En el capítulo anterior de la gran boda 2:

—¿y en que laborás?, Eduardo decime

—aparte de mis ocupaciones como país soy consultor privado de sistemas cibernéticos de seguridad —contestó el estonio— las computadoras siempre se me han dado fácil—luego agregó—¿y tú en que trabajas Diego?

—Una cosa aquí, otra cosa allá, hubo un tiempo que estuve laborando de estanciero, otro tiempo de gaucho… ahorita estoy en el negocio del futbol con el equipo de mis amores, el boca—luego agregó— ¿conocés la pampa?

—no, la verdad no he tenido la oportunidad de salir de mi país salvo por motivos de trabajo, o con mi novia.

—¡¿tenés novia?! —exclamó asombrado el argentino— No fregués boludo, contame ¿está buena?,

—no te entiendo —respondió perplejo el estonio.

—¿Qué si la mina es preciosa? —apuró el argentino emocionado.

—Sí, Eloise es tan hermosa y perfecta… que de verdad sé que ella es más cercana a la perfección que la Deep Blue que derrotó a Kasparov[…]

Nota del autor: Este capítulo estará dedicado exclusivamente a los invitados a la boda. Los diálogos escritos en cursiva indican diálogos telefónicos.

Y de paso, me he superado en cuanto a lo más cochino que he escrito. De verdad hasta que no leí el comentario de la sonrisa puerco-compartida de Lovino y Toño, no supe que había llegado a esos alcances. Puede que en un capitulo o dos las cosas se pongan más calientes…

Nota sobre los OC:

primeras apariciones de:

Uruguay: Matías Artigas Benedetti

India: Nijiraan Baharadur Nehru

Marruecos: Dashtan Al Nahiri

Sahara Occidental: Hiraan Al Nahiri

Paraguay: Daniel de Irala y Ascencio

Melilla: Deyanira Fernández Carriedo

Ceuta: Nadia Fernández Carriedo

Nombres propuestos:

Bélgica: Emma Van Dyne

Holanda: Govert Van Dyne

Neko! USA: D.C.

Aclaración importante: El nombre Dashtan corresponde a la película the prince of Persia, haciendo la importante aclaración de que solo tomo el nombre ya citado para el OOC de Marruecos (que no tiene nada de similar al Dashtan de la película) tanto la película como el nombre le pertenecen a sus directores y productores.

Las lluvias de Castamere y los libros de Canción de hielo y fuego, le pertenecen a George R.R. Martin y a la editorial Gilgamesh. Es mi recomendado del día, los libros se pueden descargar online, y son de verdad fascinantes, muy diferentes del género fantástico común y corriente.

Mizuki-makino-sama: De verdad me gustó mucho que compartieras mis opiniones, pues la realidad, tanto en México como en Colombia a veces no parece tan distinta, y obviamente como ustedes tienen allá esa (con el perdón tuyo y de todos) mierda llamada "Televisa" (cuyos adefesios transmiten también acá en Colombia) nosotros también tenemos algo similar llamado "RCN". Menos mal ahora están pasando los juegos olímpicos, que si valen la pena ver y no perder el tiempo viendo basura (simplemente lo que hago todas las noches es escribir Fanfictions que se me vengan a la mente o continuar esta historia hasta que llegue la hora de dormir, hasta que me viene el sueño u ordenan que me vaya a dormir).

Convenciones: los textos en cursiva indican diálogos telefónicos, los diálogos en cursiva y negrita obviamente solo indican los diálogos telepáticos entre Alfred y Tony.

Bien, basta ya de tanta palabrería y disfruten del capítulo de Hoy. Insinuaciones de US/North! Mex, Marruecos/Melilla, Uru/Par, y Luxemburgo/Holanda.


Capítulo 8: y las noticias vuelan rápido…

Budapest, cerca de las ocho de la noche…

La casa de Elissabeta Herdeváry, representación de la republica de Hungría, se ubicaba en un pintoresco vecindario de la ciudad de los reyes magiares: Budapest. Con una esplendorosa vista del rio Danubio, el casco antiguo de la ciudad, la catedral de san esteban y el edificio del parlamento, construido a semejanza del edificio parlamentario de Westminster en Londres, cualquier ambicioso e inescrupuloso agente inmobiliario daría cualquier cosa por ese terreno.

Y eso que la vista era inmejorable con la noche. Se veía el espléndido juego de luces de las casas del parlamento húngaro, el rio Danubio iluminado por las cientos de luces de los edificios, casas, autos y demás que le daban un nostálgico toque dorado a sus turbulentas aguas, y eso sin contar con los magníficos atardeceres que se solían divisar desde la azotea.

Precisamente en ese mismo momento, Hungría se encontraba en la sala de su casa, finiquitando algunos asuntos con respecto a algunas licencias de distribución de productoras de cine pornográfico que deseaban incursionar en el ya de por sí muy apetecido mercado húngaro. No por nada Budapest era la meca del porno europeo.

—sí, señor Colt…, su licencia de distribución estará lista en dos semanas, usted conoce el tramite…, si… si, si necesita un foro para otra producción yo le presto mi casa, tiene una magnifica vista al Danubio, y usted sabe que me gusta saludar de vez en cuando a Arpad y a los muchachos... y verlos de vez en cuando en acción

El otro hombre al lado de la línea le responde:

Ay, Eli querida, tu siempre tan corrompida, por eso es que eres mi amiga— responde el productor pornográfico desde la otra línea—pero mi querida Eli, tu sabes que este negocio está bastante reñido... ¿Por qué a los de Ranging Stallion les distes la licencia tan rápido, no se demoraron ni tres días… mientras que Colt Studios ha esperado casi dos semanas la renovación de nuestra licencia?

—no sabía lo de Ranging Stallion, corazón mío— le responde la húngara algo asombrada— además, creo que su registro no está con ese nombre, está como Staghomme Studios.

¿la productora de Logan Mccree y su novio?—exclamó perplejo el señor Colt—¿no que se había disuelto por no sé qué pleito?

