Nota del autor:

Bueno, que puedo decirles esta vez… todo ya está dicho. Este es el gran final de esta loca y divertida historia, y muy pronto les tendré los epílogos de cada una de las diferentes parejas que se han aludido en esta historia.

Muchos han leído y opinado sobre esta locura, por lo que les agradezco a todos de corazón el tiempo que le han dedicado a esta cosa rara que ha salido de mi cabeza… bueno, no siendo más los dejo con el capítulo de hoy. Creo que me he superado a mi mismo con respecto a la escena de Gabriel y Vash en el patio de armas, hasta no haber leído los comentarios al respecto, no creía que me había salido tan bien que había causado esas sensaciones.

Y con respecto a Navarra y Francia.. Bueno: el hecho está en que Fernando es de los que no da el brazo a torcer tan fácilmente. Y si, hay que admitir que hay una cierta "atracción" entre este par, (muy caliente, quizás haya lemon entre estos dos)…

Por cierto, el epílogo contendrá unas cuantas notas adicionales y un "top ranking" de lo + de este par de locas historias.

Valga aclarar que la mayoría de las micro naciones tienen un aspecto de jóvenes de 15 a 16 años, (no estoy de acuerdo con el shota, bajo ningún concepto, por lo que los emparejamientos entre las correspondientes micro naciones se hacen de acuerdo a su edad aparente propuesta).

Los nombres de las micro naciones son "Fannames" no oficiales (exceptuando obviamente el de Sealand), sin contar con los OC de Sahara Occidental y Redonda

Capítulo final: ¡Feliz luna de miel!

Habían partido ya los recién casados del castillo en dirección hacia su luna de miel. Y cualquier persona más o menos sensata diría que aquí acabó la fiesta, pero no. Algunas naciones ya se disponían a regresar a sus casas, otros quizás pasarían una noche o dos en el hotel, el cual estaba ocupado a más no poder.

Sin embargo, ese no era el punto.

Berwald se encontraba por su parte en el exterior del patio de armas mirando con atención el amanecer en la campiña castellana. Tino, como buen "esposa" se encontraba charlando con Feliciano por no sé que cosa, mientras que Peter estaba con Benny, Raivis y Steven charlando por ahí. No podía evitar mirar a su hijo. Habían pasado ya diez años de su adopción y los devotos cuidados de él y su "esposa" habían hecho que creciera rápidamente, tomando la apariencia de un jovenzuelo de 16.Y ya había entrado en las épocas de rebeldía, e inherente malgenio. Obviamente el danés le acolitaba a veces alguna que otra travesura, pero ahí siempre estaba para disciplinarlo. Y tampoco podía negar que el letón, quien también había cambiado diametralmente desde hacia ya mucho ayudaba en este sentido. Y también estaba el hecho de que no era el único que "quería algo" con su hijo: Obviamente estaba Kyle[1], (reino gay y lésbico de las islas del coral), aunque era sabido por todos que le llamaban "mini-Francis" por el hecho de que era medio-pervertido el muchacho. Y valga aclarar que Sea lo había rechazado de un tajo. Obviamente ya tenía a Raivis.

Peter por su parte estaba con Benny[2], Theo y Steven[3] en una de las mesas del gran salón, el cual estaba desocupado. Las tres micronaciones europeas, y obviamente la micronación australiana no habían sido las únicas que habían sido invitadas a la fiesta: Theo (Kugelmugel)[4], Allison[5] (Wy) y Clarence[6] (Redonda) también habían sido invitados, como partes anexas a sus "hermanos mayores" Roderich y Dylan[7] (Aunque Clarence era virtualmente independiente y nunca había tenido tutor mientras que Alison figuraba como un estado independiente). Si se contaba también con Hiraan[8] (Sahara Occidental, un estado no reconocido) e lshnet[9] (Chipre del norte) ya eran muchos estados no reconocidos y micronaciones que habían en fin de cuentas asistido.

—¿Cómo que te metiste con el regalo de Lovino?— le inquirió Sealand a Seborga con curiosidad viva— cuenta los detalles.

El italiano de rizo algo cuadriculado, haciendo alarde de su "galantería" les respondió a todos.

—claro, es obvio que ninguna chica se resiste a mis encantos.

—No mientas Benny… —le dijo Kugelmugel serio— se de buena fuente que Allison te rechazó, y que la hermana de Arthur te dio una bofetada por propasarte con ella.—luego agregó — y dudo mucho que la susodicha "Paulina" se haya atrevido a meterte contigo.

—Es mentira Theo…

—es verdad —repitió el austriaco de cabellos platinados—yo mismo vi el bofetón que Claire le dio a Benny, y eso que no fue la única.

—bueno, porque si no supongo mal, la que no cayó en tus redes no había sido mi hermanita Allison, sino Kyle… —afirmó socarrón Hutt River, el mayor de todos— o me estoy equivocando.

—chicos, ya basta… —rogó Seborga— soy un hombre hecho y derecho, cazzo! Yo jamás me metería con una nenita como Kyle.

—de hecho, creo que eso ha sido desde el año pasado, cuando te quedaste a pasar la noche en casa de Davis, si no estoy mal… —insistió Hutt River— Kyle casi te viola y de no ser por Claire y Allison el cuento sería otro[10].

—¿así de enfermo es Kyle?—inquirió interesado Kugelmugel

—Si te contara Theo, ha intentado de mil y un formas llevarse al señor Francis a la cama y no ha podido. Cada vez que lo rechaza le dice que no espera la hora de que "crezca un poquito más" para, como se dice, ¿darle amour?—le responde Hutt River.

Un aterrorizante escalofrío se sintió entre las micro naciones.

Los tres simplemente se miraron de forma maquiavélica, como tramando algo. Sealand sin embargo intervino.

—párenla con Benny muchachos, ¿no que él se había llevado a la cama a Paulina?, o no fue así… porque supongo que fuiste el único de nosotros que fue a la despedida de soltero de tu hermano mayor, ¿o no es así?

—que sí, maledizione… per dio santissimo cuantas veces tengo que repetirlo, cazzo!

Ahora si estaba nervioso. Sin embargo, el italiano decide evadir las insistentes preguntas de sus amigos.

—y Peter, ¿Cómo sigue tu hermano Magnus (Ladonia)?

—no estamos hablando de Magnus[11], estamos hablando del bombonazo que te llevaste a la cama después de la despedida de soltero… si es que te la llevaste a la cama.

Sin embargo, llega el letón, vestido de traje de gala, aunque ya se había desabrochado el cuello y se había desamarrado el corbatín. Se notaba que los años le habían sentado de maravilla al letón, aunque conservaba ese aire dulce e inocente que lo caracterizaba.

—¿de que están hablando?

—no hablamos de nada, amor— le respondió el joven de ojos azules al letón.

—me estas mintiendo Peter…

—esta bien Raivis, si, estamos hablando de la ultima conquista de Benny

—mmm… —exclamó Letonia algo interesado en el tema— todo creo menos que Benny se haya metido con la susodicha.

—¿ME ESTÁS PONIENDO EN ENTREDICHO?!

—Perdón, no he dicho eso, solo opinaba.

Sealand miró severo a Seborga por haber intimidado a Letonia con semejante afirmación.

—Discúlpate con Raivis, Ahora —le exclamó sombrío Sealand a Seborga.

—no fue mi intención… —se excusó Seborga.

Y se quedaron discutiendo sobre si aquella afirmación de si era cierto o no que la susodicha Paulina había pasado la "nochecita" con el italiano de rizo cuadriculado.

