dijo Antonio sonriendo de forma algo tonta— y si quieres te preparo toda la pasta que quieras,...

—entonces,… dímelo sin rodeos bastardo. (…)

Lovino al mirar el dedo anular de Antonio nota el anillo de compromiso de rubí, engastado en forma de tomate.

—Es un sí, mi Lovi-love…

Nota importante del Autor:

Ya que sigo la misma línea narrativa del fic anterior, y casi los mismos OOC de la anterior historia, aquí harán aparición especial los OOC más conocidos de Hetalia Latinoamérica y los OOC de Sirbluemoustache (katcardenas), N12345, (también usuaria de DA) Colombia (Juan Pablo), Venezuela, (José león, aunque para efectos de la historia es José Francisco) y Ecuador (Enrique). Además de los OOC de Iberic Hetalia! Como Navarra, Galicia, Cataluña, Andorra y Andalucía-chan.

Disclaimer: Hetalia! Axis Powers es propiedad única de Hidekaz Himaruya, los OOC le pertenecen a sus correspondientes autores, y naturalmente España, Francia, Prusia y Cuba son propiedad exclusiva de Himaruya-sama. Solo el argumento (algo absurdo) de la historia me pertenece.


Capítulo 3: Preparativos para una boda medio-decente I parte: si es que se le puede llamar así.

Madrid, España, al día siguiente.

Francis y Gilbert esperaban en la sala de estar de la casa del español, al lado de Fernando, Jordi, Paulo y Esteban. Estaban a la expectativa del plan que había preparado el español así, a la carrera para dar el paso que todos esperaban. Y además, como Vash se ofreció gentilmentea acompañarlos, (ya que si Francia y Prusia lo acompañaban a la serenata se armaba la de dios es cristo), podía haber sucedido cualquier cosa.

Desayunaron todos tranquilos, no sin cierta tensión e incomodidad, en especial de parte de Fernando, el cual quería salir del comedor lo más rápido posible, mientras que Francis lo miraba de soslayo escrutando en los ojos celestes del navarro de cabellera nívea.

Sin embargo, después del desayuno todos empiezan a llamar precipitadamente a los números que tenían a la mano, los necesitaban a todos ellos, especifica y exclusivamente a ellos para iniciar los preparativos de la boda.

Santiago de chile, cerca a las 9:30 de la noche…

Manuel Gonzales, la representación física de la nación austral se encontraba en ese preciso momento tomando un té caliente de hierbas para combatir el frio helado de la noche santiaguina. El chileno, arrebujado en una incontable cantidad de abrigos y mantas veía con atención el noticiero de la noche, con alocuciones de su queridísimo jefecito, Sebastián Piraña (que diga yo, Sebastian Piñera) noticias del entretenimiento, economía y toda esa pendejada o wèa o que se yo, bebiendo a sorbos el té de hierbas.

Bueno, el hecho radica en que el chileno en cuestión estaba con un genio de los mil demonios tiritando de frio, pero se percata del repique del teléfono, por lo que se levanta del sofá refunfuñando amargamente, tomando el auricular con desgana.

— ¿diga?

—aló, hablas con Jordi Carriedo.

— ¿Qué hacés llamándome a estas horas, aweonao catalán de mierda?, son cerca de las diez de la noche acá en Santiago, estúpido.

—Más respeto con tu tío, Manuel, —le espeta cansadamente el catalán.

—Y que respeto quieres que te tenga, asqueroso saqueador e mierda, —espetó iracundo el chileno

—deberías, porque no te Toño no te invitaría a su boda.

Eso dejó bastante impactado al chileno, por lo que le volvió a preguntar al catalán

—espérate, espérate… ¿Qué Antonio QUE?

—se va a casar con Lovino, idiota. —dijo Catalunya con hastío— y quiere que seas uno de sus "damas de honor".

—bueno, dale mis felicidades a ese imbécil, pero lo segundo QUE NI SE LE OCURRA!