—sí, el bombonazo de Vinnie D'Angelo —le responde Hungría—aunque creo que rompieron hace unos meses, el todavía sigue como gerente de la productora de Logan, y también como uno de sus principales actores.

y cambiando un poco de tema Eli de mi alma,… ¿cuándo será que me darás uno de esos libros tan monos y lindos que tienes?, una vez me los mostraste y me quedé tan fascinado con los dibujitos, que posiblemente haga una película de ellos...

—¿Los Doujins? —le pregunta la húngara— creo que tengo un par de Doujinshis USUK R-18 por ahí, que me regaló Kiku unos días atrás, te los envío por correo— luego agregó con una insana y sucia sonrisa— ¿Una película? Esa idea me suena, pero tengo que consultarla con Kiku si autoriza, son sus Doujinshis, y sería una falta de respeto adaptarlos sin su consentimiento.

Gracias Eli —le responde taimadamente el productor pornográfico— y espero que mi licencia no se demore más tiempo, porque si me entero que a Bel Ami, o a los españoles de Jaliff Studios les dan las licencias antes que a mí, me va dar un yeyo.

—tranquilo Señor Colt, ya buscaré la forma de solucionar lo de sus licencias.

Corazón tengo que colgar, estas llamada de larga distancia a Budapest me están costando una fortuna

—Bueno, señor Colt—le responde la húngara—envíeles saludos a Arpad, a Pavel, a Leo y a los demás chicos por mí, que les envío besos y abrazos, que los recuerdo mucho, y que mi casa está abierta a ellos para que se diviertan cuando quieran.

Dicho esto, se despidió y colgó el teléfono. Ser una nación a veces era muy duro. Después de haber hablado largo y tendido con SamuelColt, el dueño de la productora Colt, y ponerse al tanto con el asunto tan molesto de las licencias de distribución, decidió tomar algo de juguito de naranja o ver las ultimas noticias. No solo tenía que estar pendiente del fructífero negocio de la pornografía que a veces era un dolor de cabeza, aunque era amiga de varios reconocidos productores, directores y actores, y le gustaba ir a los foros ver la grabación de las escenas. (Y sabiendo cómo es Hungría ya se imaginarán de que películas hablo), charlar con los productores, e incluso dirigir una que otra escenita. Y no lo hacía para nada mal.

Sin embargo, alguien tocaba persistentemente la puerta. La húngara, con algo de desconfianza toma su inseparable sartén por el mango, bajando al living del primer piso, en donde estaba empotrada en la pared una chimenea bastante rustica y hogareña, que le daba un ambiente acogedor al primer piso, además de unas poltronas en estilo imperio primorosamente talladas. Sobre la chimenea , un retrato a cuerpo entero de Austria en traje de gala pintado al óleo, con sus arreos militares y su sable adornaba la sala, además de unas cuantas porcelanas en la repisa de la chimenea.

(nota del autor: A pesar de los años, Hungría nunca se ha olvidado del señor Austria)

Al bajar, se encontró con un sobre color pergamino, sellado con lacre y con su dirección escrita pulcramente en tinta roja.

234 del boulevard FerençRadkozy

República de Hungría

Señorita Elissabeta Herdévary

Budapest.

Recogió el mencionado sobre, tomó un abrecartas y rompió el sello del mismo con cuidado. Al abrirlo, leyó atentamente la invitación del interior.

Tenemos el gusto de invitarle a usted, a la celebración del compromiso matrimonial de

Antonio Fernández Carriedo

(Reino de España)

Y

Lovino Vargas

(República Italiana, región del sur)

Que se celebrará el día 30 de mayo del presente año, en el castillo de la Mota, localidad de Medina del Campo, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, Reino de España.

Agradecemos su asistencia.

Nota: Se acepta dinero en efectivo.

—Tan lindos… y tan descarados — exclamó la húngara enternecida, apretando fuerte su sartén.

Tokio, bastante avanzada la madrugada…

Kiku Honda, la representación del país del sol naciente se encontraba en ese preciso momento durmiendo plácidamente en su cuarto. Había ya pasado un año desde el nefasto desastre del sismo, el tsunami y la fuga radioactiva de la planta de energía Fukushima-Daiichi. Lo mismo que la boda de Italia y Alemania en aquella perdida isla del pacífico sur. Un largo año.

Sus ocupaciones diarias en cuanto asuntos de gobierno eran variables. Unos días tenía un cerro de agobiante trabajo: las exigencias a TEPCO, los problemas con la planta de Fukushima, Naoto-sama[1] intentando hacer lo que puede, las repetidas acusaciones de los rivales de Naoto-Sama, en especial Shinzo-san[2] y Taro-san. Eran más agradables los días con Koizumi[3]-San, al menos él no era de un trato tan riguroso y seco: Solían discutir quien era el mejor cantante de Rock: Elvis o los Beatles[4]

Y para más inri Heracles caía más hondo en su debacle financiera y social, y él estaba impotente porque ya tenía de por si bastantes problemas en su casa y no podía ayudarle.

En ese preciso momento alguien tocaba a la puerta, por lo que el japonés algo atarantado se levanta de su futon, lo enrolla, y con unas sandalias caseras se dirige hacia la puerta principal de su casa, encontrando el sobre con su dirección escrita en pulcra caligrafía Hiragana.

57 de la calle Shinoda, distrito de Odaiba.

Nihon

Señor Kiku Honda

Tokio.

Distinguía claramente la pulcra caligrafía hiragana, y al leer la invitación quedó algo perplejo ¿por qué romano-san y España-kun le invitaban a su matrimonio?, claro, conocía a Antonio-san desde hacía tiempo atrás antes de implantarse la política Tokugawa del Bakufu[5], con posterioridad no tuvo más relaciones con Antonio, salvo a través del padre Arrupe[6], prepósito de los jesuitas en Japón en los años cuarenta.

—bueno, tendré que tomar las medidas necesarias para darles un buen regalo —exclamó el japonés.

