En el capítulo anterior de la gran boda 2…

Deberías tener algo de cautela —le dijo el sajón con algo de manifiesta preocupación desde la distancia— no vaya a ser que te caigas.

no llames a la mala suerte, Klaus —respondió el catalán alegremente.

Y dicho y hecho, por alguna extraña circunstancia, la escalera pierde su soporte y cae al piso con violento estrépito, quedando Jordi agarrado del colgante de seda dorado y blanco que había acabado de colocar.

AUXILIOOOO —gritó asustado el catalán—SOCORRO, QUE ALGUIEN ME AYUDEEEE! []

Y Klaus, como poseído por un raro instinto corre rápidamente hacia donde se encontraba el aterrorizado catalán, se abalanza justo cuando ya la decoración había cedido y este caía inevitablemente al vacío, recibiéndolo en sus fornidos brazos.

E inmediatamente Jordi sintió esa sensación extraña, esa calidez, pudo ver de cerca la cabellera dorada del sajón, sus intensos ojos azul celeste, sentir su calor su fuerza. No sabía si era el susto y la aterradora experiencia lo que hacía que su corazón palpitara con fuerza, como si deseara saltar de su pecho…

Nota del autor: el rollo entre Sajonia y Catalunya se ha de tornar cada vez más picante, a medida que vaya transcurriendo esta algo extraña historia. Agradecimientos a todos los lectores, en especial a mizuki-makino-sama: tus comentarios son muy valiosos, los tomo siempre en cuenta, y sinceramente me gusta que cause tanta risa la historia (pues esa era, es y seguirá siendo la intención, y no importa si te ríes en el metro, en el bus, en la casa, lo importante es disfrutar con esta modesta historia, sin importar lo que los demás te digan (lo digo con conocimiento de causa).

Por cierto, ¡Felices 202 años, COLOMBIA! (Aunque algo tardecito, pues los cumplió este 20 de julio pasado, la intención es lo que cuenta). Le debo un regalo a Juan, espero no me mate. Además de eso: EN TU CARA, ARTHUR KIRKLAND!, NOS GANAMOS LA PRUEBA DE CICLISMO DE RUTA, AUNQUE SEA LA DE PLATA, ESO ES PARA QUE NO VOLVÁS A DECIR QUE EL HIMNO NACIONAL DE COLOMBIA SUENA FEO!, PUEDES TENER A CAVENDISH, A WIGGINS, PERO NOSOTROS TENEMOS A URÁN Y SU MEDALLA DE PLATA! Y TU NO TIENES NADA! (aunque haya sido en la prueba de ciclismo de ruta).

Para los que estén perplejos con lo que dije, simplemente es porque según cierto diario británico, calificando los himnos nacionales de cada país, el himno de Colombia ocupó el sexto lugar entre los más feos. No sé en qué criterios se hayan basado (si en el concepto de la letra, o en la musicalización) pero en el primer lugar está corea del norte, seguido del de Uruguay. Y eso que hasta el son de hoy el himno más estético había sido la marsellesa (el himno de Francia-niichan) seguido del himno nacional de Colombia. Y por así decirlo ese fue el desquite de Juan con Arthur porque nadie se esperaba que Rigoberto Urán (del equipo ciclístico SKY pro-team que es ingléspara más inri) se volara con el kazajo Alexei Vinokurov (también del mismo equipo) en un final épico. Aunque Vinokurov se quedó con el oro, y Urán con la plata (otro kazajo también se quedó con el bronce) dejaron muy atrás a Bradley Wiggins, Henry Cavendish, Vincenzo Niballi y Theo Van Gardener todos triunfadores del ya pasado tour de Francia, en especial el primero, triunfador absoluto del tour, y dueño actual del maillot amarillo de la versión nonagésimo novena del tour. Un logro más para Juan Pablo, y algo que restregarle al tsundere en la cara. La próxima va ser de oro, y se tendrá que aguantar nuestro himno nacional. HE DICHO!

(excusas por haberme pasado de chovinista)

Posibles insinuaciones de Perú/Ecuador, y Chile/Argentina. Este capítulo es especial, porque es una narración paralela a "un romántico incidente".

Capítulo 7: la ira del rio Segre contra la ira del mar báltico.