—chicos, si queremos salir de nuestras dudas, llamemos a Paulina—afirmó al final Kugelmugel— ella es la única que nos dirá si pasó la noche con Benny y también que tan bien lo hace…

Ahora sí Benedetto Vargas estaba sudando la gota gorda.

Entre tanto, en el patio de armas del castillo…

Tanto tiempo ya había pasado. Mucho tiempo. Berwald recordaba mirando el cielo de matices azules claros y oscuros los años y centurias que había pasado con Tino. Su Tino. Su "esposa". Sin embargo, sentía que cada vez se apagaba más la llama, que su relación no era la misma de antes. Ya casi no intimaban, ya casi no se tenían mutuamente detalles, y agregado a eso era que casi ya no coincidían cuando de reprender a Peter se trataba. Si, podía admitirlo, lo amaba, pero el hecho estaba en que su parquedad in extremis lo estaba alejando paulatinamente de su "esposa".

Y siempre se amordazaba a si mismo intentando no crear conflictos o problemas.

Ludwig pasaba precisamente por el patio de armas, mientras su pareja estaba ya con su hermano mayor, el cual estaba totalmente empapado y en un estado de conmoción terrible, igual que el suizo. Y Francis por su parte estaba intentando hablar con su hermana menor para evitar algún incidente mucho peor con su novio y su "sobrino". En fin de cuentas, un total desastre para algunos. Tal cual como lo era el "feliz matrimonio" de los dos nórdicos.

—Berwald,… ¿porqué estas tan solo? —inquirió el alemán al ver al sueco sentado en una banca de piedra del patio de armas.

—solo quería un momento a solas. —respondió el sueco escuetamente.

Ludwig se sentó al lado de Berwald. El sueco no pudo evitar recordarse a sí mismo los primeros días de su convivencia con Tino, cuando ya las cosas eran ya "oficiales", después de tantos amargos devenires.

—No sé que me pasa —exclamó Suecia después de suspirar largamente, como si estuviera agobiado.

—dilo entonces… —respondió Alemania— a veces las cosas hay que decirlas por muy amargas que sean.

—es simplemente una tontería —afirmó el sueco—no me hagas caso.

Sin embargo, se notaba en el escandinavo un aura de tristeza y hastío. Sin venir a cuento, decide preguntarle al alemán.

—¿te puedo hacer una pregunta? —inquirió el sueco.

—si, no hay problema —contestó el alemán.

—¿Cómo es que después de tantos años, tu relación con Italia sigue tan viva?

—bueno… la verdad…—contestó el germano con algo de parquedad mas sin embargo se soltó— no sé porque ha sido. Quizás sea tal vez por el hecho de que Italia no es de los que se dejen llevar por la rutina. A veces siento que el, no sé… quizás me quiere como desde el primer día en que me vio… aunque creo que eso ha sido de mucho tiempo atrás.

—pero tengo entendido que antes de ti, Italia tuvo a alguien —insistió Berwald— ¿o es ilusión mía?

—no voy a mentir… hubo alguien antes que yo, aunque creo, no sé que conozco a Italia de mucho tiempo atrás.

Recuerdos vagos y difusos habían llegado a la mente del alemán en esos momentos. Una niña de cabello castaño vestida de sirvienta, una escoba, un retrato al oleo, una promesa. No sabía que significaban[12]. Pero en fin de cuentas, eso ya no importaba.

Rutina. No podía evitar pensar en el hecho de que habían caído en esa trivial y monótona rutina de verse todos los santos días.

—entonces, ¿Cuál es el secreto?

—no hay secreto —le respondió el alemán— solo somos felices, solo intentamos vivir el día a día como si fuera el ultimo en el que nos veremos.

Sencillo. Quizás necesitaba algo de empeño para resucitar su moribundo matrimonio. Quizás necesitaba dejar de ser tan frio. Pero no seria en apariencia tan sencillo.

En otro lugar…

Francis había conseguido hallar a su hermana menor en uno de los tantos cuartos del castillo. Después del desagradable y espinoso incidente con su novio y su amigo, se sentía utilizada y ofendida. El francés sabia claramente que su hermana quería y amaba al estonio, y lo había demostrado de infinitas maneras. Pero sin embargo también estaba Albert y sus agresivos "métodos de conquista". Sabía que el andorrano tenia unos cuantos sentimientos hacia Eloise, pero ella no lo veía como un prospecto de pareja, sino como un amigo, un confidente. Y sin embargo, eso no lo podía entender Albert Montblanc. Y estaba también ese corrosivo odio y desconfianza entre Albert y Edward. Si no habían llegado al limite de los golpes, había sido por causa del autocontrol del estonio (que había adquirido por el sencillo hecho de vivir durante mucho tiempo en casa de Rusia-chan). Pero todo tiene un tope final, un limite… y Edward Von Bock, representación de la república báltica de Estonia estaba cerca de él.

Entre tanto, Albert y Edward se miraban con una contenida y visceral rabia. Deseaban acabarse entre si. Los ojos del estonio estaban corroídos en una ira visceral. El andorrano sonreía con triunfo y sus ojos azul intenso refulgían de rabia. Afortunadamente pasaba por ahí Toris, y al notar la visceral y monstruosa rabia de aquellos dos intentó tranquilizar y calmar a su hermano báltico.

—Edward, deberías de calmarte un poco—afirmó el lituano en voz baja, intentando controlar al estonio.— tanta tensión te hace daño.

—no sabes de lo que hablas Toris —le respondió Estonia a Lituania— no sabes las ganas que tengo de romperle la cara a ese bastardo infeliz.

—es lo que él quiere… no hagas lo que él quiere—le insistía Lituania—vamos, creo que Raivis nos espera afuera.

Y el lituano persistió y persistió hasta que al menos alejó al estonio de forma bastante prudente.

En el interior del cuarto estaba la monegasca mirando de forma triste y amarga el exterior desde la ventana. Eloise no sabia de que forma enfrentarse a semejante situación. Creía y suponía que Albert ya tenía las cosas claras. Primero había sido Fabriccio. Ella le había contado a Albert sobre sus dudas frente al sanmarinense, por lo que atendió a los consejos de él, que terminara con Fabriccio, que pensara y se diera tiempo. Y luego estaba Edward, y los sutiles e hirientes desplantes que Andorra cometía en contra de Estonia.

Albert tomó entonces la iniciativa e ingresó a la habitación.

—yo… creo que tengo que disculparme contigo por lo del baile…—se excusó el andorrano sutilmente.

—no tienes porqué —le respondió la monegasca de forma seca.

Intentó ocultar sus lagrimas, mas sin embargo el las nota. Se acercó a ella y con un pañuelo intentó secárselas, mas sin embargo ella lo rechaza. El insiste, mas sin embargo, al limpiar las mejillas de aquella mujer no se resiste. Y la besa. Ella está en estado de shock. No sabe que hacer. Y para más Inri su novio la ve.

—¿Cómo demonios pudiste hacerme esto?, yo te quería!—exclamó Edward al verlos así de forma tan comprometedora.

—la verdad yo…—Eloise intentó responder, mas no pudo.

—ella ya escogió, admítelo de una vez, la perdiste—afirmó Albert con una sonrisa de triunfo.

—TU NO TE METAS BASTARDO MISERABLE!...

Toris veía la escena. Y estaba rogando a lo que fuera para que no se desatara lo que posiblemente se entreveía a continuación.

—Yo… perdóname…

—ya basta, admítelo de una vez… tu perdiste, yo gané —exclamaba el andorrano triunfal.

—NO SIGAS MÁS!