—Sabes Manuel, creo que el hacha de Antonio ha perdido un poco el filo…

—está bien, está bien… —respondió el chileno— me dirigiré hacia allá…

—te espero.

Ciudad de México, distrito federal, esa misma noche.

La refrescante noche en el distrito federal aliviaba el sofocante bochorno del día. Las temperaturas diurnas ascendían precipitadamente a casi 37ºC, haciendo posible fritar un huevo en el capó de cualquier automóvil. Y eso sin contar a que ascendía a casi 41ºC en el paseo de la reforma debido al hervidero de autos y atascos de tráfico en el principal punto neurálgico de la mega metrópoli, lo cual hacia posible asar una lonja de carne en cualquier banca de concreto del paseo dela reforma.

Pedro Sánchez, la representación del norte de la repúblicamexicana estaba intentando conciliar el sueño en su cuarto, en su casa de la colonia Los pinos. A duras penas estaba cubierto con una sábana demasiado transparente, debido al sofocante y extremo calor de la noche que aún se sentía en el ambiente, agregado a que había dejado de dormir con pijama, para dormir simplemente con unos ajustadísimos Boxers rojos. Aunque el insoportable bochorno tarde que temprano lo obligaría a dormir sin absolutamente nada de ropa.

El insoportable calor del ambiente obliga al norteño a levantarse y dirigirse hacia la cocina en búsqueda de un vaso de agua para refrescarse su pobre garganta, mas sin embargo suena el teléfono de la sala de estar.

—aló…

—Adivina con quien estás hablando, Pedrito…

Pedrito. Solo dos personas le decían así en el mundo, aunque para el resto era señor Sánchez, señor norte de México, o don Pedro. Una de ellas era Antonio, la otra…

— ¿Rocío?

La andaluza le estaba llamando.

—mira, yo sé que tú no te llevas tan bien que digamos con Toño pero adivina que…

—qué pasó con Antonio esta vez.

—Se casa con Lovino en una semana

Eso no le extrañó al mexicano, sin embargo, le preguntó el motivo de su llamada a la andaluza.

—entonces, ¿para qué chingados me necesitan? ¿No sabes que pinches horas son acá en mi casa?

—lo siento Pedrito, pero te necesitamos urgente, Toño quiere que seas uno de sus "damas de honor"

— ¿Qué CARAJOS TIENE EL IDIOTA DE TOÑO EN LA CABEZA? —gritó consternado el mexicano tan fuerte que despertó a su hermana.

—Bájale al escándalo, no dejas dormir.

—lo siento hermanita, pero es Rocío la que llama…

—No manches, NO MANCHES….! —gritó la sureña emocionada, agarrando el teléfono por la fuerza, mientras parloteaba con la andaluza toda suerte de temas de mujeres, que se yo, y al llegar al tema de la boda de Lovino y Antonio ella no puede evitar reírse escandalosamente.

Pedro ya irritado e incómodo, decide volver a dormir, mas su hermana Itzel lo detiene y le dice.

—Rocío me dice que tienes que partir de inmediato, o si no ella misma probará el hacha de Antonio contigo.

—CON UNA CHINGADA —gritó el mexicano colérico.

Bogotá, Distrito Capital, esa misma noche…

Juan se encontraba en ese momento leyendo documentos oficiales en su estudio de lectura. Los últimos días habían sido tan agotadores con el meollo de la reforma a la justicia, las Farc atosigando en el norte del cauca, los escándalos de corrupción, los desencuentros y peleas de su ex jefe y su actual superior. El dolor de la rodilla lo aguantaba lo mejor que podía, sin embargo, no era tan intenso como en ocasiones anteriores, sino que iba y venía con intensidad variable: a veces casi como una leve molestia, a veces como un sordo e insoportable dolor.

El café del termo se había agotado por completo, por lo que fue por más café a la cocina. Ya cuando llegaba a la sala de estar, repica el teléfono con insistencia, por lo que cojeando se dirige hacia la mesita en donde estaba el teléfono para contestar.

