En el capítulo anterior de la gran boda 2…
Lo abrazó, y sin embargo el colombiano se quejó del dolor que tenía en la rodilla, el ecuatoriano se preocupó, al ver la grave hinchazón de la misma. Ya cuando se había levantado, intentó ayudar a su hermano mayor levantarse.
—por el amor de dios, tienes esa rodilla muy mal
—no te preocupes Kike, estoy ya acostumbrado a esto
Dicho esto, el dolor se intensifica y se vuelve más insoportable. El colombiano respira profundo, y hace un esfuerzo sobrehumano para no gritar de dolor, el ecuatoriano lo nota y lo sostiene. Sin embargo, el dolor no lo resiste más y prorrumpe un fuerte alarido, para después desmayarse del insoportable dolor en brazos del ecuatoriano.
—¡Juan, que pasa!, Juan, ¡reacciona, maldita sea! —luego prorrumpe en ensordecedores gritos desesperados— ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!
Esto cada vez se pone más truculento. Además de que es necesario explicar el origen de los dolores de rodilla que padecía Colombia, además de situaciones "muy comprometedoras". Exceso de Col/Ven en este capítulo en especial, además de otras parejas sorpresivas.
Capítulo 10: dolores del cuerpo, del corazón y del alma.
Lo habían llevado rápidamente a la van de Fernando, pues no podían atenderlo en el castillo. Enrique no se había despegado ni un segundo de Juan, además de que José también lo acompañaba, además del bad friends trio, los cuales estaban completamente preocupados al respecto. Todos sabían que no podían llevarlo así como así a un hospital, Juan requería de una atención especializada. Así que se pusieron de acuerdo en regresar al hotel y llamar a quien lo pudiese atender.
—Conduce rápido Fernando, a Juan le está bajando la temperatura rápido —exclamó el ecuatoriano desesperado, mientras sostenía al chico inconsciente.
—Conduzco tan rápido como puedo, Enrique —le respondió desesperadamente el navarro.
En vez de dirigirse hacia el hospital se dirigieron al hotel, en donde José y Enrique cargaron a Juan aun inconsciente, en búsqueda de una habitación disponible.
—Dios santo, que sucedió… —inquirió asustada la recepcionista al ver al joven de cabello negro, tez morena y vestido con una sencilla camisa azul clara, y pantalones de jean, inconsciente, cargado por un chico de cabello negro ceniza y otro de cabello tonalidad castaño con un extraño semirrizo en forma de S.
—señorita, no pregunte tanto y díganos que habitación tiene en estos momentos disponible.
—¿Por qué no lo lleva a un hospital?
—sería difícil que lo atendieran en una clínica —contestó el venezolano.
La recepcionista los oriento hacia uno de los cuartos del tercer piso. Lo recostaron con cuidado en la cama mientras José tomaba el teléfono de su hermano menor, revisando su agenda.
—tenemos que llamar a Arthur, él es el único que sabe cómo curar a Juan.
—José, ¿Juan no sabe algo de medicina especial1? —inquirió Antonio perplejo y asustado.
—él sabe unas cuantas cosas básicas, pero realmente no sabría cómo lidiar con semejante infección.
Enrique nervioso había telefoneado a Arthur, mas este no podía atenderlos pues se encontraba ocupado con la organización de los juegos olímpicos. Sin embargo, en la agenda se había encontrado con otro teléfono que le podría servir.
Edimburgo, en ese mismo lapso de tiempo.
Andrew Kirkland, la representación física de Escocia se encontraba como siempre en su casa, mirando las últimas noticias y maquinando alguna treta para que Arthur caiga de nuevo en sus redes. Dado que había hecho un pacto de sangre con Patrick, (que de paso, el muy bastardo le había cobrado con sus mejores reservas de Whisky añejo, de la cosecha de 1634, una cosecha muy valiosa y rara) posiblemente podría acelerar el proceso. Y también quitarse al irlandés de encima (aunque con la degeneración de Escocia, no le veía problema enseñarle al pequeño Patrick quien es el que manda).
El escoces estaba entonces en ese momento fumando un espléndido habano de república dominicana, matizado con hierbas silvestres que le daban un indescriptible sabor a las vaharadas de humo que salían de su boca. Sin embargo, el repique de su teléfono lo saca de aquella abstracción.