Rabat, cerca a las 11:00 de la noche…

La fresca brisa nocturna inundaba las noches beduinas de la capital marroquí. Dashtan al Nahiri, o mejor conocido entre amigos como Marruecos, y su hermano Hiraan al Nahiri, representación del antiguo Sahara español, aunque él se había cambiado el nombre a república árabe democrática saharaui estaban en la terraza de su casa, ubicada en una agradable zona residencial de Rabat, cerca del palacio real, por si al rey Abdulá necesitaba algo de ellos.

Los dos estaban sentados en dos poltronas forradas en fieltro verde, disfrutando la brisa fresca de la noche, cuando ven que alguien toca persistentemente a la puerta.

—¿Quién demonios será a estas horas?

Sin embargo, el chico de ojos café oscuro y lentes no se decide levantar de su estiba. Sin embargo

—Hermano, lo mejor es que yo baje.

—No deberías Hiri, (así le dice de cariño Marruecos a Sahara Occidental) quédate aquí y yo bajo.

—no todo lo tienes que hacer tu, Dashtan —reclamó agobiado el menor— quieras o no voy a bajar.

—está bien Hiri… baja tu entonces

Dicho esto el sahariano baja rápidamente, abriendo la puerta y encontrándose con el cartero, y al hacer los correspondientes saludos, recibe un sobre de lacre, escrito con pulcrísima caligrafía árabe, con su nombre y dirección.

Distrito de Madinat-al-Nujahiri

Señores Dashtan y Hiraan Al Nahiri

Reino de Marruecos, territorios del Sahara Occidental

Rabat.

Subió a la terraza de nuevo, mientras se quejaba murmurando de que habían escrito mal su nombre.

—Por Alá misericordioso, otra vez se equivocan con mi nombre, ¿cuantas veces tengo que decirles a todos que soy la república democrática saharaui, no Sahara occidental?

—da gracias a Alá el santísimo que no te llamas todavía Sahara Español[7]

Los dos se echaron a reír después de las afirmaciones del marroquí de lentes. Sin embargo, después de eso, tomó un dátil de una fuente que estaba en la mesita de al lado de su silla, lo tiró al aire, y lo recibió en la boca, masticándolo con algo de pausada tranquilidad, mientras le preguntaba a Hiraan de quien era la misteriosa carta.

—Entonces… ¿de quién es la carta?

—ten paciencia Dashtan —le increpó Sahara occidental— apenas llegó y ya me haces mil y un preguntas sobre la carta.

Abren rápidamente el sobre, leyendo detenidamente la invitación. Su expresión cambió en un parpadeo.

—por los mil demonios del infierno! —exclamó irritado el marroquí— ¿Cómo se le ocurre invitarme a su boda después de intentarme quitar mis lentes?[8]

Y después de esa irritable expresión, escupió el hueso de Dátil con un deje de fastidio sin percatarse de la presencia de cierta chica en especial.

—dale una oportunidad, Dashtan no seas tan severo con Toño…

El marroquí reconocía ese acento tan suave y sutil, como el murmullo del viento sobre la arena, o la brisa del mar golpeando las olas.

—Doy gracias al santo alá por tu presencia, Deyanira.

Deyanira Fernández Carriedo, la representación de la ciudad autónoma de Melilla había aparecido tan repentinamente como un espejismo en el desierto. La mujer que más deseaba Dashtan, pero a la vez tan inaccesible por ser la prima de su rival. Su hermoso cabello negro azabache, tan lustroso como la misma noche, sus intensos ojos verde esmeralda reluciendo como dos brillantes joyas verdes perturbaban y atormentaban los pensamientos del marroquí. Tan cerca y tan lejos. Dolorosamente lejos. Maldito sea mil veces Antonio Fernández Carriedo.

—hola Deyanira, ¿y tu hermana Nadia?—le pregunta Hiraan.

—Ella está en casa, seleccionando los vestidos para la boda, —respondió la española con una sutil sonrisa— ¿todavía no has perdonado a Toñito por lo de tus lentes?

Obviamente Ceuta se tenía que quedar en casa. Ella por lo general era más desprendida, más alegre, mas festiva mientras que su hermana Melilla era un completo enigma. Y por esas razones era que a Dashtan le gustaba Deyanira

—Él sabe bien que Leila es mi territorio, que no reclame lo que no le corresponde.

—en serio hermano, ¿Aludes a Leila o a otra cosa? —inquirió Hiraan insinuando algo.

El marroquí se sonrojó como idiota, evadió la mirada. Hiraan había dado directamente en el clavo, el menor era a veces muy suspicaz.

—No hablemos de eso, Hiri.

Deyanira se quedó algo extrañada con las evasivas de Dashtan. Definitivamente, el marroquí de cabello negro azabache, con una sombra de barba en el mentón, enigmáticos ojos color café y lentes de montura vino tinto[9] era un condenado enigma en sí. Y aunque ellos siempre habían sido vecinos, y le había ayudado en las buenas y en las malas, Deyanira aun no lograba descifrar la misteriosa y algo complicada personalidad de Dashtan. Lo mismo que el marroquí pensaba de la española: aun Deyanira tenía muchas cosas ocultas, y ese misterio la dotaba de una sensualidad que al árabe le gustaba.

Moscú, alrededor de las 7:30 de la noche…

La agradable, aunque gélida noche moscovita hacía que Iván Braginski desease caminar por las calles de Moscú. La actividad nocturna en el boulevard Potemkin, en donde tenía fijada su residencia no lo aburría en lo más mínimo. Un restaurante aquí, un puesto de comidas allá, un puesto de artesanías acá. Los niños correteaban, las ancianas le pedían su bendición y el de forma alegre se las daba, los hombres le ofrecían hospitalariamente un trago de buen Vodka que el con gusto aceptaba, los puestos de artesanías y las artesanas le ofrecían al señor Rusia siempre las mejores bufandas, cubre cuellos, abrigos y guantes aceptándolos con agrado , una vida de verdad tranquilay feliz. Y no despertaba miedo entre su gente. Todos reían alegremente, desatendiendo las ocurrencias macabras del ruso, riendo como si fuese un chiste más.