— ¿con quién hablo?

—Hola Juan, soy Fernando.

—Viejo Fercho, ¿no sabes qué horas son aquí en mi casa?—contestó alegremente el colombiano— estas no son horas de llamar.

—Si, si, si ya sé que es muy tarde allá pero acá son apenas las 10:00 de la mañana —le dijo el navarro— y de paso, no me hagas sentir tan anciano, por el amor de dios.

—Lo siento Fercho…

—que soy Fernando, Juan —le corrige el Navarro cansadamente— Aprende a hablar correctamente.

—Está bien,… Fercho —le responde el colombiano conteniendo la risa a duras penas.

Definitivamente con algunas cosas no había remedio, así que la representación del antiguo reino hispánico, y actual comunidad Foral dejó de insistir.

—como sigues, Juan —le preguntó el navarro.

—Me duele la pierna, tengo problemas en el sur del país, metieron mil y un micos a la reforma judicial de mi constitución, mis funcionarios se emborrachan y conducen embriagados, pero por lo demás estoy bien—exclamó algo sarcástico el colombiano.

—no me gustaría estar en tus zapatos, —afirmó el navarro—y por dios, ¿micos?, de verdad no os entiendo,.. pero no vengo a llamarte por eso.

—entonces ¿Cuál es el motivo por el que me llamas?

—verás, Antonio se casa con Lovino en dos semanas, y necesita de tu ayuda…

—casi que no hombre, dale mis felicitaciones de parte mía...—exclamó el colombiano risueño felicitando a su ex tutor.

—Como "dama de honor" —agregó el navarro.

—QUE CARAJOS HAS DICHO! —exclamó Colombia tan fuerte que casi deja sordo a Navarra.

—sí, así que deberías alistar tus maletas ahorita mismo Juan, te espero en dos horas.

Caracas, esa misma noche…

José se encontraba esa noche en el jardín de su casa mirando la luz de la luna, reflexionando, buscando algo de tranquilidad en medio del polarizado ambiente. El chico de cabello castaño simplemente deseaba tener un poco de tranquilidad en medio de aquel turbio devenir de su destino con un loco en el palacio de Maracay. Se acomoda el cabello de nuevo, intentándose echar hacia atrás el mechón suelto de pelo que sobresale de su cabellera castaña.

El frio empieza a calarle a la representación de la república Bolivariana de Venezuela, por lo que entra de nuevo a la casa.

La sala de estar que daba al jardín, estaba adornada por diferentes cuadros y retratos, además de varios muebles de corte bastante clásico. Al entrar, se sienta en una de las poltronas de la sala de estar, pero apenas sentarse suena el teléfono.

— ¿con quién hablo?

—Hola José, soy Esteban.

— ¿Qué haces llamándome a estas horas?

—Adivina que, —exclamó el Gallego— Lovino y Antonio se casan.

—bien por ellos —agregó el venezolano— pero ¿no debería yo esperar las invitaciones? La vez pasada no había recibido llamadas de nadie antes de que las invitaciones a la Boda de Ludwig y Feliz llegaran a mi casa

—dirás a la casa de Juan, —le corrigió el gallego— por cierto, la vez pasada no pude ir, solo Antonio, Rocío y Fernando fueron al matrimonio, pero no te llamo para hablarte de la boda de Ludd y Feli, eso ya es tema pasado de moda.

—entonces que quieres decirme Esteban.

—Toño quiere que seas uno de sus "damas de honor"

—¿QUÉ DEMONIOS DICES?, entonces si quiere que sea su "dama", entonces el sería la "Novia", ¿no?

—ahí está pintado Antonio, Pepito —le dijo el Gallego.

—No me digas así Esteban que nunca me ha gustado

—¿Qué tiene de malo, PEPITO?

—que SOY JOSÉ, IDIOTA!

—Cálmate y cállate, José— le dijo Galicia a Venezuela tranquilamente— parte de inmediato, aunque creo que tus otros dos hermanos ya estarán aquí.