—Diga.
—Escocia, te necesitamos urgente aquí, es Colombia está muy mal
Al otro lado de la línea se escuchaba la desesperada voz de un joven. Andy entonces suponía que era Enrique, el menor del Bad Latín Trio.
—dime que es lo que tiene.
—su rodilla, esta inflamada, está perdiendo calor, lo tenemos abrigado con todas las cobijas y mantas que hemos encontrado y aun nada, por el amor de dios, ayuda a Juan.
—Prepararé el botiquín, iré enseguida para allá.
Dicho esto apagó el cigarro en el cenicero, se dirigió rápidamente hacia su cuarto y sacó toda suerte de implementos médicos, alcohol medicinal, guantes, lentes y algunos analgésicos y rápidamente se dirigió hacia el aeropuerto en donde tomó un vuelo sin escalas hacia Madrid, España.
De regreso a medina del campo…
—Enciende la tele y ponla en las noticias.
Francis obedeció en el acto la orden del prusiano. Juan se encontraba aun inconsciente, arrebujado en una considerable cantidad de mantas, mientras que José y Enrique estaban sentados a un lado de la cama, vigilándolo. Gilbert estaba a un lado, revisando constantemente la temperatura, mientras que Antonio estaba buscando cada vez más mantas.
—Menos 15 grados —afirmó el prusiano— Mein Gott, si sigue así tendremos que tomar medidas extremas.
—¿de qué medidas hablas?
—Sacro Imperio a veces sufría de los mismos males de Juan. Lo que hacía en esa época era calentar agua en una tina y sumergirlo allí hasta que su temperatura corporal subiera— respondió el prusiano seguro.
—Pero si lo movemos, la rodilla puede agravarse —terció el venezolano— no sé lo que esté pasando en casa de Juan pero debe de ser demasiado grave como para que le esté ocurriendo esto a él.
—chicos, dejen de hablar y presten atención a esto —exclamó Francis.
Las noticias daban cuenta de una delicada situación de orden público en el sur de Colombia. Los graves enfrentamientos entre el ejército y las comunidades indígenas, amén de los hostigamientos de la guerrilla habían agravado la situación. Todos veían con frio estupor como los indígenas se enfrentaban al ejército, desalojándolos por la fuerza, provocándolos, insultándolos, mientras que estos se retiraban inmutables, haciendo un sobrehumano esfuerzo de no disparar ni una sola arma, de no encender la mecha del conflicto. Gilbert miraba escéptico la escena, y se sintió impotente al ver a aquel soldado llorando de impotencia y de rabia, insultado por todos, mancillada su dignidad, mas no su honor. Sabía bien que una de las primeras lecciones que le había enseñado a Juan erala de nunca atacar a un civil, bajo ninguna circunstancia, a menos de que sea un riesgo para el orden y la seguridad de los demás. Después de haber visto aquella valentía de no disparar para no provocar peores tragedias, sintió admiración por su ex pupilo.
—esto es de verdad muy grave.
Entrada la noche, llegó escocia con todos los implementos médicos.
—Díganme que pasa.
—es su rodilla, Andy —le respondió Antonio— está mal, haz algo por el amor de dios...
—¿y porque demonios no lo han despertado? —Espetó el escocés— si sigue inconsciente puede ser peor para su organismo.
Dicho esto toma un algodón y lo impregna de alcohol, haciéndolo pasar por la nariz del colombiano, lo cual aturde su nariz y lo lleva de nuevo a la consciencia.
—Que paso… Kike… donde estoy.
—No hables mucho Juan, puedes empeorar el dolor.
El escocés hizo quitar todas las cobijas que cubrían al colombiano.
—Tengo que romper el pantalón, si te lo quito normalmente puedo empeorar la lesión. —Luego le preguntó— no hay problema con eso, ¿verdad?
—Haz lo que creas conveniente —le respondió el de ojos verde esmeralda al pelirrojo escocés débilmente.
Dicho esto, y con unas tijeras especiales rompió con rapidez el pantalón, dejándolo en ropa interior y camisa, dejando ver la rodilla totalmente inflamada, resaltando de los vendajes de su pierna derecha2. Le quitó con sumo cuidado las vendas, mientras evaluaba la gravedad de la inflamación.