Eso era lo que le agradaba a Iván Braginski de sus salidas nocturnas a los negocios de la calle Potemkin, que nadie se aterraba en su presencia.

Después de haber caminado un par de horas, se topa con el cartero, arrebujado en incontable cantidad de abrigos, con un sobre en la mano.

—¿Qué tienes hoy para mí? —le preguntó al cartero con una inocente y angelical sonrisa, mientras un aura macabra le rodeaba.

Este, simplemente le pasó la invitación que el ruso tomó con naturalidad. No se sabía si el pobre cartero estaba temblando por acción del frio o por puro y físico miedo.

Spasibe, si quieres te invito a otro Vodka, ¿da?

El cartero aceptó la invitación, fueron a un bar cercano y el señor Rusia pago el trago del cartero. Luego, este salió del bar algo "entonadito" caminando a tumbos, y después de tomar una bicicleta que no era la suya, aguantar franciscanamente los golpes del dueño y tomar su propia bicicleta, siguió con su ronda pedaleando algo errático y bamboleándose en su bicicleta de dotación.

(Nota del autor: Lo digo con conocimiento de causa: nunca conduzcan ebrios en bicicleta, si van a tomar, dejen la bicicleta en la casa: eso se llama inteligencia vial)

Rusia entonces consideró que ya era bastante de noche por lo que regresó a casa. Al entrar, miró detenidamente el sobre de la invitación, en la cual estaba escrito en pulcra caligrafía cirílica en tinta roja lo siguiente:

23 de la calle Grigori Potemkin

Federación Rusa

Señor Iván Braginski

Moscú.

Al abrir el sobre y leer la invitación no supo que sentir: si felicidad porque Antonio se casaba al fin, o una intestina rabia porque estaban descaradamente pidiendo dinero. Ante esto, solo sonrió y musitó extrañamente lo siguiente:

—KolKolKolKolKolKolKol… —fue todo lo que dijo, no irritado sino sonriente, y daba de verdad miedo.

Bruselas, entre las 8:30 y 8:45 de la noche.

Emma en ese momento se encontraba en la sala de su casa mirando las ultimas noticias del día. Que la crisis económica, que el presidente del parlamento no se ponía de acuerdo, que Flandes y Valonia volvían de nuevo a pelear, que la UE se caía a pedazos. Con justa razón decían que era el "estado fallido más exitoso de la historia".

Sin embargo, sus preocupaciones era otras en ese momento. Preocupaciones que tenían dos nombres: Alois y Govert.

Sus dos hermanos estaban por esos días de visita en su casa Y si era molesto convivir con Govert aun peor era la convivencia con Alois.

Ambos juntos eran un completo torbellino de tormentosa y algo absurda rivalidad: Quien superaba a quien en cualesquier cosa. Y además de que Govert tenía un regusto algo enfermizo en provocar la ira de Alois con toda suerte de recursivos e ingeniosos desplantes. No se sabía quién demostraba más inmadurez: Govert haciéndole la vida imposible, o Alois dejándose llevar por los impulsos que el holandés quería.

Precisamente en ese momento Alois estaba leyendo tranquilamente en la sala un libro (uno de los últimos ejemplares de "Danza de dragones" recientemente traducido al francés), mientras que Govert, con varias vaharadas de humo de su cigarro de "hierba prohibida" se acerca al chico de ojos color castaño, cerrándole el libro con rudeza y arrebatándoselo.

—Idiota, estaba leyendo eso —espetó Luxemburgo irritado.

—El nene se queja porque le dañé la lectura —le respondió Holanda a modo de reto.

—DEVUELVEMELO MALDITA SEA!

—te devuelvo tu libro con una condición.

—No señor, para eso voy a la librería más cercana y compro otro ejemplar.

—discúlpame —contestó burlonamente el holandés— pero ya compré todos los ejemplares del último libro de tu saga favorita en todas las librerías de Bruselas, en ambas ediciones: tanto en francés como en flamenco —Luego agregó— ¿quieres que te cante las lluvias de Castamere?[10]Me sé toda la letra.

—no me hagas pasar por semejante tortura—rogó el luxemburgués.

—Chicos, por el amor de dios, ya basta —espetó la belga irritada.

Y rápidamente Emma le arrebata el libro a Govert, lo mismo que el cigarrillo, tirándolo al piso y apagándolo con la punta de su sandalia.

—Govert, sabes las reglas. —afirmó Emma bastante seria— en esta casa no se fuma.

—Solo era un cigarrillo, nada más —reclamó el holandés— si no fumo aunque sea solo un día, me ataca el maldito síndrome de abstinencia.

Sin embargo, no le pasa el libro a Alois.

—por el amor de dios, devuélveme el libro Emma, estaba ya en el capítulo sobre el asedio de Mereen, y quiero saber qué pasa con Ser Barristan el bravo.

—que Mereen ni que Barristan—le increpa la belga— que yo recuerde tenías deberes. ¿Aún no has lavado los platos de la cena?

—le tocaba a Govert —se queja el luxemburgués.

Sin embargo, alguien había tocado a la puerta dejando la correspondencia. Vincent, el perro raza Huskee de Luxemburgo empezó a ladrar estentóreamente a la puerta, pues al pie de esta estaba un sobre con sello de lacre, con nombre y dirección de la casa en tinta roja.

34 de La calle Alexander DeBlois

Reino de Bélgica, Gran Ducado de Luxemburgo, Reino de los países bajos

Señorita Emma Van Dyne, señores Alois Becquerel y Govert Van Dyne.

Bruselas.

—¡VINCENT!, perro malo, eso no se hace —le corrige el luxemburgués al can— ¿Cuántas veces te he dicho que no le ladres a la puerta cuando estamos en casa ajena?