Diego se encontraba algo distraído con respecto a sus labores. A pesar de que aparentemente estaba "encargado" de la elaboración y repartición de las invitaciones, Albert les había dicho que "ya se había encargado de eso" así que se puso a merodear por las diferentes estancias del castillo. Se sentía como si hubiese regresado a los días de su ya bastante lejana infancia, cuando Toño solía decir que de todas sus colonias el que mejor se comportaba era él, debido a la tendencia natural de rebelarse de los demás en especial de parte de Itzel, Pedro, Juan, Daniel y Octavio que le habían causado muchos dolores de cabeza. Solo cuando los ingleses, comandados por el "Monstruo de cejas raras" (léase Inglaterra) intentaron invadirlo1, agregado a la traumática experiencia (que lo haría fomentar un visceral odio hacia el inglés, que no se acabaría nunca) de soportarlo casi un año, y la poca o casi nula ayuda que recibió de Antonio cuando aconteció todo ese trasunto lo distanciaron de él. Pero por lo demás, Toño solía decir que el mejor portado de todos ellos era Diego. Y no podía negar, que ese "buen comportamiento" le acrecentaba la arrogancia, porque no hay nadie más arrogante que el argentino.

Sin embargo, ese no era el punto. En ese preciso instante conducía en un auto de alquiler por las carreteras españolas con destino a la estación central de Toledo. Edward se había comunicado con Albert de nuevo, le había dicho que los trenes con dirección a Medina del campo solo partían ciertos días a la semana, así que ecuánimemente tomó el siguiente tren a Toledo, y de allí ya encontraría el modo.

Y allí estaba el. Edward Von Bock se encontraba allí, esperando, en una de las bancas del andén 8 de la estación central de Toledo, con dos enormes maletas de viajero que llevaban toda suerte de equipos informáticos, más el morral con su ropa. El duro viaje en avión, agregado al movidito viaje en tren lo tenían de un genio algo irascible.

—casi que no llegan, llevo 2 malditas horas esperando aquí con todos los equipos —espetó fastidiado el estonio.

—Tranquilo, relájate, no te acelerés tanto che—le respondió el argentino—no todo en la vida es trabajo...

—Tú debes de ser Diego, ¿no? —le pregunto Edward.

—sí, soy el grandioso Diego Andrés Sarmiento, o la república de argentina, como querás llamarme —contestó el aludido con un guiño coqueto, una sonrisa arrogante de aquí a Pekín y una pompa muy parecida a la de Gilbert.

—bueno, dejemos las presentaciones para otro día, tenemos trabajo que hacer —contestó Estonia algo cansado, pero con más soltura.

Era sabido por todos que Diego era muy abierto a la cultura Europea. No por nada se ufanaba en decir que prácticamente recibía con los brazos abiertos a cualquier extranjero que viniera por el "sueño americano", cuando este solo no se extendía solo a Alfred F. Jones o los estados unidos de Norteamérica. Por eso Edward se sintió algo a gusto con la compañía del latinoamericano de ojos azules vivaces, cabello rubio cobrizo, un extraño rizo saliendo de un lado de su cabello similar al de Italia, vestido con un conjunto bastante relajado de pantalón de jean gastado, tenis reebok, y una camisa de la selección argentina de futbol, bastante contrastante con lo que llevaba el estonio puesto: un pantalón de paño, mocasines color caoba, una corbata color rojo carmín, camisa de lino, y obviamente en el bolsillo de la camisa cuatro lapiceros y un Smartphone.

—Che, dejá la rigidez, hombre…, decime como te llamás chico —le inquirió Diego al estonio.

—ah, claro… disculpa mis modales. —le respondió Edward apenado al argentino— soy Edward Von Bock, representación de la república báltica de Estonia.

—¿Estonia?, Entonces conocés al Torito ¿no?

—¿Hablas de Toris?

—Sí, Torito —le respondió el argentino con desparpajo— así le digo al pelotudo de cariño.

Y mientras salían de la estación, dirigiéndose hacia el auto de alquiler que el argentino estaba usando, hablaron de toda suerte de temas, de la vida diaria, tradiciones, cultura, platos y bebidas típicos, costumbres, Festividades , mitos y leyendas, en fin. Y ya en la carretera, empezaron a hablar propiamente de sus vidas paralelas.