—esto se ve mal, si el idiota de mi hermano estuviera libre podría atenderlo mejor— espetó el pelirrojo irritado.
—no te quejes y haz algo maldita sea, no soporto este dolor tan ******* —espeto débilmente el colombiano.
No había de otra.
—Francis: tráeme agua limpia y hervida, Antonio: necesito sabanas limpias y nuevas, de preferencia recién compradas, Gilbert: tráeme una palangana y gasas. —ordenó el escoces serio.
—¿Y nosotros que podemos hacer? —inquirió el venezolano.
—simplemente denle apoyo a su hermano y sosténgalo cuando yo les diga.
Dicho esto, el bad friends trio se dirigió rápidamente hacia afuera, en búsqueda de los implementos que había solicitado el escoces.
—¿Qué demonios me piensas hacer? —inquirió Juan.
—Lo que Artie haría en estos casos: reducir la inflamación y sacar toda la materia y pus que tienes acumulada en tu rodilla.
—QUE DEMONIOS! —exclamaron los tres consternados
—si las cosas se normalizan en tu casa, solo tendrás una pequeña cicatriz y sanarás rápido. —luego agregó—si no es así… tendrás que regresar a tu casa para terminar de sanarte completamente.
—¿Está seguro de que sabes lo que haces?— le preguntó el colombiano
—realmente no. —Contestó Andrew— pero conociendo al idiota de mi hermano, sé que esto es lo que haría en un caso como el tuyo.
Los tres regresaron con las cosas solicitadas.
—Francis, necesito que limpies el escalpelo y las agujas que tengo en mi maletín.
El francés no admitió replica, hizo lo solicitado.
—Antonio, las sabanas.
El español le entrego las sabanas. Escocia extendió la misma por debajo de la rodilla.
Luego, Gilbert ubicó la palangana, la llenó de agua caliente y la puso al lado de Andrew.
—chicos, necesito que se retiren. AHORA. —Les dijo Andrew a todos en un tono que no admitía replica.
—no seas tan idiota Andrew, Juan nos necesita —reclamó el prusiano.
Sin embargo, una mirada de este los forzó a retirarse. Y cuando se disponían Enrique y José a salir el escocés los detiene.
—necesito que ustedes se queden, Juan de verdad los necesita.
Sin embargo, el colombiano sonrió forzadamente, sacándole el chiste a la situación.
—soy un hueso duro de roer, a mí no me acaban tan fácil.
José se hizo a un lado de Juan y lo tomó de una mano, mientras este la apretaba con fuerza. Enrique se encargaría de asistir a Andy en el procedimiento.
—¿estás listo?
—tu sabes que siempre lo estoy —contestó sarcástico el colombiano— el dolor ha sido parte de mi vida.
Desinfectó la rodilla con solución de yodo e hizo la primer incisión, precisa y directa, mientras la materia negra, sanguinolenta y pútrida, de un intenso olor salía de la herida abierta, en dirección a la palangana. El escocés, con los guantes enfundados hacía una suerte de masaje forzando aquella masa a salir al exterior. Juan Pablo hacía un esfuerzo sobrehumano para soportar el intestino y visceral dolor que lo corroía, mientras apretaba con fuerza la mano de José. La palangana se había llenado de la susodicha materia, y aun había más.
—Desecha eso rápido, y lava bien la palangana.
Tapó la incisión con una gasa, mientras se cambiaba los guantes ya manchados de materia por otros más limpios. Enrique regresó con el recipiente limpio y siguió con la operación. Juan lagrimeaba de dolor pero no emitía queja alguna, y aún estaba apretando la mano de José con fuerza. Después de retirar la gasa ya impregnada de pus, una segunda tanda de menor cantidad había salido de la rodilla del colombiano. Ya casi terminaba, la hinchazón había remitido bastante.
—Ya casi, solo un poco más y ya al menos la infección habrá cedido —exclamó algo satisfecho y agobiado el escocés.
—menos mal, ya no soporto todo el maltrato que le das a mi pobre rodilla.
—te quejas más que mi hermana Claire.