Quito, esa misma noche.

Enrique estaba durmiendo como una piedra en su casa, arrebujado en incontable cantidad de cobijas, buscando la calidez que no lograba encontrar en la fría y helada noche quiteña. Podía pasar de todo, estallar una bomba, temblar y caerse su casa, eruptar un volcán, y nada lo despertaba. Bien, como sea, el hecho también radica en que nuestro querido Enrique también cambia con demasiada frecuencia de postura, y ya habían sido varias las veces que por eso se había caído de la cama. Y esa es la única forma que tiene para despertarse.

Y precisamente esa noche, fue a dar al piso, golpeándose la frente con el borde de la mesita de noche que estaba al lado de su cama. (Pobre frente)

—MIERDA, MI CABEZA—se quejó el ecuatoriano de ojos ambarinos.

E inmediatamente suena el celular en la mesita de noche con la que se había golpeado, por lo que atarantado y adolorido se levanta como puede tomando el celular, arrebujándose con un par de mantas de lana, y contestando la llamada.

—¿diga?

—imbécil de mierda, llevo casi dos horas llamándote y tú no respondes estúpido —espeta irritado el valenciano.

—oye, oye, oye, Mauricio— se queja el ecuatoriano—¿Cómo demonios te iba a escuchar si estaba durmiendo, son cerca de las 10:00 de la noche acá?

—NO ME IMPORTA ESTUPIDO PENDEJO HIJO DE PUTA, DEBISTE HABER OIDO EL TELÉFONO, SO BRUTO.

Valencia a veces se gasta un genio peor que Romano e Inglaterra juntos, prácticamente puede decirse que es más tsundere que Inglaterra, pero que carajos, ese no es el tema. Sin embargo, el valenciano le dice al ecuatoriano el motivo de su llamada.

—Mira, no te estaría llamando a estas horas por nada que fuera importante…

—si, como no —espetó cansado el ecuatoriano.

—déjame terminar, estúpido —espetó el valenciano— como te decía, por nada que fuera importante, excepto que el idiota bobalicón de mi hermano mayor…

—¿Cuál, Paulo o Toño?

—Pues Toño, imbécil, deja de interrumpirme—volvió a espetar el valenciano— la cosa es que el idiota se casa con Lovino en una semana.

—pues, dale mis felicitaciones a él y a Toño —le dijo Enrique— así que si solo era eso, mejor me vuelvo a dormir.

Estaba a punto de colgar cuando Valencia detiene a Ecuador a los gritos.

—Espera no cuelgues estúpido que no he terminado…

—¿ahora que más tienes que decirme, Mauricio?

—Toño te necesita para que seas parte del séquito…

—¿séquito de qué?

—De damas de Honor de la "novia"

—CON UN DEMONIO, COMO SE LE OCURRE A ESE IMBECIL QUE YO HAGA PARTE DE ESA PAYASADA —gritó el ecuatoriano encolerizado a tal punto que casi deja sordo al valenciano.

—Bien, yo que tú me despertaba, alistaba mis maletas y me dirigiría al aeropuerto lo más rápido posible, adiós —dijo la representación de la Comunitat valenciana a su homólogo ecuatoriano, para luego colgar.

Buenos aires, esa misma noche…

Diego Andrés Sarmiento Perón[1], la representación física de la republica argentina, se encontraba como si nada bebiendo mate en el balcón de su casa, reflexionando sobre los últimos acontecimientos de pasados días, en especial de aquel asunto con Antonio. La helada noche Bonaerense se cernía sobre la ciudad como un gélido manto azul oscuro.

Meses atrás…

En palacio las cosas no eran como las esperaba el rubio austral de ojos celestes. Diego podía esperar cualquier cosa de la señora Fernández de Kirchner, su actual jefa menos expropiar una de las compañías petroleras de Antonio. A pesar de que su jefa le había dicho que necesitaban el dinero para el gasto Publico y demás, ese pretexto no le convencía. Comprendía claramente la situación por la que pasaba Antonio en esos momentos, la crisis económica, los rigurosos padecimientos del recorte fiscal, la corrosiva enfermedad que lo acababa con lentitud.