E inmediatamente perdió el control de si mismo y se dejó llevar por la ira, arrojándose contra el andorrano dispuesto a acabarlo. Albert lo recibió atajando el violento puño, para después propinarle una patada que lo derriba al piso. Edward se gira, evitando un puñetazo de parte del andorrano y propinándole un golpe seco al estomago, enzarzándose a su vez en una violenta pelea en contra de él. Golpes y patadas iban y venían de parte de las dos naciones guiadas por la brutal pasión e ira.

E inmediatamente Francis entra, y al ver a su hermana aterrorizada, a Edward y a Albert enzarzados en una violenta y fiera pelea, y al idiota lituano ahí, parado sin saber que hacer, no supo que hacer. Salvo una cosa.

—IMBECIL, AYÚDAME A CONTROLARLOS! —exclamó el francés mientras los separaba del rudo y violento agarre del que se tenían.

Toris había conseguido agarrar a Edward, el cual tenía la camisa del smoking desgarrada, sus lentes rotos, y agregado a eso, dos moretones, un par de dientes rotos y un ojo morado. Albert por su parte estaba sangrando por la boca, otros dos moretones, la nariz rota y sangrante, la camisa y el saco desgarrados también y con una rabia intensa y furibunda.

—MALDICION, DAN VERGÜENZA.—espetó Francis— USTEDES SON DOS NACIONES CIVILIZADAS MALDITA SEA, Y TU, COMO TE ATREVES A INTENTAR SEDUCIR A MI HERMANA BASTARDO INFELIZ, —le escupió iracundo el francés al andorrano— ¡ELLA YA TENIA PAREJA, QUIERE A EDWARD, TU YA PERDISTE TU OPORTUNIDAD, IDIOTA!

Y sin embargo, también tenia que decirle un par de cosas a Estonia.

—Y TU, COMO PUEDES HACERLE ESTO A MI HERMANA, ¡ESTÚPIDO!, ELOISE TE AMA, NO DEBERÍAS DUDAR DE ELLA —le dijo el francés con rabia, gritando iracundo en su cara—, DEBISTE DEFENDERLA, DEBISTE VELAR Y VIGILARLA INFELIZ DESGRACIADO, DEBISTE DEMOSTRARLE A ESTE MISERABLE BASTARDO QUE ELOISE ERA TUYA!

—YO NO SOY DE NADIE! —gritó Mónaco de forma histérica con las lagrimas aflorando de sus ojos— dios, yo no quería esto… no lo quería…

Y dicho esto la monegasca se echó a llorar.

La irracional ira invadía la habitación. El lituano intentaba consolar a la monegasca lo mejor que podía. Y para más inri el escándalo había llevado a que Elissabeta se dirigiera hacia en donde estaban ellos, encontrando el desconsolador cuadro. El francés simplemente estaba furibundo, el estonio y el andorrano estaban en similar situación.

—hazme un favor Eli, saca a Eloise de aquí —le pidió el francés. —necesita a alguien que la escuche, por el amor de dios, consuélala

—Lo haré Francis.

Y dicho esto, la sacó del lugar.

Mientras tanto, en uno de los salones del castillo…

Klaus se había quitado la casaca del uniforme militar y se había soltado el cabello, dejando suelta su esplendida y larga cabellera dorada. Jordi le acompañaba, a su lado, también sin su abrigo de chaqué y sin el chaleco, quedando también simplemente en camisa, y con el corbatín desanudado. Los dos habían decidido charlar lago y tendido, quizás indagarse mutuamente. El drama estaba en la excesiva y extrema parquedad del sajón (y también algo de la "timidez" del catalán).

—y entonces dime… ¿te gustan los canelones?

—no los he probado —respondió el sajón— aunque tal vez debería. No es que me guste mucho viajar y probar cosas nuevas, eso por lo general lo hace Greta.

—comprendo… creo que tu hermana una vez pasó por mi casa

Si, sabia que Greta era le gustaba a veces andar de trotamundos conociendo las diferentes culturas y lugares de la tierra[13], y él había hecho un par de viajes pero sin embargo no era amante de conocer cosas nuevas. Quizás era reticente y parco como Ludwig, era por así decirlo más hogareño.

—por lo general Greta pasa mas tiempo viajando que en casa.

Lo miró. Sentía que algo afloraba de nuevo en el interior de sí.

—hace ya mucho de tu ultima visita —afirmó el catalán.

—si, creo que fue hace no más de 200 años, creo… cuando el rey Fernando se casó con Amalia[14].

Sintió un leve punzón de tristeza. Recordar a Amalia, sus tristes y amargos días en España, lejos de los suyos, lejos de su familia. Amalia, su Amalia, su pequeña florecilla de los bosques. No se perdonaba aun la muerte de Amalia, tan triste, tan sola, en aquel suntuoso palacio real. No se merecía un final tan triste y tan amargo. Una vida tan miserable y trágica, de la cual solo pudo escapar con su muerte.

Su mirada se tornó triste y melancólica.

—¿he dicho algo malo?

—no, son solo tonterías… —respondió el sajón con una evasiva.

Siguieron entonces charlando, cambiando de tema.

—sabes, tienes un cabello muy hermoso, yo no sería capaz de cuidar de un cabello así.

—no sabes lo que cuesta cuidar una cabellera como estas —respondió el sajón—algunos dicen que mi cabello es mejor que el de Francis.

—y les creo —se acercó entonces al sajón, con algo de curiosidad—¿puedo tocar?

—adelante.

Se acercó hacia él, tocando y sintiendo los cabellos dorados de Sajonia. Se sentía el olor a cedro, a pino, a flores silvestres, a miel silvestre de abejas. Al tacto sintió como si fuera una suave cortina de seda, tan resplandeciente como el oro. Era similar al cabello del alemán, pues los germanos se caracterizaban por un tener un cabello de tonalidad rubia mas intensa (aunque el cabello de Prusia era plateado en si, pero muy lustroso y brillante). Y sintió también ese tibio aliento cerca de si, mientras miraba fijamente sus ojos azules buscando algo.

Sajonia estaba mirándolo, analizando los ojos verde lima del catalán, su cabellera rojiza. Sentía que su corazón palpitaba a mil por hora. Sintió también aquel olor de brisa marina y frutos de mar del puerto, aquel sutil aroma de pastelillos recién horneados del paseo de las ramblas, aquella sutil esencia de polvo de arcilla del parqueGüell. Sus mejillas se ruborizaron a un punto inconcebible, su corazón latía aceleradamente.

—te ves tan hermoso de cerca… —afirmó el catalán de forma sutil mirándolo a los ojos abstraído.

—¿Qué piensas hacer? —preguntó el sajón perplejo y sonrojado.

No le dio tiempo a nada. Jordi tomó la iniciativa y le besó. Largo, lento y pausado. Disfrutó de la boca del sajón, del paladar nacarado, de las esencias y sabores sutiles de frambuesas silvestres y cerveza, del sabor a montaña y bosque. Klaus no sabia que sentir, su corazón quería saltar de su pecho, sentía que la realidad se iba y venia de ese instante al sentir la lengua del catalán juguetear en lo profundo del interior de su boca. Sentía que en ese momento no había nadie más que Jordi. Sintió el sabor a mariscos, vino, chocolate de mesa, pastelillos de merengue, el sabor del puerto y del mar.

Se separaron para tomar aire, un hilillo de saliva salió de la boca de los dos. Y hubiera sido más idílico el momento si no hubiese aparecido cierto prusiano, acompañado de otros dos, un alemán de lentes, uniforme militar y clergyman, y cierto bávaro de cabellos revueltos, usando la casaca militar como si fuera una capa.