Alois al bajar al primer piso recoge la carta, dirigiéndose al Living del segundo piso en donde estaban Emma y Govert discutiendo.

—Acabó de llegar esta invitación. Emma, ¿es tuya?

—no, que yo sepa.

—Abre entonces el sobre Alois.

El luxemburgués abrió el sobre con parquedad impasible, mientras sus ojos paseaban por las líneas de la invitación.

—Emma, deberías leerla tu —le dijo el luxemburgués con una irónica sonrisa—no sé si deberías alegrarte o enfurecerte

—dame acá

Y dicho esto leyó la invitación. Sonrió al enterarse de que Antonio y Lovino se casaban, pero quedó desconcertada al enterarse de la petición económica de la futura pareja.

—bueno, hay que ver cómo están las cosas, la crisis económica nos está afectando a todos.

—eso solo tiene un nombre: DESCARO—espetó el holandés irritado.

—Descaro o no, hay que traer un presente. —le respondió el luxemburgués a modo de reto para luego preguntarle burlonamente a su hermano mayor—¿piensas ir a la boda?

—escucha bien mis palabras: Ni muerto —contestó secamente el holandés.

Sin embargo, Emma interviene entre Alois y Govert de forma ecuánime y justa.

—Vamos a ir todos a la boda de Toño y no quiero más discusiones al respecto, ¿han entendido?

Los dos simplemente asintieron. Simplemente se habían puesto de acuerdo en una cosa: No hacer enojar más a Emma.

Montevideo, a eso de las 6:30 de la mañana…

El sol brillante de un nuevo día iluminaba el estuario del rio de la plata. La ciudad otrora grande y magnifica, la siempre elegante Montevideo, el eterno faro del rio de la plata, se levantaba de su sueño nocturno. Los decadentes edificios neoclásicos y modernistas se iluminaban con los primeros rayos del alba, como pilares que se alzaban en el cielo.

Entre tanto, en uno de los balcones del edificio "brisas del estuario", una imponente edificación de 16 pisos construida en el tan característico estilo ArtDecó que tanto imperaba en la capital uruguaya, un joven de unos veintitantos años, cabello rubio, intensos ojos color azul ceniciento, con unos lentes de marco oscuro se despertaba con una matutina desgana. El joven en cuestión era Matías Artigas, la representación de la república oriental del Uruguay, técnicamente uno de los "nietos" de Antonio.

Matías siempre se levantaba temprano por costumbre, a mirar el amanecer desde su balcón, el cual daba una vista panorámica privilegiada al rio de la plata y de la austral urbe. La sala de estar contigua tenia aparte del juego de sala, un moderno equipo de sonido, un tocadiscos con varios LP, y un bien esmerado y conservado gramófono con todos sus discos de vinilo originales. Por todos lados se veían fotos de famosos cantantes y compositores de tangos, algunas ya descoloridas por el inevitable paso de los años: Matías, diego y Carlos Gardel, en una última foto tomada en 1936, días antes de aquél trágico accidente que se llevaría al "zorzal de América", Julio Sosa junto con Matías en esa misma sala, el cantando y el otro tocando el acordeón, Matías con el legendario Aníbal Troilo en el estudio de este último, sonriendo eternamente, y una última foto con la eternamente inolvidable Margarita Gautier.

Y colgado de una pared, estaba su bandoneón. Aquel instrumento que tantos recuerdos le traía. Que con solo pasear sus manos por las teclas o el fuelle sentía una irreprimible sensación de nostalgia. Ah, qué tiempos tan hermosos eran aquellos. Tiempos en los que alguna vez rivalizó con Diego como polo de desarrollo del cono sur, a pesar de que eran prácticamente vecinos por el hecho de compartir el estuario del rio de la plata. Pero por desgracia, el poder y la ambición todo lo corrompe, y los nefastos gobiernos de la junta militar, Bordaberry, Lacalle y otros innombrables lo habían llevado a una inevitable decadencia de la que hasta el son de hoy no salía.

Suena el citófono que estaba empotrado a la pared de al lado de la puerta de su apartamento. Debe de ser el portero. El uruguayo sale con algo de desgana del balcón, cierra la puerta corrediza del mismo, dirigiéndose hacia el citófono de la puerta, y respondiendo a la llamada.

—¿diga? —inquirió Matías con algo de pereza, después de bostezar.

—Señor Artigas, acaba de llegar su correspondencia. —le respondió el portero—¿se la llevo en la ronda o usted baja por ella?

—No se preocupe Néstor —le respondió el uruguayo— yo bajaré por ella.

Tomó un desayuno ligero, se puso una sudadera azul claro, una camiseta blanca , tenis deportivos. Limpió sus lentes y con una inusitada rapidez bajó los 16 pisos del edificio dejando su estela de brillos blancos por donde había pasado. Nadie podía negar que el uruguayo aun llamaba la atención por ese peculiar brillo que lo rodeaba siempre.

Al bajar a la portería del edificio saluda al portero con amabilidad jovial.

—Buenos días don Néstor, ¿Cómo se encuentra su señora esposa?

—de maravilla Don Matías.

—le regalo el Don, don Néstor —le contestó el uruguayo sonriente— creo que tiene correo para mí, ¿podría pasármelo?

—claro don Matías en un momento se lo entrego.

El portero del edificio, ya bastante entrado en años sabía de primera mano la identidad real de Matías Artigas, mas era prudente. No por nada las representaciones nacionales vivían en un secretismo alto, identificándose con sus nombres humanos en una suerte de doble vida. El imaginario popular creía que habían muerto, que se habían disuelto en las leyendas del pasado, pero la realidad era diferente. Ellos seguían existiendo entre la gente, porque ellos eran la esencia de la misma gente, del pueblo, de su cultura y de sus costumbres. Eran y son naciones, y no morirían hasta que su cultura y costumbres se perdiesen en el olvido.