Dicho esto, las emanaciones de materia y pus cesaron. Juan soltó la mano de José, la cual estaba ya de por sí muy adolorida.
—aprietas muy fuerte— se quejó Venezuela mientras se frotaba su mano adolorida.
—El dolor era insoportable y no es que quisiera gritar.
Andrew se dispuso entonces a suturar el corte con precisión quirúrgica con los implementos que había traído consigo. Juan se sentía agotado por completo, y con la pierna adolorida pero no al mismo nivel que antes.
—Andy, de verdad gracias.
—no deberías agradecer—respondió el escocés— era lo menos que podía hacer por ti.
Se retiró rápidamente de la habitación. En el pasillo se encontraban Francis, Gilbert y Antonio a la espera de alguna noticia de su "sobrino", "hijo" y "pupilo"3
—¿dinos como está, Andy? —inquirió desesperado el español— por el amor de dios, dime como está Juan Pablo.
—por lo pronto está bien, en este momento está reposando en la cama.
Después de excesivas muestras de afecto del español y el francés hacia el colombiano, y obviamente después de haberse retirado los tres europeos, Enrique y José se habían quedado.
—José, si quieres vete a descansar o regresa al castillo. —le dijo el colombiano—creo que los demás estarán preocupados por lo que me pasó y querrán noticias mías.
—En serio Juan, ¿me estás echando?
Una cara de juan que expresaba sin más ni más "necesito estar a solas con Kike" le indicó que su presencia era inconveniente. José entendió de inmediato.
—Y entonces… ¿piensas decirle a Miguelito lo que sientes o me vas a tomar por pretexto para no hablar con él?
En el lobby del hotel…
Fernando se encontraba preocupado en el Lobby. De los latinoamericanos, el navarro estaba prácticamente más encariñado con Juan, eso debido a que no podía evitar contagiarse de aquella inherente alegría y calidez que le recordaba a sí mismo en tiempos mejores, cuando no tenía tantas preocupaciones encima.
—¿Qué sucedió?, díganme, me tienen con el cristo en la boca.
—Ya está fuera de peligro, Fernando —le responde Francis.
Sin dudarlo dos veces el navarro se abraza del francés, como si se hubiese librado de un peso de encima. En un comienzo a Francis le incomodó un poco que Fernando le abrazara tan repentinamente, pero sintió que algo revitalizante resurgía de su interior… algo que estaba dormido desde hacía mucho tiempo.
—Navarre…
El navarro al oír las sutiles primeras palabras de una posible retahíla de sinsentidos del francés se separa violentamente y algo sonrojado se excusa.
—la verdad yo… no soy así, perdón tengo que retirarme.
Y sale como alma que lleva el diablo del lobby.
Francis Bonnefoy y Fernando Montblanc tenían una larga y algo triste historia juntos. Una historia que quizás en otra oportunidad valga relatar.
Entre tanto, en el castillo…
La noticia los tenía a todos preocupados, en especial a los latinoamericanos. Todos tenían el alma en vilo por lo que podía haberle sucedido a Juan. Se habían ubicado en el gran salón del castillo sentándose en las sillas de las mesas dispuestas para los invitados, rodeando un semicírculo en la pista de baile recién instalada.
—el debió quedarse en casa y no ponerse en estas —exclamó el chileno— yo desde que lo vi llegar noté que su rodilla estaba muy inflamada.
—no podés decir nada Manu, conocés lo terco que es Juan —le respondió el argentino— casi tan terco como vos.
—Diego tiene razón, pero en serio… Juan Pablo nunca se había desmayado, por más dolor que tuviera siempre tenía las pelotas para aguantarlo y no decirle nada a nadie. —afirmó Pedro.
—es por eso Pedro, siempre se reserva el dolor para sí mismo, nunca le ha gustado que los demás se metan con sus problemas —interviene el brasileño— es más, las veces que me han pedido que intervenga en las liberaciones de sus secuestrados me regaña e insiste que no me meta en sus asuntos.
—Es lo mismo que ha hecho con Francis, y con todos —intervino esta vez el alemán— todos nos preocupamos por Juan, pero él no quiere preocupar a nadie. Realmente no entiendo cómo puede el solo a veces echarse semejante carga.