—kesesesesesese… Klaus! Casi que no te encontramos te creíamos perdido, el asombroso y maravilloso yo te ha buscado por todo este castillo…

Los había visto. Y Sajonia estaba rojo como un tomate.

—ehmm… Preussen, Bayern,… creo que llegamos en el momento menos indicado —afirmó Alphonse apenado.

—yo no le veo problema, es nuestro hermano, que se acostumbre— respondió Bastian con una sonrisa mientras un aura macabra le rodeaba.

Alphonse si sentía de verdad vergüenza. Y Klaus ni se diga, estaba rojo a mas no poder y con una cara de que quería matar a Gilbert y a Bastian.

—Chicos, lo mas indicado sería retirarnos… vámonos o si no Klaus nos mata…

—pero Al… es nuestro hermano —afirmó el prusiano con un puchero— ni que mi asombrosa presencia lo molestara.

—precisamente por eso… —insistió el alemán de lentes arrastrando de las manos al prusiano y al bávaro —vámonos, quizás mas tarde podamos volver…

Y en medio de protestas de ambos germanos, Baden-Wurtemberg se los lleva del lugar en donde estaban el catalán y el sajón. Al menos Alphonse sabía lo que había sucedido, y no quería interrumpirlos por mucho más tiempo.

—disculpa a mis hermanos —afirmó el sajón avergonzado—a veces pueden ser muy inoportunos.

—no has conocido bien a los míos —le respondió el catalán sonriendo.

Le arrancó una sonrisa sutil al sajón.

—si quieres puedes pasar unos días en mi casa de Barcelona, te mostraría la ciudad, el parque Güell, el paseo de las ramblas… si así lo quieres claro está.

Klaus no dudó. Simplemente dio su respuesta. Acercó al catalán hacia si y lo besó de nuevo.

—bueno, considero entonces como un sí tu respuesta—respondió el catalán, mientras sonreía.

Minutos después, ya en el pueblo…

El día transcurría lenta y pausadamente en la cercana población al castillo. Entre tanto, en el hotel Juan Pablo intentaba ponerle orden a la loca marea de sensaciones que lo habían llevado a ese momento. La rodilla ya casi no molestaba, aunque se sentía aun un leve punzón de cuando en cuando. Pero sin embargo, era otra la preocupación. Y eran dos. Y tenían un nombre propio: José Francisco Páez e Itzel Sánchez.

Tendría que escoger y dejar las cosas claras adentro de sí. Sopesó los pros y contras; primero: Itzel era su novia desde hacía un año atrás cuando hizo abierta su relación. Con José… bueno, José obviamente es su hermano, su vecino, ha convivido con el por casi más de 500 años. Segundo: lo que siente por cada uno. Era raro, pero con ambos se sentía bien, se sentía a gusto. Tercero, los conflictos: la mayor parte del tiempo había peleado con José, aunque también lo había hecho con Enrique… pero si las cosas fueran distintas y hubiese sido Enrique el que se hubiera colado en su cama, sabía que se formaría un embrollo aun peor con Miguel.

No quería romperle el corazón a ninguno, aunque conocía bien a su hermano y el temple de acero que le caracterizaba. E Itzel tampoco era una blanca e indefensa palomita como su hermana menor Pilar, pero sin embargo inevitablemente sufriría.

Se sentó en el borde de la cama, intentando reflexionar y pensar en las posibles consecuencias que le acarrearían sus decisiones, no podría tomárselo tan a la ligera como había hecho antes.

—ay divino niño[15]... que hago —suplicó el colombiano con la cabeza gacha— José es mi hermano, Itzel es mi novia… a los dos los quiero, pero no sé que hacer… si terminar con Itzel o decirle a José que no puedo estar con el, y que tomemos distancia.

Empezó entonces a arreglar sus maletas, ya tendría que partir. Su jefe lo estaba ya requiriendo. No era ya de por si el único, y sin embargo, tenia que aclarar su mente de una vez por todas y elegir: o era ella, o era el. Necesitaba en ese momento de un consejero. Que al menos fuera confiable y prudente.

Andrew por su parte pasaba por uno de los pasillos del hotel, y decidió entonces ingresar al cuarto de Juan Pablo para ver como seguía.

—¿puedo pasar? —inquirió el escocés de forma discreta.

—adelante, no hay problema.

Escocia había notado la preocupación inherente de Colombia. Algo le mortificaba, mas sin embargo ese no debía de ser su problema.

—¿Cómo sigues de la rodilla?

—mejor —exclamó el colombiano— molesta un poco pero ya no como antes.

—Pero por lo que veo tus preocupaciones no giran alrededor de lo que pase en el suroccidente de tu cuerpo… —exclamó el escocés— anda, dime en que puede este viejo aconsejarte.

—Andy, si te contara…

—entonces cuéntamelo todo imbécil.

Y le echó la retahíla de sinsentidos y confusos sentimientos que lo habían llevado a esa situación. El escocés lo escuchaba imperturbable, simplemente asintiendo a modo de afirmación. Le contó con todo lujo de detalles como José le atendió "de una manera nunca antes vista" mientras estaba convaleciente. Y por ultimo todo lo que sentía por su actual novia, y agregado a eso lo que sentía por José.

—… y ese es mi problema Andy —terminó el colombiano— no sé que hacer, amo a Itzel, es mi actual novia, pero a José también lo amo… no sé a cual de los dos escoger, no le quiero hacer daño a ninguno de los dos.

—es sencillo John, simplemente no te pongas a elegir. —le respondió el escoces.

—suenas igual a Francis.

—mira, si te pones a elegir lo único que conseguirás es que te dejen de querer, ambos, ambos, si, no me mires con esa cara…

—pero y los demás… y Pedro…

—¿tienen que enterarse los demás? —le preguntó el escocés.

—no, no tendrían,…

—EXACTO! —exclamó Escocia— al diablo con tus jefes y con los demás… que también tienen sus propios "asuntos privados", simplemente se prudente y no ponerte en evidencia ante ninguno. Así tendrías tanto a José como a Itzel y asunto arreglado.

El colombiano lo pensó.

—no es un mal consejo —exclamó Juan al final —no, espera, si sale mal todo los pierdo a los dos, y en verdad si es un muy mal consejo.

—allá tu si sigues mi consejo —le dijo el escocés— es tu decisión si lo tomas o no.

Y dicho esto salió. Ahora si lo habían dejado bastante confundido.

Y hablando de elecciones…

Albert había salido del cuarto todo golpeado y amoratado. Después de los violentos reclamos de Francis, que era su tutor legal (además de Antonio y Gabriel que son también co-tutores[16]) tendría que haber admitido que en este caso, tenía que perder. Perder. Que sencillo admitirlo. Y si, tenia que admitirlo, había perdido su oportunidad hacia mucho tiempo atrás pero que se le podía hacer. No podía justificarse después de lo que había cometido, no podía admitir ningún tipo de replica o reproche. En fin de cuentas, ¿Qué más podía hacer?, seguir luchando ya no podía. Insistir en buscar el perdón de Eloise tampoco. Una nueva oportunidad con otra mujer, tal vez.

Quizás su destino es siempre estar solo. No tener compañía alguna, seguir su solitaria vida en su terruño montañés, mirando desde la cima de la alta montaña la felicidad de los mortales. Ah, si, los seres humanos. No sabía si tenerles envidia, o sentir compasión de ellos. Aunque en esencia eran ellos los que le daban un soporte a su vida, si a su solitaria existencia se le pudiese llamar así. Y sin embargo, hubiera deseado nacer y crecer como un ser mortal, como un ser humano, quizás sería mas feliz. Quizás hubiera encontrado el amor. Pero el quizás no existe, él hubiera es solo una ilusión vacua y fugaz.