Sin embargo, la llamada que ese día lo iba a poner de un ánimo mucho peor.

diga…

¿Cómo pudiste hacerme esto diego?, espetó el español con un deje lastimero en su voz pudiste haber hecho cualquier cosa menos eso…

debiste haberte ido cuando te advertí…

no me digas nada, por el amor de dios no sabes por la situación que estoy pasando, la crisis, el desempleo, las protestas…

Había parado, solo se oía las tristes expectoraciones de la tos, la respiración agitada.

—¿Te encuentras bien?

sí, estoy bien, Diego, exclamó el español evasivamente simplemente dejemos las cosas así…

Aun el oír la tos del español le dolía bastante, le remordía bastante la conciencia haberle hecho eso a Antonio, pues Diego había pasado por esos padecimientos tiempo atrás.

Bebió distraídamente el mate por la bombona plateada. Tenía un gusto bastante amargo, perfecto para aquel sentimiento de culpa que tenía. Sin embargo, oyó repicar el celular, por lo que deja a un lado el tazón de mate para disponerse a contestar.

—¿Aló con quien hablo?

—Diego,…

—¿Antonio?

Era el español el que lo llamaba. Aun se sentía un deje de agotamiento en su voz, pero por lo demás está bien.

—cómo estás, che, como seguís…

—Por lo demás estoy bien —le respondió Antonio desde el otro lado de la línea— pero ese no es el motivo…

—si es por el asunto de REPSOL no puedo hacer nada lo siento

—tampoco llamo por eso.

—entonces, ¿Cuál es el motivo?

—Diego Andrés, me caso en una semana.

—adivino que al fin mamá te dio el sí.

—de hecho, tu madre fue la que me pidió matrimonio.

—¿QUÉ?

Eso dejó consternado al argentino. Lovino nunca se había lanzado así, excepto en la boda de su hermano menor Feliciano, en donde según los rumores, cambió de rol con su "padre adoptivo". Aunque el también deseaba hacer suyo al chileno amargado que tenía al lado, el cual no se atrevía a admitir lo que sentía por él, y había desaprovechado crasamente la oportunidad de la boda pasada. Bueno, al menos un nuevo matrimonio se acercaba, y eso le facilitaba las cosas.

—entonces, ¿me pensás invitar o lo que estás haciendo es dejarme a un lado por el asunto de REPSOL?

—Eso quedó en el pasado, Diego… —le respondió España— lo que quiero es que seas uno de los "damas de honor" de mi boda.

—dirás caballeros de honor, boludo —corrige Argentina.

—no, serán "damas de honor", así que tendrás que usar un vestido muy mono color azul celeste que Francis va a diseñar.

—está bien, está bien, es lo menos que puedo hacer por compensarte por lo de REPSOL.

—lo de REPSOL es cosa del pasado, no te preocupes por eso.

—bien, de todas maneras felicidades a ti y a mamá. —dijo el argentino— y saludame de parte mía a la tía Feliciano.

—está bien, le daré tus saludos a la tíaIta-chan de tu parte.

(nota del autor: Argentina es el único que trata a Lovino de "madre" y a Feliciano de "tía").

La Habana, cerca de las 3:00 de la madrugada.

Carlos Machado, la representación de la republica cubana estaba durmiendo a pierna suelta en su casa, ubicada en el centro histórico de la ciudad, cercana a la playa. El gringo miserable de Alfred Jones podía decir cualquier cosa, pero su vida era tal vez muy pacífica y paradisiaca. De cuando en cuando Matthew iba y venía de visita, charlaba con él un poco, compartían algo de helado, iban a la mundialmente conocida "bodeguita del medio" a tomar algo de ron y escuchar un buen bolero. Sin embargo, Matt había bajado la intensidad de las visitas, aunque no le faltaba compañía: aparte de Matthew el que lo visitaba con mayor frecuencia era José, el cual acompañaba a su superior a sus tratamientos médicos, charlando con el cada vez que podía en la colonial y amplia casa del cubano, ubicada cerca de la playa, aunque eso causara celos (así lo negase cientos de veces) de parte del hermano del susodicho, o en otros términos: Juan Pablo.