—Es que está habituado a ella, Ludwig —le respondió esta vez Alonso— Juan y yo no somos tan grandes amigos que digamos, pero lo poco que se dé él es que no le gusta que los demás se metan en sus asuntos porque no quiere que ellos pasen por lo que ha pasado el, sencillamente se guarda su dolor para sí mismo, eso puede ser bueno para todos, pero realmente es muy malo para él.
—Alonso tiene mucha razón en lo que dice— agrega el cubano— no solo ha sido con lo de las guerrillas, sino con sus problemas de violencia bipartidista. En el 48 con lo de la muerte de Gaitán no quiso que nadie se metiera, y para colmo todos estábamos en Bogotá por lo de la cumbre panamericana4. Ni siquiera le permitió al gringo meterse. Y además me acuerdo mucho en lo del proceso de paz del 99, yo mismo fui a casa de juan para ver si al fin podían negociar el gobierno y la guerrilla.
—Además, que yo me acuerde muchos quisimos ayudarlo en el 995, —recordó el brasileño—pero la verdad nadie en esa época estaba interesado en prestarle su verdadera ayuda. Ni siquiera Ludwig ha podido ayudar a Juan.
—Si estás hablando con respecto a lo de Maguncia6 —intervino Ludwig serio— sencillamente fracasó porque no existió ninguna voluntad de ambas partes, no por mi culpa.
—sin embargo, no dice nada en aceptar la ayuda del gringo—interviene el chileno— el prácticamente le destina bastante dinero a Juan, a pesar de que se dé buena fuente que no es que lo tenga muy presente.
—Son grandes amigos, Manuel —le responde a la defensiva el filipino—, y creo que es el único amigo que tiene Alfred en Latinoamérica si no estoy mal.
—No ha sido el único que ha enfrentado esos problemas, pero el manejo que Juan le ha dado a los suyos ha sido incuestionable. Yo mismo he pasado por lo mismo con los de sendero luminoso en los ochentas. —intervino el peruano
—Tu caso es diferente al de Juan, Migue— le responde el brasileño— Joao ha tenido muchas décadas de violencia bipartidista, que sus jefes han manejado a veces bien, a veces mal, sus guerrillas llevan mucho más tiempo peleando en contra de sus gobiernos, casi cincuenta años.
—Sin contar con los narcotraficantes —agregó esta vez pedro —créeme, esos malditos chacales han sido mi condena desde años para acá, Juan ha sido el único que sabe cómo darles manejo.
— que a veces no ha sido el mejor, Pedro. —le insistió el carioca— Juan me contó cierta vez que no solo era la guerrilla y el narcotráfico los que le hacían más daño, sino sus propios políticos.
—corruptos hay en todos lados, ¿de qué rayos se queja por unas cuantas lacras? —le inquirió el peruano.
—no vengas con el cuento de Fujimori Migue.
—el punto no era ese —volvió el brasileño a intervenir— sino que ellos prácticamente ponían en esencia su "granito de arena" para, según lo que él decía, "Joderle la vida". Sus políticos tienen la poco sana costumbre de aliarse con ciertas organizaciones de poco fiar, ustedes saben: narcos, guerrilla, ejércitos privados…
—¿hablas de paramilitares, Luciano? — inquirió el peruano algo tenso.
—de eso mismo hablo, Miguel —agregó serio el brasileño
—De verdad, a veces no los comprendo a ustedes, chicos— intervino perplejo el sajón.
—y nosotros no podríamos explicarte el novelón completo, Klaus —le respondió el peruano— aunque creo que José nos podría ayudar a dilucidarte tus dudas.
Y precisamente llegaba el venezolano. Al verlos a todos ahí charlando, no pudo evitar sentir algo de rabia. El al lado de su hermano, el cual estaba padeciendo aquel visceral dolor, acompañándolo en ese momento junto con Kike, mientras que los demás comadreaban y cotorreaban como viejas chismosas en una cocina.
—QUE DEMONIOS HACEN AHÍ COTORREANDO COMO COCINERAS, MALDITA SEA —espetó colérico el venezolano
—José, cálmate y cuenta hasta diez— intervino el cubano— sé que tu estas preocupado por Juan, pero él no le gustaría verte así.