Aun le dolían las heridas y contusiones. Que gracioso, ¿no?, nunca había buscado meterse en confrontaciones y guerras y sin embargo, estaba todo golpeado por obra y gracia de una nación como el. Sanarían rápido, no se convertirían en heridas históricas[17] por fortuna. Aunque la sensación de abatimiento y derrota lo acompañarían por largo rato como si fuera la mas profunda y dolorosa de las heridas.

Ya no había vuelta atrás. Había perdido. Y así ellos dos se separasen, tampoco podría hacer nada, pues se había comportado como un completo patán con ella en aquella pista de baile horas atrás. Si, el haber interferido en el baile de ellos dos no había sido correcto, de hecho, todo lo que estaba haciendo no era correcto, en fin de cuentas el amor lo vuelve a uno irracional y medio idiota.

Ya había salido al patio de armas. La cálida brisa castellana golpeaba su rostro amoratado, como una suave bofetada a su golpeado orgullo. Se dirigió entonces hacia la salida, en donde buscaría la forma de salir de medina del campo, para regresar a su pequeño chalet en el valle del Segre. Sin embargo, no esperaba tener un tropiezo bastante fortuito, y por así decirlo, afortunado.

—idiota!, ten cuidado por donde caminas —espetó la caribeña.

El andorrano se había estrellado con una chica de intenso cabello color café, tez morena, esbelta y hermosa figura y ojos color azul turquesa, la cual usaba un traje de fresca muselina azul claro. Llevaba los hombros al descubierto dejando entrever su escote, en el cual se habían perdido inevitablemente muchos hombres… y también naciones.

—discúlpeme señorita, es que no he tenido un muy buen día —se excusó el andorrano, algo sonrojado.

La desconocida y hermosa joven se fijó en el lastimero porte del chico de cabellos níveos y ojos azul zafiro.

—discúlpame, no me había fijado que estabas así, en ese estado…

—no, no hay problema—contestó el andorrano de forma gentil— pero, ¿podría decirme su nombre?, claro, si usted quiere.

—ah, mis modales, soy Cristelle Van Dyne, o el Reino de Aruba—le respondió la caribeña— y no me trates de "usted", me hacen sentir muy señora —agregó alegremente la hermosa chica caribeña.

—disculpe- oh, perdón —se volvió a excusar Andorra— discúlpame, es una costumbre que tengo, pero creo que eras una colonia, ¿Cómo es eso de reino?, explícame.

—técnicamente soy independiente, aunque la jefe de mi hermano mayor también es mi jefa —le explicó la caribeña.

—y adivino entonces que su, perdón, tu hermano es Govert van Dyne, el reino de los países bajos—completó entonces el andorrano.

—exacto.

Luego, se presento de forma galante y sutil, a pesar de los golpes y el mal aspecto que tenía en ese momento.

—es un gusto conocerte Cristelle, yo soy Albert Bonnefoy Montblanc, el principado de Andorra.

—un gusto.

Ella le extendió la mano, él la tomó entre las suyas, sintiendo la suave y tersa piel morena de la antillana, besando su mano con sutil y cortés galantería. Sin embargo, sintió en el interior de si una agradable sensación de calidez, tan diferente. Se sintió al fin completo. Y en ese momento poco ya le importaba su fracaso con Eloise. Poco ya importaba aquellos golpes y moretones. Poco ya importaba su frio y gélido carácter, que se empezaba a disolver como un cubo de hielo bajo el tibio sol caribeño. Quizás después de todo, un poco de sol del caribe le sentaría bien para su frio corazón de montaña.

Y sonrió. De forma sincera, sin ningún atisbo de hipocresía o de doble intención. Su felicidad era sincera, se sentía al fin pleno consigo mismo. Estaba sencilla y llanamente enamorado.

Mientras tanto, en otro lugar… y con otras personas.

Después de tantos devenires, Enrique se sentía confundido en esos momentos. El ecuatoriano aun no podía admitir la marea de sensaciones que lo embargaban. Al ver a Miguel aquella noche en la despedida de soltero de Antonio, todo perplejo, reconociéndolo detrás del cosplay de maid, detrás de aquel antifaz y aquellas orejas de gato, sintió dos cosas: una irreprimible sensación de vergüenza y también algo de leve excitación. Que se le podía hacer, el hecho estaba en que Enrique deseaba a Miguel con todas las fuerzas de su alma, pero… ¿Miguel le correspondía?.

Recordaba mientras pasaba por uno de los pasillos del hotel con dirección a la salida las palabras de Juan Pablo aquel día en el patio de armas: "a los enemigos hay que conocerlos muy bien, sus puntos fuertes y débiles, y aprovecharlos en tu beneficio", y como obviamente Miguel aparte de ser aquel "tinieblo" por el que estaba mortificado y ardiente de deseo era su rival, tenía que conocer su principal fortaleza y su debilidad. Y sabia claramente una cosa demasiado evidente: era obstinado. Muy obstinado. Y esa obstinación ¿Cómo la podría usar en su beneficio?, tendría que pensarlo.

Sin embargo el punto no era ese. El punto era descubrir si Miguel podía corresponderle, haciendo a un lado las incesantes reclamaciones territoriales que siempre le había hecho desde hacia ya mucho tiempo. Que difícil sería descubrir la verdad, y quizás saber si ese sentimiento era correspondido.

Acarició el caparazón de su tortuga, mientras reflexionaba sobre su situación. Linda disyuntiva… ¿Miguel le correspondería?, o quizás no. Quizás era solo un aparente y vil engaño para que le entregase algo de sus tierras o accediese a una de sus tantas reclamaciones. Realmente no sabia que pensar de su vecino, de su prácticamente rival político y territorial. Había ya arreglado el poco equipaje que se había llevado consigo, bajando al lobby del hotel, para ya regresar a su casa. Había ya recibido infinidad de mensajes de voz de su superior, el señor Correa, el cual le estaba pidiendo su presencia a los gritos. Que trabajo más agobiante. Sin embargo, no contaba con la presencia de cierto peruano, el cual estaba en el Lobby también dispuesto a salir.

—¿tan pronto te vas?

—si, me voy… ¿hay algún problema con eso? —le respondió secamente Enrique.

Lo miró. Llevaba un sencillo sweater verde musgo, y no usaba en ese momento corbata. Pantalones de corte inglés, mocasines caoba, ojos color cieno, y por mas increíble que pareciera, no usaba ese detestable gorrito de colores que le caracterizaba.

—y Octavio que… supongo que vino aquí a recordar los viejos tiempos ¿o no fue así?

—no, mi "ex esposa" decidió alojarse en otro hotel. Y no es que quiera verme tan de seguido.

Ah, si… Octavio. Él nunca lo llama por su nombre, le dice "la ex" o en otros términos "el ex". Pero no venía al caso la pregunta, aunque se notaba un leve tono de celos en el ecuatoriano.

—Juan Pablo como siguió.

—está mejor —contestó el ecuatoriano con sequedad—le molesta la rodilla un poco, pero ya está mejor.

—bien por el.

Se miraron el uno al otro. Ninguno de los dos pensaba ceder en lo más mínimo. Estaban buscando ver quien caía primero, quien se atrevía a confesar sus verdaderos sentimientos, sus verdaderas ansias.

—¿crees que el viejo y Lovino sean felices?

—de Lovino… bueno, él no es una blanca paloma, pero será feliz, así no lo diga a los cuatro vientos. —luego agregó— y el viejo… tu ya lo conoces.