Como decía, el cubano estaba durmiendo a pierna suelta en su casa cuando repica el teléfono de la mesita de noche contigua a su cama.

—Carajo, es que no saben que estas no son horas de llamar, maldición —espetó malhumorado el cubano, mientras contestaba el teléfono.

—¿con quién hablo?

—discúlpame por haberte despertado a estas horas, Carlos…

—¿Patxi?

—Sí, el mismo.

Reconocía ese sutil acento vascuence en cualquier lado. El vasco le estaba llamando, pero ¿Qué rayos hacia el País Vasco llamándolo a esas horas?, ¿Acaso no era una treta del gringo?, sospechoso, muy sospechoso…

—no creo que seas Patxi, él no se le ocurriría llamar a estas horas, debes de ser un espía del gringo...

—mira, recuerdo que cuando eras más pequeño Francis te dejaba jugar con Dominique (Haití) y Jean Pasquel (Martinica) a las escondidas. Y una vez, no recuerdo muy bien, Francis te vistió de niña con un hermoso y mono traje rosado con un lazo fucsia, bajo la insistencia de la esposa de Roderich, que te pintó en un retrato al óleo. Te veías tan lindo y mono —suspiró el vasco recordando aquellos momentos—. También recuerdo que te gustaba estar conmigo de pequeño, pues te gustaban las historias que te contaba. En serio, ¿me crees espía de ese idiota? por el amor de dios, le he hecho a Antonio varias cagadas, pero él nunca se ha atrevido a acusarme de semejante barbaridad… que yo sepa.

—está bien, está bien te creo Patxi— le dijo cansado el cubano— pero ¿Qué necesitas de mí? Por lo general no creo que Toño me quiera mucho...

—mira, sé que tu relación con Antonio ha sido bastante… regular, pero a él te dolió perderte en el 86, lo sé.

—ve directo al grano o cuelgo.

—está bien, la cosa es que Antonio se casa con Lovino en un par de semanas y necesita que vayas aquí a casa, como parte de las "damas de honor" de él.

—EL IDIOTA ESE QUE TIENE, ¿AIRE EN LA CABEZA? O ES COSA DEL GRINGO PARA PONERME EN RIDICULO —espetó encolerizado el cubano.

—Carlos, cálmate, Alfred no tiene nada que ver con esto, es cosa de Antonio.

—bien, entonces los ayudo pero con una condición: Que Francis ni se le ocurra ponerme un trajecito rosa porque si no le rompo todo lo que se llama cara.

—está bien, le diré a Francis lo que me dijiste Carlos —le respondió el vasco— nos vemos en 5 horas, toma rápido el avión.

En Madrid, cerca al mediodía…

El aeropuerto de barajas se encontraba en su hora pico. Las entradas y salidas internacionales estaban atestadas, en especial la parte de salidas internacionales. Entre tanto, 8 naciones latinoamericanas habían conseguido arribar después de un largo y bastante agotador viaje desde sus casas hasta la casa del español.

Ya al llegar a la sala de arribos internacionales, José se sentía pleno, quería descansar un rato después del agotador viaje desde caracas. Lo mismo que Juan y Enrique, los cuales terminaron viajando juntos debido a que el vuelo de este último había tenido que parar en Bogotá, para luego hacer el correspondiente trasbordo, coincidencialmente, en el vuelo que el colombiano había abordado.

Pedro por su parte había tenido que hacer escalas en La Habana, viajando con Carlos, haciendo el viaje más llevadero, llegando dos minutos más tarde. Mientras Manuel, para infortunio de este, había tenido que soportar todo el vuelo con el idiota de su vecino, Diego, alias el "aweonao fleto culiao Argentino de mierda que le gustaría mandar a la chucha" (no sé qué signifique eso, pero tenía que ponerlo, ahí está pintado ese tsundere redomado de Chile).