—¿y en que laborás?, Eduardo decime

—aparte de mis ocupaciones como país soy consultor privado de sistemas cibernéticos de seguridad —contestó el estonio— las computadoras siempre se me han dado fácil—luego agregó—¿y tú en que trabajas Diego?

—Una cosa aquí, otra cosa allá, hubo un tiempo que estuve laborando de estanciero, otro tiempo de gaucho… ahorita estoy en el negocio del futbol con el equipo de mis amores, el boca2 —luego agregó— ¿conocés la pampa?

—no, la verdad no he tenido la oportunidad de salir de mi país salvo por motivos de trabajo, o con mi novia.

—¡¿tenés novia? —exclamó asombrado el argentino— No fregués boludo, contame ¿está buena?,

—no te entiendo —respondió perplejo el estonio.

—¿Qué si la mina es preciosa? —apuró el argentino emocionado.

—si, Eloise es tan hermosa y perfecta… que de verdad sé que ella es más cercana a la perfección que la Deep Blue que derrotó a Kasparov3.

—Móstrala che—insistió el argentino.

Y dicho y hecho, le había mostrado una foto de Eloise que siempre tenía en la billetera. El argentino se quedó asombrado con verla, no podía negar que Edward era bastante afortunado con su novia, más sin embargo, cayó en cuenta al reconocer a la susodicha.

—No fregués, es Mónaco…

—¿Creias que era otra persona?

—no mi hermano, no decía nada, pero por lo que sé el friolento de Alberto anda detrás de ella desde hace rato, me lo contó con detalles mi tía Fabriccio.

La sola mención de Albert perturbo el ambiente. Se notaba que el andorrano no era muy del agrado del argentino. Y el detalle era que Albert rara vez era del agrado de alguien. Quizás tal vez de Iván, pero el ruso notaba que esa gélida frialdad era diferente a la suya. Mientras Iván buscaba la calidez con ansia como buscaba un moribundo su morfina para el dolor, Albert se encerraba en su inexpugnable fortaleza natural del valle del rio Segre, alejado de la vista de todos, alejado de todo. No era de aspecto severo, ni era intimidante, ni bajo ningún motivo era chocante: todo lo contrario, era un chico totalmente educado, cortes, metódico, calculador, cauteloso, hasta podría decirse que encantador y dulce. Decía Francis que era más fácil que una cabra montesa cayese al vacío que descubrirle algo a Albert, pues detrás de aquella trasunta frialdad y esa ladina y cínica sonrisa se escondían muchos secretos… nada buenos. Y si sus intenciones con Eloise eran otras, tenía que andar con mucha cautela.

Después de conducir casi dos horas desde Toledo hasta medina del campo, habían conseguido llegar al castillo. El rastrillo de la puerta se había abierto, y Diego había estacionado el auto alquilado en el patio de armas. Y adivinen quien estaba esperando.

Albert estaba allí, esperándolos. Esos glaciales ojos azules que escrutaban en lo más profundo de las personas se habían fijado en el estonio y el argentino. Su cínica e imperturbable sonrisa se dibujaba finamente entre sus labios, sin romper la frialdad que lo caracterizaba, y que con su sola presencia hacía que se congelara todo a su alrededor con su gélida aura. Fastidiado con el calor y el bochorno castellanos, (pues lo contrario que Rusia, Andorra es un amante del clima frio), el andorrano podía estar rodeado de alacranes y serpientes venenosas y nunca se le borraría la sonrisa cínica y trasunta que tenía, con la burla aflorando en los labios, pero silenciada por el mutismo frio y parco que le caracterizaba.

—Edward, gracias a dios que usted llegó con bien.

—le agradezco sus intenciones, señor Montblanc— le respondió el estonio fríamente— pero reserve sus preocupaciones para otra persona. —luego agregó—Diego, ¿podrías tener la gentileza de ayudarme a bajar las maletas?, por cierto, son materiales muy delicados así que ten cuidado.

Entre el argentino y el estonio bajan las maletas del auto, teniendo cuidado de no causar daños a los equipos en su interior. El andorrano solo se limitó a orientarlo por los laberinticos pasillos del castillo.