Pero ese no era el punto. El portero le entrega al uruguayo tres sobres, dos recibos, unos cuantos documentos de gobierno y el periódico de la mañana. Posteriormente el uruguayo se despide con una sonrisa del anciano portero, subiendo con rapidez los escalones, regresando a su apartamento con la correspondencia del día.

Miró con atención el sobre, en el cual estaba escrita en tinta roja la dirección de su casa.

Avenida José Gervasio Artigas, Edificio brisas del estuario, apartamento 503

República Oriental del Uruguay

Señor Matías Artigas Benedetti

Montevideo

Al abrir el sobre y leer la invitación se dirigió sin dudarlo al teléfono. Marcó cierto número telefónico, esperó a que respondieran con espartana paciencia.

¿con quién hablo?

—Dany… ¿tenés planes para el 30?

Nueva Delhi, rondando las cuatro de la tarde…

La sofocante tarde y el bochorno que imperaba sobre la capital hindú se sentía en cada rincón de la casa de Nijiraan. El hindú no sabía la manera de salir del desquiciante calor que lo sofocaba. Y para más Inri estaba el tedio. A pesar de que la tensiones entre su molesto hermano Jahed Khan (Pakistán) por el bate de criquet[11] habían bajado, el tedio era realmente insoportable. En su estudio de lectura estaban apilados un cerro de documentos oficiales de la oficina del primer ministro, del ministro de defensa, del canciller, en fin. Entre tanto, en la sala estaban desperdigados una considerable cantidad de DVD y discos Bluray de varias películas de Bollywood como mi nombre es Khan, Lagaan, Devdas, Namasté y demás películas melodramáticas de esa misma tendencia.

En ese momento Nijiraan se encontraba en el estudio de lectura, sofocado de calor, con el Kurta ya de por si húmedo de sudor, y pegado a su cuerpo, el cual hacía resaltar su atractivo físico.

—por el amor de Shiva, este calor está infernal —espetó India irritado tirando los documentos oficiales con bastante fastidio.

Los toques persistentes de la puerta lo sacan de su ocupación diaria, sin embargo no quiere salir a la calle. Si el calor adentro era infernal, afuera podía suponer que era como estar en el interior de un horno a una altísima temperatura. Bajó las escaleras, pero por poco casi se tropieza.

—QUE KARMA ESTOY PAGANDO EN ESTA VIDA, DIOS!—exclamó el hindú desesperado por el calor, después del incidente de las escaleras que casi le hubiera costado dos dientes de su agraciada dentadura— QUE COSA MALA HICE EN MIS VIDAS PASADAS PARA MERECER ESTO!

Abre la puerta, encontrándose con el cartero. Le saluda como es debido, juntando las manos y tocándole el pié izquierdo a modo de bendición, aunque el joven le insiste que no lo haga.

—Es una muestra de respeto ante usted, señor Baharadur… es lo menos que puedo hacer ante la tierra que me vio nacer.

Si, Nijiraan Baharadur Nehru es la representación de la republica de India. La nación más antigua del mundo, después de china (Por mil añitos es más viejo que Yao)

(comentario de China-san: YO NO SOY TAN VIEJO, ARU!)

Después de agradecerle al cartero por la correspondencia sube de nuevo los escalones hacia su casa, ubicada en un segundo piso. Se sienta, ya de por si agobiado por el calor, no sin antes buscar en la nevera algo de tomar. Mientras bebe algo de juguito de arándanos fresco y helado mira la correspondencia.

—Factura, factura, suscripción a "Zoom Boollywood", prensa, publicidad, publicidad, suscripción a la revista "World of cricket", más facturas…

Y se detuvo al ver el sobre con sello de lacre, con su dirección escrita claramente en letra sanscrita, y en un legible hindi.

3445 de la calle Lahl Baharadur Sashtri

República de India

Señor Nijiraan Baharadur Nehru

Nueva Delhi.

Abrió con cautela el sobre, y leyó la invitación con detenimiento, en especial la parte de se acepta dinero en efectivo.Después de esa declaración quedó con la boca bastante abierta.

Definitivamente había hecho algo muy malo en una vida pasada para pagarlo en esta, pero al menos tenía planes para el fin del mes.

Asunción, aproximadamente a las 7:40 de la mañana…

¿tenés planes para el 30?

El paraguayo había quedado algo perplejo frente a la pregunta del uruguayo. Daniel de Irala, un jovenzuelo de unos 19 o 20 años había respondido el teléfono después de haber pasado una de las peores noches de su vida. No había podido dormir por el sencillo hecho de que una considerable cantidad de personas estaban en el frente de su casa protestando, amén de que su nuevo jefe le había pasado una pila de trabajo pendiente, agregado a que lo tenían aislado y para más inri estaba entre ceja y ceja de todo el mundo, en especial cierto pelirrojo de ojos almíbar y rizo en s. (Léase Venezuela)

No había conseguido salir del estudio de lectura, pues ya siendo las 6.00 de la mañana se encontraba casi adormilado en el escritorio llevado del cansancio, y el sonido del timbre del teléfono lo había repentinamente despertado del ansiado descanso que deseaba. Al responder y reconocer la voz del uruguayo no supo que sentir.

—En este momento no, pero creo que podría ir a tu casa.

No es por eso, ¿es que no te ha llegado todavía la invitación?

—¿Me podés esperar un segundo Mati?… —le inquirió el paraguayo— creo que alguien toca a la puerta.

Dicho esto, Daniel se dirige hacia el Lobby en donde le habían dejado la correspondencia del día, al pie de la puerta de su casa que daba a la calle. Luego, regresó hacia el teléfono volviendo a restablecer la comunicación.

—bien, ¿en qué íbamos?

en que si recibiste ya la invitación al matrimonio de Lovino y Antonio

—apenas acabó de llegarme la correspondencia… ¿era solo para eso o tenés algo más que decirme?

discúlpame—contestó con un sutil y sarcástico acento el uruguayo— en serio, no quería quitarte tu tan valioso tiempo.