Pero sin embargo la sorpresa, (y el escandaloso) mayor estaba ya por venir… pues acababa de arribar un chico de unos veintitantos años, de delicadas facciones morenas, mirada de fastidio, ojeras de aquí a Pekín, ojos color caoba, acompañado por una llama con lentes que rumiaba con indiferencia y escupía a su paso, vestido con un conjunto sencillo de sweater rojo, pantalones de mezclilla y gorro de cholo de variopintos colores.

—TU! QUE RAYOS HACES AQUÍ —espetó el ecuatoriano irritado.

—simplemente vengo por que el viejo Toño me llamó para su boda, ¿hay algún problema con eso? —contestó retadoramente el peruano.

—Kike, cálmate no caigas en su juego… —le decía Juan pablo, su hermano mayor.

—Oye Pablito, —Le dijo el peruano— ¿Cuándo me devolverás el trapecio amazónico y Leticia?

—IDIOTA, NO TE BASTÓ CON LA PALIZA QUE TE DI EN EL 36… —espetó el colombiano irritado.— ¿SE TE OLVIDÓ TARAPACÁ[2], IMBECIL?

—Cálmate Juan, solo está provocándote.

—ah, y de paso, ¿no crees que se vería más linda la línea divisoria si fuera diagonal? —dijo el peruano.

—claro, y de paso te quedarías con la mitad de mi mar, —exclamó irritado el ecuatoriano— no te basta con Arica…

—SI!, Pero quiero también Antofagasta…

—MALDITO BASTARDO CODICIOSO HIJO DE PUTA, NO TE ATREVAS A METERTE CONMIGO, MALPAR….. —ladró el chileno iracundo y rojo de ira.

—Ay Miguel,… ni siquiera a estas alturas de la vida no dejas de causar problemas.

Todos se detuvieron al oír la voz del hombre. Y lo vieron de nuevo: Cabello blanco, aspecto majestuoso, vestido con una gabardina blanca y pantalones de color crudo, además de una bufanda verde musgo. Sus cansados y centelleantes ojos celestes hacían resaltar su figura imponente que nunca había perdido a pesar de los años. El último de los grandes reinos hispánicos: el otrora Reino de Navarra, don Fernando Carriedo y Montblanc, conservaba ese porte gallardo e imponente de los antiguos caballeros medievales, cosa que hacia suspirar a más de una chica, y por más raro que parezca, también ponía a suspirar al mismísimo Francia.

—Disculpe usted, Don Fernando.. —se excusó el peruano agachando la cabeza—no quería causar problemas.

Sin embargo, esa aura de venerabilidad parece disolverse unos instantes al saludarlo el colombiano con una jovialidad y un desparpajo inusitados, acercándose cojeando para abrazarlo.

—Viejo Fercho, veo que no has cambiado nada, ¿no?

Y dicho esto, le da un fuerte abrazo que hace que el navarro casi se asfixie.

—bueno, creo que estás un poco más fortachón desde la última vez que te vi —Le dice amablemente el navarro mientras revuelve los cabellos azabaches del colombiano de forma amistosa.

—ya, ya, simplemente hago lo que Gilbert me enseño tiempo atrás.

—Oye, no me gustaría interrumpirles pero tenemos cosas que hacer, —exclamó el chileno con tono serio y practico

—al fin alguien dice algo realmente sensato —refrenda el mexicano de ojos color avellana y venda nasal.

Dicho esto todos salen del aeropuerto, no sin evitar cierto desorden y riñas de parte del ecuatoriano y el peruano que discutían a los gritos, y que de no ser por el cubano o el venezolano se hubieran ido a los golpes. Posteriormente se suben a la van, en donde todos no puede evitar reñir por nimiedades tontas, mientras el navarro conduce hacia la casa de su sobrino.