—entonces, ¿en dónde puedo establecer mi lugar de trabajo? —preguntó el estonio en un tono aséptico, como si tratase con un completo desconocido al que no quería tratar.

—Hay un cuarto contiguo al gran salón del castillo, a mano derecha en donde se puede trabajar con toda tranquilidad, señor Von Bock —le respondió el andorrano con fría cortesía.

Los tres se dirigieron hacia el mencionado cuarto. Posteriormente, acomodaron con cuidado en una mesa plegable todos los equipos informáticos que el estonio había traído en las dos maletas: tres monitores, un par de scanners, su infaltable Ipad , dos lectores de tarjeta, un teclado flexible de goma, una CPU, e infinidad de microchips en un recipiente de plástico, amén de pinzas, un mini soplete, varios cilindrillos de gas, y demás artículos para trabajos de precisión.

Diego podía evidenciar la tensión entre Albert y Edward. Se notaba de parte del estonio una desconfianza, un eterno trasunto de sospecha, mientras que el andorrano disimulaba con esa cínica y sutil sonrisa un inmenso odio. Un odio exquisitamente bien disimulado en aquellas agraciadas buenas maneras.

—vé que te pasa con ese boludo, Eduardo.

—Nada— contestó evasivamente el estonio— lo mejor es que nos pongamos a trabajar.

Sin embargo, cuando ya se disponían a empezar a encender los equipos del estonio, se oyen varios gritos y suplicas de ayuda, que los sacan de volada de sus labores correspondientes, para ver lo que había acontecido.

En ese mismo lapso de tiempo…

—¿Que rayos sucedió?

Juan Pablo, José, Luciano, Paulo y Fernando se encontraban en uno de los extremos del castillo, charlando tontamente, mientras bajaban en un eterno trasegar toda suerte de equipos de sonido, tornamesas, bafles, y demás elementos para la improvisada cabina de audio. Juan, Feli y Fernando obviamente se encargarían del control de audio y música en la sala del audio. Obviamente, el eterno movimiento de cables de extensiones eléctricas, equipos y demás implementos requería de bastante ayuda, y como Feliciano no era tan gran ayuda…

El escándalo venía de parte del gran salón del castillo. Todos habían dejado lo que estaban haciendo, dirigiéndose hacia el lugar de donde provenía la alharaca propiamente dicha, mas sin embargo ya había cesado el escándalo y solo estaba Manuel, Rocío (la cual parecía bastante mortificada, como si una oportunidad de oro se le hubiese ido de las manos), Jordi, el cual estaba avergonzado a un punto inconcebible, y con un tono rojo intenso de vergüenza (o será de otra cosa…) en sus mejillas, mismo caso del sajón de larga cabellera rubia.

—¿alguien nos puede explicar lo que ha sucedido aquí? —preguntó el navarro perplejo.

Sin embargo, toda respuesta se muere en el aire con el arribo de dos personas en especial: Un francés de largo cabello rubio, ojos color azul oscuro, una sutil sombra de barba vestido de un relajado y elegante traje informal, acompañado de su hermana, la cual lucía un traje de corte ejecutivo bastante serio, lentes de fina montura plateada, ojos de la misma tonalidad de su hermano, y un rostro bastante parco y serio.

bonsoir, mes amis veo que están muy ocupados…

El navarro se encontraba bastante incómodo con la sola presencia del francés. Intentó evadir algún encuentro inoportuno bajo algún pretexto tonto.

—eehh… Francis, ¿quieres que busque a Toño para que hables con él?

non, monchérie Ferdinand… por ahora no necesito hablar con Toni, sin embargo vine aquí a ver en que puedo colaborarles.

Sin embargo, Eloise al ver a Edward se acerca hacia él, dispuesta a saludarlo y a darle el beso que se merece el cómo novio suyo que es, pero Albert de forma oportuna o inoportuna, depende del modo en el que se le mirese acerca a ella dispuesto a darle un afectuoso abrazo de buen amigo…

—Hola, Eloise…. Tiempo sin ver tu lindo rostro —contestó el andorrano sonriente y risueño, haciendo gala de su más exquisita cortesía.

—gracias por los halagos, Bertie, y ¿Cómo van tus negocios con los chalets y los balnearios termales?