Dicho esto, mientras escuchaba por el teléfono abría el sobre con la invitación, y al pasear sus ojos verde cieno por las líneas escritas en el papel no supo si aceptar la invitación, rechazarla, o simplemente hacer caso omiso. Mención especial de la frase se acepta dinero en efectivolo había dejado en un frio gélido. Se demoró en responder.

entonces que ¿vamos o no vamos?

—¿Cómo así que vamos? —inquirió perplejo el paraguayo

quiero que me acompañes a la boda… como mi pareja—le contestó el uruguayo.

Washington D.C, cerca de las 6:20 de la mañana…

El amanecer iluminaba la capital norteamericana, resaltando los blancos mármoles de sus monumentos. La avenida Pensilvania, rodeada de imponentes edificios como lo son el capitolio, la misma casa blanca, la sede de la vicepresidencia, los monumentos memoriales de Lincoln y Washington, la amplia explanada del national Mall junto con el imponente obelisco a Washington, se iluminaban diáfanos con las primeras luces del día. En medio de todos estos edificios se alzaba una imponente y sobria casa en estilo victoriano, con un hermoso y bien cuidado jardín interior con un imponente nogal, varios arbustos de flores, una fuentecilla para los pájaros rodeada por una reja de baja altura. Una casa así en un lugar tan importante, prácticamente contigua a la casa blanca daba a entender que el residente era alguien importante, bueno, tal vez demasiado importante…

Todos los santos días se oían las insanas risotadas de un chico que no pasaba de sus veintes recién cumplidos. Los transeúntes y turistas solían ver como el joven en cuestión, de cabello rubio oscuro, lentes de mica, ojos azules con un brillo vivaz y un peculiar mechón de pelo saliendo de su frentesalía y entraba de la casa blanca como pedro por su casa. Había ocasiones en las que era al contrario: importantes funcionarios se dirigían en dirección a la casa del chico en cuestión, por lo general acompañados fuertemente de escolta, y unas rarísimas veces el mismo presidente de los estados unidos iba a la casa, mientras el joven lo trataba como si fuera un amigo más con esa eterna sonrisa. Por lo general el chico vestía informalmente, aunque cada vez que visitaba la casa blanca usaba un uniforme color caqui y una chaqueta de cuero de aviador con el numero 51 plasmado en el respaldo.

Nadie sospechaba que Alfred F. Jones, pues ese era su nombre, era la representación física de los UnitedStates of America.

Bueno, pero ese no era el punto. El cartero en ese momento estaba haciendo su ronda diaria por el vecindario, en este caso, la avenida Pensilvania. Ya cuando había llegado a la casa de Estados unidos, había dejado una considerable cantidad de cartas, sobres altamente confidenciales, algo de extrañísima correspondencia, un par de juegos de Xbox, en fin.

Estados unidos se levanta con algo de pereza de su cama. El norteamericano sabe bien que el correo llega siempre temprano, por lo que se dirige, arrebujado en su bata de dormir y aun en pantuflas hacia el buzón.

En un rincón del cuarto un gato de pelo color amarillo pálido, ojeras en sus ojos simulando una suerte de lentes, y un cuello felpudo marrón se levanta de su cuna aperezado, mientras se frota entre las piernas de su amo, maullando de hambre.

—Calma D.C, después de bajar por el post te daré la comida.

Baja con una rapidez inusitada las escaleras, pasando por el Lobby del primer piso: una sala con un gusto nostálgicamente victoriano y de corte clásico, y al frente de esta un televisor LCD 29', amén de Blu-ray y un potente teatro en casa más una consola de Xbox 360 con sistema Kinect. Ya al llegar al exterior recoge la edición vespertina del Washington Post, que aunque puede leer con todas las facilidades del mundo en su nuevo Ipad, conserva aún la costumbre de leer la edición física (en serio, ¿no se puede en verdad ser más idiota?)

Ya al recoger el correo y saludar alegremente al cartero y a los transeúntes se dirige de nuevo hacia el interior de su casa. Tony, el extraterrestre, se estaba ya encargando de arreglar el desayuno de los dos: huevos fritos con beicon (o tocino), tostadas recién hechas de pan de centeno (nada de pan industrial, le había dicho la esposa de su jefe) juguito de naranja (valga decir que no de naranjas recién exprimidas) y una taza rezumante de café (obviamente, café importado de X lugar, el paladar de Alfred enloquecería con el café colombiano).

D.C baja hacia la cocina, mientras que Tony se encarga de revisar la correspondencia.

No sabía que te hayan invitado a una boda, Alfred

—Tony —le dijo serio el norteamericano— cuantas veces te he dicho que no espíes mi correspondencia.

vivo en tu casa Imbécil, así que técnicamente TAMBIEN es mi correspondencia —le contestó telepáticamente el alienígena.

En ese preciso momento Alfred estaba abriendo la lata de comida para gato de D.C, y echándola en el tazón de comida del gato. D.C apenas servido el atún se dispuso a comer con extrema avidez. (maldito gato glotón, algún día se va a indigestar).

—en serio Tony ¿de qué boda estás hablando?

Mira el correo, so tonto.—respondió el alienígena algo ofuscado.

Le extiende la correspondencia a Alfred, el cual hace aparte los documentos oficiales, la suscripción a tiras cómicas como D.C, Marvel, Dark Horse Comics entre otras, el correo basura y la mencionada invitación, con sobre de pergamino, sello de lacre y su dirección escrita en un pulcro inglés.

345666 de la avenida Pensilvania

Señor Alfred F. Jones

Estados Unidos de América

Washington D.C.

—vamos a ver que hay aquí… —decía para si el norteamericano mientras rompía por uno de los lados el sobre, sacaba la invitación y leía con pausada lentitud el contenido de la misma. Sin embargo, quedó algo perplejo con aquello de Se acepta dinero en efectivo.

—what a fuck?! —espetó horrorizado y abrumado el angloparlante al leer semejante pedido descarado de la futura pareja de esposos, y eso que él no se encontraba en el mejor momento de su situación económica. Pero en fin, con algo se las arreglaría, sin quedar como un descarado insensible, o como un pobre idiota sin dinero.