Al bajar todos de la van, y tocar la campanilla de la puerta, abre un joven de tez morena, ojos color almíbar, cabello castaño oscuro, cejas gruesas y un distinguible rizo.

hallo! Chicos, pasen, pasen —exclamó el maltés— los demás los esperan en el jardín.

Y de hecho, ahí estaban la mayoría de los estados hispánicos de la península ibérica junto con otras dos personas que creía que no sabían del cuento, o que quizás habían sido informadas de mucho tiempo antes… amén de tres de los estados de la península itálica: Malta, el estado Vaticano y San Marino.

—¿Qué demonios hace este aquí? —exclamó el argentino estupefacto.

El brasileño se limitó a mirar con un deje de fastidio al argentino. Era increíble que el rey del futbol y dios del sexo Brasil tuviera que soportar al niñito rubio arrogante de Argentina. Definitivamente Luciano deseaba sacar de quicio a Diego de cualquier forma posible. Y Diego por su parte, el "rey del futbol", amo de la parrilla y el churrascoy también amo del sexo no sabía cómo carajos habían metido al brasileño en semejante colada.

—me debes un mundial de futbol —espetó el brasileño.

—IMBECIL, en Italia 90 gané limpiamente!

—MENTIRA, INTOXICASTE A MIS JUGADORES

—NO ES VERDAD

—YA BASTA, carado! —espetó encolerizado un joven de largo cabello castaño oscuro, recogido en una coleta.

—Hasta que al fin alguien los pone bajo control —exclamó al final un joven de rasgos asiáticos, cabello negro carbón, ojos color caoba, vestido con una sencilla guayabera y unos pantalones color crudo.

—NO TE METAS ALONSO! —le gritan los dos latinoamericanos al filipino.

—Me meto porque si seguimos con tanto escándalo no terminaremos haciendo nada —respondió el filipino bastante serio.

Y ya en las bancas, sillas, y también en el prado del jardín de la casa del español (porque la sala no daba abasto para tanta gente) estaban: Chile, al lado de un molesto argentina, el cual estaba a todas luces ofendido por el comentario de Brasil. Colombia, ecuador y Venezuela, naturalmente juntos, alejados los tres de Perú y su llama la cual pastaba tranquilamente en el prado del jardín; aparte de esto estaban también, cuba, México y Filipinas en un grupo aparte, y para rematar también estaban sentados en el prado Brasil y Perú, ambos mirando con algo de fastidio a sus " rivales" respectivos Argentina y Ecuador, mientras que los ibéricos como Navarra, Cataluña, el amargado de Valencia, Portugal, Euskadi y por su puesto Galicia, Andorra y Andalucía se ubicaban como podían en las sillas, bancas y aun en el mismo prado, buscando alivianar la tensión de las naciones latinoamericanas presentes, además de que los tres italianos se habían sentado juntos aparte de los demás grupos.

Y no tardarían en comenzar los mayores problemas.


[1] El nombre de Diego Andrés Sarmiento se debe a varias razones: su primer nombre, Diego, obviamente es por Diego Armando Maradona. El primer apellido, Sarmiento, es una alusión a Domingo Faustino Sarmiento, escritor y político argentino que prácticamente fue el principal impulsor de la aventajada política migratoria argentina, y el segundo apellido es obviamente alusivo a Juan Domingo Perón, político y militar argentino que asumió tres veces la presidencia de este país.

[2] Colombia alude a la batalla de Tarapacá, una de las primeras acciones bélicas de la fuerza aérea colombiana en contra de las pretensiones del Perú sobre el territorio amazónico colombiano. La derrota infringida al ejercito inca obligó a los peruanos a replegarse, para después terminar la guerra con los acuerdos de Río de 1936 en los que Perú renunció al amazonas colombiano y a la ciudad de Leticia. Tarapacá, aparte de ser la primer batalla del escuadrón aéreo colombiano, también fue la primer batalla en América latina en la que los aviones se pusieron a prueba como armas de batalla.