Sin embargo, el peruano decidió lanzarse al ruedo, si se le puede decir así.

—¿y crees que nosotros podemos ser felices también…?

Ecuador se sonrojó violentamente. Sus ojos color avellana se abrieron como dos platos, al oír la proposición del peruano. Pero en fin de cuentas, tenia que desconfiar, podría ser una sucia triquiñuela.

—¿aun insistes Miguel?, ¿aun insistes en reclamar lo que no es …?

—no hablo de mis reclamos Enrique. —Le cortó el peruano de un tajo— hablo de nosotros

Se sonrojó aun mas. Evadió la mirada.

—no existe ningún nosotros.

—claro que si, o explícame los motivos que te llevaron a disfrazarte de sirvienta para la despedida de soltero del viejo Toño y porqué huiste de mi cuando te reconocí.

—¿Cómo demonios supiste que era yo?

—tus ojos, los reconocería en cualquier lado.

Tenso silencio. Ninguno de los dos cedería. Sabía que Miguel también tenía algo de instrucción prusiana, que estaba usando la misma estrategia que Juan Pablo le había aconsejado a el aquel día.

—respóndeme… ¿seríamos felices si estuviéramos juntos?

Ecuador intentó reflexionar parcamente sobre aquella situación. Aquella pregunta era tan sutil, y a la vez tan directa, que no sabia que decir frente a eso. Si Miguel estaba pretendiendo que el ceda, estaba consiguiéndolo. En fin de cuentas, al ecuatoriano no es que se le dé difícil el confesar bajo presión.

—posiblemente —le respondió con parquedad el ecuatoriano— si dejas de insistir en reclamar lo que no es tuyo.

Otra vez el silencio. Ignoraban toda la existencia y el barullo de huéspedes, botones, de gente que entraba y salía del hotel, de los que hacían check in y check out en la recepción. Solo eran ellos dos, el sentado cómodamente en el sofá, el distante, erguido y recto, parado a unos pasos de él, con la maleta a su lado.

—Entonces, si me estás preguntando si seríamos felices juntos, yo entonces te pregunto a ti otra cosa: ¿me quieres?

El peruano intentó mostrarse distante y severo, mas sin embargo, se notaba igual de tenso y nervioso que el ecuatoriano.

—hasta donde quieres llegar.

—solo quiero saber si me quieres —le dijo el ecuatoriano de forma lenta y pausada— yo te respondí, ahora respóndeme tu a mi.

—Si. Te quiero. —contestó de forma seca el peruano.

Y con eso se sentía conforme, aunque el ecuatoriano desconfiaba aun de las intenciones del peruano. Que mas daba, lo correspondía, pero Enrique no le haría las cosas sencillas a Miguel.

Se retiró entonces del lobby, dirigiéndose hacia la salida. Sin embargo, el peruano lo detiene.

—espera, a donde vas.

—mi tren se va… y tengo que regresar rápido a mi casa. —le respondió el ecuatoriano— los vuelos a Quito no es que sean tan frecuentes.

—entonces… ¿Qué será de nosotros?

—Aun no existe ningún nosotros Miguel. —terminó el ecuatoriano, mientras salía del Lobby— eso depende de ti.

Y salió del hotel dejando en Miguel Alejandro Prado un mal sabor de boca.

Entre tanto… en un cuarto de ese mismo hotel…

Fernando se encontraba arreglando sus maletas en el hotel, presto a regresar a la casa de Antonio en Madrid. Como el mayor de todos los ibéricos, era necesario ponerles orden a todos sus "sobrinos y hermanitos menores" mientras Antonio no estuviera. Y sin embargo estaba esa molesta espinita que había regresado desde hacía setecientos años atrás.

Usaba gabán de color crema, camisa formal color blanca, sin corbata, pantalones de color café claro, mocasines de cuero terracota, amén de una bufanda color crema. Su cabello platinado lucia lustroso y brillante, y se había afeitado con cuidado la barba. Entre ires y venires de ropa y demás, el ex reino navarro intentaba quitarse de la cabeza los sentimientos que habían despertado desde hacía ya días atrás por aquel francés de cabellos dorados. El olor de rosas que le rodeaba, que era una eterna y molesta tortura… sus diestras y rudas manos, su distinción y elegancia, su esbelto y atlético porte.

dios, deja de pensar en ese idiota! —se espetaba el navarro mentalmente mientras ordenaba sus maletas—sabes bien que él no te quiere, que el solo te usará como ha usado a otros… maldito Francis Bonnefoy, sal de mi cabeza!

No se había percatado del francés que entraba al cuarto con silencio y sutileza. Creía y suponía entonces que era la mucama la que había entrado a cambiar las sabanas o las toallas.

—señorita —dijo el navarro sin voltearse mientras organizaba sus maletas— en unos cuantos minutos desocupo la habitación.

mon chérie Navarre… ¿no te han dicho que tu trasero es igual de exquisito al de Toni?

Reconocía esa melosa y suave voz. Y no supo que sentir, si una irrefrenable rabia, o una desbocada sensación de lujuria. Se dio vuelta. Y lo vio. Usaba un gabán de color gris, elegantemente vestido de sweater rojo cereza con ribetes plateados y azules, camisa de fondo color azul cielo, pantalones de tonalidad gris claro, y mocasines de tonalidad oscura. Su cabello, perfectamente peinado y lustroso, se iluminaba como dos cortinas de oro. Fernando se reprimió a si mismo la desbocada sensación de excitación que empezaba a aflorar.

—otro comentario sobre mi trasero, y soy capaz de hacerte volar dos o tres dientes de un solo puño.

El francés no pudo disimular una sonrisilla.

honhonhonhon…. Vamos, no te irrites así, solo era un pequeño comentario.

—¿Qué haces aquí?

—simplemente quería cambiar de ambiente un poco... quizás recordar viejos tiempos.

Se acercó al navarro lenta y pausadamente, cerrando la puerta tras de sí. Navarra tragó hondo. Francia se quitó lentamente el gabán, dejándolo en el piso. Lo estaba mirando con deseo, con esas ansias tan terribles como si fuera la primera vez. Esos ojos azules habían tomado un brillo de lujuria, de ansia tan salvaje y brutal, un brillo que no había visto en siglos en los ojos del francés, tal vez quizás desde la primera vez en que lo vio.

—viejos tiempos —exclamó el navarro serio, mientras evadía al francés— sabes que no pasará Francis... por más que lo quieras no pasará.

—si va a pasar —le reclama el francés siguiéndolo con lentitud mientras se quitaba el sweater quedando con la camisa de fondo— te conozco, sé que lo has deseado tanto como yo.

Lo tiró con sutileza a la cama, logrando divisar el pliegue tan evidente del pantalón del navarro.

—creo que el "toro" quiere salir al encierro.

—no tienes que hacer esto Francis, sabes bien que no pasará de aquí, de un acostón contigo. —dijo el navarro aun serio— me usarás y me dejarás como a los otros...

—no tiene porqué ser así —le respondió el francés mientras le quitaba los mocasines y las medias al navarro, acariciándolos con sus frías y heladas manos.

—si, no tiene que ser así — repitió el navarro— terminemos esta maldita farsa de una vez, vístete y vete.

Se quitó la camisa, los mocasines, las medias y los pantalones. Ni una mísera rosa tapaba al francés. Y el navarro estaba más excitado que nunca.

non, mon-petit Ferdinand… —respondió Francis. —tu serás solamente mío… y yo siempre seré solamente tuyo, y eso lo sabrás hoy...