Tony sonrió sutilmente. Sabía claramente el porqué de aquella reacción del norteamericano.

entonces ¿piensas ir, o no piensas ir?

Off course, Tony! —le respondió el norteamericano de forma optimista y alegre— Antonio es un gran amigo, le he ayudado mucho, lo menos que puedo hacer es ir a su boda.

entonces yo me encargaré de cuidar a D.C. durante tu ausencia —le respondió el alienígena, y luego le agregó en un tono malicioso—ojalá te diviertas... si puedes...

Aparte de la obvia fiesta que subsecuentemente vendría después de la ceremonia, obviamente podría ver a Pedro. Por el cual Alfred sentía algo. Y aprovechar tal vez la nueva oportunidad que se avecinaba, y ya de una buena vez dejar de lado su triste y vacía soledad. Con aquel a quien quería, pero que para más Inri no le correspondía en absoluto: Pedro.

(Nota del autor: El regalo de estados unidos será algo para no perderse. Se los aseguro)


[1] Naoto Kan es el actual primer ministro de Japón, después de la destitución de Yoshihiko Noda en 2011.

[2] Shinzo Abe fue primer ministro en la legislatura 2009-2011, mientras que Taro Aso lo fue durante el periodo 2007-2009. Ambos han criticado duramente la política de Naoto Kan desde su nombramiento. Aso tiene el significativo logro en ser el segundo primer ministro católico que ha asumido la alta magistratura ante el Kokkai (o Dieta legislativa japonesa).

[3] Junichiro Koizumi fue primer ministro durante dos legislaturas seguidas: de 1999 a 2001, en la que sucedió a Ryutaro Hashimoto y de 2002 a 2004. Su estilo de hacer política y su estilo de vida extrovertido y fiestero (es un fanático acérrimo de Elvis Presley) le valieron el título del "Berlusconi de oriente".

[4] Es canon: A Japón le encantan los Beatles.

[5] El Bakufu fue la política de aislamiento implantada por los shogunes Tokugawa a partir de 1650. Tokugawa Ieyasu la implantó después de los perjuicios de la influencia española que intentaba establecer su poder colonial a través de Daimios inconformes del sur. Solo se sostuvo un ínfimo trato comercial con algunos mercaderes holandeses en el islote artificial de Deshima. Con el periodo de la restauración Meiji (entre 1856 y 1910) el Bakufu es anulado. Se alude a esta política de aislamiento en los capítulos 47 y 48 "la llegada de los barcos negros"

[6] El sacerdote Pedro Arrupe S.J., fue superior provincial de la compañía de Jesús en el pacífico y filipinas entre 1936 hasta 1948. Fue uno de los testigos oculares directos del bombardeo nuclear de Nagasaki en octubre de 1945, pues estaba establecida allí la casa provincial jesuita para el Japón. Sus testimonios han sido en extremo valiosos para la investigación histórica de aquellos acontecimientos y las consecuencias que llevaron. Años más tarde, en 1956 es nombrado prepósito general de la orden en roma, siendo el tercer español que asume la dirección de la orden jesuita. Muere en 1993.

[7] Era la antigua denominación de los dominios españoles en marruecos, hasta 1930 cuando pasaron bajo fideicomiso francés. Posteriormente en 1960 cambia de nombre a Sahara Occidental, después de que el fideicomiso pasara a manos de la ONU. A pesar de que varios países reconocen a los territorios de Sahara occidental como nación independiente, aun occidente no ha dado su reconocimiento pleno.

[8] Los lentes de Dashtan representan el islote de Leila o Perejil, que desde hace bastante tiempo están bajo litigio. El ejército español ocupó el mencionado islote en 2005 hasta 2006 cuando la Corte penal internacional de la Haya falló a favor de Marruecos. Ese mismo año los cascos azules entraron a ocupar el islote, sin embargo, el litigio no se ha solucionado aun.

[9]Dashtan Al Nahiri es prácticamente una personificación de mí mismo (el autor) por así decirlo mi alter ego, valga aclarar que este no es el Dashtan de the Prince of Persia, the time sands, sino un Dashtan diferente. De Dashtan solo puedo decir que él tiene mi aspecto físico, pero no mi personalidad. Y puedo decir que en cierto modo hago mi aparición en la historiasin meterme en el Self-inserting.

[10]Las lluvias de Castamere: Es uno de los cantos más conocidos de la saga de Libros Canción de hielo y fuego del escritor George R.R. Martin y eso que la letra ya de por si es muy macabra. Para los que no conozcan el origen de la canción ahí les va el dato: Uno de los señores vasallos de Lord Twyn Lannister, señor de Roca Casterly (y uno de los personajes principales de la historia, un completo y eficiente hijo de puta digno del final que tuvo), el señor de Castamere se había levantado en su contra. Así que Lord Twyn ni corto ni perezoso sofocó la rebelión con tal saña que los bardos compusieron una canción trágica sobre la caída del castillo de Castamere y el extermino del señor rebelde y toda su familia. El castillo nunca se reconstruyó. Lord Twyn solía ordenar a un Bardo a que cantara la canción a sus señores vasallos en son de advertencia por si se volvían a rebelar en su contra, para que supieran las consecuencias que acarrearía.

[11] El bate de Criquet al que se alude es representado como la región de Cachemira. Lo hice por una sencilla razón: El criquet por lo general es el deporte más popular de India, uno de los tantos legados del imperio británico. Y por lo general la rivalidad entre India y Pakistán también se extiende al criquet, pues la combatividad entre ambas selecciones en los juegos de la Commonwealth es bastante notoria. Y desde ya hacía mucho tiempo india y Pakistán han intentado por todos los medios posibles quedarse con la susodicha Cachemira a tal punto que apuntan el uno contra el otro con sus armas nucleares. Nijiraan (o Niji) y Jahed pueden ser muy hermanos y todo pero se matarían por Cachemira si es preciso.