El venezolano estaba intentando hacer un sobrehumano esfuerzo para no sucumbir ante la desesperación y no llorar. Sin embargo, sabía que sus preocupaciones no eran en vano, y que su hermano estaba en manos confiables: Enrique podía a veces ser un buen enfermero.
—de verdad, perdónenme chicos… —se excusó el venezolano.
— y bien, ¿dinos cómo está? —le preguntó Carlos
—Está bien, Andrew lo atendió y ya le retiró toda la materia acumulada que tenía en su rodilla. Dice que puede que se mejore para mañana.
—de verdad, que alivio, estábamos todos preocupados —intervino esta vez el chileno
—y por cierto, ¿en dónde está Enrique? —inquirió el peruano.
—se quedó, está cuidando de Juan.
Se notó un leve tono de celos en el peruano por la pregunta. Al parecer, como que Miguel deseaba a Enrique y quería algo más que una porción de mar o una extensión de territorio.
En otro Lado del castillo…
Eloise se encontraba mirando los alrededores del castillo con algo de curiosidad. La tapicería, los detalles escultóricos, la decoración de la capilla del castillo, la cual estaba ricamente adornada con flores amarillas y blancas, amén de los dos reclinatorios y dos sillas ricamente decoradas. Albert le seguía silenciosamente, sin que ella se diera cuenta, en búsqueda de la precisa oportunidad para abordarla apenas la viera con Edward, para así provocar celos en él y obviamente disensión en la feliz pareja. Hasta el son de hoy esa estrategia le estaba sirviendo de maravilla, aunque el estonio sabía disimular excelentemente su enojo e ira, el autocontrol de Edward no duraría para siempre, pues por más fuerte que sea el acero, más fácil puede llegar a su punto de quiebre. Tendría que ser paciente, como lo había sido en anteriores ocasiones.
Entre tanto, Edward se encontraba en su improvisado taller de gestiones, revisando la información de cada uno de los invitados y las distribuciones que había planificado de acuerdo a las mismas. El día anterior se había pasado toda una noche en vela junto con Diego y Benny insertando la información en los chips de las tarjetas, y membreteandolas a mano. Sería una total falta de respeto hacer las invitaciones impresas, pues el éxito de las invitaciones de la boda de Ludd y Feli había sido tal que ya le solicitaban los mismos servicios para otros eventos en su propio país y en otros. Sin embargo, sus preocupaciones no giraban en ese momento alrededor de quien ubicar al lado del señor Rusia, o como evitar que Serbia busque pelea con Albania, Kosovo, Montenegro o Croacia (y de paso con San Marino), sino acerca de cierto joven de ojos zafiro y gélida sonrisa. Albert. Ese maldito de Albert.
No podía mantener en estado de total y completa vigilancia a Eloise por el sencillo motivo que estaba dando a entender de que obviamente desconfiaba de ella. No podía tampoco enfrentarse directamente al andorrano sin enfrentarse a su novia, pues la estima de ella por el susodicho era enorme. Obviamente no podría impedir que ella y Albert se encontraran, era obvio que eran amigos pero ella desconocía sus oscuras maquinaciones. Solo quedaba una alternativa, y era la más difícil de todas: desenmascararlo. Y eso era un duro reto, pues Albert era minucioso, hasta el más mínimo detalle en ocultar sus perversas maquinaciones con respecto a Eloise. Podía decir que era una versión en pequeño de James Moriarti, frio, astuto, manipulador. Sencillamente habían días en los que deseaba romperle los dientes con un buen puño y borrarle esa sonrisa cruel y cínica que hacía bajar la moral de cualquiera.
—¿por qué tan sola, Eloise? —le inquirió el andorrano al ver a la monegasca mirar abstraída los detalles de la capilla.
—Simplemente miraba, a veces me gusta caminar por los pasillos del Grand palais y mirar los detalles… sin embargo, a veces me siento más a gusto entre la sencillez de estos muros que en los pomposos cuartos de mi casa.
—un día de estos debería invitarte a conocer el palau del consell —le respondió el andorrano— es una hermosa construcción, algo tosca y vieja por los años, pero tiene un encanto y un no sequé que me recuera mucho a mis días de infancia cuando pastoreaba mis cabras.