El corazón del navarro palpitaba de forma demente. Francis se acercó aun más, desabotonando la camisa del mismo, dejando ver su fornido y robusto pecho, mientras le quitaba los pantalones con suavidad, mientras lamía y besaba con ansiedad los pezones y el tórax del albino de ojos azules, luego siguieron los pantalonesy la ropa interior. El "toro" del navarro estaba ansioso por salir al encierro[18].

Y ya solo restaba la gabardina, la cual aun llevaba puesta Fernando, a pesar de que ya casi no tenía nada de ropa, y ya le había desabotonado la camisa, quitándole ambas con rapidez, dejándolo al desnudo por completo, tendido en la cama, excitado, ardiendo de deseo por aquel francés. Francis se acercó hacia el oído de Fernando, sintiendo su tibio aliento de forma sutil, los murmullos desesperados de su respiración, su excitación patente y evidente.

—siempre tendrás un lugar importante en mi corazón Ferdinand… me importas más que Arthur, mas que todos aquellos de los que estás celoso… soy solo tuyo..

—no mientas tan descaradamente —le dijo el navarro excitado —y solo bésame…

Y llevado por un impulso desbocado e irrefrenable, acerca rudamente el rostro del francés y le besa con ansiada desesperación, buscando robarle el aliento de una vez por todas, desbocando su desesperados y bajos deseos, tocando, sintiendo, palpando la piel tersa y suave de la nación gala, mientras se dejaba simplemente llevar por ese bajo y desenfrenado instinto de lujuria y pasión reprimida de siglos atrás.

Le tomó por la cadera, de forma ruda y sin previo aviso, lo penetró.

Se disfrutaron mutuamente con líbido descontrolada y salvaje, rompiendo la cama, el sofá, la mesa del estudio, haciéndolo en posiciones y lugares diferentes del cuarto. Gritaron como locos histéricos sin pudor ni pena alguna. Lo hicieron de forma tan salvaje que rasgaron las sabanas y los edredones de la cama. Y tal era su frenetismo sexual que el navarro, en medio del salvaje acto, azotó al francés a la puerta mientras le embestía con brutal pasión, haciendo que la pobre puerta se rompiera, dejándolos los dos en pleno pasillo, desfogando su desbocada y animal lujuria. Y Hungría los vio, y se maldijo a si misma pues en ese momento no tenía cámara para grabar y su celular se había descargado, un video así era un tesoro muy invaluable.

Lo azotó contra la pared del pasillo, levantándolo de un envión, sin dejar de penetrarlo y volvieron a entrar al cuarto sin dejar de hacerlo de forma cruel y salvaje, y entonces Fernando alzó a Francis para penetrarlo mejor, mientras este se aferraba desesperado gimiendo, llorando y gritando de placer, mientras le arañaba la espalda con salvaje desesperación, atenazándose al pecho del navarro con todas sus fuerzas, abrazándolo desesperado con sus brazos y piernas, mientras este le sostenía. Caminaron a tientas en esa postura, mientras lo hacían de forma salvaje y se tiraron en una silla con violencia, la cual cedió bajo el peso de ambos, y después de romperse la silla, ambos se habían corrido casi al mismo tiempo en medio de aquel salvaje desastre, justo al mismo tiempo que las patas de la silla habían cedido (nota del autor: pobre silla), llenando la intimidad del francés con semilla navarra, y obviamente la semilla del francés impregnando la piel nívea y sudorosa del navarro, gritando ambos con un inmisericorde y fuerte alarido que se había oído en todo el hotel, llorando ambos del físico y monstruoso placer que les invadía.

(nota del autor: eso es lo que pasa después de casi 700 años de abstinencia sexual y celibato)

Y obviamente después de tanto salvaje y descontrolado sexo, los dos se recostaron en la destrozada cama, en medio del desastre apocalíptico de la habitación de hotel, en la cual solo se veían prendas de vestir tiradas por todos lados y colgadas en las lámparas del cielo raso, muebles y sillas rotos, sabanas rasgadas, relleno de cojines esparcido por el piso, y obviamente una puerta de madera maciza destrozada y astillada. La cuenta del hotel saldría muy cara.

—Fue el mejor sexo de mi vida —exclamó Francis pleno después de la salvaje faena— me hiciste ver estrellas.

—¿Qué esperabas?, no soy de los que gusten de las cursilerías románticas —le dijo el navarro.

Francis se abrazó del pecho de Fernando. Estaba agotado, y su trasero ardía y dolía bestialmente. Pero el rostro de satisfacción no se lo quitaba nadie. Y Elissabeta no se resistió la tentación, y entró con algo de cautela al cuarto.

—chicos, lo que vi de ustedes ha sido increíble —les dijo emocionada la húngara— ¿podrían volverlo a repetir?

Fernando la miró seriamente. Francis no sabía que hacer. Y después de eso, la húngara no tuvo más opción que retirarse y darles espacio, aunque su frustración no se iría por mucho tiempo.

El navarro se levantó. Buscó sus prendas para vestirse. El francés le miró.

—y después de esto… ¿me quieres?

—si, te quiero —admitió el navarro— pero sé que no puedo tener nada serio contigo.

—si puedo…

—NO PUEDES —Le reclamó el navarro— sencillamente no puedes. Solo soy uno más, sencillamente te debes de conformar con esto, es lo que querías.

—¿LO QUE QUERÍA?— inquirió sarcástico el francés— ¿esto era lo que quería?... me das asco, te demuestro cuanto te amo y tu te comportas como una vulgar prostituta.

—disculpa —respondió con seca ironía el navarro— pero yo no fui el entró al cuarto… y no fui yo el que me quité la ropa.

—pero tu accediste…

—no te las des ni de virtuoso ni de santo, no te queda.

—eres un cínico Fernando —le reprochó el francés— pues no parece que te haya desagradado tanto, destrozaste casi todo el mobiliario.

—dirás "Destrozamos el mobiliario", querido —espetó el navarro de forma acida y cruel.

Se miraron con deseo y con rabia. Fernando si lo quería, pero sabia que tarde o temprano las cosas terminarían mal. No se fiaba de Francis, sabia y conocía bien que Arthur también sentía algunas cosas por el. Y lo que menos quería era volver a sufrir. Pero aun así lo quería y lo deseaba. Y si llegaba a tener una relación con el, no se atrevería a compartir a Francis con nadie. Ni con Arthur. Algo imposible, dado el carácter tan "abierto" del francés.

Fernando no quiso mirarlo a la cara.

Francis estaba abstraído con la desnudez del navarro. No podía negar que su físico atrayente no había menguado con el tiempo. Su lustroso cabello platinado, sus intensos ojos azules, su amplia y ancha complexión, su blanquecina y pálida piel. Los años le habían favorecido mucho.

—me iré de nuevo a Madrid, tomaré mis cosas y regresaré a Pamplona después de finiquitar algunos asuntos de Toño mientras esté en su Luna de Miel.

—entonces tu lo sustituirás.—afirmó el francés serio.

—así lo ha decidido la presidencia de gobierno y el rey —contestó severo el navarro— no yo.

—es una lastima, nos veremos muy seguido las caras —exclamó el francés mientras se echaba sus brazos para atrás— en próximos días los miembros de la UE nos reuniremos en Bruselas para definir sobre los paquetes de salvamento que se han de destinar a Toño, a Heracles, a Patrick[19] y a los demás.

Sería un tormento muy insoportable. Lo deseaba, pero sabía muy bien el carácter de Francis. Corazón de Hotel, decían algunos: siempre hay espacio para alguien más. Pero él no quería estar siempre en un rincón. Lo quería sencilla y llanamente solo para el. Sin embargo, sabía que eso nunca sucedería. Él era Francis Bonnefoy, la república Francesa. Y difícilmente le daría el lugar que él quería en su corazón.