—van de maravilla, querida mía— agrega el andorrano sonriente— cada vez más turistas vienen ya sea por el camino de Santiago, o simplemente a pasar por las estaciones de esquiar pero últimamente con esta malditrecàlentament global los turistas que vienen a esquiar han disminuido, pero unas cosas compensan otras, menos mal tengo también unas buenas fuentes termales por ahí, cerquita a mi valle del Segre.

—dímelo a mí, que tengo encima a más de un policía por mi casino, dicen que es un lavadero de activos—exclamó la monegasca sonriente.

Eso era lo que más le enfurecía al estonio. Edward no es que quisiera acaparar la atención de Eloise, él era consciente de que ella era una nación, sabía que los deberes de estado eran ante todo, pero no era la primera vez que Albert, pretextando su amistad con Eloise se acercaba a ella con intención clara de marginarlo a él. Siempre había logrado anticiparse ante las jugarretas del andorrano, mas sin embargo se sentía como si estuviese en una partida de ajedrez, en la que cualquier movimiento en falso pondría su relación con su amada Eloise en jaque.

Sin embargo, la monegasca nota la patente incomodidad del estonio, aunque este la disimula bastante bien con un rictus de sonrisa bastante formal, tragándose para sus adentros la ira. Tal cual como hacía en casa del señor Rusia: tragar hondo y disimular que las cosas andaban bien, cuando en realidad todo era un total y completo desastre.

—disculpa que no pueda seguir hablando contigo, pero creo que mi novio se siente un poco solo… ¿te molestaría si dejamos la conversación para otra oportunidad? —exclamó la monegasca alegremente.

Albert no pudo evitar sentir una mezcla extraña de satisfacción y algo de frustración frente a la petición. Pero si se negaba quedaría bastante mal visto de su parte. Tenía que pasar a su siguiente estrategia rápido.

—Tranquila, querida mía —le respondió con pasmosa jovialidad— no tengo ningún problema que hables con Edward no soy un hombre celoso...

Dicho esto, se despiden muy afectuosamente, y la monegasca mientras ella se acerca de forma cariñosa hacia el estonio, y este con algo de incomodidad le responde al abrazo.

—te extrañé, Ed.

—y yo también.

Sin embargo, el mira atentamente los ojos color zafiro del andorrano, y su sonrisa cruel y cínica, como si deseara decirle: lo he logrado, imbécil: y pronto lograré alejarla de ti. La guerra seria entonces muy larga entre Edward von Bock y Albert Bonnefoy Montblanc. Y al parecer Albert, en su cínico narcisismo, no pensaba en la que supuestamente era su amiga, sino en pisotear y humillar al novio de turno que tuviera.

Pero la república báltica de estonia ya se había cansado de huir y ser cobarde. Defendería lo que se había ganado con mérito. Lucharía por defender el corazón y el afecto de su amada, con las mismas armas si era preciso, pero no se dejaría ganar por Albert Montblanc.

1 Los ingleses intentaron invadir el rio de la Plata en 1809, por lo que habían conseguido tomar la ciudad de buenos aires ese año. Mas sin embargo, los bonaerenses oponen una fierísima resistencia, obligándolos a salir de la ciudad. Lo de "monstruo de cejas raras" no es una expresión que me pertenezca, sino que es propiedad de Vtophia, una usuaria de DA que tiene unas tiras cómicas muy buenas de Latín Hetalia (o Hispanic Hetalia en este caso).

2 No me maten los argentinos hinchas del river plate, pero es que el equipo más conocido en el exterior es el boca juniors, y también por lo general está asociado con Maradona.

3 La deep Bluefue la supercomputadora que derrotó al gran maestro ruso y 5 veces campeón del torneo mundial de Ajedrez, Gari Kasparov, en 2001. Actualmente Kasparov se dedica a la política, en la oposición a Putin. Varios ajedrecistas y grandes maestros han intentado derrotarla sin éxito, los últimos ha sido el gran maestro Vladimir Kramnik, de Kazajstán en 2008, y el gran maestro y campeón actual Veselyan Toparov,originario de Rusia en 2010. Como un apunte personal, a Rusia-chan no le vendría mal un presidente que también sea ajedrecista. KOLKOLKOLKOLKOLKOL…