La monegasca sonrió.
—¿y Edward?
—está ocupado, y no es que me guste mucho interrumpirlo. — le respondió la monegasca—además, lo mejor para nosotros dos es conservar nuestros espacios.
—personalmente nunca te dejaría sola ni un segundo, no sé,… puede sucederte cualquier cosa, dios no lo quiera.
—no deberías preocuparte tanto, mon amie Andorre, puedo cuidarme perfectamente sola.
La monegasca había entendido la implícita indirecta, mas sin embargo creía y suponía que las cosas le habían quedado al andorrano claras desde tiempo atrás. Ella no lo amaba: solo lo quería, como un gran y buen amigo, no como el amor de su vida. Primero había sido Fabriccio con sutiles e hirientes desplantes, y ahora era Edward con aquellas inoportunas e incomodas apariciones. Sin embargo, aún no podía decir que Albert no era de confiar.
—¿Qué sabes de Jean Paul?
—me contó cierto pajarillo que él está bien, reposando en el hotel. Uno de sus hermanos lo está cuidando.
—Cuál de los dos, ¿Joseph o Henri? —inquirió la monegasca de nuevo.
—creo que lo está cuidando Enrique. Por lo pronto está bien.
—menos mal.
A juan lo conocía Eloise por medio de su hermano Francis, además de que uno de sus empresarios, Julio Mario Santodomingo había emparentado a través de su hijo, con uno de los hijos de la princesa Estefanía, Andrea Cashiragi. Pero su relación con el colombiano era de simples conocidos, nada más, no era como la relación de amistad que Juan sostenía con su hermano mayor.
—creo que ya va siendo hora de que regrese a mi hotel, ¿no crees?
—sí, creo que sí.
Sería bastante duro. Sin embargo, ya entreveía algo que pudiese usar a su favor.
1 Medicina especial: el concepto de los Nation-tan de Himaruya es simple: cada vez que tienen un problema económico lo exteriorizan como una enfermedad: las recesiones suelen manifestarse como gripas, los disturbios como infecciones repentinas del organismo. En el fandom, se considera que Inglaterra tiene capacidad para saber cómo tratar el cuerpo enfermo de una Nación, paralelo a la normalización de su situación política o económica. Agregado a eso, Juan tiene también noción de unos primeros auxilios especiales que sabe autoaplicarse cada vez que sucede un enfrentamiento armado, cosa que el siente como una incómoda molestia en alguna parte de su cuerpo. Ya el tratamiento médico de una nación (el cual es muy delicado) lo denominaría yo Medicina especial.
2 La ubicación de la rodilla inflamada no fue al azar: esa rodilla derecha representa el departamento del cauca, en el suroccidente del país.
3 Personalmente sigo este headcanon:Colombia considera a Francia como una suerte de tío, muy cariñoso por cierto, el cual le enseño algo de buena cocina (lo mismo que el cejudo). En cuanto a Prusia, él ha sido su "maestro" en cuanto al arte de la guerra, y de vez en cuando le dice "profe" a Prusia. Los dos están muy encariñados con juan, en especial Francis, que lo siente como si fuese un sobrino muy cercano para él.
4 El 9 de abril de 1948 habían asesinado a Jorge Eliecer Gaitán en el centro de Bogotá al salir de su oficina. Subsecuentemente se generan violentos disturbios que arrasan gran parte del centro de Bogotá, generando una enorme cantidad de muertes. Lo perturbador del asunto está en que en esos días se estaba desarrollando la cumbre panamericana, la cual daría origen a la OEA en mayo de 1948 con los estatutos de Bogotá.
5 Se alude al proceso fallido de paz de 1999-2002. Muchas ONG y gobiernos extranjeros intentaron servir de garantes en el proceso, pero a la hora de la verdad no fueron de gran utilidad.
6 Alemania alude a las conversaciones de Maguncia entre el ELN y el gobierno. El canciller de esa época, el señor Gerhard Schroeder intentó servir de garante internacional en un proceso de paz entre el ELN y Andrés Pastrana en 1998. Sin embargo, los graves desacuerdos y la intransigencia en no reconocer la posición de "beligerancia política" hacen que fracasen las negociaciones al año siguiente.