—si, sin embargo no te hagas esperanzas, será solo trabajo.

Solo trabajo. Que difícil será para Francis Bonnefoy atender a esa afirmación.

Y por ultimo… en una cabaña de Donostia/San Sebastián…

Condujeron hacia Toledo, en donde tomaron un vuelo comercial con escala a Donostia, una de las ciudades veraniegas mas importantes del país vasco. No había mas alternativa que economizar, pero Donostia/San Sebastián era un bonito y agradable lugar para pasar una romántica luna de miel. Cines, bares, un casino… bueno, no sería muy buena idea apostar en tiempos de crisis… playa, brisa y mar.

Habían llegado a una pequeña cabaña ubicada en un promontorio cercano a la costa, y como rezaba la tradición, el novio tenia que cruzar con la novia en brazos para ingresar al umbral de la puerta. Lo malo era que la "novia" de por sí ya pesaba mucho.

—Pesas demasiado idiota, deberías bajar de peso.

—si quieres te cargo mi Lovi, yo no tengo problema con eso.

—no señor, hay que hacer las cosas al derecho, así que déjate cargar y no te muevas tanto.

Entró entonces Lovino con Antonio en brazos, ingresando a la acogedora cabaña que habían conseguido para la luna de miel. Una cocina sencilla, un cuarto sencillo con una amplia cama matrimonial, una sala muy sencilla pero moderna, con un espléndido y hermoso ventanal que tenía una vista panorámica al océano, amén de un jacuzzi ubicado en el exterior y todo lo necesario para vivir cómoda y sencillamente. Entraron pues a la habitación encontrándola adornada para la ocasión, con un arreglo floral de azucenas purpuras en cada mesita de noche, amén de varios pétalos de rosa esparcidos en la cama. En el centro de la cama, obviamente una nota.

Hola chicos.

Me he tomado la molestia de prepararles este regalito especial para ustedes, para su luna de miel. Esta cabaña era antes mía, ahora es tuya Toño. Es lo menos por lo que puedo compensarte después de tantos años de aguantar mis problemas con el ETA.

En la cocina hay jerez del mejor, un Brandy cuatro estrellas de Extremadura. Rocío lo envía con mucho cariño, también hay unos canelones precocidos, agradécele a Jordi.

Disfruta la noche y la cena.

Con todo cariño.

Tu hermano Patxi

(Euskadi)

PD: conoces bien a Rocío y sus manías. Revisa con atención toda la casa por si puso videocámaras para espiarlos mientras hacen ustedes lo "suyo" tu sabrás de lo que hablo. Si no es así, simplemente disfruta de la playa, de Lovino y de tu luna de miel.

Sonrió con las advertencias de la nota. No le importaban las cámaras.

—¿que decía?.

—nada mi Lovi… solo que disfrutáramos de la playa y de la luna de miel. En el refri hay un brandy de jerez y unos canelones.

—quiero otra cosa, y no son canelones. —le dijo Lovino a Antonio para luego besarlo.

—Así me gusta...—exclamó sonriente el español después del apasionado beso.

Lo tiró a la cama con sensualidad, se quitó la camisa. Antonio miraba a su consorte con deseo.

—solo cállate y disfruta, bastardo.

Y por lo demás ustedes ya saben. Ya estaban unidos en santo podían amarse sin pudor ni pena.


[1] Nombre Completo: Kyle Mckennet

[2] Nombre Completo: Benedetto Vargas (conocido como "Benny")

[3] Nombre Completo: Steven Mckennet

[4] Nombre completo: Theo Engelstein

[5] Nombre Completo: Allison Mckennet

[6] Nombre Completo: Clarence Anderson

[7] Nombre Completo: Dylan Mckennet.

[8] Nombre Completo: Hiraan Al-Nahiri

[9] Nombre Completo: Ishnet Adnan

[10] Véase "la gran boda 1: capitulo 4, el viaje de nuestras vidas".

[11] Nombre completo: Magnus Oxestierna.

[12] Ahí les dejo la incógnita: ¿Sacro imperio Romano Germánico es o no es Alemania?. Personalmente, (y lo digo personalmente) no creo que SIR sea Alemania, aunque Himaruya ha dado muchas pistas al respecto en las tiras de chibitalia, en el anime, en el manga y en otras tantas imágenes por ahí sueltas. Y por cierto, en la saga de prinz yori: der erste stern es más que evidente todas estas insinuaciones. Todo el que guste del ger/ita, o le trame la pareja, o sea fan de la pareja, debe leer por regla sagrada los cuatro tomos del der erste stern, y llorar con ellos a moco tendido… o si tienen gustos mas fuertes leer Stamp 1, 2 y 3 (los tres son r-18 y son los más calientes doujinshis de ger/ita habidos y por haber).

[13] Por lo general, un 56% de los mochileros europeos son estudiantes universitarios alemanes. Agreguemos al hecho de que muchos universitarios alemanes por lo general viajan a destinos como el sureste asiático, Suramérica, Centroamérica, la Riviera maya y demás con un presupuesto muy ínfimo (mínimo 500 euros). Greta por lo general representa ese espíritu aventurero de los estudiantes alemanes. No por nada es la media naranja perfecta de Renato Kirkland.

[14] La reina María Amalia de Sajonia fue la primer esposa de Fernando VII. Su matrimonio duró 8 años, y su vida al lado del rey fue muy triste y melancólica, dado que este siempre la maltrataba por su esterilidad. Murió de soledad en el palacio real del pardo, después de una profunda depresión, y ha sido protagonista de varias obras trágicas españolas. Después de eso el rey Fernando VII se casó con Isabel de Bragança, la cual murió durante el parto de su primer hijo. Lo peor del asunto está en que el susodicho monarca no esperó ni siquiera seis meses de duelo para volverse a casar.

[15] No alude a la devoción del niño Jesús de Praga, sino al divino niño del barrio 20 de julio de Bogotá, Colombia. Por lo general el sentimiento religioso en Colombia está muy arraigado, en especial en devociones populares como estas y en festividades como el día del sagrado corazón (que es fiesta nacional) y semana santa. (Y eso que yo no soy tan creyente que digamos)

[16] La co-tutoría de Francia, España y el estado Vaticano se debe al "pariatges". La soberanía Laica recae primero en el rey de navarra, que pasa a ser Rey de Francia. Con la deposición de la monarquía francesa, esa soberanía pasa al estado francés representado en el presidente de la republica francesa. La soberanía episcopal se representa a su vez en el obispo de la seo de Urgel, quien a su vez obviamente como obispo le debe fidelidad a la santa sede, aunque España asume ciertas responsabilidades como la de la defensa y aduanas conjuntamente con Francia. Así que si lo miramos desde una perspectiva hetaliana, Albert tiene tres tutores en vez de uno, aunque Francis es el que le pone mas atención.

[17]Heridas históricas: creo que ya se ha hablado de este concepto en capítulos anteriores. Sin embargo, como una nota aclaratoria, las heridas históricas solo se infringen en guerras, motines o por obra de disturbios civiles o desastres naturales. Cuando una nación se enfrenta a otra por motivos personales, (caso Andorra vs Estonia) sus lesiones curan rápido debido a que no hubo ninguna interferencia de guerra exterior.

[18] Se alude obviamente a los encierros callejeros de las festividades de San Fermín en la ciudad de Pamplona.

[19] Irlanda también entró en recesión desde 2011.